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Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Archivos de etiqueta: Cartas a quien pretende enseñar

Leer colectivamente a Paulo Freire

17 viernes Mar 2017

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in OFICIO DOCENTE

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Cartas a quien pretende enseñar, Paulo Freire

Paulo Freire

Paulo Freire: «Cambiar es difícil pero es posible».

Los estudiantes del primer semestre de la Maestría en Docencia de la Universidad de La Salle han asumido conmigo el compromiso de leer las Cartas a quien pretende enseñar de Paulo Freire. En algunos casos han hecho reflexiones derivadas de tales misivas; en otros, aplicaciones a su práctica docente. Lo interesante de este ejercicio, además de “tener un plan lector y el hábito de escribir”, ha sido repensar críticamente la profesión docente e intentar, desde el estímulo de las ideas freireanas, cualificar el trabajo en el aula. Dada la riqueza de varias de esas reflexiones de los estudiantes de posgrado, me ha parecido relevante transcribir un puñado de esas ideas relacionadas con algunas de las diez cartas escritas por el pedagogo recifense.

Empecemos, entonces, resaltando apartes de los escritos de Marlene González, que además de un excelente autoexamen del oficio de enseñar son una buena polifonía a lo expuesto por Paulo Reglus Neves Freire:

“Hace muchos años decidí ser maestra y Freire me invita a aceptar la responsabilidad de serlo, a ser ejemplo para otros, a aprender de los otros, pero sobre todo a mejorar mi labor día a día a través del aprendizaje permanente.

Soy además un ser político que tiene en sus manos el futuro de otros y por eso debo asumir una posición clara frente a lo que el estado requiere de mí, como educadora; puede seguramente querer que forme hombres silenciosos ante la injusticia, la mentira y la desigualdad, entre muchos otros males de la sociedad que adormecen con los discursos políticos que prometen otra sociedad posible.

La invitación va más allá, me obliga a creer en lo que decidí hacer de mi vida profesional, me obliga a seguir amando lo que ello representa y entre otras cosas, me obliga a convertirme en formadora de seres humanos, hombres y mujeres críticos, decididos a develar la verdad”.

Más adelante la maestrante consigna en su cuaderno de notas lo siguiente:

“Hay tareas nuevas, aunque siempre debieran ser antiguas: 1) Estoy llamada a dar testimonio, primero frente a mis estudiantes pues soy ejemplo como adulto, educadora y mujer; luego, frente a mis compañeros porque muchos comparten como yo el amor por esta magnífica e ignorada labor. 2) Estoy llamada a respetar, y no solo hablo de darle valor y consideración a otros, debo respetar el contexto, el pasado, el futuro, la personalidad, los límites y diferencias de mis estudiantes, porque desde allí podré darles luz para que sigan su camino. 3) Estoy llamada a ponerme a prueba, sin importar el momento o el lugar, podré evaluar mi propio desempeño, pero además estar segura de que alguien, sin importar el momento o el lugar, también me pondrá a prueba y la humildad que debe acompañarme me permitirá ver mis propios errores y la voluntad y la disciplina harán la diferencia. 4) Estoy llamada a mejorar las relaciones con mis estudiantes, ellos son la razón de ser de mi labor, de otro modo no tendría sentido; se logra con dedicación, ética, escucha, libertad y coherencia”.

Otra reflexión de esta profesora está consignada en estos términos:

“En algún momento de mi labor docente pude atreverme a decir que todas las formas de disciplina son positivas. Freire en esta carta me enseña lo contrario.

Existen buenas, como la disciplina académica o intelectual, existen obligatorias y conscientes como la disciplina política y la social, pero existe una en particular que castra libertades y lesiona la democracia: es el autoritarismo disfrazado de disciplina.

Existe un punto en el que se puede ser coherente pidiendo a nuestros estudiantes seguir el camino de la disciplina y es aquél cuando existe una razón de ser para ella y el estudiante la conoce y comprende que ella le da el poder para cambiar su mundo.

El extremo contrario, la inmovilidad, nos vuelve irresponsables, injustos e indiferentes ante las necesidades de quienes nos rodean, nos quita autoridad, nos quita la posibilidad de educar para la libertad”.

Un segundo caso para destacar son los apuntes de Aidé Cortés Bernal:

“La labor docente es una tarea compleja, puesto que está en medio de las disposiciones de quienes dirigen el sector educativo y de quienes reciben la educación y sus familias. De igual manera se debe ser amorosa y a la vez exigente, se debe luchar con lo poco que se tiene pero se deben entregar buenos resultados, como dice Freire: ‘La tarea del docente es placentera, pero a la vez exigente’.

En mi labor docente trato de inculcar en mis estudiantes el amor por el conocimiento, explorar sus ideales y orientarles a ser defensores de sus derechos y para ello les guío como “maestra”, como una profesional del sector educativo y no como en algunos países quieren mostrarlo, como la ‘tía’ alcahueta de sus maloshábitos y de la desidia por aprender y enfrentarse al mundo.

Para los jóvenes es más fácil seguir el juego de los dirigentes de la nación, apuntarle a una educación sin reprobados aunque no aprendan, que cualificar sus saberes y defender sus ideales. Ser maestra es una tarea difícil en una sociedad que no tiene sueños, una sociedad facilista que sin darse cuenta beneficia a las grandes élites”.

Resultan igualmente valiosas y pertinentes estas otras reflexiones de la profesora:

“Es muy cierto lo que nos dice Paulo Freire sobre algunos docentes que no sienten amor por su profesión. En mi camino he visto muchos compañeros así y lo más triste es que afectan a sus estudiantes. Es que la labor docente no es una tarea fácil, al contrario es de mucho amor, paciencia, dedicación, orientación; es contribuir en la formación de niños y niñas que traen diferentes maneras de ser y de pensar, que culturalmente son diferentes a nosotros.

Somos un país atrasado debido a que dejamos que las cosas pasen, no nos gusta nuestra profesión, por lo tanto no luchamos por formar a nuestros estudiantes. Para lograr que Colombia sea un país de progreso, debemos formar estudiantes críticos. Pero además amorosos, sociables; no podemos seguir permitiendo que los mandatarios derrochen los recursos y el dinero que reciben por los altos impuestos en obras inacabadas, en desfalcos, con políticos en la cárcel. Como afirma Freire: ‘debemos formarnos, capacitarnos, para exigir que cumplan sus promesas, evaluarlos con rigor’, y de esta manera tener una esperanza de una sociedad justa”.

Una tercera estudiante del posgrado, Carol Murillo, presenta estas interesantes reflexiones:

“Es primordial amar la docencia, ejercer la práctica por decisión personal y voluntaria y no por obligación o resignación. Como educadores tenemos el poder de tocar la vida de la gente para bien o para mal y no quisiéramos que por causa de nuestra irresponsabilidad, mala preparación o desidia contribuyéramos al fracaso de nuestros educandos.

A pesar de que las condiciones sociales y políticas afectan la tarea de educar, nuestra consigna debería ser educar con alegría, con responsabilidad, con calidad, haciendo nuestro mejor esfuerzo para conseguir esta meta”.

Y en otras páginas de la libreta de apuntes expresa lo siguiente:

“Como docentes debemos ayudar al estudiante a que construya una disciplina intelectual, ya que ésta es primordial para el trabajo intelectual, para la lectura de textos, para la escritura, para la observación y el análisis de los hechos. Esto es lo que finalmente permitirá la adquisición de una adecuada conciencia social, la democracia y una verdadera justicia social”.

Glosas a la segunda carta de Freire a los maestros

18 sábado Feb 2017

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Del diario, OFICIO DOCENTE

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Cartas a quien pretende enseñar, Glosas, Lectura de textos, Paulo Freire

freire-la-pedagogia-dialogica

Freire: la apuesta por la pedagogía dialógica.

Sí. Hay que luchar para que el miedo no nos paralice, afirma Freire. A pesar de las dificultades y de las “inseguridades”, el maestro debe atreverse a llevar a feliz término una iniciativa, un proyecto. Porque lo más grave es que ese miedo “lo venza antes de intentarlo”. Por eso es que los educadores se estancan, por eso es que no vuelven a las aulas, por eso no renuevan su práctica, por eso se conforman con hacer siempre lo mismo y, en lo posible, sin ningún esfuerzo adicional. El miedo los torna resignados y apáticos a cualquier innovación educativa.

*

Es obvio que el estudio trae consigo unos obstáculos. El primero de ellos es la pereza, la desidia que se disfraza a veces de autoengaño. Cómo cuesta abandonar las rutinas “domesticadoras” de la televisión, cuánto consultar otras fuentes para enriquecer una lectura. Esa somnolencia mental es la que lleva a pedir una menor exigencia en los programas académicos y a perseguir un título con la mera asistencia a clase.  Otro de los obstáculos reside en la falta de una disciplina para alcanzar una meta. Parte de nuestra época ha contaminado a las personas del logro fácil y sin esfuerzo. Todo aquello que demande tesón y persistencia es considerado un trabajo inútil. La salida más inmediata, entonces, es tomar el camino corto, así no sea honesto. Y si la tarea es el estudio de un libro, resulta más cómodo buscar un resumen ya hecho o hacer una mezcla con variados apartados de los que pululan en internet. Nuestra falta de rigor, por lo demás, es la que ha banalizado el respeto por el conocimiento y ha aumentado las prácticas indiscriminadas del plagio.

*

Resalto la idea de Freire de que es fácil, cuando de comprender un texto se trata, caer en la “ilusión de que estamos entendiendo”. Sé por experiencia propia que hay textos que “no se entregan fácilmente”. No basta con el deseo de leerlos o con la mera disposición. Hay textos que exigen revisar otras fuentes previamente, so pena de que apenas muestren una parte de su figura. Aquí la relectura es fundamental, como también la tenacidad y el empeño por ir más adentro de lo percibido en una primera aproximación. De igual forma, hay textos que únicamente mediante la escritura, logran ser comprendidos. En este caso, al escribir sobre lo leído, van emergiendo aspectos o aristas no perceptibles cuando pasamos nuestros ojos por encima de las palabras. Me parece que esa es una de las claves de la “lectura crítica”: al escribir, el lector “reescribe el texto” y, al hacerlo, logra una “comprensión crítica del mismo”. La genuina lectura termina produciendo escritura.

*

A veces he tenido la suerte de contar con lectores que han “leído, discutido, criticado, mejorado y reinventado” algunos de mis textos. Este blog ha sido un medio eficaz para tal fin. De igual modo, a mi correo personal me llegan mensajes en los que un colega, un estudiante de hace muchos años, una persona que ha adquirido alguno de mis libros o que ha asistido a algunas de mis conferencias, me comenta sus puntos de vista o me formula alguna pregunta derivada de una lectura o de determinada charla. Me parece que, como dice Freire, ese el “sueño legítimo de todo autor”. Más allá de aumentar la egolatría, lo que un autor busca con sus escritos es que circulen, que se lean con empeño, que se subrayen y glosen hasta sacarles todo el jugo contenido en su interior. Esa es la mayor satisfacción. En otros casos, que son la mayoría, el autor nunca sabrá de la “aprehensión” de sus textos; o quizá con el tiempo, emerjan esas comprensiones por ahora anónimas o secretas.

*

Leemos con todo el cuerpo. Freire afirma que cuando leemos ponemos en acción, además de nuestra mente, “los sentimientos, las intuiciones, las emociones”. Es definitiva, por eso mismo, la actitud entusiasta y la motivación al momento de empezar una lectura. A veces el miedo por una temática hace que nuestros sentimientos contaminen negativamente a nuestra cabeza; en otras ocasiones, son nuestras intuiciones las que jalonan la comprensión de un texto muy abstracto o complejo. Considero que, por eso, es necesario hallar un lugar idóneo para leer, y por la misma razón hay que sazonar lo que leemos con el entusiasmo, la curiosidad lúdica y una pasión ardorosa por el conocimiento.

Notas a la primera carta de Freire a los enseñantes

11 sábado Feb 2017

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Del diario

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Cartas a quien pretende enseñar, Glosas, Lectura de textos, Paulo Freire

paulo-freire

Paulo Freire: luchador por una escuela democrática.

Para continuar con la lectura en común del libro de Paulo Freire, Cartas a quien pretende enseñar (Siglo XXI, México, 2010), voy a compartir parte de mis reflexiones, resignificaciones o aplicaciones derivadas de la “Primera carta: enseñar-aprender. Lectura del mundo-lectura de la palabra”.

*

Coincido con Freire en que al enseñar no sólo aprendemos de lo mismo que enseñamos, sino de la manera como los estudiantes aprenden lo que tratamos de enseñarles. Dicho aprendizaje es de un segundo orden, porque tiene como referente el estudio previo del maestro. El docente cuando enseña un saber no sólo pone entre paréntesis lo que sabe; también confronta qué tanto de lo que sabe debe sufrir modificaciones o ajustes para poder ser enseñado. El saber del maestro, entonces, se va modificando en la medida en que se va enseñando. Y cada nuevo aprendizaje se convierte en un motivo de reconfiguración o readaptación de su enseñanza.

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Gran importancia le da Freire a los materiales de estudio. Los útiles, entre ellos los diccionarios (etimológico, filosófico, de sinónimos y antónimos) ayudan a una mejor comprensión de lo que se está leyendo. Cada vez confirmo más que esas fuentes de consulta deben estar a la mano, son auxiliares indispensables para aclarar un concepto, percibir el matiz de una idea, recuperar el sentido olvidado de un término. Y, además, son indispensables al momento de escribir: contribuyen a la precisión semántica, nos dan luces sobre distinciones conceptuales, son palancas potentes para que las ideas cobren más consistencia argumentativa. De alguna forma, el tipo de útiles prefigura una forma de aprender y una manera de escribir. Y si esa caja de herramientas es escasa o desactualizada, pues limitados serán también los resultados o el producto elaborado.

*

Ya llevo muchos años practicando lo que Freire sugiere en esta carta: “escribir algo por lo menos tres veces por semana”. En mi caso ya es un hábito. Todas las mañanas o en algún espacio del día o la noche dispongo un tiempo para escribir en mi agenda de notas o en alguna de las libretas que tengo para este fin (me gustan los block para taquigrafía de Office Depot). Poseo también un “Despertario” (un cuadernillo  en papel extraopaco, anillado, hecho en España) en el que atrapo esos productos que el inconsciente me regala después de las cinco horas de sueño. Por supuesto, al tener esas ideas registradas o presas en el papel, me es fácil más tarde, bien sea el mismo día o pasada una semana, volver a ellas para “someterlas a una evaluación crítica”. Este blog se ha ido convirtiendo en otro dispositivo estratégico para mantener viva la escritura, ya que me he impuesto subir por lo menos un texto cada semana. Compruebo, de igual modo, que buena parte de mi tarea como maestro la he ido diseñando o ajustando para obligarme a reflexionar y registrar una temática, un problema, con el fin de no desarticular el oficio de enseñar con el oficio de escribir.

*

Subrayo la importancia y la manera de enfocar el estudio desarrollada por Freire. No es un asunto menor, ni una actividad sin hondas repercusiones en la profesión docente. Freire considera que el estudio siempre implicar “leer el mundo” y, al hacerlo, necesitamos tomar distancia del sentido común, de la inmediatez de lo sensorial y emocional. Estudiar es un “quehacer crítico” mediante el cual “creamos y recreamos” una práctica, una situación, un concepto. Pienso que, en esta perspectiva, el estudio es un trabajo intelectual, como le gustaba calificarlo a Jean Guitton. Una labor que demanda aprender a utilizar ciertos útiles, valerse de estrategias idóneas para tal fin, disponer la mente y el espíritu para aprehender un nuevo conocimiento o una nueva experiencia intelectual. El estudio es el medio como los docentes permanecen vigentes, un recurso para salir de las actividades repetitivas y el conformismo desalentador.

*

Freire nos invita a no comportarnos como “burócratas de la mente”, sino a convertirnos en “constructores de caminos de curiosidad”. ¡Basta ya de conformarnos con lo que dominamos y repetimos cada año!, ¡dejémonos habitar por la autorreflexión!, ¡permitámonos dudar sobre lo que hacemos cada día! Tal advertencia tiene mucho que ver con otro asunto de mayor calado: es urgente que los maestros dejen de ser replicantes de información ajena y enfrenten creativamente sur rol de ser productores de conocimiento. El caldo de cultivo para tal labor está en su mismo trabajo: ¡analicemos críticamente nuestra práctica docente!, nos insiste Freire. Ahí hay una veta para la creatividad y la innovación educativa.

*

En ese juego entre la “lectura del mundo” (el contexto), y la “lectura de la palabra” (el texto), en esa toma de distancia, es que se produce la “generalización”. Freire afirma que para leer el mundo “no es suficiente la experiencia sensorial”. Hay que ir un poco más allá; es necesario asumir la exigencia que comporta darle al pensamiento unas categorías, unas codificaciones mediante las cuales podamos “desocultar la teoría que se encuentra en la práctica”. Los maestros no podemos seguir explicando la complejidad de lo real por vía de la anécdota y el trabajo empírico. Claro, tampoco se trata de invalidar ese conocimiento. Pero, hay que ser capaces de abstraer, de hallar categorías mayores que permitan comprender lo particular. Hay que salir de los “pequeños mundos” para adquirir una visión mayor. El giro lingüístico que usa Freire es bastante acertado: “hay que luchar para hacerse la oportunidad de conocer”. Una vez tenida esa segunda comprensión, podemos volver a la lectura del mundo para verlo con otros ojos y descubrir lo que en una primera mirada estaba oculto o pasaba inadvertido.

*

No cabe duda de que leer y escribir son prácticas constitutivas del estudio. La lectura parece una preparación o un carburante para escribir. Freire comenta que la lectura exige paciencia, que es un trabajo desafiante y nos pide persistencia. No es un fruto que ofrezca sus dulces a la primera mordida. Tampoco debemos desistir de leer cuando los textos son difíciles o nos exigen una preparación para desentrañar los “conceptos abstractos”. Leemos y estudiamos, afirma Freire, para “reconocer las relaciones entre los objetos”, “para aclarar algunos procesos”, para mantener “la responsabilidad ética y política de estar siempre preparándonos”. La escritura aparece entonces como un testimonio o una evidencia de ese acto de estudiar: es la recreación, es la relectura en grafías, es el resultado de la discusión entre lo vivido y lo reflexionado. Se escribe para mostrar a sí mismo, primero, y a otros, después, la relación dialéctica entre la conciencia  y el mundo.

Leer a Freire con los maestros de la Normal Superior de Acacías

02 jueves Feb 2017

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Del diario, OFICIO DOCENTE

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Cartas a quien pretende enseñar, Glosas, Lectura de textos, Paulo Freire

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Equipo de maestros de la Normal Superior de Acacías.

He comenzado con el  equipo de docentes de la Normal Superior de Acacías, liderado por el rector Eduardo Cortés Trujillo, la lectura de una obra de Paulo Freire: Cartas a quien pretende enseñar. El objetivo es ir leyendo, semana a semana, esta obra de madurez del pedagogo brasilero. Pero, además, he invitado a todos los profesores de esta institución a que vayan haciendo anotaciones de lo leído en tres vertientes: a) reflexiones sobre la propia práctica, b) resignificaciones de algo que hacen o sobre su quehacer docente, y c) acciones o aplicaciones a su labor como maestros. Sobra decir que no se trata de una labor de “transcripción de citas”, sino de reflexionar sobre lo que se va leyendo y, con ese estímulo, lanzarse a derivar otras ideas, atreverse a formular alguna iniciativa, permitirse el autocuestionamiento o someter a revisión lo cotidiano del trabajo educativo.

Esta primera semana, según el plan lector establecido, la tarea es leer con detenimiento el capítulo titulado “Primeras palabras”. Así que, como una manera de ir con ellos haciendo la lectura del libro, he querido compartir una primera tanda de reflexiones, resignificaciones y aplicaciones a mi labor docente. Presentar esta cosecha, fruto de una primera lectura, tiene el propósito adicional de que sirva de estímulo a los que temen empezar a escribir en su “libreta de notas” o se convierta en un punto de referencia para vislumbrar el objetivo esperado.  

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Resulta interesante cómo Paulo Freire no deja de reflexionar permanentemente sobre lo que hace, aún sobre el mismo libro que comienza a escribir. Al poner en “movimiento dinámico” el pensamiento, el lenguaje y la realidad, logra no sólo hacer más prolífica su capacidad creadora, sino, además, transformarse en un “sujeto crítico”. Escribir, entonces, deja de ser “un ejercicio mecánico” y se convierte en un genuino ejercicio del pensar.

*

Es aleccionadora la manera como Freire empieza a “trabajar en una temática”. Dice él que esto implica “desnudarla, aclararla” pero sin suponer que tal actividad nos lleve a alcanzar la “última palabra” sobre el asunto. Entreveo que este proceso de aclaración del tema siempre es provisional porque nosotros y la realidad en la que vivimos es cambiante, contradictoria, compleja en todo su espesor.

*

Comparto con Freire la idea de que la tarea del maestro es “placentera y exigente”. Eso debe llevarnos a mantener cierto atrevimiento en lo que hacemos para no caer en la “burocratización de la mente”, para no perder la alegría, para no dejar de capacitarnos, para mantener viva esa exigencia social que es, en el fondo, una responsabilidad política.

*

Habría que examinar cuándo renunciamos a las exigencias de la profesión, para contentarnos con una relación cariñosa y tranquila con los estudiantes. Cuándo somos más tías que maestros, para mantener la imagen propuesta por Freire. Entiendo que actuar como tías resulta menos demandante porque no nos impone “reprogramar”, “rectificar” lo que hacemos. Bien parece que la vocación no es suficiente para ser maestro; es asumiendo la profesión como el educador puede perfeccionar su práctica.

*

Creo que es de mucha utilidad el consejo de Freire para mejorar lo que hacemos en el aula: hay que pensar en ella. Estar dispuesto a evaluarla. Pero no con el ánimo de envilecernos o desprestigiarnos; más bien como una oportunidad para afinarla en donde todavía está burda, o para darle un colorido diferente allí donde sigue opaca. Es evidente que si la propia práctica no se pone en cuestión, si no incluimos en esa mirada el contexto, nos contentaremos con lo poco que hacemos o terminaremos repitiendo hasta el cansancio lo ya conocido y previsible. Subrayo ese cambio de perspectiva: no se trata de reflexionar para  alcanzar un ideal de perfección de maestro; por el contrario, son las reflexiones sobre la propia práctica docente, las evaluaciones continuas, las que le permiten al maestro renovar su quehacer. Allí donde hay un error, una imperfección, un desacierto, allí, es justamente donde está la clave para vivificar o mantener vital el oficio de enseñar.

*

Así haya lineamientos, políticas de estado, libros de texto con programaciones exhaustivas, Freire invita a no tomarlos sin una reflexión crítica. No podemos terminar “domesticados” por los documentos propios de la administración burocrática. Hay que defender un espacio para la autonomía, para la bandera de sueños que todo maestro iza en su clase. Esa parece ser la paradoja de la profesión docente: de un lado atender a las políticas del Gobierno y, de otra, ser un militante y defensor de los saberes derivados de su práctica.

*

Independientemente del área disciplinar de cada maestro, todos los educadores tenemos un compromiso con la construcción de ciudadanía. Pero Freire la cualifica: ciudadanía crítica. Es decir, preparar a nuestros estudiantes para un discernimiento de las “opciones políticas” de “los caminos ideológicos”. El presunto tono aséptico de ciertas asignaturas necesita impregnarse de los derechos y los deberes, de la lucha de intereses, de los entramados no siempre legibles de lo político.  

*

Podría ser útil, en las reuniones de área o en los espacios destinados para ejercitar a los maestros en formación, dedicar un tiempo a reflexionar sobre los errores y las “cosas que no salieron bien”. Habría que luchar para no “disfrazar” o “disimular” el equívoco  y poderlo analizar con franqueza y tranquilidad. Es urgente esta clínica o laboratorio sobre los errores o desaciertos en la práctica docente para, con ese análisis, descubrir cómo mejorarla, enriquecerla o cualificarla.   

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