Son variados los textos académicos que en los espacios educativos solicitan los maestros a sus estudiantes. Los hay cortos o de larga extensión, con medianos o altos requisitos formales, pero siempre asociados a ejercicios de escritura sobre la comprensión de un texto disciplinar, o usados como práctica de lectura frecuente y cotidiana en diferentes áreas del conocimiento para aprender los pormenores de un campo del saber. De igual modo, son prueba de suficiencia y comprobación del dominio en un área, evidencias de las etapas de un proceso investigativo, o requisitos de grado para acceder a un título universitario. En definitiva: los textos académicos forman parte de la dinámica habitual de la enseñanza y el aprendizaje.
No obstante, a veces los aprendices tienden a no diferenciar este tipo de textos de otros que circulan en la vida social o se olvidan de sus particularidades. Tal inadvertencia lleva a que se los enfrente de cualquier manera, sin las herramientas cognitivas y materiales requeridos, y, además, se pierda o minimice la importancia que tienen para un proceso formativo. Así que vale la pena delinear un grupo de características de los textos académicos con el fin de que, antes de entrar en relación con ellos, se comprenda bien su pertinencia, uso y modo de leerlos o escribirlos.
- Presentan información compleja o, por lo menos, diferente al discurso del habla común. Son textos que incluyen diversas capas de información, que involucran una manera de argumentar muy diferente a la que apreciamos en una página de periódico, en el papeleo administrativo o en las transacciones comerciales. Su complejidad entraña cierto nivel de dificultad comprensiva.
- Exigen una atención mayor para entenderlos que la usada para los textos de circulación cotidiana. Los textos académicos, por su misma complejidad, necesitan para su lectura concentración, interés manifiesto y una intencionada vigilancia a los pormenores de su contenido. Sin la atención debida, el lector fácilmente cae en la indiferencia o la incomprensión.
- Tienen unas marcas especiales en su tipografía, a veces usan subtítulos y muestran una jerarquía en el diseño de la información. Estos textos presentan en su aspecto formal distinciones en el tamaño y estilo de letra, usan subtítulos u otras marcas para dividir la información, con el propósito de darle una estructura organizada al contenido y hacerla más comprensible al lector.
- Suponen para su comprensión disponer a la mano de otras fuentes de referencia. Por su misma complejidad, porque incluyen un lenguaje depurado o relacionan autores especializados en un campo, los textos académicos invitan a que el lector tenga a la mano otras fuentes de consulta para aclararlos o ahondar en su mensaje. Los diccionarios especializados son imprescindibles.
- Ofrecen conocimientos o informaciones no tan comunes o en gran parte desconocidas. Los textos académicos exploran en conocimientos diferentes a los que circulan en la vida cotidiana de las personas o, por lo menos, muestran otros aspectos de asuntos o problemas habituales. Parte de su riqueza es que nos ponen en contacto con temas, preguntas o cuestiones a las que muy difícilmente accederíamos o investigaríamos por nuestra cuenta.
- Tienen una estructura particular y un modo de presentar u organizar el discurso. La organización formal de estos textos se estructura a partir de determinados formatos o responden a las características de una tipología textual específica. Conocer y acatar ciertos modelos o patrones de construcción y presentación hace parte de su identidad académica.
- Incluyen muchas veces un buen número de citas y notas a pie de página. En estos textos lo común es que aparezcan abundantes referencias a otros autores o que se agregue información adicional de lo que se esté tratando. Tal manera de presentar la información no solo apunta a mostrar un respaldo de autoridad dentro de una disciplina, sino a señalar responsablemente que hay una tradición acumulada en cualquier campo del saber.
- Se centran en el desarrollo de un tema o en la suma de argumentos para soportar una tesis. Por lo general, los textos académicos buscan explicar un tema de la manera más clara, ordenada y precisa o se enfocan en presentar una tesis avalada con argumentos fundamentados y consistentes. Su propósito vertebral es adentrarnos en una materia u ofrecernos elementos para analizar un asunto que, al mismo tiempo, ofrezcan razones de peso para saber argumentarlo.
- Exigen la relectura de sus apartados para entender cómo se relacionan las partes con el conjunto. Por presentar información compleja y mantener una exposición o argumentación durante una extensión considerable, los textos académicos demandan la práctica de la relectura. Estos textos nos imponen avanzar y retroceder constantemente para saber articular los fragmentos con la totalidad. Descubrir el andamiaje de su estructura es esencial para alcanzar su comprensión.
- Obligan a que el pensamiento del lector haga constantemente análisis, inferencias, relaciones congruentes. Los textos académicos están confeccionados para que la mente del lector vaya más allá del sentido literal de los términos. Estos textos, además de informarnos, son más para examinarlos en profundidad, para cotejar sus afirmaciones y descubrir semejanzas y diferencias en su contenido. Los textos académicos convocan las principales operaciones lógicas del pensamiento.
- Requieren más tiempo para entenderlos que otro tipo de textos. Por exponer información compleja o desarrollar argumentaciones de largo aliento, los textos académicos no se captan completamente en una primera lectura, ni pueden abordarse de forma rápida o con un simple vistazo. La disponibilidad de tiempo nos indica que los textos académicos son para estudiarse. Es decir, que es necesario aplicar la inteligencia, memorizar un contenido, esforzar el entendimiento.
- Suponen el empleo de habilidades como el subrayado, la toma de apuntes, el resumen, los esquemas y otros recursos de discriminación de información. Por sus particularidades y su estructura densa los textos académicos presuponen el uso de técnicas de aprendizaje o el manejo de herramientas asociadas al trabajo intelectual. El conocimiento de estas técnicas es una labor previa o paralela durante su lectura.
- Poseen la función implícita de provocar la producción oral o escrita de quien los lee. Los textos académicos son un referente privilegiado para ejercitar la conversación, el debate, el intercambio de opiniones o de juicios. Los textos académicos hacen las veces de punto de encuentro para retomar y hacer avanzar el flujo de las ideas, para asimilar y producir conocimiento, para desarrollar la creatividad y el pensamiento crítico.
- Son usados en ambientes educativos para el aprendizaje de una disciplina o una profesión. Además de mostrar información nueva o satisfacer la curiosidad, los textos académicos tiene una intencionalidad didáctica; es decir, son confeccionados o adecuados para cumplir una mediación formativa, concebida y planeada con unos objetivos determinados y el logro de unas capacidades específicas.
- Están interrelacionados con otros textos y hacen parte del capital cultural de una sociedad. Los textos académicos se relacionan con otros semejantes, tienen vínculos interdisciplinares y forman parte de un acervo valioso de conocimientos; en este sentido, sirven de artefactos culturales para transferir información preciada y útil a las nuevas generaciones.
- Presentan marcas de autoridad que los hacen confiables o dignos de credibilidad. Una buena parte de los textos académicos rubrican o destacan el aporte de personas dedicadas a reflexionar un oficio o profesión, o enaltecen los resultados de quienes se dedican a la investigación. En este sentido, privilegian la confiabilidad en los contenidos al igual que la sustentación en las ideas al escribirlos.
- Poseen una identidad bibliográfica precisa con el fin de ubicarlos, datarlos y referenciarlos. Los textos académicos son celosos del modo como se conserva su procedencia y, al mismo tiempo, de su ubicación en determinados espacios de acopio de información. Los textos académicos se comportan como genuinos documentos y, en esa medida, obligan a cumplir estándares de almacenamiento, acceso y circulación.
- Necesitan de una alfabetización y acompañamiento continuado para entender sus particularidades y el modo de abordarlos. Debido a su complejidad o por la especialización de la que tratan, los textos académicos presuponen una inducción o acompañamiento que ofrezca las claves para desentrañarlos y los métodos más adecuados para interactuar con ellos. En este aprestamiento está la garantía de su eficacia como útiles de aprendizaje y el secreto de su cabal apropiación.
- Obedecen normas de presentación específicas, y usan una redacción cuidadosamente elaborada. Los textos académicos no se conciben de forma espontánea ni se redactan de cualquier manera; buena parte de la dificultad para producirlos reside, precisamente, en atender normas y lineamientos acordados por comunidades académicas o científicas. Quien escribe un texto académico debe usar un lenguaje tamizado, vigilar las reglas mínimas de la gramática y aspirar a un alto grado de comunicabilidad.
- Muestran un estilo de pensamiento riguroso y una argumentación clara y consistente. Por basarse en el análisis y la reflexión continuas, los textos académicos se destacan por el razonamiento deductivo o inductivo y por la exigencia intelectual de mantener a lo largo de su discurso la cohesión y la coherencia entre las ideas. Los textos académicos privilegian la explicación razonada, revestida de abstracciones, que la opinión ligera o la expresión emotiva.
Con estos elementos ya podemos lanzar un cuarteto de conclusiones: la primera, que los textos académicos merecen un lugar importante en los currículos de las instituciones educativas, al igual que una reflexión entre colegas para acordar cuáles son los más pertinentes o los más necesarios para alcanzar un perfil de egreso. Una segunda conclusión es ésta: los textos académicos exigen el desarrollo previo de habilidades lógicas de pensamiento que, si no se conocen y ejercitan en los primeros años de escuela, y se refuerzan en la educación media, difícilmente lograrán madurar en la educación superior. La tercera consecuencia de las características presentadas es que saber escogerlos, dosificarlos, diseñar guías, protocolos u otros recursos de acompañamiento, son funciones de los buenos maestros si, en verdad, les importa que sus estudiantes tengan una relación motivada por el deseo de saber y aprendan cómo sacarle el mejor provecho a este tipo de textos. Y una conclusión final: ser un usuario competente y productor de textos académicos es uno de los indicadores de calidad de un profesional preparado, reflexivo y crítico, como también es un atributo de visibilidad de quienes se dedican a investigar y buscan mediante esta modalidad de textos compartir sus hallazgos y someterlos al escrutinio de sus pares.

Luis Carlos Villamil Jiménez dijo:
Apreciado Fernando: Esta semana durante el Seminario del Centro de Lectura Escritura y Oralidad (CLEO) de la Universidad de La Salle, nos sorprendiste con un admirable seminario sobre el potencial del texto académico y ayer con un escrito o mejor, con una guía novedosa para leer, releer y discutir con los estudiantes y los docentes. Las veinte características notorias de los textos académicos son el fruto de la mirada experimentada, aguda y profunda de un Maestro que reivindica el rol auténtico del texto académico en los diversos espacios curriculares de las instituciones de educación.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Estimado Luis Carlos, gracias por tu comentario.
Andrea Abril dijo:
Buenas tardes, profesor Fernando.
Muchas gracias por compartir su conocimiento con nosotras. El año pasado terminé su libro Vías y sentidos de la lectura y me ha servido mucho para comprender el cambio en las prácticas lectoras a través de la historia, pero sobre todo las apreciaciones que brinda sobre lectura crítica. Saludos.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Andrea, gracias por tu comentario. Me alegra saber que mi texto haya tenido buena cosecha en tus manos.