PEQUEÑO JARDÍN
En medio de áridas rutinas
o del agobiante tintineo
de conquistar con las manos la sobrevivencia,
los seres humanos necesitan
de pequeños jardines
en medio del desierto.
Puede ser un vergel de fantasía,
una complicidad perfecta
o un corto recreo lúdico y feliz.
Eso no importa.
Lo que cuenta es hallar ese oasis,
inventarlo si es preciso,
descubrirlo entre las dunas interminables
y los eriales que a diario nos asedian con su sequía.
FUMAROLAS
Pasado el fuego abrasador
y la incontenible furia
guardada en sus entrañas,
una vez las ansias incandescentes
arrasan todo a su paso,
la pasión del amor
descansa en sosegado silencio.
Aunque es una calma aparente:
debajo de las cordilleras de la piel
sigue ardiendo la sangre,
ese líquido ardor de ancestrales cavernas.
Basta la chispa de una palabra,
el esperado toque de las manos,
o la súbita lumbre de unos ojos,
para volver a desatar el paroxismo.
El deseo es un volcán dormido.
DECLINAR DEL SOL
Es necesario imponerse la meta
de llegar al ocaso de la vida
con la justa experiencia
y la sabiduría necesaria
para estar tranquilos y sin remordimientos.
Que sin angustias o vanos anhelos,
sin nostalgias amargas
o pasiones a destiempo,
podamos atravesar el río de nuestra existencia,
disfrutar el declinar del sol
con la misma alegría de sus primeros rayos.
Y que tengamos la fuerza suficiente
para mantenernos de pie en nuestra barca.


