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Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Publicaciones de la categoría: Diálogos

Hospedar la palabra del otro

02 miércoles Nov 2022

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Diálogos

≈ 6 comentarios

Ilustración de Alessandra Olanow.

Joaquín: ¿Y ese milagro de ver a su reverencia?

Óscar: Para que vea, yo soy la prueba de que los milagros existen.

Joaquín: No, en serio, casi no podemos sacar el tiempo para tomarnos un cafecito…

Óscar: En algo ayudó el bajón de la pandemia, y que ya acabé de dictar un Seminario con monjitas, en Fusagasugá.

Joaquín: Tú siempre andando entre sacerdotes y monjas… ya casi eres un cura.

Óscar: Ofertas me hicieron, pero yo no sirvo para estar encerrado en un convento.

Joaquín: Además, con ese espíritu tuyo tan poco obediente…

Óscar: Joaquito, digamos más bien, con un espíritu libre como el viento…

Joaquín: ¿Y sobre qué era el Seminario? Si se puede saber…

Óscar: Sobre las bondades del diálogo…

Joaquín: ¿Y por qué no invitó? Me hubiera apuntado; y de paso me hubiera echado una calentadita.

Óscar: Era un evento cerrado. No para pecadores como tú…

Joaquín: Pues cuando soy débil, entonces es cuando soy fuerte…

Óscar: ¿Y dónde estás aprendiendo ahora esas citas bíblicas?

Joaquín: No sólo los que hablan con monjas son los que echan mano de San Pablo…

Óscar: Sorpresas nos dejó esta pandemia… Mi querido Joaco ahora leyendo la Biblia…

Joaquín: Sólo me gloriaré de mis flaquezas… Bueno, pero no me envolates lo que te pregunté: ¿sobre qué trataba el Seminario?

Óscar: Pues del significado que tiene el diálogo y su importancia para todos aquellos que se sienten llamados a servir o aconsejar a otros.

Joaquín: ¿Y eso fue por qué?, ¿cuál era el motivo de ese encuentro?

Óscar: Hacía parte de una lectura atenta de la encíclica del Papa Francisco Fratelli tutti…

Joaquín: ¿Es decir?

Óscar: “Hermanos todos”.

Joaquín: Interesante. ¿Y tú eras el único invitado?

Óscar: Había otros conferencistas, varios sacerdotes jesuitas. Yo era el único laico…

Joaquín: ¿Comprometido?

Óscar: Sí, señor, con Marilyn, la que tú conoces…

Joaquín: Pero dejando la broma a un lado, yo sí creo que lo del diálogo es un asunto de gran importancia para los seres humanos. Fíjate, todos estos meses, casi años, encerrados, sin la posibilidad de reencontrarnos, de darnos un abrazo, de sentir a nuestros amigos o seres más queridos al lado, no fue una cosa de menor importancia. No creo que las pantallas o las breves reuniones por un monitor suplan el calor y la emoción de estar frente a frente con quienes más queremos o más necesitamos.

Óscar: De acuerdo. Parte de los cuadros depresivos de muchos conocidos tiene que ver con eso, precisamente. La falta de contacto entre los seres humanos fue como un retroceso en nuestro avance de socialización.

Joaquín: Y no sé si te has percatado de lo que ha venido después: una especie de reacción agresiva ante cualquier contacto, un desfogue en la violencia, una furia interior difícil de explicar.

Óscar: Sí, puede ser una consecuencia de haber estado enclaustrados a la fuerza. Como las calderas, pero sin ese desfogue por donde sale el vapor que evita la explosión.

Joaquín: Basta analizar el caso nuestro. Aunque contábamos con celular, WhatsApp y zoom, y nos hablábamos con frecuencia, pues añorábamos estar compartiendo este café, aquí juntos, uno al lado del otro. No sé a ti, pero dialogar contigo es una manera de reiterar el afecto, la amistad de tantos años, la certeza de la fraternidad.

Óscar: Igual pienso. El diálogo es el modo como se gesta y se reafirma la cultura del encuentro, que entre otras cosas es una idea del Papa Francisco en su encíclica.

Joaquín: El encuentro, sí señor. Pero mucho más fuerte es en el reencuentro; reencontrarse es una especie de alegría, como cuando uno se topa de pronto con algún dinero que dejó olvidado en un pantalón… Es una manera de ratificar cosas, de subrayar los vínculos o de actualizar el pasado para darle sentido al presente.

Óscar: Insisto en que la pandemia te dejó secuelas teológicas y filosóficas.  

Joaquín: Aunque se burle, y usted sabe que me gusta la filosofía, lo cierto es que el aislamiento va minando el espíritu, lo va opacando o quitándole la luz que proviene de un otro que está fuera de ti.

Óscar: El Papa habla de encuentros reales, de que dialogar es “darle tiempo” a otro; de tomarnos en serio a los demás…

Joaquín: ¿Lo del prójimo?

Óscar: Lo del próximo, como le gusta decir a él. Dialogar es romper lejanías de toda índole, es abrir el corazón o, para recordar algo de lo que dije en el Seminario, es una capacidad para “trascenderse en una apertura a los otros”.

Joaquín: Me gusta esa idea de la trascendencia vertida hacia lo humano.

Óscar: Es que, para dialogar, hay que salir de uno mismo, en el sentido de dejar en remojo las propias creencias, las propias ideas, para que sea posible escuchar lo que otra persona trata de decirnos. Porque a veces no dialogamos, sino que monologamos o queremos imponer a los demás lo que pensamos. Trascenderse es romper el cascarón del propio mundo para dejar abierta la posibilidad de lo inédito o lo inesperado…

Joaquín: Además, al otro ser humano debo considerarlo valioso; considerarlo importante, digno, para sentarme a dialogar con él.

Óscar: Así es… y por eso el Papa habla de hospitalidad, de ese don para encontrarse con la humanidad de otro o de otros…

Joaquín: Me gusta esa idea, así no haya leído la encíclica, eso de que dialogar es como ser capaz de hospedar la palabra del otro.

Óscar: Tú, siempre sacando provecho de tus buenas lecturas de poesía…

Joaquín: Para algo deben servir los años que he releído a Pedro Salinas, el gran conocedor de las minucias del tú y el yo…

Óscar: Ilumíname, querido amigo, con algunos de esos versos que cargas en tu mente como si fueran un equipaje lírico.

Joaquín: “Ven a mi desde ti, no desde tu cansancio de ti…” “Que hay otro ser por el que miro el mundo porque me está queriendo con sus ojos…” “Mundo, verdad de dos, fruto de dos…”

Óscar: “La vida es el arte del encuentro, aunque haya tanto desencuentro por la vida”.

Joaquín: Pues parece que el religioso también tuvo su conversión por la poesía…

Óscar: No, Joaquito, es un verso de Vinicius de Moraes que trae a colación el Papa cuando habla de la nueva cultura del poliedro…

Joaquín: Ahora sí tienes que explicarme eso con plastilina, y despacito.

Óscar: Lo que sucede es que el Papa echa mano de esta figura para hablar del modo como debemos hoy entendernos, sin en verdad nos interesa la convivencia pacífica. Se trata de comprender que el mundo o la sociedad actual tiene multitud de caras, puntos de vista diferentes y que, si lo miramos bien, se iluminan recíprocamente. No es que haya unos lados más importantes que otros. Él lo expresa, si mal no recuerdo, así: “nadie es inservible, nadie es prescindible”. Entonces, dialogar es ser capaces de reconocer esas diferentes caras del poliedro, reconocer al distinto, permitirse cambiar de perspectiva.

Joaquín: Y la luz de una cara puede iluminar la sombra de otro rostro.

Óscar: Sí, ese es como el sentido. La riqueza está ahí: hay que permitirle a nuestro oído que resuenen distintas voces… Detrás del poliedro está una crítica a los fundamentalismos excluyentes y los fanatismos de todo tipo.

Joaquín: Pero para eso se requiere ser flexible, ¿no crees?

Óscar: Sí, y de eso también habla el Papa en su encíclica… Es difícil dialogar con alguien que tiene duro el espíritu, calcificado el pensamiento de solo mirar por una cara del poliedro… ¿Y sabes de qué otra condición para dialogar habla Francisco?

Joaquín: ¿De cuál?

Óscar: De la amabilidad. “La amabilidad como liberación de la crueldad…” La amabilidad que no solo permite, sino que estimula el afecto entre las personas, el nacimiento de los vínculos.

Joaquín: Yo creo que esa amabilidad de igual modo crea las condiciones para que se cree la confianza. Sin confianza es casi imposible que un diálogo sea genuino o que alcance la hondura de lo humano.

Óscar: De acuerdo. Cada vez me convenzo más de una cosa: para alcanzar el umbral de la confianza se requiere tiempo compartido con la otra persona, es vital acceder a los itinerarios de su historia y eso demanda sentarse tranquilamente a conversar, dejando que fluyan las palabras, pero también dándole espacio a los silencios…

Joaquín: Y ni qué decir de la discreción, que es como el ángel guardián de las confesiones y los secretos compartidos. Hay muchos diálogos fracturados precisamente por eso, porque la confianza fue desmoronada por la imprudencia, por no frenar la lengua o por la falta de cuidado de ese otro ser.

Óscar: La confianza es una manera de entregarle a otro nuestra fragilidad, y crece en la medida en que salvaguardamos sus secretos, su vida privada.

Joaquín: Asunto que en nuestra época parece en contravía de lo ventilado a diario como trofeo por los medios masivos de información y lo que, con saña y venganza, se divulga en las redes sociales. 

Óscar: Hemos ido dejando que lo privado sea secuestrado por el afán de notoriedad.

Joaquín: Asocio lo que dices con otro ambiente propicio para el diálogo, me refiero al respeto. Un valor que cada día nos está resultando difícil de practicar o testimoniar.

Óscar: Pienso que somos irrespetuosos porque, muy en el fondo, el otro no nos importa, porque es alguien que no merece nuestra consideración. Se ha ido perdiendo esa dimensión sagrada de lo que es una persona. No nos importa ni su edad, ni su experiencia, ni sus sueños, ni sus problemas. 

Joaquín: Para respetar a otro se requiere sentirnos corresponsables de su existencia, de su historia. Y al no respetarlo, rompemos su autoestima y, con ello, generamos el resentimiento, el odio.

Óscar: De pronto esta época de la prisa y del consumo masivo en que vivimos nos ha vuelto sordos para escuchar la singularidad de las personas…

Joaquín: Sabes que sí, ya nadie quiere ni tiene el tiempo para escuchar a otro, llámese colega, familiar o vecino.

Óscar: El Papa advierte que, por esa falta de escucha, es que hemos ido perdiendo la sabiduría. Tengo acá en mi agenda de notas del celular, una de las frases que usé durante la presentación. ¿Te interesa escucharla?

Joaquín: Sólo oídos…

Óscar: “La sabiduría no se fabrica con búsquedas ansiosas por internet, ni es una sumatoria de información cuya veracidad no está asegurada. De ese modo no se madura en el encuentro con la verdad”. Y el Papa afirma que esa verdad brota, precisamente, del diálogo, “entre espíritus libres y dispuestos al encuentro”.

Joaquín: No sé dónde leí, pero me acuerdo de un filósofo que dijo que “se aspira a la sabiduría frotando y limando el cerebro propio con el de otro”.

Óscar: Sí, esa fue también la apuesta del viejo Sócrates, ¿no?

Joaquín: Y fue mediante diálogos como Platón nos enseñó a buscar la sabiduría.

Óscar: ¿Sabes otra idea que trabajé con las monjitas? La del diálogo como síntesis superadora…

Joaquín: De nuevo la plastilina, por favor…

Óscar: Que dialogar no es sumar diversas opiniones, sino llegar a un punto en que las diferencias se enriquecen iluminándose recíprocamente, en que la complementación es superior a mis ideas o las tuyas. “El todo es más que la mera suma de las partes”. La síntesis superadora es el nosotros.

Joaquín: ¿Y cómo respondieron las monjitas a tus reflexiones?

Óscar: Receptivas, propositivas, con excelente escucha…

Joaquín: Mi tía Purificación, que fue educada por monjas, decía que las monjitas eran las que le ponían la carne al espíritu del evangelio.

Óscar: Yo he comprobado en ellas su vocación de servicio, su dedicación a curar las heridas de su prójimo… Y ahora que lo recuerdo, el Papa Francisco dice eso en la encíclica, “el servicio es, en gran parte, cuidar la fragilidad”.

Joaquín: Bueno, como sé que tienes otros compromisos, y ya hemos repetido la dosis de café, qué tal si me compartes algunas de esas otras frases que sirvieron de motivo inspirador para tu Seminario.  

Óscar: Mi estimado Joaco, se nota que me conoces bien… Te las voy a leer para que las rumies mientras vuelves a tu apartamento o para que sirvan de aperitivo a nuestro próximo “reencuentro…”

Joaquín: Aceptada de una vez la invitación.

Óscar: Va la primera: “El diálogo persistente y corajudo no es noticia como los desencuentros y los conflictos, pero ayuda discretamente al mundo a vivir mejor, mucho más de lo que podamos darnos cuenta”.

Joaquín: Qué cierto. El diálogo no es noticia; sube más la audiencia cuando se habla del conflicto y de la polarización.

Óscar: Sigo, con mis frases destacadas…

Joaquín: Ay, sí, qué pena, vuestra reverencia.

Óscar: “Nos hemos empachado de conexiones y hemos perdido el sabor de la fraternidad”.

Joaquín: Como quien dice, mucha información, pero poca comunicación.

Óscar: Y la última, que bien parece un homenaje a nuestro diálogo de esta tarde: “La vida no es tiempo que pasa, sino tiempo de encuentros”.

Diálogo entre la emoción y la razón

30 lunes May 2022

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Diálogos

≈ 4 comentarios

Ilustración de Jim Tsinganos.

Razón: Debes estar feliz con el resultado de las pasadas elecciones presidenciales, ¿no?

Emoción: Pues, para hablar con sinceridad, te diré que sí. Logré que un buen número de personas expresaran su rabia, su inconformismo, su resentimiento, su odio…

Razón: Eso noté, aún en las declaraciones de algunos candidatos perdedores…

Emoción: Sí, sabes bien que yo convoco a más personas que tú… soy el dinamismo de las masas.

Razón: Eso parece en un primer momento, tú eres la que está más a la mano… yo, en cambio, obligo a detenerse, a sopesar, a no responder al primer impulso, a medir las consecuencias de lo que se dice o de lo que se hace…

Emoción: Hoy en día eso no es tan importante. Lo que la gente quiere, y muy especialmente la juventud, es expresar su inconformismo, sea como sea, empleando cualquier tipo de medios…

Razón: Me preocupa mucho eso de que no importen los medios…

Emoción: A mí no, si se logran los fines; con el tiempo las personas olvidan los medios empleados.

Razón: A mí me parece que no todos los medios tienen el mismo valor o el mismo rasero moral…

Emoción: Ese término es tan relativo hoy… ya no estamos en un mundo de una única moral, con un único credo.

Razón: Pero, precisamente por ello, es necesario respetar algunas normas, unos mínimos, una ética que termine jerarquizando lo que consideramos valioso para una familia, una comunidad, un país… Si realmente nos interesa convivir con otros no podemos predicar aquello de que todo vale lo mismo.

Emoción: Te noto algo vieja para el mundo que vivimos, o quizá muy intelectualizada… como con exceso de lecturas y presa de tus mismos argumentos.

Razón: Tal vez sea eso lo que más te molesta, que, a diferencia de ti, reconozca el legado cultural que nos ha permitido avanzar como especie…

Emoción: Yo me siento más genuina; digo lo que siento, hago lo que quiero, me considero libre…

Razón: Ese es el problema: que detrás de tu presunta libertad se esconde una flagrante irresponsabilidad… lo que cuenta es tu mundo, tu entorno, tus preferencias, tus opiniones… el resto, o no te importa o no haces nada para considerarlo relevante.

Emoción: Bueno, así está el mundo hoy, y hay que estar a la moda, o si no terminamos como tú, desconectada de la gente, de la algarabía de las masas, del disfrute del presente.

Razón: Prefiero no quedarme solo en el inmediatismo del presente, siempre procuro entenderlo en esa tensión entre el pasado y el porvenir…

Emoción: Pero te privas del disfrute… hay que gozarse la vida tal y como venga, sin complicarla demasiado ni pensar tanto en los resultados…

Razón: No digo que no haya que gozar en el hoy… sin embargo, me sé más previsiva que impulsiva, más cuidadosa que derrochadora, más serena que impaciente. Soy como el dios Jano, que tengo una cara mirando hacia el pasado y otra avizorando el porvenir…

Emoción: Yo no soy así, lo que pasó ya pasó y de lo que pueda pasar, como no sabemos nada, lo  mejor es abandonarse al estallido del ahora…

Razón: Tal forma de actuar lleva a demasiados equívocos y en ello puedes arriesgar tu vida y la de muchos otros.

Emoción: Mis errores son sinceros, me salen sin demasiadas arandelas; además, como digo frecuentemente, que cada quien asuma sus riesgos como pueda…

Razón: Hay una sinceridad que se parece mucho al irrespeto, a la intolerancia, a la poca o nula importancia de los demás… Si estuvieras tú sola, no habría problema, pero vives y actúas con otros, construyes sociedad con los demás… y eso te pone en la dinámica de aquilatar tus derechos con tus deberes, tus libertades con tus responsabilidades…

Emoción: Creo que le das muchas vueltas al asunto, lo mío es más directo…

Razón: Porque le doy muchas vueltas a los asuntos es que puedo prever, juzgar, analizar y saber elegir el mejor camino, la mejor opción… Lo que tú ves como un defecto es, en realidad, mi ventaja sobre ti.

Emoción: Ojalá las personas actuaran así, pero en muchos asuntos cotidianos lo que mueve a la gente es el impulso emocional, que le atraiga o no una persona, que esté a gusto o no en determinada situación.

Razón: Y allí precisamente es donde aparece el papel de la crianza, de la educación para romper ese narcisismo de estar sometidos al capricho… Si no fuera por mí llevarías a las personas hacia los precipicios, si no te ofreciera algunas riendas andarías desbocada a todo momento y lanzando coces a diestra y siniestra…

Emoción: Tal vez por eso no me ha gustado ir a la escuela y por eso detesto los protocolos y por eso rompo cualquier tipo de ley…

Razón: Yo, en cambio, procuro por todos los medios recordarte los acuerdos, las normas de convivencia, los referentes axiológicos, el buen juicio para tomar una decisión, la prudencia, el bien común….

Emoción: Tú sabes que cuando llego a mi punto límite, todo eso queda como en lejanía… Soy alguien que prefiere el torbellino del carnaval… mañana será otro día.

Razón: Después de la borrachera de la fiesta, viene la resaca y, con ella, el remordimiento, la desazón, el reencuentro con la propia conciencia…

Emoción:  A lo mejor me dolerá la cabeza, pero, como dicen, nadie me quitará lo bailado…

Razón: Es un modo demasiado corto de actuar y justificarte…

Emoción: La vida es tan breve…

Razón: Y, por eso mismo, hay que tener cierta sabiduría para sacarle el mejor provecho…

Emoción: Creo que te pierdes muchas cosas por hacerlas depender de la bendita sabiduría…

Razón: Por el contrario, es gracias a esa sabiduría como he ido aprendiendo a gozar la vida. Se disfruta mucho más lo que podemos comprender.

Emoción: Bueno, pero volviendo a nuestro asunto inicial, dime si yo no soy definitiva al momento de elegir a un candidato…

Razón: Ya lo creo… Y eso lo saben bien los publicistas o estrategas de comunicación de masas…

Emoción: ¿Ves? ¿de qué sirves tú y tus propuestas tan elaboradas si en últimas lo que prima en la gente es el impulso de mis motivos…?

Razón: Lo has dicho bien, el momento del impulso… pero, ¿después?, ¿qué hacer con las consecuencias de ese impulso?

Emoción: Eso ya será otro asunto…

Razón: No, pienso que ese es el punto de fondo que nos diferencia… A mí sí me preocupa lo que viene después de ese impulso gobernado por tu mano; a mí me parece demasiado riesgoso, para ti misma y para las personas incendiadas por tu voz, decidir asuntos esenciales guiándose solamente por el caudal exaltado y repleto de tu agitación. 

Emoción: Qué culpa tengo yo, así son los seres humanos…

Razón: Así nacemos, pero ese no es un determinismo de lo que debemos ser… Al hombre le está permitido formarse, desarrollarse, afinar sus sentidos… convertir tu fuerza en una genuina experiencia transformadora.

Emoción: O sea que alguna importancia tengo…

Razón: Claro que sí, qué sería del arte sin tu caldo de cultivo, que sería de las interrelaciones humanas sin tu atracción vinculante, qué sería de la existencia sin tu paleta de colores….

Emoción: Ya decía yo que no era cualquier cosa…

Razón: No niego tu importancia… Lo que afirmo es que no siempre eres la más idónea consejera, especialmente cuando se trata de la toma de decisiones, y que muchas veces por obedecer a tus fugaces lancetazos las personas terminan eligiendo aquello que menos les favorece o echan a pique lo que con tanto esfuerzo han construido.

Emoción: Te pusiste fatalista.

Razón: Más bien, realista.

Emoción: En todo caso, tú sin mí no logras calar en el corazón de la gente…

Razón: Y tú, sin mi discernimiento, erizarás su piel, pero poco o casi nada su inteligencia.

Emoción: Con tal de conmover sus entrañas, ¡qué otra cosa se puede pedir!

Razón: Yo aspiro a algo más: a poner en armonía el fuego de su corazón con el ininflamable brasero del juicio crítico.

La biografía y sus alcances formativos

21 domingo Nov 2021

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in APRENDER A ESCRIBIR, Diálogos, OFICIO DOCENTE

≈ 2 comentarios

Fotografía de Klaus Enrique Gerdes, recreando al pintor Arcimboldo.

Diego: Casi que la pandemia no nos permite reencontrarnos. Gracias por aceptar la invitación a este cafecito.

Emilio: Gracias a ti, por la invitación. Está comprobado que no es lo mismo conectarnos por zoom que estar cuerpo a cuerpo dialogando con los amigos…

Diego: Eso es cierto. Además el encierro como que a uno le merma las fuentes expresivas y se requiere el calor de la presencia para que renazca la viveza y la espontaneidad de las palabras.

Emilio: No cabe duda. 

Diego: Y tu familia, ¿todo bien?

Emilio: Afortunadamente sí. Mi madre sigue con los achaques propios de su edad, pero ya con sus dos dosis de la vacuna, se siente más tranquila.

Diego: Qué bueno. Mi hermana, Azucena, es la que estuvo contagiada hace como seis meses; sin embargo, no le dio tan duro como a otras personas.

Emilio: Me alegra. Bueno, y qué era lo que deseabas compartirme o sobre lo cual puedo echarte una mano.

Diego: Es sobre la maestría que estoy haciendo virtualmente.

Emilio: ¿La de literatura?

Diego: Sí. Es sobre el proyecto de grado en que ando metido. Y como sé que tú has trabajado ese tema, se me ocurrió que podrías darme algunas pistas o sugerencias al respecto.

Emilio: Desde que pueda, claro que sí. ¿Y sobre qué estás trabajando?

Diego: Sobre la biografía.

Emilio: Interesante tópico. ¿Y cuál es el foco de tu biografía?

Diego: Tengo varias opciones, pero dependiendo de lo que hablemos esta tarde, tomaré uno u otro camino.

Emilio: ¡Qué responsabilidad! Confiemos en que sea la misma conversación la que te vaya dando las mejores respuestas.

Diego: He preparado un repertorio de preguntas, que fue una de las sugerencias de mi directora de tesis. Así que, en este momento, te nombro uno de mis informantes-clave.

Emilio: Honor que me haces, estimado Diego. Aunque si hubiera sabido el motivo específico de nuestra charla, me habría preparado.

Diego: Tú no necesitas prepararte, porque hasta donde sé, has dado cursos y has realizado investigaciones sobre este tópico.

Emilio: Algo hemos hecho. Sin embargo…

Diego: Dejemos a un lado la modestia y empecemos. ¿Te parece?

Emilio: Bueno, listo…

Diego: ¿Qué es para ti la biografía?

Emilio: Es la narración pormenorizada de una vida… O como decía Dilthey, del “curso de vida” de un individuo.

Diego: ¿De toda la vida?

Emilio: Eso sería imposible. Yo diría que el biógrafo selecciona los eventos más significativos. Y si bien su horizonte es el tiempo entre el nacimiento y la muerte de una persona, lo que hace es enfatizar en aquellos pormenores o detalles que, vistos en su conjunto, tienen una importancia relevante.

Diego: Estuve leyendo sobre eso, sobre la imposibilidad de relatar toda la vida de una persona, dada la complejidad que alberga un ser humano y las múltiples interacciones de las cuales participa.

Emilio: Por eso pienso que el biógrafo en realidad reconstruye el periplo vital de una persona, a la manera de alguien que arma un mosaico con diversas teselas…

Diego: ¿Y cómo logra pegar todos esos pedazos?

Emilio: En algunos casos será documentándose, investigando, hablando con informantes cercanos al personaje, y, en otras ocasiones, usando su imaginación.

Diego: Ese es otro problema con el que me he encontrado: la tensión entre verdad y ficción; entre los rasgos o situaciones por las que realmente pasó un individuo y esos otros atributos o eventos exaltados por la imaginación del biógrafo… No es fácil saber dónde termina una frontera y dónde comienza la otra…

Emilio: De allí que autores como Michel de Certeau, si la memoria no me falla, consideraba que la biografía era un género híbrido… híbrido porque pone en comunión los aspectos exteriores de una persona con esa otra dimensión interior, psicológica, a la cual es muy difícil acceder si no se acude a la intuición o la creatividad.

Diego: Siempre queda uno con la duda, cuando lee una biografía, si esa persona era como nos la pintan o si es más bien el retrato imaginado por el biógrafo.

Emilio: Me acuerdo de lo que decía André Maurois en un largo ensayo que te recomiendo, “Aspectos de la biografía”; un texto que recoge las conferencias que dictó en Cambridge, por allá en 1928. Maurois afirmaba que la biografía debía combinar la verdad con la personalidad; los hechos con el carácter; eso implicaba, según él, exponer los acontecimientos sin olvidarse de que se está relatando la “evolución de un alma humana”, con sus contradicciones.

Diego: He estado buscando ese libro y no me ha sido fácil ubicarlo. ¿En dónde lo conseguiste?

Emilio: Hace parte de las Obras completas publicadas por Plaza Y Janés…

Diego: Ya. Ojalá me lo pudieras prestar…

Emilio: Siguiente pregunta…

Diego: Me había olvidado que no te gusta prestar tus libros…

Emilio: Ese podría ser un rasgo de mi personalidad, una de mis manías; si algún día te da por hacer mi biografía.

Diego: Ganas no me han faltado… pero, por ahora, vamos con la siguiente pregunta. Dice así: ¿cuáles son los aspectos fundamentales o las características principales de una biografía?

Emilio: Por supuesto que eso cambia según el modelo o la concepción que se tenga para hacer biografías. Pero, sin querer parecer conclusivo, diría que en una biografía son importantes tres cosas: primero, el orden cronológico o el trasfondo temporal de la persona que nos interesa biografiar; segundo, un repertorio de pormenores, detalles o anécdotas que definan o tipifiquen a la persona en cuestión; y tercero, un tratamiento especial de esa información para que sea interesante, genere emociones o, por lo menos, despierte la curiosidad.

Diego: Entiendo que lo último es lo más difícil, ¿no?

Emilio: Así, es. Maurois consideraba que ese aspecto era lo que convertía a la biografía en un arte. Los buenos biógrafos, afirmaba, son los que tejen los pormenores de la vida de una persona manteniendo siempre en vilo la “espera del futuro”.

Diego: A mí me parece que lo más difícil de hacer una biografía es saber elegir esos pormenores, para no terminar contando lo obvio o repitiendo hasta la saciedad lo que cualquier ser humano hace habitualmente a lo largo de su existencia.

Emilio: Los detalles importantes, me parece, son los que dotan de singularidad al personaje; los que delinean mejor su carácter, su temperamento. Creo que todos nos cepillamos los dientes cada día, pero hay otros hechos que se convierten en incidentes críticos, en eventos que marcan particulares direcciones de una vida.

Diego: ¿Incidentes críticos?

Emilio: Sí, aquellos hitos que se presentan en la trayectoria de una vida como epifanías, como rupturas, como virajes en el curso de una vida…

Diego: Según dices, elaborar una biografía es más que un recuento cronológico.

Emilio: Pienso que se trata más bien de una reconstrucción, de un montaje, en el sentido cinematográfico. Esa reconstrucción supone seleccionar las diferentes escenas, eliminar otras que pueden resultar insustanciales, ambientar; además de saber cambiar los planos para darle dramatismo a la narración…

Diego: ¿Y la tarea de documentación?

Emilio: Resulta fundamental para darle validez a la biografía. Eso hace parte del contrato de verdad que el biógrafo establece con el lector. Y es también lo que diferencia la biografía de la novela. El biógrafo está limitado por los datos, por los lugares, por las actividades realizadas por su biografiado; el novelista, en cambio, tiene un mayor radio de acción para fabular o salirse de esos límites. Documentarse en ahondar en las minucias de una vida, en traspasar las fronteras de lo privado, es acceder a otros materiales que van más allá del rumor o los comentarios generales. Como también es importante, y seguramente lo tienes previsto, la entrevista a personas cercanas o a informantes cualificados que hayan conocido o compartido momentos de vida del sujeto en cuestión.

Diego: Eso es seguro. Aunque me asalta la duda de si todos los que entreviste coincidan en los rasgos distintivos de mi biografiado.

Emilio: Lo más seguro es que no. Entre otras cosas porque cada persona es plural en su ser y en su manera de ser percibido por los demás.  ¿Te acuerdas de aquel poema de Neruda sobre ese punto?

Diego: No. ¿Cuál?

Emilio: “Muchos somos”.

Diego: Ah, sí, algo recuerdo… del inteligente que lleva un tonto escondido y del valiente que lleva un cobarde que no conoce…

Emilio: Ese, sí. Neruda dice en ese poema algo con lo que seguramente te encontrarás cuando entrevistes a informantes para tu trabajo sobre la biografía. Unos dirán cosas sobre tu biografiado que seguramente entrarán en contradicción con lo que otros afirman. Es inevitable. Lo que ve o sabe la madre del personaje, no es igual a lo que conoce el compañero con el que trabaja o lo que opina su pareja amorosa. Precisamente, el trabajo del biógrafo es percatarse de esas recurrencias, de esos acentos; al igual que captar esas excepcionalidades, esas “rarezas” que perfilan una singularidad.

Diego: Buen consejo. Como te noto entusiasmado con el tema, va otra pregunta, ¿cuáles son los grandes referentes de hacer biografía, al menos en Occidente?

Emilio: Esa pregunta requiere conocer a estudiosos del tema como François Dosse. Yo lo leí para un seminario que dicté ya hace unos años. La apuesta biográfica, se titula uno de sus libros. A pesar de no tener mis apuntes a la mano, pienso que son referentes importantes en el modo de hacer biografía por lo menos estos cinco. Empezaría con Plutarco en sus Vidas paralelas, un ejemplo de biografías centradas en el carácter moral de los personajes. A Plutarco le interesan los personajes en la medida en que puedan, por presencia u omisión, dar lecciones de ética, de comportamiento social. Son biografías ejemplarizantes sobre los vicios o las virtudes de la conducta humana. Otro modo de hacer biografía lo vería tipificado en Santiago de la Vorágine, el autor de La leyenda dorada. Se trata de vida de santos, narraciones piadosas en las que se fusionan la historia y la leyenda. Son biografías con intenciones edificantes, hagiografías.

Diego: Desconocía ese autor.

Emilio: Es un dominico italiano del siglo XIII. Son vidas de santos concebidas para la predicación y la devoción popular.

Diego: ¿Hay traducción al español?

Emilio: Sí, tengo la que publicó Alianza, en dos volúmenes con unas xilografías de las primeras ediciones venecianas.

Diego: ¡Qué envidia!. Bueno, pero te interrumpí. Continúa.

Emilio: Incluiría también a Boccaccio y La vida de Dante o Vasari con su obra Las vidas de grandes artistas, porque son pioneras en la manera de presentar la figura del artista: a la par que ofrecen datos biográficos, se combinan con juicios sobre su obra. Son biografías que hacen las veces de retratos de una época. No podría dejar de mencionar a James Boswell con su monumental obra Vida de Samuel Johnson, entre otras cosas porque en esta biografía se combinan de manera armoniosa la crónica con la conversación; porque conjuga el acopio y cotejo de documentos con la inclusión de “citas” o expresiones del personaje objeto de su interés. Este es un ejemplo de hacer biografía, durante 21 años, con libreta de apuntes a la mano.

Diego: ¿Tanto tiempo para hacer una biografía?

Emilio: Lo que pasa es que Boswell no quería perderse nada del personaje que le interesaba. Algo semejante hizo Bioy Casares, quien recopiló a la manera de un diario biografía, infinidad de anécdotas, de enseñanzas, de conversaciones sostenidas por más de cuarenta años con su amigo Jorge Luis Borges.

Diego: Bien parece que la amistad y el trato frecuente con el biografiado es otra de las claves para realizar una buena biografía.

Emilio: Si se cuenta con la fortuna de que esté vivo, ese parece ser el mejor recurso. De lo contrario hay que rastrear indicios, huellas, documentos, así como nos lo enseñó Carlo Ginzburg… Pero, déjame termino mi respuesta mencionando a Emil Ludwig, Stefan Zweig o André Maurois como ejemplos de la biografía en la que la narración es parte fundamental del recuento cronológico de la vida del personaje; modelos de biografía “artística” en los cuales los hechos se mezclan estéticamente con la interpretación psicológica elaborada por el biógrafo.

Diego: Por lo que veo nos va tocar concertar otra cita…

Emilio: Será un gusto. Pero la próxima vez que nos encontremos vendré con mi bolsa de joyas bibliográficas… al menos para que puedas tenerlas a la mano y no en un PDF.

Diego: Entonces, que sea pronto. Pero antes de despedirnos me quedan dos preguntas.

Emilio: Que no sean tan difíciles como la anterior.

Diego: Esta es más cercana, porque tiene que ver con nuestra pasión común por la docencia: ¿cuál crees que es el valor formativo de la biografía?, ¿por qué es importante trabajar con la lectura o elaboración de biografías en el aula?

Emilio: Esa pregunta me parece muy importante. Considero que la lectura de biografías sigue siendo una buena manera de acceder a “vidas ejemplares” o a “historias de vida dignas de emular”. Y no me refiero solo a vidas heroicas o a historias de santos, sino a personas que se tornan representativas para un grupo social o una comunidad porque encarnan un conjunto de virtudes o un conglomerado de valores, y que, por eso mismo, pueden ser ejemplos significativos para las generaciones futuras. El valor formativo está ahí, precisamente, en ser “ejemplos de vida” para otros.

Diego: Y harta falta que nos hacen en esta época esos “ejemplos de vida” positivos, íntegros, virtuosos, en medio de una sociedad del espectáculo que exalta desvergonzadamente los modelos de vida corruptos, inmorales, dañinos para la sociedad.

Emilio: De otra parte, la lectura de biografías resulta útil en el aula porque contribuye a que nuestros estudiantes aprendan de esas historias de vida lecciones de sabiduría. Es decir, que saquen de las diversas peripecias de vida de esos personajes un provecho para sus propias vidas.

Diego: Como quien dice, que las vidas ajenas den luces para enfrentar los problemas o los dilemas personales.

Emilio: De acuerdo. Agregaría otra bondad de las historias de vida, en la que trabajé durante varios años. Me refiero a la autobiografía. Un medio ideal para que nuestros estudiantes se reconozcan, para que hallen esas marcas que los constituyen, para que descubran los rasgos que los tipifican y comprendan el sentido de tener un proyecto de vida.

Diego: Yo lo he intentado, pero mis estudiantes son reacios a escribir.

Emilio: Existen diferentes medios de hacer la autobiografía: usando las fotografías y agregando al pie, como si fueran pie de fotos, pequeños textos que den cuenta de lo que la imagen suscita o convoca; utilizando el recurso de la música, de aquellos temas que siguen vivos en nuestra memoria, a la par que se consignan o se cuentan pequeñas historias asociadas a dichas melodías. Me ha dado resultado también invítalos a hacer un “Diccionario autobiográfico” en el que los estudiantes van organizando su vida a partir de términos que les son particularísimos; vocablos que dan cuenta de su historia privada, de su mundo familiar, de sus gustos, o de los términos claves que han ido singularizando su relación con el mundo.

Diego: Qué variedad de alternativas para usar en el aula.

Emilio: O se puede llevar, aún con los más pequeños, un cuaderno  de anécdotas, o, con los más grandes, un cuaderno de incidentes críticos, recursos que ayudan a que los estudiantes comprendan que la vida, su vida, no es una línea recta, sino un viaje sinuoso, con altibajos, en el que estamos sometidos al vaivén de lo inesperado pero, de igual modo, contamos con el timón de nuestra voluntad.

Diego: Me hiciste acordar de mi querido Barba Jacob… “Hay días en que somos tan móviles, tan móviles, / como las leves briznas al viento y al azar…”

Emilio: Extraño fuera que perdieras la ocasión para citarlo.

Diego: “Tal vez bajo otro cielo la Gloria nos sonríe. / La vida es clara, undívaga y abierta como un mar”.

Emilio: Por lo que veo, la otra pregunta tocó dejarla para nuestro próximo encuentro.

Diego: Sí, porque como decía mi papá, al amigo y al caballo no hay que cansarlo.

Emilio: Ha sido un gusto enorme volver a verte y, más aún, encontrarnos para conversar.

Diego: Gracias por todas esas pistas que me regalaste en esta tarde…

Emilio: Espero que te hayan servido para aclarar tu camino investigativo, aunque, como les decía a mis estudiantes, lo mejor es atender las sugerencias de su tutor de proyecto.

Diego: Por el contrario, me he afirmado en algo que venía pensando… Gracias, una vez más. Y que la incertidumbre del cuarto pico de la pandemia no nos lleve a vernos dentro de dos años.

Emilio: Espero que no sea así. Cuídate mucho.

Un diálogo entre la verdad y la mentira

21 lunes Jun 2021

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Diálogos

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Ilustración de John Jude Palencar.

Verdad: Observo que en estos tiempos andas de boca en boca…

Mentira: Hay cierto tono de envidia en tus palabras…

Verdad: Más que envidia es asombro… Debes sentirte feliz de ser tan solicitada, ¿no?

Mentira: De alguna manera sí, porque esto comprueba que soy de gran ayuda para los hombres, o que sirvo más a ellos que tú…

Verdad: Puede ser… tú estás más a la mano.

Mentira: Sí, pero eso no significa que quienes me invocan sea solo para resolver su presente. Conozco a más de uno que me llama cuando desea cubrir los errores de un pasado lejano o cuando anhela amueblar su futuro.

Verdad: ¿Hablas de los políticos?

Mentira: No solo de ellos…

Verdad: En todo caso, tu piel es proclive a la entrega sin requisitos o condiciones. Y perdona, si parezco demasiado sincera.

Mentira: Estoy acostumbrada a esos reclamos. Los hombres se quejan de mí, me censuran, en actos públicos o protocolarios; pero en privado me tratan como a una amante consentida.

Verdad: En eso nos parecemos, pero con una diferencia: en público todos dicen que yo soy lo más importante, lo primero, el objetivo más alto; pero, en privado, me rechazan como la peor de sus enemigas o la criatura más infecta y dañina.

Mentira: Así es la vida de los hombres, en particular cuando los gobiernan intereses económicos y ambiciones de poder…

Verdad: Cada vez me convenzo más de que a mí todos me buscan, pero al encontrarme, les resulto incómoda y mala compañía.

Mentira: Tal vez se deba a que poco conoces a los seres humanos.

Verdad: ¿Cómo así?

Mentira: Los hombres no soportan verse como son. Prefieren los espejismos a los espejos. Eso es una evidencia comprobada a lo largo de la historia. Yo, por el contrario, les resulto útil para mostrarse mejor de lo que parecen, más sabios de lo que en realidad son, más desinteresados de lo que persiguen con intencionada utilidad.

Verdad: En eso coincido contigo: a los hombres les gusta engañarse; son simuladores, inauténticos, falsarios… usan siempre máscaras porque temen aceptar la forma y los rasgos de su rostro.

Mentira: ¡Para qué tener una sola cara cuando es tan divertido usar varias máscara!

Verdad: ¿Y si de tanto usar máscaras empiezan a confundirse con ellas? ¿Si la máscara termina adhiriéndose a su piel?

Mentira: No creo… hay cierta astucia en los hombres para evitar que se les pegue la máscara al rostro. Y también hay cosméticos.

Verdad: ¿Cosméticos?

Mentira: Claro. A veces un rumor bien acicalado, por ejemplo, contribuye a que la gente reciba gato por liebre; en otras ocasiones, maquillar cierta información permite que…

Verdad: A mí me gusta tener la cara sin afeites. Limpia.

Mentira: Así no es fácil seducir…

Verdad: Quizá ese sea el problema de los hombres: su afán por seducir, por recibir el elogio desmedido de los demás; su búsqueda desenfrenada de fama, poder o dinero les ha convertido el alma en un escenario de apariencias y simulacros.

Mentira: ¿Y qué? El espectáculo nos libra de las penas del mundo o el doloroso peso de lo inevitable. 

Verdad: Lo que ayuda a entender el drama de la vida es aceptar, precisamente, que estamos hechos tanto de tragedia como de comedia. No todo son risas en esta vida. No se puede vivir siempre en función del espectáculo.

Mentira: Yo también puedo poner cara de solemnidad… o no has visto a las figuras públicas cuando son detenidas por algún ilícito cómo asumen un rostro de circunstancia al dar declaraciones por televisión. Quien busque mi ayuda debe saber esto: no hay forma más efectiva de mentir que asumiendo los ademanes tuyos…

Verdad: No obstante, si uno observa bien percibirá la inautenticidad de quien así procede o se comporta…

Mentira: Si supieras cuántos personajes conozco, y no son pocos, que han sabido, con absoluta compostura y seriedad, mantener conmigo un amancebamiento de muchos años.

Verdad: Con el tiempo se develará esa otra vida, ese otro mundo ocultado bajo esa impostura de solemnidad.

Mentira: Pero ya no importará. Tú sabes lo que decía uno de mis mayores devotos: así no sea cierto lo que afirmemos de alguien, alguna cosa quedará resonando en la mente de las personas…

Verdad: Puede que no seas develada de manera inmediata, pero tarde que temprano caerán al piso tus triquiñuelas, tus embustes, tus calumnias…

Mentira: Te equivocas: los seres humanos son desmemoriados… pronto olvidarán determinado suceso y estarán dispuestas de nuevo a caer en mis encantos. Su desmemoria me ha ayudado mucho, desde hace siglos.

Verdad: ¿Pero de qué le sirve al hombre vivir engañado?

Mentira: Yo creo que para soportar la espinosa realidad…

Verdad: ¿Y para qué escabullirse o esconderse de la realidad si al abrir los ojos está de nuevo al frente nuestro?

Mentira: Yo soy un relax a sus angustias, un bálsamo a sus problemas más agobiantes, una tabla de salvación en medio de su naufragio existencial.

Verdad: Aferrarse a ti es estar siempre a la deriva…

Mentira: Entonces, ¿lo aconsejable es ahogarse?

Verdad: No. Nadar, buscar la tierra firme. Con fuerza, con convicción, con tenacidad. Mi esencia está en eso, en no renunciar a salir de la incertidumbre, la duda, el engaño… en nadar para sortear todas esas aguas caóticas que tanto te fascinan.

Mentira: Eso es para titanes o dioses… en los humanos las fuerzan se agotan, el ánimo se merma…

Verdad:  No digo que sea fácil estar conmigo o convertirme en mentora de los hombres. Sin embargo, lo que ofrezco es más consistente y duradero que tus eventuales paraísos.

Mentira: Eso está por verse… mi prole de engaño y simulación tiene más hijos que tu estirpe.

Verdad: Sin querer ofenderte, esa propagación que consideras tu mayor orgullo es, sin embargo, una evidencia de tu promiscuidad.

Mentira: En las masas desbordadas o en la confusión no se notan los orígenes… Créeme.

Verdad: Eso también hace parte de tus estrategias: envolver a la gente en la barahúnda de sus emociones, obcecarlas hasta el punto de perder la razón.

Mentira: Hay cierto gusto en esto de abandonarse al frenesí de las multitudes.

Verdad: No lo dudo. En medio del fragor de la muchedumbre cualquiera de tus infundios parece creíble.

Mentira: Tú sabes que mi tiempo es el de la rapidez. Tengo pies ligeros…

Verdad: Yo, en cambio, prefiero el tiempo lento, el que permite observar con cuidado lo que dicen y hacen las personas. Soy una rumiante de lo que veo o lo que escucho.

Mentira: A mí me gusta la comida rápida. Tengo acelerada digestión. Todo lo que consumo en esa misma proporción lo elimino.

Verdad: Me parece que no logras nutrir a nadie… apenas entretienes, como esas golosinas que son dulces por fuera, pero vacías por dentro.

Mentira: A veces pienso que eres demasiado amarga. Y por eso los hombres no gustan mucho de ti.

Verdad: Puede ser. Pero, si las personas se habitúan a mi sabor, descubrirán que mi almendra deja un sabor agradable en su boca y los provee de energía para fortificar las fibras de su espíritu.

Mentira: ¿Cuántos meses o años para hacer efecto? Porque mis golosinas, como las calificas, actúan de manera inmediata.

Verdad: Aunque no te pueda precisar el tiempo exacto en que logro ser asimilada por el organismo de los hombres, lo que sí sé es que no es en cuestión de segundos. Me precio de masticar bien y reposar lo que consumo.

Mentira: No sé por qué, pero me pareces de otra época. El mundo ha cambiado. Este es el tiempo de lo instantáneo… Ya suenas anticuada.

Verdad: No me avergüenzo de ello, si así lo percibes. Me considero menos novelera que tú y más prudente con la caprichosa e inconstante opinión de la mayoría.

Mentira: Lo dicho, estás chapada a la antigua.

Verdad: Pues, si este mundo está como está por tu abundante presencia, por el desmedido empleo de tus servicios falaces, lo mejor parece ser portarse como un veterano Quijote que sale a defender lo que a nadie parece importarle o considerarlo motivo de recordación…

Mentira: Un Quijote luchando de nuevo contra los molinos de viento de la indiferencia y la insolidaridad… Te vaticino más de una caída.

Verdad: Sé que a veces produce risa pensar y actuar así. Pero prefiero soportar los escarnios o las burlas, que entregarme al autoengaño o la falta de escrúpulos. Qué pena, si te parezco anticuada, pero yo conservo como insignia en mi escudo las formas áureas de la ética y los valores…

Mentira: Todo es relativo, querida amiga… todo es relativo…

Verdad: Yo creo que no. Siempre se necesita de alguna jerarquía moral que nos permita priorizar unas acciones sobre otras. Y por eso doto de responsabilidades a quien me invoca o me coloca como su estrella orientadora.

Mentira: Por si no lo sabes, hoy es el interés personal el que gobierna al mundo y las acciones de las personas… Tu forma de ser y pensar no ha hecho más que crear mártires.

Verdad: Lo sé. Pero la sangre de esos mártires ha ayudado a resarcir muchas de las injusticias o ignominias que tú misma has infectado con tu lengua o tus celadas ponzoñosas.

Mentira: No me culpes a mí. Es la maldad de los hombres la que ve en mí su aliada o su defensa.

Verdad: Más bien te aprovechas de sus pasiones para exacerbar con tus exageraciones e inquinas infundadas su maldad. Pienso que en el fondo lo que más te satisface es ver a los seres humanos infelices y desorientados… Tu mayor placer consiste en incentivar a destruir.

Mentira: Todo lo contrario, lo que pretendo en agregar un poco de felicidad a ese impulso destructivo que ya está en sus genes.

Verdad: Cínica… indolente…

Mentira: Mejor tener esos atributos y no los de ingenua e idealista, por no decir romántica. Como te habrás dado cuenta, mi reino prevalecerá. El futuro estará aún más manchado por mis labios.

Verdad: Porque he visto la abundancia de tus obras, porque estás tan frecuente en la boca de los fanáticos, porque eres la moneda de cambio de los políticos, porque andas de manera desvergonzada en los medios masivos de comunicación, por todo ello es que he sentido que no puedo quedarme callada. Creo que por mi falta de valor es que has ido ampliando tus dominios. Sé que la cobardía de la mayoría de las personas multiplica tus fuerzas y tu campo de influencia.

Mentira: Te deseo suerte en esa aventura. ¿Ya tienes escudero?

Verdad: Sí, no uno, sino muchos… todos los que tengan en su corazón una reserva de sinceridad, todos los auténticos, todos los entusiastas de la franqueza, todos ellos irán conmigo. Y se unirán a mí, también, todas aquellas personas que luchan para que las nuevas generaciones descubran en mí la mejor vía para entender su pasado y el modo más real de construir su futuro.

Mentira: No creo que sean muchos los que te sigan…

Verdad: No importa. Aunque no sean legiones como tus adeptos, mis escuderos podrán mostrar su rostro a plena luz del día y pregonar con dignidad nuestro propósito.

Ver con el corazón

07 lunes Dic 2020

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Diálogos

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«El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante». Ilustración de Federico Avella.

Ana Luisa: Por lo que noto, andas muy ocupada en este mes…

Karen: Sí, no te imaginas cuánto. Esto de la pandemia nos ha duplicado el trabajo a los maestros. Estoy, lo que se dice, agotada.

Ana Luisa: Pues yo ando lo mismo. Haciendo mi trabajo secretarial desde la casa. Y en hogar…

Karen: Igual yo. Y como tuvimos que prescindir de la muchacha que venía los tres días a ayudarme, me ha tocado repicar y andar en la procesión.

Ana Luisa: Ojalá el otro año podamos volver a la normalidad… aunque, por lo que he visto en la televisión, lo único cierto es la incertidumbre. ¿Y a ti ya te confirmaron tu trabajo en el colegio para el próximo año?

Karen: No. Es la primera vez que estamos a la expectativa. Hasta el otro año lo sabré, dependiendo de cuántos estudiantes se matriculen. Pero, confiando en Dios, lo más seguro es que siga allí…

Ana Luisa: Eso espero. Yo sé que tú eres una maestra excepcional, y no te dejarán ir por nada del mundo.

Karen: Confío en que sea así, pero con esta pandemia uno tiene que estar dispuesto para lo inesperado…

Ana Luisa: ¿Ya hiciste el arbolito?

Karen: Con ganas. Me dedicaré a eso el próximo domingo. Lo hago por los dos pequeños que ya me han preguntado si este año habrá niño Dios…  

Ana Luisa: Ni que se hubieran puesto de acuerdo con mi hija. Por ahí la vi escribiendo una carta para Papá Noel. Ha estado como triste por momentos, y no es para menos. Aquí encerrada la mayor parte del tiempo, sin poder salir a jugar cuando ella quiera, metida en el computador tantas horas… Y ni qué decir de Juliana, que ha estado con un genio de los mil demonios… irritable, deprimida, enconchada. Y quién no va a estar así, si no ha podido salir a rumbear, a verse con su amado tormento, ni andar de centro comercial con su grupo de amigas…

Karen: No ha sido fácil para los niños y los adolescentes estos nuevos comportamientos que trajo el covid-19. Pero, como decía mi madre, al mal tiempo buena cara.

Ana Luisa: No hay de otra… Y por eso es que te llamo, para que me des una manita con lo de los regalos…

Karen: En lo que pueda, con el mayor de los gustos. Aunque si es para cosa de ropa, lo mejor es preguntarles a ellos…

Ana Luisa: No, es sobre un consejito para unos libros… porque, quién mejor que tú, la experta en español y literatura, para recomendarme unas cuantas obras… Pero, te advierto que el presupuesto está muy limitado…

Karen: No tienes que recordármelo. Hoy, más que nunca, es necesario saber invertir los pocos pesos…

Ana Luisa: Yo quiero darle a Nelly un libro que, además de ser entretenido, le sirva para su propia vida… Y que esté dentro de mi presupuesto…

Karen: ¿Y ya tienes alguno en mente?

Ana Luisa: Mi hermana Inés me habló de uno, que es ilustrado, El Principito, de un autor todo raro de escribir y pronunciar…

Karen: Antoine de Saint-Exupéry.

Ana Luisa: Ese, sí. Que era un aviador…

Karen: Un aviador filósofo… Me parece una excelente elección…

Ana Luisa: ¿Y por qué crees que le va a gustar a mi chiquita?

Karen: Por muchas cosas, apreciada Luisa… Porque además de estar escrito en un lenguaje claro, cercano, directo, habla de cosas profundas como el sentido de la amistad, el para qué de la existencia y es un canto a no perder ese niño interior que está dentro de nuestro corazón y que, por este afán o este estrés con el que vivimos, lo vamos sepultando o relegando.

Ana Luisa: ¿Pero es un libro sólo para niños?

Karen: Fíjate que ese es otro de los encantos de esta obra. Puede ser leída por un niño y también por un joven o un adulto. A todos les interesará porque lo que late en el fondo del libro son esas preguntas esenciales sobre la comprensión de la vida… 

Ana Luisa: ¿Tú lo has trabajado con tus alumnos?

Karen: Siempre. Es uno de esos libros “clásicos”. Me gusta contagiar a los niñas y niñas del valor de hacerse preguntas, de no renunciar como El principito a interrogar, a indagar a todos aquellos que los rodean… Y me fascina que ellos, a la par que van leyendo el libro, se pregunten si tienen una flor a quien cuidar, un cordero a quien proteger, un zorro para “domesticar…”

Ana Luisa: ¿Todo eso contiene ese libro?

Karen: Lo que pasa es que está dicho con sutileza, con un lenguaje aparentemente infantil; pero si uno se adentra en el contenido de la obra descubrirá lecciones profundas sobre la importancia de aprender a establecer vínculos, el valor que tienen los rituales, la banalidad del poder, y un secreto que es como la consigna de oro de todo el libro: “lo esencial es invisible a los ojos…” y por eso “hay que buscar con el corazón”.

Ana Luisa: Muy bonito…

Karen: Yo he aplicado eso para mi vida… “Lo más importante es invisible”. Y quizá la autenticidad de los niños radica en esa forma de ver el mundo a partir de lo que siente su corazón…

Ana Luisa: Las famosas corazonadas…

Karen: Algo así. Pero el libro, querida Luisa, pone el acento también en la importancia de explorar en todos los sentidos… que no nos privemos de sentarnos a mirar una puesta de sol, que tengamos la paciencia para aspirar las flores y comprender, así no seamos pequeños, que “es preciso soportar dos o tres orugas si queremos conocer las mariposas”.

Ana Luisa: De acuerdo, no hay felicidad en la vida sin algunas lágrimas en el camino…

Karen: Me encanta en clase proponerles a mis estudiantes un juego sobre a quién desean domesticar…

Ana Luisa: ¿Una mascota?

Karen: No. A alguien de la clase o a algún conocido…  Es que en el libro se habla de eso, de lo vital que resulta “crear lazos”, de entender el sentido de los ritos cuando entramos en contacto con otra persona… O, mejor dicho, de lo que hay detrás de la expresión, “cultivar una amistad”.

Ana Luisa: Con todas esas cosas que me dices, voy a tener que comprar dos libros, uno para Nelly y otro para mí…

Karen: Será un excelente regalo navideño…

Ana Luisa: ¿Y es costosito?

Karen: Hasta donde sé, hay ediciones buenas y no tan caras… Yo conseguí una para mis clases que tiene ilustraciones desplegables… Es preciosa.

Ana Luisa: ¿Qué haría yo sin amigas como tú?

Karen: Eso digo yo, qué sería de mi vida sin una amistad como la tuya de tantos años… Eso es como un regalo de la vida. Los amigos son los hermanos elegidos. Y yo te considero mi hermana del alma.

Ana Luisa: No me digas esas cosas, porque tú sabes que soy muy llorona…

Karen: Ay, Luisa, pienso que nuestra amistad sigue intacta porque tanto tú como yo hemos cuidado esta relación; porque al igual que El Principito con su rosa, hemos sabido proteger nuestra fragilidad.

Ana Luisa: Ya me hiciste llorar…

Karen: No, señora… Estamos en Navidad. Por eso, te mando un abrazo fuerte, así sea por este medio, mientras llega el tiempo de encontrarnos cara a cara…

Ana Luisa: Es lo que más deseo, y muy pronto. Saludos a todos… Cuídate mucho.

Karen: Igual tú. Y no dejes de mirar las estrellas…

 

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