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Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Publicaciones de la categoría: Poemas

El poema en la imagen (III)

14 jueves Nov 2024

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Poemas

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Fotografía de Carlos Andrés Rubio Cruz.

PEQUEÑO JARDÍN

En medio de áridas rutinas

o del agobiante tintineo

de conquistar con las manos la sobrevivencia,

los seres humanos necesitan

de pequeños jardines

en medio del desierto.

Puede ser un vergel de fantasía,

una complicidad perfecta

o un corto recreo lúdico y feliz.

Eso no importa.

Lo que cuenta es hallar ese oasis,

inventarlo si es preciso,

descubrirlo entre las dunas interminables 

y los eriales que a diario nos asedian con su sequía.

Fotografía de Carlos Andrés Rubio Cruz.

FUMAROLAS

Pasado el fuego abrasador

y la incontenible furia

guardada en sus entrañas,

una vez las ansias incandescentes

arrasan todo a su paso,

la pasión del amor

descansa en sosegado silencio.

Aunque es una calma aparente:

debajo de las cordilleras de la piel

sigue ardiendo la sangre,

ese líquido ardor de ancestrales cavernas.

Basta la chispa de una palabra,

el esperado toque de las manos,

o la súbita lumbre de unos ojos,

para volver a desatar el paroxismo.

El deseo es un volcán dormido.

Fotografía de Carlos Andrés Rubio Cruz.

DECLINAR DEL SOL

Es necesario imponerse la meta

de llegar al ocaso de la vida

con la justa experiencia

y la sabiduría necesaria

para estar tranquilos y sin remordimientos.

Que sin angustias o vanos anhelos,

sin nostalgias amargas

o pasiones a destiempo,

podamos atravesar el río de nuestra existencia,

disfrutar el declinar del sol

con la misma alegría de sus primeros rayos.

Y que tengamos la fuerza suficiente

para mantenernos de pie en nuestra barca.

El poema en la imagen (II)

27 viernes Sep 2024

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Poemas

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Fotografía de Carlos Andrés Rubio Cruz.

PERSPECTIVA

El infinito que parece tan lejano,

el que buscan los hombres

con máquinas y números,

el mismo que agobia a místicos

y filósofos de complejas ideas,

esa dimensión cercana a las estrellas

puede estar en las cosas sencillas.

El infinito es cuestión de perspectiva,

de entender de otra manera la existencia:

un instante puede ser eterno,

en una palabra cabe todo el universo.

El infinito no es lo interminable,

sino la súbita conciencia de nuestra finitud.

Fotografía de Eduardo Flores.

VIENTO Y OLVIDO

Lucha el hombre para ser recordado,

aspira perdurar

como la consistente piedra

o el pedernal incorruptible.

Construye mundos,

edifica palacios,

traza surcos profundos en el tiempo.

Hasta intenta habitar

en los territorios de las nubes.

Todo es inútil:

las ruinas sepultarán

los portentosos ideales;

el viento y el olvido

se instalarán siempre en esos sueños.

Solo la naturaleza

conserva intactos y en pie sus verdes orígenes.

Fotografía de Carlos Andrés Rubio Cruz.

EL CAMINO DE LA LUZ

La vía que conduce a lo absoluto,

la puerta diminuta

para entrar a su centro,

siempre está protegida por enormes columnas,

por recias certidumbres hechas de piedra.

Las grandes preguntas se encierran

en nuestras propias construcciones.

Lo mejor, entonces,

si se quiere ir al fondo del misterio

es continuar avanzando, agachar la cabeza,

y seguir las huellas de la luz

inscritas en las pisadas de antiquísimos viajeros.

Quizá la eternidad buscada

se abra poco a poco con nuestros pequeños pasos.

El poema en la imagen

12 jueves Sep 2024

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Poemas

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Fotografía de Carlos Andrés Rubio Cruz.

SOLES MADUROS

Para cosechar la primavera

y no perderse nada de su luz,

es necesaria la humildad

del campesino

y la devoción absoluta de las manos.

Porque sin el doblar de la cintura

y la ofrenda de la rodilla en tierra

nada del verde opaco de los campos

logra transformarse en brotes de color.

Hay que agacharse demasiado,

infinidad de veces,

para recolectar con tranquila alegría

los soles maduros de la vida.

Fotografía de Carlos Andrés Rubio Cruz.

SERES OCULTOS

Los demonios siempre tienen máscara.

Eso hace parte de su encanto

y su primigenia maldición.

Poseen ojos salidos de sus órbitas,

dientes prominentes,

brazos como ganchos,

y en cuanto abren su boca

nos incendian con sus llamas de fuego.

Los demonios son como todos los monstruos:

la viva encarnación de nuestros miedos.

No hay que temerles…

Porque sin ellos no podríamos reconocer

los ocultos seres que llevamos dentro.

Fotografía de Carlos Andrés Rubio Cruz.

LENTITUD

Lento camina el elefante.

Con parsimonia lleva la vida a cuestas.

Es tal su lentitud,

su sabiduría de pasos meditados,

que la primavera tiene tiempo

para sembrar en su testuz

una selva incipiente.

Despacio va el paquidermo,

y gracias a ese moroso caminar de estatua

puede la vida brotar de su cabeza cansada.

La naturaleza confía sus secretos

a quienes logran, como el elefante,

conservar imperturbables las orejas

con la serena actitud

de la inmovilidad de la piedra.

Confesiones de Leda al cisne

01 lunes Jul 2019

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Poemas

≈ 5 comentarios

Josef Thorak Leda y el cisne

Josef Thorak: «Leda y el cisne».

I

Que se alargue tu cuello

que cubras mi desnudez con tus alas enormes

que tu calor me queme

que te pegues a mí

como si fueras una sábana leve y blanca

que aletees clamando entre mis piernas

que no dejes de susurrarme tu feroz salvajismo.

Que levantes tu vuelo en mi vientre dormido

para cantar en el aire tu libertad soñada.

 

II

Sube despacio,

haz de tu largo cuello una serpiente

y en detenidos meandros

ve nombrando mi piel entre tus alas.

No te levantes,

calienta con tu levedad mi ardor de agua

déjame sentir tu corazón

con mi palpitar de oscuras ansias.

Acomódate entre mis muslos

convierte mi noche en tu nido esperado,

juntemos la fragancia de las plumas.

Pero no descanses,

quiero sentir tu vuelo desde adentro

como si el aire que tienes en tu ser

entrara a mi corazón con tus graznidos.

Levanta el vuelo con este cuerpo abandonado

llévame al cielo en tu fugaz ascenso.

 

III

¿Te gusta así?

¿Disfrutas el saberte aprisionado?

¿Amas esta cárcel de piel que has elegido?

¿Soy el nido ideal para el cansancio de tus alas?

No dices nada.

Solo sé que has bajado de los cielos

a reposar tu lucha contra el viento enemigo.

Aquí tengo el agua que calma tus ardores,

aquí los peces que desde el aire viste,

aquí el calor para alejar el hielo de las nubes.

¿Me estoy quieta o te arrullo?

¿En verdad descansas?

Porque tu cuello, inquieto y victorioso,

sigue alerta en mi noche con su incansable movimiento.

 

IV

Nadie como yo para entender tu voz

tus sonidos guturales y antiquísimos,

nadie como yo para escuchar tus lamentos nocturnos

y tus parloteos de ansias primitivas.

Voy a cerrar mis ojos para no distraerme.

Háblame como si fuera otro animal…

Hazme tu hermana de brincos y estertores.

Chilla tan fuerte como tu sangre te lo pida

desbócate en sonidos, reclama tus urgencias,

aquí estoy complacida con tu historia de bestia.

O susurra como si fueras una borrasca contenida,

el murmullo ancestral de las tormentas…

sé oír el silencio de las melodías misteriosas,

esas que solo se oyen cuando estamos desnudos.

Ahora lo sé, mi cuerpo lo adivina:

te vistes de plumas para ocultar tus manos

y tus gritos salvajes son seductores sortilegios.

Eres la encarnación de mis aladas fantasías.

 

V

Cuánto gozo al saber que me buscas incesante

con tu cuello,

cómo enardeces mi vientre, mi senos y mis manos.

Pasas con tu roce de plumas

y toda mi piel queda herida de tu suavidad,

de tu tersura en rítmico bamboleo,

de tu serpenteante descubrirme por pedazos.

Tus alas me provocan un temblor infinito,

tu calor exacerba el fuego que me nutre,

tus patas cubren mis frutas más guardadas…

Con mis piernas abiertas disfruto tu vuelo detenido

mientras espero ansiosa tu irte hacia las nubes.

 

VI

Enrédate en mis senos

palpa mi desnudez por todas partes,

cúbreme con tus alas victoriosas.

No dejes nada de mí sin tu mirada inquieta,

llena mis cavidades con tu aletear caliente,

pon un poco de sol en mis muslos tan fríos.

Deslízate en mis brazos,

vuela sobre el extenso paisaje de mi espalda,

anida en el abismo blando de mis amplias caderas,

sumérgete, bien hondo, en este lago  que te acoge.

Soy sólo agua para tu nadar incesante de ave migratoria.

 

Como la brisa o el viento inesperado

02 lunes Abr 2018

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Poemas

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Muchacha defendiéndose de Eros

«Muchacha defendiéndose de Eros» de William-Adolphe Bouguereau.

Como la brisa o el viento inesperado

o con sigilo de fiera en fiel acecho,

así llega el amor a nuestro pecho

suave y voraz con su poder callado.

Es una espera tensada como un arco,

una ansiedad total por alcanzar el cielo,

un incendio casual ardiente como el hielo,

un mar llevando a la deriva un barco.

Nadie ha podido asegurar su sino

ni fijar un curso a su luz de cometa;

es un misterio, un lance de adivino,

un alado regalo, una fugaz saeta.

Y a pesar del afán o nuestro desatino,

viene o se va cual mariposa inquieta.

 

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