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«Lección de geografía» de Alfredo Valenzuela Puelma.
Juro por Dios, y pongo por testigos a mis compañeros de cohorte, que he de observar el siguiente juramento, el cual me obligo a cumplir poniendo toda mi voluntad y mi inteligencia:
Tendré como norte de mis acciones el servir desinteresadamente a mis estudiantes, sabiendo que mi tarea no es sólo compartirles un conocimiento sino ayudarles a desarrollarse como personas.
Buscaré con persistencia, en cualquier sitio en que labore, transformar y mejorar la práctica pedagógica, enaltecer la profesión de ser docente y contribuir a la cualificación del sector educativo.
Me esforzaré, a pesar de la rutina y el cansancio, en preparar siempre mis clases, consciente de que sin planeación e intencionalidad formativa mi tarea de maestro perdería su sentido y calidad.
Usaré mis conocimientos no como un medio de arrogancia o exclusión sino como una forma de democratizar el saber y propiciar en otros el discernimiento y la reflexión sobre sus acciones cotidianas.
Me impondré la tarea de producir conocimiento y, para ello, divulgaré regularmente mis reflexiones en revistas especializadas y tendré en mente publicar al menos un libro derivado de mi práctica pedagógica o fruto de algún proyecto investigativo.
Buscaré por todos los medios mantenerme actualizado y no perderé los hábitos de lectura e investigación que son las condiciones esenciales para seguir considerándome magíster.
Tendré en mente las enseñanzas de mis maestros y mostraré, además de gratitud, un deseo de continuar y enriquecer su legado.
Mantendré vivo el vínculo con mi institución universitaria y, por siempre, sentiré que ser egresado es sentirme partícipe de su visión, de sus proyectos y un abanderado de sus valores misionales.
Si observo con fidelidad este juramento, que me sea concedido el reconocimiento social de mi profesión, y alcance el respeto de colegas y alumnos; y si lo quebranto, que caiga sobre mí la suerte contraria.