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Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Archivos anuales: 2018

La analogía: poner en correspondencia dos entidades

04 domingo Nov 2018

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in APRENDER A ESCRIBIR, Ensayos

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Ilustración de Aristídes Hernández («Ares»).

Argumentar mediante analogías es un recurso inagotable de los buenos ensayistas. Piénsese no más, para mencionar solo dos ejemplos señeros, en varios de los escritos de Alfonso Reyes o en aquellos otros de José Ortega y Gasset. Al lado de los razonamientos lógicos estos ensayistas echan mano del pensamiento relacional, con el fin de avalar su tesis usando analogías imaginativas y sugerentes para el lector.

Por supuesto, la mera enunciación de una relación no constituye en sí misma un argumento con analogía. Para que el recurso logre ser efectivo el escritor debe tejer los diferentes aspectos de las entidades relacionadas, de tal forma que al irlos comparando logre persuadir al lector de la tesis propuesta. Y entre más sean los rasgos analogados, mayor será la fuerza de la argumentación. Como puede adivinarse, la validez de este tipo de argumentación reside en el número de características empleadas y en la imbricación de las mismas.

Salta a la vista que si no se conoce o no se tiene la suficiente información sobre esa segunda realidad que va a servir de referente para la analogía, este recurso argumentativo quedará flojo o sin contundencia. Buena parte del éxito del ensayista al echar mano de analogías consiste en “apropiarse” de los conceptos o términos de la realidad “semejante” para que, desde esa transferencia, sea más evidente la tesis esgrimida. Si se me presta la expresión, el que elabora una analogía debe moverse en dos mundos, convirtiéndose en un traductor de sus lenguajes, de los campos semánticos que les son propios.

No sobra advertir que el uso argumentativo de la analogía presupone la pertinencia o relevancia de la misma en la defensa de una tesis. La inclusión de una semejanza –aunque se hayan tejido varias de sus peculiaridades– si no está alineada con la apuesta vertebral del ensayista quedará como un adorno literario o parecerá una digresión fuera de tono. La analogía no es “decoración”, sino el empleo de una “semejanza” o un conjunto de símiles para hacer más entendible, más interpelativa la tesis de un ensayo. 

Por lo demás, al usar analogías lo que buscamos es darle mayor plasticidad a nuestra manera de argumentar. El uso de imágenes otorga a los escritos una “maleabilidad comunicativa” que aquilata la densidad de la prosa abstrusa y sin puentes con el lector. Hasta podemos decir que las analogías, por tener un origen en lo imaginario, interpelan la parte sensible de nuestra condición, movilizan afectos, vinculan dimensiones simbólicas o claramente tachonadas de alegoría. Por eso, cuando el lector lee las analogías le parecen cercanas o familiares y, por eso también, le resulta fácil compartir o aceptar la tesis defendida por el ensayista. A la par que se alcanza una mayor receptividad en el mensaje, el empleo de analogías apunta a conmovernos o movilizar nuestras emociones.

Agreguemos que la analogía al poner en correspondencia dos entidades posibilita que una de ellas (la más extraña o novedosa) pueda ser entendida desde otra que es más conocida. Así pues, cuando el ensayista lanza una tesis bastante sorprendente o sorpresiva se vale de la analogía para hacerla más familiar a los ojos del lector. Mejor aún: es ese argumento analógico el que permite comprender una tesis que en una primera lectura parecería descabellada o falta de sentido. No solo se gana en aducir motivos para sumar al convencimiento, sino que la misma analogía ofrece una mayor inteligibilidad de la tesis presentada.

Concluyamos recordando que el acierto o desacierto en la elaboración de una analogía depende de qué tanto el ensayista analiza el parecido entre las dos realidades puestas en equivalencia. A veces lo que parece un rasgo obvio y afín termina siendo una contradicción, y lo que no parecía tener una conformidad común se convierte en la mejor probabilidad argumentativa. Pescar las semejanzas posibles, reunir esos aspectos parecidos, recopilar similitudes, es hacerle justicia a la etimología de la palabra; porque la raíz de analogía proviene del indoeuropeo “leg” que significa, precisamente, “recoger”, “recolectar”. El ejercicio de reunir y entretejer esas comparaciones es lo que convierte a la analogía en un modo de argumentar original y sugestivo, pero, al mismo tiempo, retador para el ingenio del escritor de ensayos.

Sobre los abrazos

27 sábado Oct 2018

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Aforismos

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Margarita Sikorskaia

Pintura de Margarita Sikorskaia.

Al abrazar juntamos los pechos, pero, especialmente, estrechamos los corazones.

*

El niño que levanta los brazos buscando a su madre es un signo de hambre afectiva. Los abrazos, a cierta edad, son como otra leche nutricia.

*

A pesar de que el abrazo es un salir de sí hacia otro, también es un acto de apertura del propio ser. No se puede abrazar a alguien si no dejamos espacio en nuestro pecho.

*

En ciertos vados de tristeza o de hondo sufrimiento esperamos con ansias los abrazos de determinadas personas. El dolor es selectivo para sus sanaciones.

*

Los abrazos hablan en silencio. Es un lenguaje mudo, como son las expresiones primarias de nuestra esencia. Abrazar es el primer signo de la tribu.

*

De todos los abrazos, hay unos que nos sorprenden por ser inesperados. La gratuidad usa el abrazo para hacer sus apariciones.

*

Los amantes en la intimidad buscan los labios para acentuar su unión y los abrazos para posponer las separaciones.

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El abrazo del padre al hijo pródigo es más el gesto del amor compasivo que del perdón esperado.

*

Los reencuentros rubrican su júbilo con abrazos. Así debe ser: cuando el azar nos toca exige gestos y no palabras.

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¿Cómo sabemos si alguien en verdad nos perdona? Al sentir en su abrazo la resonancia sincera del olvido.

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Abrazo: rodeo que hace el cariño para llegar al corazón ajeno.

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Extraña forma la de proceder de los abrazos: ofrecen curación, si ser medicamentos; impulsan el espíritu, sin ser una fuerza física. Son lazos afectivos permanentes hechos de estrujamientos discontinuos.

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Los abrazos apasionados buscan exacerbar el deseo, pero, si ahondan más allá, acaban por despertar la ternura.

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Hermoso sería que en el prometido Paraíso estuvieran los seres que hemos amado y nos recibieran con sus abrazos como un gesto de bienvenida a la eternidad.

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La gratitud usa los abrazos como un santo y seña de la recordación. Quien es agradecido mantiene siempre los brazos abiertos.

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Ron Mazellan

Ilustración de Ron Mazellan.

Ofrecemos abrazos para despedir a los que queremos y damos abrazos para recibir a los que amamos. El abrazo es el pasaporte del viajar del corazón.

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El enemigo que abrazamos deja de ser un agravio para el alma. Quien abraza renuncia a la soledad amarga del resentimiento.

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¿Por qué la reconciliación necesita refrendarse con un abrazo? Porque el perdón requiere al cuerpo como testigo.

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El sufrimiento ajeno tiene la virtud de alargarnos los brazos y ensanchar nuestro pecho. Ser compasivos es extender nuestro abrazo hasta cobijar al desvalido.

*

Hay abrazos que abrasan y dejan, al igual que las ascuas, una promesa de fuego al menor contacto.

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Es probable que Judas haya sido un ser negado para el abrazo; es posible que su corazón sufriera la incapacidad de abrirse confiadamente al milagro.

*

El que abraza alarga tanto o más sus brazos de acuerdo al tamaño de su necesidad.

*

Hay espíritus pusilánimes para abrazar porque temen a la censura o al ridículo. Olvidan que el abrazo está regulado por las incontrolables fuerzas de la emoción y no por la previsible etiqueta de las costumbres.

*

La primera puerta abierta de la hospitalidad es el abrazo.

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En la proxémica de los afectos dar la mano es convertir al extraño en conocido; abrazar, transformar el conocido en alguien íntimo. Así debe ser: saludamos por cortesía, pero abrazamos por convicción.

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Los amantes desnudos fundidos en un abrazo simbolizan la fantasía mayor del clímax amoroso: abarcar desde adentro la fuga del alma.

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En la intemperie de la desdicha o en las borrascas de la adversidad, no hay mejor protección que cubrirse de abrazos.

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La madre es la primera maestra del abrazo. Los osos de peluche son los tutores silenciosos en esta escuela protectora del cariño.

*

Las verdaderas condolencias en un sepelio se dan en silencio. El genuino pésame consiste en un abrazo.

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Los largos y efusivos abrazos entre familiares después de una larga ausencia muestran que los lazos de la sangre se avivan más cuando se interrumpe su fluir cotidiano. La probable pérdida estrecha los vínculos.

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Morir en los brazos de un ser que amamos y nos ama parece ser el mejor puente hacia lo desconocido. Aunque, a veces, esos mismos abrazos sean los causantes de las más largas agonías.

El maestro investigador

21 domingo Oct 2018

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Ensayos, INVESTIGACIÓN, OFICIO DOCENTE

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Istvan Orosz

Ilustración de Istvan Orosz.

Sigo creyendo que un maestro se mantiene vigente en su oficio si cultiva el hábito de la investigación. Y no me refiero al desarrollo de grandes y costosos proyectos, sino a una constante manera de convertir su aula en laboratorio, en un escenario para que afloren las preguntas y se multipliquen los cuestionamientos. Esa parece ser la mejor forma de mantener viva la curiosidad por enseñar y, al mismo tiempo, la profesionalización de ser docente.

Investigar, entonces, es llenar el aula más de preguntas que de respuestas definitivas. El maestro investigador problematiza lo que hace; saca partido de las cosas que le salen mal y por ningún motivo pretende simular o “tapar” sus equívocos. Tampoco busca culpar a los demás de lo que a todas luces es el resultado de su desidia, su falta de estudio o su anquilosamiento. Por el contrario, es una persona inquieta, curiosa, ávida de conocimientos. La misma actividad cotidiana se le convierte en un enigma y lucha para no caer en el inmovilismo de “eso ya lo sé” o “con lo que sé es suficiente”. De allí que, por ser un investigador de su práctica, promueva en sí mismo y en sus alumnos o colegas la reflexión y la pregunta. Sus formas de enseñar son de corte problémico y cada vez que puede invita a la contrastación de fuentes, a la observación, la experimentación y el trabajo de campo.

Los docentes investigadores, además, tienen en mente un problema, una inquietud que los obsesiona. Por haber descubierto un “nicho” o un campo de interés, por tener la persistencia para mantener en vilo un interrogante durante meses o años, estos educadores logran profundizar o ahondar en las particularidades de un asunto. Su talante de investigadores los hace cazadores de indicios, de huellas, de síntomas que se han ido configurando poco a poco a lo largo del tiempo. Más que desear abarcarlo todo o saber de todo, los educadores preocupados por investigar tienen una zona hacia la cual enfocan o profundizan su quehacer docente.

Como consecuencia lógica del punto anterior, los maestros investigadores tienen la costumbre de guardar evidencias, conservar registros de esas inquietudes. Tal labor de archivo, de escaneo y organización en carpetas es la base para luego tomar distancia comprensiva y analítica de cualquier problema. Además de poner tareas y trabajos, más allá de corregir o alentar actividades, el educador con espíritu investigativo, toma fotos, hace entrevistas, lleva un diario, redacta notas, selecciona materiales de diversa índole. Para llevar a cabo sus pesquisas se ha ido acostumbrando a elaborar pequeñas descripciones y a datar, como si fuera un arqueólogo, las producciones o los eventos que le interesan. Buena parte de esos registros le sirven como dispositivo de estímulo en unos casos y, en otros, como prueba de sus inquietudes o aval para sus propuestas educativas.

El maestro investigador, bien sea animado por su propia labor o por esos nichos-problema que rondan su cabeza, es un entusiasta preocupado por escribir. En muchas ocasiones después de terminada una clase o al final del día dispone unos minutos para redactar media página sobre una intuición, un comentario a un hecho, una ocurrencia a partir de algo sucedido en clase o en la institución donde trabaja. Puede darse el caso que ese mismo entusiasmo por escribir lo lleve a animarse a presentar una ponencia en un congreso o a redactar, para el uso mismo de sus clases, pequeños artículos de orden conceptual o didáctico. Si se es investigador, la escritura es una aliada, una mediación, un dispositivo para “tomar distancia” y propiciar el reconocimiento.

Por contar con ese nicho-problema, con ese campo de irradiación de interés, el docente investigador fácilmente encuentra a otros colegas que comparten con él similares inquietudes o semejantes intereses. A veces esos cómplices investigadores están en la misma institución o se los encuentra perteneciendo a redes o colectivos de trabajo. También es posible que al asistir a foros, seminarios o eventos, se vayan hallando esos pares que comparten un igual objetivo de investigación, un parecido método de abordarlo o una análoga alternativa de solución. Si se pertenece a redes, si se es un activo miembro de esos colectivos, menos solo se sentirá el docente investigador y más resonancia tendrán sus hallazgos o sus preocupaciones.

De otra parte, si un maestro se sabe investigador, hará un uso estratégico de las tareas y trabajos que ponga a sus estudiantes. Cada acción de aula la pensará muy bien y la dotará de sentido para que no termine siendo un ejemplo de activismo sin norte. El maestro investigador vincula su quehacer con su foco de pesquisa. Trata, por todos los medios, de aunar la enseñanza con la pregunta que lo inquieta. Por momentos sus estudiantes son pequeños asistentes de investigación o informantes vitales para sus proyectos. Dado que el maestro gasta una cantidad de tiempo corrigiendo las tareas de sus alumnos, se cuida al momento de asignarlas y concebirlas como un insumo para sus investigaciones. Al proceder de esta manera, la clase puede ser un lugar de experimentación, un escenario para confrontar fuentes de información o una genuina manera de hacer etnografía.

Cerremos estas reflexiones subrayando la importancia de la investigación para renovar la práctica docente. Es probable que los cursos y los diferentes modos de actualización en algo contribuyan a mejorar el oficio de enseñar; pero lo que verdaderamente transforma y moviliza al educador es que indague de manera constante sobre lo que hace, que reflexione sobre su práctica, que se atreva a llenar el aula de interrogantes y que, lejos de burocratizar su profesión y su espíritu, se atreva a cuestionar sus certezas. Eso no solo revitalizará el oficio de enseñar, sino que contribuirá enormemente en el modo como aprenden sus estudiantes.

La innovación en perspectiva

14 domingo Oct 2018

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Ensayos

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Pieza gráfica de la agencia alemana DDB

Pieza gráfica de la agencia de publicidad alemana DDB.

Se aplica hoy el término innovación a tantas cosas y de manera tan indeterminada que vale la pena profundizar en sus particularidades y reales alcances. Al menos así lograremos ajustar conceptualmente lo que parece un simple epíteto aplicado al mundo de la empresa, los negocios o a procesos de diversa índole.

Lo básico es entender que la innovación parte de algo o se desarrolla sobre algo ya existente. Esto es, precisamente, lo que la diferencia de la invención. El innovador, en consecuencia, es un gran lector de los contextos, de la tradición, de lo que está en uso. Su proceder inicial, la chispa de su labor es observar con cuidado el statu quo, lo habitual, el trasegar de los hechos o las rutinarias maneras de hacer alguna cosa. No hay innovación sin esta previa reflexión sobre lo establecido. De allí, de ese fino y detallado estudio a lo vigente es que puede identificarse una fisura, un obstáculo, un problema, una falla, un gasto innecesario, una pérdida de recursos. Y al tener ubicado tal asunto es que brota o nace una idea innovadora. Repitámoslo: innovación no es una acción desprendida del contexto o alejada de situaciones concretas; por el contrario, nace de la perspicacia o indagación sobre hechos, procesos o situaciones instauradas.

La innovación es variada y diversa en sus alcances. Podemos innovar un procedimiento, un producto, un servicio, una práctica. A veces, la innovación se evidencia a lo largo de un proceso o se sabe de ella al concluir un objeto o una mercancía; en otros casos, puede darse en los materiales o en la forma de organización de las personas para lograr determinado fin. Hay innovación procedente de adelantos tecnológicos y hay innovación derivada de la investigación social o la investigación aplicada. No existe por lo tanto un único camino o se cuenta con un protocolo estándar para alcanzarla. Sirve la intuición, la serendipia, la visualización, la prospectiva, el estudio de casos, la experimentación. Tampoco se puede homogenizar o aplicar la innovación sin reparar en las condiciones locales o las variables de determinado contexto. Por eso, lo que parece menos innovador en un lugar resulta muy innovador en otro; o lo que parecía ser una innovación muy efectiva en una geografía termina siendo un fracaso en otro sector. Insistamos: la innovación no es una receta homogénea o de aplicación uniforme. Por ende, en una curva de desarrollo, la innovación sufre adaptaciones, transformaciones o modificaciones sustanciales. La innovación, como sucede con la evolución de la vida, es adaptativa, afectable por el entorno, sistémica y cumple un ciclo de existencia.

Otro rasgo de la innovación es el de ser una cadena de acciones y no una mera actividad desligada o desarticulada de un conjunto. Por eso se habla de un proceso o un proyecto innovador. En este sentido, la innovación aglutina a personas, recursos, operaciones, materiales y tiempos. El que se lanza a innovar necesita armonizar la concurrencia de muchas cosas. Ese es parte del éxito o la garantía para que una innovación encarne o perdure. Así que, innovar es también diseñar, planear, organizar y administrar heterogéneos elementos. La innovación no es solo una fugaz idea creativa sino un lento y persistente ejercicio de gestión y consolidación.

Un cuarto punto, que se olvida con facilidad, es la relación de la innovación con los procesos de cambio. Innovar demanda poner en cuestionamiento o en “crisis” lo conocido o habitual. Innovar es una invitación a cambiar, reformular, reorganizar o reelaborar algo. Entonces, si no se conocen o poca atención se presta a las dinámicas de los cambios, la innovación no echará raíces o será una ocurrencia genial pero sin repercusión o resonancia. Los grandes innovadores son a la par buenos estrategas para facilitar o propiciar planes de transición, pilotajes, reingeniería de procesos, ajustes escalonados. Es posible que otra de las claves del éxito de una innovación esté ahí, en fraguar ella misma su modo de generarse. Claro, a veces son unas las personas que diseñan y otras las que implementan, pero si la innovación no prevé las posibles resistencias o no ha ideado un itinerario para el cambio, tendrá grandes tropiezos o resultará entendida como una idea irrealizable, descabellada o inoportuna.

Es evidente que la innovación requiere de mucha creatividad. Sin ella, sin ese lubricante, no habrá ni reformas, ni alteraciones, ni mudas a lo permanente. Por eso mismo, las estrategias para innovar se nutren en gran medida de las técnicas creativas: la sinéctica, la lluvia de ideas, el análisis morfológico, la lista de atributos, la analogía, la resolución de problemas. Todos estos recursos contribuyen a que el espíritu innovador se concentre o tenga una propuesta ingeniosa y llamativa. Sin creatividad la innovación queda en reformas superficiales o conatos de novedad. Es importante subrayar que la creatividad enfocada a la innovación incluye procesos de pensamiento como la inferencia, la analítica conceptual, la alegoría, la heurística y la disociación semántica. Dicho en otros términos, la capacidad de innovar se potencia en la medida en que se desarrollan habilidades de pensamiento divergentes, laterales, creativas. Tal apuesta formativa debería ser tenida en cuenta por educadores o capacitadores empresariales.

Agreguemos a lo dicho otra cosa más: digamos algo con respecto al carácter o temperamento necesario para emprender una innovación. Los innovadores, y hay abundantes ejemplos para probarlo, son personas con alta capacidad para el riesgo, la aventura, el ensayo y error. Son audaces y con baja afectación a la crítica adversa o los comentarios burlones de los demás. Los innovadores poseen fortaleza interior y la suficiente autoestima como para sobreponerse a la crítica despiadada o la maledicencia. Pero, además de ello, los innovadores poseen tenacidad y fortaleza para no desfallecer ante la adversidad o sobreponerse a los obstáculos de todo tipo. El innovador posee tenacidad y una voluntad de hierro para persistir en sus propósitos. Estas cualidades son definitivas no solo en la etapa de ideación y gestación, sino al momento de implementar la innovación.

La última cuestión que me gustaría tratar es la de las condiciones para la innovación. Es sabido que muchas ideas innovadoras no cuentan al inicio con el apoyo o reconocimiento suficiente. Más bien hay un clima contrario o poco halagüeño para su florecimiento. No obstante, si las organizaciones o las instituciones son más flexibles en su estructura, si apuestan por la diversidad, si son más tolerantes con el error y no temen anticiparse al futuro, seguramente despuntarán con abundancia las ideas innovadoras o se incrementará una disposición hacia el cambio. En consecuencia, se requieren empresas e instituciones que confíen más en la creatividad de sus empleados y menos en la burocracia formalista y repetitiva, jefes o directivos que apoyen y secunden centros de excelencia, proyectos de investigación, laboratorios de innovación, o a personas atrevidas y arriesgadas para diseñar escenarios factibles o universos paralelos. Un ambiente, en suma, en que se pueda experimentar sin ser señalados o sancionados, en que el cumplimiento de las tareas no riña con el juego de imaginar futuros posibles, en que sea factible usar otras alternativas sin ser por ello tildados de “raros” o asociales. Construir y proteger ambientes innovadores es apoyar los disensos, creer en la ruptura de paradigmas, cultivar todo tipo de emprendimiento, azuzar el pensamiento complejo y volver lo inesperado una oportunidad para realizar los sueños imposibles. 

 

Liderazgo y cambio vital

07 domingo Oct 2018

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Libros

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Liderazgo y cambio vital

Un tiempo considerable de mi vida laboral ha estado vinculado a la asesoría y la consultoría en temas relacionados con la comunicación, la motivación, el liderazgo, los procesos de cambio y las dinámicas del proyecto de vida. Han sido muchos años trasegando con programas de inducción, seminarios, conferencias, cursos de capacitación; mostrando alternativas para mejorar el clima laboral o el trabajo en equipo. De igual modo, he desarrollado propuestas de comunicación asertiva, de liderazgo centrado en valores y una gama amplia de aspectos asociados con las éticas del cuidado y la necesidad de la formación integral. Todos estos asuntos han tenido como telón de fondo la educación tanto de adultos como de autoaprendizaje, sumada, además, a las técnicas de las narrativas autobiográficas y el discernimiento, recursos óptimos para favorecer el desarrollo personal y la preocupación por la alteridad.

Evidencia de esta larga experiencia en empresas y organizaciones, en instituciones privadas y públicas, es la que he agrupado en este libro. La mayoría de los textos corresponden a una evidencia de lo que he realizado o pensado, y, otros, pueden ser piedras de toque o reflexiones de entrada a un aspecto en particular. De allí que haya empleado también distintos recursos escriturales: la carta, el diálogo, el aforismo, el ensayo, las ideas fuerza, la glosa, el contrapunto, la disociación analítica. El propósito de esta pluralidad discursiva ha sido tener múltiples accesos al campo del liderazgo y los procesos de cambio, en particular los de la propia persona. No he pretendido ser exhaustivo, ni parecer erudito. He procurado presentar consideraciones y, en diferentes oportunidades, propuestas enfocadas a enriquecer un tipo de comportamiento o despertar el interés sobre temas como la influencia, la motivación, la sabiduría, los proyectos, la palabra, los ritos, la escucha, la táctica y la estrategia.

En varios apartados procuro comprender de una manera menos simplista o mecánica aspectos del comportamiento organizacional, de las relaciones laborales, o de aquellas responsabilidades de quien guía, o tiene bajo su dirección a otras personas. A veces se llega a un cargo o se ocupa un puesto de autoridad sin reparar en la preparación exigida ni en las delicadas consecuencias de tal investidura; esto no solo toca al mundo empresarial o institucional, sino a entidades como la familia, la escuela o asociaciones diversas. Por eso es fundamental tener cierta vigilancia sobre el trato, los discursos utilizados, los valores en juego o la idea de persona que imanta el derrotero de dichas actuaciones.

Cabe decir que buena parte de lo aquí dicho tiene el tono del consejo o la cavilación, procurando siempre advertir de una falencia moral o señalando una vía de trabajo sobre el carácter, la voluntad o las pasiones humanas. Así que, más que lecturas para satisfacer la curiosidad académica, son llamadas de atención, motivos para la meditación o puntos de reflexión sobre el descubrimiento de sí y los vínculos sociales. A eso invito, entonces: a permitirnos el tiempo para mirar nuestras propias actuaciones frente al poder, la dirección de grupos, el enfrentamiento a lo nuevo, el desarrollo de la voluntad y la toma de decisiones. Esto parece muy urgente hoy cuando abunda la irresponsabilidad, la corrupción, la mentira o el desprecio por los demás, y es necesario tener algunas luces para resolver los dilemas morales o prácticos de la existencia cotidiana.

La obra en conjunto subraya o invita a no perder de vista la ruta del proyecto personal; esto sigue siendo un buen indicador del sentido que vamos dando a nuestra experiencia y de qué manera convertimos nuestros errores o los retos más difíciles en acicate para seguir tallando la estatua interior, al decir del biólogo francés François Jacob. Esa es mi aspiración, y confío en que así será entendida por los caminantes lectores de estas páginas.

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