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Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Publicaciones de la categoría: LECTURA

Hallazgos en la Feria del libro

05 domingo May 2024

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Comentarios, LECTURA, Libros

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Comentario de libros, Libros ilustrados, Libros-álbum, Recomendaciones de libros

De mi pasada visita a la Feria del libro de Bogotá (del 17 de abril al 2 de mayo), durante varios días y en pausadas caminatas, encontré algunos textos que me gustaría compartir y comentar con las personas lectoras de este blog. Empezaré por el libro álbum que es uno de mis campos de interés y por considerarlo un “artefacto cultural” que ya no tiene como único público a los niños y niñas, sino que involucra a todo tipo de lectores, enfocándose creativamente a reflexionar u ofrecer alternativas sobre variedad de temáticas.

Ojalá pudiera decirte

El primer libro álbum es Ojalá pudiera decirte (Tramuntana, Girona, 2023), con textos del profesor francés Jean-François Sénéchal e ilustraciones de la japonesa Chiaki Okada. El eje de la obra es la pérdida de un ser querido (la abuela) y el modo de presentar el asunto es a través de una carta. El contrapunteo entre el texto y la imagen permiten vivir o revivir los acontecimientos, los lugares, los eventos compartidos con alguien que “se ha ido”. La carta empieza recordando los últimos días con aquella persona especial, cuando ya estaba en su cama “tan cansada y tan ausente”; luego se extasía, evocando los momentos mágicos, extraordinarios, inolvidables con aquella cómplice de aventuras; y avanza hasta la noticia de la muerte de la abuela. El libro álbum nos muestra que esas pérdidas llegan de pronto, son como la herida que produce “el rayo al caer sobre el gran roble” pero, con el pasar de los días, ese dolor “se va curando”; porque a pesar de que la destinataria no pueda leer la carta, siempre podemos mantenerla en el recuerdo y decirle que la seguimos queriendo.

El señor Nadie

Un segundo libro álbum es El señor Nadie de Joanna Concejo (Diego Pun ediciones, Santa Cruz de Tenerife, 2023). Esta obra presenta a un señor anónimo, común y corriente, que vive solo y a quien ningun vecino le presta interés. Este señor a quienes los niños “le tenían miedo y lo encontraban feo y viejo” se dedica en el día a mirar por la ventana, leer el periódico, hacer su colada, lavar los platos y regar una planta. Este señor se llama Nadie. Sin embargo, el señor que aparentemente no hacía nada, cuando “el vecindario empezaba a dormirse, entonces encendía la luz de la cocina y se ponía a trabajar”. ¿Y en qué consistía su oficio?: fabricaba estrellas, “estrellas verdaderas”. Las hacía por encargo y la Noche era su mayor cliente. Al otro día las enviaba por correo y volvía a su rutina gris, invisible. Pero, aunque todo parecía ser lo mismo, “nada era igual que antes”. Este libro álbum muestra, de manera alegórica, cómo personas anónimas o poco reconocidas, realizan en sus escondidos cuartos tareas de gran trascendencia, aunque inadvertidas para los demás. Los Nadies pasan indiferentes ante la mirada rutinaria de la gente, pero su labor silenciosa contribuye a apreciar y reelaborar la riqueza de la vida. Los Nadies parecen ser personas menores en los barrios “donde normalmente el cielo es de color cemento”; sin embargo, esos seres son los que conocen la receta para “reponer las estrellas que ya no brillan muy bien”.

El manual de dibujo definitivo

Otro de mis hallazgos, que se acerca más a un libro ilustrado, es El manual de dibujo definitivo del granollerense Enric Lax (Ekaré, Barcelona, 2023). La obra toma como pretexto dibujar animales y cosas, pero la manera de resolver tales asuntos resulta no solo divertida, sino que en cada caso ofrece soluciones ingeniosas o abiertamente lúdicas. Sirva de ejemplo el paso a paso para dibujar un elefante:

Lo interesante del libro es que convierte la tarea de dibujar en algo sencillo o en una labor en la que se cambia el esperado dominio de una técnica sofisticada por el recurso espontáneo de la creatividad. En muchas ocasiones el punto inicial de una nueva figura corresponde al logro final de un dibujo anterior, bien sea quitándole elementos o reajustando los existentes. En otras ocasiones, basta cambiar de posición algo ya realizado, darle un giro, para descubrir sus nuevas potencialidades gráficas. Hacia el final de la obra se muestran diversas alternativas fallidas sobre el dibujo de una gorra, pero que, en lugar de ser desechadas o menospreciadas como errores, sirven de antídoto a la frustración porque, “dibujar es como ir en bicicleta, silbar o hacer una tortilla… ¡Nunca sale a la primera!”. He aquí otra de las lecciones de este imaginativo manual:

Lo que nos hace humanos

Para cerrar quiero destacar un libro ilustrado del lingüista brasileño Victor D.O. Santos, enriquecido por las imágenes de la italiana Anna Forlati: Lo que nos hace humanos (La maleta ediciones- UNESCO, Asturias, 2023). Se trata de una obra en la que, a manera de enigma progresivo, se va indagando en algo que “ha existido desde hace mucho tiempo”, que “está en todas partes”, que “puede ser suave como un gatito o implacable como el invierno en Alaska” y que “puede conectarnos con el pasado, al presente y el futuro”. Ese invento, “que nos hace humanos” es el lenguaje. La obra advierte que tal invento puede desaparecer y con él toda una cultura y, por ello, debemos documentar cada idioma existente a través de la escritura, que “es una de las mejores maneras de preservar su pasado y garantizar su futuro”. Un libro ilustrado que se inscribe muy bien en uno de los objetivos de la UNESCO del valor de los idiomas y, en especial, en su proclama del Decenio internacional de las lenguas indígenas (2022-2032).

Carta a un educador interesado en la lectura crítica

06 sábado Abr 2024

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Cartas, LECTURA, OFICIO DOCENTE

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Ilustración de Aristides Hernández Guerrero (Ares).

Estimado colega,

Además de reiterarte mi saludo fraterno y mis buenos deseos para que todo vaya muy bien en tu cotidiano oficio de enseñar, quiero apoyarme en este medio de comunicación para responderte algunas inquietudes que me hiciste vía chat en los pasados días. Mi objetivo, entonces, en los párrafos que siguen es ofrecerte algunos consejos sobre hacer lectura crítica en el aula; recomendaciones que, por supuesto, sabrás adecuar, ajustar o dosificar según el contexto y las particularidades de tus estudiantes.

Empezaré por recordarte dos cosas que sirven de trasfondo a mis sugerencias. La primera de ellas es que la lectura crítica hace parte de las concreciones del llamado pensamiento crítico, asunto que deberíamos tomarnos más en serio en las aulas de todos los grados escolares y todos los niveles educativos. Me refiero a un tipo de pensamiento que nos habilita para comparar y contrastar información, clarificar y resolver problemas, examinar argumentos e interpretar textos. El otro asunto es que la lectura crítica se inscribe dentro de las posturas filosóficas conocidas como “escuelas de la sospecha”; es decir, de un modo de leer en el que los mensajes o las explicaciones del mundo o de la vida, no son asumidos pasivamente, sino que se los somete a análisis y deliberación, a un agudo y atento escrutinio que conduce a ver sus fisuras o contradicciones, a rastrear su origen y sus contextos, y a tomar una postura frente a lo leído.

Dicho esto, puedo ahora sí, avanzar en mis recomendaciones. Comenzaré, entonces, invitándote a que, cuando pongas una lectura a tus estudiantes no te conformes con escribirle encima de la primera página una referencia bibliográfica. Si tu intención es formar a los estudiantes en lectura crítica no puedes “dejar fotocopias huérfanas” o enviar un PDF que no incluyan la portada (con sus solapas), la página legal y la tabla de contenido. Todo esto es clave para que lector novato empiece a ver la relación entre la parte y el todo de un texto, asunto sobre el que volveré más adelante. Pero no solamente se trata de agregar estas otras hojas, sino de enseñar a leer en el aula las tablas de contenido (esa carta de navegación textual), invitando a los estudiantes a inferir cuál puede la temática del libro, cuál el vínculo entre la lectura en cuestión y los otros textos que la acompañan. De igual modo, las solapas ofrecen información relevante sobre el autor y sobre el mismo libro.

Antes de seguir, ya te habrás dado cuenta de que la lectura crítica supone una adecuación de los materiales que entregamos a los estudiantes. Hay que editarlos para que cumplan una intencionalidad formativa, sabiendo seleccionar la mejor edición (o traducción), escaneándolos si fuera necesario y haciendo visibles los aspectos que están en los créditos o página legal.

Una segunda estrategia, que seguramente empleas, es la de formular o entregar un listado de preguntas orientadoras que le sirvan a los estudiantes de pistas para la lectura del texto. Dichas preguntas no operan como un dispositivo de evaluación, sino más bien como indicios claves para adentrarse en el documento mirando, por ejemplo, relaciones no evidentes, datos reveladores, recurrencias que permitan evidenciar una postura ideológica, términos medulares de un planteamiento. El listado de preguntas son un abrebocas a lo que luego podrá desarrollarse en clase, una manera de enriquecer la discusión grupal o un bagaje de referentes importantes para los estudiantes que dará mayor sentido a la exposición del maestro.

Otro recurso clave es invitar a los estudiantes a que se familiaricen con el autor y, muy especialmente, con el contexto en que se escribió o publicó el documento. Se puede sugerir buscar entrevistas, escritas o en video, encontrar testimonios de colegas o estudiosos del personaje en cuestión.  Profundizar en el autor ayuda a descubrir si hay intencionalidades implícitas en la obra que nos ocupa, respuestas estéticas a motivaciones personales, vínculos con incidentes críticos de origen biográfico. De igual modo, es importante analizar comparativamente el telón histórico de fondo del texto en cuestión tanto a nivel nacional e internacional, detectando movimientos sociales relevantes, hitos culturales significativos o eventos políticos de gran repercusión. Tales actividades son importantes porque al hacer lectura crítica es fundamental poner el texto a dialogar con el contexto.

Aunque podría comentarte otras estrategias me quiero centrar ahora en el trabajo de aula. Lo ideal es que todos los estudiantes tengan a la mano el documento, ojalá impreso, y cuenten con útiles como marcadores de diferente color, notas adhesivas y hojas para escribir. Lo primero es hacer una mirada de ave para descubrir las marcas relevantes en el texto: ¿tiene subtítulos?, ¿hay notas a pie de página?, ¿aporta alguna bibliografía? Vale la pena en este momento recomendarles que hagan una tabla de contenido del texto o que detallen y saquen aparte su macroestructura. Te comento esto porque un error muy común de los lectores noveles es lanzarse como topos a devorar los párrafos, pero sin apreciar el conjunto. En algunas ocasiones, los textos tienen una introducción que sirve de orientación al lector o presentan un resumen al final en el que resaltan sus aspectos esenciales. Como ya podrás haberte dado cuenta, la lectura crítica es una actividad atenta sobre el intratexto, sobre las relaciones entre sus partes y el conjunto. Y también sobre los intertextos que le sirven de referencia o fundamento.

Enseguida, es muy útil –para facilitar la labor de análisis y discusión posterior sobre el texto– indicarles a los estudiantes la importancia de numerar los párrafos e invitarlos a utilizar las técnicas del subrayado de ideas fuerza, de redactar glosas al margen, de elaborar resúmenes al final de los capítulos o de diseñar mapas de ideas. Si no hacemos tales actividades y los ejercitamos en estos recursos para discriminar la información, no podrán percatarse de los detalles que están sugeridos o permanecen implícitos; tampoco detectarán las recurrencias o la línea argumental de un planteamiento y mucho menos advertirán el entramado de los significados o los intersticios que hay en cualquier tipo de mensaje. Salta a la vista, estimado colega, que la lectura crítica es una labor de identificación y sospecha sobre los enunciados, de profundización y relectura del contenido, de fijarse en lo dicho, pero también en lo tácito en cada apartado, de enfocarse en determinados términos y descubrir sus redes semánticas.

Desde luego, la lectura crítica cobra más resonancia cuando llega el momento de la discusión en la clase. Terminada la actividad de trabajo sobre el análisis pormenorizado del texto, teniendo a la mano las notas y las diversas marcas hechas sobre él, con esas herramientas a la mano, se puede iniciar la conversación o el debate. Aquí es prioritario que el profesor diseñe un guion para dicha actividad. La misma discusión en clase debe ser un ejemplo didáctico de cómo hacer lectura crítica. Por tal motivo, el educador tendrá que haber preparado también su lectura, llevarla al aula, compartirla a la par que va abriendo los turnos para la conversación. Seguramente el poseerá una mejor información sobre el autor y el contexto del documento, podrá compartir presentaciones que haya preparado sobre este punto y leerá lo que haya escrito como derivación de su lectura. Te subrayo esto último: la lectura crítica supone que el maestro muestre las evidencias de su encuentro con el texto; no basta con que haga comentarios generales o dirija una actividad de participación grupal. Una clase centrada en lectura crítica no puede improvisarse como tampoco reducirse a preguntas del tipo: “¿qué fue lo que más les gustó del texto?”. El uso de preguntas estratégicas, el resaltado de ciertas ideas textuales, el ejercicio continuado de inferencias, todo ello contribuye a crear un clima idóneo para la lectura crítica. Por lo mismo, el guion que orientará el debate grupal deberá al menos tener estos cinco momentos: el autor, el contexto, el intratexto, los intertextos y la conclusión crítica.

Terminada la sesión de clase, ya sea como producto evaluativo o resultado final de la lectura crítica de un texto, se podrá solicitar a los estudiantes que realicen un trabajo escrito. Sugiero, en particular, pedir miniensayos porque esta tipología textual es idónea para fomentar el juicio personal a partir de una tesis soportada con argumentos. Las características del miniensayo obligan a que el aprendiz “ordene la cabeza”, asuma una postura frente a lo leído y tenga que volver a revisar el documento con un interés puntual. No sobra decirte que la lectura crítica se cimienta y rinde sus mejores frutos a partir de la relectura. O también cabe solicitar una reseña o un comentario, siempre y cuando cumplan dos condiciones: analizar pormenorizadamente el texto y presentar una valoración crítica. En todo caso, la idea de estas tareas es recomponer de manera comprensiva lo que se analizado parte a parte. La lectura crítica se hace más contundente cuando, de manera cohesionada y coherente, se muestran por escrito las razones que permiten tomar una postura para interpretar con suficiencia las entretelas o niveles de significado de un mensaje.

Sé que varias cosas que te he mencionado antes merecen una mayor explicación, pero si deseas profundizar en ellas puedes ampliarlas en mi libro Vías y sentidos de la lectura, que te invito a explorar. En esta obra hallarás reflexiones y ejemplos que he validado con mis estudiantes a la par que bibliografía que te será de utilidad. De igual modo, vale la pena consultar el texto de Daniel Cassany, Tras las líneas. Sobre la lectura contemporánea, en el que desarrolla y muestra ejercicios de lectura crítica, enmarcados en su triple propuesta: leer las líneas, leer entre líneas, leer detrás de las líneas. Te recomiendo especialmente mirar el apartado, “Leer la ideología”, en el que enumera 22 técnicas para fomentar la comprensión crítica de un texto agrupadas en tres aspectos: el mundo del autor, el análisis del género discursivo y el análisis de las posibles interpretaciones del texto. Y si quieres conocer un puñado de experiencias concretas para el aula te recomiendo el libro La lectura crítica. Propuestas para el aula derivadas de investigación educativa, publicado por la Universidad De la Salle, cuyos autores son estudiantes de la maestría en Docencia y las editoras las tutoras Ruth Milena Páez y Gloria Marlén Rondón. En esta obra se muestran ejemplos de lectura crítica de artículos de opinión, del anuncio publicitario, de la ciudad, de la novela urbana o de páginas de internet, entre otros. El libro ofrece ideas relevantes para la formación de lectores críticos.

No quisiera terminar esta misiva sin subrayar dos intencionalidades que están en la base de la lectura crítica. La primera es de orden académico o asociada al desarrollo cognitivo de los estudiantes: se trata de ayudarles a tomar distancia comprensiva de los mensajes que reciben, de que no consuman la información circulante sin procesarla, de que sospechen y pongan el filtro de la duda sobre las “verdades” generalizadas; de que sepan que detrás de los discursos hay intereses, artificios de manipulación, agendas de poder para hacerlos creíbles. La segunda intencionalidad tiene un acento ético: y es la de valernos de la lectura crítica para formar el carácter de las nuevas generaciones con el propósito de que sean capaces de disentir, de asumir una voz personal no plegada a la “tendencia” de la mayoría, que tengan el valor moral para reprobar en los medios masivos dónde la información se disfraza de opinión tendenciosa, develar en los discursos una flagrante mentira o reconocer en los runrunes de la opinión pública su soterrada intención de arrastrarnos al fanatismo y la intolerancia.

Confío en que esta carta te anime a incorporar la lectura crítica en tu quehacer docente, independientemente del área en que te desempeñes. O al menos que mis consejos enriquezcan lo que has venido haciendo. Estoy convencido de que, frente al mundo globalizado y veloz en el que estamos, plagado de falsas noticias y zarandeado por el manejo emocional de las redes sociales, los educadores debemos responder enseñando a los estudiantes los recursos y la suspicacia de la lectura crítica.

Características notorias de los textos académicos

16 viernes Feb 2024

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in APRENDER A ESCRIBIR, Ensayos, LECTURA

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Ilustración de Aad Goudappel.

Son variados los textos académicos que en los espacios educativos solicitan los maestros a sus estudiantes. Los hay cortos o de larga extensión, con medianos o altos requisitos formales, pero siempre asociados a ejercicios de escritura sobre la comprensión de un texto disciplinar, o usados como práctica de lectura frecuente y cotidiana en diferentes áreas del conocimiento para aprender los pormenores de un campo del saber. De igual modo, son prueba de suficiencia y comprobación del dominio en un área, evidencias de las etapas de un proceso investigativo, o requisitos de grado para acceder a un título universitario. En definitiva: los textos académicos forman parte de la dinámica habitual de la enseñanza y el aprendizaje.

No obstante, a veces los aprendices tienden a no diferenciar este tipo de textos de otros que circulan en la vida social o se olvidan de sus particularidades. Tal inadvertencia lleva a que se los enfrente de cualquier manera, sin las herramientas cognitivas y materiales requeridos, y, además, se pierda o minimice la importancia que tienen para un proceso formativo. Así que vale la pena delinear un grupo de características de los textos académicos con el fin de que, antes de entrar en relación con ellos, se comprenda bien su pertinencia, uso y modo de leerlos o escribirlos.

  1. Presentan información compleja o, por lo menos, diferente al discurso del habla común. Son textos que incluyen diversas capas de información, que involucran una manera de argumentar muy diferente a la que apreciamos en una página de periódico, en el papeleo administrativo o en las transacciones comerciales. Su complejidad entraña cierto nivel de dificultad comprensiva.
  2. Exigen una atención mayor para entenderlos que la usada para los textos de circulación cotidiana. Los textos académicos, por su misma complejidad, necesitan para su lectura concentración, interés manifiesto y una intencionada vigilancia a los pormenores de su contenido. Sin la atención debida, el lector fácilmente cae en la indiferencia o la incomprensión.
  3. Tienen unas marcas especiales en su tipografía, a veces usan subtítulos y muestran una jerarquía en el diseño de la información. Estos textos presentan en su aspecto formal distinciones en el tamaño y estilo de letra, usan subtítulos u otras marcas para dividir la información, con el propósito de darle una estructura organizada al contenido y hacerla más comprensible al lector.
  4. Suponen para su comprensión disponer a la mano de otras fuentes de referencia. Por su misma complejidad, porque incluyen un lenguaje depurado o relacionan autores especializados en un campo, los textos académicos invitan a que el lector tenga a la mano otras fuentes de consulta para aclararlos o ahondar en su mensaje. Los diccionarios especializados son imprescindibles.
  5. Ofrecen conocimientos o informaciones no tan comunes o en gran parte desconocidas. Los textos académicos exploran en conocimientos diferentes a los que circulan en la vida cotidiana de las personas o, por lo menos, muestran otros aspectos de asuntos o problemas habituales. Parte de su riqueza es que nos ponen en contacto con temas, preguntas o cuestiones a las que muy difícilmente accederíamos o investigaríamos por nuestra cuenta.
  6. Tienen una estructura particular y un modo de presentar u organizar el discurso. La organización formal de estos textos se estructura a partir de determinados formatos o responden a las características de una tipología textual específica. Conocer y acatar ciertos modelos o patrones de construcción y presentación hace parte de su identidad académica.
  7. Incluyen muchas veces un buen número de citas y notas a pie de página. En estos textos lo común es que aparezcan abundantes referencias a otros autores o que se agregue información adicional de lo que se esté tratando. Tal manera de presentar la información no solo apunta a mostrar un respaldo de autoridad dentro de una disciplina, sino a señalar responsablemente que hay una tradición acumulada en cualquier campo del saber.
  8. Se centran en el desarrollo de un tema o en la suma de argumentos para soportar una tesis. Por lo general, los textos académicos buscan explicar un tema de la manera más clara, ordenada y precisa o se enfocan en presentar una tesis avalada con argumentos fundamentados y consistentes. Su propósito vertebral es adentrarnos en una materia u ofrecernos elementos para analizar un asunto que, al mismo tiempo, ofrezcan razones de peso para saber argumentarlo.
  9. Exigen la relectura de sus apartados para entender cómo se relacionan las partes con el conjunto. Por presentar información compleja y mantener una exposición o argumentación durante una extensión considerable, los textos académicos demandan la práctica de la relectura. Estos textos nos imponen avanzar y retroceder constantemente para saber articular los fragmentos con la totalidad. Descubrir el andamiaje de su estructura es esencial para alcanzar su comprensión.
  10. Obligan a que el pensamiento del lector haga constantemente análisis, inferencias, relaciones congruentes. Los textos académicos están confeccionados para que la mente del lector vaya más allá del sentido literal de los términos. Estos textos, además de informarnos, son más para examinarlos en profundidad, para cotejar sus afirmaciones y descubrir semejanzas y diferencias en su contenido. Los textos académicos convocan las principales operaciones lógicas del pensamiento.
  11. Requieren más tiempo para entenderlos que otro tipo de textos. Por exponer información compleja o desarrollar argumentaciones de largo aliento, los textos académicos no se captan completamente en una primera lectura, ni pueden abordarse de forma rápida o con un simple vistazo. La disponibilidad de tiempo nos indica que los textos académicos son para estudiarse. Es decir, que es necesario aplicar la inteligencia, memorizar un contenido, esforzar el entendimiento.
  12. Suponen el empleo de habilidades como el subrayado, la toma de apuntes, el resumen, los esquemas y otros recursos de discriminación de información. Por sus particularidades y su estructura densa los textos académicos presuponen el uso de técnicas de aprendizaje o el manejo de herramientas asociadas al trabajo intelectual. El conocimiento de estas técnicas es una labor previa o paralela durante su lectura.
  13. Poseen la función implícita de provocar la producción oral o escrita de quien los lee. Los textos académicos son un referente privilegiado para ejercitar la conversación, el debate, el intercambio de opiniones o de juicios. Los textos académicos hacen las veces de punto de encuentro para retomar y hacer avanzar el flujo de las ideas, para asimilar y producir conocimiento, para desarrollar la creatividad y el pensamiento crítico.
  14. Son usados en ambientes educativos para el aprendizaje de una disciplina o una profesión. Además de mostrar información nueva o satisfacer la curiosidad, los textos académicos tiene una intencionalidad didáctica; es decir, son confeccionados o adecuados para cumplir una mediación formativa, concebida y planeada con unos objetivos determinados y el logro de unas capacidades específicas.
  15. Están interrelacionados con otros textos y hacen parte del capital cultural de una sociedad. Los textos académicos se relacionan con otros semejantes, tienen vínculos interdisciplinares y forman parte de un acervo valioso de conocimientos; en este sentido, sirven de artefactos culturales para transferir información preciada y útil a las nuevas generaciones.
  16. Presentan marcas de autoridad que los hacen confiables o dignos de credibilidad. Una buena parte de los textos académicos rubrican o destacan el aporte de personas dedicadas a reflexionar un oficio o profesión, o enaltecen los resultados de quienes se dedican a la investigación. En este sentido, privilegian la confiabilidad en los contenidos al igual que la sustentación en las ideas al escribirlos.
  17. Poseen una identidad bibliográfica precisa con el fin de ubicarlos, datarlos y referenciarlos. Los textos académicos son celosos del modo como se conserva su procedencia y, al mismo tiempo, de su ubicación en determinados espacios de acopio de información. Los textos académicos se comportan como genuinos documentos y, en esa medida, obligan a cumplir estándares de almacenamiento, acceso y circulación.
  18. Necesitan de una alfabetización y acompañamiento continuado para entender sus particularidades y el modo de abordarlos. Debido a su complejidad o por la especialización de la que tratan, los textos académicos presuponen una inducción o acompañamiento que ofrezca las claves para desentrañarlos y los métodos más adecuados para interactuar con ellos. En este aprestamiento está la garantía de su eficacia como útiles de aprendizaje y el secreto de su cabal apropiación.
  19. Obedecen normas de presentación específicas, y usan una redacción cuidadosamente elaborada. Los textos académicos no se conciben de forma espontánea ni se redactan de cualquier manera; buena parte de la dificultad para producirlos reside, precisamente, en atender normas y lineamientos acordados por comunidades académicas o científicas. Quien escribe un texto académico debe usar un lenguaje tamizado, vigilar las reglas mínimas de la gramática y aspirar a un alto grado de comunicabilidad.
  20. Muestran un estilo de pensamiento riguroso y una argumentación clara y consistente. Por basarse en el análisis y la reflexión continuas, los textos académicos se destacan por el razonamiento deductivo o inductivo y por la exigencia intelectual de mantener a lo largo de su discurso la cohesión y la coherencia entre las ideas. Los textos académicos privilegian la explicación razonada, revestida de abstracciones, que la opinión ligera o la expresión emotiva.

Con estos elementos ya podemos lanzar un cuarteto de conclusiones: la primera, que los textos académicos merecen un lugar importante en los currículos de las instituciones educativas, al igual que una reflexión entre colegas para acordar cuáles son los más pertinentes o los más necesarios para alcanzar un perfil de egreso. Una segunda conclusión es ésta: los textos académicos exigen el desarrollo previo de habilidades lógicas de pensamiento que, si no se conocen y ejercitan en los primeros años de escuela, y se refuerzan en la educación media, difícilmente lograrán madurar en la educación superior. La tercera consecuencia de las características presentadas es que saber escogerlos, dosificarlos, diseñar guías, protocolos u otros recursos de acompañamiento, son funciones de los buenos maestros si, en verdad, les importa que sus estudiantes tengan una relación motivada por el deseo de saber y aprendan cómo sacarle el mejor provecho a este tipo de textos. Y una conclusión final: ser un usuario competente y productor de textos académicos es uno de los indicadores de calidad de un profesional preparado, reflexivo y crítico, como también es un atributo de visibilidad de quienes se dedican a investigar y buscan mediante esta modalidad de textos compartir sus hallazgos y someterlos al escrutinio de sus pares. 

Para leer en vacaciones III

31 domingo Dic 2023

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Del diario, LECTURA

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Cuentos de los sabios de la India

Ilustración de Emiliano Ponzi.

Los relatos siguientes, redactados por Martine Quentric-Séguy, hacen parte del libro Cuentos de los sabios de la India (Paidós, Barcelona, 2007).

Espejos

Un hombre muy pagado de sí mismo mandó cubrir con espejos todas las paredes y el techo de su habitación más bella. Se encerraba a menudo en ella, contemplaba su imagen, se admiraba en detalle, por arriba, por abajo, por delante, por detrás. Se sentía de ese modo entonado, listo para enfrentarse al mundo.

Una mañana abandonó la estancia sin cerrar la puerta. Entró en ella su perro. Al ver otros perros, los olfateó; como le olfateaban, gruñó: como gruñían, los amenazó; como le amenazaban, les ladró y se abalanzó sobre ellos. Fue un combate espantoso: ¡las batallas contra uno mismo son siempre las más feroces! El perro murió extenuado.

Un asceta pasaba por ahí mientras el amo del perro, desconsolado, mandaba tapiar la puerta de la sala de los espejos.

—Este lugar puede enseñarte mucho —le dijo—. Déjalo abierto.

—¿Qué quieres decir?

—El mundo es tan neutro como tus espejos. Según nos mostremos maravillados o ansiosos, nos refleja lo que le damos. Si eres feliz, el mundo lo es. Si estás atormentado, también lo estará el mundo. En él combatimos sin tregua nuestros reflejos y morimos en el enfrentamiento. Que esos espejos te ayuden a comprender esto: en cada ser y en cada instante, feliz, fácil o difícil, no vemos a la gente ni el mundo, sino sólo nuestra imagen. Observa esto, y todo temor, todo rechazo, todo combate te abandonarán.

El monje y el novicio

La lluvia del monzón crepitaba sobre la carretera cavando acequias, liberando las piedras. El monje y el novicio caminaban con la espalda encorvada. Esa misma tarde les esperaban en el monasterio plantado sobre la montaña. Avanzaban sin ver más allá de tres pasos por delante de ellos. A su alrededor, el mundo había dejado de existir. Estaban envueltos en una especie de capullo blanquecino y tibio que anulaba todo ruido, todo color, todo olor. Era fácil ver que no era más que ilusión.

Se habían despojado de sus sandalias de cuero empapado que serraban sus pies arrugados por el agua. Las asperezas del camino volvían a resultar perceptibles bajo el callo reblandecido que les servía de suela. Con sus atuendos monásticos pegados al cuerpo, luchaban, como estatuas móviles, ayudándose con bastones para avanzar a contracorriente. Torrentes de lodo lado bajaban rodando sobre el mundo, se arremolinaban en torno a ellos, cubriéndoles las pantorrillas y las rodillas. No avanzaban más que a costa de un esfuerzo considerable, en un mutismo de aliento ronco. Todas sus fuerzas se concentraban en echar un pie delante del otro. Les dolían las caderas, y los músculos de los muslos les ardían, debido al esfuerzo. En ocasiones, los detenía un calambre. Entonces agarraban con ambas manos el miembro dolorido, lo sacudían, le pegaban golpecitos discontinuos y lo frotaban para hacerlo entrar en calor. Cuando cesaba la crispación, inspiraban, aliviados, y reanudaban de inmediato la marcha hacia el monasterio perdido en la bruma.

Finalmente la lluvia cesó, dejando tras de sí una luminosidad inaprensible, colores avivados por el agua, un olor almizcleño a musgo y a cieno. La ruta volvió a aparecer, las montañas se manifestaron de nuevo en la estela de las nubes barridas por el viento. Se detuvieron para escurrir sus prendas y vaciar el fondo de las escudillas colgadas de su cintura. Luego reemprendieron la marcha.

En un recodo del camino, una mujer empapada, que contemplaba consternada el río crecido pro el monzón, les cortó el paso.

—Madre —le dijeron respetuosamente, pues lo monjes llaman a todas las mujeres “madre” para alejar el deseo potencial—, ¿por qué permaneces en medio del camino para mirar el río?

—Mi casa y mi familia están al otro lado: esta mañana, casi lo he vadeado, pero esta tarde el agua está tan alta que no me atrevo a aventurarme.

El novicio la subió entonces sobre sus hombros y la cruzó. Después regresó junto al monje. Se miraron un instante para confirmar mutuamente que ya era hora de seguir, y reemprendieron su ascensión, que duró varias horas más.

Llegaron a la vista del monasterio un poco antes del anochecer. Agotados por el viaje, se sentían aliviados al ver perfilarse el gran edificio sombrío y la inmensa campana de la estupa. Hicieron una pausa para recobrar el aliento. De repente, el monje se inquietó.

—¿Cómo vas a explicarle eso al lama?

—¿Qué debo explicarle al lama?

—¡Esa mujer que has tomado sobre tus hombros!

El novicio se echó a reír:

—Yo la dejé en la otra orilla. ¿Y tú? ¿Realmente la has llevado durante todo este tiempo?

La esencia de la sabiduría

El viejo rey había muerto demasiado pronto. Su joven hijo aún no había alcanzado la madurez. Subió al trono, preocupado por estar tan poco formado para el cargo que le correspondía. Tenía esa penosa sensación de que la corona se le caía de la cabeza, de que era demasiado grande y demasiado pesada. Se atrevió a decirlo. Los consejeros se tranquilizaron; pensaron: “su conciencia de no saber, de no estar listo, le predispone a ser un buen rey, capaz de aceptar consejos, de escuchar sugerencias sin precipitarse a la hora de tomar una decisión, de reconocer un error y de aceptar corregirlo. Alegrémonos por el reino”. Él, deseoso de instruirse, hizo llamar a todos los sabios del reino: eruditos, monjes y sabios probados. De entre ellos eligió a algunos como consejeros y pidió a los demás que recorrieran el mundo entero para ir a buscar y traer toda la ciencia conocida en su época, con el fin de extraer de ella el conocimiento, incluso la sabiduría.

Algunos partieron tan lejos como la tierra podía llevarles, otros tomaron vías marítimas hasta los confines del horizonte. Regresaron dieciséis años más tarde, cargados de rollos, libros, sellos y símbolos. El palacio era vasto. No pudo, sin embargo, albergar tan prodigiosa abundancia de ciencia. ¡Solo el que regresaba de China había traído consigo, sobre innumerables dromedarios, los veintitrés mil volúmenes de la enciclopedia Cang-Xi, así como las obras de Lao Tse, Confucio, Mencio y otros muchos, tanto renombrados como desconocidos!

El rey recorrió a caballo la ciudad del saber que había tenido que mandar construir para recibir tal abundancia. Se sintió satisfecho de sus mensajeros, pero comprendió que una sola vida no bastaba para leerlo, para comprenderlo todo. Solicitó entonces a los letrados que leyeran los libros en su lugar, que extrajeron de ellos la médula esencial y que redactaran, para cada ciencia, una obra comprensible. Pasaron ocho años antes de que los letrados pudieran entregar al rey una biblioteca constituida por los simples resúmenes de toda la ciencia humana. El rey recorrió a pie la inmensa biblioteca así constituida. Ya no era tan joven, veía la vejez llegar dando zancadas, y comprendió que no tendría tiempo en esta vida para leer y asimilar todo eso. Pidió entonces a los letrados que habían estudiado esos textos que no escribieran más que un único artículo por ciencia, yendo directamente a lo esencial.

Pasaron ocho años antes de que todos los artículos estuvieran listos, ya que buen número de los eruditos que habían partido hacia los confines del mundo recogiendo todo este saber estaban ya muertos, y los jóvenes letrados que proseguían la obra en curso debían leer previamente todo el material antes de escribir un artículo.

Finalmente, se le entregó un libro en varios volúmenes al anciano rey, postrado en su cama, enfermo. Rogó que cada cual resumiera su artículo en una frase.

Resumir una ciencia en pocas palabras no es cosa fácil. Se necesitaron ocho años más. Se concibió un único libro que contenía una frase sobre cada una de las ciencias y las sabidurías estudiadas. Al viejo consejero que le traía el libro, el rey moribundo le pidió en un murmullo:

—Dime una única frase que resuma todo ese saber, toda esa sabiduría. ¡Una sola frase antes de mi muerte!

—Majestad —dijo el consejero—, toda la sabiduría del mundo cabe en dos palabras: “Vivir el instante”.

Para leer en vacaciones II

26 martes Dic 2023

Posted by Fernando Vásquez in Del diario, LECTURA

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Cuentos de los sabios taoístas

Ilustración de André Letria.

Los relatos que siguen, recogidos por Pascal Fauliot, hacen parte del libro Cuentos de los sabios taoístas (Paidós, Barcelona, 2007).

Los caballos del destino

Un humilde campesino vivía en el norte de China, en los confines de las estepas frecuentadas por las hordas nómadas. Un día regresó silbando de la feria con una magnífica potranca que había comprado a un precio razonable, gastando pese a ello lo que había ahorrado en cinco años de economías. Unos días más tarde, su único caballo, que constituía todo su capital, se escapó y desapareció hacia la frontera. El acontecimiento dio la vuelta al pueblo, y los vecinos acudieron uno tras otro para compadecer al granjero de su mala suerte. Éste se encogía de hombros y contestaba imperturbable:

—Las nubes tapan el sol, pero también traen la lluvia. Una desgracia, trae consigo a veces un beneficio. Ya veremos.

Tres meses más tarde, la yegua reapareció con un magnífico semental salvaje caracoleando junto a ella.  Estaba preñada. Los vecinos acudieron para felicitar al dichoso propietario.

—Tenías razón al ser optimista. ¡Pierdes un caballo y ganas tres!

—Las nubes traen la lluvia nutricia, y en ocasiones la tormenta devastadora. La desgracia se esconde en los pliegues de la felicidad. Esperemos.

El hijo único del campesino domó al fogoso semental y se aficionó a montarlo. No tardó en caerse del caballo y poco le faltó para romperse el cuello. Salió del paso con una pierna rota.

A los vecinos que venían de nuevo para cantar sus penas, el filósofo campesino les respondió:

—Calamidad o bendición, ¿quién puede saberlo? Los cambios no tienen fin en este mundo que no permanece.

Unos días más tarde, se decretó la movilización general en el distrito para rechazar una invasión mongola. Todos los jóvenes válidos partieron al combate y muy pocos regresaron a sus hogares. Pero el hijo único del campesino, gracias a sus muletas, se libró de la masacre.

El ladrón de hachas

Un campesino, que tenía madera para cortar, no lograba encontrar su hacha grande. Recorría su patio de un lado a otro, iba a echar un vistazo furibundo por el lado de los troncos, del cobertizo, de la granja. ¡Nada que hacer, había desaparecido, sin duda robada! ¡Un hacha completamente nueva que había comprado con sus últimos ahorros! La cólera, esa breve locura, desbordaba su corazón y teñía su mente con una tinta tan negra como el hollín. Entonces vio a su vecino llegar por el camino. Su forma de caminar le pareció la de alguien que no tenía la conciencia tranquila. Su rostro dejaba traslucir una expresión de apuro propia del culpable frente a su víctima. Su saludo estaba impregnado de una malicia de ladrón de hachas. Y cuando el otro abrió la boca para contarle las trivialidades meteorológicas habituales entre vecinos, ¡su voz era sin lugar a dudas la de un ladrón que acababa de robar un hacha flamante!

Totalmente incapaz de contenerse durante más tiempo, nuestro campesino cruzó su porche a grandes zancadas con la intención de ir a decirle cuatro verdades a ese merodeador ¡que tenía la osadía de venir a burlarse de él! Pero sus pies se enredaron en una brazada de ramas muertas que yacía al borde del camino. Tropezó, atragantándose con la andanada de insultos que tenía destinada a su vecino, ¡y se cayó de manera que fue a dar con la nariz contra el mango de su hacha grande, que debía haberse caído hacía poco de su carreta!

El pretil*

El príncipe de Tsinn estaba banqueteando con sus cortesanos. La comida se había regado abundantemente. El soberano, un poco achispado, decía palabras deshilvanadas, y en ocasiones muy extravagantes, a las que sus favoritos respondían con halagos untuosos. De repente, el príncipe estiró las amplias mangas de su traje, lanzó una exclamación de satisfacción y declaró:

—No existe mayor felicidad que la de ser monarca. ¡No hay que rendir cuentas a nadie y ninguno se atreve a contradecirte!

Kuang, su maestro de música, que estaba sentado frente a él, tomó entonces su laúd y se lo arrojó a la cara. El príncipe brincó de su asiento, esquivando así el instrumento, que se hizo pedazos contra el muro con un gemido lastimero.

Indignados, los cortesanos se levantaron y protestaron enérgicamente. Uno de ellos le preguntó al músico:

—¿Cómo has osado levantar la mano contra tu soberano?

—¡Jamás haría yo nada semejante! —se ofendió el maestro de música—. Sencillamente he querido corregir a un usurpador que había tomado el puesto del príncipe.

Y señaló el asiento vacío del monarca diciendo:

—¡He oído, procedentes de ese sitio, palabras indignas de un soberano!

Algunos dignatarios, irritados, habían echado mano al grosero personaje. Lo arrastraron ante el príncipe de Tsinn para preguntarle a su majestad que castigo quería que se le infligiera. Pero el soberano se echó a reír y dijo:

—Soltadlo. ¡Me es mucho más útil que vosotros ya que él me sirve de pretil!

* Barandilla o paredilla construida a los lados de un puente o en sitio parecido por donde hay posibilidad de caerse.

El arte del tiro con arco

Qi Shang deseaba aprender el arte del tiro con arco, que, según dicen, es un excelente camino para acceder al Tao. Fue en busca del maestro Fei Wei, quien gozaba de una reputación considerable. Éste le dijo:

—Cuando seas capaz de no parpadear, te enseñaré mi arte.

Qi Shang regresó a casa, se deslizó bajo el telar de su mujer y se entrenó en seguir con la mirada y sin parpadear el ir y venir de la lanzadera. Tras dos años de practicar este ejercicio, ya no pestañeaba en absoluto, ¡ni quisiera cuando la punta de la lanzadera le rozaba el ojo! Regresó entonces para anunciárselo al viejo Fei Wei.

—Bien —dijo el Maestro—. Ahora debes aprender a ver. Debes distinguir con toda nitidez la percepción más ínfima. Atrapa a un piojo, átalo con un hilo de seda y cuando seas capaz de contar los latidos de su corazón, ven a verme.

Qi Shang tardó diez días en atrapar un piojo, necesitó seis meses para conseguir atarlo. Después, se dedicó a mirar fijamente el insecto durante varias horas al día. Al cabo de un año, lo vio tan grande como un platillo, y al cabo de tres años, tan grande como una rueda de carro. Corrió entonces triunfalmente hasta la casa de su maestro.

—Bien —dijo el viejo arquero—, ahora vas a poder ejercitar tu puntería. Cuelga el piojo de la rama de un árbol, retrocede cincuenta pasos, y cuando consigas traspasar el insecto sin tocar el hilo de seda, vuelve a verme.

Y le tendió un arco y una aljaba.

Qi Shang tardó tres meses en tensar el arco sin temblar, un año para dar en el tronco del árbol y dos años para tocar el hilo de seda. Cien veces cortó el hilo sin tocar el piojo. Transcurrieron otros tres años antes de que la flecha atravesara el insecto sin tocar el hilo.

—Bien —dijo el viejo Fei Wei—, ya casi has concluido. Ahora sólo te queda intentar lo mismo en medio de un vendaval. Entonces, ya no tendré nada que enseñarte.

Y tres años más tarde, Qi Shang logró esta última proeza. Entonces se dijo que ya sólo el faltaba una cosa por hacer: medirse con su maestro, saber si era capaz de superarle, si podría finalmente ocupar su lugar. Tomó su arco, sus flechas y se fue en busca de Wei Fei.

El viejo arquero, como si le esperara, había salido a su encuentro, arco en mano, con las mangas remangadas.

Cada uno en un extremo del prado, se saludaron sin decir palabra, colocaron una flecha sobre el arco y se apuntaron cuidadosamente. Las cuerdas vibraron al unísono, las flechas chocaron en pleno vuelo y cayeron sobre la hierba. Seis veces silbaron y seis veces se dieron. Fei Wei había vaciado su aljaba, pero Qi Shang aún tenía una flecha. Dispuesto a todo para deshacerse de su rival, para terminar con su maestro, disparó. La risa del anciano respondió al grito de la flecha y, con el meñique de su mano derecha, desvió el tiro mortal que fue a plantarse en la hierba. Fei Wei dio tres pasos, recogió la flecha, la colocó sobre su arco y apuntó a su vez a su discípulo.

Qi Shang no hizo ningún gesto, pero la flecha sólo rozó su cintura, como si su maestro hubiese errado el tiro… o le hubiera perdonado la vida. Pero cuando quiso dar un paso, ¡su pantalón cayó sobre sus tobillos! El golpe magistral del viejo Fei Wei había cortado el cordón.

Entonces Qi Shang se prosternó y exclamó.

—¡Oh, gran Maestro!

Fei Wei se inclinó a su vez y dijo:

—¡Oh, gran Discípulo!

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