Para evitar que alguna fiera la devorara, la gacela tomó una drástica decisión: iba a deshacerse de sus enemigos mortales. Para ello le pidió ayuda a una cebra, con la cual siempre hacía su larga caminata en las migraciones. Luego de aquella conversación, la gacela empezó por tenderle una celada a la leona mediante un espeso matorral de bejucos venenosos. Allí se escondió estratégicamente para que cuando llegara la fiera, ella pudiera de un salto eludirla y la leona quedara presa entre las lianas emponzoñadas. Así lo hizo y allí quedó presa su primera amenaza. La gacela volvió a hablar con la cebra compañera de camino. Entre las dos conversaron sobre cómo deshacerse del guepardo, el animal más rápido de la pradera. A la gacela se le ocurrió que podía usar una profunda grieta que había visto en uno de sus paseos por el valle cubierto de pasto. Y hacía allá encaminó su plan: haciendo como si no hubiera visto a la manchada fiera ir lentamente tras de ella, apenas sintió que el guepardo empezaba su veloz carrera, la gacela dio un largo salto, zigzagueó entre el pastizal y con un súbito cambio de dirección hizo que el guepardo terminara desnucándose en el abismo previsto. Con la cebra, a la que ya consideraba su amiga, urdieron otras tantas artimañas para deshacerse del leopardo y una pareja de hienas. Después de todas esas estrategias para acabar con sus enemigos, la gacela se sintió segura. Ya no tendría depredadores a la vista. Ahora sí podía disfrutar a sus anchas del verde pasto de la sabana. Lo que no previó la gacela fue el ataque de su propia compañera de estratagemas. Una tarde, mientras pastaban juntas, la cebra sintió que la gacela se apropiaba de un pedazo de pasto que sentía como propio, y sin pensarlo mucho le mordió una pata. La gacela se apartó de un salto, tratando de minimizar el incidente; al fin de cuentas, era su amiga, y cómo no perdonarle ese súbito cambio de humor. Sin embargo, unos días después la agresión se repitió: pero esta vez el mordisco fue tan fuerte que la dejó renca. La gacela, en consecuencia, poco a poco empezó a quedarse relegada de su manada. La herida terminó infectándose. Casi al cumplir un mes del último y repentino ataque de la cebra, los buitres esparcieron los huesos de la gacela por la caliente pradera.
La gacela y sus enemigos
22 domingo Nov 2020
Posted in Fábulas

Juan Olarte dijo:
Hola, Fernando. Mi nombre es Juan José, tengo 19 años y estudio Licenciatura en Español y Lenguas Extranjeras en la Universidad de La Salle. Actualmente, estoy en cuarto semestre.
Recientemente analizamos esta fábula, y me pareció fascinante por la manera en que muestra que el peligro no solo proviene de los enemigos evidentes, sino también de aquellos en quienes depositamos nuestra confianza.
La historia de la gacela me dejó pensando en cómo a veces nos preocupamos tanto por las amenazas externas que no vemos el peligro en quienes nos rodean. La traición de la cebra me recordó que no siempre quienes parecen aliados actúan con buenas intenciones, y que la ambición o el poder pueden transformar incluso los lazos más cercanos.
Me gustaría saber en qué te inspiraste para crear esta fábula. ¿Hubo algún acontecimiento, historia o experiencia que influyó en su desarrollo?
¡Gracias por compartir este relato tan reflexivo!
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Juan José, gracias por tu comentario. Por lo general, las fábulas que escribo nacen de alguna acontecimiento que he vivido o del cual he sido testigo o de la reflexión sobre hechos o situaciones cotidianas.
Amy Piraneque dijo:
Hola Fernando, mi nombre es Amy Piraneque y estoy en 4to semestre de la carrera Licenciatura en Español y Lenguas Extranjeras en la Universidad de la Salle. En clase de lectura crítica hice un análisis profundo con esta fábula, la cual elegí comentar porque me impactó su mensaje y me sentí identificada con la historia de la gacela. Muchas veces creemos que las mayores amenazas vienen de afuera, de enemigos evidentes, cuando en realidad la traición puede venir de quienes tenemos más cerca, de aquellos en quienes confiamos.
El giro de la historia me hizo reflexionar sobre cómo, en la vida, no siempre podemos prever el daño que pueden causarnos personas que consideramos aliadas. Me pareció una representación muy realista de la confianza y la vulnerabilidad en las relaciones humanas.
Gracias por compartir relatos como este que nos invitan a pensar y relacionar con nuestras propias experiencias. Saludos! 🙂
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Amy, gracias por tu comentario. Sí, las fábulas tienen como fin incentivar la autoreflexión.
Laura Linares dijo:
Hola, Fernando. Mi nombre es Laura Linares, tengo 22 años y estudio Licenciatura en Lenguas Extranjeras en la Universidad de La Salle.
En nuestra clase de lectura crítica abordamos esta fábula, y me pareció muy interesante por la manera en que plantea el peligro no solo en los enemigos evidentes, sino también en aquellos en quienes confiamos.
La historia de la gacela me dejó reflexionando sobre cómo, en muchas ocasiones, nos enfocamos en defendernos de amenazas externas y nos olvidamos de que el verdadero peligro puede venir de quienes consideramos aliados. La traición de la cebra me recordó que no siempre quienes están a nuestro lado tienen las mejores intenciones, y que el poder puede llegar a corromper incluso las relaciones más cercanas.
¡Gracias por compartir este relato!
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Laura, gracias por tu comentario.
Nidia Romero Pineda dijo:
Sin lugar a duda es un deleite leer sus producciones Doctor Fernando. Abrazo Fraterno
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Nidia, gracias por tu comentario. Otro abrazo para ti.
CECILIA BUSTAMANTE dijo:
Los animales son especies que merecen respeto.
Me parece que en el ataque entre la gacela y la cebra cabe un toque de envidia, como en los seres humanos, basta con mirar a nuestro alrededor, aquella persona que ha logrado desarrollarse personal o profesionalmente es mirado con desconfianza y recelo por parte de otros individuos. Las personas envidiosas no pueden soportar pensar, que hay otros sujetos que han tenido más suerte o han alcanzado cotas de éxito superiores a ellos.
Cuando no se poseen talentos se envidian los logros de los demás.
Algún autor anónimo dijo: “La envidia de un amigo es peor que el odio de un enemigo”.
Por eso, cuando veas que un amigo cree que tienes un éxito excesivo, empieza a preocuparte seriamente.
Fernando, que alegría volver por este tu blog a recordar viejos tiempos. Te envío un saludo especial y un gran abrazo. Deseando que te encuentres bien. Se te extraña demasiado.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Cecilia, gracias por tu comentario. Qué grata noticia leerte. La extrañeza es mutua.
Héctor dijo:
Coincido con Luis Carlos. Más vale tener claro la diferencia entre el amigo y el complice. El primero te insistirá en la conveniencia de mantenerte en el camino del bien; el complice, escondido tras la máscara del aliado leal- y motivado por emociones ponzoñosas-, te hará ver enemigos donde no los hay; Cuando descubras quien se esconde detrás de la mascara, puede ser demasiado tarde. «Perros que con lobos mata, lobos le matan”
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Héctor, gracias por tu comentario.
LUIS CARLOS VILLAMIL JIMÉNEZ dijo:
Gracias por el mensaje Fernando: No confundamos los aliados con los amigos. Al final priman los intereses particulares.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Luis Carlos, gracias por tu comentario.