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Historias de vida, Investigación biográfica, Metodologías de investigación cualitativa, Pormenores del testimonio
Terminé de leer el libro Soledad & Compañía de la periodista barranquillera Silvana Paternostro en el que, a partir de entrevistas a amigos, “compinches”, editores y familiares reconstruye la vida y obra de Gabriel García Márquez. Se trata de un collage de voces diversas, organizadas a partir de tres grandes apartados: “Antes de Cien años de soledad”, “Después de Cien años de soledad” y “Diez años sin Gabo”, y manteniendo la frescura de la oralidad que permite las reiteraciones, las contradicciones y los olvidos. Por supuesto que ofrece informaciones interesantes sobre la creación de novelas y cuentos del escritor, saca a flote sus manías y hábitos, muestra hechos significativos de su itinerario vital y, especialmente, ofrece los testimonios de sus grandes amigos. Es una “historia de vida” armada con retazos de recuerdos, de teselas de encuentros, de impresiones contadas al lado de un café o un vaso de wiski. La lectura de esta obra me ha llevado a pensar, una vez más, en las complejidades metodológicas y expresivas para reconstruir la vida de una persona. Trataré de mostrar a continuación lo enrevesado de tal propósito.
El primer escollo reside en la selección de los informantes. Desde luego, eso depende de qué tanto acceso se tenga a las personas que conocieron, trataron o mantuvieron una relación permanente con quien nos interesa historiar. Algunas de esas personas, desafortunadamente para el investigador, ya están fallecidas al momento de realizar el trabajo o, por diferentes motivos, no quieren ofrecer su testimonio. Lo ideal es contar con un grupo de familiares, desde los más íntimos hasta aquellas figuras “clave” en su desarrollo vital. Enseguida están los amigos y amigas, los colegas de trabajo, los compañeros de aventura, los cómplices de proyectos, los hitos o referentes del mundo afectivo. Los informantes se elegirían yendo en un movimiento centrífugo, de los más cercanos a aquellos otros ancilares o de circunstancia. La dificultad se presenta porque no siempre se logra una “muestra” representativa de todos estos niveles de informantes, y porque –en muchos casos– el más relevante es justo el que no se ha podido contactar o el acceso resulta bien dificultoso para el investigador.
Superado ese inconveniente, viene otro igualmente complicado: se trata de la calidad discursiva de los informantes. A veces sí se cuenta con el testimonio de la persona indicada, pero al grabar o escuchar lo que dice se descubre que no es lo bastante locuaz, que es poco descriptivo o se expande en otros asuntos que dejan de lado lo que en verdad nos interesa. Tampoco sirve mucho para realizar una historia de vida los testimonios difusos, repletos de “lagunas” o imprecisiones o aquellos otros en que se nota que la fabulación tiende a completar lo que la memoria no logra precisar. Por lo demás, la reticencia o la elusión puede aparecen cuando se tocan aspectos “íntimos” que comprometen o implican al entrevistado. En suma, no siempre se logra que la información de las personas seleccionadas sea relevante o interesante. También sucede que estos testigos, especialmente cuando hablan de una persona con un alto reconocimiento público, tiendan a vanagloriarse, a revelarse como forjadores de su talento o mostrarse más importantes de lo que en realidad son. En estas ocasiones, el discurso deja de tener el tono objetivo del testigo y comienza a asumir la primera persona del pavoneo y el engreimiento.
Una tercera dificultad estriba en el momento o época en que los informantes conocieron o tuvieron trato con el personaje que nos interesa. Porque no todos los testimonios siguen el itinerario de una vida ajena o pueden delinear bien los pormenores y cambios que cualquier persona sufre a lo largo del tiempo. La mayoría de las veces lo que se poseen son esbozos o pinceladas de un carácter, de un evento, de una determinada experiencia, pero se tiende a convertir ese fragmento en toda una forma de ser o un juicio global sobre alguien. Y a eso habría que sumarle el hecho de que los juicios que los seres humanos lanzan sobre sus semejantes dependen, en gran medida, de los estados de ánimo o de los sentimientos que los gobiernan al entrevistarlos. Puede suceder, entonces, que en el presente se tenga una evaluación negativa, diferente al aprecio que se tuvo por alguien en el pasado. O que se absolutice un error o un comportamiento indebido en el pretérito y, desde allí, se saquen conclusiones incontrovertibles sobre la identidad de una persona. Lo complicado está en convertir opiniones circunstanciales o apreciaciones ocasionales en rasgos concluyentes o verdades definitivas.
Salta a la vista que otro escollo enorme es la validez de la información ofrecida por los testigos. Sobra decir que el investigador parte de una confianza inicial en lo que dicen los informantes; pero esto no debe llevarlo a la credulidad ingenua o a desconocer que las opiniones están teñidas de intereses, de afectos, de creencias y prejuicios. A veces la verdad que comparten los informantes está “editada” o “maquillada” para salvaguardar el buen nombre o la reputación de una persona; o está lo suficientemente “estereotipada” para responder a lo esperado por la mayoría de la gente; o está plagada de exageraciones y aspectos maravillosos que convierten a un ser humano en un genio o un ser particularmente “extravagante”. De allí la importancia de pasar la información de los testigos por el cedazo de la contrastación, del cotejo de datos, de la “triangulación” entre diversas fuentes. Y, en lo posible, buscar al menos dos sesiones de entrevista con esos testigos para descubrir las recurrencias, los vacíos; preguntar y repreguntar para profundizar en la información y lograr con ello apreciar los matices o descubrir la verdad que sobrenada después de varias sesiones de conversación o advertir flagrantes contradicciones que el testigo, de manera intencionada o no, deja traslucir en sus palabras.
Señalaría una dificultad más que afecta de manera indirecta los testimonios de los informantes: me refiero al poco conocimiento de las realizaciones o logros significativos –profesionales, intelectuales o artísticos– de aquel a quien deseamos historiar y sólo conformarse con las opiniones que sobre dichos asuntos hacen los individuos seleccionados. Si no hay un estudio o investigación preliminar del personaje de nuestro interés, si se carece de un trabajo documental concienzudo, si no se han detallado sus contribuciones, conquistas o producciones, lo más seguro es que se carezcan de elementos contrastantes para sopesar la información de los testigos. Por supuesto que los testimonios son vertebrales o de gran relevancia, pero necesitan aquilatarse con resultados o creaciones, con evidencias de primera mano. Este aspecto se vuelve más sensible cuando la historia de vida desea dar cuenta de los mundos creados por la imaginación de una persona con trayectoria en un campo artístico o literario y apenas se conoce una mínima parte de ella o el grueso de la información que posee el investigador es referida o demasiado genérica. Sin esa labor previa de archivo y estudio de documentos las voces de los testigos parecerán la única interpretación fiable o se sentirán a sus anchas para engatusar o decir cualquier cosa.
Como puede inferirse de lo expuesto, no es tarea sencilla reconstruir la vida de una persona con fragmentos de testimonios. Entre otras cosas porque no todos los testigos tienen acceso al mundo íntimo o a esas “zonas secretas” de un individuo de las cuales sólo él tiene la llave. De igual modo, y eso lo saben muy bien los historiadores de oficio, si no se tiene una suficiente perspectiva temporal, siempre existirá la posibilidad de fallar en el juicio valorativo o quedarse en la superficie anecdótica de un individuo. Los seres humanos tenemos diversas facetas, sufrimos transformaciones y mutaciones a medida que vivimos, cambiamos de creencias y opiniones en tanto somos afectados por diversas experiencias. La dificultad está ahí, precisamente, en ese dinamismo de la personalidad que la hace variante, impredecible y muchas veces contradictoria. Mostramos y ocultamos a la vez; decimos muchas palabras, pero, de igual manera, cuidamos ciertos silencios. En este sentido, una historia de vida es siempre una aproximación, una ruta posible de lectura de un individuo, un mosaico de un ser humano elaborado con testimonios diversos y de distinto colorido.

Daniela dijo:
Muy interesante tu artículo. ¿Dónde puede conseguirse ese libro?
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Daniela, gracias por tu comentario. Si resides en Bogota puedes adquirirlo en la librería Lerner, Nacional, Tornamesa.., Panamericana.
LUIS CARLOS VILLAMIL JIMÉNEZ dijo:
Apreciado Fernando, tus comentarios sobre Soledad & Compañía de Silvana Paternostro son detallados y precisos. Muestras aspectos fundamentales que se deben tener en cuenta cuando se trata de armar una historia de vida: la selección, la calidad discursiva, la veracidad y el momento en que conocieron al personaje, en este caso Gabriel García Márquez.
El escrito encierra una lección anticipada de lo que nos enseñarás en el curso de este semestre. Veo que, te divertiste con la lectura del libro de Paternostro. Me alegro.
Un abrazo,
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Estimado Luis Carlos, gracias por tu comentario. «Todos tenemos tres vidas: la pública, la privada y la secreta», eso le confesó García Márquez a su biógrafo Gerald Martin.