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Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Publicaciones de la categoría: OFICIO DOCENTE

Profesor, anímese a escribir y publicar

25 sábado Ago 2018

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in APRENDER A ESCRIBIR, Conferencias, INVESTIGACIÓN, OFICIO DOCENTE

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Ilustración de Aad Goudappel

Ilustración de Aad Goudappel.

Las ideas que siguen, además de referir un proceso personal con la escritura, quieren ser un estímulo para colegas docentes que desean publicar sus primeros textos, están en mora de consolidar su primer libro o se mantienen temerosos de entrar en relación con la producción escrita.

Aunque el tono sea autobiográfico, estas ideas están respaldadas por varias investigaciones sobre la escritura académica y un rastreo bibliográfico de muchos años. No son, pues, ideales utópicos, sino consejos salidos de la propia experiencia como autor y como editor independiente.

  1. INCORPORE EL HÁBITO DE ESCRIBIR

Una razón generalizada de la baja producción escrita de profesionales y educadores tiene que ver con el poco trato con la palabra escrita. Se escribe de manera esporádica y, en la mayoría de los casos, por una demanda externa o por una obligación institucional. No se cuenta con un hábito de escritura. Y al no tener “lubricada” esta herramienta, lo más seguro es la desidia o una multiplicada dificultad para estructurar un texto o atender las necesarias correcciones de un editor. Olvidamos que para lograr la destreza de escribir es necesario adquirir el hábito. Imponernos la disciplina de dedicar a un proyecto, a un ensayo, a un artículo, por lo menos dos horas todos los días.

  1. VINCULE LA DOCENCIA CON LA ESCRITURA

En buena parte de nuestras funciones en la universidad disociamos o no vinculamos dichas tareas. Investigamos una cosa, dictamos clases sobre otra y, si publicamos, lo hacemos sobre una temática diferente. Considero que si vinculamos, por ejemplo, la docencia con nuestra producción intelectual, seguramente encontraremos una vía propicia para aglutinar muchos de nuestros intereses. Pero, además, las tareas que pongamos, las investigaciones que dirijamos deberían no perder ese eje de nuestro interés. Resulta de igual modo provechoso convertir nuestros apuntes de clase en pequeños textos o en ensayos que sirvan de motivo para textos de mayor desarrollo.

  1. CUALIFIQUE LAS HERRAMIENTAS PARA ESCRIBIR

Proveerse de una buena caja de herramientas para escribir es fundamental. Como todo arte, la escritura demanda unos útiles específicos que le son idóneos y mediante los cuales logra cualificarse. Desde los diccionarios de dudas e incorrecciones del idioma, pasando por los diccionarios etimológicos o de uso del español, hasta los diccionarios ideológicos, contribuyen a afinar nuestra prosa o sacarnos de un impasse lingüístico que parece imposible de sortear. Los tesauros sobre determinado campo de conocimiento o un buen diccionario razonado de sinónimos son de gran ayuda cuando necesitamos precisar un concepto o darle variedad lexical a nuestros escritos.

  1. EMPIECE A PUBLICAR EN REVISTAS

Sin lugar a dudas, un primer escenario para hacer pública nuestras producciones son las revistas. Al enviar nuestros textos, ya sean de revisión bibliográfica o resultado de investigaciones, empezamos a reconocer lo particular de esas tipologías textuales, los requerimientos de cada publicación y a vivir la experiencia de ser leídos por pares de nuestro campo. Lanzarnos a publicar en revistas es una buena escuela para reconocernos y sopesar la calidad de nuestros escritos. Sobra decir que es clave ir encontrando esas publicaciones alineadas con nuestros intereses o esas otras en las que de manera estratégica deseamos participar. Y si hay tenacidad y apoyo, crear una revista. 

  1. PARTICIPE CON PONENCIAS EN EVENTOS

Otra excelente oportunidad para foguear nuestras producciones escritas es participar en foros, seminarios, encuentros o coloquios académicos. Vivir la experiencia de que nuestra ponencia sea aceptada y luego entrar en diálogo en paneles o mesas de trabajo con colegas sobre lo que hemos presentado es una fragua para ver la calidad de nuestros textos. Además de mantenernos actualizados es una ocasión para fortalecer las redes, los grupos de interés sobre determinada temática. Esta parece ser una buena recomendación para caldearnos en la escritura: al menos cada semestre escribir y presentar una ponencia en los variados eventos nacionales o internacionales.

  1. HALLE UN “NICHO” INTELECTUAL

No es recomendable la dispersión académica si queremos consolidar algún proyecto de escritura. Lo aconsejable es hallar esos “nichos” intelectuales hacia los que convergen muchas de nuestras actividades o que imantan nuestros estudios y nuestras investigaciones. Sólo profundizando en ese tópico es como lograremos “decir algo medianamente original” o hacer algún aporte con nuestra producción académica. Este eje, por lo demás, va proveyendo cierta seguridad o confianza al escribir porque otorga un dominio disciplinar y un aval bibliográfico que crea un escenario de respaldo a nuestra propia voz. El “nicho” hace que siempre tengamos un proyecto de escritura en curso.

  1. COMPILE LA PRODUCCIÓN DISPERSA

Por ser la escritura un oficio artesanal, los libros voluminosos no salen de un momento a otro. Más bien son el resultado de años de trabajo en los cuales sus partes van sufriendo un proceso de maduración, selección y reorganización. En este sentido, el libro empieza en la compilación, en agrupaciones temáticas, en tejer una red de relaciones que conviertan las partes heterogéneas en una unidad con significado autónomo. El libro se va haciendo pedazo a pedazo, capítulo a capítulo. Por eso es importante revisar si lo que tenemos disperso puede ir tomando la forma de libro; o si lo que hemos ido haciendo de manera discontinua deja indicios para convertirse en una obra.

  1. TENGA EN MENTE UN PROYECTO EDITORIAL

Cuando en verdad se tiene un vínculo con la escritura, siempre hay un proyecto editorial en curso, un libro en ciernes. A veces ese proyecto es de largo aliento y requiere muchos años para lograr terminarlo; en otros casos, el producto en cuestión puede necesitar semanas o meses. Pero lo importante, es que las demandas del quehacer cotidiano no desdibujen o posterguen interminablemente una meta de escritura.  Entonces, para no sucumbir a la inclemente lógica de lo urgente hay que concebir un plan, unas fechas, un itinerario de posibles avances. Aquí habría que dar un consejo esencial, sobre todo para los que hasta ahora se lanzan a este propósito: no se trata de tener el tiempo ideal para dedicarse de lleno a escribir, sino de ir poco a poco, hora tras hora, avanzando en dicho objetivo. Y cuando ya se logre finiquitar una obra, durante ese proceso hay que ir recolectando las semillas del nuevo libro.

BIBLIOGRAFÍA BÁSICA

  • Fernando Vásquez Rodríguez, Escritores en su tinta. Consejos y técnicas de los escritores expertos, Kimpres, Bogotá, 2008.
  • Fernando Vásquez Rodríguez, Pregúntele al ensayista, Kimpres, Bogotá, 2007.
  • Fernando Vásquez Rodríguez, Las claves del ensayo, Kimpres, Bogotá, 2016.
  • Fernando Burgos (editor), Los escritores y la creación en Hispanoamérica, Castalia, Madrid, 2004.
  • Daniel Cassany, Describir el escribir, Paidós, Barcelona, 1989.
  • María Teresa Serafini, Cómo se escribe, Paidós, Barcelona, 1994.

Educar en la poesía

26 jueves Abr 2018

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Entrevistas, OFICIO DOCENTE

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Vladimir Kush

Ilustración de Vladimir Kush.

El diálogo que sigue corresponde a una entrevista que los maestrantes Elkin Ballesteros Guerrero, Martha Lucía Vargas Liévano, Luz Esperanza López Welfar y Oscar Yair Pérez Rubiano, de la Maestría en Docencia de la Universidad de La Salle, me hicieron para su proyecto de investigación sobre “La poesía, una expresión para ser incluida en la educación artística”. A ellos mi agradecimiento.

¿Qué concepción tiene de poesía?

En su origen la poesía es creación. Poiesis es creación. Hay una distinción que Octavio Paz hizo entre poesía y poema. La poesía es más que el poema; el poema es la concreción de una dimensión de la poesía; porque la poesía no existe solo en las palabras, en el sentido amplio de la poiesis. En tanto que lenguaje, la poesía es como la exquisitez del mismo, como el afinamiento mayor de esa materia prima. En su inicio la poesía era canto, danza y palabra. En algún sentido, rito, y en otro, fiesta. La poesía también es una mirada en el espejo del mismo lenguaje; es el lenguaje mirándose a sí mismo, regodeándose, mirando sus matices. Maiakovski hablaba de un ritmo-retumbo. El lenguaje reflejándose a sí mismo, o el lenguaje lúdico: “mi lu, mi lubidulia mi golosisadalove…” de Oliverio Girondo. Esas palabras pueden prescindir de sus significados y ellas solas, en sí mismas, producir un ritmo. Ahí hay un inicio de la poesía. Otra vía es entender que la poesía está asociada a la invocación y la oración, al rito. De igual modo, la poesía tiene también esa dimensión de comunicar estados de ánimo, del espíritu. A veces uno está deprimido, y escucha cierta música que lo pone más bajo o lo levanta. En la película El Show Debe Continuar de Bob Fosse, todas las mañanas el protagonista pone a Vivaldi, y es como que la vida, a pesar de la enfermedad, sigue. Entonces hay poemas que tiene la función de levantar el espíritu. Hay también un vínculo de la poesía con lo existencial del hombre; el objetivo mayor de la poesía es tocar los problemas esencialmente humanos: el dolor, la soledad, la muerte, la esperanza, el amor, el olvido… Lo que trato de decir con todo esto es que, en últimas, la poesía es una de las manifestaciones expresivas del hombre a través de la palabra. Pero eso ha cambiado a lo largo de la historia y las culturas: la poesía ha sido rito, canto, exaltación, ensimismamiento, juego…

Ahora hablemos del poema. El poema es una forma organizada del lenguaje que responde a un ritmo, a una cadencia, a unos hemistiquios, a unos cortes, que también varían según los contextos; pero implica, por lo general, una forma de tratar y organizar la palabra. En su inicio muy pegado a la música o al ritmo. Entonces, cuando hablamos del poema, la poesía limita sus alcances porque es el poema lo que se comunica, es el medio, pero a lo que aspira el poema es a producir un efecto estético en el lector. La poesía es como el aire, el ámbito, el ambiente. Pero el poema es el avión, el cohete, la flecha. Hay de alguna manera poesía en la vida, hay poesía en ciertos actos y determinados estados poéticos que no necesariamente terminan en un poema.

¿A qué se debe que la poesía tenga un lugar privilegiado en su vida?

He leído cuento, novela, mucho ensayo, pero lo que leo habitualmente es poesía. ¿Para qué me ha servido la poesía? Para alimentar el alma, para darme un espíritu de sutileza, para afinar la mirada. Para darle a la escritura una flexibilidad; la poesía me ha ayudado a tener una prosa más amigable, menos ladrilluda, más cercana con el lector. La poesía también ha sido una escuela de sensibilidad para mí. Por ejemplo en el amor, Pedro Salinas fue mi maestro, y Luis Cernuda, y Vicente Aleixandre. Esa idea es muy importante, porque muchos de nosotros primero descubrimos el amor en la poesía y luego lo buscamos en los labios reales. Un poco como en la película El cartero, a propósito de Pablo Neruda, el poeta nos presta unas palabras para luego encontrar a alguien de carne y hueso para decírselas. Para mí la poesía ha sido una escuela de la sensibilidad, muy importante. En mi libro Vivir de poesía he seleccionado poemas que se han vuelto como consignas en mi vida, también han sido reflexiones de sabiduría. ¿Tienes una pérdida amorosa?, ¿quién te da una clave para enfrentarla? Elizabeth Bishop y un poema excepcional “Aprender el arte de perder”. ¿Estás viviendo la plenitud del amor?, ¿quién lo ha descrito de manera perfecta?, pues Pedro Salinas, Ese libro de Vivir de Poesía es un libro que quiero mucho, porque es una especie de testamento existencial: el libro va desde tener motivos para venir al mundo hasta alegrarnos por haber vivido: amor, dolor, pasiones, todo, y ahí están los poetas, Vallejo, Cavafis, Kipling, Rilke, todos esos poetas que quiero. Ha sido muy importante en mi vida la poesía porque me ha dado referentes, algunos poemas se han vuelto hitos, poetas que son como consejeros: “Dame tu libertad. No quiero tu fatiga, no, ni tus hojas secas…”. Esos poetas, esos poemas me han ayudado a construir mi sentimentalidad y a entender esos asuntos complejos de la vida.  

Creo que la poesía me han provisto de un lenguaje para nombrar el mundo. Si uno es un lector habitual de poesía tiene más afinada la sensibilidad y, por eso mismo, puede gozar más. Pero también puede sufrir en mayor medida, porque la poesía te afina la sensibilidad; o te da cierta perspicacia, cierta manera de enfrentarte a muchas cosas. Cuando perdí a mi padre yo ya había hecho una escuela, con Eduardo Cote Lamus, “Elegía a mi padre”.  Lo que quiero decir es que no sé si a todas las personas les pasará igual, pero la poesía es mentora, consultora, compañía. Me ha dado unos catalejos para mirar a lo lejos, para escudriñar la noche. En mi libro La palabra inesperada hablo mucho de eso, del que está de noche, del que otea, del vigía.

El aprendizaje y dominio de un arte requiere de unos conocimientos, habilidades técnicas propias de la expresión; entonces podríamos decir que: el escultor, arcilla y precisión en las manos; el pintor, lienzo, pinturas y técnica para desarrollar su estilo; el músico el instrumento, las partituras y el virtuosismo, ¿y el poeta?

El poeta tiene palabras, un repertorio de palabras. Unas técnicas de composición, unas figuras para componer, llámense también recursos expresivos.  Elementos musicales. Sí, como soportes musicales, tiene también eso a la mano.

Para usted, ¿la creación de poesía es el resultado de la inspiración o del estudio riguroso y programado?

Picasso decía que ojalá la inspiración lo cogiera trabajando. La inspiración es uno de los motivos vertebrales del romanticismo, pero es un concepto de los griegos, de las musas, de que dioses alados te visitan. A mí me gusta más entender que lo que llamamos inspiración es el resultado de una concentración. Pongo un ejemplo: a los estudiantes del Nivelatorio los invité a escribir aforismos sobre un tópico específico… todos los días tenían que escribir algo. Y me dicen: “pero Fernando es que yo no estoy inspirado”… Sin embargo, el ejercicio no es de estar inspirado o no, sino de que de tanto estar ahí con el tema, de pronto sale una chispa. Es como una piedra, uno la va raspando, y de pronto hay una chispa, esa chispa es el fruto de raspar. ¿Qué es la chispa en esto de la inspiración? Es el trabajo de la raspa de la mano.

Las artes son hijas de las musas, ¿pero quién era la madre de ellas? Mnemosine, la diosa de la memoria. Pero no estoy diciendo con esto que no haya ciertos momentos especiales. Lo que digo es que no creo que uno se siente a esperar la inspiración. Pero sí hay ciertas condiciones para que se dé ese estado: requiere concentración, dedicación; es estar, como se dice coloquialmente, metido en el cuento. Ahora viene la segunda parte de la pregunta: entre mejor uno domine la técnica más rápido agarra esa diosa alada llamada la inspiración. Pero también aplica al revés: la sola técnica no produce buenos poetas, se requiere de una sensibilidad especial preparada, educada.

Basados en algunas evidencias de nuestro proceso de investigación, identificamos que la poesía se ve como un eje temático exclusivo del área de Lengua Castellana y desde una perspectiva muy técnica. ¿Por qué cree que la Educación Artística en la escuela no se ocupa de su enseñanza siendo esta una expresión del arte?

El cultivo de la personalidad en este momento está volcado en el afuera. En el tener, en el producir. Al adentro lo mata la sociedad de consumo. La pérdida de la esencia tiene que ver con este mundo de la prisa, de la rapidez. Creo que la poesía podría darnos pistas sobre una escuela de la lentitud. La lentitud nos hace íntimos, profundos; es muy difícil, por ejemplo, alcanzar ciertos sentimientos y afectos o entender a las personas desde la lógica de la prisa. La lentitud no como pereza, sino como degustación. La poesía es para leerla, para releerla. Reposar, reposar, reposar. El espíritu en salmuera. Ciertos poemas hay que beberlos como un buen coñac; la intención no es que te tengas que emborrachar. La lentitud puede ser una pista para el tiempo de la poesía. Ciertas experiencias de silencio de igual manera son fundamentales. El silencio interior es uno de los silencios más difíciles de escuchar; a veces, en situaciones de pérdida lo escuchamos. Escucha uno sus penas, sus angustias. Yo creo que las situaciones que te ponen fuera de ti, el éxtasis o el sufrimiento lo obligan a uno a escucharse. Esa es otra pista importante: por estar tan pegados de la cultura del afuera la poesía escasea, porque la poesía implica el oído y lo interior. Todo el mundo hoy está volcado hacia el afuera, la poesía le dice a uno: espera. Vuélcate hacia dentro. Hacía ti mismo. Y escucha.

¿Se puede determinar una edad específica para comenzar los procesos de acercamiento a la poesía en la escuela?, ¿cuáles?, ¿por qué?

La didáctica de la poesía empieza jugando con las palabras. Si eso se capitaliza, ya hay un principio de la construcción poética. Inventar lenguajes. Crear juegos de lenguaje es uno de los principios de la escritura poética. Las jitanjáforas y todos los juegos de lenguaje; aquellas palabras que terminan igual, que al cambiar de sentido producen otra cosa. Si la materia prima del lenguaje no se explora bien, el niño no entenderá qué es la poesía. Los juegos del lenguaje le crean al niño un oído para el ritmo, para ver los cambios y variaciones que se pueden hacer con las palabras.

¿Cómo enseñar poesía en la escuela?, ¿qué pasos seguir?, ¿qué estrategias?, ¿qué recursos serían los esenciales?

En la didáctica de la poesía hay que encontrar detonadores, algo que la agencie, que provoque el encuentro con la magia de las palabras. Pongamos un ejemplo: la profesora llega y dice, “niños, van a hacerle un poema a su madre”. Yo creo que no se trata de eso. Mejor preguntarles, ¿qué es lo que más recuerdan de su madre?, ¿si llegara a faltar que sería lo que más recordarían de ella? No es mucho, pero obliga a que pase algo en la sensibilidad de los niños. En los estudios fundamentales de poética de Emil Staiger dice que la poesía nace con el recuerdo.

Deberíamos hacer una didáctica de la sentimentalidad, tener un telón de fondo para la emocionalidad. ¿Qué conmueve a los estudiantes? O hacer talleres de poesía con los más pequeños sobre el asombro. Uno les pregunta a los niños que les asombra, por qué se asombran, qué les produce asombro, por qué les genera asombro, qué nombre le pondrían a ese asombro… O jugar con las palabras: invitarlos a descubrir palabras feas, bonitas, tristes, palabras gordas. O invitar a los estudiantes a que indaguen sobre el origen de sus nombres, ¿qué significan? Cuando un niño o niña sabe que significa su nombre, si es de origen alemán, vasco, hebreo, empieza a descubrir que las palabras tienen magia, que ellas hacen cosas. Como decía Octavio Paz, “la palabra pan, tocada por la palabra sol, se vuelve efectivamente un astro; y el sol, a su vez, se vuelve un alimento luminoso”.

O podríamos empezar desarrollando en ellos la observación. No se puede ser poeta sin observar finamente; o sea, lo primero es una escuela de la observación y los sentidos. Yo creo que la observación es la base para que uno luego vea relaciones, y las comparaciones son el caldo de cultivo, la semilla mayor de la poesía. Cuando se relaciona, cuando se compara, estamos próximos a la analogía, que es la base de la metáfora. O que lleven un diario de la escucha; que consignen en un cuaderno aquello que hayan escuchado y que les llame la atención. Educar el oído es otra vía para familiarizarse con la poesía.

Me parece que hay otra pista clave en una didáctica de la poesía: la educación del ritmo. Los diferentes tipos de ritmo, Hay un libro de Georges Jean, sobre este punto. El ritmo del corazón, el ritmo circadiano, los ritmos de la naturaleza. Que, a su vez, repercuten en los tipos de verso, el terceto, el cuarteto, el sexteto… Necesitamos formar a los niños en el ritmo; de ahí la importancia del profesor de Música y de Danza. La música, así los estudiantes no vayan a escribir en rima, es clave en la iniciación de la poesía. Las canciones de cuna, son los primeros encuentros con la poesía.

Usted le da mucha importancia a la mostración didáctica, ¿Qué sería la mostración en el caso de la poesía?

Enseñar, por ejemplo, la forma como se ha construido un poema, quiero decir, cómo está compuesto. Fascinar a nuestros estudiantes mostrándoles algunos poemas y mirarlos para que aprecien su estructura interna. Que el estudiante pueda sorprenderse de la maravilla de su composición. Las composiciones fascinan porque la gente no se da cuenta de eso. Es como el “making”, el detrás de cámaras; los estudiantes no han tenido la posibilidad de que alguien les muestre los vericuetos, los engranajes de eso; pero no con un fin evaluativo o para calificar, sino para maravillar. En últimas, es como destapar la caja negra; es esa la función didáctica de enseñar, de mostrar.

El maestro y sus características más importantes

26 domingo Nov 2017

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Ensayos, OFICIO DOCENTE

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El maestro

En mi reciente participación en el evento anual organizado por la Maestría en pedagogía de la Escuela de Educación de la Universidad Industrial de Santander, dirigida con tesón y entusiasmo por Sonia Gómez Benítez, les propuse a los asistentes que eligieran una característica esencial del ser maestro, explicando el porqué de tal selección. Revisadas todas las fichas he encontrado que la innovación ocupa la mayor recurrencia, seguida por la vocación y la mediación. De igual modo son importantes para los maestros asistentes al XXII encuentro de egresados y estudiantes del posgrado, la empatía, la creatividad, la reflexión y la calidad humana.

Veamos con algún detalle las razones ofrecidas por los docentes de Bucaramanga y de municipios de Santander como Socorro, Oiba y Barrancabermeja:

Innovador: porque “vivimos en un mundo complejo y cambiante”, porque “hay que estar al día con las tecnologías y las diferentes formas de aprender de los alumnos”, porque “debe ser una persona en constante renovación dispuesto a seguir aprendiendo, creando nuevos métodos para la enseñanza y el aprendizaje de sus estudiantes”; porque “todo evoluciona y por eso no podemos quedarnos en el mismo lugar, en el mismo tiempo”.

Con vocación: porque “el docente que tiene claro por qué está en esta profesión siempre va a dar lo mejor de sí a sus estudiantes”; porque “formar personas implica desempeñarse con amor, gusto y placer para que la labor resulte significante”; porque “no se educa por obligación”; porque “amar lo que se es y demostrarlo es lo que hace personas felices y exitosas”; porque “cuando uno ama lo que hace se entrega para hacer lo mejor y pone a volar su pensamiento dándole rienda suelta a la creatividad”.

Mediador: porque “puede encontrar en cada estudiante la forma como él aprende e impulsarlo cada vez a proponerse alcanzar nuevos retos”; porque “es el maestro el que debe seleccionar los estímulos más pertinentes para que el estudiante logre el objetivo propuesto”; porque “así logra identificar el potencial de sus estudiantes y apoyarlos en el desarrollo de aprendizajes”; porque “la manera de comunicarnos con los estudiantes define quiénes somos como maestros y qué queremos que sean nuestros estudiantes”.

Empático: porque “permite entender la situación personal, familiar y social del estudiante”; porque “debemos identificarnos con los intereses, vivencias y sentimientos de nuestros estudiantes; porque “es necesario reconocer en los estudiantes sus fortalezas para potenciarlas y sus debilidades con el fin de convertirlas en oportunidades para crecer”; porque “es necesario tener una mente flexible para comprender y relacionarse mejor con el estudiante”.

Creativo: porque “con ella el docente puede motivar al estudiante hacia la producción de conocimiento y hacer de él un aprendizaje significativo”; porque “los jóvenes de hoy exigen cada día más al maestro, y se debe llegar a ellos de forma amena”; porque “en un mundo tan cambiante, en el que cada día nos enfrentamos a nuevos y mayores retos, es necesario explotar al máximo la creatividad para lograr que el estudiante se motive y haga del aprendizaje una experiencia única”.

Reflexivo: porque “el quehacer docente requiere la reflexión permanente para realizar cambios y generar espacios enriquecedores de enseñanza que posibiliten procesos de aprendizaje significativo”; porque “desde la reflexión de su quehacer y su entorno de aprendizaje debe estar en capacidad de lograr una interacción saludable tanto con su equipo de trabajo como con sus estudiantes”.

Con calidad humana: porque “si somos humanos podemos entender a los demás y aportarles en el proceso de construcción de la vida misma”; porque “la educación es la transmisión de las relaciones humanas, y la emotividad y la sensibilidad humanas se convierten en un acto empático para que el educando halle el sendero a su conocimiento”; porque “está pendiente de las necesidades que puedan presentar sus estudiantes”.

Hay otros rasgos, mencionados solo una vez por los asistentes al evento. Son ellos: la paciencia, el deseo de aprender constantemente, la responsabilidad, ser un investigador de su entorno, tener conocimiento didáctico del contenido, el compromiso y la motivación. De igual manera están el sentido crítico, porque “promueve el cambio constante del pensamiento, el estudio constante, y porque promueve el reconocimiento de la diferencia como algo valioso y enriquecedor”; la inconformidad porque “al tener conciencia de su déficit tomará una postura autocrítica. Tal reflexividad lo hará revisar una y otra sus prácticas apuntando a un objetivo constante: ser un mejor maestro para sus estudiantes”; y la audacia, porque “debe tener siempre una solución para todo lo que se le presente en sus prácticas pedagógicas”.

Como puede verse, no es fácil coincidir en el rasgo más significativo del ser del maestro. Por eso, varios de los asistentes prefirieron presentar un repertorio de dichas calidades: pasión por lo que hace, entrega a su trabajo, escucha y orientación a sus discípulos, abierto a los cambios y avances, dominio conceptual de su área. Sin embargo, aunque los educadores empleemos términos distintos, creo que hay coincidencia en varias de esas cualidades del educador genuino. Me atrevo a mencionar las mías:

Comunicador excelente: sin esta cualidad, en la que intervienen no solamente la voz, sino el cuerpo, las manos, la postura, el gesto, es muy difícil llegar al estudiante. Mediante la comunicación se logra motivar y facilitar la relación pedagógica. Si se es buen comunicador se logran hacer inteligibles los contenidos, se facilita el aprendizaje y se favorece la convivencia. La comunicación involucra el pensar el tipo de auditorio, la selección del lenguaje y el tipo de medios y  mediaciones utilizadas. Y, además, la comunicación subraya las habilidades sociales del maestro para la acogida, el buen trato y el trabajo en equipo.

Con dominio disciplinar y didáctico: sin lugar a dudas esta cualidad es la que se requiere para que se cumpla la demanda del que desea aprender. Saber bien lo que se desea enseñar, estar actualizado en ese campo de conocimiento, participar de redes temáticas, indagar constantemente sobre dicha parcela disciplinar, todo ello se convierte en soporte de credibilidad académica. Pero, además, hay que conocer los modos, las estrategias, las técnicas de cómo llevar esos conocimientos a los aprendices. El dominio didáctico, además de asuntos como la secuenciación, la elección de útiles, la contextualización y la motivación, incluye la transferencia que debe sufrir el conocimiento erudito para ser enseñado o aprendido. El saber del maestro está aquilatado por las circunstancias y la situación particular del que aprende.

Generoso con lo que sabe: este es un rasgo de las profesiones de servicio; el maestro ofrece lo que sabe a manos llenas sin tacañería o egoísmo. La generosidad cobija el conocimiento pero también el tiempo y la actitud. Se es generoso porque no se enseña para esperar alguna recompensa, o porque haya algún beneficio económico. La generosidad subraya el altruismo, la entrega para que otros logren salir de una dificultad o sorteen algún impedimento. La generosidad del maestro está anclada en la confianza, en la fuerza de la posibilidad y en el inacabado desarrollo humano.

Paciente para formar: he aquí una cualidad que distingue a los educadores convencidos de esos otros que  no lo son. La paciencia nace de entender los diferentes tiempos del aprendizaje, la diversidad de las personas y los contextos, la historia diferencial de los alumnos. Sin paciencia es muy difícil alcanzar logros de largo aliento; sin paciencia es fácil renunciar a los objetivos formativos o pasar al inmediatismo del temor o la desesperanza. La paciencia, desde luego, se forja con la experiencia y con una capacidad de tolerancia sin la cual es casi imposible sobrellevar a las nuevas generaciones. La paciencia se convierte en flexibilidad para ser y actuar ante personas o situaciones adversas.

Cuidador de sus alumnos: este rasgo pone en alto el trabajo de celo o atención con que se hace la labor docente. Los maestros además de informar, forman. Es decir, participan de una etapa del desarrollo humano de sus alumnos y, por lo mismo, están involucrados en colaborar para formar un carácter, troquelar algunos valores, tallar ciertas virtudes. El actuar y el decir del maestro tiene una dimensión moral y ética que resulta fundamental en la relación pedagógica. Bien sea por decisión u omisión, el quehacer docente está siempre en el escenario del ejemplo, del testimonio de una forma de vivir o relacionarse con los demás. Se es cuidador porque el estudiante en verdad nos interesa, porque la materia prima de nuestro oficio son las personas.

Investigador de su práctica: por ser la docencia una profesión que se cualifica desde y en la propia práctica, resulta esencial esta cualidad para el maestro. Indagar y reflexionar sobre lo que hace, ver cómo algo no resulta o descubrir qué hay detrás de un problema de aprendizaje o convivencia, es una característica consustancial a la docencia. Investigar es volver el aula un laboratorio en el que circulan preguntas de diversa índole; investigar es aprender a tomar registros de lo que se hace cotidianamente; investigar es someter a prueba lo que dicen los manuales de formación y atreverse a publicar esos descubrimientos. El maestro investigador deja de ser un mero consumidor de ideas foráneas y empieza a convertirse en productor de conocimiento. El maestro investigador sospecha y pone entre paréntesis sus certezas y, al hacerlo, continúa vigente y atento a las demandas del entorno.

Escritura y seguimiento de instrucciones

22 domingo Oct 2017

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in APRENDER A ESCRIBIR, Ensayos, OFICIO DOCENTE

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Ductus

Una de las razones por las cuales los estudiantes de pregrado y posgrado no logran avanzar rápidamente en sus textos académicos es porque no siguen las instrucciones diseñadas por sus maestros o tutores para lograrlo. A veces, por descuido o porque confían en que la “inspiración” o el “repentismo” les permitan alcanzar el objetivo, sin seguir el paso a paso dispuesto para tal fin.

A pesar de que se entreguen guías o se tengan como referencia indicaciones específicas, por lo general estos aprendices de escritura las subvaloran o no las analizan como corresponde. O puede que las lean en el momento de escuchar la tarea, para luego, cuando ya están enfrentados a la realización del texto, las olviden o las consideren inútiles. Es común, de igual manera, que se refunda lo que tenía una secuencia o se presente de cualquier forma lo que pedía un protocolo específico. Todo parece indicar que de cara a aprender una técnica, como es la de la escritura, hay una alta dificultad en esto de seguir las instrucciones o una recurrente salida para tomar el atajo, la irregularidad o una mal entendida manera de ser creativos.

Tener en cuenta lo que se pide y los tiempos o las formas de hacerlo son cosas fundamentales, si es que uno desea avanzar o cualificarse en un oficio. Primero se desbasta la madera y luego se talla; se inicia dominando el puntero y después, mucho después, se pule el mármol de una estatua. Cada cosa tiene su tiempo y sus propiedades. No es un asunto baladí. Cómo vamos, por ejemplo, a lanzarnos a redactar un ensayo si no sabemos distinguir el tema de la tesis, si desconocemos los tipos de argumento y si, además, carecemos de un repertorio de conexiones lógicas para facilitar la coherencia entre las ideas. Antes de llegar al párrafo bien logrado tenemos que conocer la fisonomía de las palabras y las leyes intrínsecas de relacionarse. Entonces, si logramos sacar provecho a las instrucciones, descubriremos que cada recomendación o punto de una guía está encaminada a ir alcanzando paulatinamente ciertos saberes, conocer habilidades especiales o descubrir modos de vencer particulares obstáculos.

Las secuencias didácticas para aprender a escribir son, precisamente, una concreción de tal propuesta instruccional. En ellas, se concreta o se condensa toda una suma de experiencias. Hay observaciones puntuales para el tiempo de cada actividad, al igual que aclaraciones para no confundir una cosa con otra. Se señalan en esas secuencias la especificidad de los materiales, el alcance de determinada labor, y se destacan los objetivos propios de un proceso. Las secuencias didácticas prevén el aprendizaje, lo prefiguran. Son un esfuerzo del que sabe para llevar por la vía menos dificultosa al que aprende. Elaborar dichas secuencias demanda tiempo, conocimiento, capacidad comunicativa y la suficiente experticia para saber distinguir lo fundamental de lo accesorio, la esencia de lo circunstancial. Y aunque puedan parecerle al aprendiz tediosas o llenas de muchas indicaciones, lo que están es creándole el mejor escenario para apropiar un saber-hacer, un arte, una técnica.

Es probable que tales omisiones correspondan a una forma de aprender por vía episódica, mágica o espontánea. A cierta confianza excesiva en la suerte o en las lógicas del azar y el chance de la buena fortuna. Poco o nada se repara en los protocolos a seguir o en las etapas previstas por los que ya son expertos en una labor. Hasta es posible que haya un desprecio hacia los saberes de la tradición y se tenga cierta “actitud adánica”, desconociendo lo que otros han ganado o afinado en la elaboración de determinado producto o artefacto. El resultado, como puede suponerse, es un ir a tientas, sin un horizonte claro, trastabillándose siempre y haciendo cosas improcedentes, incompletas o desarticuladas. Por lo demás, al no recibir una retroalimentación positiva a dichos conatos o intentos de escritura, se empieza a generar en los aprendices una desmotivación o una desidia para retomar al camino previsto. Puesto de manera lapidaria: al no seguir las instrucciones la tarea queda mal hecha y, lo mal hecho, repercute en  la desmotivación por aprender.

También cabe pensar que nuestra época de lo rápido, del consumo inmediato, del facilismo a ultranza, ha desmoronado los soportes de la persistencia, la disciplina y el estudio concienzudo y responsable. Les cuesta a estos estudiantes universitarios de hoy aprender paso a paso; quisieran que todo entrara de una vez a sus cabezas y que sus manos sacaran, como de un sombrero de mago, el ensayo ya hecho, el informe terminado, la reseña perfecta. No obstante, la artesanía de la escritura exige un ir por partes, apropiar ciertos procedimientos, diferenciar momentos de composición, conocer ciertas estructuras y tipologías textuales, reorganizar y conectar las ideas, escuchar las palabras para descubrir su ritmo interno, disponer a la mano de útiles de apoyo. Y todo ello no se puede aprender en un instante ni de cualquier forma. De allí que se requiera compromiso, tiempo, y una disposición de ánimo que permita escudriñar con cuidado y suma atención lo que en una guía se señala o lo que el maestro pide de una forma especial. Dicho compromiso es la garantía para que se hagan las correcciones necesarias y a tiempo, se atiendan las sugerencias de un tutor y se vayan, etapa por etapa, apropiando los saberes de un arte.

Pero esto de no seguir las instrucciones también afecta al maestro o tutor: lo desgasta al tener que repetir y remachar una y otra vez lo que el aprendiz no atiende o, por mero capricho, deja de hacer. Se pierde la esencia de la relación pedagógica, se traba el vínculo, por andar llamando la atención sobre asuntos que atañen más a la actitud del que aprende, a su irresponsabilidad académica o a la desatención sobre algo que se había definido con anterioridad. En lugar de ocuparse en enseñar las particularidades de una técnica el maestro tiene que malgastar horas en “concientizar”, reiterar en el seguimiento a los momentos de un proceso o reclamar el cuidado requerido para elaborar bien una tarea. Es penoso descubrir en los estudiantes universitarios una “flojera del espíritu” que los lleva al simple cumplimiento de la entrega de la tarea –así sea de cualquier forma–, pero sin apropiar lo esencial de un oficio. Este desvío de las funciones primordiales de la docencia por el no seguimiento de instrucciones hace que los resultados en los saberes y los productos académicos sean exiguos o de corto alcance.

Una vez más hay que recordar que aprender a escribir, en especial las tipologías textuales usadas en el mundo universitario, se alcanza de manera progresiva. No es un saber instantáneo y de “inoculación inmediata”. Entre otras cosas, porque los vacíos de información con que se llega a la educación superior son abundantes, y porque se confunde el asistir a clase con el genuino acto de aprender. Se olvida que los estudios superiores demandan un triple trabajo del estudiante en relación con el tiempo de clase del profesor. En consecuencia, si no hay constancia, dedicación, atención concentrada, férrea voluntad de estudiar, apenas se alcanzarán las notas mínimas para sobrevivir, pero se dejará de asimilar el fundamento y las minucias de la composición escrita. Tengámoslo presente: ningún arte se aprende sin el esfuerzo  continuado, el seguimiento de reglas y el dominio de útiles específicos. Y, por supuesto, sin la paciencia necesaria y el gozo interior por descubrir lo desconocido.     

Cuestión de calidad

08 domingo Oct 2017

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in APRENDER A ESCRIBIR, Diálogos, OFICIO DOCENTE

≈ 304 comentarios

Calidad

Mauricio: Te noto con cara de preocupación. ¿O son suposiciones mías?

Edith: Esa bendita tesis para el ensayo…

Mauricio: ¿Tú también andas desvelada como yo?

Edith: Y piense y piense, pero no se me ocurre nada.

Mauricio: Yo ando igual, aunque ahí voy como teniendo algunas luces sobre el tema de la calidad educativa.

Edith: Te invito a un cafecito y me compartes lo que llevas hecho a ver si eso me sirve de motivación para mi ensayo.

Mauricio: Vale.

Edith: Estuve recordando lo que nos dijo el maestro sobre la tesis. Que debía ser medianamente original o al menos llamativa, interesante.

Mauricio: Sí, sí. Y que debía formularse en una frase con un tono afirmativo, que no fuera una pregunta, sino una oración en la que uno tomara postura frente al tema.

Edith: Todo eso lo he tenido presente y he releído varios de sus textos y de los ejemplos consignados en su libro Las claves del ensayo.

Mauricio: A mí ese libro me ha ayudado mucho…

Edith: ¿Qué vas a tomar?

Mauricio: ¿Tengo alternativas?

Edith: Por ser mi salvador en esta tarea, tienes derecho a elegir.

Mauricio: Bueno. Entonces, un capuchino.

Edith: Pues ya que me provocaste… Que sean dos…

Mauricio: Yo me he dedicado a poner en práctica el ejercicio que hicimos sobre los aforismos. Todos los días he dedicado un tiempo a pensar en qué es la calidad. A ver si de esa manera se me ocurre algo sobre la calidad educativa.

Edith: ¿Y qué has concluido?

Mauricio: Pues, no tanto como quisiera, pero me ha servido el ejercicio en la libretica de notas para ir perfilando mi tesis.

Edith: Cuéntame en detalle a ver si te imito…

Mauricio: Por ejemplo, me puse a pensar en la calidad de la ropa. Uno dice que es de calidad porque los materiales empleados son los mejores, y eso hace que la ropa dure. No como esas prendas chinas de hoy, que son de muy mala calidad. Al emplear materias primas ordinarias, pues el resultado no es el mejor.

Edith: ¿Con o sin azúcar?

Mauricio: Con una bolsita. Gracias.

Edith: Pero no son solo los materiales, pienso yo. Porque influye de igual modo el diseño de la ropa. Hay diseños de calidad, ropa de marca. La marca es un signo de calidad.

Mauricio: Sí, pero no siempre. Hay ropa que aunque no es de marca, es de muy buena calidad.

Edith: No obstante, casi siempre hay una relación entre la calidad y el precio. Las cosas muy baratas no son de buena calidad.

Mauricio: Depende. Yo he conseguido prendas baraticas que duran mucho. No tienen marca, pero son, como dicen, para toda la vida.

Edith: Mira, allí hay una mesa desocupada.

Mauricio: Eso es un milagro en esta cafetería.

Edith: Lo del precio alto en todo caso dice algo de la calidad de las cosas. Un carro barato, como el que consiguió mi hermano Cristóbal, ha sido una estafa, no hace sino llevarlo  cada rato al taller.

Mauricio: Es posible. Las grandes empresas tienen, según he leído, control de calidad. Si no hay alguien que haga ese control, pues cualquier cosa sale al mercado.

Edith: Sí. Vi la otra tarde un programa por tv cable, creo se llama Megafábricas, en el que mostraban cómo se fabrica un carro Ferrari, y de todos los controles que tienen en cada etapa del proceso. Hay inspectores para que la pintura no tenga ni un rasguño, para que cada tornillo esté donde tiene que estar. Cuidan excesivamente los detalles.

Mauricio: Ese punto me parece fundamental. Para que las cosas sean de calidad requieren  un cuidado en todos los detalles. Volviendo a la ropa, pienso en los acabados, en la terminación de los ojales, en el botón de repuesto… Todo eso influye al final para que una prenda sea reconocida de buena calidad.

Edith: De acuerdo. Son varias cosas las que se combinan para lograr el sello de calidad.

Mauricio: Y ahora que lo digo, ese reconocimiento va pasando de boca en boca, y por eso la gente recomienda esa marca o ese tipo de prendas. Hay cosas que uno compra por el reconocimiento que la misma gente les da.

Edith: Sí, uno va como a la segura.

Mauricio: Yo creo que por eso hay instituciones que certifican la calidad. Y obtener esa distinción, pues le da prestigio al producto.

Edith: Por eso fue que yo elegí esta Maestría. Por ser una de las tres maestrías en educación acreditadas de alta calidad en el país.

Mauricio: Esa razón influyó de igual manera en mi opción por esta universidad. Es decir, me inscribí en una Maestría y una universidad acreditadas de alta calidad.

Edith: Y mirándolo bien valió la pena… aquí todo está organizado, todo está programado, los maestros son excelentes, el plan de estudios, el proyecto de investigación tiene tutores idóneos…

Mauricio: Ahora que lo dices, fíjate que no todas las universidades ni todas las maestrías tienen esa distinción. Funcionan, cumplen con el registro de ley, pero no tienen ese “plus”, esos rasgos adicionales que las diferencia o las distingue de la mayoría.

Edith: Se diferencian del común… y son pocas las excelentes.

Mauricio: Esa parece ser otra clave de la calidad: es escasa. O al menos eso me parece.

Edith: De pronto la calidad es como algo deseable, una especie de ideal…

Mauricio: Sabes que ese es un buen punto. Porque en la medida en que se logra un nivel de calidad, siempre habrá otro peldaño, algún asunto por mejorar. Me parece que la calidad es como una meta siempre lejana.

Edith: Una aspiración.

Mauricio: Sí. Es luchar para alcanzar esa distinción. Y a pesar de que las cosas se hagan muy bien, siempre es posible perfeccionarse en algo, cualificar un proceso, un acabado.

Edith: En ese programa que vi sobre la Ferrari cada operario está especializado. No es cualquiera el que pinta, el que pone las puertas… son empleados con mucha experiencia.

Mauricio: Ese parece ser otro punto, el de la experiencia. Recuerdo un comentarista de ciclismo, Julio Arrastía Bricca, que decía precisamente eso: “la experiencia no se improvisa”.

Edith: Se requiere trayectoria… práctica. Dominio en el oficio.

Mauricio: Parece que no se puede lograr la calidad de cualquier forma. No es un asunto de improvisación o de suerte. Me he fijado que la planeación, la gestión, juega un papel fundamental en esto de la calidad. Al igual que la especialización en las tareas.

Edith: Considero que es muy importante, de igual forma, la persona que lidera una empresa, una institución, un programa.

Mauricio: Claro. Quizá el que dirige sea quien mejor debe entender el asunto de la calidad. Los buenos líderes deberían velar para que no baje el nivel, para que su organización no flaquee o se hagan las cosas de cualquier manera.

Edith: Entonces, todo termina dependiendo de las personas.

Mauricio: No cabe duda. Son los seres humanos los que le imprimen a sus acciones ese sello de calidad. Mi padre me decía eso a cada rato: “no se trata de hacer las cosas a las patadas. Si va a hacer algo, hágalo bien. Un Martínez, se distingue por eso”.

Edith: Pienso que a esta cafetería le falta, entonces, alguien que haga control de calidad de este capuchino. ¿No?

Mauricio: Pensé que era yo el que estaba hoy muy exigente, porque en verdad estaba muy regularcito el café.

Edith: A lo mejor el café no era de calidad.

Mauricio: Eso es seguro, el mejor siempre es de exportación. El de consumo interno es pura “pasilla”.

Edith: Pero tú, con todo lo que me has dicho, ya tienes la tesis de tu ensayo casi terminada.

Mauricio: Sin embargo, no he hallado la mejor manera de redactarla. No me gusta del todo como sale.

Edith: Le estás haciendo control de calidad a la escritura.

Mauricio: Sabes que sí. Y aunque parezca poco, ahora pienso más en cada palabra que utilizo, y leo y releo cada línea redactada antes de la nueva que voy a incluir. Me ocupo en serio de la tarea, más allá del cumplimiento…

Edith: Estás siguiendo al pie de la letra las indicaciones del maestro.

Mauricio: Sí. Ese ha sido mi propósito. Uno logra mejorar en algo si tiene buenos ejemplos, ¿no? De pronto esa es otra clave de la calidad: contar con personas idóneas que transmitan un saber, un oficio, un arte. Porque si esas personas no son las más competentes, las más cualificadas, o no saben lo que en verdad deben enseñar, pues el resultado es deplorable.

Edith: Y uno, por más que no quiera, poca calidad tendrá en sus productos.

Mauricio: O necesitará hacer un recorrido muy largo, darse golpes con la inexperiencia, y tener una fuerza de voluntad a toda prueba.

Edith: ¿Y qué otras cosas has pensado?

Mauricio: He reflexionado sobre lo que dice la gente, aquello de que la cantidad no es necesariamente sinónimo de calidad. A veces pocas cosas son suficientes para lograr un alto índice de calidad. Por eso las empresas se especializan. Tal vez la calidad consista en una cuidadosa selección de los elementos necesarios para algo. Piensa no más en la cocina, los chefs afirman que lo más importante son los productos de calidad que compran para sus recetas.

Edith: Y hablan de tener a la mano unos útiles de calidad. Un excelente cuchillo para ellos es definitivo.

Mauricio: Claro. Por eso el maestro habló en clase de las herramientas del escritor. Yo pienso que por no tener unos buenos útiles de estudio es que no alcanzamos producciones de calidad.

Edith: De eso me he dado cuenta.

Mauricio: Si supieras lo que me ha servido el Diccionario de ideas afines del que nos habló el maestro. Allí encontré que calidad se relaciona con perfección pero de igual modo con un tipo de rango…

Edith: He sido un poco desaplicada y no le he puesto la suficiente atención a esa bibliografía entregada en clase.

Mauricio: Te lo cuento porque a mí esa fuente de consulta me ha ayudado cantidades…

Edith: Oye, ha sido provechoso este tiempo. Gracias por compartirme tus procesos de pensamiento.

Mauricio: No. Gracias a ti por el capuchino, que parecía elaborado con café chino.

Edith: Espero pronto ver en el blog del maestro tu primer párrafo aprobado.

Mauricio: Confío en que pase ese control de calidad. Lograr un “excelente” sigue siendo mi mayor aspiración.

Edith: Yo con un bien, me sentiría satisfecha.

Mauricio: Es mejor ponerse metas bien altas, así como les pedía el Papa Francisco a los jóvenes, en su reciente visita a Bogotá.

Edith: Sabes que sí, aunque para mí escribir es un reto tenaz. No sabes la cantidad de tiempo que empleo en cada una de esas tareas del Nivelatorio.

Mauricio: Claro, no se alcanza la calidad si uno no le invierte tiempo… Si no dispone suficientes minutos para perfeccionarse en algo.

Edith: Tiempo es lo que no tengo. Ya es jueves y tenemos plazo hasta el sábado, ¿no?

Mauricio: Sí.

Edith: Entonces chao, salgo para tutoría. Y ojalá esta noche me visite la inspiración.

Mauricio: Suerte. Saludes a las Musas…

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