El rumor, que es susurrante cuando nace, se hace más fuerte a medida que lo escuchan. Cada persona que atiende sus llamados –sabiéndolo o no– convierte ese leve murmullo en un estridente grito.
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En momentos o épocas de alta incertidumbre el rumor encuentra un clima favorable para poner sus larvas contagiosas. Las dudas, el desasosiego y la vacilación alimentan esta criatura de mil bocas.
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El rumor es veloz, de andar alado; la verdad es maciza, de paso lento. Mientras uno se difunde en segundos; la otra necesita horas o días para lograr comunicarse.
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Al rumor le gusta exagerar porque sabe que la masa, amante del espectáculo, prefiere lo llamativo y efectista sobre lo discreto y natural. El rumor es hiperbólico, ampuloso, claramente melodramático. Y esto es, precisamente, lo que cautiva y vincula emocionalmente al público.
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El rumor se esparce secretamente como un miasma invisible; vive en el aire, se dispersa como un soplo. Los olores ligeros del rumor se expanden a través del viento de la murmuración.
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Los rumores difamatorios o calumniosos usados en las campañas políticas buscan no solo minar la credibilidad del opositor, sino exacerbar el odio y la venganza en los copartidarios para ver a los seguidores de otros candidatos como letales enemigos. El rumor se encarna en el alma cuando despierta y promueve el fanatismo.
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El secreto y el rumor mantienen una lucha permanente: entre más se fortifica el primero, más quiere asediarlo el segundo. El secreto usa torreones y trincheras; el rumor, tropas de asalto. El secreto confía en la lealtad a toda prueba y la reserva de la confidencia; el rumor en el posible desertor y la astucia de la infiltración. Se trata, en últimas, de la antiquísima contienda entre el sigilo de lo privado y la curiosidad de lo público.
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En el proceso adelantado por el rumor toda rectificación del implicado, por inmediata que sea, resulta extemporánea.
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El oído es el medio privilegiado del rumor para insuflarse en la mente y en el corazón. Este sentido, desde su pasiva disposición, es proclive a escuchar las diversas manifestaciones del narcisismo y el engreimiento. Por eso el susurro del rumor no deja de ser una forma de tentación.
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Rumor: comunicación furtiva que seduce a nuestra curiosidad.
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El rumor se expande como las olas en el agua y de esta manera lleva sucesivamente su mensaje. Aunque muchos participan de tal efecto, nunca se sabe con exactitud quién fue la mano oculta que lanzó la piedra detonante al estanque de la opinión pública.
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La credulidad es la mejor caja de resonancia para el rumor. Sólo los incautos e ingenuos perciben y difunden todo murmullo como si fuera un estrepitoso y alarmante ruido.
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El nivel de influencia de las personas dice de ellas el tipo de impacto que tendrá el rumor en sus mentes o en sus corazones: entre más sugestionable sea alguien, más dispuesto estará para creer lo primero que le cuenten. La predisposición hacia el rumor es, en el fondo, una forma de sometimiento.
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El culto contemporáneo a la velocidad ha fortalecido el rumor mendaz y debilitado la búsqueda de la verdad. A la rapidez le importa poco cotejar las opiniones con los hechos.
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El rumor, que participa de los ardides de la persecución, lanza sus especulaciones hacia alguien como si fueran perros de cacería. Y aunque la presa huya o se esconda, permanece en el ambiente el asedio, la algarabía y el ladrido de los sabuesos excitados.
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Para algunos influenciadores en las redes sociales “abrir hilo” es “prender mecha”. El lenguaje explosivo, los calificativos fulminantes, el artificio de impacto en cada mensaje, contribuyen a crear una pirotécnica sensacionalista en sus cortos mensajes. Los propagadores de rumores tienen alma de incendiarios.
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El rumor puede usarse como un arma de guerra. Sirve para desmoralizar al contrincante, confundir al enemigo, hacerle creer cosas que no son o sacar provecho de situaciones imprevisibles. Por ser un arma de desinformación necesita de canales o voceros que la difundan. La radio sigue siendo el medio idóneo para esta labor propagandística.
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Antes de las redes sociales el rumor era intermitente y circunscrito; ahora es inmediato, continuo y de amplísima cobertura. La cercanía de la conexión ha convertido la comunicación en patio de conventillo. Y, como es sabido, en el hacinamiento la intimidad se vuelve comidilla de todos.
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Algunos rumores son una respuesta del débil ante los atropellos del poderoso; otros proceden del odio, la envidia o el sectarismo. También se usa el rumor para regular y mantener la moral de la mayoría o para nivelar a los que se destacan dentro de un grupo. Hay rumores que son molestias pasajeras y otros que fracturan para siempre la vida de una persona. Sea como fuere, los rumores son la manifestación susurrante de las pasiones y los sentimientos heridos.
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Al igual que la ninfa Eco, los propagadores de rumores en las redes sociales andan metidos en sus cuevas, condenados a reenviar los mensajes que les llegan. La rapidez con que los miran apenas les permite ubicar dos o tres palabras que repiten una y otra vez. Por lo demás, los descendientes de Eco –según el saber mitológico– heredan la maldición de no poder expresar rumores de amor.
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El rumor desmentido alarga o bifurca su existencia; el confirmado, lo reduce o detiene su vibración. Para desmentirlo se requiere de una voz autorizada; para confirmarlo, no se necesita la presencia de voceros.
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El espíritu crítico, la duda metódica, el cotejo de información y una dosis de escepticismo siguen siendo el mejor antídoto contra el rumor malintencionado e injurioso. Y, por supuesto, mantener el humor que es un disolvente a todo dramatismo alarmista e injustificado.
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Esta es la paradoja del rumor: las personas lo eluden y detestan cuando hacia ellas se dirige, pero todos lo buscan y celebran cuando hacia otros fija su objetivo.
German Castro dijo:
Maestro: Necesaria y profunda reflexión para una sociedad donde el rumor se volvió ley, sin importar pisotear dignidades y reemplazo la certeza, la dignidad, la honestidad. Cómo se expresa al final, queremos ser espectadores, la carroña, pero nunca protagonistas.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Estimado Germán, gracias por tu comentario.
profejesusolivo dijo:
Buena Noche, Maestro.
ahí si como dijo alguna vez Dostovieski, «la mejor manera de evitar que un prisionero escape, es asegurarse de que nunca sepa que esta en prisión»; de igual manera, sucede con el rumor y las habladurías, se convierten en verdades sagradas para el común de la gente, que es una gran mayoría desafortunadamente. Ahora con toda ese barullo de desinformación creado por redes sociales y que circula por plataformas como google, pensadas para llevar a la población a que cada día sea más superficial, aportar a la estupidez del sobre vuelo de las palabras, ya no hay profundidad. Cuan necesario se hace en estos días de que el rumor viene y va sin ningún filtro sembrar las semillas de la criticidad, tan necesaria como útil en estos tiempos.
Un abrazo fraterno.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Estimado Jesús Olivo, gracias por tu comentario.
LUIS CARLOS VILLAMIL JIMÉNEZ dijo:
Apreciado Fernando:
Esta semana nos ofreces una lectura que hace parte de tus escritos inspirados en los sucesos de Colombia y el mundo (los plutócratas dedicados a la construcción de opinión y al desempeño de cargos públicos, los asesores, las historias de vida y el impacto de los medios).
Sin duda el rumor hoy se potencia a través de los medios que aprovechan la escasa capacidad para la lectura crítica de las comunidades. El rumor moldea la opinión.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Estimado Luis Carlos, gracias por tu comentario.