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Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Archivos de etiqueta: Literatura potencial

«Ars combinatoria» con ocho palabras

08 sábado Jun 2024

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in APRENDER A ESCRIBIR, Pasatiempos

≈ 2 comentarios

Etiquetas

Ejercicios de escritura, Escritura creativa, Literatura potencial

Ilustración del mexicano Rogelio Naranjo.

Uno de los ejercicios más prolíficos para fomentar la creatividad lingüística es el “Ars combinatoria” o combinatoria de palabras. La actividad consiste en redactar diferentes textos (no demasiado extensos) con un número limitado de palabras, que sean coherentes, comunicativos e interesantes para un lector. Por supuesto, los términos dados no podrán usarse sino una vez en cada producto elaborado y sin cambiar su género, número o tiempo verbal. Sobra decir que, de acuerdo a la organización de cada texto, se permite el uso de algunos artículos, pronombres, preposiciones o verbos, al igual que los recursos de los signos de puntuación. Para que el ejercicio alcance los mejores resultados se necesita al menos elaborar cinco variables diferentes.

Con el fin de mostrar las minucias de esta “Ars combinatoria” voy a ir presentando paso a paso ejemplos de mi propia producción.

Las palabras definidas previamente son las siguientes: HIJO, CANOA, NOCHE, CORAZÓN, PADRE, LUNA, ISLA, PALMERAS.

Lo primero que puede hacerse (y esa es la alternativa que yo elijo) es usar fichas o recortes de cartulina en las que se escriben las palabras predefinidas, de tal manera que se asemejen a cartas de naipes. Después se barajan esas fichas de manera azarosa, rellenando los espacios con palabras que les otorguen sentido. Así que, si en la primera tanda de términos queda el siguiente orden: padre + palmeras + noche + hijo + canoa + corazón + isla + luna, podría improvisarse una secuencia discursiva de este tenor:

1

Un padre, al lado de unas palmeras, estaba preocupado porque ya empezaba la noche y su hijo no llegaba con la canoa. Su corazón rogaba para que volviera pronto a la isla guiado por la luz de la luna.

Esas mismas cartas, mezcladas de otra manera, pueden llevar a diversas organizaciones que, como en el caso anterior, incitan a la imaginación para tejer alternativas plasmadas en un texto coherente. El resultado obtenido, entonces, se asemejaría a esta configuración:

2

En la noche, cuando hay luna llena, dicen que un hijo necesita más de su padre. Porque al no verlo, su corazón se convierte en una isla sin palmeras, en una canoa a la deriva.

Por supuesto, lo vertebral en cualesquiera de las combinaciones es hallar una lógica que imante los términos sueltos o buscar puntos de unión entre las diferentes palabras. Para alcanzar resultados medianamente rápidos, lo mejor es moverse redactando textos no tan largos y, lo más importante, persistir en espolear a nuestra mente para que encuentre variantes al conjugar esos ocho términos propuestos. 

3

El hijo estaba perdido en una isla, vagando en la playa entre las palmeras. El padre lo encontró gracias a que en la noche la luna convierte todo corazón angustiado en una canoa.

Si se mantiene en alto por un tiempo considerable este reto combinatorio empiezan a aflorar otras posibilidades. Las palabras dejarán de ser utilizadas únicamente en su significado más denotado y comenzarán a mostrar su potencial connotativo. También aflorarán recursos como el de incorporar las voces de los posibles “personajes” incluidos en el listado de palabras o usar la antropomorfización para darle vida a los objetos inanimados. Sirvan de ilustración las alternativas siguientes:

4

“La luna tiene un corazón que parece una canoa”, eso le dice el padre al hijo mientras cae la noche y observan a lo lejos la sombra de una isla y sus palmeras.

5

En la vieja India un padre le dice a su hijo: “la luna es una canoa que subió a los cielos porque perdió su corazón. Y por eso lo busca cada noche en cada isla”.

6

En la playa de una isla volcánica una joven canoa les comentaba a las palmeras que andaba en busca de su padre. Ellas le contestaron que un hijo a la deriva más que indagar por su progenitor debía encontrar a su madre: “si escuchas con cuidado el palpitar duro de tu corazón y miras hacia arriba en la noche, tal vez tus respuestas las encuentres en la redonda luna”.

7

Como es bien sabido, el corazón de las palmeras es mágico. Por eso algunos nativos de la isla Kiriwina van de noche a hacerle unas pequeñas incisiones en el tronco para sacar una sustancia lechosa que guardan como algo preciado. Luego, en tiempo de luna llena, llevan a cabo el siguiente ritual: cerca a la playa, cada padre sube a su hijo joven sobre una canoa y comienza a embadurnarle todo el cuerpo con ese líquido. De esta manera lo prepara para que pueda engendrar la vida.

En esta exploración creativa es bueno evaluar la “reserva de lecturas literarias” que cada uno tenga o, si está en un espacio educativo, disponer momentos de estudio con los aprendices para leer obras literarias en detalle –analizando sus maneras particulares de composición– con el fin de tomarlas como ejemplo para emularlas en las propias producciones. Así se logrará descubrir, entre otras cosas, que se pueden incluir cortos diálogos entre las entidades que sirven de referencia o articularlas todas siguiendo la estructura teatral. Los referentes de la expresión literaria ofrecen a la imaginación otras vías novedosas de construcción textual e invitan a asumir las formas discursivas del mundo de la ficción.  Pongo como evidencia estos otros textos:

8

—Si tu corazón persiste en ser una isla —le decía el padre a su hijo—, nunca entenderás cómo la luna, en la noche, se transforma en una brillante canoa para enamorar a las esquivas palmeras.

9

—¿Por qué uno persigue al ser que ama? —le preguntó un joven hijo enamorado a su padre.

El viejo, que había estado por años náufrago en una isla, le respondió:

—Porque el corazón de la canoa, como está hecho de palmeras, no le queda otro destino que erguirse en la noche para alcanzar la luna.

10

—Hijo, guarda la canoa, ya es de noche.

—Padre, pero no hemos ido a la isla.

—Cuando haya luna.

—¿Y si mañana no podemos ver las palmeras?

—Las llevarás en tu corazón.

No cabe duda de que los recursos narrativos producen buena cosecha al elaborar las variantes textuales. Las ocho palabras, iluminadas por las formas o los recursos de la ficción, sufren variaciones sorprendentes. A veces, resulta útil darle a la combinatoria semántica la forma de un cuento; y, en otras ocasiones, es provechoso concebir microhistorias sobre algún aspecto de la compleja condición humana que lleven al lector a reflexionar o sorprenderse. En este caso es fundamental pensar bien la organización de la trama, es decir, la manera como se entrelazan los diversos elementos de la historia. Las variantes que vienen a continuación son una evidencia de lo dicho:

11

En una noche con luna el pequeño hijo le dijo al padre que quería ir a la isla con palmeras:

—¡Yo sé que tu corazón puede transformarse en una canoa!

El hombre conmovido lo levantó y lo puso sobre sus hombros.

—Ahora mueve tus brazos como estuvieras nadando— le indicó con ternura.

12

Un pescador devoto de la luna le pedía al astro que, cuando naciera su hijo, le pusiera en el pecho un corazón de luz.

—Para poderlo ver de noche en el mar, si se extravía.

Pero la súplica pareció no tener respuesta. Sin embargo, pasados los años, cuando el hombre salía a navegar en la oscuridad buscando peces cerca a la isla de abundantes palmeras, un niño observaba cómo, a pesar de la gran distancia, la canoa de su padre seguía brillando con fulgurante intensidad.

13

El encorvado padre, agobiado por la edad y la pena, visitó a la quiromántica del pueblo.

—Aquí veo una canoa —dijo la mujer, observando la mano del anciano.

—Debe ser mi hijo que regresa.

—Miro también una isla y unas palmeras.

—Es allí donde estaba cautivo durante mucho tiempo por una hechicera.

—Noto acá las ramas de un árbol añoso.

—Ese es mi corazón.

—Vaya tranquilo, parece que los vientos son favorables.

El hombre, apoyándose en su bastón, salió a la calle. Estaba feliz. La noche parecía menos oscura por la luz rutilante de la luna.

14

La profesora mandaba a dibujar un paisaje marino.

—Pueden incluir una isla, unas palmeras y, por supuesto, una canoa.

Los niños obedecieron con prontitud.

—¿De día o de noche? —preguntó el más pequeño del grupo.

—Como tú quieras, corazón.

—¿Puedo pintarle una luna? —interrumpió una niña pecosa.

—Seguro que te quedará muy bonito.

Después de pasar por los pupitres observando lo que hacían sus estudiantes, la maestra seguía dando otras indicaciones:

—Agreguen unas personas, para que no parezca deshabitado el lugar. Y otras que vayan en la embarcación.

—¡Yo voy a poner a un padre con su hijo! —exclamó un chiquitín de ojos vivaces.

—Eso está muy bien —repuso la mujer.

Terminado el ejercicio, la profesora los revisó, uno a uno, y luego les dijo a sus alumnos:

—Ustedes son unos artistas. Vamos con estas obras a realizar una galería maravillosa.

—Sí —gritaron todos, aplaudiendo con sus pequeñas manos untadas de colores.

15

Según relató uno de los testigos, aunque ya era un rumor sabido en toda la isla, el hijo había asesinado a su padre la noche anterior.

—Estaban tomándose unos tragos en el bar “Las Palmeras” y, de un momento a otro, empezaron a discutir acaloradamente. Después de eso, salieron a la calle a pelear y el joven sacó un cuchillo y le dio una puñalada.

El inspector Luna, se mantenía atento a la confesión del pescador.

—¿Sabe usted el motivo?

—Según entiendo fue por la herencia de la canoa del viejo. En lugar de dejársela al muchacho, el hombre se la regaló a un hermano.

—¿Conoce usted al joven?

—Un poco. Pero parece que no tiene corazón.

El investigador dejó de interrogar al hombre y lo acompañó hasta la salida de la comisaría. Enseguida se dirigió a la pequeña celda. Lo que vio lo dejó atónito y conmovido: el parricida estaba arrodillado al centro de la pieza moviendo rítmicamente los brazos a lado y lado de su torso, como si empuñara un remo al impulsar un pesado navío.

—¡El sí era mi papá!, ¡el sí era mi papá! —musitaba una y otra vez.

Ahora bien, si se cuenta con algún conocimiento de las formas poéticas, o al menos se desea explorar en el mundo lírico, los mismos ocho términos adquieren nuevo brío creativo y despliegan un horizonte inusitado para elaborar otras mezclas semánticas. Lo importante acá no es tanto la perfección métrica del texto resultante, sino lograr rítmicamente articular las ocho palabras predeterminadas. Valga como ejemplo esta tonada:

16

Un padre cantaba así

esta tonada a su hijo:

si el corazón está fijo,

en continuo frenesí,

mirando siempre a la luna

arriba de las palmeras,

y si la palabra “es una”

reemplaza a la de “cualquiera”,

es que el amor te visita

y una isla ya no eres,

que se acabaron tus cuitas

al conocer las mujeres.

Tu canoa toma pronto

y hacia la noche navega,

pues debes de ser un tonto

si, teniéndolo, se aleja.

Como puede verse, los resultados más altos del “Ars combinatoria” aparecen cuando más variaciones se intentan con el mismo número de palabras. El reto de entrever soluciones distintas a un problema de combinatoria semántica incentiva el ingenio, obliga al pensamiento a buscar otros caminos, multiplica la aparición de alternativas. Y aunque parezca que esos términos predeterminados coartan o constriñen la creatividad, lo cierto es todo lo contrario. Así lo demostraron los integrantes del grupo Oulipo o de la llamada “literatura potencial” y así lo entrevió Ígor Stravinski al hablar de la composición musical: “mi libertad será tanto más grande y profunda cuanto más estrechamente limite mi campo de actuación y me imponga más obstáculos. Lo que me libra de una traba me quita una fuerza. Cuanto más se obliga uno, mejor se libera de las cadenas que traban el espíritu”.

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