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Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Archivos anuales: 2014

Encuentros con la poesía (1)

09 jueves Ene 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Del diario, LECTURA

≈ 2 comentarios

Etiquetas

Dolores Castro Varela, Entrevistas a escritoras, Leer poesía

Ilustración de Mirko Ilić

Ilustración de Mirko Ilić

De lo que más he leído o me gusta leer asiduamente es poesía. Lo hago no sólo por el afecto particular hacia esta manera de expresión, sino por una especie de tranquilidad o exploración íntima que hallo al entrar en contacto con estos pequeños textos. Todos los días, así sea en pequeños encuentros, me ensimismo en esas líneas que abren sus ventanas como si fueran atalayas a la existencia humana, el mundo o el universo.

De ese encuentro con poemas y poetas dan testimonio diversos registros en mis diarios y una amplia biblioteca que ha ido creciendo con el pasar de los años. Hubo una época en que siempre, al comienzo o al final, incluía en las diversas entradas de mi diario la selección de un poema que había descubierto o que consideraba destacable. Este poema hacía las veces de detonante para algún tipo de reflexión o sencillamente servía de amuleto para mis búsquedas literarias. O, en algunas ocasiones, era en sí mismo un homenaje a esos otros poetas que de tanto releerlos ya hacían parte de mi propia sangre.

En el caso de los libros de poesía ellos fueron sumándose por afinidad de autor o por filiación temática. Creo que ese ha sido el camino de bibliotecas semejantes. Primero, uno se apasiona por un libro de poemas y, en esa medida, anhela adquirir o leer otras obras del mismo poeta. Si el gusto continúa, lo más seguro es que consiga la mayoría de ellos y esté pendiente de un próximo texto, si es que el autor aún vive. Pero puede suceder que el atesorar estos libros no nazca de la fascinación por un poeta sino del interés por un motivo o tema en especial. En mi caso, el mirador de la poesía erótica ha sido una de esas inquietudes que ha permanecido vigente durante muchos años de mi vida. Así que la biblioteca guarda varias antologías sobre este motivo. Pero también mi biblioteca se ha expandido porque en la medida en que uno se focaliza en un género descubre el valor de determinadas editoriales especializadas en el asunto. En consecuencia, poco o poco, he ido abriendo un espacio a colecciones de poesía, valga decir la colección Visor, o las hermosas ediciones bilingües Hiperión de Madrid o las de la Librería Fausto de Buenos Aires.   

Lo que vengo diciendo sirve de escenario para lanzarme a compartir con los lectores de este blog mi gusto por ciertos poemas, seleccionados a la manera de preseas literarias o testimonios-joya de una pasión cultivada durante varias décadas. Confío que el agrado personal provocado por estos versos sea trasladable a otros espíritus  afines, o al menos que logre despertar en personas no habituadas a la poesía su curiosidad o una incipiente aproximación a los espacios líricos.

Dolores Castro Varela. Fotografía de Pascual Borzelli.

Dolores Castro Varela. Fotografía de Pascual Borzelli.

En esta primera entrega me concentraré en Dolores Castro, una nonagenaria mexicana autora, entre otros, de libros de poemas como “Cantares de vela”, “Soles”, “¿Qué es lo vivido?”, “Las palabras”, “Fluir”, “Tornasol”… De Dolores Castro cautivan mi atención varios poemas: “Cómo arden, arden”, “Fugas”, “Fluir”, “Nosotros”, “Nostalgias”, “A veces”, pero he elegido “Laberinto”, un poema que bien puede simbolizar la sensibilidad de esta contemplativa buscadora de palabras esenciales nacida en Aguascalientes, en 1923.

 Laberinto
 
Encontré la vereda, el atajo, la brecha,
el camino más corto para caminar.
 
Me lancé por el plano
y después por la cuesta, hacia abajo,
con pisada suave,
como en sueños,
con cautela de gato
y ojos abiertos a la oscuridad.
 
Palpé, toqué, dejé
no sé cómo
pasajes desiertos, arboladas regiones,
hábitos y costumbres
de permanecer.
 
Mucho ha llovido desde entonces.
 
El invisible hilo
que había de sacarme de este laberinto
llevo en la mano,
pero aquí entre relámpagos y truenos,
encandilada,
sigo el perfume del hueledenoche,
de la madreselva,
el lejano aroma del jazmín,
y ya no sé si querer o no querer
salir.

 

Creo conveniente, además, transcribir apartes de la entrevista titulada “Dolores Castro: mujer con mayúscula” hecha por Adriana del Moral Espinosa, y publicada en el portal del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura.

(…) 

—En todo el proceso de tener hijos y cuidarlos pequeñitos, siguió escribiendo, ¿verdad?

— Seguí escribiendo, con mayor razón, porque las mujeres podemos sentirnos a veces como más próximas a ser animales que seres racionales cuando están todos los niños chiquitos. O bien a sentirnos cosas, porque el arreglo de la casa, la limpieza y todo eso también esclaviza. Pero si uno tiene la literatura, y sobre todo la poesía…La poesía es la que me ha sacado adelante siempre, porque es mucho más ordenada que la vida. Si tú tienes la poesía como auxiliar el amor no se acaba. El amor a la vida, a la naturaleza, a la gente; porque la vas viendo con mayor profundidad; con mayor profundidad vas aquilatando todo.

— ¿Qué tiene dentro un poeta?

— Tiene una gran necesidad de entender el mundo, porque tiene un gran amor a la vida. Es como resolver un rompecabezas, porque uno llega a la vida sabiendo que va a morir, y que en este corto lapso tiene que descubrir para qué vino, quién es, de dónde viene, hacia dónde va. La mayor parte de estas respuestas, a mis ochenta y dos años, no las he encontrado. Pero sí he tratado de ver con la mirada más profunda, lo que ocurre, lo que cambia, lo que queda. Dentro de mí hay una necesidad todavía de seguir averiguando qué pasa. Además tengo alegría de vivir, necesidad de conocer más. Ya que sólo una vez estamos en la vida, hay que aprovecharla.

— ¿La poesía es entonces una actitud ante la vida, aunque uno no escriba?

— ¡Claro que es una actitud ante la vida!, y desde que abres los ojos. Mi mamá le escribió una carta a mi papá porque él no estaba cuando yo nací en Aguascalientes, y mi papá estaba viajando porque era agente del Ministerio Público. En la carta le decía mi mamá: “Ya tienes una nueva hija. Es morena, pero tiene los ojos muy vivos.” No los tuve grandes, pero vivos sí.

—El papel que para usted tiene la poesía, ¿ha cambiado a lo largo de todos estos años dedicados a escribir poemas?

— Yo creo que ha cambiado, pero nunca ha dejado de ser un interés profundísimo. Ha cambiado porque cada vez tengo más necesidad de comunicar y comunicar bien. Comunicar con un trabajo constante para que la palabra sea transparente.

— ¿Escribe cada vez más?

— Sí, escribo cada vez más, no sé si cada vez mejor.

—Usted ha impartido muchos talleres para jóvenes, ¿piensa que ha cambiado la forma en que los muchachos de ahora se acercan ahora a la poesía?

— Lo que veo es que hay una multitud de muchachos que se acercan a la poesía, porque ese caos en el que vivimos invita a tratar de resolverse. Pero a veces muchos muchachos se acercan a la poesía en una forma que no es la mejor, que es el desahogo. Y los que se acercan en esta forma generalmente es porque no leen suficiente; porque para poder escribir poesía se necesita también leerla. Uno va construyéndose como poeta y como persona con una tradición que le respalda. Y si uno conoce esa tradición a través de la lectura, puede situarse en el ayer, en el antier, o en el antes de antier.

Tener un proyecto

03 viernes Ene 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Ensayos

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Ilustración del polaco Igor Morski

Ilustración del polaco Igor Morski

Los inicios de año traen consigo el deseo de llevar a cabo determinados proyectos. Esos primeros días son como un acicate para despertar el interés por realizar lo que hemos aplazado o por planear nuevas metas, logros o tareas. Sin embargo, dichos propósitos necesitan de una dinámica y unos soportes que les permitan no diluirse en los quehaceres cotidianos o morir sin llegar a florecer.

La dinámica a la que me refiero es, por supuesto, la de entender y apropiar nuestro proyecto de vida. Es muy difícil que alguien se tome en serio una meta, una obra, si antes no ha revisado qué sentido tiene su existencia. Aquí vale la pena decir que se trata de concebir el vivir más allá de la subsistencia o el sobrevivirse. Comprendo que al situarnos en una dinámica  del proyecto de vida tratamos de darle a nuestra existencia una finalidad. Por lo mismo, se necesita una labor de discernimiento para conocernos o reconocernos, para saber dónde están nuestros talentos, dónde nuestras apuestas y cuál puede ser nuestra contribución a los demás. Es en esta dinámica –o por ella misma– que nacen los planes, los programas o los proyectos. Es ese caldo de cultivo el que hace emerger determinados sueños y el que nos lleva a priorizar las acciones de nuestra vida.

Hablemos ahora de los soportes. Uno de los más importantes es el de inscribir nuestro proyecto o iniciativa en un tiempo específico. Si no se planifican las utopías, si no se las dota de unas fechas y unos productos esperados, y si no se tienen momentos determinados para saber cómo avanzan o en qué estado va lo que anhelamos, pues careceremos del lubricante idóneo o del escenario apropiado para la puesta en escena de nuestras empresas. Demasiado se confía en la buena fortuna y poco se atiende a esto de aprender a parcelar la búsqueda de horizontes.

Otro de los soportes fundamentales es el de la persistencia. Si anhelamos que un proyecto se mantenga vivo, tenemos que armarnos de voluntad para insistir en él cada día. Algunos llaman a esto la disciplina. Es dicha confianza la que le otorga al proyecto una continuidad, un destino favorable. Y no se trata de romperse el espinazo para alcanzar la cima de una sola vez, sino de ir poco a poco, trayecto por trayecto, tallando con tesón esa obra o esa idea que no parece avanzar como nuestra ansiedad lo quiere. Si la constancia o la obstinación son ajenas a nuestros hábitos los proyectos irán deshaciéndose o diluyéndose en nuestras manos.

Agregaría un soporte más: el aprender a cauterizar nuestro ánimo de los comentarios desfavorables, las opiniones negativas y los posibles escollos del camino. El que tiene en su mente un propósito de largo aliento necesita tener una motivación a toda prueba. Es sorprendente la cantidad de personas que en lugar de colaborar o contribuir a nuestros más íntimos proyectos, se solazan con la crítica desfavorable, la ironía descalificadora y una desidia que raya con la insolidaridad o la envidia más rampante. De allí la necesidad de cubrir nuestro entusiasmo de los dardos desilusionantes o protegerlo de los agoreros del fracaso. Esto implica también adquirir una rápida constitución interior para volvernos a poner de pie cuando tengamos una caída, o cuando tengamos que volver a armar el andamiaje de nuestros propósitos.

De lo anterior se colige que la conquista de una utopía demanda el apoyo de colegas o compañeros de aventura. Ese parece ser otro soporte de gran importancia. Hay que elegir o encontrar tales personas. En muchos casos la vida misma nos las va presentando y, otras veces, tenemos que contagiarlas o hacerlas partícipes de ese horizonte. Estos cómplices, porque son eso en verdad cuando se trata de sueños compartidos, por momentos se convierten en confidentes de los que anhelamos o en brazos de apoyo cuando escasean las fuerzas y necesitamos de un empuje adicional para sortear una dificultad o sortear un vado inesperado. Los compañeros de aventura crean, por lo demás, un ambiente de fraternidad que permite multiplicar las manos para  escalar las montañas más lejanas y compartir en la confianza algunos de nuestros miedos.

Cerraría estas reflexiones sobre el cómo llevar a feliz término un proyecto añadiendo la importancia que tiene el aprender a organizar mejor nuestra vida cotidiana. Considero que dilapidamos demasiado los cortos años de nuestra vida en cosas baladíes o de poca trascendencia. Invertimos demasiado tiempo en asuntos que, justo en la época que nos tocó en suerte, es usado para la novelería insustancial o la cultura del espectáculo. Perdemos un tiempo precioso en seguirle la pista a chismes ajenos en lugar de emplearlo en nuestras propias obras o iniciativas. De igual modo, obnubilados por el afán del dinero fácil y la adquisición de objetos idealizados por la sociedad de consumo, vamos dejando marchitar talentos o aptitudes que bien pudieran tener una utilidad o un servicio a nuestros semejantes. No parece conveniente sacrificar todo nuestro potencial, toda nuestra imaginación, por largas horas frente a un televisor inoculándonos frivolidad. Lo conveniente, afirmaba, es sacarle el mejor jugo a las horas de nuestro día; aprender a priorizar; poner nuestros ideales en el sitio que se merecen; confiar en la tenacidad de nuestra voluntad; apostarle a la transformación o mejora de lo que nos rodea.

Estos días de comienzo de año nos deben ayudar a estar alertas sobre lo rutinario y cómodo de nuestras vidas e invitarnos a sacar y lanzar con ímpetu lo inédito e inexplorado  de nosotros mismos.

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