Los Grupos de Apoyo a la Cultura Académica (GRACA) de la Universidad del Valle “son una de las estrategias de acompañamiento a los procesos académicos de los estudiantes”. Dicha estrategia está a cargo del Grupo de investigación Leer, escribir y Pensar de la Escuela de Ciencias del lenguaje, dirigido por la profesora Esperanza Arciniegas Lagos quien, a su vez, es la coordinadora de la Red le lectura y escritura (REDLEES) del Nodo Univalle. Gracias a una invitación que me hicieron recientemente, tuve la oportunidad de charlar con estudiantes y profesores vinculados a esta iniciativa sobre “La lectura crítica y la escritura en las disciplinas”. Antes de empezar mi charla invité a los participantes a redactar algunas preguntas que motivaron su asistencia. Después de recoger sus inquietudes tuve la oportunidad de responder presencialmente ese día varias de ellas y, ahora, seleccioné unas cuantas –entre las muchas inquietudes– para responderlas en este espacio virtual. Sirvan entonces los párrafos que siguen como una forma de mostrar mi agradecimiento a Esperanza y su equipo, y a los estudiantes que apoyan los procesos de lectura, escritura y oralidad en la Universidad del Valle.
¿Tiene algo que ver la lectura crítica con ser maestro? (Cristian David Chacón Ospina).
Muchísimo. Los maestros no son simples transmisores de información; tienen una tarea más importante, que es la de contribuir a la formación intelectual y moral de sus estudiantes. Eso supone, entonces, unas capacidades docentes que superan la mera lectura de textos disciplinares. Un maestro necesita enriquecer el saber de su asignatura con una fina lectura de la sociedad y del contexto en que viven sus estudiantes; necesita tomar distancia de la inmediatez de las opiniones circundantes para orientar el buen juicio y la toma de decisiones de sus alumnos; le es esencial enseñar a sospechar, cuestionar y preguntar, si en verdad le importa formar ciudadanos. Todas estas acciones están directamente relacionadas con la lectura crítica y hacen parte de su tarea como mediador entre el caudal de experiencias y saberes acumulados en el pasado y la asimilación, tamizaje y valoración de un legado cultural de cara al porvenir.
Desde el rol del docente, ¿cómo podemos fomentar la lectura crítica a los estudiantes que se enfrentan por primera vez a los textos académicos? (Valentina Quintero Ortega).
La lectura crítica empieza a fomentarse desde el modo como se piensa y organiza una clase. Se afianza cuando empleamos modelos de enseñanza más problémicos que temáticos; cuando usamos estrategias de aula centradas en las hablas plurales (el debate, el panel, el foro) en las que se caldee la propia opinión y se aprenda a argumentar; cuando hacemos un intencionado esfuerzo para que las tareas asignadas a los estudiantes tengan como propósito fundamental examinar, reflexionar y proponer alternativas a determinado asunto. Dicho de otra manera, el fomento de la lectura crítica empieza por asumir un modelo de enseñanza en que la reflexión, el diálogo, la participación, la pregunta, sean fundamentales. Una segunda manera de fomentar la lectura crítica en los estudiantes que empiezan a leer textos académicos es la de comenzar por la caracterización de dichos documentos: a qué tipología textual pertenecen, cómo están estructurados, cuál es el mensaje que comunican, qué argumentos les sirven de soporte… Sobra decir aquí que la lectura crítica tiene sus bases en la lectura comprensiva de los textos (invito a leer en este mismo blog la entrada titulada “Examen a la lectura comprensiva”). Agregaría que resulta clave para iniciar a los estudiantes a la lectura crítica, y más si son novatos en este tipo de documentos, pensar muy bien la selección de los textos, que no sean tan extensos, para poder luego trabajarlos en clase; ver sus mecanismos de significación, mirar su entramado, someterlo a un análisis detallado que permita ir mostrando las acciones y el modo de proceder cuando se hace lectura crítica.
¿Cuál es el papel que cumple la reflexión en el proceso de la escritura crítica? (José Julián Londoño).
La reflexión es el instrumento y el proceso vertebral para realizar lectura crítica. Gracias a la reflexión se toma distancia comprensiva de lo que se está leyendo; mediante esta actividad del pensamiento discriminamos la información, vemos sus recurrencias y sus fisuras, sus contradicciones y omisiones. La reflexión, espoleada por la curiosidad y la atención vigilante, se transforma en cuestionamiento progresivo, en interrogantes continuos que el lector le hace al texto. De igual modo, la reflexión permite entrever las relaciones entre las partes de un texto y el conjunto; es muy útil para entender la línea argumental o la postura de un autor; provee grandes insumos al momento de producir una opinión o redactar un texto derivado de alguna lectura. En gran medida, hacer lectura crítica es leer reflexivamente; es decir: leer interactuando con los significados, leer sopesando la construcción de los mensajes, leer los textos en relación con los contextos.
¿Cómo la lectura crítica fomenta la participación interdisciplinaria? (Edinson Figueroa Raigosa).
Como bien se sabe, todo texto es una especie de palimpsesto en el que conviven e interactúan otros textos. La lectura crítica (y esto es un aporte de la semiótica) involucra diversas áreas o disciplinas. Necesita del rigor de la lógica, de la perspectiva temporal de la historia, de las miradas contextuales de la sociología y la antropología; echa mano del análisis, pero también de la riqueza analógica de los símbolos tan usados por el arte y la literatura. Quien hace lectura crítica necesita de conocimientos lingüísticos, especialmente semánticos, pero también de una capacidad de análisis cercana al campo de la filosofía. Los lectores críticos más avezados hacen confluir los saberes de diferentes disciplinas al momento de “develar” o mirar los pormenores significativos de un texto.
¿Cuáles podríamos decir que son los principios básicos para trabajar la lectura crítica en las aulas universitarias? (Karina Alejandra Arenas Hernández).
Si entendemos por principios aquellos fundamentos que orientan las acciones del maestro, considero que la siguiente decena de ellos constituyen un buen repertorio para trabajar la lectura crítica en las aulas universitarias: 1) Siempre que proponga una lectura en su clase, procure seleccionar al menos dos posturas ideológicas diferentes. 2) Lea o invite a leer los textos en su contexto histórico; ubique la obra en la perspectiva nacional, regional e internacional. 3) Enseñe y guíe en el aula la lectura de las partes de un texto siempre en relación con la totalidad del mismo. 4) Invite a que sus estudiantes sometan los vocablos reiterativos en un texto al filtro de los campos semánticos. 5) Pase de la bibliografía listada a la bibliografía comentada. 6) Convierta la lectura de tablas de contenido (o de índices) en una práctica de su aula de clase. 7) Trabaje en el aula con tipologías textuales concebidas para la crítica, como son el contrapunto, el aforismo, la fábula, el ensayo. 8) Privilegie en clase el uso de las hablas plurales como el debate y el foro. 9) Emplee el método del caso y de los dilemas morales para fortalecer el juicio crítico. 10) Fomente la lectura de un mismo texto o de una unidad cultural desde diferentes enfoques analíticos como el estructural, el inferencial o el simbólico.
¿Cómo implementar la lectura crítica en niños? (Diana Lorena Valenzuela).
Las primeras acciones para iniciar a los más pequeños en la lectura crítica de textos se asocian a las propias del pensamiento crítico. Me refiero, por ejemplo, a empezar a trabajar con ellos la comparación, la inducción, la analogía, las relaciones… Se trata de empezar a familiarizarlos con las operaciones del análisis. Para lograr este cometido es fundamental hacer relectura de los textos, usar la pregunta de manera estratégica y focalizada, señalar términos recurrentes. Considero que la lectura inferencial (esa de rastrear indicios o pistas en el texto) sigue siendo un medio vigoroso para despertar el interés de los estudiantes. Sobra advertir que la elección de los textos que se van a utilizar merece una cuidadosa selección tanto por la construcción como por su contenido. Y, por supuesto, será indispensable trabajar la lectura comentada en grupo, animando a la participación o usando recursos didácticos que muestren el “engranaje” o el “entramado” del texto que se está leyendo.
¿Cómo implementar de manera eficaz la lectura crítica a estudiantes que nunca se han inmerso en el tema? (Ana Sofía Ávila).
Animar a la lectura es una de las labores más importantes de los maestros; eso es lo básico. A pesar del desgano inicial o el desconocimiento de cierto tipo de textos, lo esencial es abrirles la ventana de la lectura a los estudiantes. Mostrar en clase sus diversas tipologías, explicarles cómo es su funcionamiento, llevar ejemplos que ilustren lo que significa leer un texto. Es necesario propiciar el trabajo en grupo para que se evidencien las “diferentes lecturas” que se derivan de un mismo documento; hacerles evidente que el mensaje se va construyendo línea a línea, párrafo a párrafo. Todo esto es previo a lanzarlos a hacer lectura crítica. Primero hay que sentar las bases de la lectura, ejercitarlos en ese ejercicio cognitivo, mostrarles las bondades que posee la lectura para su desarrollo mental, profesional y cultural. Después sí, con ese conocimiento y disposición hacia lectura, vale la pena adentrarlos en las particularidades de este modo de leer. El uso intencionado del listado de preguntas, las guías para focalizar y profundizar en una lectura, el uso de recursos escritos como las ideas fuerza, el resumen o el contrapunto, todas estas estrategias didácticas son más eficaces que la mera asignación u “obligación” académica de leer determinado texto.
¿Considera que la lectura en medios virtuales y audiolibros es conveniente a la hora de generar pensamiento crítico? (Emiliana Rodríguez Sapene).
Lo importante no es tanto el soporte en que se lee, sino lo que el maestro pida hacer o luego haga en clase con esa lectura. Si se “manda” a leer sin unas preguntas orientadoras, sin una guía que enfoque el objetivo propuesto, sin unas herramientas cognitivas previas, el resultado no será muy diferente al que se logre con un texto escrito. Por lo demás, si el docente sabe sacar provecho del tipo de soporte en que el estudiante lee inicialmente un documento pues logrará unos beneficios adicionales para su labor académica (por ejemplo, los resaltados de colores o las notas que pueden ir haciéndose como glosas a la par que se va leyendo en los medios virtuales). Sea como fuere, en el caso de los soportes de audio es recomendable cotejarlos en clase con el documento escrito, especialmente para poder apreciar la relación de las partes con el conjunto. No sobra recordar que uno de los pilares del pensamiento crítico es el cotejo de fuentes y medios diferentes.
¿Qué tanto cree usted que influye la familia en la lectura crítica? (Wendy Amaya).
La influencia de la familia es muy importante en esto de la lectura crítica. Y no me refiero sólo a que los hijos vean leer habitualmente a sus padres, sino a que en los espacios familiares de encuentro se creen ambientes propicios para dialogar sobre lo que se escucha en la radio, se ve en la prensa o los noticieros o circula en las redes sociales. No ayuda mucho el mutismo intrafamiliar y que cada quien se encierre en su burbuja. La conversación sobre tópicos específicos, el debate tranquilo sobre un mismo asunto desde diversos puntos de vista, la formación en la argumentación sustentada, son legados intelectuales que los padres pueden dejar a sus hijos. Creo que en décadas anteriores en las familias se hablaba más, se debatía sobre la vida cotidiana, se ofrecían miradores de juicio para combatir el fanatismo y la rampante estupidez de creer cualquier rumor.
¿Se puede entrenar en hacer lectura crítica? (Sara Lasso Muñoz).
Claro que sí. Algunas de las respuestas que he dado a varios de los interrogantes anteriores muestran caminos o estrategias didácticas para alcanzar esa meta. Además de lo dicho, se me ocurren ahora otros ejercicios que ayudarían a una buena “tonificación” del pensamiento para la lectura crítica. Lo primero es ejercitarse en la sospecha, la suspicacia, en la pausa reflexiva ante la avalancha de los mensajes circulantes. Esto ayudaría mucho a “tomar distancia” a “revisar la letra menuda”, a descubrir las “segundas intenciones” que por lo general están debajo de los mensajes manifiestos. Un segundo ejercicio, que tanta falta nos hace hoy en este mundo donde lo medios masivos juntan opinión con información, es comparar diferentes canales de información, no volverse “seguidor” de una sola emisora, el mismo telenoticiero, el único “influencer”; y no absolutizar o tomar como “verdad incuestionable” los rumores que parecen ser la tendencia de moda. Agregará, finalmente, otro ejercicio que contribuiría a mantener la tranquilidad personal y favorecer la convivencia con los demás, y es el de habituarse a no emitir juicios irresponsables con informaciones parciales, a propagar mentiras infundadas basadas en rumores incendiarios, a ver o convertir en enemigos peligrosos todas las personas que piensan diferente de nosotros. Porque, en últimas, aprendemos a hacer lectura crítica no para erigirnos en altaneros jueces de los demás, sino para acabar de comprender lo que le sucede a la gente cuando tiene poder, el sesgo que sufren nuestras ideas cuando son tocadas por las emociones y las pasiones, el juego de interpretaciones al que siempre está expuesto todo mensaje, y el gran trabajo intelectual que implica desprenderse de las creencias de la mayoría para pensar por cuenta propia.



