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Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Archivos de etiqueta: Cuidar a otros

Cuidar de sí, para cuidar a otros

17 domingo May 2020

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Conferencias, OFICIO DOCENTE

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Cuidar a otros, Cuidar de sí, Enrique González Martínez, Foros

Angel Boligán

Ilustración de Ángel Boligán.

Como una manera de celebrar el día del maestro, Foros Santillana Plus me invitó a un encuentro virtual titulado “Cuidar de sí, para cuidar a otros” con docentes de diferentes países de Latinoamérica y de Colombia. A partir de las numerosas preguntas de los participantes, durante una hora, tuve la oportunidad de responderlas. Si bien el video puede verse en Facebook, considero pertinente compartir en este espacio una muestra de los interrogantes de los educadores y mis puntuales comentarios. Las inquietudes de los maestros reflejan bien las dudas que los agobian en esta cuarentena, su deseo de resolver las demandas de una modalidad virtual de enseñanza súbita y obligada, y la expresión del cansancio o el esfuerzo empleado frente a las demandas excesivas de los directivos de las instituciones educativas y de los padres de familia. Que sea, entonces, el siguiente diálogo virtual un modo de contribuir a sus problemas más inmediatos, a la par que un homenaje a su incansable labor de ser acompañantes de la formación de otros.

Laura Edith Vásquez Ramón / Bogotá / Carlos Albán Holguín

¿Cómo cuidarse a sí mismo en este momento de confinamiento, cuando los estudiantes ven en el docente su tabla de salvación y esperan que éste les ayude a solucionar un sin número de situaciones ocasionadas por el aislamiento?

Escuchar, escuchar mucho, con escucha empática y solidaria / Ofrecer puntos de vista diferentes para ver un problema / Más que dar soluciones, ayudar a comprender dichas situaciones / Incitar al diálogo / Invitar a los estudiantes a la escritura del diario / Promover estrategias didácticas en las que el testimonio sea fundamental / No solo preocuparse por llenar de actividades, sino disponer de tiempos para compartir experiencias / Puede ser una buena oportunidad para la tertulia.

Rosario Casas / Chimbote, Perú / Fe y Alegría 14

Para cuidar de sí, ¿cómo hacerlo a veces sin remordimiento?

Reconocernos en la dimensión de ser necesitados / Quitar de nuestra mente y de nuestro corazón la culpa, el peso moral del desmerecimiento / Tener presente que no somos solo personas que damos, sino también seres de carne y hueso que necesitamos recibir: cariño, acogida, hospitalidad, comprensión / Recordar que el autocuidado es una manera de cuidar al otro.

Silvia Cataño / Riosucio / I.E. Los Fundadores

¿Cómo realizar un buen acompañamiento a los docentes desde el rol de directivo cuando ellos manifiestan situaciones de estrés por el cambio de escuela en casa, al enfrentarse a plataformas no usuales para ellos, a la presión de padres de familia y al asesoramiento durante el día a estudiantes?

Subrayar la planeación colectiva / Menos autoritarismo y más gobernanza; es decir, dirección participativa / Posibilidad de acordar actividades conjuntas entre los maestros / Reflexionar permanente sobre lo hecho para hacer los ajustes o cambios necesarios / Valorar el aprendizaje sobre el error / Más confianza y apoyo a los que dirigimos y menos vigilancia enjuiciadora.

Alejandro José Acuña / Managua / Colegio Centroamérica

¿Cómo cuidar de mi familia en estos tiempos?

Crear o mantener espacios de diálogo / Separar los tiempos de trabajo de los tiempos de reunión y estar en familia / “Desconectarse” para entrar en ese otro espacio / Escuchar en silencio, sin la respuesta inmediata de la defensa / Recuperar o instaurar ritos / Reconocer las tareas o actividades cotidianas / Cuidar la lengua / Socializar los problemas / No “tragarse” todo.

Gloria Jurado / Pasto / Instituto Champagnat de Pasto

¿Cómo cuidar de nuestra salud no solo física sino mental y emocional para no agotarnos en este momento que estamos viviendo donde no sólo atendemos a los niños sino la tensión de padres y directivos a la que nos sometemos, además de largas horas de trabajo?

Sacar tiempos para sí / Pausas activas durante las horas laborales / Treinta minutos de ejercicio diario / Tiempo sagrado para alimentarnos / Quitar de nuestra mente la idea de que equivocarnos es una imperfección de nuestro oficio / Flexibilizar el cuerpo, pero mucho más la mente / Considerar el descanso como parte de nuestra agenda vital.

Roberto Carlos Barragán Rocha / Cali/ I.E Las Américas

¿Qué tanto se va a posicionar el tema de la ética del cuidado en la educación?

Dependerá de la confluencia de las voluntades de los directivos de las instituciones, de los maestros, de los padres de familia / El cuidado hace parte de nuestro compromiso con la formación y con las diferentes dimensiones del ser humano / Cuidar se relaciona con prevenir, pero además con una idea de corresponsabilidad que sobrepasa la mera instrucción / La ética del cuidado presupone una profunda comprensión de la relación pedagógica y, muy especialmente, de lo que significa acompañar a otro.

Amanda Supelano Martínez / Floridablanca / Fray Nepomuceno Ramos

¿Cuáles serían los tres componentes básicos para una buena salud mental, tan necesaria para trabajar en Educación?

Flexibilidad – creatividad – tolerancia al error / Más sabiduría que conocimiento, más argumentos que imposición, más voluntad de aprender que arrogancia de lo ya sabido / Fuerte autoestima, buena capacidad de autocrítica, inicio constante de proyectos / Mínimo fanatismo, perspectiva plural de las hechos y las personas, no dejar de investigarnos constantemente.

William Efraín Timaná Gutiérrez / Piendamó / El mango Morales

¿Principales hábitos recomendados para cuidar de nosotros?

Hábitos relacionados con el cuidado del cuerpo (ejercitarlo todos los días) / Hábitos de reflexión, meditación… / Acostumbrarse a mínimos ejercicios de discernimiento / Hábitos de desintoxicación de la avalancha de información circulante: tener juicio crítico para no seguirle el juego a las noticias falsas o al alarmismo que abunda por las redes sociales.

Marirrosa Carrera Rivas / Caracas / Unidad Educativa Colegio San José de Calasanz

¿Cómo desarrollar capacidades resilientes que nos ayuden a estar en un continuo mejoramiento personal? Recomendar actividades sencillas que se puedan aplicar en la vida cotidiana…

Compartir con estudiantes casos de resiliencia / Hacer análisis de situaciones problema con el fin de explorar diferentes alternativas / Pedirles a los estudiantes que hagan pequeñas entrevistas con sus familiares en las que se aprecien situaciones de resiliencia, o de cómo esas personas cercanas siguieron adelante a pesar de las dificultades / Fomentar la búsqueda de historias de vida, de ejemplos de superación que muestren el no rendirse ante las dificultades o los problemas.

Alba Luz Velandia Botia / Bogotá / San Viator Bilingüe Internacional

¿Qué factores pueden llegar a ser determinantes para clasificar como buena o mala práctica, la labor de un docente que sin capacitación alguna empezó, de un momento a otro, a afrontar la modalidad virtual, como único camino para avanzar en esta inesperada situación para la humanidad?

Compartir con nuestros alumnos las posibles falencias de nuestros experimentos virtuales / Aprender colaborativamente de esos fallos / Tener plan “b” / Hacer sondeos permanentes / Buscar las mejores soluciones de manera colaborativa / Mantener algo de lúdica y de mucho humor para aceptar que se es alumno otra vez / Mermar el temor al error de uno mismo o del otro.

José Luis Mora Machado / Bogotá / Agustiniano Tagaste

¿Cuál es su postura frente a aquellos que ven en esta coyuntura una oportunidad de crecimiento y aprendizaje profesional y otros que ven una radiografía de la precariedad del sector educativo y las carencias del mismo?

Entender que ni vamos a solucionar todos los problemas de la educación ahora, ni las falencias del sistema educativo pueden resolverse con las estrategias virtuales / Permitirnos volver a aprender / Pedir ayuda cuando sea necesario / Experimentar, probar, constatar / Considerar el aprendizaje mediante el ensayo y el error con todo nuestro interés / Atreverse a innovar la propia práctica / Revalorar la curiosidad, en todas sus manifestaciones.

Ana Lilia Ojeda / San Francisco del Rincón, Guanajuato / LaSalle

¿Qué es lo más importante entre tantas necesidades y emergencias?

Priorizar / Cuando se prepare una clase, seleccionar muy bien los contenidos y las actividades / Dosificar / Entender que los maestros no podemos descuidar acciones de formación por la urgencia de proveer información / Incluir ejercicios de metacognición (como aprendo lo que aprendo) en cualquier tarea / Favorecer modelos educativos co-constructivos 

Carol Edith Duarte Tejada / Bogotá / Colegio Nuestra Señora del Rosario Bogotá

Me gustaría saber si es posible como maestros ayudar a los padres en este proceso también.

Compartir con los padres los contratos de aprendizaje establecidos con sus hijos / Pensar bien las actividades para que no se conviertan en las tareas de los papás / Informar a los padres los protocolos estandarizados por el colegio / Recordar que los adultos son apoyo pero no maestros / Ofrecer algunos principios o reglas de oro del papá mentor o tutor.

Martha Liliana Linares Alvarado / Bogotá / Fernando Mazuera Villegas

En tiempos de pandemia, los miedos abundan, ¿cómo fortalecer la confianza y la esperanza en los estudiantes y sus familias para que estudiar tenga sentido en sus proyectos de vida?

El futuro tiene mucho de incertidumbre, con pandemia o sin pandemia / Fomentar la creatividad, la innovación / Formar el carácter de los estudiantes para enfrentar el fracaso, las cosas que no salen bien / Insistir en ciertas virtudes, como la persistencia, el coraje, la perseverancia / Tener cuidado con los reforzadores orales que usamos en clase / Dibujar el monstruo para reconocerlo.

María Josefa Martínez Basterra / México / Casa Mambré -Servicio Migrantes y Refugiados

En mi grupo de trabajo hay un día de autocuido… pero sólo físico/psicológico ¿Cómo incluir lo espiritual, no religioso?

Tener un espacio para meditar o tiempos para el discernimiento resulta esencial cuando aumenta la angustia y la desazón interior / Darle trascendencia e importancia al silencio / Cultivar algún arte: esa otra vía con grandes beneficios para el cuidado de nuestro espíritu / Acudir a la lectura de poesía, de ese tipo de textos que tanto ayudan a formarnos en lo sutil, en lo sensible, y que además distienden las zonas constreñidas de nuestra interioridad. Por ejemplo, “Intus” del mexicano Enrique González Martínez: 

Te engañas, no has vivido… No basta que tus ojos

se abran como dos fuentes de piedad, que tus manos

se posen sobre todos los dolores humanos

ni que tus plantan crucen por todos los abrojos.

 

Te engañas, no has vivido mientras tu paso incierto

surque las lobregueces de tu interior a tientas;

mientras, en un impulso de sembrador, no sientas

fecundado tu espíritu, florecido tu huerto.

 

Hay que labrar tu campo, divinizar la vida,

tener con mano firme la lámpara encendida

sobre la eterna sombra, sobre el eterno abismo…

 

Y callar, mas tan hondo, con tan profunda calma,

que absorto en la infinita soledad de ti mismo,

no escuches sino el vasto silencio de tu alma.

 

Tensiones en el cuidado de la palabra

15 jueves May 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Ensayos

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Cuidado de sí, Cuidar a otros

Ilustración de Vlasta-Zabransky.

Ilustración de Vlasta-Zabransky.

Comencemos diciendo que la palabra, en sí misma, es consustancial al hombre. Como nos lo enseñara Octavio Paz, “La palabra es el hombre mismo. Estamos hechos de palabras. Ellas son nuestra única realidad o, al menos, el único testimonio de nuestra realidad”. Pero esa palabra, tan de nosotros, tan humana, está llena de permanentes contradicciones: bien sea por escasez o por exceso; bien porque no sabemos cuándo decirla o porque abusamos de ella. La palabra, ese pan o esa moneda con que nos nutrimos y alimentamos nuestra cotidianidad, vive en permanente oscilación: o es en sus fines, donde no tenemos el suficiente tacto para enunciarla, o nos falta la prudencia necesaria para decirla en el momento oportuno; o es en el deseo de someter a otro, en lugar de volverla un medio para ofrecer autonomía; la retenemos o no la dejamos fluir, porque pensamos que así, represada, es más poderosa, con mayor autoridad o por lo menos más importante. Qué tensiones las que vivimos con esta nuestra palabra: cuánto nos arrepentimos de algunas palabras dichas y cuánto nos pesa el no haber dicho a tiempo otras palabras definitivas para alguien o para algo. Fijémonos, no más, en cómo nos esforzamos algunas veces por tomar la palabra, casi exigida con violencia, y otras, quizás las menos, cómo propiciamos espacios para dar la palabra, para servirla como un banquete al apetito de otros. Por momentos nos aferramos a algunas de ellas, como tabla de salvación, como amuletos sagrados, pero luego esas mismas palabras se nos tornan en cárcel, en grilletes dogmáticos que nos acorralan hasta el mutismo o la sumisión total. A veces nuestra palabra propicia la esperanza y, a veces también, fractura la posibilidad de utopía. Con todo esto quiero subrayar apenas que el ejercicio de la palabra, y más tratándose del cuidado de la misma, se mantiene en un peligroso lugar funambulario; es desde ese deseo por mantener el equilibrio sobre la cuerda floja, o desde la mesura del pensamiento del mediodía del que hablara Albert Camus, donde deseo presentar alguna tensiones que gravitan el uso de la palabra.

Primera tensión: urgencia de hablar/necesidad de callar

Una de las primeras tensiones de la palabra es aquella que se presenta entre hablar y callar. Detengámonos un poco en dicha tensión. De un lado, y en determinadas ocasiones, es urgente por no decir prioritario hablar. La palabra, en ese caso, no puede guardarse so pena de que el otro –objeto de nuestro cuidado– quede en el desamparo, la ignorancia o el inminente peligro. Decir la palabra, entonces, es clave para prevenir el error más craso. Digamos que la palabra no puede guardarse porque, en ese caso, sería un descuido o mala fe en nuestro actuar. Pero, al mismo tiempo, ese hablar de la palabra se ve en permanente tensión con el callar. A veces el cuidado de la palabra consiste, precisamente, en no decir todo lo que pensamos o todo lo que queremos. Cuidar al otro significa prever qué tanto daño o heridas pueden causarle nuestras palabras. Y no se trata de parecer estratégicos o de ser hipócritas con el otro; más bien es porque pensamos en los resultados de nuestras palabras, en el impacto que pueden causar o en el efecto que pueden desencadenar que nos cuidamos de hablar más de lo debido, o de contarlo todo, o de dar un nombre propio o señalar un defecto. Aquí, por cuidar al otro, nos contenemos, editamos, ponemos entre paréntesis, matizamos nuestra palabra.

Como puede verse, la tensión está entre saber elegir cuándo debemos hablar y cuándo debemos callar. Igual daño podemos producir con una u otra acción. Queriendo buscar una cosa con nuestras palabras, podemos terminar en provocar otra muy contraria en nuestro interlocutor. Y aunque a veces, como lo dice el mensaje bíblico, “La verdad nos hace libres”, pienso también  en el consejo de Don Quijote a Sancho, en la segunda parte de la clásica obra: “enfrena la lengua; considera y rumia la palabra antes de que salga de tu boca”. Una tensión, por lo demás, que era precepto monástico: “Hay ocasiones en que no debe decirse nada, y otras en que hay que decir algo; pero ninguna en que haya de decirse todo”; una tensión hecha tradición en refranes y sentencias: “Luego que has soltado la palabra, ésta te domina. Pero mientras no la has soltado eres su dominador”; “si juzgamos somos aborrecibles; si callamos, causamos sospecha”. 

Segunda tensión: dar riendas a la lengua/morderse la lengua

Cambiemos de mirador y observemos con juicio otra tensión. Me refiero a esa que se presenta entre el exceso y el defecto en el uso o empleo de nuestra palabra. Sabemos por experiencia que la “charlatanería”, la sordera voluntaria de que hablara Plutarco,  es uno de los puntos ciegos de la palabra. Cuando se habla en demasía, cuando no se tiene el cuidado suficiente para decantar y elegir los términos adecuados, cuando se habla por hablar o se carga  nuestra palabra de ampulosidad,  lo que sucede es que el otro ya no la escucha, o se satura de tal modo que ya no oye nada o pierde el interés. La palabra excesiva termina por volverse contra sí misma. La verborrea se torna en autofagia discursiva. Por eso los charlatanes, según Plutarco, “queriendo ser amados, son odiados; queriendo hacer favores, importunan; creyendo ser admirados, son objeto de burla; sin ganar nada gastan, ofenden a sus amigos, aprovechan a sus enemigos, se arruinan a sí mismos”. Sin embargo, desde la otra orilla, la merma o la poca competencia lexical, un defecto en la palabra también puede acarrear el descuido o la imprecisión en lo que tratamos de decir. A veces, por no contar con la palabra adecuada, usamos otras que pueden ser vagas o imprecisas. El laconismo no es garantía de eficacia comunicativa. Por momentos puede traer una consecuencia desastrosa: que el otro no sepa en verdad qué le queríamos decir o a dónde era que apuntaba nuestra palabra. Hasta cabe la mala interpretación o el malentendido más rampante. Una merma en nuestra palabra puede llevar a que nuestro interlocutor se pierda entre los variados sentidos de nuestra selva lingüística.

Entonces, si de un lado debemos tener presente el no excedernos, la retórica vacía, o la palabra vana, de otro necesitamos superar el monosilabismo esquemático o cierta flojera en nuestra habla. La tensión es evidente: por exceso o por defecto en nuestras palabras podemos perder a nuestro interlocutor. De allí que el cuidado sobre lo que decimos oscile entre la verborrea y el mutismo; entre decir más de la cuenta, y decir poco o casi nada. Entre “mordernos la lengua”, o dar riendas a la lengua.

Tercera tensión: decir la palabra con verdad/engañar con la palabra

Una tensión más que deseo presentar es aquella que se da entre la verdad y la mentira. Cuántas veces, lo sabemos por experiencia, al querer usar nuestra palabra para cuidar a otro –llámese alumno, hijo o amigo–, cuántas de esas palabras que consideramos verdaderas, son, en últimas, una mascarada de otro propósito. Intentar hablar con la verdad, y más cuando nuestro fin tiene pretensiones de cuidado, parece lo más necesario, lo más vertebral de nuestro discurso. Recuerdo ahora el largo estudio de Michel Foucault sobre la parrhesia, sobre esa cierta manera de decir, sobre esa ética de la palabra basada en  “la apertura del corazón y la necesidad de que ambos interlocutores no se oculten nada de lo que piensan y hablen francamente”. Anhelo de hablar con la palabra verdadera. Pero también es cierto que la verdad requiere, como lo pensara el mismo Foucault una lexis, un cierto orden del discurso, determinada retórica que posibilite creer esa verdad. Y la retórica, en tanto técnica del discurso de la palabra, puede, cuando no la mayor de las veces, confluir en un mar de mentiras. Por eso la tensión, porque con las mismas palabras que pretendemos cuidar a otro, con las mismas palabras que pretendemos decirle una verdad, con esas mismas palabras, disponemos el escenario del engaño. Y dependiendo de la disposición de esas palabras, de la elección de las mismas, así será su efecto. Por eso Foucault consideraba que “la parrehesia (el hablar claro, la libertad) era exactamente la antiadulación”. Y la meta final de la parrhesia no es hacer que el interpelado siga dependiendo de quién le habla, cosa que sí sucede con la adulación; “el objetivo de la parrhesia es actuar de tal modo que el interpelado esté, en un momento dado, en una situación en la que ya no necesite del discurso del otro”.

Reiteremos esta tensión, dándole la voz a Pedro Salinas: “las palabras poseen doble potencia: una letal, y otra vivificante. Un secreto poder de muerte, parejo con otro poder de vida; que contienen, inseparables, dos realidades contrarias: la verdad y la mentira y por eso ofrecen a los hombres, lo mismo la ocasión de engañar que la de aclarar, igual la capacidad de confundir y extraviar, que la de iluminar y encaminar”.

Cuarta tensión: oportunidad para decir / impertinencia al hablar

El tiempo del cuidado de la palabra se mueve entre la oportunidad y la impertinencia. Hablemos primero del tiempo de la oportunidad. Kairós, llamaban los griegos a ese tiempo que, a diferencia del Cronos, no era consecutivo o medido por los relojes, sino un tiempo amarrado a ciertas circunstancias o a cierta disposición del interlocutor. El Kairós es un tiempo del “depende”, de qué tan rápido podemos leer las condiciones de receptividad de aquellas personas a las que deseamos decirles nuestra palabra. Foucault decía que “lo que definía esencialmente las reglas de la parrhesia era el Kairós, la ocasión, que es exactamente la situación recíproca de los individuos y el momento que se escoge para decir esa verdad”. Y el Kairós tiene que ver con ciertas reglas de prudencia, con ciertas condiciones para elegir el mejor momento, la forma más adecuada, determinadas circunstancias, la medida y la mejor manera posible de decir la palabra. El Kairós es “el tiempo de la sazón, del instante oportuno, el tiempo de episodios que tienen un comienzo, un nudo y un final, el tiempo humano y vivo de las intenciones y fines”. De otro lado, está la palabra dicha a destiempo, cuando no toca, cuando no es afortunado enunciarla. Es la palabra propia del necio, del que no es prudente, del atrevido o insensato que sin saber leer los intersticios del momento, suelta a quemarropa su palabra, sin consultar las condiciones y la disposición del que las recibe. A veces, bajo el disfraz de la franqueza, disparamos nuestra palabra para todos lados y de cualquier manera, desconociendo los ritmos particulares, las historias individuales, los mundos personales.

Luego el cuidado de la palabra se debate en esa tensión de ofrecerse o darse en el momento justo, cuando la coyuntura lo amerita, cuando la ocasión parece propicia. En esto del cuidado de la palabra sí que es cierto que se cumple aquello de que todo tiene su tiempo y sazón. Caso contrario, nuestra palabra será inoportuna, improcedente cuando no impertinente. Por lo mismo, nuestra tarea cotidiana consiste en tratar de acertar en el tiempo, el lugar y la circunstancia para que nuestra palabra sea de buen recibo, y no sea rechazada por haber sido dicha de forma improcedente, indiscreta o de manera indelicada.

Referencias

Octavio Paz, El arco y la lira, Fondo de Cultura Económica, México, 1973.

Albert Camus, El Hombre rebelde, Losada, Buenos Aires, 1953.

Quevedo, Sentencias, Temas de hoy, Madrid, 1995.

Plutarco, Obras Morales y de costumbres (Moralia), Tomo VII, Gredos, Madrid, 1995.

Michel Foucault, La Hermenéutica del sujeto (Curso en el Collage de France: 1981-1982), Fondo de Cultura Económica, México, 2002.

Pedro Salinas, La responsabilidad del escritor, Seix Barral, Barcelona, 1961.

Elliott Jaques, La forma del tiempo, Paidós, Buenos Aires, 1984.

 

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