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Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Archivos de etiqueta: Conectores lógicos

Inquietudes sobre escribir ensayos

01 lunes May 2023

Posted by Fernando Vásquez in APRENDER A ESCRIBIR, Ensayos

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Etiquetas

Aprender a argumentar, Citas en un ensayo, Conectores lógicos, Evaluar un ensayo

Ilustración de Cameron Cottrill.

En el reciente III Encuentro nacional e internacional: “Vive la lengua y disfruta su literatura” y el I Congreso internacional de lectura y escritura: “Perspectivas investigativas” de una de las subsedes de la Cátedra Unesco, que tuvo como sede a la Universidad Pontificia Bolivariana, seccional de Montería, estuve compartiendo con los estudiantes de los diversos programas de la Institución reflexiones y consejos para la Escritura de ensayos. El evento fue organizado por Lida Pinto Doria y Enyel Manyoma Ledesma del Centro de Formación Humanística, Elaine Edith Bedoya Pastrana del área de Cultura de Bienestar Universitario y María Dominga Ramos Cantero, jefe de Biblioteca. A las directivas de la Universidad y a ellas, mi agradecimiento. Si bien durante el encuentro resolví varias inquietudes del numeroso grupo de estudiantes, les solicité escribir algunas de sus preguntas más apremiantes sobre este tipo de texto con el fin de resolverlas en este blog. Lo que sigue, entonces, es un primer grupo de respuestas a tales inquietudes.

¿Cuáles son los mejores conectores para lograr un buen ensayo? (Isaías José Hernández – Ingeniería civil).

La calidad de los conectores depende del propósito argumental elegido por el ensayista. Así que, si la intención es inferir un planteamiento de otro anterior, pues los mejores conectores serán aquellos que permitan sacar alguna deducción de tal razonamiento (“en consecuencia”, “de aquí se desprende que”, “esto conduce a”…). Pero si lo que se desea es ejemplificar cierto razonamiento, los conectores apropiados serán los que ilustren la situación (“así, por ejemplo,”, “pongamos por caso”, “ilustremos lo dicho con”…). Lo que sí no se puede olvidar es que los conectores están en directa relación con el tipo de argumento que se emplee y con la línea argumental que se vaya desarrollando. No serán buenos conectores, entonces, aquellos que, en lugar de concluir, ejemplifican; o esos otros que, en lugar de dar continuidad, hacen evidente una antítesis.

¿Cómo se vería un título más llamativo? (Ena Sofia González López – Economía).

Para empezar, es recomendable titular pensando más en el lector que en el gusto del escritor. El título debe invitar a leer el ensayo y, en esa medida, tiene que ser persuasivo, sugerente. Los títulos menos interpelativos tienen la forma de descriptores fríos o son tan genéricos que no dicen nada. Pero lo más importante es que el título del ensayo esté en relación con la tesis; esa es la inicial promesa que el ensayista le hace al lector para convocarlo a sus páginas. Por supuesto, el ingenio y la creatividad contribuyen también a que el título ideado tenga la fuerza para incitar la imaginación o el interés de los lectores.

¿Cuál sería el mejor tema para abordar en un ensayo? (María José Negrete Arrieta – Ingeniería industrial).

No hay mejores o peores temas sobre los cuales se pueda hacer un ensayo; lo que sucede es que, para el ensayista, existen temas más cercanos o con mayor dominio que otros. Sirvan de ejemplo el agudo ensayo del sociólogo Georg Simmel sobre el “el asa” de los objetos (que bien pareciera un tema baladí o secundario), o el magnífico ensayo de Alfonso Reyes titulado “Notas sobre la inteligencia americana” (que aborda un tema histórico-cultural de gran complejidad). Otra cosa que ayuda a valorar los temas es qué tanto se ha meditado sobre esos asuntos o cuál ha sido el nivel de inmersión intelectual en determinado campo. Depende del tratamiento del tema por parte del ensayista, de la agudeza o de la calidad de los argumentos, como el tema se vuelve relevante o termina dotado de gran importancia.

¿Por qué es tan importante citar en un ensayo? (Elkin Alonso Martínez Sáenz – Psicología). ¿Es necesario siempre agregar citas o referencias al ensayo? (Estefanía Barroso – Psicología).

Las citas son parte del soporte de los argumentos de autoridad; son la manera como las voces de la tradición en determinado campo del saber sirven de aval argumentativo al ensayista. Al citar, el ensayista pone en movimiento la tradición de un saber, retoma un pasado intelectual y lo actualiza. Este ejercicio de la citación “da respaldo” a la propia voz, evidencia que se ha indagado en fuentes, obliga a interlocutar con otros pensadores o escritores que están en parcelas semejantes del conocimiento. Por supuesto, la citación es un modo formal de atender a “protocolos” académicos establecidos por comunidades de saber o por estamentos que abogan por el rigor en la presentación social de la escritura y que, al hacerlo, defienden o evitan el plagio de obras del pensamiento o de la imaginación. Se cita porque se cree y se protege la propiedad intelectual. 

¿La tesis en un ensayo siempre tiene que ser una afirmación, o puede ser una pregunta? (Nahomy Nisperuza Burgos – Ingeniería civil). ¿Es buena idea comenzar un ensayo con una pregunta? (Flor De Liz Padilla Ávila – Psicología).

Es más contundente poner la tesis en una afirmación. Le da más fuerza al propósito argumentativo o es una manera de presentar sin rodeos al lector la postura personal del ensayista. Esto no quiere decir que las preguntas estén vedadas de la variedad de formas como puede presentarse la tesis; lo que no es conveniente es dejar la pregunta tan abierta, que no se sepa en realidad cuál es la apuesta del ensayista, con qué se compromete, cuál es la consigna que sirve de punta de lanza a su argumentación. Por lo demás, esa proposición afirmativa de la tesis es como un medio de hacer más evidente el punto de vista del ensayista frente a un tema, problema o asunto.

¿Qué tan largo debe ser el ensayo? (Luna Vergara Negrete – Psicología).

Si bien el ensayo puede tener una extensión de más de quince páginas, de igual modo es viable elaborar ensayos de una página. Eso dependerá de las exigencias académicas, de la profundidad con que se analice críticamente una temática o del tipo de público y el medio en que se publique el ensayo. Los ensayos de Francis Bacon no pasan de una cuartilla, mientras que otros de Octavio Paz superan las cinco páginas. Algunos ensayos retoman un tema in extenso abordándolo desde apartados autónomos, pero conservando una relación entre aquellas partes; otros, concentran su esfuerzo argumentativo en un único aspecto o dimensión de un tema específico.

¿Cómo dar más solidez a mis argumentos? (Julio Ernesto Vásquez Dueñas – Ingeniería mecánica).

Todo depende del tipo de argumentos que se emplee. Si son de autoridad, serán más sólidos aquellos que apelen a autores reconocidos en el tema, con bibliografía pertinente, y cuyas citas retomadas estén en sintonía con la tesis defendida; si son argumentos basados en ejemplos, la clave estará en que sean apropiados o atinados con los razonamientos que se vayan a utilizar; si son argumentos con analogías, lo fundamental será que la comparación a la que se acuda sea la más idónea y esté lo bastante desarrollada en sus distintos aspectos de similitud como para que ilumine y convenza al lector de lo medular de la tesis. Y si se emplean argumentos lógicos, pues tendrán que ser rigurosos, coherentes, congruentes en su planteamiento.

¿Cómo superar la hoja en blanco? (Alix Dayana Peña Ramos – Comunicación social y periodismo). ¿Cómo manejar el bloqueo mental al escribir? (Samuel David Berrocal Barrios – Derecho).

La hoja en blanco, ese vacío abierto a nuestra inteligencia o a nuestra imaginación, a veces provoca bloqueos o genera cierto temor de no saber bien cómo llenarla o por dónde empezar a pergeñar las primeras líneas. Lo más aconsejable es empezar a redactar alguna cosa sin suponer que esas frases ya son el ensayo definitivo; o utilizar la página en blanco para graficar mapas de ideas; o listar términos que vayan aflorando según nuestro estado de ánimo. Por momentos los dibujos pueden ayudar a romper su hechizo y, en otras ocasiones, transcribir alguna cita de un libro que estemos leyendo sobre el tema que nos interesa, resulta una buena piedra de toque para empezar a escribir. Si vemos la hoja en blanco como una “mesa de trabajo” y no como algo límpido o imantado de perfección, seguramente saldremos del bloqueo que atenaza nuestra mente.

¿De qué manera se puede organizar la tesis en el ensayo? (Johenis Mulett Orozco – Arquitectura). ¿Cómo hacer para redactar una buena tesis? (Beatriz Elena Suarez Falon – Ingeniería civil).

La tesis es el alma del ensayo. Corresponde a la postura personal del ensayista frente a un tema o un problema. Casi siempre se enuncia de manera afirmativa, en forma sencilla y no debe ser muy extensa ni adelantar argumentos que luego se van a desarrollar. Por lo general se presenta en el primer párrafo y le permite al lector saber cuál es el planteamiento de base del ensayista que luego, en los siguientes párrafos, va a argumentar. Siempre hay que insistir en esto: la tesis no es la exposición de un tema, sino la valoración o juicio particular sobre determinado asunto.

¿Cuál es la mejor estructura para escribir un ensayo? (Camilo Andrés Reyes Ramos – Administración de empresas).

Aunque la iniciativa y creatividad del ensayista lleven a elegir diferentes alternativas de organización, podemos afirmar que la estructura básica de un ensayo sería la siguiente: presentar la tesis, buscar los argumentos que mejor la avalen y terminar reforzando o rubricando la tesis inicial. Sobra decir que, dependiendo de la complejidad del tema, será necesario emplear dos o más párrafos para cada tipo de argumento. En algunas ocasiones, puede necesitarse hacer un párrafo de encuadre antes de presentar la tesis o, cuando el ensayo es de largo aliento, redactar párrafos de amarre o continuidad. Planteamiento de la tesis, inclusión y desarrollo de los argumentos que la apoyan y refrendación de la tesis: eso es lo vertebral.

¿Una persona realmente puede ser totalmente objetiva al escribir un ensayo personal? (Diana Margarita Lora Peinado – Economía).

Como el ensayo es la postura personal de alguien sobre determinado tema, siempre tendrá una alta carga subjetiva. Sin embargo, esto no quiere decir que en un ensayo se opine indiscriminadamente o se afirme cualquier cosa. Hay una lógica en el desarrollo de los argumentos, una coherencia en la forma de organizar el discurso, una cohesión entre las ideas, que le da validez al ensayo. La “objetividad” proviene de la consistencia interna del texto. Todo lo que se diga en un ensayo hay que sustentarlo, justificarlo, darle fundamento. 

¿Cómo sé que el ensayo que escribí es muy bueno o malo? (Saray Sofía García Hoyos – Arquitectura).

Hay dos maneras de saberlo: la primera, es corroborar si la tesis presentada ha sido soportada con solidez argumentativa; si no quedaron intersticios, cosas por atender o aspectos tratados de manera superficial. Es decir, si los argumentos elegidos fueron suficientes y apropiados para nuestro propósito. La segunda forma es cotejar, con la matriz de evaluación o la rúbrica que previamente el maestro ha compartido con sus estudiantes, si todos los criterios o indicadores previstos se han cumplido a cabalidad. Es probable que al revisar el ensayo desde esos descriptores se pueda apreciar en cuáles de ellos hay un logro sobresaliente y en qué otros se tiene una debilidad notoria. No sobra advertir aquí que el ensayo se perfecciona mediante progresivas versiones: es en ese alambique de pasar por continuas correcciones como se logra un texto de gran calidad.

¿Por qué en algunas instituciones educativas te hacen creer que realizas bien un ensayo cuando en realidad es solo un resumen? (Mariana Martínez Ramos – Psicología).

Tal vez esto se deba al desconocimiento de las diferencias sustanciales entre distintas tipologías textuales, o a la confusión entre textos expositivos, narrativos y argumentativos. También es posible que, por priorizar los propósitos evaluativos sobre un texto, se termine desvirtuando el sentido del ensayo para responder a otros requerimientos didácticos. Sea como fuere, resumir un libro o una película no es igual a elaborar un ensayo. El resumen tiene sus características (omitir, seleccionar, reconstruir y generalizar una información, para seguir las macrorreglas de Teun van Dick) y obedece a una lógica que no es la de la argumentación.

¿Qué pasa cuando inicio a redactar un ensayo de un tema de mi interés y a mitad de la escritura el tema deja de agradarme? ¿Reescribo el ensayo desde otra perspectiva o cambio de tema por completo? (Ana Sofía Hidalgo Garzón – Psicología).

Para conseguir una buena tesis hay que “meditar” un buen tiempo el tema que nos interpela o ha sido puesto como “tarea” por algún docente. Reflexionar y meterse de lleno en este tema o problema contribuye a que encontremos un filón de interés de larga motivación. De lo contrario, con facilidad abandonaremos lo que a primera vista nos parecía sugestivo. Investigar, documentarse, ayuda a “tomarle cariño” a determinada temática. Si no hay inmersión y dedicación por un tiempo a un asunto se terminará como veleta yendo de una temática a otra y, lo más grave, se caerá en el desconcierto por la cantidad de información que se ha ido recogiendo en el camino. Desde luego, si a pesar de estudiar y profundizar en un tema, este no logra jalonar nuestra motivación por escribir, lo más aconsejable será cambiar de perspectiva y elegir otro campo de trabajo.

¿Qué impacto puede tener un ensayo en cuanto al desarrollo de una comunidad? (José Julián Pacheco – Ingeniería industrial). ¿Qué función tiene en la sociedad? (José David Gallego Ortiz- Ingeniería mecánica).

Los ensayos buscan, entre otras cosas, que los lectores adquieran o afiancen su lectura crítica de variados asuntos. Al ser un género que pone en cuestionamiento lo dado por hecho, lo establecido, los lugares comunes, su finalidad es despertar la conciencia, ofrecer otros puntos de vista para comprender los problemas, dotar al entendimiento de razones más lógicas y sensatas que únicamente emotivas. Eso de una parte. Y hay otro impacto que merece resaltarse: la lectura de ensayos crea condiciones favorables para que las personas, en su calidad de ciudadanos, tengan un repertorio de razones para comprender distintos puntos de vista, además de prepararlos y enseñarles, así sea de manera indirecta, cómo organizar la mente argumentativa para defender sus derechos, participar en el debate público, y ser más aptos para deliberar frente a los acuerdos y los consensos sociales.

Preguntas sobre la escritura de ensayos

09 domingo May 2021

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in APRENDER A ESCRIBIR, Ensayos

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Bloqueo para escribir, Cómo plantear la tesis, Conectores lógicos, Organización de las ideas para un ensayo, Uso de los argumentos

Ilustración de Jim Frazier.

Los estudiantes del colegio La Arboleda de Cali, liderados por el profesor Samir Jiménez Patiño, están ocupados en la escritura de ensayos. Por lo que sé, han seguido para tal propósito las indicaciones didácticas del profesor y las orientaciones contenidas en mi libro Las claves del ensayo. Adicionalmente me han compartido algunas preguntas surgidas a la par de su tarea de redacción. Paso, en consecuencia, a responder sus inquietudes, como un gesto de agradecimiento a la lectura de mi libro y como un modo de exaltar su empeño en aceptar el desafío de pensar por cuenta propia.

Al iniciar el proceso de escritura de un ensayo se tienen en la cabeza muchas ideas, pero es muy difícil llevarlas al papel. ¿Cuál puede ser una buena estrategia para romper esa barrera?

Si el problema no es la falta de ideas, sino su exceso, lo mejor –cuando se desea escribir un ensayo– es utilizar un mapa para organizarlas, listarlas o darles una incipiente distribución de tabla de contenido. Hallar, en la abundancia de nuestras ideas, tópicos o modo de agruparlas resulta útil tanto para arreglar el caos en nuestra cabeza, como para avizorar los posibles párrafos de nuestro ensayo. Pasar lo que bulle en nuestro cerebro al papel, al diseño, a los cuadros o los recuadros con sus respectivas líneas de división, puede dar excelentes resultados. Organizar las ideas, como se sabe, garantiza que luego, cuando ya estemos redactando, no terminemos divagando de un lado para otro o repitiendo las mismas ideas en distintos párrafos.

Para que un texto se considere un ensayo, ¿cuántos argumentos debe poseer como mínimo?

Todo dependerá del tipo de tesis que tenga entre manos el ensayista; a veces serán suficientes dos o tres; pero, en otros casos, tendrá que echar mano de cinco o más. En ciertas ocasiones, la selección de pocos argumentos de autoridad, por ejemplo, subsanan o evitan la búsqueda de muchas citas bibliográficas que no respaldan nuestra tesis de manera contundente. O si se cuenta con una adecuada analogía ella podrá remplazar muchos ejemplos. En todo caso, el número de argumentos necesarios en un ensayo corresponde a la necesidad del ensayista de que su tesis quede lo suficientemente avalada o de que, su línea argumental, haya quedado tejida lógicamente y esté bien cohesionada.

¿Cómo saber que tipos de argumentos utilizar cuando se inicia el proceso de escritura de un ensayo?

Eso estará sujeto al tipo de tesis o al contexto en que se solicite el ensayo. Porque si la tesis planteada es de orden teórico o de tono filosófico, seguramente los argumentos de autoridad y los lógicos serán los más pertinentes; pero si lo que se tiene entre manos es una tesis más creativa o innovadora, lo mejor será echar mano de los argumentos por analogía, combinándolos con ejemplos. Desde luego, lo más recomendable es combinar diferentes tipos de argumentos; esto no solo le da plasticidad al ensayo, sino que permite hacer converger diferentes recursos persuasivos.  El otro asunto es el destinatario o el ambiente en el que solicite el ensayo; porque si es para el mundo académico y, particularmente en el escenario universitario, el tipo de argumentos más socorridos serán los de autoridad con una rigurosa metodología de citación. Por supuesto se necesitarán otros tipos de argumentos, pero serán los de autoridad los que permitirán que el ensayo evidencie el dominio de entrelazar las voces de otros autores con la propia voz. Lo que sí es seguro es que los argumentos lógicos serán, en cualquier caso, imprescindibles; de no ser así, sería muy difícil darles una argumentación consistente a las ideas o hallar razones convincentes para persuadir al lector de la tesis que deseamos defender en el ensayo.

¿En un ensayo se puede escribir en primera persona y, aun así, conservar la rigurosidad en la escritura?

En propiedad, el ensayo nace de la afirmación de un yo en la escritura; es el medio para pensar por cuenta propia y no plantearse como un replicante de voces de autoridad. El ensayo, con Montaigne, se instaura desde la propia voz. A veces, se usa un nosotros para evitar el exceso de la primera persona. No creo que le ayude mucho al ensayo presentarlo en tercera persona, como si fueran las reflexiones de un ente anónimo, a sabiendas de que si algo tiene de válido es que es una tipología textual para presentar una tesis personal y defenderla con argumentos. No obstante, al afirmar que en el ensayo se puede escribir en primera persona no significa decir cualquier cosa u olvidarnos que estamos circunscritos a escribir en el terreno de la argumentación. Podremos utilizar nuestra propia voz, pero entendiendo que no estamos lanzando irresponsablemente una opinión o dejando ideas deshilvanadas o renunciando a la cohesión y la coherencia entre nuestras proposiciones. Ahí reside, precisamente, su rigor. Ni estamos escribiendo un cuento, ni presentando un relato tan emotivo como desordenado de algo que nos ha sucedido. En suma: lo personal no riñe con lo lógico y cabalmente argumentado.

¿La tesis de un ensayo siempre tiene que ser una afirmación, o puede ser una pregunta?

Lo aconsejable es presentar la tesis de manera afirmativa con el fin de que el lector sepa, de entrada, qué es lo que el escritor desea poner en debate o sobre qué idea quiere persuadirnos. Más que darle vueltas a un asunto lo adecuado es enunciar la tesis sin explicaciones o arandelas divagantes. Los párrafos que siguen servirán para argumentar, ejemplificar, o desarrollar lógicamente dicha tesis. Es factible usar una pregunta retórica a manera de tesis, dando por sentado que el lector entiende nuestra sutileza o ironía, pero es mejor convertir los interrogantes o las preguntas en una afirmación que viene siendo como la toma de postura del ensayista, su manera particular de asumir un asunto o un tema. A veces se usan las preguntas en el desarrollo del ensayo, pero como un recurso retórico para comprometer o poner a pensar al lector sobre alguna conclusión que sacamos a flote o hacer que las premisas lo conduzcan a aceptar nuestras razones.

¿Se puede decir que el ensayo tiene una estructura textual definida?

Dejando de lado la creatividad o el estilo personal del autor, un ensayo presenta la siguiente estructura general:  una tesis, unos argumentos que avalan o soportan dicha tesis, y un cierre que rubrica la tesis o la potencia hacia nuevos planteamientos. Ahora bien: en la segunda parte, referida a los argumentos de soporte, esa estructura se bifurca en muchas posibilidades: argumentos de autoridad, argumentos con analogía, argumentos con ejemplos, argumentos lógicos. Hay una relación entre la tesis y el cierre del ensayo, entre lo que se plantea y lo que se logra con nuestra argumentación. En la mitad de esas dos partes están nuestros recursos argumentativos. La estructura puede ramificarse si las condiciones para elaborarlo implican una extensión considerable o si por requisitos académicos demanda dar cuenta de determinadas fuentes o atender cierto problema específico. En este caso, el ensayo necesitará de subtítulos o de un caudal de recursos argumentativos de mayor profundidad. Sea como fuere, los basamentos de un ensayo consisten en tener una tesis y contar con grupo de argumentos para avalarla o darle sustento.

¿Es necesario que siempre que se inicie un párrafo en un ensayo se haga con un conector?

No necesariamente hay que usar un conector para iniciar un párrafo. Una vez más, será la línea argumental la que nos llevará a necesitar o no de un conector para hacer coherente lo que decimos en un apartado con lo que continúa en el siguiente. Nombrar aquello de lo que trata nuestro ensayo o echar mano de reiteraciones también son recursos con buenos resultados. Sin embargo, los conectores al inicio de los párrafos contribuyen a que el lector siga el hilo de nuestros planteamientos; son un modo de llevarlo paso a paso hasta el lugar del convencimiento o de interpelar su atención para que no pierda el camino de nuestra disertación. Estos conectores se hacen más necesarios en la medida en que aumenta la extensión del ensayo. En el fondo, el uso de conectores favorece el nivel de comunicación de nuestros escritos; es un gesto de interacción intelectiva con el lector, un modo de buscar la claridad y la comprensión en lo que escribimos.

¿Existen algunos conectores que no deben utilizarse por su uso recurrente en la escritura?

Más que existir conectores vedados en un ensayo, lo importante es usar variedad de ellos y evitar, en lo posible, que se repitan de manera continua en un mismo párrafo. Esa parece ser la recomendación fundamental: tener una riqueza de conectores que nos permita emplearlos con diversidad a lo largo del escrito. El otro punto tiene que ver con el cuidado al emplearlos, ya que cada uno de ellos hace parte de una familia específica de usos: los hay para ejemplificar, para darle continuidad al discurso, para señalar un orden temporal o espacial, para resumir o recapitular, para concluir, para subrayar una idea… En consecuencia, no podremos usar en un ensayo de manera indiscriminada un conector, sino que atendiendo a nuestro propósito argumentativo deberemos buscar el más idóneo para tal fin. Un error frecuente es usar un conector que no encaja con el desarrollo de nuestras ideas o, lo más grave, que entra en flagrante contradicción con el flujo argumentativo.

¿Cómo crear argumentos fuertes con analogías?

Cuando se argumenta mediante analogías es clave tener presente que no es suficiente mencionar la relación que nos sirve para argumentar la tesis, sino que debemos desarrollarla en su mayoría de semejanzas posibles. Lo que hace fuerte los argumentos con analogía es que el parangón entre las dos realidades comparadas se muestre en diversos aspectos o elementos; y a través de la mostración de esas similitudes entre realidades diferentes se saque el mayor número de argumentos para reforzar la tesis. Lo que le da contundencia a la analogía es el mayor número de afinidades que el ensayista puede mostrarle al lector y, con esas evidencias, establecer un razonamiento en cascada que lo lleve a convencerse de su planteamiento vertebral.

¿Qué hacer cuando se está bloqueado para escribir un ensayo?

Al igual que con otras tipologías textuales existen muchos recursos para salir de ese bloqueo: a veces el grafismo o el dibujo contribuyen a encontrar alguna salida para empezar a escribir; los trazos libres y espontáneos hacen las veces de pararrayos para la creación o el despuntar de las primeras líneas. También es útil empezar a redactar de cualquier manera, yendo sin rumbo fijo, dejándose llevar por la mera relación entre las palabras o tratando de derivar unas ideas a partir de la primera que sale de nuestra mente. Lo que se busca con este recurso es que, de un momento a otro, hallemos la punta de un hilo que nos permita tejer una primera idea que, ojalá, tenga el tono de tesis. A veces para salir de tales bloqueos resulta conveniente leer algún texto que esté relacionado con el tema o problema que nos interesa; esa lectura hace las veces de imantación o provocación intelectual y nos pone en sintonía con una parcela del saber que sirve de toque para encender nuestros propios pensamientos. En otras circunstancias los ejercicios de contrapunto con una cita que encontramos y nos parece interesante contribuye a adentrarnos, así sea parcialmente, en el terreno ensayístico; recordemos que escribir es una labor artesanal elaborada por pedazos, confeccionada de manera diferente a como queda, después de afinada o corregida, en el producto final. Y si nada de esto funciona, habría que intentar entregarse a la lectura de ensayistas que nos interpelan o hacen parte del grupo de mentores en esta tipología textual, a ver si entre sus páginas silentes hallamos una mano amiga que nos ayude a salir de ese vado de la improductividad escritural.  

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