Fotografía de Carlos Andrés Rubio Cruz.

SOLES MADUROS

Para cosechar la primavera

y no perderse nada de su luz,

es necesaria la humildad

del campesino

y la devoción absoluta de las manos.

Porque sin el doblar de la cintura

y la ofrenda de la rodilla en tierra

nada del verde opaco de los campos

logra transformarse en brotes de color.

Hay que agacharse demasiado,

infinidad de veces,

para recolectar con tranquila alegría

los soles maduros de la vida.

Fotografía de Carlos Andrés Rubio Cruz.

SERES OCULTOS

Los demonios siempre tienen máscara.

Eso hace parte de su encanto

y su primigenia maldición.

Poseen ojos salidos de sus órbitas,

dientes prominentes,

brazos como ganchos,

y en cuanto abren su boca

nos incendian con sus llamas de fuego.

Los demonios son como todos los monstruos:

la viva encarnación de nuestros miedos.

No hay que temerles…

Porque sin ellos no podríamos reconocer

los ocultos seres que llevamos dentro.

Fotografía de Carlos Andrés Rubio Cruz.

LENTITUD

Lento camina el elefante.

Con parsimonia lleva la vida a cuestas.

Es tal su lentitud,

su sabiduría de pasos meditados,

que la primavera tiene tiempo

para sembrar en su testuz

una selva incipiente.

Despacio va el paquidermo,

y gracias a ese moroso caminar de estatua

puede la vida brotar de su cabeza cansada.

La naturaleza confía sus secretos

a quienes logran, como el elefante,

conservar imperturbables las orejas

con la serena actitud

de la inmovilidad de la piedra.