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Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Archivos de etiqueta: Entrevistas a escritoras

Encuentros con la poesía (3)

19 domingo Ene 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Del diario, LECTURA

≈ 2 comentarios

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Entrevistas a escritoras, Fina García Marruz, Leer poesía

Ilustración de Jon Krause

Ilustración de Jon Krause

Afirmaba en un texto anterior que la lectura frecuente de poesía me ha ayudado a comprender dimensiones o aspectos de la condición humana. Quisiera en esta ocasión ahondar en las diversas maneras como la poesía, a través de sus versos, ha contribuido a mi percepción del ciclo vital o los avatares de la existencia.

Una vertiente de la lectura de poesía me ha mostrado ante todo la celebración de la vida, su gratuidad, su exquisito don; y también, que el estar enamorados, el apreciar la noche o el disfrutar con plenitud de algo amerita la canción, la exaltación, el elogio lleno de admiración o regocijo. Todo eso lo he leído y aprendido en los versos de los poetas. Nada ha quedado por fuera de esta exaltación y júbilo por la vida: la naturaleza, el cosmos, los seres humanos. La poesía, en esta vertiente, ha subrayado el milagro del universo, sus criaturas y su fascinante existencia. Creo que tal mirada celebrante hacia la vida, hacia lo vivo, me ha permitido mantener un temperamento animoso y lleno de esperanza. Optimista, si se prefiere. Pero no por candidez o falta de malicia, sino porque en los versos de los poetas he encontrado más motivos de agradecer que de culpar, más razones para deslumbrarme ante lo que perciben mis sentidos que justificaciones apáticas o desconsoladas. Para decirlo de manera categórica: la poesía me ha forjado un corazón entusiasta y jovial.

Claro está que a veces la poesía usa este cantar pero en tono elegíaco, de lamento. He leído y releído muchos poemas centrados en la pérdida, en la desaparición de algo hermoso o amado, en la fractura de un ideal, en la premonición del ocaso o el término definitivo. Los versos de los poetas, en esta segunda vertiente, claman a las alturas, imprecan a los hombres para recordarles que la pérdida de una vida, el desamor, el corroer del tiempo en las cosas, todo ello merece tenerse en cuenta. Que allí hay algo importante; que no es un asunto baladí o secundario. En este caso, la poesía me ha ido tallando una fortaleza interior para entender y asimilar lo deleznable de la ilusión, el paso efímero de nuestro trasegar vital, la inminencia del olvido… Pero sin resentimientos o amargura, más bien como parte del escenario vital, como las posibles peripecias de unos actores sometidos a las fuerzas del tiempo, el azar y las necesidades. En todo caso, la lectura de poesía ha tensado el arco de mi espíritu para buscar comprender antes que juzgar, para aceptar lo inevitable con cierto estoicismo parecido a la sabiduría. Puesto de otra forma, la lectura continua de poesía me ha hecho un tanto más filósofo o, al menos, ha dispuesto mi conciencia para el discernimiento.

Así sea como alabanza o lamento la lectura recurrente de poesía me ha ayudado a dignificar profundamente mi existencia y la de los demás. De igual modo, me ha mantenido alerta a la presencia de diferentes seres o a las manifestaciones del cosmos. Considero que habría otra ganancia derivada de las dos anteriores vertientes: aquella de subrayar el misterio o la complejidad de la existencia. La poesía ha contribuido a no dejarme perder el hábito de interrogarme, de formularme preguntas frente a los asuntos inherentes a la travesía de los hombres entre el nacimiento y su muerte. La lectura de poetas, de tantos poemas, ha hecho que la vida mantenga sus enigmas, su carácter insondable y su posibilidad de trascendencia. Es decir, el trato con los versos, ha mantenido intacta mi curiosidad y la capacidad de sorprenderme.

Detengámonos aquí y retomemos el objetivo de estas líneas. Transcribamos otro de mis poemas preferidos con el fin de ejemplificar lo que he venido exponiendo.

FINA GARCÏA MARRUZ: "Yo que hallé en lo escondido una extraña familia".

FINA GARCÍA MARRUZ: «Yo que hallé en lo escondido una extraña familia».

El sitio es ahora para otra nonagenaria, Fina García Marruz Badía. La única mujer del grupo Orígenes, regentado por el barroco José Lezama Lima. De esta poetisa y ensayista cubana, nacida en La Habana, en 1923, me son cercanos poemas como “Ama la superficie casta y triste”, “Cada oscura mañana”, “De cómo el tiempo respetó a un poema”, “El pintor”, “A nuestro Lezama”. Pero en esta ocasión deseo escoger el poema “No avanza la ola siempre: retrocede”, de su libro Visitaciones del año 1970.

NO AVANZA LA OLA SIEMPRE: RETROCEDE
 
No avanza la ola siempre: retrocede
para embestir de nuevo con más fuerza.
Siempre no sube el fuego. Oscilando
en su temblor alumbra, fiel, la vela.
 
Parpadear que es de fuego y de vigilia
del alma viva. Todo lo viviente
ha de avanzar así, con inseguro
paso que rompa la tiniebla espesa.
 
Gana perdiendo así, cree dudando,
su fuerza aumenta en la retrocedida
fatal que lo derriba por el suelo.
 
Porque nada se pierda: tú has querido
que el descender acrezca la subida,
perdamos como olas, como fuegos.
 
…
 

En una de las pocas entrevistas que ha dado Fina García Marruz, titulada “Me comunico mejor con el silencio”, comentó aspectos relacionados con la poesía y la época presente. Hago eco de algunas respuestas del diálogo sostenido con Miriam Elizalde y publicado en Cubadebate, en marzo de 2007: 

-¿Poeta o poetisa?

Fina García Marruz: Hay algunas escritoras a las que no les gusta la palabra “poetisa”, porque piensan que es más débil que poeta, que afortunadamente termina en “a”. Yo creo que son dos cosas completamente distintas. La poetisa a la que se le pudiera llamar “poeta” es alguien que crea un idioma y Gabriela Mistral creó uno. Sor Juana Inés de la Cruz, por la que siento una admiración enorme, con toda la riqueza de su sensibilidad y estilo, es más bien una poetisa, lo cual no es una debilidad. Sor Juana no es débil en lo absoluto. Un poema es un poema, no tiene adjetivos: tan grande es un poema suyo, como el de Gabriela. Lo que quiero distinguir es que como indica la palabra poiesis, la poesía como creación, es algo muy diferente. James Joyce es un creador de idioma, lo que no son otros excelentes novelistas. Eliseo Diego decía, con toda razón, que había que sacar a Gabriela de la Historia de la Literatura para incorporarla a la Historia de la Lengua.

―¿Usted se siente poeta o poetisa?

Fina García Marruz: Soy más bien una poetisa, si nos atenemos a este análisis.

(…)

―¿Qué es para usted lo más urgente hoy?

Fina García Marruz: Permíteme responder con dos profecías que hizo Martí para Nuestra América. La primera está en la frase “Ya se probó el odio, ahora se prueba el amor”. Me extrañó siempre esa frase, porque da por sentado que el amor ya está instalado en el presente. Pero es que el tiempo de su prosa –como en los profetas– es el del presente que será, porque, como tú sabes, el odio se probó y se sigue probando.  No ha quedado atrás. Tengo la impresión de que él alude aquí a su discurso fundacional, que conocemos como “Con todos y para el bien de todos”, donde dice que habrá que poner alrededor de la estrella, la fórmula del amor triunfante –con todos y para el bien de todos.  Ese amor triunfante no excluirá absolutamente a ningún país.  El habla de un presente un poco más lejano al tiempo que vivimos hoy en Nuestra América, donde vemos un indudable alborear. El habla para ese momento en que todos puedan vivir pacíficamente. Tiempo que llega.

―¿Cuál es la segunda profecía?

Fina García Marruz: Tiene que ver con la gran esperanza en el progreso de la Ciencia que caracterizó al Siglo XIX, que la ve solo como fuente del  Progreso y de libertad absoluta. Pero Martí escribe: “Riesgo de la ciencia sin el espíritu”, que vio simbolizado en el personaje Wagner del Fausto, de Goethe, lo que estaba ya en el Génesis, en lo del árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, situado en el Paraíso frente al Árbol de la Vida.  Libertad no absoluta, sino con ese límite –señalado en el Libro de la Sabiduría salomónica–, que lo había puesto en los cuatro elementos para que no inundaran, arrasaran o hicieran arder la tierra. La idea no era nueva, y estaba ya en el libro de Job y en los griegos.  Pero cuando Martí señala esto, el tema estaba muy lejos de ser preocupación para los ecólogos de su tiempo. Hoy es el tema central del nuestro.

(…)

-¿Por qué le cuesta tanto trabajo dar entrevistas y  hablar de sí misma?

Fina García Marruz: Me siento en esos casos como una violinista a la que le piden un concierto de flauta. Yo me comunico mejor con el silencio, sin el que no se podrían dar la poesía, la música, ni el encuentro con uno mismo.

Encuentros con la poesía (1)

09 jueves Ene 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Del diario, LECTURA

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Dolores Castro Varela, Entrevistas a escritoras, Leer poesía

Ilustración de Mirko Ilić

Ilustración de Mirko Ilić

De lo que más he leído o me gusta leer asiduamente es poesía. Lo hago no sólo por el afecto particular hacia esta manera de expresión, sino por una especie de tranquilidad o exploración íntima que hallo al entrar en contacto con estos pequeños textos. Todos los días, así sea en pequeños encuentros, me ensimismo en esas líneas que abren sus ventanas como si fueran atalayas a la existencia humana, el mundo o el universo.

De ese encuentro con poemas y poetas dan testimonio diversos registros en mis diarios y una amplia biblioteca que ha ido creciendo con el pasar de los años. Hubo una época en que siempre, al comienzo o al final, incluía en las diversas entradas de mi diario la selección de un poema que había descubierto o que consideraba destacable. Este poema hacía las veces de detonante para algún tipo de reflexión o sencillamente servía de amuleto para mis búsquedas literarias. O, en algunas ocasiones, era en sí mismo un homenaje a esos otros poetas que de tanto releerlos ya hacían parte de mi propia sangre.

En el caso de los libros de poesía ellos fueron sumándose por afinidad de autor o por filiación temática. Creo que ese ha sido el camino de bibliotecas semejantes. Primero, uno se apasiona por un libro de poemas y, en esa medida, anhela adquirir o leer otras obras del mismo poeta. Si el gusto continúa, lo más seguro es que consiga la mayoría de ellos y esté pendiente de un próximo texto, si es que el autor aún vive. Pero puede suceder que el atesorar estos libros no nazca de la fascinación por un poeta sino del interés por un motivo o tema en especial. En mi caso, el mirador de la poesía erótica ha sido una de esas inquietudes que ha permanecido vigente durante muchos años de mi vida. Así que la biblioteca guarda varias antologías sobre este motivo. Pero también mi biblioteca se ha expandido porque en la medida en que uno se focaliza en un género descubre el valor de determinadas editoriales especializadas en el asunto. En consecuencia, poco o poco, he ido abriendo un espacio a colecciones de poesía, valga decir la colección Visor, o las hermosas ediciones bilingües Hiperión de Madrid o las de la Librería Fausto de Buenos Aires.   

Lo que vengo diciendo sirve de escenario para lanzarme a compartir con los lectores de este blog mi gusto por ciertos poemas, seleccionados a la manera de preseas literarias o testimonios-joya de una pasión cultivada durante varias décadas. Confío que el agrado personal provocado por estos versos sea trasladable a otros espíritus  afines, o al menos que logre despertar en personas no habituadas a la poesía su curiosidad o una incipiente aproximación a los espacios líricos.

Dolores Castro Varela. Fotografía de Pascual Borzelli.

Dolores Castro Varela. Fotografía de Pascual Borzelli.

En esta primera entrega me concentraré en Dolores Castro, una nonagenaria mexicana autora, entre otros, de libros de poemas como “Cantares de vela”, “Soles”, “¿Qué es lo vivido?”, “Las palabras”, “Fluir”, “Tornasol”… De Dolores Castro cautivan mi atención varios poemas: “Cómo arden, arden”, “Fugas”, “Fluir”, “Nosotros”, “Nostalgias”, “A veces”, pero he elegido “Laberinto”, un poema que bien puede simbolizar la sensibilidad de esta contemplativa buscadora de palabras esenciales nacida en Aguascalientes, en 1923.

 Laberinto
 
Encontré la vereda, el atajo, la brecha,
el camino más corto para caminar.
 
Me lancé por el plano
y después por la cuesta, hacia abajo,
con pisada suave,
como en sueños,
con cautela de gato
y ojos abiertos a la oscuridad.
 
Palpé, toqué, dejé
no sé cómo
pasajes desiertos, arboladas regiones,
hábitos y costumbres
de permanecer.
 
Mucho ha llovido desde entonces.
 
El invisible hilo
que había de sacarme de este laberinto
llevo en la mano,
pero aquí entre relámpagos y truenos,
encandilada,
sigo el perfume del hueledenoche,
de la madreselva,
el lejano aroma del jazmín,
y ya no sé si querer o no querer
salir.

 

Creo conveniente, además, transcribir apartes de la entrevista titulada “Dolores Castro: mujer con mayúscula” hecha por Adriana del Moral Espinosa, y publicada en el portal del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura.

(…) 

—En todo el proceso de tener hijos y cuidarlos pequeñitos, siguió escribiendo, ¿verdad?

— Seguí escribiendo, con mayor razón, porque las mujeres podemos sentirnos a veces como más próximas a ser animales que seres racionales cuando están todos los niños chiquitos. O bien a sentirnos cosas, porque el arreglo de la casa, la limpieza y todo eso también esclaviza. Pero si uno tiene la literatura, y sobre todo la poesía…La poesía es la que me ha sacado adelante siempre, porque es mucho más ordenada que la vida. Si tú tienes la poesía como auxiliar el amor no se acaba. El amor a la vida, a la naturaleza, a la gente; porque la vas viendo con mayor profundidad; con mayor profundidad vas aquilatando todo.

— ¿Qué tiene dentro un poeta?

— Tiene una gran necesidad de entender el mundo, porque tiene un gran amor a la vida. Es como resolver un rompecabezas, porque uno llega a la vida sabiendo que va a morir, y que en este corto lapso tiene que descubrir para qué vino, quién es, de dónde viene, hacia dónde va. La mayor parte de estas respuestas, a mis ochenta y dos años, no las he encontrado. Pero sí he tratado de ver con la mirada más profunda, lo que ocurre, lo que cambia, lo que queda. Dentro de mí hay una necesidad todavía de seguir averiguando qué pasa. Además tengo alegría de vivir, necesidad de conocer más. Ya que sólo una vez estamos en la vida, hay que aprovecharla.

— ¿La poesía es entonces una actitud ante la vida, aunque uno no escriba?

— ¡Claro que es una actitud ante la vida!, y desde que abres los ojos. Mi mamá le escribió una carta a mi papá porque él no estaba cuando yo nací en Aguascalientes, y mi papá estaba viajando porque era agente del Ministerio Público. En la carta le decía mi mamá: “Ya tienes una nueva hija. Es morena, pero tiene los ojos muy vivos.” No los tuve grandes, pero vivos sí.

—El papel que para usted tiene la poesía, ¿ha cambiado a lo largo de todos estos años dedicados a escribir poemas?

— Yo creo que ha cambiado, pero nunca ha dejado de ser un interés profundísimo. Ha cambiado porque cada vez tengo más necesidad de comunicar y comunicar bien. Comunicar con un trabajo constante para que la palabra sea transparente.

— ¿Escribe cada vez más?

— Sí, escribo cada vez más, no sé si cada vez mejor.

—Usted ha impartido muchos talleres para jóvenes, ¿piensa que ha cambiado la forma en que los muchachos de ahora se acercan ahora a la poesía?

— Lo que veo es que hay una multitud de muchachos que se acercan a la poesía, porque ese caos en el que vivimos invita a tratar de resolverse. Pero a veces muchos muchachos se acercan a la poesía en una forma que no es la mejor, que es el desahogo. Y los que se acercan en esta forma generalmente es porque no leen suficiente; porque para poder escribir poesía se necesita también leerla. Uno va construyéndose como poeta y como persona con una tradición que le respalda. Y si uno conoce esa tradición a través de la lectura, puede situarse en el ayer, en el antier, o en el antes de antier.

Olga Orozco y la poesía

26 viernes Jul 2013

Posted by fernandovasquezrodriguez in APRENDER A ESCRIBIR, Del diario, LECTURA

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De la imaginación poética, Entrevistas a escritoras, Leer poesía, Olga Orozco

Olga Nilda Gugliotta Orozco

Olga Nilda Gugliotta Orozco

Motivado por mi lectura de la entrevista de Silvia Sauter a Olgo Orozco –que realicé ayer–  durante las primeras horas de la mañana, devoré otra más “El revés del poema”, realizada por Jacobo Sefamí en 1990 y publicada en su libro De la imaginación poética. Conversaciones con Gonzalo Rojas, Olga Orozco, Alvaro Mutis y José Kozer. Es una entrevista extensa, de más de 40 páginas, amena, y que muestra el conocimiento de la obra de Orozco por parte del profesor Sefamí. Una vez más, me sorprenden las coincidencias con algunas ideas de mi ensayo “El poeta aviva la luz de las cosas”, especialmente en lo que afirmaba yo del papel de la poesía como medio para hacer y hacernos preguntas. Dice Olga Orozco: “Creo que la poesía es eso: una permanente interrogación en busca de algo que siempre está un poco más allá. Para cada pregunta hay otra pregunta”. Descubrí también, para el tema que he venido trabajando sobre «imágenes fundacionales», el recuerdo más remoto de la escritora: “El recuerdo más remoto de la infancia está contado en un relato titulado ‘Misión cumplida’ de La oscuridad es otro sol (1967). Allí hago alusión a una memoria anterior. Tal vez no sea fácil deslindar lo que está sucediendo en el momento, con lo que está sucediendo en mi memoria. Se trata de una huida en brazos de mi hermana mayor. Ella me lleva en brazos huyendo de un toro. Yo veo oscilar el amarillo de los girasoles y sé que algo rojo nos va corriendo. Luego tengo la sensación de un salto, y es mi hermana que cae del otro lado de un alambrado, y nos hemos salvado. Y yo que me aprieto contra su pecho y siento el asilo, el calor, la ternura y la protección”. Me pareció interesante lo que dice de la adolescencia: “En toda adolescencia se juegan elementos muy contrapuestos y empieza la búsqueda del verdadero camino: uno tiene diálogos con Dios y luchas con el demonio; contrapone la libertad a otras cosas. En fin, empiezan a surgir los problemas del amor, del sexo, de las verdades eternas. Es decir, los elementos fundamentales de la vida, que llegan a tener una intensidad tal que si uno sobrevive es porque pacto con algo; de lo contrario, uno podría haberse muerto o consumido”.

Más adelante, Orozco cuenta cómo es su proceso de escribir. Aunque ya había retomado algunos apartes de esta entrevista para mi libro Escritores en su tinta, una respuesta de la escritora podría servirme para una segunda edición de mi texto. Habla la poeta: “Escribo poco y lentamente. En general, cuando escribo tengo la sensación del final con la primera línea, que puede venir en una imagen, en una música, en la repetición de una frase que lo asalta a uno. Lo que tengo que hacer es ese recorrido. No sé cómo va a suceder ese recorrido que va de esa primera línea al final que presiento. Pero nunca paso de la primera a la segunda línea si no he aceptado de manera definitiva la primera, y así sucesivamente. En mi caso, la poesía no es convocar, ni suscitar, sino desechar de un coro de solicitaciones, de esos, ‘signos en rotación’ de los que habla Paz. Hay personas que me han preguntado si escribo mis poemas en diez minutos. No creo que parezcan escritos en diez minutos. No se ve nunca algo tan espontáneo, como para que sean el producto de diez minutos. Lo que no se ve es la insistencia laboriosa, porque no hay frialdad”. Enseguida, agrega: “Yo no escribo nada que no tenga las bases puestas en su sitio, las columnas, las ventanas. Escribo un poema como una casa que voy a habitar, y en la que me voy a mover sabiendo dónde está cada cosa que necesito, y donde no hay ninguna contradicción, sino las que son manifiestamente buscadas, pero donde un elementos que está en la línea sexta no contradice para nada un elemento que está en la línea 24. Todo sigue una sucesión coherente”.

En mi lectura subrayo otros puntos de encuentro, en particular lo referente a que la poesía es una escritura ideal para dar cuenta de nuestras exploraciones como hombres rana del espíritu: «A veces uno se sumerge a grandes profundidades, hasta quedar unido a la superficie por nada, por un hilo. Yo he tenido temores de no poder retornar y supongo que eso le pasará a muchísimos: quedarse enredado en esos enigmas que hay en las profundidades. Es el buceo en lo desconocido». La poesía, nos los reitera Orozco, tiene que ver con «los elementos abismales: todo aquello que rompe con las leyes establecidas de causa y efecto». Otro asunto tocado en la entrevista apunta a que la poesía aspira a dar cuenta de la complejidad del ser: «El propio ser es inquietante porque también es desconocido; no sólo en su origen y en sus siguientes proyecciones; es desconocido porque es como si uno estuviera encerrado en su propia enigma, con su propia esfinge, y ésta pudiera empezar a hacer preguntas». Me regocijé, de igual modo, con una opinión –que de una vez voy a incluir en las notas a pie de página de mi ensayo «Matar la vida para darle perdurabilidad»– en la que Olga Orozco resalta el lugar de la poesía en su lucha con la muerte: «La escritura es una manera de luchar contra el tiempo, contra la muerte; en ese sentido, es positiva”.

Para no dejar perder algunas de las ideas expresadas por ella me parece conveniente guardarlas en este diario de escritura:

«Los poetas siempre andan en búsqueda de revelaciones, siempre tratamos de desenterrar misterios. Algo que puede ser la palabra perdida; buscamos lo indecible. Por eso el poema es una frustración»

«El deseo es por naturaleza la ausencia de algo; en algo se diferencian el deseo y el amor: el amor es una presencia, y el deseo es una ausencia. Por eso es tan extraordinaria esa frase de René Char, que dice que ‘el poema en sí es el deseo del amor realizado que continúa siendo deseo’. Me parece extraordinario porque eso es algo que no sucede en el plano de la vida verdadera, ni como deseo, ni como amor, ni como realización. La conjunción que busca para definir algo tan indefinible como la poesía me parece espléndida».

«Talila cumi, son las palabras que le dice Jesús a la hija de Jairo, cuando la resucita; quiere decir: ‘levántate y anda'»

«Yo creo que hay dos tiempos de silencio: uno es el silencio como cerrazón, como balbuceo, que es el silencio primero, el que tratamos de ganar, el que tratamos de abordar, para irlo descifrando, purificando, dándole cierta respiración que es la nuestra,  convirtiéndolo en lo que somos, o permitiendo que él nos convierta en lo que él es. A veces, una vez que eso se ha logrado, el silencio es ese silencio final del que hablábamos en algún momento; es decir, ese silencio que es la plenitud total y que debe ser la plenitud final, que hace innecesaria la palabra».

«Para saber mi noche, la tengo que aprender de la noche».

 «Sientes que la noche tiene millares de ojos y que si no puedes cerrar los tuyos es porque ésos otros están abiertos».

«Son dos piedras existentes; una que viene de Sicilia y otra que viene de San Luis, y que yo tomo muchas veces en la mano para poder escribir… Las piedras se convierten, más que en testigos, en dos elementos de convocación».

«Siempre he creído que soy la única sobreviviente de mi casa, porque soy la que tiene la memoria y la que tiene que apagar las lámparas y cerrar las puertas».

 «Uno no elige las influencias, sino que llegan por naturaleza; ni siquiera se contagian; se establecen por parentesco, ¿no?».

 «El poema abre y cierra la puerta de la revelación».

«La poesía es una apuesta arriesgada, como podría ser la de una ciencia iluminada, digamos. Es decir, hay un pie en la tierra y el otro pie está sondeando en el vacío para ver dónde apoya. De modo que las posibilidades que ofrece en la búsqueda son muchas más, tanto de encuentros, como de desencuentros y hasta de caídas».

(La poesía) «Sería el instante en el que todo es posible; el instante en el que es posible el pasado, el presente y el futuro y las combinaciones y variaciones posibles e imposibles».

Hacia el final del día estuve oyendo (y viendo) el Concierto para piano y orquesta en la menor del compositor polaco Edvard Grieg. Artur Rubinstein en el piano, acompañado por la Orquesta sinfónica de Londres, dirigida por André Previn… Llegué a este concierto por el adagio que había escuchado la semana pasada en una selección de EMI Classics. Cuando lo oí, por primera vez, me fascinó el tono intimista del segundo movimiento del mencionado concierto. Hay una magia nórdica que envuelve la voz del piano; un piano sutil, leve, evanescente. Esos siete minutos transcurren como en una penumbra fantástica; y aunque hay exaltaciones, ellas son tranquilas, de amanecer de nubes. Qué secreta la respiración que allí se evoca, qué delicada la manera de mostrarnos la gestación de un florecer o un despertar… Esta música me hizo recordar uno de mis poemas, escrito a partir de un amanecer en las montañas de Capira:

Despertar
 
Abajo sigue la noche.
Todo está en silencio. Ni un pájaro canta.
Y poco a poco, levantándose de un sueño vaporoso,
las nubes comienzan a despertarse.
Lo hacen de manera perezosa.
Unos cuantos rayos de luz, muy lejanos, las cortejan.
Ahora se define mejor la forma de las montañas.
Y lo que era una sola figura compacta
se va abriendo en pequeñas manchas grises.
Algunos árboles sacan sus ramas más altas para ver el sol.
Pero el viento se mantiene al acecho.
La noche cede sus encantos al nuevo día.
El silencio mantiene su frescura.
Es la vida, la vida que se renueva.
Imperceptiblemente.
 

Estaba intranquilo. Olga Orozco menciona una definición del poema dada por René Char, pero no referencia en qué libro o qué texto se hace tal afirmación. Apenas salí de la oficina pasé a Arte y Letra para ver si tenían alguna antología del poeta francés. En la colección Visor de poesía me mostraron el texto Furor y misterio. En una primera lectura no tuve suerte. Por la noche, después de escuchar el concierto de Grieg miré con más detalle la obra. De pronto, en una de las «proposiciones», como las llamaba él, de «Partición formal», di con el texto objeto de mi búsqueda; es el apartado XXX, y dice así, en la traducción de Jorge Riechmann: “El poema es el amor realizado del deseo que permanece deseo”. (En las notas se agrega que Char le comentó a Georges-Louis Roux que “el poeta estaba siempre a la espera de esos encuentros con el rayo, de la quemadura y –no obstante– de la plenitud afectiva que de ellos se sigue indefectiblemente, y aseguró su certidumbre feliz de que eran indefinidamente renovables”). Ya con esa pista, husmeé en mi biblioteca y hallé, precisamente, un texto homónimo, pero en la versión de Santiago González Noriega y Catalina Gallego Beuter. Esta es su propuesta: “El poema es el amor realizado del deseo que permanece como deseo”. Espero mañana explorar en esa afirmación: “Le poème est l’amour réalisé du désir demeuré désir”.  

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