• Autobiografía
  • Conferencias
  • Cursos
  • Del «Trocadero»
  • Del oficio
  • Galería
  • Juegos de lenguaje
  • Lecturas
  • Libros

Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Archivos mensuales: octubre 2014

Dos párrafos conectados

15 miércoles Oct 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in APRENDER A ESCRIBIR, Diálogos

≈ 20 comentarios

Pintura de Henriette Browne.

Pintura de Henriette Browne.

Oscar: ¿No te he visto en el blog?

Johana: No. Estoy, como dice el maestro, dejando en salmuera mis dos párrafos.

Oscar: Recuerda que él nos solicitó enviar cuanto antes el ejercicio para alcanzar un mayor número de correcciones.

Johana: Sí, de eso me acuerdo. Lo que pasa es que no me gusta mucho lo que tengo.

Oscar: No importa. Tenemos que lanzarnos. O si no, ¿cómo podemos mejorar nuestros escritos?

Johana: Razón tienes… pero…

Oscar: Mejor envía lo que escribiste así no esté perfecto.

Johana: Bueno. Pero, vi en el blog que el maestro te dijo que tu tarea estaba muy bien.

Oscar: Aunque me falta lo de la puntuación. Casi no uso el punto seguido. Tengo mucha coma, mucha coma…

Johana: Ese problema también yo lo tengo.

Oscar: Sin embargo, me siento contento con mis párrafos.

Johana: ¿Y cómo lo lograste?

Oscar: Primero que todo me leí y releí los textos que el maestro nos recomendó. En el orden sugerido.

Johana: A mí me faltó leer dos de los textos.

Oscar: Eso te pasa por no haber asistido a la última sesión del Nivelatorio.

Johana: Quería venir pero se me presentó una cosa en el colegio. Ni modo. Pero, no me respondiste del todo…

Oscar: Bueno. Después de eso me gasté un buen tiempo revisando las seis citas que nos entregó el maestro. Busqué la forma de agruparlas, de reunirlas alrededor de un aspecto o una situación. Ahí me gasté mis minutos largos; pero ya con eso tuve como una idea de lo que podía hacer.

Johana: O sea que no empezaste como yo….

Oscar: ¿Y cómo lo hiciste tú?

Johana: Pues, primero pensé en lo que era la felicidad y después miraba dónde podía ir metiendo algunas de las citas.

Oscar: Me parece que así es más difícil. A lo mejor los escritores con experiencia logren hacerlo. Pero a mí me funcionó de la manera como te cuento.

Johana: Y después, ¿qué?

Oscar: Con las citas ya agrupadas me puse a meditar sobre la felicidad. Lo que trataba era de hallar una tesis a la cual pudiera irle anexando mis grupos de citas. En esa tarea me gasté mi buen tiempo.

Johana: ¿Y cómo supiste que ya tenías una tesis?

Oscar: Miré los apuntes de la clase pasada del profe y me ayudé con el libro del maestro, Pregúntele al ensayista.

Johana: Sí, me dijeron que debería adquirirlo. Que es muy útil.

Oscar: Es un libro que sirve como un tutor, cuando uno está escribiendo un ensayo.

Johana: ¿Dónde lo conseguiste?

Oscar: Fui a la Panamericana, pero otros lo han conseguido en la Librería Lerner.

Johana: Y después, ¿qué hiciste?

Oscar: Me fijé un pequeño plan para cada párrafo. Me decía: voy a hablar de esto primero y, enseguida, meteré esta cita y cerraré con una reflexión centrada en este asunto.

Johana: ¿Tú, todo lo haces así?

Oscar: Algunas cosas…

Johana: ¿Y entonces?

Oscar: Me puse a redactar mi primer párrafo. Me acordé de lo que había dicho el maestro: la escritura es un trabajo artesanal. Por eso mismo fui por etapas, por pedazos. Siempre leyendo lo anterior antes de lanzarme con la nueva idea.

Johana: ¿Parece fácil? Pero a mí me ha resultado complicado.

Oscar: ¿Y no será que, por el afán, esperas que el texto te salga de una?

Johana: De pronto es por eso… Lo que pasa es yo no tengo paciencia. Soy como mi mamá…

Oscar: Mala cosa, para esto del escribir.

Johana: En la escuela yo me desesperaba en las manualidades.

Oscar: Yo era bueno para dibujar. Me encantaba colorear figuritas de animales.

Johana: No. Yo sí soy negada para dibujar. Bueno… Pero nos fuimos por las ramas. Oscarito, cuéntame tu secreto.

Oscar: No hay secreto. Es puro cuidado. Fíjate que el maestro subió al blog la ilustración de una mano tejiendo… Me parece que es un buen símbolo del ejercicio. Mejor dicho, es coger una voz de un autor y tejerla con nuestra propia voz.

Johana: ¿Y los conectores serían como la aguja?

Oscar: Brillante has estado, mi coequipera de investigación. Los conectores son el puente, las bisagras de que uno se vale para zurcir esos hilos del pensamiento. En la primera corrección que me hizo el maestro me sugirió cambiar dos de ellos.

Johana: Entonces, ni para qué le envío mis desconectados párrafos.

Oscar: Ya te dije que lo mejor es lanzarse al agua.

Johana: Ya veo que necesito salvavidas… Me estoy ahogando.

Oscar: Y fíjate que hay diferentes familias de conectores; se usan para distintas cosas.

Johana: ¿Y dónde encontraste eso?

Oscar: En el libro del maestro.

Johana: Dichoso tú que ya saliste del problema.

Oscar: Aún sigo luchando con una cita que, según la última respuesta del maestro, desarmoniza con mis planteamientos.

Johana: Sabes una cosa, Oscar, en todos los años que llevo estudiando es la primera vez que alguien me lee con tanto cuidado. Recibí cinco correcciones en el pasado ejercicio del contrapunto.

Oscar: Eso es lo que me tiene más contento. Y me he dado cuenta de lo mucho que he avanzado.

Johana: Pues yo también he crecido un poquito. Al menos ahora me fijo en por qué pongo donde pongo los signos de puntuación.

Oscar: A mí me da mucha brega el punto seguido. Y todavía no sé cómo emplear correctamente los dos puntos.

Johana: A mí el signo de puntuación que más me gusta es el punto final.

Oscar: Bueno, compañera, menos risa y más trabajo. ¿Qué esperas para enviar tus dos párrafos?

Johana: Espero que tú me ayudes. Oscarito, ¿por qué  no me colaboras con uno de los textos? No seas malito. Al menos ayúdame con el primer párrafo.

Oscar: Muestra a ver… porque o si no quién te aguanta.

Johana: Mira, aquí están mis pequeñas producciones. Léelos, pero sé benigno con el garrote.

Oscar: Voy a leer en voz alta porque el maestro nos dio ese consejo para saber qué tan acertada era nuestra puntuación.

Johana: Lee, de una vez.

Oscar: “Filósofos, psicólogos y otros intelectuales han escrito sobre la felicidad. Cada uno ha dado una visión diferente como el pensador Fontenelle que decía que ‘un gran obstáculo para alcanzar la felicidad es el prometerse una felicidad demasiado grande’ …”

Johana: No, mejor no. Presta mi cuaderno. Me arrepentí de que me ayudes. Yo solita voy a ver cómo me las arreglo. Ni bruta que fuera.

Oscar: Esa es la actitud. Así habla mi coequipera de proyecto.

Johana: Búrlate. Ya verás cuando aparezca mi texto en el blog con un “excelente”… Envidia te va a dar…

Citas de autor y conectores lógicos

05 domingo Oct 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in APRENDER A ESCRIBIR, Ensayos

≈ 145 comentarios

Un problema frecuente de los estudiantes de posgrado, en particular cuando redactan el marco teórico de su investigación, es el de hilar de manera coherente las voces referenciadas o que avalan su pesquisa. Casi siempre el resultado es una colcha de retazos o una entrecortada citación de fuentes sin ningún norte en el discurso. Buena parte de esa dificultad está en el poco conocimiento de los conectores lógicos y de su importancia para darle cohesión y coherencia a las ideas.

Por ello, he invitado a los estudiantes de primer semestre de la Maestría en Docencia a que tejan u organicen dos párrafos tomando como referencia seis citas de diferentes autores sobre el tema de la felicidad. La idea es que incorporen esas frases dentro de un texto de corte argumentativo, muy en el tono ensayístico, y que al hacerlo aprendan a usar los conectores lógicos según cada necesidad y puedan descubrir las posibilidades de emplear uno u otro marcador textual.

Para animar a los maestrantes, he hecho primero la tarea. Las citas elegidas, desde luego, no son sobre la felicidad sino sobre el tema de la lectura. No obstante, espero que el ejemplo sea un buen incentivo para aprender esta habilidad de escritura que consiste en imbricar el pensamiento de otros con la propia voz. 

Las citas elegidas

“Una lectura amena es más útil para la salud que el ejercicio corporal”. (Kant)

“El arte de leer es, en gran parte, el arte de volver a encontrar la vida en los libros, y gracias a ellos, de comprenderla mejor”. (André Maurois)

“Seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría”. (Mario Vargas Llosa)

“No debemos leer sino para ejercitarnos en pensar”. (Gibbon)

“Jamás tuve un pesar que no olvidara después de una hora de lectura”. (Montesquieu)

“La lectura es una conversación con los hombres más ilustres de los siglos pasados”. (Descartes)

Las citas conectadas

Son muchos y variados los beneficios de la lectura. En principio, y esa parece ser su mayor bondad, leer nos permite entrar en relación con la tradición, con una herencia del pensamiento. En este sentido, Descartes afirmaba que “la lectura es una conversación con los hombres más ilustres de los siglos pasados”. Pero no es un diálogo pasivo; más bien se trata de “leer para ejercitarnos en pensar”, como esperaba el historiador británico Edward Gibbon. En otras palabras, con la lectura nos hacemos partícipes del pasado y activamos nuestra inteligencia.

De otra parte, la lectura alberga o tiene un poder curativo. El leer puede ayudarnos a mermar nuestras preocupaciones o nuestros males del alma. Bien decía Kant que “una lectura amena es más útil para la salud que el ejercicio corporal”, y Montesquieu, el  político de la Ilustración, nos compartió una confesión semejante: “jamás tuve un pesar que no olvidara después de una hora de lectura”. Cuando leemos, entonces, apaciguamos nuestras heridas interiores, reflexionamos sobre nuestra existencia o, parafraseando a André Maurois, al leer volvemos “a encontrar la vida en los libros, y gracias a ellos, la comprendemos mejor”.

Cabe mencionar un beneficio adicional: la lectura contribuye enormemente a socavar prejuicios e ignorancias esclavizantes. Leer es adquirir un medio de liberación. Mario Vargas Llosa lo dijo de manera contundente en el discurso de recepción del premio nobel: “seríamos peores de lo que somos sin los buenos libros que leímos, más conformistas, menos insumisos y el espíritu crítico, motor del progreso, ni siquiera existiría”. Por eso, aprender a leer es apropiar también un útil con el cual podemos transformar lo establecido.

Como puede observarse en el ejemplo, he procurado básicamente hacer dos cosas: la primera, buscar un eje de articulación a las diferentes citas y, después, armonizar las distintas voces con mi propia tesis. Esa parece ser una buena indicación cuando se trabaja este tipo de escritura: empezar ubicando algún criterio o aspecto que permita aglutinar lo disperso (que de paso nos podrá dar una orientación para saber cuántos párrafos necesitamos) y luego proceder a tejer las referencias en cuestión.

Es evidente que en el caso expuesto las citas ya estaban escogidas. Lo más común y difícil es buscar a esos autores, conseguir las citas adecuadas y pertinentes para un proyecto de investigación o un texto argumentativo. No siempre estarán a la mano y habrá que invertir largas horas de lectura para encontrar “esos pequeños textos precisos” que sirvan a nuestros propósitos y que, al incluirse, no desentonen con el conjunto.

Precisamente, el otro asunto es el ensamblaje de las citas de autoridad. No basta con ponerlas unas delante de otras; hay que entretejer lo que dicen esas citas con nuestras propias ideas. En algunas ocasiones es necesario “prepararles” un espacio en el desarrollo de nuestro texto y, en otras, retomar lo que afirman para no dejarlas truncas o huérfanas de argumentación. Dicho de otra forma: las citas hay que apropiarlas. Y si notamos que las palabras dichas por el autor no encajan exactamente en nuestra disquisición lo mejor es “editar” una parte de ellas o “parafrasearlas”, retomando lo que afirman pero no haciéndolo de manera literal sino adaptándolas a nuestro interés comunicativo.

Por supuesto, no siempre retomamos las citas de autoridad porque estamos de acuerdo con lo que dicen. En muchas ocasiones esas referencias están ahí para ser confrontadas o puestas en discusión. Sea como fuere, no tendremos buenos resultados en el marco teórico de una investigación o en un ensayo sin el hábito de construir esta modalidad de textos. Es el ejercicio frecuente con las voces intelectuales de la tradición el que nos permitirá saber cómo hallar un lugar adecuado para expresar nuestras ideas. Saber citar, en consecuencia, es una tarea de escucha atenta; un ejercicio de lectura crítica al pasado con el fin de descubrir aquellas ideas que merecen conservarse o esas otras que necesitan una seria reelaboración.   

Examinar el árbol a la par que el bosque

04 sábado Oct 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Ensayos

≈ Deja un comentario

Ilustración de Toni Demuro.

Ilustración de Toni Demuro.

 
«Hablando estrictamente, sólo la explicación es metódica.
La comprensión es más bien el momento no metódico que,
en las ciencias de la interpretación, se compone con el momento metódico
de la explicación. Ese momento precede, acompaña, clausura
y de este modo envuelve  la explicación. En compensación,
la explicación desarrolla  analíticamente la comprensión.
Este vínculo dialéctico entre explicar y comprender tiene
como consecuencia una relación muy compleja y paradójica
entre ciencias humanas y ciencias de la naturaleza.»
Paul Ricoeur

En ese juego dialéctico entre el explicar y el comprender, me gustaría, aunque sea de manera muy puntual, bordear o delinear algunos de los rasgos sobresalientes de tal encuentro.

Empecemos diciendo que el momento de la explicación es más interno, más formal, más metódico. La explicación aboga por la significación; cuentan mucho las diferencias; el signo es reconocido, descrito, relacionado. La explicación, de otra parte, necesita ir construyendo sus propias categorías –cuando no son la aplicación de modelos ya consolidados–; es como si fuera una etapa de distinciones y análisis progresivos. Aquí la parte, el detalle, el paso a paso, es sumamente importante. La explicación desestructura, descompone, desarma el reloj.

La comprensión, por el contrario, es un momento más externo, más histórico, más vital. La comprensión pretende ir en pos del sentido. Ahora los signos se enfrentan a sus múltiples contextos; la interrelación, los cruces, las correspondencias. La comprensión se sitúa, encarna en un tiempo y un espacio particulares. En este caso, lo relevante está en lo genérico, en lo englobante, en la totalidad. La comprensión reestructura, recompone, reconstruye el tiempo.

Y si la explicación mantiene una vocación abstracta, sincrónica; la comprensión está ahíta de concreción, de diacronía. En un estadio, el individuo, la persona de carne y hueso es como olvidada o no tenida en cuenta, precisamente por buscar unos “universales”, unas leyes, unas reglas totalizantes; en el segundo estadio, lo particular recobra toda su valía; los matices, las gamas, las tonalidades, afloran con todo vigor. En la explicación queremos conocer como científicos de la naturaleza; en la comprensión, indagamos como científicos del espíritu.

He hablado de momentos. No es que la explicación y la comprensión sean cosas absolutamente distintas. Diríamos más bien que son etapas o posibilidades de mirada. Es más: si uno no pasa por la explicación, difícilmente puede llegar a comprender; pero, en esa misma medida, si no logramos colocar la explicación en el suelo de la comprensión, tal semilla no dará ningún fruto. Paul Ricoeur ve en ese trueque, en esa simbiosis, en ese juego, el camino propicio para una interpretación de peso.

Digámoslo de una vez: la interpretación se funda en ese trabajo de péndulo entre la explicación y la comprensión. Y cuanto más profundizamos en la explicación, más elementos, más datos tenemos para ir configurando la comprensión. Y tal comprensión, enriquecida, nos permite tener mejores luces sobre la misma explicación. Heidegger hablaba del círculo hermenéutico; Wittgenstein mencionaba los juegos del lenguaje. Aunque con matices distintos, es lo mismo que postula Ricoeur: la interpretación se mueve entre esos dos métodos; uno, explica las causas; otro, comprende los motivos. Claro, no es que se dé primero uno y luego el otro; no es así. La realidad conjuga lo que, por motivos metodológicos, debemos escindir.

Esta dualidad puede formularse de otra manera: para llegar a la interpretación tenemos que combinar un momento semiótico y un momento hermenéutico. Sin embargo, lo que más nos interesa de este razonamiento es la imbricación que resulta. Así, por ejemplo: la explicación fría se llena de historia; la opinión gratuita se fortifica con categorías; lo formal accede a la encarnación. Entre estos dos momentos, no hay ni dualidad ni monismo. Repitamos, hay más bien una síntesis. Algo nuevo. Vayamos a un texto, por ejemplo, a un poema: el momento estructural nos permitiría explicar cómo se organiza el tejido poemático; cuál es su configuración; cuál su composición y organización sígnica. El momento estructural es como un zoom – micro a la materia del texto. Pero, cada inmersión en el texto, me va proporcionando nuevos índices, otras variables de lectura. La etapa hermenéutica pone la mirada en espacios más amplios. Nos saca del texto hacia los contextos, hacia los paratextos, hacia el architexto que cada uno de nosotros posee al ser hijo y creador de cultura. El momento de la comprensión, entonces, nutre el proceso de la explicación, lo amplía, lo expande, le da nuevas perspectivas. Nuevos horizontes. Es un zoom – macro sobre el texto. Dicho en otras palabras, si cuando explicábamos queríamos dar cuenta del árbol, la comprensión nos dirá que no hay que olvidarse del bosque.

La explicación y la comprensión son como el encuentro de dos campos, uno cerrado y otro abierto. Es la conjugación entre lo intrasígnico y lo extrasígnico. Entre lo inmanente y la referencia. Entre el significado y el sentido. Y cuanto mejor nos explicamos, mejor comprendemos; y cuanto mejor comprendemos, más fácilmente nos explicamos. La explicación ve el detalle; la comprensión, el conjunto. Una y otra se fortalecen, se nutren, se apoyan. Por ende, interpretar es lograr comprender explicativamente y, al mismo tiempo, poder explicar de manera comprensiva.

Bibliografía mínima

Barthes, Roland y otros, Exégesis y Hermenéutica, Madrid, ediciones Cristiandad, 1976.

Bengoa Ruiz de Azua, Javier, De Heidegger a Habermas (Hermenéutica y fundamentación última en la filosofía contemporánea), Barcelona, editorial Herder, 1992.

Melano Couch, Beatriz, Hermenéutica metódica (Teoría de la interpretación según Paul Ricoeur), Buenos Aires, Centro de Investigación y Acción Educativa (CINAE), 1983.

Ricoeur, Paul, “El conflicto de las interpretaciones” y “Método hermenéutico y filosofía reflexiva”, en Freud: una interpretación de la cultura, México, Siglo XXI editores, 1970,  pág. 22-52.

— “Explicar y comprender. Texto, acción, historia”, en Hermenéutica y acción, Buenos Aires, editorial Docencia, 1985, pág. 75- 93.

(De mi libro La cultura como texto. Lectura, semiótica y educación, Javegraf, Bogotá. 2002, pp. 35-37).

Entradas recientes →

Entradas recientes

  • Las caídas de Altazor de Vicente Huidobro
  • Simplismo de lo político en las campañas presidenciales
  • Los poetas premios Nobel hablan de su oficio
  • Un libro sobre la urgencia y relevancia de la escucha
  • La visita de la señora Soledad

Categorías

  • Aforismos
  • Alegorías
  • Apólogos
  • APRENDER A ESCRIBIR
  • Cartas
  • Comentarios
  • Conferencias
  • Crónicas
  • Cuentos
  • Del diario
  • Diálogos
  • Ensayos
  • Entrevistas
  • Fábulas
  • Homenajes
  • INVESTIGACIÓN
  • LECTURA
  • Libretos
  • Libros
  • Novelas
  • OFICIO DOCENTE
  • Pasatiempos
  • Poemas
  • Reseñas
  • Semiótica
  • Soliloquios

Archivos

  • 2026
  • 2025
  • 2024
  • 2023
  • 2022
  • 2021
  • 2020
  • 2019
  • 2018
  • 2017
  • 2016
  • 2015
  • 2014
  • 2013
  • 2012

Enlaces

  • "Citizen semiotic: aproximaciones a una poética del espacio"
  • "Navegar en el río con saber de marinero"
  • "El significado preciso"
  • "Didáctica del ensayo"
  • "Tensiones en el cuidado de la palabra"
  • "La escritura y su utilidad en la docencia"
  • "Avatares. Analogías en búsqueda de la comprensión del ser maestro"
  • ADQUIRIR MIS LIBROS
  • "!El lobo!, !viene el lobo!: alcances de la narrativa en la educación"
  • "Elementos para una lectura del libro álbum"
  • "La didáctica de la oralidad"
  • "El oficio de escribir visto desde adentro"
  • “De lectores, leedores y otras consideraciones sobre las prácticas de lectura en la educación superior”
  • "El libreto de radio: una artesanía recuperable"
  • "Las premisas de Frankenstein: 30 fragmentos para entender la posmodernidad"
  • "La semiótica: una ciencia explicativa para comprender los signos de la cultura"
  • "La semiosis-hermenéutica una propuesta de crítica literaria".
  • "Entre líneas: la mirada del escritor"

Suscríbete al blog por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir avisos de nuevas entradas.

Únete a otros 1.005 suscriptores

 

Cargando comentarios...