• Autobiografía
  • Conferencias
  • Cursos
  • Del «Trocadero»
  • Del oficio
  • Galería
  • Juegos de lenguaje
  • Lecturas
  • Libros

Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Archivos de etiqueta: Leer poesía

Carta a un futuro lector de poesía

16 domingo Ago 2020

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Cartas, LECTURA

≈ 10 comentarios

Etiquetas

Alimentar el espíritu, Antologías de poesía, Leer poesía

André Letria

Ilustración de André Letria.

Estimado amigo,

El hecho de que me hayas compartido tu inquietud de empezar a leer poesía o, como afirmaste, de “aprender a degustar los versos”, ya es un buen indicio de un espíritu sensible a este tipo de escritos. Si la inquietud y la curiosidad se suman a una porosa sensibilidad, lo que deseo comentarte a continuación ya tiene una buena tierra para tus deseos. Y, si como he comprobado, disfrutas de la música, del cine, además de preocuparte por la fragilidad de tus semejantes, te será más fácil y placentero entrar en los rítmicos y concentrados ambientes de la poesía.

Antes de cualquier cosa, déjame decirte que la poesía hay que empezar a degustarla con lentitud. No es un alimento para “atragantarse” o comer a toda prisa. Esto exige un tipo especial de disposición o, si lo prefieres, un estado del espíritu para dejarse “habitar” por un verso, unos términos precisos, una metáfora. Más que leer de afán, la poesía pide a sus lectores la rumia, la relectura, el ir encontrando la melodía oculta tras cada línea de palabras. Es posible que muchos poemas no te digan nada en un inicio o que parezcan demasiado herméticos al entendimiento, pero si vuelves una y otra vez a ellos, si afinas tu escucha interior, seguramente descubrirás el mensaje entreverado entre el bosque de imágenes.

Pero, ¿por dónde comenzar?, te estarás preguntando. Sé que hay muchas vías para llegar a la poesía. A veces es un regalo casual o el encuentro de un libro de versos en una librería que, por simple curiosidad, abriste al azar un poema y hubo como una revelación en aquella corta composición. O puede suceder que alguien habla de un poeta que le fascina, de una obra que admira, y tú, entusiasmado por esos comentarios, buscas el libro para comprobar tal exaltación, aunque al tenerlo entre tus manos descubras que no producen en ti ni las emociones ni el fervor del que hablaba tu amigo. Hasta es posible, aunque eso no es lo común, que en tu mente hayan quedado recuerdos de tus estudios escolares de literatura y quieras seguir indagando en otras obras poéticas de un autor que aprendiste de memoria… Pero, si nada de esto tienes a tu favor, yo te recomiendo adquirir o empezar a leer antologías de poesía. Estos libros recogen un buen número de poetas y una muestra representativa de sus obras. Es como tener en una sola mesa diversidad de platos de diferentes latitudes, con múltiples sazones y variados sabores. Allí podrás catar, degustar, provocarte y decidir después, si lo prefieres, alimentarte leyendo un particular libro de poemas de un poeta. Las antologías son como una galería en la que apreciamos estilos, tendencias, motivos recurrentes, formas y tonalidades reunidas en un solo lugar, y al que podemos acceder con solo abrir una de sus páginas.

Aunque hay preferencias también en esto de las antologías te voy a mencionar algunas de las que, para mi gusto, son un buen principio para adentrarse en la lectura de poesía. La primera es la Antología de la poesía moderna en lengua española, “Laurel”, de editorial Séneca, que luego en su segunda edición fue editada por Trillas, de México. El prólogo de la primera edicición lo hizo el poeta Xavier Villaurrutia y el epílogo de la segunda, Octavio Paz. De esta antología destaco el excelente ojo selectivo de los compiladores y unas notas en las que podrás hallar los títulos de obras de poesía de los autores recopilados que te permitirán profundizar en los poetas de tu mayor interés. La segunda antología, que visito con devoción, es la de José Olivio Jiménez: Antología de la poesía hispanoamericana contemporánea 1914-1970. El compilador y prologuista hace un perfil de cada poeta seleccionado que resulta de gran ayuda para los neófitos en este campo de la lírica. Un tercer libro, si es que deseas enterarte y ponerte en contacto con los grandes poetas universales es la antología de Francisco Rico titulada Mil años de poesía europea de editorial Crítica. Además de presentar datos claves de cada uno de los autores, la antología abarca desde El romancero castellano, pasando por figuras como Dante, Góngora, Milton, Hölderlin, Byron, Keats, Baudelaire, Cavafis, Rilke, Pessoa,  hasta poetisas contemporáneas como Wyslawa Zymborska; contiene variedad de nacioanalidades y, hacia el final, incluye un índice de procedencias de los textos que te será de gran ayuda por si quieres adentrarte en alguno de esos maestros del verso. Me gustaría recomendarte, de igual modo, la Antología de poesía en lengua española (1950-2000), titulada Las ínsulas extrañas, cuyos compiladores son cuatro grandes poetas: Eduardo Milán, Andrés Sánchez Robayna, José Ángel Valente y Blanca Varela. La obra muestra un rigor y mantiene un criterio que avalo y me parece fundamental en obras de este tipo; es decir, en “escoger siempre poemas unitarios” y no fragmentos. Finalmente, y para no hacer demasiado extensa esta misiva, me gustaría sugerirte un libro más. Se trata de la Antología de la poesía colombiana, seleccionada por Rogelio Echavarría y publicada por el Ministerio de Cultura y el Áncora editores. El viaje que propone este volumen te llevará desde los poetas y poemas más conocidos en la lírica colombiana hasta otros autores nacionales del siglo XX.

Lo indicado, entonces, es elegir una de esas antologías, tenerla a la mano y comenzar el ritual que llamo “alimentar el espíritu”. Se trata de sacar un tiempo en tu jornada cotidiana para leer uno de esos poemas, saborearlo con atención y, en lo posible, guardar en la memoria uno o dos versos. Te confieso que llevo muchos años con esta dieta nocturna de poesía y he descubierto que no sólo he nutrido mi alma con exquisitos manjares de cincelada poesía, sino que he notado cómo ese pan de palabras me ha posibilitado educar mi sensibilidad, aguzar mi mirada sobre mi mismo y los demás, volver más dúctil mi mente para establecer relaciones y flexibilizar las aristas de mi temperamento. Desde luego, no es que ese ritual muestre en pocas noches tales beneficios; más bien se trata de ir creando un espacio en tu interioridad para dejar que la poesía repose su vuelo de ave sutil; de que dispongas el corazón –si te resulta más cercana la expresión– para comprender los mensajes de este modo de conocimiento que no prefiere los largos tratados o las argumentaciones interminables, sino más bien la síntesis expresiva, lo alusivo, el reverberar de la connotación y una complicidad hecha de confesiones y testimonios a sotto voce. Todo ello te irá acostumbrando a un modo de comunicación en el que cuenta la música de las palabras, el ritmo entre ellas, a la par que una cuidadosa y tallada organización de las palabras. Si esto haces, te aseguro que con el tiempo irás encontrando un sentido a los poemas que antes te parecía extraño o inasible. De alguna manera, acercarse a la poesía se parece mucho a los escarceos y adivinaciones, a las preguntas ansiosas y los misteriosos silencios que padecemos cuando estamos comenzando una atracción amorosa.

Seguramente,  el ritual de “alimentar el espíritu” con poesía te irá llevando a conocer un poeta que te guste, que haga sintonía con tu espíritu. Cuando ya tengas identificado tal autor, lo que sigue es buscar uno de sus libros y, como supones, mirarlo, releerlo, apreciar sus recurrencias, su modo de concebir un mundo o sus aproximaciones a las múltiples manifestaciones de la condición humana. Y si las antologías te dieron la posibilidad de tener una mirada en extenso de la poesía, ahora, al entrar de lleno en un libro de un poeta específico, lo que obtendrás será profundidad. Podrás, por decirlo así, convivir con ese autor, conocer a fondo las coordenadas de su visión de las personas, la sociedad o el universo. Hasta llegarás a descifrar su tono de enunciación lírica y las marcas que lo diferencian de sus colegas de oficio; tendrás las claves de sus obsesiones, sus búsquedas, sus cuestionamientos o sus propuestas. Es posible que terminado uno de los libros de ese poeta, te resulte tan fascinante que desees adquirir otra de sus obras y proseguir en esa aventura de desciframiento y hondura en sus textos. De igual modo es posible que al comenzar esta pesquisa, leído el libro seleccionado, concluyas que no te produce el mismo efecto o que sientas que no hay unos lazos de filiación con el poemario elegido. No tienes que preocuparte por eso. Lo aconsejable es quedarte con los poemas que más te “llegaron al alma” o esos otros que “conmovieron tu inteligencia”. Los libros de poesía no son un recetario infalible o un menú en el que deben gustarnos todos los platos. Es más: a veces cuando después de un tiempo vuelvas a leerlos, descubrirás poemas que antes te parecían insustanciales y ahora, cobran un interés inusitado. Esto sucede porque la materia prima de la poesía es el hombre mismo, sus angustias, sus esperanzas, sus lamentos y sus júbilos; y por estar hecha de esa sustancia, por tener esa pátina de historia humana, cuando leemos esos poemarios, vamos subrayando los versos que, según nuestra edad, de acuerdo a las experiencias acumuladas, nos parecen tan cerca como para conmovernos hasta la exaltación o nos resultan tan lejanos que ni siquiera nuestros ojos llegan hasta el final de esos textos.

No sobra decirte que cada poema te planteará una estrategia de lectura diferente. Hay poetas que preferirán los versos rimados y otros que manteniendo una música interna usarán el verso libre. Algunos autores acudirán a las formas clásicas, como el soneto, y otros más, crearán su propia manera de decirse o experimentarán en el espacio mismo de la página. Varios de ellos pedirán de ti una inspiración larga y continua para entonar sus versos y, otros, serán tan breves que exigirán de ti una respiración rápida y ligera. Encontrarás poetas cuyos versos se ofrecerán tan claros que te asombrarás de su limpidez o su resplandor, pero de igual modo te hallarás con poemas herméticos, con un simbolismo que pedirá mucho a tu imaginación y te invitarán a husmear en las correspondencias de ese extenso tapiz de la cultura. Habrá poetas que llevarán hasta la cima más gloriosa un tema, una situación, un sentimiento, como también te encontrarás a otros rapsodas que explorarán en distintos tópicos o irán circundando territorios disímiles de la existencia. Es probable que te encuentres con hacedores de versos en los que el humor o la ironía sean su medio de interpelarte como lector, y otros que utilizando un tono profético en sus versos te desacomodarán de tus creencias más aferradas. Tal es la variedad y tal la riqueza de la poesía, como múltiples y plurales son los senderos del arte y, en particular, de la literatura. 

Ahora bien, cuando empieces a leer un poema en concreto te recomiendo seguir esta vía: lees un verso, lo relees, sigues con el siguiente, lo vuelves a leer, sumas el primero y el segundo, y luego continúas con el tercero, repitiendo este avanzar y retroceder por los diferentes apartados del poema. Terminada la última línea, llevas tu mirada hasta la primera y repasas con tus ojos todo el texto. Te preguntarás por qué recomiendo esta manera de lectura; la razón es sencilla: el poema exige de nosotros la conciencia de su estructura, su ritmo y la concatenación entre sus versos. Si no logramos establecer su continuidad nos quedaremos con muñones de palabras o con ciertas imágenes desagregadas del conjunto. O lo que resulta más grave, podemos tergiversar lo que en su esencia es el eje comunicativo del poema. Si no estamos atentos, y más tratándose de la poesía, perderemos la esencia de su concentrado perfume, la contundencia de su cauce expresivo. La reiteración de sus partes, la lectura en voz alta, la búsqueda del tono adecuado para hacerlo resonar en nuestros entendimiento, son los mejores medios para disfrutarla cabalmente. No sobra repetírtelo: la lectura de poesía es una práctica de la lentitud, del disfrute sosegado, de la dilación que permite aflorar la contemplación y el ensimismamiento, del goce que no espera concluir cuanto antes el poema, sino regodearse con la formas sintéticas de las ideas y el encuentro inesparado de las palabras.

Unas reflexiones finales, querido amigo. La lectura de poesía es un modo de cuidarnos, de cultivar el espíritu o de establecer momentos para el diálogo personal. Es una especie de oración laical, de meditación sobre nuestra condición humana, que fue durante siglos un arte valioso y profusamente encendido en las nuevas generaciones por la escuela. En nuestros tiempos, en los que la lógica de la prisa y el afán desmedido por la posesión de cosas nos han ido alejando de la conversación con nosotros mismos, en la que parece banal el cultivo de nuestra interioridad, se ha ido perdiendo o refundiendo este contacto con la poesía. Tú me has escuchado confesarte que hasta la misma escuela ha claudicado en este empeño de convertir a la poesía en una aliada para la formación de las nuevas generaciones en la sensibilidad y el conocimiento de las emociones. Por eso mismo, al escuchar tu interés por adentrarte en la poesía, me he llenado de alegría. Tal vez ese júbilo haya sido el detonante de esta carta, porque sé que al ponerte en contacto con la poesía,  entrarás a una hermandad que aboga por conservar intacto el asombro de los niños, por mantener en alto la magia de las palabras y por enaltecer las secretas relaciones entre la música y el silencio.

Así que, mientras sirvo una copa de vino –porque este licor vino tinto y el canto de la poesía hacen un maridaje perfecto– para celebrar tu ingreso a la fraternidad de amantes de la poesía, te auguro el mejor de los viajes por esta forma literaria en la que se conjugan en contados versos las palabras pulidas, la emoción recordada  y la levedad del pensamiento. ¡Salud!

Encuentros con la poesía (3)

19 domingo Ene 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Del diario, LECTURA

≈ 2 comentarios

Etiquetas

Entrevistas a escritoras, Fina García Marruz, Leer poesía

Ilustración de Jon Krause

Ilustración de Jon Krause

Afirmaba en un texto anterior que la lectura frecuente de poesía me ha ayudado a comprender dimensiones o aspectos de la condición humana. Quisiera en esta ocasión ahondar en las diversas maneras como la poesía, a través de sus versos, ha contribuido a mi percepción del ciclo vital o los avatares de la existencia.

Una vertiente de la lectura de poesía me ha mostrado ante todo la celebración de la vida, su gratuidad, su exquisito don; y también, que el estar enamorados, el apreciar la noche o el disfrutar con plenitud de algo amerita la canción, la exaltación, el elogio lleno de admiración o regocijo. Todo eso lo he leído y aprendido en los versos de los poetas. Nada ha quedado por fuera de esta exaltación y júbilo por la vida: la naturaleza, el cosmos, los seres humanos. La poesía, en esta vertiente, ha subrayado el milagro del universo, sus criaturas y su fascinante existencia. Creo que tal mirada celebrante hacia la vida, hacia lo vivo, me ha permitido mantener un temperamento animoso y lleno de esperanza. Optimista, si se prefiere. Pero no por candidez o falta de malicia, sino porque en los versos de los poetas he encontrado más motivos de agradecer que de culpar, más razones para deslumbrarme ante lo que perciben mis sentidos que justificaciones apáticas o desconsoladas. Para decirlo de manera categórica: la poesía me ha forjado un corazón entusiasta y jovial.

Claro está que a veces la poesía usa este cantar pero en tono elegíaco, de lamento. He leído y releído muchos poemas centrados en la pérdida, en la desaparición de algo hermoso o amado, en la fractura de un ideal, en la premonición del ocaso o el término definitivo. Los versos de los poetas, en esta segunda vertiente, claman a las alturas, imprecan a los hombres para recordarles que la pérdida de una vida, el desamor, el corroer del tiempo en las cosas, todo ello merece tenerse en cuenta. Que allí hay algo importante; que no es un asunto baladí o secundario. En este caso, la poesía me ha ido tallando una fortaleza interior para entender y asimilar lo deleznable de la ilusión, el paso efímero de nuestro trasegar vital, la inminencia del olvido… Pero sin resentimientos o amargura, más bien como parte del escenario vital, como las posibles peripecias de unos actores sometidos a las fuerzas del tiempo, el azar y las necesidades. En todo caso, la lectura de poesía ha tensado el arco de mi espíritu para buscar comprender antes que juzgar, para aceptar lo inevitable con cierto estoicismo parecido a la sabiduría. Puesto de otra forma, la lectura continua de poesía me ha hecho un tanto más filósofo o, al menos, ha dispuesto mi conciencia para el discernimiento.

Así sea como alabanza o lamento la lectura recurrente de poesía me ha ayudado a dignificar profundamente mi existencia y la de los demás. De igual modo, me ha mantenido alerta a la presencia de diferentes seres o a las manifestaciones del cosmos. Considero que habría otra ganancia derivada de las dos anteriores vertientes: aquella de subrayar el misterio o la complejidad de la existencia. La poesía ha contribuido a no dejarme perder el hábito de interrogarme, de formularme preguntas frente a los asuntos inherentes a la travesía de los hombres entre el nacimiento y su muerte. La lectura de poetas, de tantos poemas, ha hecho que la vida mantenga sus enigmas, su carácter insondable y su posibilidad de trascendencia. Es decir, el trato con los versos, ha mantenido intacta mi curiosidad y la capacidad de sorprenderme.

Detengámonos aquí y retomemos el objetivo de estas líneas. Transcribamos otro de mis poemas preferidos con el fin de ejemplificar lo que he venido exponiendo.

FINA GARCÏA MARRUZ: "Yo que hallé en lo escondido una extraña familia".

FINA GARCÍA MARRUZ: «Yo que hallé en lo escondido una extraña familia».

El sitio es ahora para otra nonagenaria, Fina García Marruz Badía. La única mujer del grupo Orígenes, regentado por el barroco José Lezama Lima. De esta poetisa y ensayista cubana, nacida en La Habana, en 1923, me son cercanos poemas como “Ama la superficie casta y triste”, “Cada oscura mañana”, “De cómo el tiempo respetó a un poema”, “El pintor”, “A nuestro Lezama”. Pero en esta ocasión deseo escoger el poema “No avanza la ola siempre: retrocede”, de su libro Visitaciones del año 1970.

NO AVANZA LA OLA SIEMPRE: RETROCEDE
 
No avanza la ola siempre: retrocede
para embestir de nuevo con más fuerza.
Siempre no sube el fuego. Oscilando
en su temblor alumbra, fiel, la vela.
 
Parpadear que es de fuego y de vigilia
del alma viva. Todo lo viviente
ha de avanzar así, con inseguro
paso que rompa la tiniebla espesa.
 
Gana perdiendo así, cree dudando,
su fuerza aumenta en la retrocedida
fatal que lo derriba por el suelo.
 
Porque nada se pierda: tú has querido
que el descender acrezca la subida,
perdamos como olas, como fuegos.
 
…
 

En una de las pocas entrevistas que ha dado Fina García Marruz, titulada “Me comunico mejor con el silencio”, comentó aspectos relacionados con la poesía y la época presente. Hago eco de algunas respuestas del diálogo sostenido con Miriam Elizalde y publicado en Cubadebate, en marzo de 2007: 

-¿Poeta o poetisa?

Fina García Marruz: Hay algunas escritoras a las que no les gusta la palabra “poetisa”, porque piensan que es más débil que poeta, que afortunadamente termina en “a”. Yo creo que son dos cosas completamente distintas. La poetisa a la que se le pudiera llamar “poeta” es alguien que crea un idioma y Gabriela Mistral creó uno. Sor Juana Inés de la Cruz, por la que siento una admiración enorme, con toda la riqueza de su sensibilidad y estilo, es más bien una poetisa, lo cual no es una debilidad. Sor Juana no es débil en lo absoluto. Un poema es un poema, no tiene adjetivos: tan grande es un poema suyo, como el de Gabriela. Lo que quiero distinguir es que como indica la palabra poiesis, la poesía como creación, es algo muy diferente. James Joyce es un creador de idioma, lo que no son otros excelentes novelistas. Eliseo Diego decía, con toda razón, que había que sacar a Gabriela de la Historia de la Literatura para incorporarla a la Historia de la Lengua.

―¿Usted se siente poeta o poetisa?

Fina García Marruz: Soy más bien una poetisa, si nos atenemos a este análisis.

(…)

―¿Qué es para usted lo más urgente hoy?

Fina García Marruz: Permíteme responder con dos profecías que hizo Martí para Nuestra América. La primera está en la frase “Ya se probó el odio, ahora se prueba el amor”. Me extrañó siempre esa frase, porque da por sentado que el amor ya está instalado en el presente. Pero es que el tiempo de su prosa –como en los profetas– es el del presente que será, porque, como tú sabes, el odio se probó y se sigue probando.  No ha quedado atrás. Tengo la impresión de que él alude aquí a su discurso fundacional, que conocemos como “Con todos y para el bien de todos”, donde dice que habrá que poner alrededor de la estrella, la fórmula del amor triunfante –con todos y para el bien de todos.  Ese amor triunfante no excluirá absolutamente a ningún país.  El habla de un presente un poco más lejano al tiempo que vivimos hoy en Nuestra América, donde vemos un indudable alborear. El habla para ese momento en que todos puedan vivir pacíficamente. Tiempo que llega.

―¿Cuál es la segunda profecía?

Fina García Marruz: Tiene que ver con la gran esperanza en el progreso de la Ciencia que caracterizó al Siglo XIX, que la ve solo como fuente del  Progreso y de libertad absoluta. Pero Martí escribe: “Riesgo de la ciencia sin el espíritu”, que vio simbolizado en el personaje Wagner del Fausto, de Goethe, lo que estaba ya en el Génesis, en lo del árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, situado en el Paraíso frente al Árbol de la Vida.  Libertad no absoluta, sino con ese límite –señalado en el Libro de la Sabiduría salomónica–, que lo había puesto en los cuatro elementos para que no inundaran, arrasaran o hicieran arder la tierra. La idea no era nueva, y estaba ya en el libro de Job y en los griegos.  Pero cuando Martí señala esto, el tema estaba muy lejos de ser preocupación para los ecólogos de su tiempo. Hoy es el tema central del nuestro.

(…)

-¿Por qué le cuesta tanto trabajo dar entrevistas y  hablar de sí misma?

Fina García Marruz: Me siento en esos casos como una violinista a la que le piden un concierto de flauta. Yo me comunico mejor con el silencio, sin el que no se podrían dar la poesía, la música, ni el encuentro con uno mismo.

Encuentros con la poesía (2)

14 martes Ene 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Del diario, LECTURA

≈ 2 comentarios

Etiquetas

Enriqueta Ochoa, Leer poesía

Ilustración de Craig Frazier

Ilustración de Craig Frazier

Mi gusto por la lectura de poesía –y esto es algo que he ido validando con el tiempo– me ha dado una serie de beneficios que bien vale la pena detallar ahora. Espero que al hacerlo contagie a los lectores de las bondades de leer poesía o por lo menos despierte su curiosidad académica.

El primero de los beneficios es el de haberme familiarizado con un tipo de lenguaje, que en sí mismo es un ejemplo de concisión, precisión y voluntad estética. Y no hablo de entrar en relación con palabras bonitas o extrañas, sino de haber tenido la oportunidad de acceder a un abanico de posibilidades semánticas, de ampliar el repertorio de referencia para nombrar el complejo mundo y la diversa manera de ser y actuar de los seres humanos. La poesía me ha vuelto sensible a las variaciones de significado o a las sutilezas en la elección de un término. Desde luego, a esa familiaridad se ha unido cierta conciencia auditiva para descubrir el ritmo de cada una de las palabras y la melodía armoniosa que se produce al ponerlas en relación con otras. Tal conciencia auditiva del lenguaje es la que me ha vuelto más sensible o más alerta cuando escribo para evitar, en lo posible, las cacofonías o las redundancias innecesarias. De igual modo, esta conciencia del ritmo propio de las palabras me ha llevado a tener en cuenta al momento de escribir  –y no hablo de versos– el combinar o entrelazar períodos largos con otros más cortos con el fin de mantener atento al lector o guiar sus ojos a partir de la seducción del oído. La poesía, en este caso, ha ampliado mi capital lingüístico a la par que me ha desarrollado una sensibilidad por la materialidad de las palabras, por su fisonomía, su peso y sus potencialidades rítmicas.

Un segundo beneficio del asiduo trato con la poesía ha sido el de desarrollar en mí cierta fineza en la percepción, cierta sutileza en el modo de ver y percibir el mundo y las personas. Considero que la poesía es otra cartilla a partir de la cual uno aprende a deletrear el universo en una clave no inmediata o funcional. Más bien lo que la poesía hace es dotarnos de un mirador en el que la contemplación, la meditación, el ensimismamiento son lo fundamental. Es como estar dotados para ver el envés de las cosas, para avizorar lo que nadie aprecia o para despertar a las conciencias cómodas o despreocupadas. La poesía ha aumentado mis sentidos, los ha exacerbado o puesto en actitud de acecho. En este sentido, ni lo que me pasa o le pasa a los demás, me es del todo indiferente. La poesía me ha vuelto sensible a asuntos que para la mayoría resultan anodinos o que no logran despertar el interés de la sociedad de consumo o de los medios masivos de comunicación. Eso también lo he ratificado a diario. De cara a la banalización del vivir, de la insensibilidad social o la  ceguera para el universo, la poesía opone sus llamados de alerta, sus rememoraciones, sus ojos de luz para mirar lo que parece ya visto. Y como siempre sucede con esto de los atributos, dicha sensibilidad me ha producido momentos y situaciones de regocijo al igual que determinadas angustias o aflicciones de hondo calado íntimo. Pero lo importante de esta segunda bondad de la poesía es el haber dotado a mis sentidos y a mi entendimiento de curiosidad, de asombro ante lo que a diario vivo, y de suspicacia e intuición sobre aquello que apenas entreveo o imagino.       

Agregaría otro beneficio. La lectura de poesía me ha ayudado enormemente a entender problemas, hechos o peripecias de la condición humana. Por ella, por sus versos, me ha sido más fácil comprender qué es eso del amor, la soledad, la muerte o el misterio. Pienso que la poesía se asemeja mucho a un oráculo al cual le formulamos nuestras dudas existenciales más acuciantes o los dilemas vertebrales de nuestro espíritu, y al leer esos versos cada quien trata de encontrar las claves que necesita para comprender algo pasado o vislumbra opciones de un evento futuro. Al menos en mi caso, he tenido a la poesía como mentora de aquellos interrogantes que han sacudido mi pensamiento o han puesto mis pasiones en la cuerda floja de una decisión. La poesía me ha servido de carta de navegación o se ha abierto como un cielo nocturno para guiarme con el titilar de algunas estrellas. Y como todo oráculo, la poesía lo ha hecho con un lenguaje cifrado, metafórico, analógico. Un lenguaje que está repleto de poros, de intersticios, para que cada quien interprete los mensajes según su necesidad o su urgencia vital. Esa forma de aconsejar sugiriendo, de enseñanza indirecta, de ambigüedad que invita al discernimiento es otro de los beneficios que me ha prodigado la lectura frecuente de poesía.

Hagamos un alto y dejemos que sea la voz de la poesía la que muestre sus propias virtudes. Como dije en un escrito anterior, el objetivo principal de transcribir estos poemas –de una fuerte resonancia en mi vida– es la de participar o comunicar a los lectores una pasión que, como lo he expuesto, puede traer con los años excelentes beneficios. 

Enriqueta Ochoa

Enriqueta Ochoa: «Todo hombre está hecho de puertas y ventanas…»

Retomemos esta vez a Enriqueta Ochoa, la poeta mexicana nacida en 1928 y fallecida en el 2008. De su obra tengo una preferencia por poemas como “Retorno de Electra”, “Avispero”, “Hay días”, “Se distraía el viento”… Pero he seleccionado un poema de su libro Los himnos del ciego (1968): “El hombre”. Enriqueta Ochoa: “Yo quiero decir lo más entrañablemente mío, que en todos los casos es de los demás”.

EL HOMBRE
 
                                   Para Wenceslao Rodríguez
 
 
¿Qué ha visto el hombre?
Nada.
Ciego y desnudo llegó,
desnudo y ciego se irá
del polvo al polvo.
Un gesto de ternura podría salvar al mundo,
pero el hombre jamás bajó los ojos
a ese pozo de luz.
 
―Llorarás, le dijeron,
mas no es fácil llorar.
Llorar es desprenderse,
irse en ríos de uno,
y el hombre sólo sabe
devorar y perderse.
 
No conoce más muros
que los que cercan su ciudad en sombras
y hasta allí ha bajado a envejecer,
a morir en sí mismo,
a sepultarse testarudo,
mientras la soledad circula por su cuerpo
como el viento por una casa en ruinas.
Yo insisto,
un gesto de ternura podría… De pronto,
me irrito, tiemblo, río, me quebranto.
Yo soy el hombre.

 

Encuentros con la poesía (1)

09 jueves Ene 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Del diario, LECTURA

≈ 2 comentarios

Etiquetas

Dolores Castro Varela, Entrevistas a escritoras, Leer poesía

Ilustración de Mirko Ilić

Ilustración de Mirko Ilić

De lo que más he leído o me gusta leer asiduamente es poesía. Lo hago no sólo por el afecto particular hacia esta manera de expresión, sino por una especie de tranquilidad o exploración íntima que hallo al entrar en contacto con estos pequeños textos. Todos los días, así sea en pequeños encuentros, me ensimismo en esas líneas que abren sus ventanas como si fueran atalayas a la existencia humana, el mundo o el universo.

De ese encuentro con poemas y poetas dan testimonio diversos registros en mis diarios y una amplia biblioteca que ha ido creciendo con el pasar de los años. Hubo una época en que siempre, al comienzo o al final, incluía en las diversas entradas de mi diario la selección de un poema que había descubierto o que consideraba destacable. Este poema hacía las veces de detonante para algún tipo de reflexión o sencillamente servía de amuleto para mis búsquedas literarias. O, en algunas ocasiones, era en sí mismo un homenaje a esos otros poetas que de tanto releerlos ya hacían parte de mi propia sangre.

En el caso de los libros de poesía ellos fueron sumándose por afinidad de autor o por filiación temática. Creo que ese ha sido el camino de bibliotecas semejantes. Primero, uno se apasiona por un libro de poemas y, en esa medida, anhela adquirir o leer otras obras del mismo poeta. Si el gusto continúa, lo más seguro es que consiga la mayoría de ellos y esté pendiente de un próximo texto, si es que el autor aún vive. Pero puede suceder que el atesorar estos libros no nazca de la fascinación por un poeta sino del interés por un motivo o tema en especial. En mi caso, el mirador de la poesía erótica ha sido una de esas inquietudes que ha permanecido vigente durante muchos años de mi vida. Así que la biblioteca guarda varias antologías sobre este motivo. Pero también mi biblioteca se ha expandido porque en la medida en que uno se focaliza en un género descubre el valor de determinadas editoriales especializadas en el asunto. En consecuencia, poco o poco, he ido abriendo un espacio a colecciones de poesía, valga decir la colección Visor, o las hermosas ediciones bilingües Hiperión de Madrid o las de la Librería Fausto de Buenos Aires.   

Lo que vengo diciendo sirve de escenario para lanzarme a compartir con los lectores de este blog mi gusto por ciertos poemas, seleccionados a la manera de preseas literarias o testimonios-joya de una pasión cultivada durante varias décadas. Confío que el agrado personal provocado por estos versos sea trasladable a otros espíritus  afines, o al menos que logre despertar en personas no habituadas a la poesía su curiosidad o una incipiente aproximación a los espacios líricos.

Dolores Castro Varela. Fotografía de Pascual Borzelli.

Dolores Castro Varela. Fotografía de Pascual Borzelli.

En esta primera entrega me concentraré en Dolores Castro, una nonagenaria mexicana autora, entre otros, de libros de poemas como “Cantares de vela”, “Soles”, “¿Qué es lo vivido?”, “Las palabras”, “Fluir”, “Tornasol”… De Dolores Castro cautivan mi atención varios poemas: “Cómo arden, arden”, “Fugas”, “Fluir”, “Nosotros”, “Nostalgias”, “A veces”, pero he elegido “Laberinto”, un poema que bien puede simbolizar la sensibilidad de esta contemplativa buscadora de palabras esenciales nacida en Aguascalientes, en 1923.

 Laberinto
 
Encontré la vereda, el atajo, la brecha,
el camino más corto para caminar.
 
Me lancé por el plano
y después por la cuesta, hacia abajo,
con pisada suave,
como en sueños,
con cautela de gato
y ojos abiertos a la oscuridad.
 
Palpé, toqué, dejé
no sé cómo
pasajes desiertos, arboladas regiones,
hábitos y costumbres
de permanecer.
 
Mucho ha llovido desde entonces.
 
El invisible hilo
que había de sacarme de este laberinto
llevo en la mano,
pero aquí entre relámpagos y truenos,
encandilada,
sigo el perfume del hueledenoche,
de la madreselva,
el lejano aroma del jazmín,
y ya no sé si querer o no querer
salir.

 

Creo conveniente, además, transcribir apartes de la entrevista titulada “Dolores Castro: mujer con mayúscula” hecha por Adriana del Moral Espinosa, y publicada en el portal del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura.

(…) 

—En todo el proceso de tener hijos y cuidarlos pequeñitos, siguió escribiendo, ¿verdad?

— Seguí escribiendo, con mayor razón, porque las mujeres podemos sentirnos a veces como más próximas a ser animales que seres racionales cuando están todos los niños chiquitos. O bien a sentirnos cosas, porque el arreglo de la casa, la limpieza y todo eso también esclaviza. Pero si uno tiene la literatura, y sobre todo la poesía…La poesía es la que me ha sacado adelante siempre, porque es mucho más ordenada que la vida. Si tú tienes la poesía como auxiliar el amor no se acaba. El amor a la vida, a la naturaleza, a la gente; porque la vas viendo con mayor profundidad; con mayor profundidad vas aquilatando todo.

— ¿Qué tiene dentro un poeta?

— Tiene una gran necesidad de entender el mundo, porque tiene un gran amor a la vida. Es como resolver un rompecabezas, porque uno llega a la vida sabiendo que va a morir, y que en este corto lapso tiene que descubrir para qué vino, quién es, de dónde viene, hacia dónde va. La mayor parte de estas respuestas, a mis ochenta y dos años, no las he encontrado. Pero sí he tratado de ver con la mirada más profunda, lo que ocurre, lo que cambia, lo que queda. Dentro de mí hay una necesidad todavía de seguir averiguando qué pasa. Además tengo alegría de vivir, necesidad de conocer más. Ya que sólo una vez estamos en la vida, hay que aprovecharla.

— ¿La poesía es entonces una actitud ante la vida, aunque uno no escriba?

— ¡Claro que es una actitud ante la vida!, y desde que abres los ojos. Mi mamá le escribió una carta a mi papá porque él no estaba cuando yo nací en Aguascalientes, y mi papá estaba viajando porque era agente del Ministerio Público. En la carta le decía mi mamá: “Ya tienes una nueva hija. Es morena, pero tiene los ojos muy vivos.” No los tuve grandes, pero vivos sí.

—El papel que para usted tiene la poesía, ¿ha cambiado a lo largo de todos estos años dedicados a escribir poemas?

— Yo creo que ha cambiado, pero nunca ha dejado de ser un interés profundísimo. Ha cambiado porque cada vez tengo más necesidad de comunicar y comunicar bien. Comunicar con un trabajo constante para que la palabra sea transparente.

— ¿Escribe cada vez más?

— Sí, escribo cada vez más, no sé si cada vez mejor.

—Usted ha impartido muchos talleres para jóvenes, ¿piensa que ha cambiado la forma en que los muchachos de ahora se acercan ahora a la poesía?

— Lo que veo es que hay una multitud de muchachos que se acercan a la poesía, porque ese caos en el que vivimos invita a tratar de resolverse. Pero a veces muchos muchachos se acercan a la poesía en una forma que no es la mejor, que es el desahogo. Y los que se acercan en esta forma generalmente es porque no leen suficiente; porque para poder escribir poesía se necesita también leerla. Uno va construyéndose como poeta y como persona con una tradición que le respalda. Y si uno conoce esa tradición a través de la lectura, puede situarse en el ayer, en el antier, o en el antes de antier.

Olga Orozco y la poesía

26 viernes Jul 2013

Posted by fernandovasquezrodriguez in APRENDER A ESCRIBIR, Del diario, LECTURA

≈ 2 comentarios

Etiquetas

De la imaginación poética, Entrevistas a escritoras, Leer poesía, Olga Orozco

Olga Nilda Gugliotta Orozco

Olga Nilda Gugliotta Orozco

Motivado por mi lectura de la entrevista de Silvia Sauter a Olgo Orozco –que realicé ayer–  durante las primeras horas de la mañana, devoré otra más “El revés del poema”, realizada por Jacobo Sefamí en 1990 y publicada en su libro De la imaginación poética. Conversaciones con Gonzalo Rojas, Olga Orozco, Alvaro Mutis y José Kozer. Es una entrevista extensa, de más de 40 páginas, amena, y que muestra el conocimiento de la obra de Orozco por parte del profesor Sefamí. Una vez más, me sorprenden las coincidencias con algunas ideas de mi ensayo “El poeta aviva la luz de las cosas”, especialmente en lo que afirmaba yo del papel de la poesía como medio para hacer y hacernos preguntas. Dice Olga Orozco: “Creo que la poesía es eso: una permanente interrogación en busca de algo que siempre está un poco más allá. Para cada pregunta hay otra pregunta”. Descubrí también, para el tema que he venido trabajando sobre «imágenes fundacionales», el recuerdo más remoto de la escritora: “El recuerdo más remoto de la infancia está contado en un relato titulado ‘Misión cumplida’ de La oscuridad es otro sol (1967). Allí hago alusión a una memoria anterior. Tal vez no sea fácil deslindar lo que está sucediendo en el momento, con lo que está sucediendo en mi memoria. Se trata de una huida en brazos de mi hermana mayor. Ella me lleva en brazos huyendo de un toro. Yo veo oscilar el amarillo de los girasoles y sé que algo rojo nos va corriendo. Luego tengo la sensación de un salto, y es mi hermana que cae del otro lado de un alambrado, y nos hemos salvado. Y yo que me aprieto contra su pecho y siento el asilo, el calor, la ternura y la protección”. Me pareció interesante lo que dice de la adolescencia: “En toda adolescencia se juegan elementos muy contrapuestos y empieza la búsqueda del verdadero camino: uno tiene diálogos con Dios y luchas con el demonio; contrapone la libertad a otras cosas. En fin, empiezan a surgir los problemas del amor, del sexo, de las verdades eternas. Es decir, los elementos fundamentales de la vida, que llegan a tener una intensidad tal que si uno sobrevive es porque pacto con algo; de lo contrario, uno podría haberse muerto o consumido”.

Más adelante, Orozco cuenta cómo es su proceso de escribir. Aunque ya había retomado algunos apartes de esta entrevista para mi libro Escritores en su tinta, una respuesta de la escritora podría servirme para una segunda edición de mi texto. Habla la poeta: “Escribo poco y lentamente. En general, cuando escribo tengo la sensación del final con la primera línea, que puede venir en una imagen, en una música, en la repetición de una frase que lo asalta a uno. Lo que tengo que hacer es ese recorrido. No sé cómo va a suceder ese recorrido que va de esa primera línea al final que presiento. Pero nunca paso de la primera a la segunda línea si no he aceptado de manera definitiva la primera, y así sucesivamente. En mi caso, la poesía no es convocar, ni suscitar, sino desechar de un coro de solicitaciones, de esos, ‘signos en rotación’ de los que habla Paz. Hay personas que me han preguntado si escribo mis poemas en diez minutos. No creo que parezcan escritos en diez minutos. No se ve nunca algo tan espontáneo, como para que sean el producto de diez minutos. Lo que no se ve es la insistencia laboriosa, porque no hay frialdad”. Enseguida, agrega: “Yo no escribo nada que no tenga las bases puestas en su sitio, las columnas, las ventanas. Escribo un poema como una casa que voy a habitar, y en la que me voy a mover sabiendo dónde está cada cosa que necesito, y donde no hay ninguna contradicción, sino las que son manifiestamente buscadas, pero donde un elementos que está en la línea sexta no contradice para nada un elemento que está en la línea 24. Todo sigue una sucesión coherente”.

En mi lectura subrayo otros puntos de encuentro, en particular lo referente a que la poesía es una escritura ideal para dar cuenta de nuestras exploraciones como hombres rana del espíritu: «A veces uno se sumerge a grandes profundidades, hasta quedar unido a la superficie por nada, por un hilo. Yo he tenido temores de no poder retornar y supongo que eso le pasará a muchísimos: quedarse enredado en esos enigmas que hay en las profundidades. Es el buceo en lo desconocido». La poesía, nos los reitera Orozco, tiene que ver con «los elementos abismales: todo aquello que rompe con las leyes establecidas de causa y efecto». Otro asunto tocado en la entrevista apunta a que la poesía aspira a dar cuenta de la complejidad del ser: «El propio ser es inquietante porque también es desconocido; no sólo en su origen y en sus siguientes proyecciones; es desconocido porque es como si uno estuviera encerrado en su propia enigma, con su propia esfinge, y ésta pudiera empezar a hacer preguntas». Me regocijé, de igual modo, con una opinión –que de una vez voy a incluir en las notas a pie de página de mi ensayo «Matar la vida para darle perdurabilidad»– en la que Olga Orozco resalta el lugar de la poesía en su lucha con la muerte: «La escritura es una manera de luchar contra el tiempo, contra la muerte; en ese sentido, es positiva”.

Para no dejar perder algunas de las ideas expresadas por ella me parece conveniente guardarlas en este diario de escritura:

«Los poetas siempre andan en búsqueda de revelaciones, siempre tratamos de desenterrar misterios. Algo que puede ser la palabra perdida; buscamos lo indecible. Por eso el poema es una frustración»

«El deseo es por naturaleza la ausencia de algo; en algo se diferencian el deseo y el amor: el amor es una presencia, y el deseo es una ausencia. Por eso es tan extraordinaria esa frase de René Char, que dice que ‘el poema en sí es el deseo del amor realizado que continúa siendo deseo’. Me parece extraordinario porque eso es algo que no sucede en el plano de la vida verdadera, ni como deseo, ni como amor, ni como realización. La conjunción que busca para definir algo tan indefinible como la poesía me parece espléndida».

«Talila cumi, son las palabras que le dice Jesús a la hija de Jairo, cuando la resucita; quiere decir: ‘levántate y anda'»

«Yo creo que hay dos tiempos de silencio: uno es el silencio como cerrazón, como balbuceo, que es el silencio primero, el que tratamos de ganar, el que tratamos de abordar, para irlo descifrando, purificando, dándole cierta respiración que es la nuestra,  convirtiéndolo en lo que somos, o permitiendo que él nos convierta en lo que él es. A veces, una vez que eso se ha logrado, el silencio es ese silencio final del que hablábamos en algún momento; es decir, ese silencio que es la plenitud total y que debe ser la plenitud final, que hace innecesaria la palabra».

«Para saber mi noche, la tengo que aprender de la noche».

 «Sientes que la noche tiene millares de ojos y que si no puedes cerrar los tuyos es porque ésos otros están abiertos».

«Son dos piedras existentes; una que viene de Sicilia y otra que viene de San Luis, y que yo tomo muchas veces en la mano para poder escribir… Las piedras se convierten, más que en testigos, en dos elementos de convocación».

«Siempre he creído que soy la única sobreviviente de mi casa, porque soy la que tiene la memoria y la que tiene que apagar las lámparas y cerrar las puertas».

 «Uno no elige las influencias, sino que llegan por naturaleza; ni siquiera se contagian; se establecen por parentesco, ¿no?».

 «El poema abre y cierra la puerta de la revelación».

«La poesía es una apuesta arriesgada, como podría ser la de una ciencia iluminada, digamos. Es decir, hay un pie en la tierra y el otro pie está sondeando en el vacío para ver dónde apoya. De modo que las posibilidades que ofrece en la búsqueda son muchas más, tanto de encuentros, como de desencuentros y hasta de caídas».

(La poesía) «Sería el instante en el que todo es posible; el instante en el que es posible el pasado, el presente y el futuro y las combinaciones y variaciones posibles e imposibles».

Hacia el final del día estuve oyendo (y viendo) el Concierto para piano y orquesta en la menor del compositor polaco Edvard Grieg. Artur Rubinstein en el piano, acompañado por la Orquesta sinfónica de Londres, dirigida por André Previn… Llegué a este concierto por el adagio que había escuchado la semana pasada en una selección de EMI Classics. Cuando lo oí, por primera vez, me fascinó el tono intimista del segundo movimiento del mencionado concierto. Hay una magia nórdica que envuelve la voz del piano; un piano sutil, leve, evanescente. Esos siete minutos transcurren como en una penumbra fantástica; y aunque hay exaltaciones, ellas son tranquilas, de amanecer de nubes. Qué secreta la respiración que allí se evoca, qué delicada la manera de mostrarnos la gestación de un florecer o un despertar… Esta música me hizo recordar uno de mis poemas, escrito a partir de un amanecer en las montañas de Capira:

Despertar
 
Abajo sigue la noche.
Todo está en silencio. Ni un pájaro canta.
Y poco a poco, levantándose de un sueño vaporoso,
las nubes comienzan a despertarse.
Lo hacen de manera perezosa.
Unos cuantos rayos de luz, muy lejanos, las cortejan.
Ahora se define mejor la forma de las montañas.
Y lo que era una sola figura compacta
se va abriendo en pequeñas manchas grises.
Algunos árboles sacan sus ramas más altas para ver el sol.
Pero el viento se mantiene al acecho.
La noche cede sus encantos al nuevo día.
El silencio mantiene su frescura.
Es la vida, la vida que se renueva.
Imperceptiblemente.
 

Estaba intranquilo. Olga Orozco menciona una definición del poema dada por René Char, pero no referencia en qué libro o qué texto se hace tal afirmación. Apenas salí de la oficina pasé a Arte y Letra para ver si tenían alguna antología del poeta francés. En la colección Visor de poesía me mostraron el texto Furor y misterio. En una primera lectura no tuve suerte. Por la noche, después de escuchar el concierto de Grieg miré con más detalle la obra. De pronto, en una de las «proposiciones», como las llamaba él, de «Partición formal», di con el texto objeto de mi búsqueda; es el apartado XXX, y dice así, en la traducción de Jorge Riechmann: “El poema es el amor realizado del deseo que permanece deseo”. (En las notas se agrega que Char le comentó a Georges-Louis Roux que “el poeta estaba siempre a la espera de esos encuentros con el rayo, de la quemadura y –no obstante– de la plenitud afectiva que de ellos se sigue indefectiblemente, y aseguró su certidumbre feliz de que eran indefinidamente renovables”). Ya con esa pista, husmeé en mi biblioteca y hallé, precisamente, un texto homónimo, pero en la versión de Santiago González Noriega y Catalina Gallego Beuter. Esta es su propuesta: “El poema es el amor realizado del deseo que permanece como deseo”. Espero mañana explorar en esa afirmación: “Le poème est l’amour réalisé du désir demeuré désir”.  

← Entradas anteriores

Entradas recientes

  • Las caídas de Altazor de Vicente Huidobro
  • Simplismo de lo político en las campañas presidenciales
  • Los poetas premios Nobel hablan de su oficio
  • Un libro sobre la urgencia y relevancia de la escucha
  • La visita de la señora Soledad

Categorías

  • Aforismos
  • Alegorías
  • Apólogos
  • APRENDER A ESCRIBIR
  • Cartas
  • Comentarios
  • Conferencias
  • Crónicas
  • Cuentos
  • Del diario
  • Diálogos
  • Ensayos
  • Entrevistas
  • Fábulas
  • Homenajes
  • INVESTIGACIÓN
  • LECTURA
  • Libretos
  • Libros
  • Novelas
  • OFICIO DOCENTE
  • Pasatiempos
  • Poemas
  • Reseñas
  • Semiótica
  • Soliloquios

Archivos

  • 2026
  • 2025
  • 2024
  • 2023
  • 2022
  • 2021
  • 2020
  • 2019
  • 2018
  • 2017
  • 2016
  • 2015
  • 2014
  • 2013
  • 2012

Enlaces

  • "Citizen semiotic: aproximaciones a una poética del espacio"
  • "Navegar en el río con saber de marinero"
  • "El significado preciso"
  • "Didáctica del ensayo"
  • "Tensiones en el cuidado de la palabra"
  • "La escritura y su utilidad en la docencia"
  • "Avatares. Analogías en búsqueda de la comprensión del ser maestro"
  • ADQUIRIR MIS LIBROS
  • "!El lobo!, !viene el lobo!: alcances de la narrativa en la educación"
  • "Elementos para una lectura del libro álbum"
  • "La didáctica de la oralidad"
  • "El oficio de escribir visto desde adentro"
  • “De lectores, leedores y otras consideraciones sobre las prácticas de lectura en la educación superior”
  • "El libreto de radio: una artesanía recuperable"
  • "Las premisas de Frankenstein: 30 fragmentos para entender la posmodernidad"
  • "La semiótica: una ciencia explicativa para comprender los signos de la cultura"
  • "La semiosis-hermenéutica una propuesta de crítica literaria".
  • "Entre líneas: la mirada del escritor"

Suscríbete al blog por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir avisos de nuevas entradas.

Únete a otros 1.018 suscriptores

Cargando comentarios...