• Autobiografía
  • Conferencias
  • Cursos
  • Del «Trocadero»
  • Del oficio
  • Galería
  • Juegos de lenguaje
  • Lecturas
  • Libros

Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Publicaciones de la categoría: Apólogos

El tigre y los dos cazadores

04 domingo Ago 2024

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Apólogos

≈ 2 comentarios

«El tigre» del pintor alemán Franz Marc.

Trepado en un árbol frondoso y con una buena panorámica, un cazador miraba por sus binoculares a otro colega que, en un claro de la selva, se enfrentaba a un tigre con un machete.

—Debería dispararle con su rifle —exclamaba—. No sé para que lo tiene terciado a sus espaldas.

El hombre que estaba abajo caminaba despacio siguiendo el desplazamiento del tigre, con gran precaución, estudiando cada paso. Parecía otro felino.

—Yo de él hacía rato me hubiera acercado para descargarle un golpe mortal con ese machete —decía en voz alta, como si el colega lo escuchara—. ¡Seguro que le falta valor!

El cazador enfrentado al tigre se mantenía alerta sin despegar su mirada del rayado animal. Sus movimientos eran calculados. El tigre lo estudiaba, como quien sabe los riesgos de alcanzar una presa inteligente.

—¡Qué espera para enfrentarlo! ¡Haga algo, láncese de una vez! —gritaba el hombre, acomodándose mejor en una de las ramas del grueso árbol.

El otro hombre mantenía en alto el machete que, por momentos, lanzaba brillos al encontrarse con la luz del sol. El cazador sabía que en cualquier momento la fiera podría lanzarse sobre él, y por eso mismo no perdía el contacto visual con la fiera. El sudor bajaba por sus mejillas, le empapaba la espalda y hacía que el mango del arma se sintiera resbaloso. La situación era de total intensidad.

—¡Nunca pensé conocer a alguien tan cobarde!, ¡Mátelo de una vez! —dijo el impaciente observador de la escena.

Después de unos minutos, como si presagiara algo, el tigre se detuvo por un instante, miró a su alrededor y, sigilosamente, se perdió entre la alta maleza. El cazador no bajó la guardia. Se mantuvo alerta, esperando otro ataque del animal. Sabía que el tigre a veces parece retirarse para luego arremeter con mayor fuerza. Sin embargo, no fue así.

El cazador trepado en el árbol dejó de mirar por sus binoculares y descendió con dificultad. Después se encaminó hacia donde había visto a su colega.

Luego de sortear la maleza llegó a donde estaba el cazador. Lo saludó con la mano y, como si fueran viejos conocidos, empezó a interrogarlo por el reciente evento:

—¿Qué pasó? —fue la primera interpelación al nuevo compañero— ¿Se le encasquilló el rifle?

El otro hombre, que se mantenía en estado de alerta, le sonrió al colega con dificultad. Mientras enfundaba el machete le respondió:

—No, lo que pasa es que es un tigre herido…

—¿Y qué?, mejor. Sólo faltaba darle el tiro de gracia.

El cazador miró a su colega con la misma actitud con que antes había observado al tigre.

—La verdad es que los tigres heridos son letales cuando se los ataca. Desarrollan una fuerza superior a lo que uno puede imaginar.

—Entonces, es más fácil rematarlos…

—Todo lo contrario, en ese momento es cuando el cazador está en el máximo peligro de morir.

El hombre de los binoculares guardó silencio y dejó por un momento de interrogar al colega. Después de unos segundos agregó:

—Lástima, yo desde donde estaba trepado no veía bien el animal para dispararle…

—Eso pasa casi siempre: —respondió el otro cazador—. Desde lejos es fácil resolver lo que de cerca resulta más complicado…

El hombre hizo una pausa, bajó la mirada y contempló sus manos aún sudorosas. Se mostraba meditativo:

—Para descubrir el temperamento y la forma de actuar de la bestia hay que estar bien cerca de ella.

El otro cazador se sintió avergonzado.

—Todo pasó tan rápido que no tuve tiempo ni de disparar hacia donde estaba el tigre para espantarlo.

—No siempre hay que matar al enemigo para lograr sobrevivir —comentó el cazador, acomodándose el sombrero y terciándose de nuevo el rifle en el hombro.

Mientras seguían su camino, los dos cazadores hicieron silencio. Los rugidos prolongados de un tigre parecían retumbar más fuerte entre los otros sonidos de la tupida selva.

En el filo de la espada

20 domingo Ene 2013

Posted by fernandovasquezrodriguez in Apólogos

≈ 4 comentarios

Ilustración de Norman Rockwell

Ilustración de Norman Rockwell

Cuando el bufón imitaba la forma de hablar del rey, éste último reía a carcajadas pero, a sus más secretos consejeros, les hacía saber que dichas bromas eran intolerables. Y cuando el bufón imitaba el caminar de cerdo del rey, éste último aplaudía sus mimos, pero para sus adentros sentía unos deseos enormes de deshacerse de tal payaso. Y cuando el bufón profería largos monólogos contra el Gobierno, bien fuera en las comidas cortesanas o en la misma sala de palacio, el rey y los otros ministros celebraban cada ocurrencia del pequeño humorista, pero luego, en sus privadas comitivas, conversaban de los límites que debían imponerle a dicho hombrecillo… Pero cuando el rey, y los demás miembros de la corte, veían cómo quería el pueblo al bufón, cómo admiraban su desfachatez, su lengua chocarrera, y su ironía tan festiva como ácida, sabían que  tenían que conservarlo al lado suyo. El bufón parecía serles de mucha utilidad, sobre todo para divertir a toda esa caterva de pobres, tan necesarios para pagar impuestos como inútiles a la hora de defender las fronteras del reino. Por eso, a la par de soportar las bromas pesadas, el humor descomedido, todos los señores del palacio, le permitían al bufón husmear por cualquier zona del castillo. Aún por las habitaciones más secretas. Y el bufón saltaba de un lado a otro, iba de habitación en habitación, hablando en voz alta, gritando, haciendo colorear de vergüenza a las damas más recatadas y a las doncellas más finas. Unas veces era propagando la infidelidad de la esposa del rey, otras, el embarazo no querido de algunas de las infantas regentes. O se dedicaba a repetir hasta el cansancio algún error de cierto ministro o a volver canción cualquier despilfarro de gobierno. En otras oportunidades, el bufón, que gozaba mucho disfrazándose, se dedicaba a recorrer las calles y las pequeñas villas, anunciando con  el mismo estilo del heraldo del rey, las nuevas políticas del mandatario. El pueblo se reía a carcajadas y festejaba con júbilo sus ocurrencias. Pero, en los espacios habituales de Gobierno, se rumoraba que tales salidas podrían traer repercusiones negativas; que ya estaba bien con tales licencias. Hasta se dijo, aunque esto no fue comprobable, que algún miembro de la corte había sugerido matarlo. Pero el bufón conservaba su misma ironía, la misma afilada palabra. Tal vez, en su interior, el bufón sabía que tal riesgo era inherente a su oficio: un viejo maestro le había enseñado que el envés de la risa no es el llanto, sino la muerte. Que lo más difícil es hacer reír, porque cuando uno ríe se libera del miedo. Y el poderoso necesita del miedo para poder gobernar; aunque también necesita del bufón para que ese miedo se aplaque. Esa era la paradoja de ser bufón, le había repetido el maestro: ser a la vez la contra y el veneno. Todo lo que hacía el bufón a alguien beneficiaba y a alguien ofendía. Lo riesgoso de su tarea consistía en que, con el mismo dardo, provocaba el amor y la enemistad. Su humor estaba en medio, como en el filo de una espada.

(De mi libro Ser viento y no veleta. Pistas de sabiduría cotidiana).

Entradas recientes

  • Las caídas de Altazor de Vicente Huidobro
  • Simplismo de lo político en las campañas presidenciales
  • Los poetas premios Nobel hablan de su oficio
  • Un libro sobre la urgencia y relevancia de la escucha
  • La visita de la señora Soledad

Categorías

  • Aforismos
  • Alegorías
  • Apólogos
  • APRENDER A ESCRIBIR
  • Cartas
  • Comentarios
  • Conferencias
  • Crónicas
  • Cuentos
  • Del diario
  • Diálogos
  • Ensayos
  • Entrevistas
  • Fábulas
  • Homenajes
  • INVESTIGACIÓN
  • LECTURA
  • Libretos
  • Libros
  • Novelas
  • OFICIO DOCENTE
  • Pasatiempos
  • Poemas
  • Reseñas
  • Semiótica
  • Soliloquios

Archivos

  • 2026
  • 2025
  • 2024
  • 2023
  • 2022
  • 2021
  • 2020
  • 2019
  • 2018
  • 2017
  • 2016
  • 2015
  • 2014
  • 2013
  • 2012

Enlaces

  • "Citizen semiotic: aproximaciones a una poética del espacio"
  • "Navegar en el río con saber de marinero"
  • "El significado preciso"
  • "Didáctica del ensayo"
  • "Tensiones en el cuidado de la palabra"
  • "La escritura y su utilidad en la docencia"
  • "Avatares. Analogías en búsqueda de la comprensión del ser maestro"
  • ADQUIRIR MIS LIBROS
  • "!El lobo!, !viene el lobo!: alcances de la narrativa en la educación"
  • "Elementos para una lectura del libro álbum"
  • "La didáctica de la oralidad"
  • "El oficio de escribir visto desde adentro"
  • “De lectores, leedores y otras consideraciones sobre las prácticas de lectura en la educación superior”
  • "El libreto de radio: una artesanía recuperable"
  • "Las premisas de Frankenstein: 30 fragmentos para entender la posmodernidad"
  • "La semiótica: una ciencia explicativa para comprender los signos de la cultura"
  • "La semiosis-hermenéutica una propuesta de crítica literaria".
  • "Entre líneas: la mirada del escritor"

Suscríbete al blog por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir avisos de nuevas entradas.

Únete a otros 1.018 suscriptores

Cargando comentarios...