Desideria, muy aficionada a la moda, buscó en internet el último diseño de caparazón. Encontró uno de nácar que le pareció mucho mejor que el material que la naturaleza le había provisto. Averiguó dónde lo podía adquirir y, con rapidez, salió al centro comercial más cercano.
De vuelta a casa, con gran dificultad logró deshacerse de su antigua protección y poco a poco atornilló el nuevo caparazón, brillante y muy llamativo. La tortuga estuvo vanidosa de su adquisición, hasta que vio en la televisión el anuncio de una caparazón de aluminio que “era a prueba de todo”. Lo que inició con alegría se convirtió en decepción. Desideria advirtió que su coraza ya no respondía a sus expectativas. ¡Tenía que adquirir como fuera esa nueva prótesis de maravillosa defensa! Buscó en su mesa de noche la tarjeta de crédito y fue presurosa a donde vendían aquella maravilla.
Cuando retornó y desempacó su compra, se quedó deslumbrada por el resplandor del artefacto. Luego empezó a quitarse la antigua caparazón, no sin alguna molestia. Los tornillos ya estaban corroídos por el agua; pero, poco a poco, logró cambiar su indumentaria por este otro ropaje más esplendoroso. Esto sí era lo último y, a medida que desfilaba ante un largo espejo, Desideria notó que por fin había encontrado lo que en verdad necesitaba. Pero esa certeza le duró poco: una amiga muy viajada le dijo que lo que estaba en furor en los países orientales era el titanio, que sólo los más ricos y la realeza, según contaban, podían usarlo. La tortuga se sintió desanimada. En su corazón albergó el sueño de viajar a esos territorios y adquirir, si era posible, una de esas caparazones para personas poderosas o con mucho dinero. A eso se dedicó muchos años de su vida. Ahorró con ese propósito y, al final, hizo un préstamo diferido a muchos años.
Recién llegó al Japón, en búsqueda del caparazón de titanio, varios comerciantes le dijeron que debía esperar unos meses hasta que saliera al mercado la última versión. La tortuga esperó ese tiempo. Al fin pudo ver lo que hasta ese momento era un sueño de su imaginación. ¡Ahí estaba, relumbrante, el caparazón! Volvió a pagar con su tarjeta de crédito y regresó con su preciado tesoro en las bodegas del avión. Ya en su casa empezó a desempacar con entusiasmo y ansiedad aquella compra venida de tan lejos. Quitados todos los plásticos quedó al descubierto esa plateada figura. ¡Era perfecta! A pesar de seguir las instrucciones para ponérsela, el peso de la coraza no le permitió acomodarla a su cuerpo. Muy cansada del viaje, dejó esa tarea para el otro día. Pero, por más que luchaba para meterse dentro de aquel vestido, no logró que le quedara ajustado a su cuerpo. Se valió de las manos de una amiga para ese fin, pero fue inútil. Buscó a expertos que le ayudaran a ponerse esa prenda, pero con resultados semejantes: algo no engarzaba, una pieza no encontraba su pareja, o lo que parecía ya quedar justo, pasados unos segundos se convertía en una incomodidad intolerable.
Dicen que en ese rito Desideria empleó los últimos cincuenta años, de los cien que vivió.

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dpaolaparrag dijo:
Apreciado Fernando:En la fábula de Desideria, la fanática de la moda, vemos que nunca está conforme con nada a pesar de mirarse tanto en el espejo, nunca logro disfrutar de sus caparazones, por estar siempre en la búsqueda de uno más hermoso, desperdiciando la mitad de su vida.
En muchas ocasiones, no disfrutamos nuestra vida al máximo debido a que nos enfocamos en cosas superficiales, perdiéndonos en las vanidades y el consumismo que nos aleja gradualmente de lo que nos hace únicos y genuinos, aquello que llamamos naturaleza.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Paola, gracias por tu comentario. Subrayo lo que dices. «el consumismo nos aleja gradualmente de lo que nos hace únicos y genuinos». La fábula sigue siendo un poderoso recurso para autoexaminarnos.
Yeny Vigoya dijo:
Estimado Fernando.
En conclusión, la historia de la tortuga nos enseña valiosas lecciones sobre la importancia de la autoaceptación, la perseverancia y la búsqueda de aquello que realmente nos hace feliz.
A veces, lo que parece ser perfecto a simple vista, no siempre es lo que realmente necesitamos para sentirnos plenos y felices. Por eso, es importante estar abiertos a explorar nuevas posibilidades, aceptar nuestras cosas negativas y críticas,valorar aquello que nos hace auténticos y felices en nuestra vida.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Yeny, gracias por tu comentario. Me sumo a lo que afirmas: «a veces, lo que parece perfecto a simple vista, no siempre es lo que realmente necesitamos para sentirnos plenos y felices». La fábula es un medio ideal para propiciar la autocrítica.
Luis Carlos Villamil Jiménez dijo:
Apreciado Fernando:
La historia de Desideria constituye una lección para los compradores compulsivos y los dependientes de las modas o tendencias. Por esta época, debe haber algunas desiderias arrepentidas. A propósito, muy bien escogido el nombre de la tortuga.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Estimado Luis Carlos, gracias por tu comentario.