Paulo Freire

Paulo Freire: «Cambiar es difícil pero es posible».

Los estudiantes del primer semestre de la Maestría en Docencia de la Universidad de La Salle han asumido conmigo el compromiso de leer las Cartas a quien pretende enseñar de Paulo Freire. En algunos casos han hecho reflexiones derivadas de tales misivas; en otros, aplicaciones a su práctica docente. Lo interesante de este ejercicio, además de “tener un plan lector y el hábito de escribir”, ha sido repensar críticamente la profesión docente e intentar, desde el estímulo de las ideas freireanas, cualificar el trabajo en el aula. Dada la riqueza de varias de esas reflexiones de los estudiantes de posgrado, me ha parecido relevante transcribir un puñado de esas ideas relacionadas con algunas de las diez cartas escritas por el pedagogo recifense.

Empecemos, entonces, resaltando apartes de los escritos de Marlene González, que además de un excelente autoexamen del oficio de enseñar son una buena polifonía a lo expuesto por Paulo Reglus Neves Freire:

“Hace muchos años decidí ser maestra y Freire me invita a aceptar la responsabilidad de serlo, a ser ejemplo para otros, a aprender de los otros, pero sobre todo a mejorar mi labor día a día a través del aprendizaje permanente.

Soy además un ser político que tiene en sus manos el futuro de otros y por eso debo asumir una posición clara frente a lo que el estado requiere de mí, como educadora; puede seguramente querer que forme hombres silenciosos ante la injusticia, la mentira y la desigualdad, entre muchos otros males de la sociedad que adormecen con los discursos políticos que prometen otra sociedad posible.

La invitación va más allá, me obliga a creer en lo que decidí hacer de mi vida profesional, me obliga a seguir amando lo que ello representa y entre otras cosas, me obliga a convertirme en formadora de seres humanos, hombres y mujeres críticos, decididos a develar la verdad”.

Más adelante la maestrante consigna en su cuaderno de notas lo siguiente:

“Hay tareas nuevas, aunque siempre debieran ser antiguas: 1) Estoy llamada a dar testimonio, primero frente a mis estudiantes pues soy ejemplo como adulto, educadora y mujer; luego, frente a mis compañeros porque muchos comparten como yo el amor por esta magnífica e ignorada labor. 2) Estoy llamada a respetar, y no solo hablo de darle valor y consideración a otros, debo respetar el contexto, el pasado, el futuro, la personalidad, los límites y diferencias de mis estudiantes, porque desde allí podré darles luz para que sigan su camino. 3) Estoy llamada a ponerme a prueba, sin importar el momento o el lugar, podré evaluar mi propio desempeño, pero además estar segura de que alguien, sin importar el momento o el lugar, también me pondrá a prueba y la humildad que debe acompañarme me permitirá ver mis propios errores y la voluntad y la disciplina harán la diferencia. 4) Estoy llamada a mejorar las relaciones con mis estudiantes, ellos son la razón de ser de mi labor, de otro modo no tendría sentido; se logra con dedicación, ética, escucha, libertad y coherencia”.

Otra reflexión de esta profesora está consignada en estos términos:

“En algún momento de mi labor docente pude atreverme a decir que todas las formas de disciplina son positivas. Freire en esta carta me enseña lo contrario.

Existen buenas, como la disciplina académica o intelectual, existen obligatorias y conscientes como la disciplina política y la social, pero existe una en particular que castra libertades y lesiona la democracia: es el autoritarismo disfrazado de disciplina.

Existe un punto en el que se puede ser coherente pidiendo a nuestros estudiantes seguir el camino de la disciplina y es aquél cuando existe una razón de ser para ella y el estudiante la conoce y comprende que ella le da el poder para cambiar su mundo.

El extremo contrario, la inmovilidad, nos vuelve irresponsables, injustos e indiferentes ante las necesidades de quienes nos rodean, nos quita autoridad, nos quita la posibilidad de educar para la libertad”.

Un segundo caso para destacar son los apuntes de Aidé Cortés Bernal:

“La labor docente es una tarea compleja, puesto que está en medio de las disposiciones de quienes dirigen el sector educativo y de quienes reciben la educación y sus familias. De igual manera se debe ser amorosa y a la vez exigente, se debe luchar con lo poco que se tiene pero se deben entregar buenos resultados, como dice Freire: ‘La tarea del docente es placentera, pero a la vez exigente’.

En mi labor docente trato de inculcar en mis estudiantes el amor por el conocimiento, explorar sus ideales y orientarles a ser defensores de sus derechos y para ello les guío como “maestra”, como una profesional del sector educativo y no como en algunos países quieren mostrarlo, como la ‘tía’ alcahueta de sus maloshábitos y de la desidia por aprender y enfrentarse al mundo.

Para los jóvenes es más fácil seguir el juego de los dirigentes de la nación, apuntarle a una educación sin reprobados aunque no aprendan, que cualificar sus saberes y defender sus ideales. Ser maestra es una tarea difícil en una sociedad que no tiene sueños, una sociedad facilista que sin darse cuenta beneficia a las grandes élites”.

Resultan igualmente valiosas y pertinentes estas otras reflexiones de la profesora:

“Es muy cierto lo que nos dice Paulo Freire sobre algunos docentes que no sienten amor por su profesión. En mi camino he visto muchos compañeros así y lo más triste es que afectan a sus estudiantes. Es que la labor docente no es una tarea fácil, al contrario es de mucho amor, paciencia, dedicación, orientación; es contribuir en la formación de niños y niñas que traen diferentes maneras de ser y de pensar, que culturalmente son diferentes a nosotros.

Somos un país atrasado debido a que dejamos que las cosas pasen, no nos gusta nuestra profesión, por lo tanto no luchamos por formar a nuestros estudiantes. Para lograr que Colombia sea un país de progreso, debemos formar estudiantes críticos. Pero además amorosos, sociables; no podemos seguir permitiendo que los mandatarios derrochen los recursos y el dinero que reciben por los altos impuestos en obras inacabadas, en desfalcos, con políticos en la cárcel. Como afirma Freire: ‘debemos formarnos, capacitarnos, para exigir que cumplan sus promesas, evaluarlos con rigor’, y de esta manera tener una esperanza de una sociedad justa”.

Una tercera estudiante del posgrado, Carol Murillo, presenta estas interesantes reflexiones:

“Es primordial amar la docencia, ejercer la práctica por decisión personal y voluntaria y no por obligación o resignación. Como educadores tenemos el poder de tocar la vida de la gente para bien o para mal y no quisiéramos que por causa de nuestra irresponsabilidad, mala preparación o desidia contribuyéramos al fracaso de nuestros educandos.

A pesar de que las condiciones sociales y políticas afectan la tarea de educar, nuestra consigna debería ser educar con alegría, con responsabilidad, con calidad, haciendo nuestro mejor esfuerzo para conseguir esta meta”.

Y en otras páginas de la libreta de apuntes expresa lo siguiente:

“Como docentes debemos ayudar al estudiante a que construya una disciplina intelectual, ya que ésta es primordial para el trabajo intelectual, para la lectura de textos, para la escritura, para la observación y el análisis de los hechos. Esto es lo que finalmente permitirá la adquisición de una adecuada conciencia social, la democracia y una verdadera justicia social”.