Fue un sábado cuando el ensayista aceptó recibirme en su casa. Así que, siguiendo los consejos de mi tutora de investigación, llegué diez minutos antes de lo convenido.
Me atendió en una sala amplia en la que había dos bibliotecas enormes a cada lado de una chimenea. Un cuadro de un ángel, puesto en medio de las dos filas verticales de libros, servía de guardián a nuestra charla.
—¿Y entonces, está investigando sobre los procesos de composición escrita?
—Sí —me apresuré a responder. Luego agregué: —es una investigación de la Maestría que adelanto en la Universidad. Nuestro proyecto está centrado específicamente en los textos argumentativos.
El ensayista me observaba con curiosidad.
—¿Le molesta si grabo esta charla?
—No —me respondió, sonriendo.
Durante largos minutos hablamos de variados asuntos relacionados con su pasión por la escritura; de su gusto por la docencia y su preocupación, cada vez más acentuada, por el papel de la educación en los procesos de pensamiento.
Una señora de rostro afable y manos jóvenes entró a la sala para ofrecerme una bebida. Opté por un tinto. La señora salió del recinto con la misma discreción con la que entró.
—¿Por qué cree usted que es tan difícil escribir ensayos? —le pregunté.
El ensayista dejó por un momento el espaldar de cuero del sofá y buscó un contacto más cercano.
—Porque el ensayo exige tener una voz personal. O por lo menos, lanzarse a pensar por cuenta propia.
Los ojos del ensayista buscaron la azalea que había en el antejardín de la casa.
—Y eso es algo que nuestra educación poco tiene en cuenta.
La conversación se centró durante los siguientes minutos en la diferencia, tantas veces mencionada por él, entre el consumidor de información y el productor de conocimiento. Varias veces habló del subdesarrollo del pensamiento y de una pereza para ir más allá de lo ya sabido.
La señora entró a la sala con el tinto. En una pequeña bandeja estaban un pocillo sobre un plato y, encima de una servilleta, una cucharita. Dos bolsitas de azúcar reposaban al lado derecho de la bandeja.
—Gracias —le dije a la señora.
La mujer respondió con un gesto cordial. Luego desapareció en absoluto silencio.
Volvimos al diálogo. Hablamos de otros asuntos relacionados con la escritura argumentativa, pero lo que en verdad anhelaba era aprender “los trucos del oficio”. Me intrigaba conocer de viva voz el proceso de elaboración de esos textos que a mí siempre me han intimidado por su dificultad.
A riesgo de parecer indiscreto lo interpelé:
—¿Y dónde elabora usted sus ensayos?
—Si quiere, subamos al estudio —me respondió.
Lo que él llamaba estudio era en realidad una enorme habitación rodeada totalmente de libros. La decoración de ese cuarto eran bibliotecas y bibliotecas llenas y llenas de libros. Mi vista se sentía extasiada a la par de obnubilada. Quería ir a donde estaban esos ejemplares para hojearlos, pero sabía que no era lo correcto. La tutora me había hablado de que para el ensayista ese era un lugar sagrado.
Nos ubicamos en una pequeña mesa de madera ubicada a la izquierda de la entrada del salón y allí, rodeados por los ojos ciegos de tantos ejemplares, retomamos el diálogo.
—Este es mi taller —dijo— Aquí, en este ambiente, es que comienza todo.
Enseguida tomó una libreta anillada y acercó unos marcadores de punta fina, que estaban al lado derecho de la mesa.
—Con tantos años de experiencia, ¿debe ser fácil para usted escribir un ensayo?
—No crea. Entre más años pasa uno escribiendo más conciencia tiene de los vericuetos de la escritura. No es fácil domar este centauro de los géneros.
—¿Y cómo empieza usted a escribir un ensayo?
—Vamos a suponer —dijo— que el tema base para hacer el ensayo sea el de la didáctica. ¿Le parece?
—Sí —le contesté— No importa.
En ensayista me miraba para saber qué atento estaba a sus palabras y a sus gestos.
—Bien. Lo primero que yo hago es pensar en el tema. Si uno no rumia el tema, todo lo que venga después será perdido.
—¿Rumiar? —pregunté.
—Sí. Meditar, repensar, reflexionar un buen tiempo el tema. Esa es para mí la primera y esencial clave para escribir un ensayo.
—¿Y eso cómo se hace?
—A veces, caminando. En otros casos, como ahora, voy haciendo un listado de ideas de cosas que el tema me sugiere. O hago mapas de ideas, poniendo en el centro el tema de mi interés. —Observe acá —me mostró señalando la pequeña libreta argollada de hojas blancas.
Pude ver que había escrito varios textos. En unos casos era una sola palabra y, en otros, dos o tres palabras formando una frase. También había signos que señalaban una diferencia, por ejemplo: el signo de desigualdad entre pedagogía y didáctica. Varias flechas divergentes salían de algunos términos.
—Esta es una etapa bastante intuitiva o creativa. Busco relaciones, establezco distinciones, voy explorando subtemas del tema en cuestión. Para eso empleo los colores de los marcadores.
—¿Sus estudiantes dicen que para usted este recurso es muy importante?
—Sí. Los diversos colores me ayudan a ir discriminando la información. Son una especie de filtro o de lente para que la mente se mueva en diversos niveles o para atraer el pensamiento hacia diferentes direcciones. Y tienen además un componente lúdico, muy valioso en este momento de la escritura del ensayo.
—¿Siempre es así?
—Casi siempre. Aunque utilice como libreta no estas hojas sino las infinitas páginas de mi mente. Pensar es poner a nuestra memoria y a nuestra imaginación en pos de un mismo objetivo.
Hubo un silencio. El ensayista dejó de mirarme y se concentró en terminar un triángulo de color rojo.
—Entre más se rumie el tema mejor será el resultado —afirmó, sin levantar la mirada.
—¿Cuánto tiempo puede usted durar en esta etapa?
—Eso depende de qué tan familiarizado o qué tan nuevo sea el tema para mí. Pero en todas las ocasiones a eso es a lo que más le dedico tiempo. Horas, a veces días, con sus respectivas cuotas de sueño.
—¿Durante el sueño?
—Claro. El inconsciente es un gran colaborador en esto de rumiar el tema. La mente sigue trabajando cuando uno tiene interés en un asunto particular. Y hay hallazgos sorprendentes, descubrimientos que sólo el sueño puede facilitar.
La primera hoja ya había sido llenada y el ensayista empezaba a garabatear la segunda. Se detuvo un momento y, como quien le comparte a un extraño un secreto, me dijo:
—Elegí el tema de la didáctica porque ya llevo mucho tiempo pensando en él. Es un tema, por decirlo así, “trajinado”.
Enseguida se levantó de la silla y se puso al frente mío en actitud docente.
—Y cuando el tema no lo tengo suficiente rumiado, pues lo que hago es investigar. Para eso están los motores de búsqueda de internet y esta biblioteca. Me pongo a revisar libros o fuentes relacionadas con el tema. Es una especie de deriva alrededor del asunto. Es posible que esa deriva me lleve a alguna librería para conseguir un texto referenciado que desconozco o a buscarlo en alguna biblioteca excepcional, como la de la Javeriana.
El ensayista movía sus manos acompasadamente con sus palabras. Aunque no me perdía de vista, a veces escudriñaba con sus ojos los títulos de los ejemplares de la biblioteca que estaban justo detrás de mí.
—¿Y todo ese proceso cuándo termina? —dije.
—Ese proceso dura hasta cuando uno ya tiene la tesis. La preescritura acaba cuando ya se tiene formulada una postura personal frente al tema.
El ensayista volvió a tomar asiento. Cogió la pequeña libreta. Revisó lo que había escrito y, al inicio de la tercera hoja, redactó dos líneas. Enseguida tachó dos palabras. Noté que escribió el texto de nuevo. Al final de un tercer intento, tomó la libreta con su mano derecha y me leyó el resultado:
—La didáctica es un saber práctico mediante el cual el conocimiento se transforma en aprendizaje.
En ese instante no supe qué decir. Aunque venía leyendo desde hacía un semestre sobre el tema, me sorprendió aquella frase. Así que opté por asentir con mi cabeza.
—¿Y cómo sabe uno que la tesis es buena?
El ensayista adivinó mis dudas. Se acomodó las gafas. Mientras pensaba la respuesta detuvo su mirada en un amplio ventanal por el que se podían ver los tejados vecinos.
—A veces la tesis es buena porque es bastante original, o porque presenta de entrada una sospecha sobre algo incuestionable, o porque ya es en sí misma una lectura crítica de algún hecho o situación social. Desde luego, a veces la tesis es buena pero no así la argumentación ideada por el ensayista.
—Me puede explicar.
—Mire. La mitad del ensayo está en tener una tesis; la otra mitad es la argumentación.
El ensayista se levantó y me invitó a seguirlo. Caminamos varios metros. Al lado de una de las bibliotecas de la habitación el ensayista continuó hablándome:
—Esta es la sección de didáctica. Aquí está mi arsenal para buscar argumentos de autoridad. Fíjese.
El ensayista me indicaba con pericia tres estantes, de doble hilera, en la que estaban los libros dedicados al campo de la didáctica. Tomó un texto de portada azul y blanca, lo abrió delante de mí y empezó a leer unos subrayados sobre la importancia de la didáctica para la profesión docente. Después pasó otras hojas del libro y continuó leyendo.
—¿Se nota que ese libro ya lo tiene releído?
El ensayista cerró el libro y me mostró la portada.
—Este es un texto de madurez de Ángel Díaz Barriga. Él es una de las autoridades en este campo. Pero hay otros autores que están aquí esperando prestar su voz para reforzar mi tesis. Acá están Alicia Camilloni y también Comenio y Edith Litwin. Todos ellos han escrito y reflexionado largamente sobre el tema que me ocupa, el de la didáctica. Por eso pueden ser mis aliados con la tesis que le leí.
—¿Y si uno no ha leído previamente el libro?
—Pues le toca empezar a leer y leer, a ver si en esa lectura aparece de pronto una línea, una frase, que pueda servir como refuerzo a la tesis de uno. Esa es una tarea lenta, pero indispensable si es que desea obtener argumentos de autoridad pertinentes y consistentes.
—¿Todo ensayo necesita presentar argumentos de autoridad?
—No siempre. A veces podemos usar otros tipos de argumentos. Analogías, ejemplos, o usar las operaciones lógicas del pensamiento. Uno puede argumentar con una buena inducción o con una deducción de lógica impecable.
El ensayista y yo volvimos a la mesa que nos servía de centro para nuestro diálogo. El libro de portada azul y blanca buscó un lugar entre la libreta anillada y la caja transparente en la que estaban acomodados los marcadores de punta fina.
—Si se ha dado cuenta, aún no he redactado ni un párrafo del ensayo. Hasta ahora tengo mi tesis y estoy buscando mis argumentos. Ya tendré tiempo de enfrentarme a la redacción: el segundo momento de escribir un ensayo.
—¿Y qué implica ese segunda etapa?
—Lo que sigue es una labor artesanal, de buscar las palabras adecuadas, de ir componiendo los párrafos, de pulir, de tachar y volverlo a intentar. Mucha concentración y mucha persistencia. Eso es lo que se requiere, o al menos es lo que yo necesito.
Revisé el guión de entrevista y lancé otra pregunta:
—He leído que para usted son fundamentales los conectores. ¿Por qué?
Al ensayista se le iluminaron los ojos.
—Los conectores son lo que permite darle continuidad a la argumentación. Yo los he llamado bisagras textuales porque cumplen ese papel: articulan, conjugan, sirven de amarre. Si no fuera por lo conectores las ideas quedarían sueltas y los párrafos desarticulados. Son los lubricantes de la escritura ensayística.
Con disimulo observé mi reloj. Ya iba a ser medio día. Sin que me hubiera dado cuenta ya estábamos cumpliendo las dos horas de entrevista. Así que, me apresuré a hacer las preguntas de cierre.
—¿Qué autores son los que han sido sus más grandes influencias?
—Uno de los más importantes, además de Montaigne, está allá arriba.
El ensayista me señaló con sus ojos una hilera de libros color crema ubicada en el estante superior de una de las bibliotecas.
—Alfonso Reyes. Un mexicano que enseñó a escribir a muchos latinoamericanos. Un mexicano que nos dio a beber la tradición clásica de una manera clara y profunda. La prosa de Alfonso Reyes ha sido mi escuela secreta, mi punto más alto de referencia. ¿Ha leído, por casualidad, “Notas sobre la inteligencia americana”?
—Todavía no —respondí, un tanto avergonzado.
—Se lo recomiendo. Es un texto clásico no sólo por el contenido sino por la forma como el mexicano estructura el ensayo.
—Tengo una última pregunta: ¿qué consejos les daría a los que empiezan a escribir ensayos?
—La primera recomendación es que no empiecen a redactar sin haber pensado largamente el tema de su ensayo. Que no tengan miedo de presentar su tesis, así no parezca al inicio una idea de grandes alcances. Otro consejo es que hagan un esbozo, un plan de lo que va a ser su escrito. Esa carta de navegación ayuda mucho a los novatos ensayistas para que no se pierdan o fracturen sus ideas. Que investiguen y se documenten. Que no se conformen con una única perspectiva de un asunto. Y lo más importante, que lean y relean cada línea infinidad de veces, para que corroboren si su texto mantiene una línea argumental a lo largo de todos los párrafos.
Entusiasmado por la charla o motivado por la confianza del entrevistado, me animé a pedirle un autógrafo. Saqué de mi maleta un libro muy conocido del autor y se lo ofrecí para que rubricara este encuentro. El ensayista se sintió feliz. Acarició el libro, ajado por el uso, se detuvo en algunos de mis subrayados, buscó entre su saco un esfero plateado, volvió a la primera página del texto y, bien abajo de mi nombre, me escribió una dedicatoria. Como yo estaba de pie no alcancé a ver aquel corto mensaje. Preferí guardarlo para leerlo después. Además, necesitaba con urgencia tomarle una foto al entrevistado. Ese también era un propósito de aquel encuentro.
—Si lo prefiere, vamos a la sala de lectura; allá podemos aprovechar la luz de la calle.
—Claro que sí —le respondí.
Atravesamos un zaguán de piso brillante y llegamos hasta otra habitación en la que, como la anterior, había bibliotecas en todas las paredes. Estaba sorprendido. Antes de que yo lo interrogara el ensayista satisfizo mi curiosidad.
—Esta habitación es el templo de la literatura.
Mientras elegíamos un sitio cercano a una de las ventanas, el ensayista me confesó que ahí estaban sus textos sobre poesía. Y que diagonal a la lírica estaban los dedicados a la novela y pegados a ellos los de cuento. Al otro lado los de teatro y los de crónica… Pero fue cerca a los textos de poesía que el ensayista eligió el sitio para sacarle la fotografía.
—Es que un ensayista si no lee poesía tiende a escribir muy denso, se torna poco comunicativo. La palabra poética contribuye a la que la prosa se vuelva dúctil, maleable… Más cercana al lector. La poesía contagia al ensayo de las potencias de la imaginación.
Tomé varias fotografías. En todas ellas el ensayista no miró a la cámara sino que escudriñó por la ventana los cerros de la ciudad.
***
El ensayista me acompañó hasta la puerta. Nos despedimos, acordando una segunda sesión de entrevista unos quince días después. Yo estaba muy satisfecho. Aunque era mi primera entrevista sentí que había cumplido a cabalidad las indicaciones de la tutora: lejos de hacer un cuestionario oral había logrado mantener un diálogo genuino con el entrevistado. Me detuve al llegar a la primera esquina de ese barrio silencioso. Rápidamente saqué el libro que me había autografiado el ensayista. Leí el pequeño texto escrito en tinta negra. La letra no era tan legible. Lo que había escrito mi entrevistado me lleno de orgullo: “Bernardo: las ajadas páginas de este libro son el mejor homenaje que un lector puede hacerle a un escritor, y son el preludio de una futura amistad”.
Ahí mismo, de pie, saqué mi celular y escribí varios chats a mis compañeras de equipo de investigación, dándoles el parte de victoria de esta codiciada entrevista. Ellas participaron de mi alegría. Después busqué un taxi en una de las avenidas cercanas. A ninguna de mis dos compañeras de grupo les conté lo que me había escrito el ensayista en la dedicatoria. Quizá para preservar lo que allí él me anunciaba o porque en toda investigación, eso lo sé ahora de primera mano, hay descubrimientos personales que rebasan las objetivos académicos.

Felipe dijo:
Doctor un saludo.
este texto igual que los otros dos, dejan muy claro lo que se debe tener en cuenta al escribir un ensayo, sin embargo en este se logra ver la admiración y el respeto del entrevistador al entrevistado, y esa narración tan personal se torna familiar dando un toque mágico al asunto de escribir ensayos, algo que no parece tan mágico.
uno como lector termina alegre por el autógrafo en el libro, comparte esa alegría, al tiempo que esta tomando apuntes para facilitar la escritura de un ensayo.
finalmente quedo convencido que sin «rumiar» es imposible la construcción de un ensayo, pero también es la tarea mas difícil pues rumiar es pensar y pensar es sincronizar la imaginación y la memoria y desarrollar esas habilidades es lo que nos da pereza.
gracias por compartir su conocimiento.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Felipe, gracias por tu comentario. Retomas elementos claves para la redacción de ensayos.
Gressy Sahamara Alvarez Ninco dijo:
Este escrito comparte su visión sobre el arte de escribir ensayos y la importancia del pensamiento crítico. El ensayista explica su método para desarrollar ideas, que incluye: Reflexionar profundamente sobre el tema,
utilizar un espacios adecuados para pensar.
Además, el escritor enfatiza varios aspectos clave en la creación de ensayos:
La importancia de la originalidad.
El uso efectivo de argumentos de autoridad.
El papel crucial de los conectores para dar cohesión al texto.
El ensayista también menciona cómo otros escritores y poetas han influido en su trabajo, destacando especialmente cómo la poesía puede enriquecer y suavizar el lenguaje ensayístico. La entrevista no solo se centra en técnicas de escritura, sino que también revela una conexión especial entre el estudiante y el ensayista. Esta relación se evidencia al final del encuentro con una dedicatoria y un reconocimiento mutuo, ilustrando la dinámica entre maestro y aprendiz en el ámbito intelectual.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Gressy, gracias por tu comentario. Recogiste aspectos importantes para redactar un ensayo.
MIRYA JASBEIDY LOPEZ VALENCIA dijo:
Este artículo nos deja una gran lección sobre la escritura: que no es solo el acto de plasmar ideas en el papel, sino un viaje de exploración y autodescubrimiento. Nos muestra que escribir no es simplemente tener un tema y exponerlo, sino involucrarse profundamente, cuestionar, investigar, y permitir que cada palabra encuentre su lugar adecuado. Es inspirador saber que escribir es un proceso artesanal, donde la concentración y la paciencia son nuestras mejores herramientas para encontrar las palabras exactas y pulir el mensaje. Esta reflexión nos invita a entender que la escritura, más que un producto final, es un aprendizaje en sí mismo: un camino donde cada paso, incluso las correcciones, son oportunidades de crecimiento y de expresión auténtica.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Mirya, gracias por tus comentarios. Efectivamente, como lo dices al final, «incluso las correcciones son oportunidades de crecimiento y de expresión auténtica».
Edison de Jesus Valderrama Ramírez dijo:
Me encanta el detalla y la sensibilidad con la que el autor recrea la atmosfera en la que transcurre la conversación entre el ensayista y su aprendiz, a traves de los gestos y las palabras logra transmitir al lector una especie de ambiente ritual en la conversación que gira alrededor del proceso intelectual que requiere la elaboración de un ensayo. Me impactó saber que en ese proceso es importante elegir los momentos y los espacios adecuados para elaborar una idea y como a traves de la investigación del tema se van alimentando los argumentos a la idea inicial. Desde el punto de vista personal me parece que el estilo de su escrito nos anima a apreciar la escritura desde una perspectiva más profunda y como docente me siento tentado a llevar este tipo de lecturas al aula para apoyar los procesos de lecto-escritura de mis estudiantes.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Edison, gracias por tu comentario. Qué bueno que mis escritos te animen a compartirlos con tus estudiantes.
Sonia Espinosa Rivera dijo:
Gracias maestro, me recordó mis épocas de estudiante universitaria cuando admiraba a un profesor y tenía la oportunidad de aprender directamente de él o ella. Un texto inspirador que resalta la libertad creativa que ofrece el ensayo y es una herramienta para el pensamiento crítico, que debemos fomentar en nuestros estudiantes.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Sonia, gracias por tu comentario. Tomando como base este relato, te invito a poner en blanco y negro los elementos claves para redactar un ensayo.
NATALI SEGURA POLANIA dijo:
Cordial saludo,
El ensayo lo vemos desde la escuela, sin embargo, no con esa descripción tan detallada y cautivadora que me hizo pensar que escribir no siempre es difícil. La cuestión es pensar en un tema que nos apasione y que estemos dispuestos a reflexionar y a buscar la información necesaria por todos los medios que tenemos a disposición para una buena argumentación para defender o refutar nuestra tesis.
Gracias por compartir tus escritos y orientarnos en cómo mejorar los nuestros, en este fascinante mundo de la escritura.
Bendiciones.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Natali, gracias por tu comentario.
CECILIA TRUJILLLO HUERFANO dijo:
Quedé fascinada con tu relato sobre el tema que nos ocupa. Lo disfrute de principio a fin, la forma en que conectas, la soltura del relato y la exquisitez de los detalles. Es realmente inspirador. Con sentido de admiración. CECILIA TRUJILLO – DECA III UNIAMAZONIA.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Cecilia, gracias por tu comentario. Qué bueno que te hayas conectado con el relato.
Pilar Quintero dijo:
El arte de escribir ensayos es fascinante. Muchas gracias por compartir el Taller del Ensayista, que logra involucrar al lector en la conversación. Además, combina de manera efectiva los elementos teóricos con una enseñanza valiosa para nosotros, los estudiantes: encontrar nuestra propia voz.
En particular, la relevancia de la lectura es notable, ya que se aborda desde dos perspectivas: por un lado, como el punto de partida para la investigación del ensayista, y por otro, en la presencia tangible de varias bibliotecas.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Pilar, gracias por tu comentario.
Gerardo Andrés Rojas Álvarez dijo:
Buenas tardes para todos!
Este texto me deja gratamente sorpresivo, a medida que iba leyendo, percibía cada detalle de manera minuciosa desde la observación, donde no solo tenia en cuenta las herramientas o técnicas para la elaboración de un ensayo, sino en llevar consigo una mirada múltiple frente aquellas situaciones que suceden a medida que se va adentrando mas al tema y se sugiere distintas formas de lenguaje en palabras que desconocía durante la lectura que hacia.
Al momento de captar la atención que se le brinda al entrevistador, veo una sinceridad y expresiones plenas al describir lo que transcurre, con solo el hecho de leer, daba a mi imaginación el crearme esa sensación de visualizar este texto tal cual, como si lo estuvieran realizando frente a mi. Dándome esa posibilidad mucho mas armónica para alimentar mi propia interpretación al momento que leía cada reglón durante cada párrafo,
me sentía a gusto y sorpresivo, sobre todo con una sensación muy amigable de ver otro modo una elaboración de un ensayo desde una mirada mucho mas sensible, la cual fue la que percibí al momento hacer mi propia lectura.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Gerardo, gracias por tu comentario. Me alegra saber que el relato te haya resultado «muy amigable».
Angélica Andrade Muñoz dijo:
Me parece muy interesante la forma tan elocuente de tener la capacidad de escribir un texto que narra una situación cotidiana pero que encierra elementos tan fundamentales a la hora de escribir un ensayo, personalmente siempre he admirado a las personas que tiene la capacidad de poder expresarse por medio de las letras. Sin embargo, como quedó demostrado en este texto, escribir es esto un arte y trae consigo un sin números de momento y situaciones que permiten la inspiración para ser plasmado.
El arte de escribir no es solo tener una idea para hacerlo, abarca muchos elementos que tienen que estar en sintonía para poder que las frases y oraciones fluyan con naturalidad. Entre estos elementos del texto: la voz personal, la tesis, los argumentos, la investigación, la estructura, los conectores y la redacción.
Gracias por compartir sus escritos e inspirar a desarrollar esta habilidad.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Angélica, gracias por tu comentario. Has tenido una buena cosecha conceptual para escribir ensayos.
Nelsy Teresa Mancilla Rodríguez dijo:
Quiero compartir mi experiencia al leer este relato. La narrativa es sumamente placentera; se entrelaza una historia con información extremadamente útil que, sin darme cuenta, me permitió descubrir valiosos consejos sobre cómo escribir un ensayo a medida que avanzaba en la lectura.
Si el objetivo era aprender de forma lúdica a través de un relato, se ha logrado de manera excepcional. Mi conclusión es que una buena lectura no solo satisface nuestras expectativas, sino que también genera experiencias positivas que impactan nuestro bienestar. Este tipo de experiencias activa el sistema endocrino, provocando la secreción de sustancias endógenas como la oxitocina y la dopamina. Estos neurotransmisores no solo contribuyen a nuestra felicidad, sino que también facilitan una mayor retención de información y, por ende, un aprendizaje más efectivo.
En definitiva, disfruté mucho de esta lectura y valoro cómo logró combinar el placer de la narrativa con el enriquecimiento personal.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Nelsy, gracias por tu comentario. Me alegra que hayas disfrutado el texto. Ahora intenra inferir los elementos esenciales para redactar un ensayo.
speedily03af3f0d87 dijo:
Cordial saludo. Quiero manifestar que el presente texto me cautivó por su manera tan sobria de explicar la escritura del ensayo, con las ideas claves para redactarlo, en especial para todas aquellas personas que estamos interesadas en aprender el cómo hacerlo de una manera correcta, que según el texto, se debe escoger un tema de interés, meditar intensiva o profundamente sobre él, leer y releer a los autores influyentes en el tema, para tener unos buenos argumentos, hacer uso preciso de los conectores como «amarres» del contenido, siempre basándonos en nuestra voz personal, y tomándonos el tiempo necesario para la planificación y escritura del mismo. Felicitaciones y agradecimientos al escritor Fernando por su escrito tan oportuno.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Salud cordial, gracias por el comentario.
Mayra Alejandra Rivera dijo:
Un fraternal saludo. Quiero elogiar el presente escrito, el cual me pareció cautivante por su sutilidad para enseñar o dar los puntos claves para la escritura de un ensayo, a través de un diálogo sobrio, para todas aquellas personas que estamos interesadas en el aprender el cómo redactar, facilitándonos esta tarea…que según lo leído, lo correcto es pensar en mi tema de interés, leer, reeler y argumentar para poder crear un relato interesante, siempre sobreponiendo mi voz personal y utilizando con mucha destreza los conectores para darle «amarre» al contenido. Felicitaciones y agradecimientos al escritor Fernando.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Mayra, gracias por tu comentario. Intenta poner en blanco y negro «los puntos claves para la escritura de un ensayo».
Andrés Castillo Escobar dijo:
Gratificante lectura llena de emociones, sonrisas y lágrimas. Un ejercicio de didáctica impecable para enseñar acerca de los procesos de composición escrita a la vez que analizar algunas falencias de la formación educativa, dentro de ellas la preocupación por la escasa formación en los procesos de pensamiento o lo producción o producciones vacías es decir aquellas que responden al afán de la producción de información o las demandas de publicación.
Con relación a la elaboración de ensayos el señalar elementos fundamentales, como lo es el tener una voz personal – lanzarse a pensar por cuenta propia; el reflexionar sobre el tema, los ejercicios de categorización, la búsqueda de fuentes y la invitación a cuestionar, criticar y producir animan el desarrollo real del pensamiento.
Andrés Castillo Escobar
II semestre de doctorado en educación ambiental
Universidad de la amazonia
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Andrés, gracias por tu comentario. Buen cosecha de elementos fundamentales.
Christian Esparza Ortiz dijo:
Un ensayo refleja tu identidad, constituye un recurso único y singular. Aunque lograr la integración de diversas ideas y pensamientos no es tarea fácil, especialmente cuando se dificulta encontrar una fórma adecuada de expresarlas para que los demás las comprendan. El conocimiento y la argumentación se convierten en herramientas indispensables para la construcción de un ensayo, siempre guiado por aquellos que nos han precedido y han enriquecido nuestras ideas.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Christian, gracias por tu comentario. A partir del relato, intenta inferir los elementos claves para redactar un ensayo.
Redacción web dijo:
Estimado maestro:
Quiero agradecerle sinceramente por su invitación a fomentar los diversos procesos de escritura, en particular el ensayo, y por resaltar la importancia de la reflexión crítica a través de la lectura de “El taller del ensayista”. Me llenó de alegría al citar al gran escritor mexicano Alfonso Reyes, especialmente porque, como docente de Lengua Castellana, siempre he resonado con su afirmación: “El secreto de la enseñanza, aquí como en todo, es el ejercicio. Los libros de recetas no hacen a los buenos cocineros, sino sólo la continua práctica en el fogón. Quédense los recetarios como guías y referencias, y multiplíquense las composiciones orales y escritas, las charlas, las discusiones sobre los casos vivos que se ofrecen a mano”.
En esta cita, se destaca la vital importancia de la participación activa en el proceso de enseñanza y aprendizaje. Al establecer una analogía entre la enseñanza y la cocina, Reyes sugiere que, al igual que los buenos cocineros se forman a través de la práctica continua, tanto estudiantes como docentes deben involucrarse en ejercicios reales y dinámicos para desarrollar habilidades efectivas.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Saludo cordial, gracias por el comentario.
Carlos Parra Losada dijo:
Puedo comprender mediante este blog la importancia de la práctica y el aprendizaje continuo en el arte de escribir ensayos. Como una manifestación propia de nuestras experiencias encarnadas, las cuales serán plasmadas en la escritura, pero debe ser desde lo que nos apasiona intensamente en nuestra vida. Escribir es un proceso y acto de introspección que nos lleva a sentí pensarnos, reflexionar, investigar, argumentar, liberar la imaginación. Esta perspectiva nos recuerda que la escritura ensayística es un proceso de crecimiento y desarrollo personal, en el que el autor debe estar dispuesto a enfrentar desafíos y aprender de sus errores «El Taller del Ensayista» nos invita a considerar el ensayo como un género literario en constante evolución, que requiere práctica, experimentación y un compromiso constante con el aprendizaje.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Carlos, gracias por tu comentario. Además de lo que comentas, ¿qué elementos esenciales encontraste en este relato para la elaboración de un ensayo?
Miller Angel Martinez Muñoz dijo:
Estimado Doctor Fernando Vásquez, cordial Saludo. La manera didáctica, pero a la vez tan elocuente de explicar la estructura y elaboración de un texto tan complejo como es el ensayo, hace parecer que fuese un proceso sencillo. En este sentido, ¨El taller del ensayista, ¨ me deja como reflexión, la importancia de investigar y documentarme para defender una idea o tesis personal.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Miller, gracias por tu comentario. Además de lo que comentas, ¿que elementos puntuales recoges del relato para construir un ensayo?
Cristian Blanco Padilla dijo:
Esta lectura ilustra de manera muy acertada la complejidad de escribir un ensayo, destacando el proceso reflexivo que requiere paciencia y persistencia. Sin embargo, plantea un reto interesante en el contexto educativo actual: ¿cómo logramos cultivar habilidades tan profundas en un entorno cada vez más dominado por las nuevas tecnologías, como la inteligencia artificial (IA), especialmente desde edades tempranas?
Uno de los desafíos más relevantes que se desprende de la lectura es la importancia de desarrollar una voz personal en los ensayos, es decir, formar pensadores críticos que no solo consuman información, sino que produzcan conocimiento. Aquí entra el reto para los docentes: en un mundo en el que herramientas de IA pueden generar textos automáticamente, ¿cómo enseñamos a los estudiantes a «rumiar» ideas y a pensar por cuenta propia?
La clave puede estar en una educación enfocada en la reflexión y el desarrollo de habilidades metacognitivas desde edades tempranas. Si bien la IA puede asistir en tareas mecánicas o repetitivas, el proceso creativo del ensayo requiere un acercamiento más humano. Los profesores debemos fomentar en los niños la curiosidad, el análisis crítico y el uso consciente de la tecnología. Las experiencias lúdicas y multisensoriales, como las que menciona el ensayista al utilizar colores para organizar ideas, pueden facilitar estos procesos.
Además, es fundamental que los docentes enseñemos a los estudiantes a convivir con la IA sin depender completamente de ella. En lugar de ver la IA como una amenaza, esta puede ser una aliada en la búsqueda de fuentes y la estructuración inicial de ideas, pero siempre debe existir una revisión reflexiva y consciente del trabajo propio.
En definitiva, la educación del futuro exigirá una combinación entre habilidades clásicas y competencias digitales. El ensayo seguirá siendo un «centauro difícil de domar,» pero al preparar a los estudiantes desde pequeños para pensar con autonomía y ética, se formarán productores de conocimiento que puedan brillar en cualquier entorno, incluso uno mediado por la IA.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Cristian, gracias por tu comentario. Interesantes tus reflexiones sobre escritura e Inteligencia artificial. Pero, tomando como base el relato, ¿qué elementos esenciales recoges para la elaboración de un ensayo?
Azael Correa Carvajal dijo:
Estimado Dr. Fernando Vásquez, fraternal saludo. Leerlo a usted respecto al ensayo, un tipo texto del que pulula bastante información, pero que todavía a muchos académicos nos cuesta escribir con estructura, técnica y claridad, resulta altamente sugestivo. Gracias por su didáctica para la enseñanza del ensayo. Por ejemplo, «El taller del ensayista» ilustra a grades rasgos el proceso a seguir para escribir un ensayo. A mí particularmente me gusta una idea que provocas: un ensayo en su esencia defiende una tesis. Y cuando el escritor no ha pensado con claridad en una tesis, hay que buscarla en la lectura. Una buena lectura engendra escritura. Feliz día. Un abrazo.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Estimado Azael, gracias por tu comentario. Sí, sin una tesis, es muy difícil lograr un buen ensayo.
KATHERIN MARTÍNEZ CALEÑO dijo:
Para ser un gran escritor es necesario sumergirse en el mundo de la lectura, de la investigación, permitirse dudar. A través de sus fragmentos se permite reflexionar sobre la escritura de ensayos, fundamentales para todos y todas en el campo educativo e investigativo. Admiración total maestro.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Katherin, gracias por tu comentario. Después de leer este texto, ¿qué elementos clave sacaste para elaborar un ensayo?
Alba Nelly Giraldo Giraldo dijo:
Importante reflexión que permite hacer un recorrido a través de una entrevista realizada a un gran ensayista, que nos sumerge en la importancia que se debe asumir a la hora de redactar un ensayo, tesis o cualquier argumentación. Ya que recomienda tener en cuenta varios aspectos, como:
• Pensar bien el tema.
• Investigar sobre el tema para seleccionar los argumentos de autoridad.
• Tener en cuenta los conectores.
• Y, sobre todo, resalta la organización.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Alba Nelly, gracias por tu comentario. Va bien la recolección de elementos.
Ivan galvis dijo:
El estar rodeado de libros, y prestar nuestra voz a aquellos autores ausentes, damos un paso adelante en la humanización del mundo. Sigamos rumiando el futuro de nuestra especie a través de las letras. Pensemos diferente, ampliemos la cultura a través de nuevas maneras de entender la realidad. Gracias
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Iván, gracias por tu comentario. Tomando como referente este relato, ¿qué elementos esenciales recohes para la elaboración de un ensayo?
laura agudelo dijo:
Escribir un ensayo es mucho más que el simple acto de poner ideas en papel. Es un proceso íntimo, una conversación interna en la que las ideas van tomando forma de manera natural, a veces lentamente, como un pensamiento que se rumea y que madura a través del tiempo. Me recuerda a aquellos días en los que escribía mi tesis de pregrado, cuando las ideas se entrelazaban con la duda, y la certeza parecía siempre un poco fuera de alcance.
Ahora, en el posgrado, esa sensación de introspección continúa, pero con un enfoque diferente. Me pregunto si estoy haciendo lo correcto, si estoy realmente alcanzando las metas que me he propuesto. La escritura del ensayo me obliga a replantear mi trabajo constantemente. Cada palabra, cada frase, es un reflejo de ese proceso, de esa búsqueda continua de significado y propósito.
Lo maravilloso del ensayo es que es un género profundamente personal. A través de él, no solo compartimos ideas o argumentos, sino que también nos revelamos a nosotros mismos. Las palabras fluyen cuando las dejamos, cuando dejamos de intentar controlarlas y nos permitimos ser vulnerables en lo que contamos. En ese momento, la escritura se vuelve algo natural, casi orgánico
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Laura, gracias por tu comentario. ¿Qué elementos, para la escritura de ensayos, retomas de este texto?
laura agudelo dijo:
Los elementos clave para la escritura de ensayos incluyen:
1. Voz personal: Expresar ideas propias.
2. Investigación: Apoyar los argumentos con información confiable.
3. Tema claro: Definir el enfoque desde el principio.
4. Argumentación sólida: Presentar ideas bien estructuradas y respaldadas.
5. Conectores: Garantizar cohesión y fluidez.
6. Revisión: Corregir y mejorar el texto tras su redacción.
7. Creatividad: Abordar el tema de manera original y atractiva.
Estos elementos garantizan un ensayo coherente y persuasivo.
Fernando Vásquez Rodríguez dijo:
Laura, gracias por tu comentario. ¡Muy buena tu recolección de elementos clave!
Richar Adrián Rojas Alfonso dijo:
El haberme detenido ante la lectura “El Taller del Ensayista” y a la experiencia en la producción de «un tema vuelto tesis en cuatro párrafos» durante el nivelatorio, llego a la conclusión que la elaboración de un buen ensayo es como un sensible boceto, los pensamientos al igual que los matices, implican armonizar una forma agradable.
La conformidad consiguiente de esta mixtura es lo más profundo de los ensayistas; no alcanza que las ideas de un ensayo sean agradables, deben ser además, como los compendios de un cuadro, enérgicos y atractivos, para que puedan revelar las tesis verificadas por las explicaciones de una escritura seductora.
Desde este punto de vista un ensayo se firma para ser enterado, por tanto el lector que se aproxima a él, lo crea por la escasez moral de la utopía, de la expectación y del revelación que pueda poseer, en conclusión me uno a lo que menciona Octavio Paz: “El texto es un lenguaje que al usarse se reproduce y se vuelve otro”.
fernandovasquezrodriguez dijo:
Richar Adrián, gracias por tu comentario.