En otros textos he escrito sobre el temor a la hoja en blanco y sobre los obstáculos frecuentes al momento de escribir. En esta ocasión me quiero centrar en diversos recursos para superar los bloqueos que tienen los investigadores cuando van a redactar una historia de vida. Y si bien los bloqueos que señalo pueden tenerlos otros profesionales, me enfocaré en aquellos que, después de recoger datos suficientes sobre una persona, haber entrevistado al protagonista (de estar vivo) y a otros testigos, de revisar diversos tipos de documentos, se enfrentan a la tarea de poner toda esa información recolectada en palabras. En un discurso coherente, interesante y que tenga una extensión aproximada entre 10 y 15 páginas.
Pero, antes de ofrecer este repertorio de ayudas, vale la pena recordar que lo prioritario es no perder de vista el objetivo que nos proponemos con nuestra historia de vida. ¿Queremos recuperar sólo la dimensión personal, sus relaciones familiares y filiales, las vicisitudes de su existencia, los pormenores de su ciclo vital?; ¿nos interesa más describir el desarrollo profesional, artístico o intelectual de esa persona?; ¿lo que nos anima es descubrir los aportes de nuestro personaje a una disciplina, un campo investigativo o un área particular de conocimiento? Nos impulsa el deseo de abarcar varios de esos aspectos y, de ser así, ¿cuál de ellos es el que va a servir de columna vertebral de nuestro texto? Digo lo anterior, porque si se pierde el propósito medular de la investigación las estrategias que siguen tendrán poco efecto o terminarán alejando al investigador de la meta prevista.
Una primera alternativa para subsanar este bloqueo de redacción es el de elaborar un guion de trabajo, una tabla de contenido posible, una ruta de subtemas, un listado de los puntos que se desean tener en cuenta. O, como lo he explicado en otros artículos, que recoja los “incidentes críticos” o los hechos más relevantes de la persona que nos interesa biografiar. Este guion de trabajo sirve también para ir filtrando la información recolectada; y da buenas luces para los posibles subtítulos del texto en cuestión. De igual modo, ayuda mucho para saber sobre cuáles de los aspectos se tiene información suficiente y cuáles merecen una mayor pesquisa o alguna entrevista adicional. No sobra decir que el guion de trabajo se redacta a la manera de indicaciones por hacer u objetivos previstos para cada apartado; son indicaciones de preproducción escritural.
Una segunda estrategia, que supone la revisión pormenorizada de documentos, entrevistas y otros materiales recolectados, es agrupar tal información en grupos temáticos o de aspectos similares. En este caso, es necesario imprimir y tener tijeras a la mano o ir abriendo carpetas con los recortes respectivos: un grupo o carpeta para todo lo relacionado con su vida personal; otro, para incluir ahí lo de sus estudios; uno adicional, en el que se guardarán testimonios u opiniones sobre su obra intelectual o profesional; otro más, para incluir hechos o eventos claves en los que ha vivido o participado (el trasfondo histórico) … La idea es que a medida que se selecciona la información vayan apareciendo pistas para armar la historia de vida. Luego de esto, se procederá a redactar lo concerniente a cada grupo o carpeta y, una vez terminado, se le pondrá un subtítulo acorde a su contenido.
La tercera ayuda –que es muy utilizada por los escritores expertos, en particular los dedicados a la narrativa– en lanzarse a redactar un primer párrafo a partir de algo que, durante las entrevistas, la lectura de documentos o el cotejo de información, nos ha llamado poderosamente la atención, algún evento que el entrevistado principal o los secundarios resaltaron con lujo de detalles. No importa que al inicio ese párrafo salga suelto, que parezca algo desperdigado o que no sepamos bien cómo encajará dentro de la totalidad del texto. Porque lo importante de esta estrategia es romper la parálisis o la indecisión del investigador, impulsarlo a tener ese primer lance con las palabras, llevarlo a romper el hechizo de “no sé por dónde comenzar”. Cuando tal cosa hacemos, lo que sucede es que ese hilillo de redacción convoca al flujo de la escritura. ¿A qué me refiero? A medida que vamos metiéndonos en la dinámica de las primeras líneas, en cuanto leemos y releemos lo que vamos redactando, en esa misma proporción se van despertando relaciones con otros asuntos que obtuvimos durante el trabajo de campo o se nos ocurren cosas que no habríamos conseguido si no hubiéramos tenido ese primer párrafo generador. Con toda seguridad, así sea poca o mucha la producción, al concluir de redactar ese párrafo tendremos un buen semillero de futuras ideas.
La cuarta estrategia, que sigo considerando muy poderosa para empezar a redactar la historia de vida, es la de glosar respuestas de las entrevistas ya sean del autor o de las otras personas seleccionadas, o apostillar apartados de algún texto del autor, fragmentos de su producción intelectual, o ideas subrayadas de una semblanza que alguien escribió sobre nuestro personaje. Glosar es como sacarle provecho al contenido de un pedazo de la información recogida, exprimir su sentido profundo, derivar lo que allí se dice hacia el objetivo que traemos entre manos. El texto base para este ejercicio, como bien se sabe, debe ser una idea completa o una proposición cabal y comprensible. Con esa idea en mente se empieza a desmenuzarla, a verle sus flancos de significado, sus implicaciones o aportes para nuestra pesquisa. Este ejercicio de glosar guarda un gran parecido con lo que he denominado contrapunto a las citas de autor y que, en este mismo blog he explicado y ejemplificado en varias entradas. Sea como fuere, el texto base hace las veces de soporte-motivo o piedra de toque para, desde ahí, impulsarnos a redactar y sortear así la parálisis mental o el entumecimiento de nuestra mano de escritores.
Un recurso que podemos añadir, a los ya expuestos, es el de transcribir la información recolectada que está en fotocopias, en PDF, en medios digitales de audio o de video. Al transcribir, por ejemplo, una entrevista, no sólo vamos teniendo más dominio de lo que allí se dice, sino que esa labor se convierte en un dispositivo de recordación para fijarlo en nuestra memoria. La transcripción de declaraciones, de citas, de testimonios, de valoraciones críticas, hace que nuestra mente empiece a impregnarse del mundo del personaje, crea un clima cognitivo para sentirlo más cercano, para poner en alto relieve sus convicciones profesionales, su modo de pensar, sus principios rectores, su manera de entender el contexto en que le tocó vivir y dentro del cual ideó o puso a prueba sus proyectos e ideales. Transcribir buena parte de la información recolectada –con paciencia y buena atención– es una manera de contagiarse de la visión de mundo del autor, asimilar sus enunciaciones identitarias y crear un vínculo discursivo para que, al momento de hablar de él, no lo sintamos demasiado lejano o inaccesible.
La sexta ayuda consiste en seguir, paso a paso, la línea de tiempo del autor, para irse enfocando en cada una de esas diferentes etapas. Desde luego, se empezaría por el nacimiento, se pasaría enseguida por su juventud y madurez hasta concluir en el presente o en su muerte, si ya ha fallecido. Esta línea de tiempo señala los puntos de referencia o los hitos existenciales que servirán de guía al que no sabe cómo o por dónde comenzar a redactar. Por supuesto, y eso no sobra repetirlo, una historia de vida no es una cronología rigurosa, año a año, sino una selección de los eventos más significativos o más relevadores de una persona; habrá, entonces, que seleccionar aquellos en los cuales hay “densidad biográfica” o que, mirados en relación con otros, tienen un subrayado o gran trascendencia. A veces, esa línea de tiempo, se divide por décadas o por grupos de años que pueden abarcar la época de infancia, la etapa de formación, el período de producción o realización profesional, o los años de madurez, vejez y muerte. En cualquier modo de parcelar este itinerario de una vida, la clave está en la certeza que ofrece esa cadena de tiempo para no perderse entre las muchas informaciones recolectadas.
Otra estrategia para aquellos que permanecen inmovilizados frente a la pantalla de su computador y, después de un largo tiempo, siguen sin empezar a redactar la primera página sobre la persona en la que han estado trabajando por varios días, consiste en leer apartes de otras historias de vida, con el fin de “inspirarse” o ver alternativas de solución a este tipo de pesquisa. Desde luego, las historias de vida elegidas o las biografías –en sentido amplio– que tienen más fuerza motivacional son aquellas con un buen tono narrativo o que, según la crítica, son ejemplo de calidad en esta forma textual. La lectura de estas obras cumple su cometido cuando despiertan en quien tiene el bloqueo un asomo de posibilidad para empezar su labor o sirven de modelaje para emular un estilo, una estructura, un modo de articular diferentes aspectos de una persona. La idea, por lo mismo, es ir leyendo, dejarse habitar por esa escritura, para después intentar esbozar unas líneas en la misma tonalidad o tratar de seguir la organización de un párrafo o apropiar determinados recursos para darle inicio al texto, subtitularlo o intercalar las voces de los entrevistados. Se lee a los escritores que han realizado excelentes biografías para, desde un proceso de imitación, tratar de interiorizar esas formas sobresalientes de escritura. Más allá de lograr un resultado perfecto, lo que se pretende con este recurso es tener textos-tutores que nos acompañen en nuestros escarceos de redacción vacilante.
Sumadas a estas siete ayudas para superar el bloqueo de iniciar la redacción de la historia de vida, creo oportuno señalar, de manera puntual, tres más: darle extensión o desarrollo a una pequeña anécdota contada por el protagonista o relatada por alguno de los informantes; elaborar un breve retrato del personaje en cuestión retomando, de aquí y allá, rasgos físicos y de carácter, atributos de su personalidad o características notorias de su modo de hablar, relacionarse o comportarse en determinadas situaciones; exponer, a manera de síntesis de una hoja de vida, los trabajos desempeñados, los proyectos llevados a cabo, las obras intelectuales publicadas, calcando el estilo de la presentación de los currículum en los que, de forma resumida, se destacan las habilidades, la experiencia y logros más significativos de una persona.
Confío en que por lo menos una de estas iniciativas contribuya a deshacer ese estado de embotamiento, inacción o marasmo de los investigadores al momento de poner por escrito las historias de vida documentadas y, a la vez, sirvan de indicios cuando se quiera buscar la mejor vía para hacer coincidir la ambición entusiasta de realizar un buen trabajo con los recursos de redacción necesarios para materializar tal deseo.

