SOLES MADUROS
Para cosechar la primavera
y no perderse nada de su luz,
es necesaria la humildad
del campesino
y la devoción absoluta de las manos.
Porque sin el doblar de la cintura
y la ofrenda de la rodilla en tierra
nada del verde opaco de los campos
logra transformarse en brotes de color.
Hay que agacharse demasiado,
infinidad de veces,
para recolectar con tranquila alegría
los soles maduros de la vida.
SERES OCULTOS
Los demonios siempre tienen máscara.
Eso hace parte de su encanto
y su primigenia maldición.
Poseen ojos salidos de sus órbitas,
dientes prominentes,
brazos como ganchos,
y en cuanto abren su boca
nos incendian con sus llamas de fuego.
Los demonios son como todos los monstruos:
la viva encarnación de nuestros miedos.
No hay que temerles…
Porque sin ellos no podríamos reconocer
los ocultos seres que llevamos dentro.
LENTITUD
Lento camina el elefante.
Con parsimonia lleva la vida a cuestas.
Es tal su lentitud,
su sabiduría de pasos meditados,
que la primavera tiene tiempo
para sembrar en su testuz
una selva incipiente.
Despacio va el paquidermo,
y gracias a ese moroso caminar de estatua
puede la vida brotar de su cabeza cansada.
La naturaleza confía sus secretos
a quienes logran, como el elefante,
conservar imperturbables las orejas
con la serena actitud
de la inmovilidad de la piedra.


