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Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Archivos de etiqueta: Organización de las ideas para un ensayo

Inquietudes sobre cómo escribir ensayos (III)

13 martes Jun 2023

Posted by Fernando Vásquez in APRENDER A ESCRIBIR, Ensayos

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Buena redacción, Errores frecuentes al escribir un ensayo, Organización de las ideas para un ensayo, Público del ensayo

Ilustración de Andrea De Santis.

Esta es la última entrega de respuestas a los interrogantes que me formularon los estudiantes de diferentes carreras de la Pontificia Universidad Bolivariana, sede de Montería, relacionados con la escritura de ensayos. Sirva este espacio para agradecerles su escucha y su nutrida participación.

¿Qué tiempo puede tardar un ensayista a la hora de escribir un ensayo? (José Alejandro Santamaría Escobar – Ingeniería civil).

Los tiempos dependen de la complejidad del tema, de si se ha meditado a fondo un asunto, de la poca o mucha familiaridad con la escritura, del grado de interés con que se enfrente la escritura del ensayo. Lo cierto es que un ensayo de calidad supone contar con unos días para meditar, investigar o descubrir una tesis y otros más para buscar los argumentos de autoridad pertinentes, recopilar los ejemplos e idear los otros tipos de avales o garantías. A eso habría que sumarle las horas de redacción, revisión y elaboración de por lo menos dos borradores. Puede suceder que un escritor experto condense esos tiempos en tres días, mientras que un novato necesite más de una semana para cubrir esas etapas.

¿Sobre qué se debe escribir el ensayo?  (Valeria Páez Espitia – Psicología).

Los temas son infinitos. Sin embargo, hay asuntos más difíciles de tratar o para los cuales se necesita una pesquisa de largo aliento. En algunos casos será mejor escribir sobre temas más cotidianos, pero también es posible que asuntos no tan conocidos reten al ensayista a profundizar en ellos. Ahora, si se desea cumplir la premisa de que en un buen ensayo lo fundamental es presentar una tesis personal, pues lo más aconsejable será que el escritor “medite” lo suficiente sobre aquellas temáticas consideradas cercanas o profundice con ojo crítico en las problemáticas más alejadas. Por ser el ensayo un texto que implica moverse con argumentos y no con opiniones gratuitas, exige que se limiten o determinen, en gran medida, los temas que podrían abordarse.

¿Cómo organizo mis ideas? (Juan Ignacio Acosta David – Comunicación social y periodismo). ¿Cómo organizar mis ideas para empezar? (Sofía Elena Canchila Barrios – Arquitectura).

La organización de las ideas hace parte del primer momento de la escritura de un ensayo. Me refiero a la pre-escritura. Entonces, hay que acudir a recursos como el mapa de ideas, los cuadros sinópticos o esquema de llaves, a una tabla de contenido con ideas principales e ideas secundarias, a los agrupamientos asociativos… Si se quiere profundizar en estos y otros recursos, vale la pena revisar dos libros de María Teresa Serafini, Cómo redactar un tema y Cómo se escribe, publicados por la editorial Paidós. Sea como fuere, la organización de las ideas debe tener como fin la elaboración del esbozo del futuro ensayo.

¿Cómo adquiero una buena redacción? (Juan Diego Vellojin – Derecho). ¿Cómo debe estar bien redactado un ensayo? (Fernando Tirado Suárez- Ingeniería civil). ¿De qué manera se puede mejorar la redacción en los ensayos? (Jesús David Oyola – Ingeniería civil).

La redacción se adquiere escribiendo de manera habitual, leyendo muchísimo, imitando a los grandes ensayistas, cuidando el uso del lenguaje, oyendo cómo armonizan entre sí las palabras. La redacción se mejora produciendo un primer texto y luego volviéndolo a leer con atención para corregirlo, enmendarlo o para eliminar palabras o apartados. La redacción se mejora haciendo varias versiones de un mismo texto; destilando la prosa que primero se nos viene a la cabeza; dejando en remojo o tomando distancia para apreciar repeticiones innecesarias, incoherencias flagrantes, desarticulaciones en el discurso. La redacción se mejora puliendo, afinando el sentido, observando la puntuación y la precisión semántica. Porque la redacción es más una labor de tipo artesanal que una súbita obra de la genialidad o la inspiración.

¿Cómo mantener la continuidad después de un tiempo? (Marco Antonio Bohórquez – Derecho).

Lo vertebral en un ensayo es la tesis. En consecuencia, no hay que perderla de vista a lo largo de los distintos párrafos. Ella es como el eje que articula las diferentes partes, los variados argumentos. La tesis debe retomarse, referenciarse o tenerla presente en la medida en que avanza la argumentación. Lo otro que ayuda mucho para mantener la continuidad de la tesis en el ensayo son los conectores lógicos. Gracias a los marcadores textuales el lector sabe cómo se va desplegando la argumentación, por qué el autor desea insistir en algo, con qué fin emplea determinado argumento, o cuándo un ejemplo o una analogía hacen las veces de ilustraciones o testigos irrebatibles. La continuidad supone una relectura permanente del escritor de lo que vaya produciendo, y con mayor razón si el ensayo tiene más de dos páginas. La continuidad se logra avanzando en el texto para redactar unos párrafos y, al mismo tiempo, volviendo atrás para revisar los ya escritos.

¿Cómo se hace la introducción de la tesis? (Orlando Junior Benítez Arteaga- Administración de empresas). ¿Cómo podemos desarrollar una buena introducción? (Yolaira Arcia Vidal – Ingeniería industrial). ¿Cómo puedo estar segura de que mi introducción está bien redactada? (Valentina Padilla García – Arquitectura).

En sentido estricto, el ensayo empieza con la presentación de la tesis. Esto ayuda a que el lector sepa, sin rodeos, qué es lo que el ensayista desea plantearle desde el comienzo. A veces por hacer demasiados circunloquios o explicaciones, lo que resulta es la confusión o que no se sepa bien cuál es el foco del autor. No obstante, a veces algunos ensayos requieren un párrafo de encuadre o uno introductorio que permita ubicar o señalar el contexto en el que se va a inscribir el texto. Lo que no debe confundirse es que ese párrafo introductorio sea la tesis del ensayo. Ahora, si es estrictamente necesario hacerlo, la introducción no puede ser extensa, ni convertirse en un adelanto de los argumentos que luego van a desarrollarse, ni ser un listado de preguntas.

¿Qué es lo más importante al seleccionar la población a la que se dirige el ensayo? (Samuel David Fong Ramos – Ingeniería mecánica).

Desde luego, cuando alguien escribe un ensayo debe pensar en el tipo de lector para el cual redacta el texto. Y si bien el ensayo casi siempre tiene un destinatario académico; es decir, se presenta a un docente en particular, lo mejor es pensar en un público más amplio. Eso ayuda a darle un campo de radiación comunicativa que supere los límites del salón de clase. También es factible pensar que el público para el que se escribe el ensayo sean otros compañeros de carrera o colegas de otras profesiones. En todo caso, una vez se ubica quién es el grupo de público, el ensayo tendrá que adaptarse a tal población y, luego, si se piensa mostrar dicho texto a un sector diferente, tendrá que sufrir ciertos ajustes, especialmente en la elección de las palabras, en las exigencias formales y en el uso o no de subtítulos. No sobra advertir aquí un punto que demanda un esfuerzo adicional a muchos ensayistas: me refiero al tipo de artículos fijados por una publicación periódica y al cumplimiento de unas normas de presentación exigidas por revistas indexadas que, de alguna manera, prefiguran la comunidad para la cual se está escribiendo. Tales revistas ya han seleccionado previamente el público y, en esa medida, delimitan también el tipo de ensayo que reciben para ser publicado.

¿Cómo es el lenguaje en un ensayo? (María Valeria González Rivero – Psicología).

El lenguaje utilizado en el ensayo es el propio de los textos argumentativos. Es decir, un lenguaje meditado, lógico, vigilante de su cohesión y su coherencia. Un lenguaje que evita demasiado las digresiones y que debe ser altamente interpelativo para lograr su función persuasiva. En esta perspectiva, no puede ser tan abstruso o rebuscado que termine fracturando la comunicación con el lector, ni tan descuidado o impreciso que debilite la consistencia interna de los argumentos o el rigor en la defensa de una tesis. En más de una ocasión el ensayista tendrá que ser preciso en el uso de determinados términos y ser muy cuidadoso si va emplear expresiones soeces, injuriosas o abiertamente ofensivas. Además de utilizar un lenguaje organizado y de tono conceptual, también podrá echar mano de imágenes, metáforas u otro tipo de lenguaje figurado, siempre y cuando esté en función del propósito argumentativo. Por supuesto, cada ensayista tiene o está en la búsqueda de un “estilo personal”, pero no por ello puede terminar confundiendo el lenguaje de este tipo de texto con aquellos otros usados para hacer un comentario, un relato o una simple anécdota.

¿Cómo convencer a la gente? (Sophie Pretelt Guzmán – Comunicación social y periodismo).

La persuasión depende, en principio, de la calidad de los argumentos escogidos y de la manera como se los desarrolla en el ensayo. En segunda medida, la persuasión se logra siendo coherentes a lo largo del escrito, manteniendo el hilo lógico de la argumentación del primero al último párrafo. Y, por último, la persuasión se conquista sabiendo utilizar los conectores lógicos, usándolos como heraldos o guías de lo que se desea defender en el ensayo. De igual modo, la persuasión supone tener conciencia del contexto en el que se inscribe el escrito y conocer bien el tipo de público al que va dirigido. Recordando a Umberto Eco, una buena parte de la persuasión reside en el “lector modelo” que el autor prefigura mientras elabora su texto.

¿Cuáles son las observaciones que debemos realizar para hacer un ensayo? (Luisa Fernanda Barrios Negrete – Derecho).

Entiendo la pregunta desde el punto de vista de las acciones previas antes de redactar el ensayo. Siendo así, cuando el tema no es tan conocido o reviste gran complejidad, lo primero que habrá que hacer es ponerse a investigar sobre dicho asunto. La indagación documental, el contraste de fuentes, el cotejo de diversas miradas teóricas o experienciales, será fundamental para lograr formular la tesis. En esta misma vía, y ya pensando en los argumentos, será indispensable revisar textos, materiales o documentos que puedan servir de avales para nuestra tarea argumentativa. Una mirada crítica al problema que nos convoca y un buen tiempo para “meditar” en él, resultan fundamentales antes de ponerse a redactar. Siempre es importante recordar que el ensayo nace después de “rumiar” largo rato una temática, de ver sus pros y sus contras, de aquilatar las ideas ajenas en el crisol de nuestra mente.

¿Cómo hago para mejorar la lluvia de ideas durante el proceso de creación del ensayo? (Fredy Estrada Sáenz – Ingeniería mecánica).

Para mejorar la lluvia de ideas hay que soltar la imaginación, evitar ser tan lógicos, lanzarse a dejar libres las conexiones de nuestra cognición. No evaluar, ni ser tan esquemáticos. Cuando se entra en esta etapa de la pre-escritura lo fundamental es favorecer las conexiones, las “intuiciones”, las ideas derivadas que van saliendo en la medida en que no les prohibamos su emerger sinuoso, intermitente o contradictorio. El acopio de pensamientos dispersos, la reunión de elementos heterogéneos o de diversas disciplinas, la tranquilidad para albergar enunciados disparatados o ambiguos, es consustancial a este recurso de la creatividad. Una vez más las propuestas de María Teresa Serafini, en los dos libros arriba mencionados, pueden ofrecer otras luces sobre tal inquietud.

¿Cómo saber en qué momento empezar a redactar los argumentos? (Connie Castillo Zabala – Comunicación social y periodismo).

Si la pregunta se refiere a cuándo empezar a redactar los argumentos en el proceso de escribir un ensayo, la respuesta es hacerlo después de tener definida la tesis; entre otras cosas, porque sin ese norte, no se sabría cómo elegirlos o hacia dónde dirigirlos. Ahora, si la inquietud apunta a cuándo presentar los argumentos en la organización del texto, habría que responder de esta forma: una vez se plantee la tesis en el primer párrafo, de manera inmediata se comienzan a redactar los argumentos. Después, se continuarán presentando uno a uno hasta terminar el ensayo. En todo caso, no es bueno dilatar la exposición de los argumentos, ofreciendo explicaciones o haciendo digresiones justificadoras. Por supuesto, hay que elegir bien cuál argumento se lanza primero y cuál servirá de cierre. Los argumentos deben encadenarse de tal manera que vayan provocando en el lector un convencimiento paulatino, un crescendo hacia la adhesión de nuestra tesis.

¿Cómo darle inicio a un ensayo sobre un libro? (Aleida María Madera Almario – Ingeniería civil).

Lo fundamental es haber leído el libro más de una vez, ojalá subrayándolo y tomando abundantes notas. De igual modo, a la par que se lee la obra es indispensable ir mirando las recurrencias, las ideas fuerza que vertebran el texto, el modo de organizar el discurso. Terminado ese momento, luego de un meditado análisis, la tarea consiste en hallar la tesis desde la cual se desea elaborar el ensayo. No hablo de la tesis del autor (si fuera un libro de ensayos), sino de la tesis que el ensayista quiere plantear a propósito de la lectura de ese libro. Y serán las notas que tomó, las citas que subrayó, las que servirán como argumentos para avalar su lectura.

¿Cuál es la forma correcta de abordar un tema? (Samuel David Otero Arango – Ingeniería civil).

Los temas se empiezan a abordar desde un acto continuo de reflexión. Meditar en el tema es el primer mandato de cualquier ensayista: hacerle preguntas al tema, ver sus fisuras, contrastarlo; ponerlo en la mesa de disección para ver sus partes, sus interrelaciones con otros temas, su densidad epistemológica. Eso es lo esencial. Posterior o a la par de este momento es conveniente leer sobre el tema, documentarse, abrir la mente a diversas aproximaciones sobre el asunto o problema que nos interesa. Hay que “caminar el tema”, hablar de él con los más cercanos, dejarlo habitar en los actos cotidianos. Se pueden ir tomando notas o apuntes de lo que se vaya encontrando, de esas ideas sueltas que van apareciendo o de “ocurrencias” asociadas con el tema que nacen mientras hacemos otras labores. Todo lo anterior sirve para rubricar un consejo a los novatos ensayistas: si no se ha “rumiado” o cavilado de manera suficiente en un tema, será difícil que se les ocurra una tesis y, menos aún, que encuentren buenos argumentos.  

¿Cuáles son los errores más frecuentes al escribir un ensayo? (Arianna Alemán Jaramillo – Comunicación social y periodismo).

Los más frecuentes errores son los siguientes: a) confundir un ensayo con un comentario o confundir un ensayo con el resumen de un tema, b) ponerse a hablar generalidades sobre un tema, pero sin tener una tesis, c) presentar una tesis en el primer párrafo, pero luego abandonarla en los siguientes apartados; o no mantener el hilo de la tesis a lo largo de todo el ensayo, d) acopiar argumentos de autoridad, pero sin vincularlos directamente con la tesis objeto del ensayo, e) redacción fragmentada tanto en la inclusión de las ideas como en la construcción de los párrafos; o uso de un estilo farragoso, acumulativo, en el que predomina el uso reiterativo de comas y la ausencia del punto seguido, f) poco empleo de conectores lógicos que contribuyan a darle cohesión y coherencia a las ideas, g) títulos de los ensayos que no están conectados con la tesis del ensayo, sino con un tema genérico, h) exceso de párrafos demasiado cortos que podrían agruparse en uno solo; o abundancia de párrafos demasiado extensos en los que se incluyen muchos aspectos diferentes de un mismo asunto, i) dificultad para utilizar otro tipo de argumentos, distintos a los de autoridad, j) poco dominio en una forma de citación o de referencia bibliográfica determinada, k) ausencia notoria del uso de notas a pie de página, como estrategia para ampliar o profundizar información, l) debilidad en la macroestructura del texto, entre otras cosas porque no se elabora previamente un esbozo del ensayo, m) gran dificultad en la elaboración de analogías, como medio para argumentar a partir del pensamiento relacional, n) poco hábito en los procesos mentales de la deducción y la inducción; o fallas en el modo de sacar inferencias, ñ) desánimo para elaborar una segunda versión a partir de la correcciones del docente, o) mínima lectura de textos ensayísticos que sirvan de referente para la elaboración de los textos personales, p) creencia en que la escritura es el resultado de un “chispazo de genialidad o de suerte” y no una labor artesanal de pulimento y trabajo continuado.

Preguntas sobre la escritura de ensayos

09 domingo May 2021

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in APRENDER A ESCRIBIR, Ensayos

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Bloqueo para escribir, Cómo plantear la tesis, Conectores lógicos, Organización de las ideas para un ensayo, Uso de los argumentos

Ilustración de Jim Frazier.

Los estudiantes del colegio La Arboleda de Cali, liderados por el profesor Samir Jiménez Patiño, están ocupados en la escritura de ensayos. Por lo que sé, han seguido para tal propósito las indicaciones didácticas del profesor y las orientaciones contenidas en mi libro Las claves del ensayo. Adicionalmente me han compartido algunas preguntas surgidas a la par de su tarea de redacción. Paso, en consecuencia, a responder sus inquietudes, como un gesto de agradecimiento a la lectura de mi libro y como un modo de exaltar su empeño en aceptar el desafío de pensar por cuenta propia.

Al iniciar el proceso de escritura de un ensayo se tienen en la cabeza muchas ideas, pero es muy difícil llevarlas al papel. ¿Cuál puede ser una buena estrategia para romper esa barrera?

Si el problema no es la falta de ideas, sino su exceso, lo mejor –cuando se desea escribir un ensayo– es utilizar un mapa para organizarlas, listarlas o darles una incipiente distribución de tabla de contenido. Hallar, en la abundancia de nuestras ideas, tópicos o modo de agruparlas resulta útil tanto para arreglar el caos en nuestra cabeza, como para avizorar los posibles párrafos de nuestro ensayo. Pasar lo que bulle en nuestro cerebro al papel, al diseño, a los cuadros o los recuadros con sus respectivas líneas de división, puede dar excelentes resultados. Organizar las ideas, como se sabe, garantiza que luego, cuando ya estemos redactando, no terminemos divagando de un lado para otro o repitiendo las mismas ideas en distintos párrafos.

Para que un texto se considere un ensayo, ¿cuántos argumentos debe poseer como mínimo?

Todo dependerá del tipo de tesis que tenga entre manos el ensayista; a veces serán suficientes dos o tres; pero, en otros casos, tendrá que echar mano de cinco o más. En ciertas ocasiones, la selección de pocos argumentos de autoridad, por ejemplo, subsanan o evitan la búsqueda de muchas citas bibliográficas que no respaldan nuestra tesis de manera contundente. O si se cuenta con una adecuada analogía ella podrá remplazar muchos ejemplos. En todo caso, el número de argumentos necesarios en un ensayo corresponde a la necesidad del ensayista de que su tesis quede lo suficientemente avalada o de que, su línea argumental, haya quedado tejida lógicamente y esté bien cohesionada.

¿Cómo saber que tipos de argumentos utilizar cuando se inicia el proceso de escritura de un ensayo?

Eso estará sujeto al tipo de tesis o al contexto en que se solicite el ensayo. Porque si la tesis planteada es de orden teórico o de tono filosófico, seguramente los argumentos de autoridad y los lógicos serán los más pertinentes; pero si lo que se tiene entre manos es una tesis más creativa o innovadora, lo mejor será echar mano de los argumentos por analogía, combinándolos con ejemplos. Desde luego, lo más recomendable es combinar diferentes tipos de argumentos; esto no solo le da plasticidad al ensayo, sino que permite hacer converger diferentes recursos persuasivos.  El otro asunto es el destinatario o el ambiente en el que solicite el ensayo; porque si es para el mundo académico y, particularmente en el escenario universitario, el tipo de argumentos más socorridos serán los de autoridad con una rigurosa metodología de citación. Por supuesto se necesitarán otros tipos de argumentos, pero serán los de autoridad los que permitirán que el ensayo evidencie el dominio de entrelazar las voces de otros autores con la propia voz. Lo que sí es seguro es que los argumentos lógicos serán, en cualquier caso, imprescindibles; de no ser así, sería muy difícil darles una argumentación consistente a las ideas o hallar razones convincentes para persuadir al lector de la tesis que deseamos defender en el ensayo.

¿En un ensayo se puede escribir en primera persona y, aun así, conservar la rigurosidad en la escritura?

En propiedad, el ensayo nace de la afirmación de un yo en la escritura; es el medio para pensar por cuenta propia y no plantearse como un replicante de voces de autoridad. El ensayo, con Montaigne, se instaura desde la propia voz. A veces, se usa un nosotros para evitar el exceso de la primera persona. No creo que le ayude mucho al ensayo presentarlo en tercera persona, como si fueran las reflexiones de un ente anónimo, a sabiendas de que si algo tiene de válido es que es una tipología textual para presentar una tesis personal y defenderla con argumentos. No obstante, al afirmar que en el ensayo se puede escribir en primera persona no significa decir cualquier cosa u olvidarnos que estamos circunscritos a escribir en el terreno de la argumentación. Podremos utilizar nuestra propia voz, pero entendiendo que no estamos lanzando irresponsablemente una opinión o dejando ideas deshilvanadas o renunciando a la cohesión y la coherencia entre nuestras proposiciones. Ahí reside, precisamente, su rigor. Ni estamos escribiendo un cuento, ni presentando un relato tan emotivo como desordenado de algo que nos ha sucedido. En suma: lo personal no riñe con lo lógico y cabalmente argumentado.

¿La tesis de un ensayo siempre tiene que ser una afirmación, o puede ser una pregunta?

Lo aconsejable es presentar la tesis de manera afirmativa con el fin de que el lector sepa, de entrada, qué es lo que el escritor desea poner en debate o sobre qué idea quiere persuadirnos. Más que darle vueltas a un asunto lo adecuado es enunciar la tesis sin explicaciones o arandelas divagantes. Los párrafos que siguen servirán para argumentar, ejemplificar, o desarrollar lógicamente dicha tesis. Es factible usar una pregunta retórica a manera de tesis, dando por sentado que el lector entiende nuestra sutileza o ironía, pero es mejor convertir los interrogantes o las preguntas en una afirmación que viene siendo como la toma de postura del ensayista, su manera particular de asumir un asunto o un tema. A veces se usan las preguntas en el desarrollo del ensayo, pero como un recurso retórico para comprometer o poner a pensar al lector sobre alguna conclusión que sacamos a flote o hacer que las premisas lo conduzcan a aceptar nuestras razones.

¿Se puede decir que el ensayo tiene una estructura textual definida?

Dejando de lado la creatividad o el estilo personal del autor, un ensayo presenta la siguiente estructura general:  una tesis, unos argumentos que avalan o soportan dicha tesis, y un cierre que rubrica la tesis o la potencia hacia nuevos planteamientos. Ahora bien: en la segunda parte, referida a los argumentos de soporte, esa estructura se bifurca en muchas posibilidades: argumentos de autoridad, argumentos con analogía, argumentos con ejemplos, argumentos lógicos. Hay una relación entre la tesis y el cierre del ensayo, entre lo que se plantea y lo que se logra con nuestra argumentación. En la mitad de esas dos partes están nuestros recursos argumentativos. La estructura puede ramificarse si las condiciones para elaborarlo implican una extensión considerable o si por requisitos académicos demanda dar cuenta de determinadas fuentes o atender cierto problema específico. En este caso, el ensayo necesitará de subtítulos o de un caudal de recursos argumentativos de mayor profundidad. Sea como fuere, los basamentos de un ensayo consisten en tener una tesis y contar con grupo de argumentos para avalarla o darle sustento.

¿Es necesario que siempre que se inicie un párrafo en un ensayo se haga con un conector?

No necesariamente hay que usar un conector para iniciar un párrafo. Una vez más, será la línea argumental la que nos llevará a necesitar o no de un conector para hacer coherente lo que decimos en un apartado con lo que continúa en el siguiente. Nombrar aquello de lo que trata nuestro ensayo o echar mano de reiteraciones también son recursos con buenos resultados. Sin embargo, los conectores al inicio de los párrafos contribuyen a que el lector siga el hilo de nuestros planteamientos; son un modo de llevarlo paso a paso hasta el lugar del convencimiento o de interpelar su atención para que no pierda el camino de nuestra disertación. Estos conectores se hacen más necesarios en la medida en que aumenta la extensión del ensayo. En el fondo, el uso de conectores favorece el nivel de comunicación de nuestros escritos; es un gesto de interacción intelectiva con el lector, un modo de buscar la claridad y la comprensión en lo que escribimos.

¿Existen algunos conectores que no deben utilizarse por su uso recurrente en la escritura?

Más que existir conectores vedados en un ensayo, lo importante es usar variedad de ellos y evitar, en lo posible, que se repitan de manera continua en un mismo párrafo. Esa parece ser la recomendación fundamental: tener una riqueza de conectores que nos permita emplearlos con diversidad a lo largo del escrito. El otro punto tiene que ver con el cuidado al emplearlos, ya que cada uno de ellos hace parte de una familia específica de usos: los hay para ejemplificar, para darle continuidad al discurso, para señalar un orden temporal o espacial, para resumir o recapitular, para concluir, para subrayar una idea… En consecuencia, no podremos usar en un ensayo de manera indiscriminada un conector, sino que atendiendo a nuestro propósito argumentativo deberemos buscar el más idóneo para tal fin. Un error frecuente es usar un conector que no encaja con el desarrollo de nuestras ideas o, lo más grave, que entra en flagrante contradicción con el flujo argumentativo.

¿Cómo crear argumentos fuertes con analogías?

Cuando se argumenta mediante analogías es clave tener presente que no es suficiente mencionar la relación que nos sirve para argumentar la tesis, sino que debemos desarrollarla en su mayoría de semejanzas posibles. Lo que hace fuerte los argumentos con analogía es que el parangón entre las dos realidades comparadas se muestre en diversos aspectos o elementos; y a través de la mostración de esas similitudes entre realidades diferentes se saque el mayor número de argumentos para reforzar la tesis. Lo que le da contundencia a la analogía es el mayor número de afinidades que el ensayista puede mostrarle al lector y, con esas evidencias, establecer un razonamiento en cascada que lo lleve a convencerse de su planteamiento vertebral.

¿Qué hacer cuando se está bloqueado para escribir un ensayo?

Al igual que con otras tipologías textuales existen muchos recursos para salir de ese bloqueo: a veces el grafismo o el dibujo contribuyen a encontrar alguna salida para empezar a escribir; los trazos libres y espontáneos hacen las veces de pararrayos para la creación o el despuntar de las primeras líneas. También es útil empezar a redactar de cualquier manera, yendo sin rumbo fijo, dejándose llevar por la mera relación entre las palabras o tratando de derivar unas ideas a partir de la primera que sale de nuestra mente. Lo que se busca con este recurso es que, de un momento a otro, hallemos la punta de un hilo que nos permita tejer una primera idea que, ojalá, tenga el tono de tesis. A veces para salir de tales bloqueos resulta conveniente leer algún texto que esté relacionado con el tema o problema que nos interesa; esa lectura hace las veces de imantación o provocación intelectual y nos pone en sintonía con una parcela del saber que sirve de toque para encender nuestros propios pensamientos. En otras circunstancias los ejercicios de contrapunto con una cita que encontramos y nos parece interesante contribuye a adentrarnos, así sea parcialmente, en el terreno ensayístico; recordemos que escribir es una labor artesanal elaborada por pedazos, confeccionada de manera diferente a como queda, después de afinada o corregida, en el producto final. Y si nada de esto funciona, habría que intentar entregarse a la lectura de ensayistas que nos interpelan o hacen parte del grupo de mentores en esta tipología textual, a ver si entre sus páginas silentes hallamos una mano amiga que nos ayude a salir de ese vado de la improductividad escritural.  

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