"Ícaro y Dédalo" del pintor Charles Paul Landon.

«Ícaro y Dédalo» del pintor Charles Paul Landon.

Mira ese cielo:
hermoso, infinito,
azul hasta las lágrimas
¿no sientes su llamado?
Y aquellas nubes blancas,
¿puedes verlas?
semejando ser gigantes almohadas
para abarcar la altura de tus sueños.
No temas,
toda esa infinitud te pertenece.
 
Huele los vientos,
respira, abre los brazos,
siente tus alas…
El insondable firmamento por ti espera.
¡Vamos!
Abandona tus miedos,
cierra los ojos
y escucha tu corazón gritar descalzo.
 
Ahora,
abre los ojos y tus alas,
observa ese verde entre los riscos,
mira qué tanta agua,
qué variedad de luces,
qué multitud de formas nuevas.
Allá, ¡fíjate!,
está naciendo otro color inexplorado.
 
Tranquila, no dudes,
la eternidad es un abismo
si la miramos desde nuestros temores;
pero si observas con atención,
al fondo,
si afinas la percepción y tus sentidos,
verás en medio de las rocas
la variedad de flores,
la riqueza de frutos…
un festival de vida como el canto de los pájaros.
 
Prepárate,
muéstrale al sol tus alas
y recoge de las alturas su mensaje.
Así, ¡perfecto!
Empínate un poco y ve al acantilado.
No hables por ahora
concéntrate en el vuelo,
vas a caminar con otros pasos.
 
No pienses en tu peso,
aminora el pasado,
tira todo ese lastre de temores.
¡Eso!
Desnúdate de corazas y ataduras
que te cubren,
deja limpia tu piel de antiguos atavíos.
Recuerda,
vas a nacer de nuevo…
 
Ven,
¡dame la mano!
y abandonémonos a la caricia de los aires.

 

(De mi libro Ese vuelo de palabras, Kimpres, Bogotá, 2011, pp. 161-163).