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Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Archivos de etiqueta: Recomendaciones de libros

Hallazgos en la Feria del libro

05 domingo May 2024

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Comentarios, LECTURA, Libros

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Comentario de libros, Libros ilustrados, Libros-álbum, Recomendaciones de libros

De mi pasada visita a la Feria del libro de Bogotá (del 17 de abril al 2 de mayo), durante varios días y en pausadas caminatas, encontré algunos textos que me gustaría compartir y comentar con las personas lectoras de este blog. Empezaré por el libro álbum que es uno de mis campos de interés y por considerarlo un “artefacto cultural” que ya no tiene como único público a los niños y niñas, sino que involucra a todo tipo de lectores, enfocándose creativamente a reflexionar u ofrecer alternativas sobre variedad de temáticas.

Ojalá pudiera decirte

El primer libro álbum es Ojalá pudiera decirte (Tramuntana, Girona, 2023), con textos del profesor francés Jean-François Sénéchal e ilustraciones de la japonesa Chiaki Okada. El eje de la obra es la pérdida de un ser querido (la abuela) y el modo de presentar el asunto es a través de una carta. El contrapunteo entre el texto y la imagen permiten vivir o revivir los acontecimientos, los lugares, los eventos compartidos con alguien que “se ha ido”. La carta empieza recordando los últimos días con aquella persona especial, cuando ya estaba en su cama “tan cansada y tan ausente”; luego se extasía, evocando los momentos mágicos, extraordinarios, inolvidables con aquella cómplice de aventuras; y avanza hasta la noticia de la muerte de la abuela. El libro álbum nos muestra que esas pérdidas llegan de pronto, son como la herida que produce “el rayo al caer sobre el gran roble” pero, con el pasar de los días, ese dolor “se va curando”; porque a pesar de que la destinataria no pueda leer la carta, siempre podemos mantenerla en el recuerdo y decirle que la seguimos queriendo.

El señor Nadie

Un segundo libro álbum es El señor Nadie de Joanna Concejo (Diego Pun ediciones, Santa Cruz de Tenerife, 2023). Esta obra presenta a un señor anónimo, común y corriente, que vive solo y a quien ningun vecino le presta interés. Este señor a quienes los niños “le tenían miedo y lo encontraban feo y viejo” se dedica en el día a mirar por la ventana, leer el periódico, hacer su colada, lavar los platos y regar una planta. Este señor se llama Nadie. Sin embargo, el señor que aparentemente no hacía nada, cuando “el vecindario empezaba a dormirse, entonces encendía la luz de la cocina y se ponía a trabajar”. ¿Y en qué consistía su oficio?: fabricaba estrellas, “estrellas verdaderas”. Las hacía por encargo y la Noche era su mayor cliente. Al otro día las enviaba por correo y volvía a su rutina gris, invisible. Pero, aunque todo parecía ser lo mismo, “nada era igual que antes”. Este libro álbum muestra, de manera alegórica, cómo personas anónimas o poco reconocidas, realizan en sus escondidos cuartos tareas de gran trascendencia, aunque inadvertidas para los demás. Los Nadies pasan indiferentes ante la mirada rutinaria de la gente, pero su labor silenciosa contribuye a apreciar y reelaborar la riqueza de la vida. Los Nadies parecen ser personas menores en los barrios “donde normalmente el cielo es de color cemento”; sin embargo, esos seres son los que conocen la receta para “reponer las estrellas que ya no brillan muy bien”.

El manual de dibujo definitivo

Otro de mis hallazgos, que se acerca más a un libro ilustrado, es El manual de dibujo definitivo del granollerense Enric Lax (Ekaré, Barcelona, 2023). La obra toma como pretexto dibujar animales y cosas, pero la manera de resolver tales asuntos resulta no solo divertida, sino que en cada caso ofrece soluciones ingeniosas o abiertamente lúdicas. Sirva de ejemplo el paso a paso para dibujar un elefante:

Lo interesante del libro es que convierte la tarea de dibujar en algo sencillo o en una labor en la que se cambia el esperado dominio de una técnica sofisticada por el recurso espontáneo de la creatividad. En muchas ocasiones el punto inicial de una nueva figura corresponde al logro final de un dibujo anterior, bien sea quitándole elementos o reajustando los existentes. En otras ocasiones, basta cambiar de posición algo ya realizado, darle un giro, para descubrir sus nuevas potencialidades gráficas. Hacia el final de la obra se muestran diversas alternativas fallidas sobre el dibujo de una gorra, pero que, en lugar de ser desechadas o menospreciadas como errores, sirven de antídoto a la frustración porque, “dibujar es como ir en bicicleta, silbar o hacer una tortilla… ¡Nunca sale a la primera!”. He aquí otra de las lecciones de este imaginativo manual:

Lo que nos hace humanos

Para cerrar quiero destacar un libro ilustrado del lingüista brasileño Victor D.O. Santos, enriquecido por las imágenes de la italiana Anna Forlati: Lo que nos hace humanos (La maleta ediciones- UNESCO, Asturias, 2023). Se trata de una obra en la que, a manera de enigma progresivo, se va indagando en algo que “ha existido desde hace mucho tiempo”, que “está en todas partes”, que “puede ser suave como un gatito o implacable como el invierno en Alaska” y que “puede conectarnos con el pasado, al presente y el futuro”. Ese invento, “que nos hace humanos” es el lenguaje. La obra advierte que tal invento puede desaparecer y con él toda una cultura y, por ello, debemos documentar cada idioma existente a través de la escritura, que “es una de las mejores maneras de preservar su pasado y garantizar su futuro”. Un libro ilustrado que se inscribe muy bien en uno de los objetivos de la UNESCO del valor de los idiomas y, en especial, en su proclama del Decenio internacional de las lenguas indígenas (2022-2032).

Feria del libro y libros álbum

18 domingo Jun 2023

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Feria del libro, Libros-álbum, Recomendaciones de libros

En la pasada Feria del libro de Bogotá (35 años), que tuvo a México como país invitado de honor, busqué y encontré varios libros álbum que no sólo me cautivaron por su propuesta gráfica, sino por la manera de abordar diferentes temáticas. Comparto algunos de ellos por dos motivos: en principio, por un deseo de contagiar a otros lectores de mi experiencia estética al disfrutar de estas obras en las que se conjugan magistralmente la imagen y el texto y, en segunda medida, porque el uso recurrente de libros álbum debería ser una de las consignas de animación a la lectura de todas las instituciones educativas, en general, y muy especialmente por parte de los docentes de todas las disciplinas.

LA VOZ CIEGA

He elegido La voz ciega de la ilustradora mexicana Mariana Alcántara (Fondo de Cultura Económica, 2022) como mi primer libro álbum recomendado. Además de la propuesta gráfica en azul, con incorporación de tipografías que sirven de texturas o formas de objetos, es una obra extraordinaria para mostrar el tema de la pérdida de visión. Tanto el texto como la imagen van dando cuenta de la progresiva ilegibilidad del mundo de ese” hombre de letras” llamado Emilio. El personaje que jugaba y coleccionaba palabras, que consideraba su diccionario como “la única cosa para llevar a una isla desierta”, poco a poco va dándose cuenta de que sus amadas palabras empiezan a “esconderse y desaparecer”. El hombre de letras ya no puede leer, ya no hay amarillos ni rojos para apreciar por la ventana; la oscuridad lo abruma. No obstante, una noche escuchó “un ligero golpeteo que lo llamaba”. Abrió la puerta de sus oídos y sintió de nuevo el árbol de la ventana que le “susurraba gotas, viento, brisa, hojas”… Ya no era a través de sus ojos como le llegaba el mundo, ahora retornaba a través de sus oídos. El libro álbum se cierra con una afirmación esperanzadora: “y como una tormenta, nacieron nuevas palabras que cubrieron la ciudad”. Las guardas de este libro ofrecen pistas de lectura muy interesantes: al inicio se ven con claridad letras y formas determinadas, al final sombras y manchas en medio de un fondo brumoso. La propuesta gráfica de esta obra permite, además, una lectura en muchos niveles de signos, de su rico simbolismo, de las marcas expresivas de aquellas emociones que nacen cuando alguien siente que se va diluyendo ante sus ojos la luz, las cosas, las personas y, al mismo tiempo, el cambio personal que necesita para aprender a “leerlas” con otro sentido diferente a la vista.

UN VACÍO

El segundo libro álbum que he elegido es Un vacío (lamaleta ediciones, 2022). Los textos son de Azam Mahdavi y las ilustraciones de Maryam Tahmasebi, ambas artistas de origen iraní. Esta obra tiene como motivo la pérdida de un ser querido y el proceso de duelo para sanar el corazón. La propuesta ilustrativa, con planos de picado y una paleta de colores de grises, armoniza bien con la historia de una niña que experimenta la muerte de su madre y quien, durante todo el texto, siente y transforma ese vacío en un enorme globo de compañía. Lo interesante del libro-álbum es que ese vacío, que toma el lugar de la madre, se torna en “su único amigo”, “la acompaña todo el tiempo”, “la lleva a casa desde el cole” y se queda “cerca, muy cerca de ella”. Hacia la mitad de la obra hay un cambio: la maceta que habían plantado la niña y la madre comienza a florecer. Los grises empiezan a mermar y el amarillo y el azul renacen. Los signos de la vida comienzan a cobrar otra vez importancia: un gato, la lectura del padre, el juego, la cena compartida, los espectáculos callejeros. Este magnífico libro álbum representa muy bien el ciclo de la vida: comienza con la última foto de la madre y la niña, con la última flor que sembraron juntas, y termina mostrando en las últimas páginas una nueva foto en la que el padre, la niña, el gato y el vacío están sembrando “una primera flor”.

HAY RECUERDOS QUE LLEGAN VOLANDO

Un tercer libro álbum que me ha parecido de gran calidad es Hay recuerdos que llegan volando (Fondo de Cultura Económica, 2022) del colombiano Julián Ariza. La obra fue ganadora del Premio Distrital del Libro infantil ilustrado 2021, proyecto fomentado por el Instituto Distrital de las Artes – Idartes. El eje de este libro son los recuerdos, su manera de aparecer y desaparecer; de esos recuerdos “tan pequeños que apenas sientes un leve aleteo a tu alrededor”, de su dinámica tan cálida que parece una brisa o de su avasalladora presencia que se asemeja a una “tormenta que todo lo inunda”. Los recuerdos y la manera de impactarnos; los recuerdos que, a pesar de nuestra voluntad por dejarlos atrás, logran alcanzarnos. Sí, hay recuerdos que quisiéramos olvidar. Pero, de igual manera, la obra emplea las últimas páginas en mostrarnos que existen determinados momentos en nuestra vida, ciertas experiencias transformadoras que “nunca se van a olvidar”. Sabemos que es propio de los recuerdos venir y partir cual un ave migratoria; sin embargo, hay unos recuerdos que se asemejan a un cachorro de perro frágil que, al acogerlos y protegerlos cariñosamente en nuestra alma, cambian la forma de nuestro corazón, hacen parte de nosotros. Esos son los recuerdos que deseamos volver inolvidables. A lo largo del libro álbum se emplean diversidad de recursos ilustrativos: la microhistorias dentro de la gran historia, el juego de sombras, las viñetas del cómic, los planos de secuencia de imágenes. Como afirma el autor “no existen fórmulas para el olvido”, pero hay experiencias o personas que calan tan hondo en nuestro pecho que se encarnan para siempre en el ave del recuerdo.

ESPERANDO EL AMANECER

Me centro ahora en Esperando el amanecer (Kalandraka, 2022) , de la peruana Fabiola Anchorena. Se trata de un libro álbum centrado en la amenaza de los incendios forestales, desde la perspectiva emocional de los animales. La obra fue ganadora del XV Premio internacional Compostela para ábumes ilustrados 2022 y, como afirma la autora, “nació del miedo, la incertidumbre y la angustia que sentí en 2019 cuando la Amazonía ardía a causa de los peores incendios de los últimos años”. El detonante de la historia está en que los animales “hace mucho no ven el amanecer” y parece que “el sol se hubiese ido muy lejos”. Todos en el bosque están a la expectativa, todos andan en “búsqueda de la luz de la mañana”. Entonces, aparece una luz demasiado fuerte, con un intenso calor, pero ese “no es el amanecer que estaban esperando”. La luz que llega, quema, produce miedo y genera la huída. Afortunadamente aparece la lluvia trayendo la calma. Ahora sí, aparece de nuevo la ansiada luz que ofrece tranquilidad al hogar: el bosque ha revivido. Lo interesante de la historia es el contrapunteo armonioso que hace la imagen. De los tonos oscuros a la pinceladadas incandescentes y de éstas a los matices verdes y amarillos, pletóricos de abundante colorido. Y si en las primeras guardas está la oscuridad, en las últimas resplandece las gamas del verde esplendoroso. Este es un libro ábum que cumple bien el propósito de la ilustradora de “amar los animales”, de apoyar a las organizaciones que se preocupan por conservar los bosques de la Amazonía, pero es a la vez una excelente manera de advertirnos la responsabilidad que tenemos todos de cuidar estos “pulmones de la tierra”.

Volver a caminar la Feria del libro (primera parte)

03 martes May 2022

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Del diario, LECTURA

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Feria del libro, Libros-álbum, Recomendaciones de libros

Antiguos libreros conocidos, fondos editoriales tantas veces buscados, reencuentros con colegas, grupos de escolares por doquier, estantes, exhibidores, libros aquí y allá. Sí. La Feria del libro abrió de nuevo sus salones, de manera presencial, a los amantes de la lectura y a todos los que, como yo, profesamos cariño por el libro y la industria editorial. Después de tres años volví a caminar –mis pasos conocen el recorrido de memoria– los pabellones de Corferias en Bogotá.

Varios amigos y amigas, que saben de mi pasión por este acontecimiento, me escribieron al celular o me llamaron para preguntarme ¿si había ido a la feria? Mi respuesta parecía revivir la de años anteriores: varias veces. Porque no basta una única vez para encontrarse y celebrar el encuentro con estos objetos de tinta y de palabras que desde su mudez esperan unos ojos y unas manos que los insuflen de vida o les permitan hablar a nuestro pensamiento.

En mi caso, por lo general la primera visita es a aquellos pabellones en los que conozco se exhiben los sellos editoriales más cercanos a mis intereses: está el número 6, de edición nacional, en el que busco el local 614 de Ícaro libros, que distribuye libros de Cátedra, Tecnos, Morata, Pepitas de Calabaza, Alba, Valdemar, El Ateneo, sobre temas de educación, filosofía, cine, comunicación, poesía y mucha literatura. Después paso al Fondo de Cultura Económica y al local de Artemis libros que distribuye un buen surtido de Editorial Akal. En esos sitios echo una primera ojeada a las novedades o me detengo en lo que las mesas presentan como nuevas publicaciones. Este es un recorrido que termina por lo general en otro pabellón, el de literatura infantil y juvenil, en particular en el local 902, de Ediciones Monserrate, en el que encuentro los libros álbum de Kalandraka, Bárbara Fiori, Takatuka, Corimbo y Tramuntana y La Fragatina. Unos pasos hacia el sur me detengo en el stand 501, de Asediciones que trae sellos como Lata de Sal, A fin de cuentos, Periplo, Nube Ocho y Pictus. Otro día, en un ritmo más lento, visito algunos pabellones bajo la lógica de mirar qué sorpresa pueden ofrecerme o con la atención suficiente como para descubrir alguna “joyita” que desde hacía tiempo estaba buscando; esta caminata sigue una ruta más cercana a los pasadizos de tránsito previamente marcados por la organización del evento. Una visita más la dedico únicamente a revisar las novedades de publicaciones universitarias, en el segundo piso del pabellón 3, a husmear las novedades cobijadas bajo el nombre de “libros técnicos y científicos”, en el pabellón 8, y a pescar lo que ofrecen las Editoriales españolas del pabellón internacional. En otras oportunidades, y de acuerdo a la programación, asisto a algunos eventos que me interesan o me dejo llevar por cierto azar al que convoca el país invitado de honor. Durante otros días visito el primer piso del pabellón 3, el de edición nacional, y miro con cuidado qué ofrece Siglo del hombre que distribuye sellos como Siglo XXI, Herder, Atalanta, Katz, Pre-textos, Trotta y Anthropos.  En la última semana de la feria hago una visita adicional porque, como bien saben los amantes de este evento, algunas novedades sólo llegan en esos días, y es la oportunidad para repetir –de manera ágil– el itinerario de la primera visita.

Cuando regreso a casa empiezo a revisar con detenimiento y fruición las recientes adquisiciones. En una especie de ritual, voy sacando de las diversas bolsas aquellos libros que me resultaron interesantes y me subsumo en sus páginas. Hay un goce infantil que revive las ocasiones en que de niño alquilaba cuentos y me pasaba largas horas extasiado con las aventuras de Red Ryder, Turok el guerrero de piedra, Juan sin miedo o Joyas de la mitología. A veces algunas de esas “joyas” las comparto con personas de mi familia, otros se convierten en protagonistas de mis horas de lectura de estos días y, después, vuelven a las bolsas a la espera de que pueda retomarlos en ocasiones posteriores. Lo cierto es que aún no pasan a los estantes de mi biblioteca; están en la sala de espera, a la expectativa de una segunda lectura o una revisión de largo aliento.

Y como me gusta compartir lo que encuentro con amigos y amigas que son cómplices de esta pasión por la lectura, considero que vale la pena hacer públicos algunos de estos hallazgos de la Feria del libro de este año que tuvo como lema “Vuelve para que vuelvas”. Quizá en el fondo lo que más me interesa es celebrar con otros la alegría que he sentido al caminar de nuevo –en gozosa libertad– entre miles de libros, resguardado por esos silenciosos compañeros tan queridos a lo largo de mi vida; los libros que, durante la pandemia, recobraron su justa importancia: mostrarnos que podían darles alas a nuestro espíritu a pesar de que nuestros cuerpos estuvieran confinados y negados al encuentro.

Empezaré destacando un grupo de libros-álbum que, además de parecerme interesantes por su alto grado creativo visual, muestran propuestas relevantes o interesantes en su contenido. De paso confieso que hallar este tipo de obras me lleva unas buenas horas de revisión y lectura en pie durante los recorridos que hago en las diferentes visitas; pero lo que logro descubrir considero que vale la pena. O si no miren este septenario de obras.

El libro-álbum Duelo al sol de Manuel Marsol, impreso por Fulgencio Pimentel en Portugal, en el 2019, tiene como escenario el oeste (el río Bravo). Allí, en ese árido escenario, se desarrolla un duelo que, por diversas circunstancias se va postergando hasta que la llegada de la noche obliga a posponer tal desafío. La combinación entre planos generales y primeros planos hace que se prolongue el suspenso y el duelo entre el indio Trueno Tranquilo y el cowboy John Bill Arizona. Página tras página la pelea entre estos dos enemigos acérrimos se disuelve y, con cierto toque de ironía, el duelo es una oportunidad para que los contrincantes terminen aprendiendo uno del otro. El manejo del color–de una tonalidad serigráfica– es maravilloso.   

Mucho, la obra de Sol Ruiz (Narval, Portugal, 2021), es otro libro-álbum digno de exaltar. La tesis inicial es clave para el desarrollo de la historia: “Mucho no es nada… de momento. Pero está decidido a ser algo”. Y, precisamente, de eso se trata: de la búsqueda de un “borrón” para ser “algo”, así ese “algo” parezca poca cosa. Excelente propuesta –en clave alegórica– sobre la indagación de la identidad y de cómo aceptar esa singularidad a pesar de lo incipiente o indeterminada que pueda parecernos en cierta etapa de nuestro desarrollo vital.

Con textos de Antonis Papatheodoulou e ilustraciones de Iris Samartzi, editorial Kalandraka (Pontevedra, 2021) ofrece un libro-álbum fascinante: En la cola para el arca. Como el título lo sugiere, el trasfondo es la historia bíblica del Arca de Noé, pero con un final diferente. Los diálogos sucesivos entre diversas parejas de animales mientras hacen cola para entrar a la “embarcación más grande jamás construida en el mundo”, contrasta con el cierre de la obra cuando el oso portero anuncia a los animales expectantes: “¡Entren, pasen, la función va a comenzar!”. Las figuras hechas con papeles recortados y superpuestos dan un dinamismo a las imágenes que sirve para resaltar una parodia moderna a un relato clásico.

Resalto también Una piedra inmóvil, con textos e ilustraciones de Brendan Wenzel (Océano, México, 2020). Usando papel recortado, lápices de colores, marcadores, pasteles y arte digital, el autor norteamericano crea un mundo en el que contrasta lo inanimado de una piedra y el dinamismo del mundo que la circunda. Los cambios de perspectiva, dependiendo de quién está cerca a la roca, dotan a este libro-álbum de un ambiente surrealista y, al mismo tiempo, de una fina mirada sobre los cambios en la naturaleza. Lo más banal puede resultar un sitio de gran poder y lo que parece insignificante cobra otra valía si descubrimos en tal objeto su historia, su color, su olor, su posibilidad de trascendencia.

Me detengo ahora en La guerra de José Jorge Letría (textos) y André Letría (ilustraciones) editado por A fin de Cuentos (Bilbao, 2022). Se trata de un libro-álbum en el que hay un magnífico contrapunto entre lo que nos dicen los textos y lo que van mostrándonos las imágenes, pero siempre dando a la ilustración no una función vicaria, sino potenciándola con nuevos significados. La paleta de colores elegida le otorga a la obra un ambiente sombrío, triste y desolador que se acentúa con pequeñas definiciones de la guerra como éstas: “La guerra rasga el día como una enfermedad susurrada y veloz”, “La guerra toma la forma brutal de todos los miedos”, “La guerra es el último escondrijo de la muerte”. El ritmo entre imágenes de página sencilla y otras a doble página aumenta el dramatismo de la obra.

Pongo en un sitial destacado la siguiente obra: Baba Yaga de Joanna Mora (Cocorocq, Santiago, 2021). Si bien es la adaptación de un cuento tradicional ruso lo que resulta novedoso y digno de elogio es el modo como la diseñadora e ilustradora chilena logra armonizar el texto y las imágenes. La historia de la bruja devoradora de niños que nos hizo familiar Afanásiev, cobra en este caso una dimensión fantástica. Las escenas del gato de la bruja que ayuda a escapar a la niña protagonista, de la toalla que se convierte en un caudaloso río, de los bueyes hechizados por Baba Yaga que beben aquellas aguas o la del peine que se transforma en un espeso bosque que sirve de muralla protectora, tienen tanto de mágico como de misterioso. Destaco el trabajo gráfico que, en muchas páginas, alcanza un nivel poético o de metáfora visual.

Concluyo esta primera selección con un libro-álbum de Elisa Ramón y Rosa Osuna titulado: ¡No es fácil, pequeña ardilla! (Kalandraka, Pontevedra, 2020). Y si me parece relevante es por la forma como presenta la pérdida de la figura materna y el modo de sobrellevar y salir de dicha pena. La protagonista es una ardilla roja que pasa por todos los estadios del duelo hasta que comprende, con la ayuda de su padre y un búho amigo, que esa figura tan amada seguirá presente mientras esté en su corazón, y que basta encontrar en el cielo nocturno “la estrella de mamá”, para no perder nunca su cálida protección. Un sutil libro-álbum que nos va llevando, con la delicadeza propia de la acuarela, de la suma tristeza de la pérdida de la madre a seguir exaltando su recuerdo y celebrar la vida.

Un libro sobre la historia de los libros

14 viernes Ene 2022

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Comentarios

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Comentario de libros, El infinito en un junco, Irene Vallejo, Recomendaciones de libros

Para los que todavía no han disfrutado de la buena prosa y la interesante historia del libro, la lectura y la gestación de las bibliotecas en Occidente, voy a compartirles algunos de mis subrayados del libro de Irene Vallejo, El infinito en un junco (Siruela, Madrid, 2021). Esta selección de apartados no solo quiere ser un homenaje a la autora de esta magnífica obra, sino un ejemplo de lo que significa escribir con claridad, saber elegir cuidadosamente las palabras, usar rítmicamente la puntuación y mantener la atención del lector mediante un tratamiento de la información ágil, cercano y plásticamente comunicativo.

“Durante años he trabajado como investigadora, consultando fuentes, documentándome y tratando de conocer el material histórico. Pero, a la hora de la verdad, la historia real y documentada que voy descubriendo me parece tan asombrosa que invade mis sueños y cobra, sin yo quererlo, la forma de un relato. Siento la tentación de entrar en la piel de los buscadores de libros en los caminos de una Europa antigua, violenta y convulsa. ¿Y si empiezo narrando su viaje? Podría funcionar, pero ¿cómo mantener diferenciado el esqueleto de los datos bajo el músculo y la sangre de la imaginación?”.

“El libro ha superado la prueba del tiempo, ha demostrado ser un corredor de fondo. Cada vez que hemos despertado del sueño de nuestras revoluciones o de la pesadilla de nuestras catástrofes humanas, el libro seguía ahí”.

“No olvidemos que el libro ha sido nuestro aliado, desde hace muchos siglos, en una guerra que no registran los manuales de historia. La lucha por preservar nuestras creaciones valiosas: las palabras, que son apenas un soplo de aire; las ficciones que inventamos para dar sentido al caos y sobrevivir en él; los conocimientos verdaderos, falsos y siempre provisionales que vamos arañando en la roca dura de nuestra ignorancia”.

“La pasión del coleccionista de libros se parece a la del viajero. Toda biblioteca es un viaje; todo libro es un pasaporte sin caducidad”.

“El primer libro de la historia nació cuando las palabras, apenas aire escrito, encontraron cobijo en la médula de una planta acuática”.

“Leer es un ritual que implica gestos, posturas, objetos, espacios, materiales, movimientos, modulaciones de luz”.

“Los ángeles poseen el don de escuchar los pensamientos de las personas. Aunque nadie habla, captan a su paso un murmullo constante de las palabras susurradas”.

“En la Antigüedad, cuando los ojos reconocían las letras, la lengua las pronunciaba, el cuerpo seguía el ritmo del texto, y el pie golpeaba el suelo como un metrónomo. La escritura se oía. Pocos imaginaban que fuera posible leer de otra manera”.

“Los libros no eran una canción que se cantaba con la mente, como ahora, sino una melodía que saltaba a los labios y sonaba en voz alta. El lector se convertía en el intérprete que le prestaba sus cuerdas vocales”.

“Nuestra piel es una gran página en blanco; el cuerpo, un libro”.

“Creo que el tatuaje es una supervivencia del pensamiento mágico, el rastro de una fe ancestral en el aura de las palabras”.

“Existieron ejemplares bellísimos fabricados con pieles de color blanco profundo y textura sedosa, llamadas ‘vitelas’, que procedían de crías recién nacidas o incluso de embriones abortados en el seno de su madre. Imagino los gemidos de los animales y su sangre derramada durante siglos para que las palabras del pasado hayan llegado hasta nosotros”.

“La primera palabra de la literatura occidental es ‘cólera’ (en griego, ménin)”.

“Durante la etapa oral, los poemas se recitaban en público, perpetuando una costumbre heredada de las tribus nómadas, cuando los ancianos recitaban junto al fuego los viejos cuentos de sus ancestros y las hazañas de sus héroes”.

“En tiempos de palabras aladas, la literatura era un arte efímero. Cada representación de esos poemas orales era única y sucedía una sola vez. Como un músico de jazz que a partir de una melodía popular se entrega a una apasionadas improvisación sin partitura, los bardos jugaban con variaciones espontáneas sobre los cantos aprendidos. Incluso si recitaban el mismo poema, narrando la misma leyenda protagonizadas por los mismos héroes, nunca era idéntico a la vez anterior”.

“Pero no había ningún afán por autoría: los poetas amaban la herencia del pasado y no veían razones para ser originales si la versión tradicional era bella. La expresión de la individualidad pertenece al tiempo de la escritura”.

“Un nuevo invento empezó a transformar silenciosamente el mundo durante la segunda mitad del siglo VIII a. C., una revolución apacible que acabaría transformando la memoria, el lenguaje, el acto creador, la manera de organizar el pensamiento, nuestra relación con la autoridad, con el saber y con el pasado. Los cambios fueron lentos, pero extraordinarios. Después del alfabeto, nada volvió a ser igual”.

“En su esfuerzo por perpetuarse, los habitantes del mundo oral se dieron cuenta de que el lenguaje rítmico es más fácil de recordar, y en alas de ese descubrimiento nació la poesía”.

“El ritmo no es solo un aliado de la memoria, sino que es también un catalizador de nuestros placeres —la danza, la música y el sexo juegan con la repetición, el compás y las cadencias—.”

“El oficio de pensar el mundo existe gracias a los libros y la lectura, es decir, cuando podemos ver las palabras, y reflexionar despacio sobre ellas, en lugar de solo oírlas pronunciar en el veloz río del discurso”.

“El cine, que empezó siendo un espectáculo mudo, persiguió ansiosamente el tránsito al sonoro. Mientras duró la etapa silente, las salas  dieron trabajo a unos curiosos personajes, los explicadores, que pertenecían a la antigua tribu de los rapsodas, trovadores, titiriteros y narradores. Su tarea consistía en leer los rótulos de las películas para el público analfabeto y animar la sesión”.

“Somos seres económicos y simbólicos. Empezamos escribiendo inventarios, y después invenciones (primero las cuentas; a continuación los cuentos)”.

“En las primitivas tablillas sumerias dos rayas cruzadas describían la enemistad; dos rayas paralelas, la amistad; un pato con un huevo, la fertilidad”.

“Internet está cambiando el uso de la memoria y la mecánica misma del saber”.

“Tal vez las letras sean solo signos muertos y fantasmales, hijas ilegítimas de la palabra oral, pero los lectores sabemos insuflarles vida”.

“La escritura y la memoria no son adversarias. De hecho, a lo largo de la historia, se han salvado la una a la otra; las letras resguardan el pasado; y la memoria, los libros perseguidos”.

“En cierto sentido, todos los lectores llevamos dentro íntimas bibliotecas clandestinas de palabras que nos han dejado huella”.

“En la sociedad judía medieval se celebraba con una ceremonia solemne el momento del aprendizaje, cuando los libros hacían partícipes a los chiquillos de la memoria comunitaria y del pasado compartido. Durante la fiesta de Pentecostés, el maestro sentaba en su regazo al niño al que iba a iniciar. Le enseñaba una pizarra en la que estaban escritos los signos del alfabeto hebreo y a continuación un pasaje de las Escrituras. El maestro leía en voz alta, y el alumno repetía. Luego se untaba con miel la pizarra y el iniciado la lamía, para que las palabras penetrasen simbólicamente en su cuerpo”.

“El nacimiento de la filosofía griega coincidió con la juventud de los libros, y no por azar. Frente a la comunicación oral —basada en relatos tradicionales, conocidos y fáciles de recordar—, la escritura permitió crear un lenguaje complejo que los lectores podían asimilar y meditar con tranquilidad. Además, desarrollar un espíritu crítico es más sencillo para quien tiene un libro entre las manos —y puede interrumpir la lectura, releer y pararse a pensar— que para el oyente cautivado por el rapsoda”.

“A veces, no hay nada como conocer bien a los clásicos para saber por dónde se pueden abrir nuevos caminos”.

“Hace falta querer a tus alumnos para desnudar ante ellos lo que amas; para arriesgarte a ofrecer a un grupo de adolescentes tus entusiasmos auténticos, tus pensamientos propios, esos versos que te emocionan, sabiendo que podrían burlarse o responder con cara de piedra e indiferencia ostentosa”.

“Según Safo, quien ama crea la belleza; no se rinde a ella como suele pensar la gente. Desear es un acto creativo, al igual que escribir versos”.

“Todavía entre nosotros, en la terminología literaria se continúa empleando esa imagen de la narración como tapiz. Seguimos hablando —con metáforas textiles— de tramas, urdimbres, de hilar relatos, de tejer historias. ¿Qué es para nosotros un texto, sino un conjunto de hebras verbales anudadas?”.

“Heródoto se esforzó por derribar los prejuicios de sus compatriotas griegos, enseñándoles que la línea divisoria entre la barbarie y la civilización nunca es una frontera geográfica entre diferentes países, sino una frontera moral dentro de cada pueblo; es más, dentro de cada individuo”.

“La personalidad de cada uno de nosotros está modelada —más de lo que nos gusta admitir— por los hábitos mentales, la repetición y el chovinismo”.

“La tolerancia tiene conjugación irregular: yo me indigno, tú eres susceptible, él es dogmático”.

“Los habitantes del mundo antiguo estaban convencidos de que no se puede pensar bien sin hablar bien: ‘los libros hacen los labios’, decía un refrán romano”.

“Los antiguos griegos, como los norteamericanos de hoy, adoraban una buena historia de superación”.

“Antifonte fue el primero que tuvo la intuición de que sanar gracias a la palabra podía convertirse en un oficio. También comprendió que la terapia debía ser un diálogo exploratorio. La experiencia le enseñó que conviene hacer hablar al que sufre sobre los motivos de su pena, porque buscando las palabras a veces se encuentra el remedio”.

“No por eliminar de los libros todo lo que nos parezca inapropiado salvaremos a los jóvenes de las malas ideas. Al contrario, los volveremos incapaces de reconocerlas”.

“Sentir cierta incomodidad es parte de la experiencia de leer un libro; hay mucha más pedagogía en la inquietud que en el alivio”.“Las bibliotecas, las escuelas y los museos son instituciones frágiles, que no pueden sobrevivir mucho tiempo rodeadas por un entorno de violencia”.

“Ser leído en voz alta significaba ejercer un poder sobre el lector, incluso a través de las distancias del espacio y el tiempo. Por eso —pensaban los antiguos—, resultaba adecuado que los profesionales de la lectura y la escritura fuesen esclavos. Porque su función era precisamente servir y someterse”.

“El verbo latino que hoy traducimos como ‘editar’ —edere— tenía en realidad un significado más próximo a ‘donación’ o ‘abandono’. Implicaba dejar la obra a su suerte”.

“El incesante olvido engullirá todo, a no ser que le opongamos el esfuerzo abnegado de registrar lo que fue. Las generaciones futuras tienen derecho a reclamarnos el relato del pasado”.

“Esta es la paradoja del progreso tecnológico, que el hecho de conservar unas coordenadas tradicionales —estructuras de página, convenciones tipográficas, formas de letras y maquetaciones limitadas— fue clave para abrir paso a los cambios transformadores que traía la esfera digital. Es un error pensar que cada novedad borra y reemplaza las tradiciones. El futuro avanza siempre mirando de reojo el pasado”.

“De aquel gusto de los nobles romanos por tumbarse en sus cómodos divanes —triclinios o lechos de mesa— sobre almohadones de púrpura bordada, mientras les servían la bebida y manjares, para razonar tranquilamente los unos con los otros, procede nuestra expresión ‘hablar largo y tendido’”.

“Los censores de todas las épocas corren el peligro de desencadenar un efecto contraproducente, y esta es su gran paradoja: dirigen los focos de atención precisamente sobre aquello que pretendían ocultar”.

“A partir del siglo VII, una combinación de puntos y rayas indicaba el punto; un punto elevado o alto equivalía a nuestra coma, y el punto y coma se utilizaba ya como hoy en día”.

“El gran cambio en la cartografía interior de los libros llegó con la página impresa, que intentaba facilitar una lectura ágil mediante una estructura diáfana. El texto, hasta entonces apelmazado en bloques compactos, empezó a subdividirse en párrafos. Los encabezamientos, los capítulos y la paginación servían como brújula para orientarse en la lectura. Como la imprenta producía ejemplares idénticos en toda la edición, se desarrolló una nueva parafernalia de consulta: índices con referencias a las páginas, notas a pie de página y acuerdos duraderos en la convenciones de la puntuación. Los libros impresos se volvieron cada vez más fáciles de leer y, por tanto, más hospitalarios. Gracias a los índices, los lectores poseían un mapa del interior de los libros”.

“No todo lo nuevo merece la pena: las armas químicas son un invento más reciente que la democracia. Tampoco las tradiciones son siempre convencionales, encorsetadas y aburridas. Las rebeldías de hoy se inspiran en corrientes del pasado, como el movimiento abolicionista o el sufragismo. Una herencia puede ser revolucionaria, como también puede resultar retrógrada. Los clásicos fueron en ocasiones profundamente críticos, con su mundo y con el nuestro. No hemos avanzado tanto como para prescindir de sus reflexiones sobre la corrupción, el militarismo o la injusticia”.

“Los tres filósofos de la sospecha —Nietzsche en la metafísica, Freud en la ética y Marx en la política— partieron del estudio de los antiguos para realizar el giro a la modernidad”.

“En la cultura no existen las rupturas totales, ni tampoco una continuidad absoluta”.

“Los tallos rectos y rígidos de la junquera no evocan el sinuoso camino del canon. Sería más bien el río, que cambia, serpea, dibuja meandros, se lleva y se vacía, pero sigue ahí y parece siempre el mismo que canta su inagotable estrofa, pero con distinta agua”.

“Sólo hay un género literario en Grecia y Roma que, sin poseer orígenes aristocráticos ni pretensiones de alta cultura, logró consagrar a sus propios clásicos: las fábulas de animales”.

“La invención de los libros ha sido tal vez el mayor triunfo en nuestra tenaz lucha contra la destrucción. A los juncos, a la piel, a los harapos, a los árboles y a la luz hemos confiado la sabiduría que no estábamos dispuestos a perder”.

“Cuanto más sensata y perspicaz sea nuestra comprensión histórica, más seremos capaces de proteger aquello que valoramos”.

“Los libros nos han legado algunas ocurrencias de nuestros antepasados que no han envejecido del todo mal: la igualdad de los seres humanos, la posibilidad de elegir a nuestros dirigentes, la intuición de que tal vez los niños estén mejor en la escuela que trabajando, la voluntad de usar —y mermar— el erario público para cuidar a los enfermos, los ancianos y los débiles. Todos estos inventos fueron hallazgos de los antiguos, esos que llamamos clásicos, y llegaron hasta nosotros por un camino incierto. Sin los libros, las mejores cosas de nuestro mundo se habrían esfumado en el olvido”.

“Somos los únicos animales que fabulan, que ahuyentan la oscuridad con cuentos, que gracias a los relatos aprenden a convivir con el caos, que avivan los rescoldos de las hogueras con el aire de sus palabras, que recorren largas distancias para llevar sus historias a los extraños. Y cuando compartimos los mismos relatos, dejamos de ser extraños”.

 

¿Alguna pregunta?

12 domingo Sep 2021

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in APRENDER A ESCRIBIR, Comentarios, OFICIO DOCENTE

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Etiquetas

¿Alguna pregunta?, Comentario de libros, Crear historias, Libros-álbum, Marie-Louise Gay, Proceso creativo, Recomendaciones de libros, uso de la pregunta

Dada la calidad y las potencialidades didácticas del libro álbum ¿Alguna pregunta? de la canadiense Marie-Louise Gay, voy a pasar revista a algunos de sus elementos principales y, enseguida, haré unos comentarios adicionales derivados de esta excelente obra publicada por Santillana en 2017.

El punto de partida del libro álbum son las preguntas que hacen los niños sobre cómo nace un libro y cómo se cuenta una historia. La autora se involucra en el relato retomando inquietudes de los pequeños escuchadas en sus encuentros en escuelas y bibliotecas. Las preguntas sobre el proceso de composición son amplias y variadas: desde las relacionadas con la historia ¿de dónde sacas las ideas?, ¿dónde empieza una historia…?, hasta aquellas inherentes a la ilustración: ¿cómo aprendiste a dibujar?, ¿dibujas con lápiz…? O preguntas de tipo personal: ¿tienes un hámster?, ¿escribes todo el día de la noche a la mañana? Este ya es un primer acierto de la obra: a la par que se hacen preguntas, en el mismo libro se ofrecen variedad de respuestas, pero ambientadas en la lógica del relato o de la historia que se cuenta.

De todas esas preguntas la autora opta por una, una buena: ¿dónde comienza una historia? La respuesta tanto en el escrito como en lo visual Marie-Louise Gay muestra una de esas páginas; es decir, convierte el libro álbum en un registro de sus propias respuestas. Y si bien algunos no ven nada al comienzo en esa página en blanco, otros sí.

Lo que sigue es un juego con las posibles variantes o las alternativas para poblar esa hoja en blanco. La página en blanco puede convertirse en una tormenta de nieve, o tornarse en una hoja amarillenta o en un papel azul como el mar o adquirir tonos grises liláceos, verdes selva o negros como la noche… Esa es una primera opción: pintar la página en blanco de una tonalidad que dé pie al inicio de un cuento.

Pero no solamente podemos acudir al color para llenar esa página en blanco. Las historias también pueden comenzar con palabras o ideas que se nos vengan a la cabeza. Algunas de esas ideas se “capturan” y se ponen por escrito para que “despacio, muy despacio”, surja la historia. Otras se desechan y, unas más, como recomienda la autora, se “guardan cuidadosamente en un cajón para usarlas en el futuro”.

Con ese inicio de palabras lo que continúa es la “aparición” de pequeños dibujos que empiezan a rodearlas. De igual modo brotan “manchas de color” que salpican silenciosamente la página y “se convierten en formas, personajes e ideas”. La historia comienza a desarrollarse. Marie-Louise Gay apela a dibujos secundarios que enriquecen o generan diálogos con el texto central del libro álbum.Pero a veces la historia se estanca porque no se sabe cómo continuar o porque hay que buscar otras ideas o formularse nuevas preguntas. La autora reconoce que, en ocasiones, no se le ocurre ninguna idea o que piensa ideas descabelladas que no hilan bien con la idea inicial. Entonces, hay que usar la imaginación para explorar o probar nuevas ideas.Sin embargo, eso de buscar alternativas no siempre funciona, pues no se encuentran las ideas adecuadas. La salida es, según la autora, empezar a dibujar estrellas y espirales. Dibujar, pintar, cortar, pegar; es decir, dejar vagar la mente.  Como se ve, más que un logro mágico o producto de genios excepcionales la creación es un trabajo artesanal.Y de tanto sacudir y voltear las ideas al revés, de repente se encuentra la solución… Es ahí donde en verdad comienza la historia. Esa historia se boceta o va distribuyéndose en viñetas. Avanza poco a poco en un proceso de exploraciones, borradores y alternativas surgidas de nuestra prolífica imaginación. El texto convoca a la imagen y ésta lo incita por terrenos insospechados.Un logro más de este libro álbum es el de involucrar al lector en el proceso creativo. Después de cuatro páginas de relatar una historia, Marie-Louise Gay hace un alto para invitar al lector a imaginar qué sigue. La autora le cede el turno al lector y le muestra un ejemplo de cómo puede colaborar con el cuento, mostrándole que están permitidas las enmiendas o tachaduras. De nuevo las alternativas se multiplican y las posibilidades desfilan página tras página. La autora retoma una de las alternativas propuestas por sus pequeños colaboradores y la teje con la historia que traía. El resultado es una invitación a que los lectores se maravillen con el resultado. Valga resaltar otro logro de este libro álbum: el incorporar diferentes historias que se van anudando en un juego narrativo y lúdico. No sobra repetirlo: contar es anudar y anudar historias.

Y si bien la historia llega a su fin, la autora deja un intersticio para que aflore la creación de un nuevo cuento. Es como si les dijera a los lectores que ahora es su turno. Después de enseñarles cómo se construye una historia, de llevarlos por el paso a paso de la composición de un cuento, Marie-Louise Gay invita a los niños y niñas a que escriban y dibujen su propia historia. Todo final da pie para otro inicio.Por todas estas razones es que me ha parecido clave exaltar este libro álbum de Marie-Louise Gay. Porque el contar historias, el saber y enseñar a contarlas, hace parte de una competencia narrativa que supera los límites de la clase de español o las aspiraciones de un profesor de literatura. Competencia narrativa hay cuando relatamos nuestra propia vida o la de otros, competencia narrativa existe cuando aprendemos a convertir hechos en acontecimientos y competencia narrativa utilizamos cuando refiguramos los sucesos vida cotidiana. Desarrollar la competencia narrativa, por lo mismo, es una manera de apropiar el pasado y, de igual modo, un medio para avizorar el porvenir.

Valga citar acá a Kieran Egan, quien en su libro La comprensión de la realidad en la educación infantil y primaria ha señalado el valor de la narración tanto para el diseño curricular como para asignaturas específicas. Egan nos anima a “considerar las lecciones o unidades curriculares como buenas historias para ser contadas más que como objetivos para ser conseguidos”. Y lo más importante, según Egan, es que “las narraciones no solo organizan hechos, ideas, personas, reales o imaginarias, sino que modelan nuestras respuestas afectivas”. 

Contar historias es algo que los maestros deberíamos tomarnos más en serio, y no confiar en que el súbito ingenio o la etérea inspiración lleve a nuestros estudiantes a aprender a componerlas… Para evidenciar lo que digo, quisiera retomar algunos de los aspectos que he resaltado al inicio de esta exposición, a propósito del libro álbum ¿Alguna pregunta? Entonces, voy a sacar en claro ciertos puntos que pueden enriquecer el trabajo didáctico sobre la competencia narrativa en varias áreas o disciplinas de nuestras instituciones educativas.

Primero: que las preguntas de nuestros estudiantes pueden ser un buen detonante para elaborar o crear una historia; que su curiosidad se manifiesta en esas preguntas y, por ello, no podemos ignorarlas o considerarlas banales. No sobra recordar que, en su origen, preguntar significaba propiamente “tantear, sondear, buscar en el fondo del mar o río” (derivado del latín CONTUS, y éste del griego, KONTÓS: “Pértiga con la que el barquero impulsa la barca”; “remo”, “pica”, “lanza”). Es más, que muchas de esas preguntas tocan o interpelan nuestra propia vida y que, por eso mismo, deberíamos no solo volver el conocimiento una información, sino un contenido filtrado por nuestros afectos, nuestras experiencias, nuestro mundo vivencial.

Aquí vale la pena retomar y subrayar una idea de John Dewey sobre la esencial tarea del maestro en el uso didáctico de la pregunta: “Preguntar es el arte de guiar al estudiante hacia las ideas claras y vivas; de incitarle su imaginación, estimularle el pensamiento y darle alientos para la acción. El maestro que sabe preguntar sabe también guiar el aprendizaje”. O apropiar las reflexiones de Walter Bateman, cuando recomienda el uso de la pregunta para enseñar a investigar a los estudiantes, en su obra Alumnos curiosos. Preguntas para aprender y preguntas para enseñar: “Los docentes expertos y competentes pueden darse cuenta de que al comenzar una clase con una pregunta general o un problema, prepararán a los alumnos para la discusión y para pensar, en lugar de hacerlo únicamente para tomar apuntes o soñar despiertos”.

Segundo: y esto sí que es importante cuando lanzamos una tarea o proponemos una actividad creativa: que hay que aprender primero a observar, a contemplar, a exacerbar los sentidos, antes de hacer o realizar una actividad. Me gusta sintetizar dicho planteamiento con esta idea: hay que lograr que nuestros estudiantes pasen del ver al mirar. Este principio sirve para sociales, artes, español, ciencias…, para varias disciplinas.

Tercero: resalto el apartado del libro álbum en el que la autora afirma: “una historia siempre comienza en una página en blanco”. Esto es vital para los procesos creativos porque les quita a los estudiantes el miedo a inventar, el miedo a lo inédito, el miedo a lo desconocido. Pienso en la hoja en blanco y en todas las estrategias didácticas para romper su hechizo: a) empezar a emborronar la hoja en blanco de cualquier manera, a ver si de pronto hallamos una idea que nos parezca sugerente o con posibilidades, b) usar dibujos o grafismos que convoquen o inciten las palabras, c) escribir una o dos línea y dejarlas por un tiempo para luego volver a ellas, d) hacer listas de palabras, e) diagramar un mapa de ideas, f) escribir y botar la hoja, una y otra vez, hasta que uno de esos intentos nos convenza y nos lleve a escribir (invito a los lectores a revisar mi libro Escritores en su tinta, en el que encontrarán una ampliación de estos recursos para enfrentar la página en blanco).

Cuarto: que crear una historia, componer un relato, elaborar un cuadro, diseñar una diapositiva en power point, elaborar un cartel, no es una labor de una sola vía, sino un juego con las posibilidades, con las alternativas; un abanico poderoso de variaciones que puede proveer nuestra imaginación. A veces es variando el color, o la textura o el tamaño de la letra, o cambiando de posición los elementos, o poniendo en otro orden las partes, o introduciendo un aspecto fantástico o modificando la perspectiva de contar un acontecimiento. La palabra variación es otra de las claves que deberíamos convertir en ejercicio recurrente en nuestro trabajo docente: variación en la forma de presentar los contenidos, variación en el modo de evaluar, variación en el tipo de presentación de las tareas, variación en los tiempos de enseñanza… Hacer variaciones es un modo de potenciar la creatividad, el ingenio y la innovación en la escuela…

Quinto: es el valor que le otorga la autora a algunas palabras como germen de una historia. En otros escritos he hablado de que las palabras están impregnadas de nuestros contextos, de nuestras cicatrices, de nuestra experiencia vital. Tendríamos que lograr una mayor inclusión de las palabras de nuestros estudiantes; reconocerlas, darle densidad, hacerlas que circulen en los productos que pedimos en clase. Las propuestas de escuela nueva y otras tantas de Paulo Freire siguen teniendo vigencia. Pienso ahora en el recurso de los diccionarios autobiográficos o en los tesauros sobre determinados aspectos personales, familiares o de época como recursos poderosos para la creatividad.

Sexto: este es otro punto que destaco especialmente de la obra que nos ha servido de motivo para estas reflexiones. Se trata del significado positivo que le da Marie-Louise Gay a las etapas de bloqueo, de no saber cómo seguir adelante en el desarrollo de una historia. Precisamente, para no ver este momento como un defecto de la composición, sino como parte constitutiva del proceso creativo. Debemos decirlo fuerte delante de nuestros estudiantes: “a veces en su proceso creativo no sabrán cómo seguir adelante” “estarán varados, atascados… y eso no es un fracaso en el proceso creativo, sino un aspecto que deben aceptar, y comprender”. Y si se quieren sortear esos bloqueos, como la misma autora nos los confiesa, tenemos que dejar libre la imaginación, o hacer otra cosa, o cortar o pegar, o ponernos a hacer garabatos a ver si de pronto, “sacudiendo las ideas, volteándolas al revés”, volvemos a encontrar el hilo perdido de la historia.

Séptimo: señalar que los procesos creativos requieren muchas veces el apoyo de otros. La autora nos muestra un ejemplo de lo que es crear colaborativamente. Propone una historia, pero, de repente, la deja en vilo para que el lector la continúe, así como en Cuentos para jugar de Gianni Rodari (en esta obra se ofrecen varios finales a una misma historia y se deja abierta la posibilidad para que el lector proponga otro final). Resulta llamativa y retadora la propuesta creativa de Marie-Louise Gay: “aquí va mi historia…. ¡ahora es tu turno!” Lo que subrayo acá es que la creación de historias no se agota en demandarlas a los estudiantes; también es posible construirlas con ellos; o abrir nosotros el camino de la historia, pero dejando que las voces o las ideas de los muchachos y muchachas enriquezcan nuestro relato inicial. Elogio la apuesta por la cocreación, por el trabajo colaborativo en una composición, por la riqueza imaginativa del trabajo en equipo.

Añadiría que las historias, y los profesores de sociales en particular lo saben, son dinámicas, se transforman, cambian, sufren mutaciones y amplificaciones cuando circulan en nuestra sociedad. No somos espectadores de la historia, entes pasivos, sino protagonistas de la misma.

Octavo: resalto de igual modo, tanto en la obra como en los procesos creativos, la simbiosis poderosa que hay entre palabra y dibujo, entre imagen y texto. Sabemos que el dibujo tiene su origen en la línea, así como la pintura en la mancha; y sabemos también que hay una sintaxis de la imagen (punto, línea, escala, textura, color…) mediante la cual se elaboran infinidad de piezas gráficas. Al tener esos dos lenguajes en movimiento se producen interconexiones, filiaciones insospechadas, amalgamas de gran fuerza creativa. A veces el texto convoca a la imagen y, en otras ocasiones, es el dibujo el que amplifica las potencialidades de la palabra. Esta es una de las apuestas fundamentales del libro álbum: poner a dialogar el texto con la imagen. Resulta evidente en el trasegar de nuestra cultura que no solo se cuentan historias con palabras, de igual modo se relatan historias con imágenes, fijas o en movimiento. Veo en esto de la didáctica de la imagen un filón de intervención de los maestros para enriquecer las composiciones creativas de nuestros estudiantes en diferentes áreas.

Noveno: finalmente, elogio en el libro álbum que nos ha servido de detonante, la importancia de atender el proceso de composición en cualquier actividad creativa ya sea en el área de artes, lenguaje, sociales, o ciencias. Los maestros hemos contribuido erróneamente, por nuestro afán o cierta concepción romántica de lo creativo, a favorecer el logro por genialidad o por inspiración inmediata y definitiva.  Hemos dejado a un lado o no hemos insistido lo suficiente en que el proceso de composición tiene etapas como la planificación, la generación y la revisión, que hay puntos de partida, procesos de elaboración, maneras de corregir, que existen formas de autorregulación, que se cuentan con repertorios de técnicas validadas por la tradición de un oficio, que hay diferencias notables entre el modo de proceder de los novatos y los expertos. En últimas, que componer o crear no es un acto mecánico o mágico sino un proceso artesanal que merece conocerse paso a paso, desentrañando sus potencialidades al igual que sus zonas de dificultad. Todo eso podemos apreciarlo en una obra como ¿Alguna Pregunta? de Marie-Louise Gay.

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