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Czeslaw Milosz, Jaroslav Seifert, Joseph Brodsky, Octavio Paz, Odiseas Elytis, Pablo Neruda, Saint-John Perse, Seamus Heaney
En el discurso de recepción del premio Nobel, los escritores laureados –en este caso, poetas– leen o hacen una declaración sobre su quehacer literario. Me ha parecido interesante repasar algunos de esos discursos para entresacar las particularidades o ideas vertebrales del ser de la poesía.
Empecemos por Octavio Paz. El mexicano creía que “la poesía está enamorada del instante y quiere revivirlo en un poema: lo aparta de la sucesión y lo convierte en un presente fijo”. Tal convicción lo conducía a intuir que los poetas saben algo muy especial: saben “que el presente es el manantial de las presencias”. Una presencia que se nos escapa siempre, que es como el pájaro que, “cuando queremos asirlo, abre sus alas y se desvanece, vuelto un puñado de sílabas”. De Octavio Paz podemos inferir que, si bien la poesía trabaja con palabras, su materia prima esencial es el tiempo.
Seamus Heaney, el poeta irlandés, insistió en su discurso que la poesía “era capaz de crear un orden tan fiel al impacto de la realidad exterior como tan sensible a las leyes internas del ser del poeta”. Por eso era una especie de “auxilio” para que hubiera “una relación fluida y revitalizante entre el centro de la mente y su circunferencia”. Heaney afirmó que, por esto, la poesía era una certidumbre de humanidad porque lograba “persuadir a esa parte vulnerable de nuestra conciencia de su rectitud; porque nos recordaba que somos cazadores y recolectores de valores”. Heaney le agradece a la poesía por ayudarle a mantener “la fidelidad a la vida”. En este caso, para la tarea que nos hemos propuesto, podemos extraer de Heaney el puente sensible de la poesía para mantener intercomunicados de manera fluida el mundo exterior con el mundo íntimo.
Las ideas de Heaney guardan una relación con las del polaco Czeslaw Milosz, quien en su discurso afirmó que la vocación del poeta consistía en “contemplar la tierra a lo lejos, desde arriba, pero al mismo tiempo ver en ella hasta el más mínimo detalle”. Es decir, que las dos grandes cualidades del poeta eran: “el ansia de ver y el deseo de describir lo que ve” o, para ponerlo en términos del objetivo de la poesía: “es la Tierra vista desde arriba en un presente eterno y la Tierra que perdura en un tiempo recuperado”. Milosz advertía que “ver” no significaba tener algo frente a los ojos, sino también podría significar “tener algo en la memoria” o “reconstruirlo en la imaginación”. Lo que más nos interesa de Milosz es esa doble lente de la poesía tanto para acercarnos a la vida y explicar sus detalles, como su mirada en distancia para comprender su significado.
El gran chileno, Pablo Neruda, dijo que “la poesía era una acción pasajera o solemne en que entraban por parejas medidas la soledad y la solidaridad, el sentimiento y la acción, la intimidad de uno mismo, la intimidad del hombre y la secreta revelación de la naturaleza”. Neruda advertía que el poeta no podía perder la “sencilla conciencia” pues sin ella le sería imposible cumplir los deberes de todo gran poeta: “la fraternidad con la rosa y la simetría, con el exaltado amor y con la nostalgia infinita”. De Neruda retomamos el papel concienciador de la poesía para hacernos hondamente sensibles y solidariamente fraternos.
Jaroslav Seifert, el poeta checo, optó por referirse en su discurso no tanto a la poesía, sino al “estado lírico” que es “un estado de serenidad que no es ni paciente ni impaciente, un estado de tranquila experimentación de esos valores en que el hombre halla los fundamentos más profundos, fundamentales, esenciales de su equilibrio y habilidad para habitar este mundo”. Ese estado lírico posibilita “fluir con el mundo junto con él haciendo la unidad y la identificación”. Seifert insistió en que el estado lírico permite “escuchar afortunadamente lo que está a nuestro alrededor y, de esta particular manera, encontrarnos”. De este poeta nos resulta llamativo el papel de la poesía para vincularnos con valores esenciales que equilibran nuestra humanidad.
El ruso Joseph Brodsky afirmó en su discurso que la poesía combinaba tres tipos de cognición: “el analítico, el intuitivo y el de la revelación”. Señaló, además, que el poema era “un coágulo vertical negro sobre la hoja en blanco”, y cerró su intervención diciendo que la escritura de versos era “un acelerador extraordinario de la conciencia” que le posibilitaba al pensamiento “comprender el universo”. Según Brodsky, la poesía no era sólo una acción racional, sino también intuitiva que cambiaba el ritmo de la propia conciencia para, en ese estado de sensación extraordinaria, entrar en contacto directo con el lenguaje. Y así lograr aproximarse o entrever el sentido de la existencia, del mundo y de la vida. De Brodsky recogemos esta proposición: la poesía o la lectura de ella nos intensiva los niveles de conciencia, nos hace sensibles a todas las manifestaciones del cosmos.
Además de las ideas ofrecidas por los poetas ya mencionados, podemos recuperar otros testimonios sobre los pormenores de la poesía. Para no extendernos demasiado, quedémonos con dos de ellos: El del poeta francés Saint-John Perse quien dijo en su discurso que la poesía “debía elevar ante el espíritu un espejo más sensible a sus posibilidades interiores; propiciar una condición más humana, más digna del hombre original”. Y conservemos también lo dicho por el griego Odiseas Elytis; él aseveró que el quehacer poético respondía a una metafísica solar en la que los poetas debían “sostener el sol en las manos sin quemarse y convertirlo en una antorcha que guiara a otros en la oscuridad”.

Carolina Fg dijo:
La poesía como tiempo, sensibilidad, conciencia, memoria, fraternidad… sigue siendo un recurso para la lucidez y para la humanidad
Gracias maestro Fernando por ser, por inspirar, por hacer de estos ejercicios, espacios que enlazan múltiples perspectivas y que evocan diferentes voces
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Carolina, gracias por tu comentario.
dreamily203bcf6151 dijo:
Buena tarde maestro Vásquez, cordial saludo
Considero que, cada poeta a su manera de hacer poesía, aporta una visión importante de la misma; en lo personal, considero que, la poesía es la suma de todo lo que dicen éstos grandes, pero yo, sumaría que la poesía es el «reflejo inequívoco del sentido humano, que, resulta de exprimir al máximo su soledad» D.A. Rosa Quiñones (no siempre producto de tristeza); de allí grandes Obras Maestras.
Ant.
Rosa A. Quiñones P.
Estudiante Universidad del Tolima
IDEAD SIBATÉ
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Rosa, gracias por tu comentario.
Germán D. Castro dijo:
Maestro, desde el punto de vista didáctico muy enriquecedor el acercamiento retomando a cada poeta. Pienso en quien se está iniciando a leer poesía. No sé induce de forma usual al nuevo lector por los caminos del hecho poético. Gran tarea en la construcción de lectores. Además este texto es un bello homenaje a Gonzalo Márquez Cristo y a Amparo Osorio en esa titánica labor de mantener por muchos años la editorial los Conjurados y el periódico virtual Confabulación.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Estimado Germán, gracias por tu comentario.
Penelope dijo:
La lectura de los poetas hablando sobre su propio oficio me evoca la imagen de la uroboros, la mitica serpiente devorando su propia cola: las palabras tratando de explicar el proceso de nombrar y fijar con palabras la inasibilidad del mundo del afuera y el adentro.
Son muchos los elementos que invitan a la reflexión tras la lectura de este escrito, pero quiero compartir apenas unos pocos: La poesia como un puente que comunica el mundo del afuera con el del adentro, pero no sólo para nombrar y traducir la esfera de la conciencia del poeta, sino como una forma de auxiliarlo, de salvarlo del agobio del fluir tempestuoso de emociones y percepciones de esas dimensiones trascendentales que sólo él percibe y que, de no ser nombradas, fijadas en el presente de las palabras, podrían consumir el alma del poeta.
La poesía como el testimonio y producto final de una mirada del afuera, de la lejanía, desde arriba y también desde el adentro para acercar la realidad, como una lente de cámara, aumentando los detalles para hacerlos visibles al ojo del observador ordinario, tratando de aumentar su comprensión.
Qué refrescante la noción del “estado lirico” como un estado necesario para apaciguar las convulsiones del espíritu poético, como una serenidad indispensable para fluir con el mundo, escuchar el afuera y encontrarnos en el adentro y, en últimas, para lograr la unidad y la integración de nuestro ser interior.
Y qué majestuosa la descripción de la poesia como un “acelerador extraordinario de la conciencia” “para comprender el universo”. Similar a ese estado trascendente que tanto persiguen los buscadores espirituales en su afán por encontrar el sentido de la vida y la existencia.
Pero la aseveración del griego Odiseas Elytus nos regresa de nuevo a la tensión en que se encuentra el poeta cuando la realidad trascendente le asalta y la necesidad de capturarla le obsesiona. Se necesita entonces mas que una serenidad contemplativa para poder sostener el sol con las manos sin quemarse y convertirlo luego en antorcha que saque a los otros de la oscuridad.
Gracias a nuestro querido poeta de cabecera por esta maravillosa y diafana lectura y análisis de textos y por hacer accesibles aproximaciones tan complejas como lo son los laureados poetas. Un delicioso acompañamiento para el pausado café dominguero.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Apreciada Penélope, gracias por tu comentario. Tus derivaciones y reflexiones hacen que ni texto encuentre potentes significados.
Luis Carlos Villamil J dijo:
Apreciado Fernando: Hoy retomas la poesía, en especial la de los poetas distinguidos con el Nobel, y nos presentas sus saberes. Ellos, enamorados del instante, traducen en palabras los sentires que eternizan el presente.
Octavio Paz nos ofrece ese bello manojo de sílabas que fija el tiempo y, a la vez, contrasta la realidad exterior con el interior de la conciencia, como lo señaló Heaney. Milosz contempla la tierra desde arriba, pero, cual águila, observa también los mínimos detalles. Neruda, en cambio, se erige como el poeta de la rosa, del amor y de la nostalgia. Cada uno de ellos nos revela valores esenciales: aquellos que equilibran la humanidad mediante el análisis, la intuición y la revelación, permitiéndonos comprender el universo. La poesía, así, dignifica la humanidad y nos guía en la oscuridad. En los momentos críticos, la voz de los poetas se vuelve imprescindible: Paz en plena Guerra Fría, Neruda en el contexto de las luchas sociales latinoamericanas, Heaney en la Irlanda marcada por conflictos. Nos recuerdan que la poesía es conciencia, fraternidad, visión, revelación y luz.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Estimado Luis Carlos, gracias por tu enriquecedor comentario.