Los amantes Rene Magritte

«Los amantes» de René Magritte.

“El trabajo del artista consiste siempre en hacer que el misterio sea más profundo”
Francis Bacon

 

Cuando José Asunción empezó a indagar los misterios del amor tuvo una primera revelación en el cuerpo de su amada. En la redondez cálida de los senos de Laura, en sus caderas de abismo, en sus labios que parecían frutas próximas a reventar, en la negrura de sus honduras más íntimas, el poeta halló una primera explicación a eso que lo fascinaba y atraía de aquella mujer. Supo que el amor provenía del cuerpo, pero no acababa en él; que se nutría también de formas y gestos, de movimientos y destellos de luz. Todo eso sacó en claro José Asunción durante ese tiempo de andar observando y pensando en el amor que sentía por aquella mujer de blanca piel y encajes negros. Pero como era artista, no estaba del todo satisfecho con ese hallazgo. Y fue un poco más allá, precisamente cuando dejo de verla durante tres días: el secreto del amor procedía de que se acendraba más con el recuerdo, con la rememoración de esa presencia ausente, con aquella figura que tomaba la coloración de un fantasma. “El misterio del amor procede de la ausencia”, y sintió que esa era una conclusión notable, porque nadie puede tener a otro ser de manera permanente, porque siempre hay lejanías o distancias insalvables entre dos personas. Si bien se sentía satisfecho, su alma de artista no lo dejaba sentirse tranquilo, entonces quiso avanzar otros pasos en su pesquisa y descubrió que el misterio del amor estaba en la imaginación, porque gracias a ese recurso lo distante se volvía cercano y lo que no se satisfacía en la realidad lograba cumplirse con los poderes de la ensoñación. “Existe el misterio del amor porque además de retomar seres reales, los amalgama con las criaturas de la fantasía”.  Por eso es tan difícil saber, en una relación amorosa, cuánto le pertenece a alguien como atributos verdaderos, y cuánto es más adorno o decorado de quien lo considera digno de admiración. Varias tardes y muchas madrugadas ocuparon la mente del poeta. El misterio del amor no dejaba de preocuparlo. Una noche, después de tener un sueño apasionado con Laura, el artista agregó a sus conclusiones otra pista loable: el misterio del amor estriba en que puede desligarse del mundo de la vigilia para emerger, cual agua de profundos pozos, del paisaje de los sueños. Tal condición dual o al menos de órdenes diferentes de la conciencia, convertían al amor en un enigma todavía más difícil de desentrañar. El poeta quiso escribir unos versos sobre este asunto, pero tan solo consiguió perder una semana con sus noches y dejar varias hojas de un cuaderno empezadas con algunas líneas tachadas. El propio destino o su halo trágico lo llevó a tener una revelación de mayor profundidad: la muerte súbita de Laura lo enfrentó a su mayor descubrimiento. El supremo amor se convirtió en hondo dolor, los pretéritos suspiros de arrobamiento se transformaron en ayes desconsolados. José Asunción, justo después de dejar en el camposanto el cadáver de su amada, cuando ya salía del cementerio y se estremeció al mirar la forma alargada de los cipreses, en ese instante, tuvo la revelación más honda del misterio del amor. A pesar de sentir que su alma estaba hecha pedazos, apresuró el paso para llegar cuanto antes a su casa. En su mente tenía la respuesta al misterio del amor que por varios días lo había obsesionado. Se sentó en el escritorio. Por unos segundos evocó el rostro de Laura. Después, con su imaginación recorrió el sitio exacto donde quedaba su corazón. Con la mano derecha sacó del primer cajón del escritorio un revólver con cacha de nácar. “El misterio del amor es que es más fuerte que la muerte”. La decisión final de José Asunción estuvo acompañada por una sonrisa.