Es común escuchar, cuando de actitudes frente a los problemas se trata, que ciertas personas ven el vaso medio lleno, mientras otras lo perciben medio vacío. La frase merece analizarse un poco para entender bien qué hay detrás de ese doble modo de pensar o asumir la existencia.
Lo primero que salta a la vista es que la afirmación entraña una predisposición hacia el pesimismo o el optimismo vital. Los que dicen ver los asuntos, los problemas, los eventos medio llenos son los que subrayan las ganancias incipientes, las oportunidades apropiadas, el lado bueno de las cosas. Por el contrario, los que afirman ver el vaso medio vacío son aquellos que se afanan en señalar los errores, exaltar lo que aún no se ha realizado, en magnificar los defectos en detrimento de las cualidades. Esta doble mirada crea también una disposición hacia la exaltación de la carencia o el reconocimiento del logro, tanto a nivel personal como colectivo. Los que mantienen el rasero del vaso medio vacío buscan más la falencia, la mancha, la culpa, las dificultades; los que toman por nivel el vaso medio lleno, son más benignos con los yerros propios y ajenos, favorecen la exploración de talentos inéditos, son innovadores para hallar soluciones y alternativas a las eventualidades adversas.
Si bien las dos opciones comparten el mismo espacio vacío del vaso, unos partidarios se obcecarán en la insuficiencia, subvalorando el contenido ya alcanzado; en cambio, los otros, apreciarán significativamente el contenido logrado, sin prestar demasiada importancia a la otra mitad. Los que se anclan en el mirador del vaso medio vacío les preocupa lo que aún no poseen, imaginan los beneficios derivados de tener rebosante el vaso; se atormentan hallando explicaciones sobre la precariedad de lo recolectado. Contrasta esta perspectiva con los partidarios del vaso medio lleno quienes celebran la cantidad de lo ya acumulado, se entusiasman con apreciar y disfrutar el líquido obtenido, saben atesorar lo conseguido sin atormentar su corazón por la ambición de lo restante. Como se puede comprender, estas dos maneras de percibir comparten la misma realidad, pero la forma de relacionarse con ella es bien distinta. Unos tienen el punto ciego sobre que ya poseen; otros, hacen caso omiso de lo que aún les queda por conseguir.
Ahondemos un poco más. Las personas adeptas al vaso medio vacío, se fijan excesivamente en lo que aún no se ha hecho, sufren y se alarman por el futuro, minimizan lo ya alcanzado. En cambio, los partidarios de apreciar el vaso medio lleno saben sacar provecho del pasado, reconocen los esfuerzos para lograr culminar determinada etapa, aprenden lecciones de lo realizado para seguir adelante. Insistir en que el vaso está medio vacío es un modo de absolutizar el objetivo final; abogar por el vaso medio lleno es la manera de asumir los logros parciales, el paso a paso, como la forma de llegar hasta el punto límite. Los que están en el bando del vaso medio vacío tienen como consigna “o todo o nada”; los opuestos, declaran convencidos que “es mejor una parte que nada”.
Bien visto el asunto, el que se tenga uno u otro modo de percibir el vaso, determina en gran medida el sentido sobre nuestra manera de vivir y convivir. Si todo nuestro modo de interactuar se afianza en buscarle a alguien lo que le falta para ser lo que esperamos, nos privaremos de disfrutar lo que tiene ese ser para ofrecernos; o si en nuestro espacio laboral sólo nos detenemos en su lado dispendioso y rutinario, dejaremos de lado lo que puede darnos para la sobrevivencia cotidiana, además de la oportunidad para crecer personal y profesionalmente. La experiencia acumulada nos va enseñando que no es aconsejable andar siempre enarbolando la filosofía del vaso medio vacío, porque terminamos siendo injustos con las personas más cercanas, altaneros con los que nos ayudan, y nos lleva a padecer continuas angustias o a provocar odios innecesarios. Porque cuando ya se tienen suficientes años para tener una mirada comprensiva del pasado, entendemos que la incompletitud no es una imperfección, que los grandes proyectos van creciendo por fases, que la ambición desmedida por adquirir las más rebosantes riquezas tiende a privarnos de disfrutar las reducidas posesiones. No hay conformismo o pereza moral en aceptar lo que vamos cosechando día a día o en aprender a vivir con lo suficiente. Más bien se trata de concebir que la moderación no es un defecto, ni lo inacabado una derrota.
De igual modo, podemos constatar estas dos posturas en un ambiente formativo. Los que avalan el vaso medio lleno serán los educadores que exaltan los procesos, los aprendizajes parciales, las habilidades o estrategias incipientes, los esfuerzos y el denodado interés. Los formadores inscritos en esta corriente reconocen que nada se logra aprender de una vez y que hay niveles de desarrollo según el contexto, la idiosincrasia y las particularidades de cada persona. Por el contrario, los que se sitúan en los parámetros del vaso medio vacío, se tornan inflexibles cuando las metas no se logran cabalmente, se centran esencialmente en el producto esperado, poco valor les otorgan a las condiciones personales del que aprende, cambian el refuerzo motivacional por la amonestación, la sanción o el juicio inobjetable de una baja calificación. Los educadores del vaso medio lleno ponen el acento en lo ya conseguido; los del vaso medio vacío, subrayan siempre lo que resta por lograr.
Como puede inferirse de lo expuesto, el trasfondo de esta doble manera de apreciar el vaso medio lleno o el vaso medio vacío guarda relación con el parámetro que tengamos para sobrellevar la vida y asumir los problemas. Estarán aquellos que siempre verán dificultades en toda parte del recorrido, como también habrá personas que sabrán sortear los escollos del camino. Unos se ofuscarán porque no llegan; mientras otros, disfrutarán del viaje. Sin lugar a dudas, todo depende del cristal con que miremos la realidad y la actitud que tengamos para encarar las peripecias de nuestra pasajera existencia.

Luis Carlos Villamil J dijo:
Apreciado Fernando, esta semana es pertinente y saludable para la reflexión. Quienes aprenden a Incursionar en la vida a través de criterios positivos, superan las dificultades, solucionan los problemas sobre la marcha y disfrutan la experiencia del viaje, porque ven el vaso medio lleno como una terapia positiva para prevenir o controlar las enfermedades crónicas del alma: la envidia, el rencor y la polarización. El texto es una invitación para aprovechar las ventajas comparativas del vaso medio lleno.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Estimado Luis Carlos, gracias por tu comentario.