Ilustración de Peter Rothmeier Ravn
Ilustración de Peter Rothmeier Ravn.

1. Recuerde que una cosa es la comunicación y otra, bien distinta, la información. La comunicación es más que el mensaje escueto que decimos o enunciamos; la comunicación compromete nuestros sentimientos y nuestras emociones. La información es inmediata; pero la comunicación requiere de tiempos, momentos, espacios y palabras adecuadas. La información cuando es tocada por la comunicación sufre transformaciones, adaptaciones, matices, cambios en su estructura o en su entonación. La información pretende ser neutra e igual para todos; en cambio la comunicación es interesada y busca llegar a cada receptor según su edad, género, condición social, nivel de educación y espacio donde habita.

2. Tenga presente que no sólo comunicamos con nuestras palabras, también entran en juego nuestro cuerpo y nuestra postura, nuestros ademanes y nuestro tono de voz. La comunicación no verbal sazona, merma, aumenta o contradice los mensajes que decimos a otros. Por eso es tan importante entender el papel de nuestra mirada o nuestras manos cuando establecemos relaciones interpersonales o de grupo. El cuerpo es el vehículo de la comunicación; el cuerpo es la energía de la comunicación.

3. Pase lo que pase en sus relaciones personales, de negocios o de trabajo, no olvide que la comunicación es un proceso. Hay que insistir muchas veces en nuestro receptor para que un mensaje sea captado o comprendido en plenitud. Las personas tendemos a “editar” o recortar los mensajes que recibimos bien sea porque nos afectan positiva o negativamente o porque se juntan o chocan con nuestros intereses. Debido a que percibimos la vida y el mundo de manera diferente (hay credos, ideologías, filiaciones políticas), en esa medida pasamos por diversos cedazos los mensajes que nos llegan. No hay que desesperarse si en un primer momento aquello que deseamos comunicar no es asimilado, o si es captado de manera diferente a la intención que buscábamos.

4. No es efectivo, cuando tratamos de comunicarnos con otra persona, suponer que aquélla ya ha entendido porque le decimos o enviamos un mensaje. Siempre es recomendable pedirle retroalimentación o solicitarle que nos diga, en sus propias palabras, lo que ha comprendido. Muchas de las fallas de comunicación (en la pareja, en la familia, en el trabajo) nacen de los sobreentendidos, de lo dado por hecho. Tampoco es bueno, por miedo o timidez, dejar que un diálogo o una conferencia sigan su curso cuando hay palabras o mensajes que no entendemos. No dude en preguntar, interrumpir o pedir explicaciones. Para que la comunicación se dé de manera eficaz requiere que las partes involucradas se asuman como protagonistas, como actores vivos de un diálogo.

5.  Evite en lo posible ser agresivo con sus mensajes. Cuando se comunique, procure por todos los medios, no ofender o herir con sus palabras. Los seres humanos somos muy sensibles al tono, al tipo de palabras empleadas, al momento en que otro nos dice alguna cosa, a la situación en que se nos informa de algo. Piense lo que va a decir; busque los términos más adecuados; sopese el impacto que puede tener su mensaje. Intente ser asertivo; es decir, acepte a los demás y tenga la firmeza para expresar lo que siente o desea. Aprenda a decir “no” cuando sea necesario y reconozca en los demás sus logros o sus aciertos. No intente avasallar; tampoco se muestre en su conversación como alguien intransigente. Si las razones o los argumentos de otras personas son mejores que los suyos, acéptelos.

6.  Aumente cada día su léxico, su capital cultural. Vuelva la lectura un hábito. Sáquele un tiempo, así sea reducido, a frecuentar un libro de relatos o de poesía. Recuerde que los buenos conversadores, los buenos oradores, tienen una variedad de términos. Tenga a la mano un diccionario y léalo no sólo para buscar términos que desconoce, sino como una forma de viajar por el amplio territorio de nuestro lenguaje. La lectura frecuente de buena literatura ayuda a darle flexibilidad y riqueza a nuestro pensamiento; nos dota de un repertorio de ejemplos; nos hace más incisivos y más precisos en los mensajes que emitimos.

7.  Por ser la comunicación una tarea de largo aliento; por usar una materia tan ambigua como las mismas palabras, aprenda a pedir perdón o a corregir oportunamente alguna omisión o falta en sus mensajes. No crea que pierde autoridad o dominio. Todo lo contrario: los buenos comunicadores están conscientes de sus errores y pueden pasar de manera rápida a pedir disculpas o a precisar de mejor manera algo que por el afán o la falta de tacto generó en nuestro interlocutor molestia o desagrado. Tenga presente que el malentendido siempre está como telón de fondo cuando tratamos de comunicarnos.

8.  Si va a usar alguna ayuda audiovisual recuerde que cada medio de comunicación tiene su función más adecuada. Ni todo se puede resolver con un power point y un videobeam, ni todo se reduce a una presentación oral. El secreto es combinar diversos medios (orales, escriturales, audiovisuales, de interacción), pero dependiendo del tipo de interlocutores o de auditorio. Antes de utilizar un medio de comunicación o ayuda audiovisual pregúntese primero quién es su público, quiénes y cuántos son a los que les va a hablar. A veces es más efectiva una simple cartelera que una larga exposición con infinitas diapositivas. De igual manera, tenga presente este otro consejo: utilice el medio de comunicación que más conozca o con el que se sienta más cómodo. Eso genera confianza en quien lo escucha.

9. Fíjese con cuidado en las estrategias y técnicas que usan comunicadores de prestigio o que tienen influencia en su entorno o su comunidad. Analice cada detalle y mire el impacto que producen en el público o las personas que lo escuchan. Percátese de las palabras que emplean, de la postura que asumen, de las ayudas de utilizan. Observe las pausas en el discurso, los ejemplos de que se valen, la dosificación del tiempo. Estudie esos comunicadores con mucho detalle. Trate de imitar esas técnicas, poniéndoles su toque personal. Y si quiere complementar este aprendizaje de los expertos, busque en la librería o en una biblioteca algún libro sobre técnicas de comunicación interpersonal.

10. Y por supuesto, practique y ejercítese constantemente en sus tareas comunicativas. En estos asuntos, como en otros, la práctica va puliendo y mejorando lo que en un primer momento sale torpe o a medio hacer. No espere que en la primera vez su comunicación sea exitosa o de alto impacto. Por eso, es importante que evalúe cualquier actividad de comunicación que haga. Deje un tiempo para conocer cómo fueron captados sus mensajes, qué tanto llegaron o de qué manera se comprendió algo que buscaba comunicar. Sáquele provecho a lo que dicen sus interlocutores o su auditorio. No se defienda ni se ofenda. Escuche y tome nota. Fije en su memoria esta consigna: será un mejor comunicador cuanto más capacidad de escucha posea.