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Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Publicaciones de la categoría: Ensayos

Características notorias de los textos académicos

16 viernes Feb 2024

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in APRENDER A ESCRIBIR, Ensayos, LECTURA

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Ilustración de Aad Goudappel.

Son variados los textos académicos que en los espacios educativos solicitan los maestros a sus estudiantes. Los hay cortos o de larga extensión, con medianos o altos requisitos formales, pero siempre asociados a ejercicios de escritura sobre la comprensión de un texto disciplinar, o usados como práctica de lectura frecuente y cotidiana en diferentes áreas del conocimiento para aprender los pormenores de un campo del saber. De igual modo, son prueba de suficiencia y comprobación del dominio en un área, evidencias de las etapas de un proceso investigativo, o requisitos de grado para acceder a un título universitario. En definitiva: los textos académicos forman parte de la dinámica habitual de la enseñanza y el aprendizaje.

No obstante, a veces los aprendices tienden a no diferenciar este tipo de textos de otros que circulan en la vida social o se olvidan de sus particularidades. Tal inadvertencia lleva a que se los enfrente de cualquier manera, sin las herramientas cognitivas y materiales requeridos, y, además, se pierda o minimice la importancia que tienen para un proceso formativo. Así que vale la pena delinear un grupo de características de los textos académicos con el fin de que, antes de entrar en relación con ellos, se comprenda bien su pertinencia, uso y modo de leerlos o escribirlos.

  1. Presentan información compleja o, por lo menos, diferente al discurso del habla común. Son textos que incluyen diversas capas de información, que involucran una manera de argumentar muy diferente a la que apreciamos en una página de periódico, en el papeleo administrativo o en las transacciones comerciales. Su complejidad entraña cierto nivel de dificultad comprensiva.
  2. Exigen una atención mayor para entenderlos que la usada para los textos de circulación cotidiana. Los textos académicos, por su misma complejidad, necesitan para su lectura concentración, interés manifiesto y una intencionada vigilancia a los pormenores de su contenido. Sin la atención debida, el lector fácilmente cae en la indiferencia o la incomprensión.
  3. Tienen unas marcas especiales en su tipografía, a veces usan subtítulos y muestran una jerarquía en el diseño de la información. Estos textos presentan en su aspecto formal distinciones en el tamaño y estilo de letra, usan subtítulos u otras marcas para dividir la información, con el propósito de darle una estructura organizada al contenido y hacerla más comprensible al lector.
  4. Suponen para su comprensión disponer a la mano de otras fuentes de referencia. Por su misma complejidad, porque incluyen un lenguaje depurado o relacionan autores especializados en un campo, los textos académicos invitan a que el lector tenga a la mano otras fuentes de consulta para aclararlos o ahondar en su mensaje. Los diccionarios especializados son imprescindibles.
  5. Ofrecen conocimientos o informaciones no tan comunes o en gran parte desconocidas. Los textos académicos exploran en conocimientos diferentes a los que circulan en la vida cotidiana de las personas o, por lo menos, muestran otros aspectos de asuntos o problemas habituales. Parte de su riqueza es que nos ponen en contacto con temas, preguntas o cuestiones a las que muy difícilmente accederíamos o investigaríamos por nuestra cuenta.
  6. Tienen una estructura particular y un modo de presentar u organizar el discurso. La organización formal de estos textos se estructura a partir de determinados formatos o responden a las características de una tipología textual específica. Conocer y acatar ciertos modelos o patrones de construcción y presentación hace parte de su identidad académica.
  7. Incluyen muchas veces un buen número de citas y notas a pie de página. En estos textos lo común es que aparezcan abundantes referencias a otros autores o que se agregue información adicional de lo que se esté tratando. Tal manera de presentar la información no solo apunta a mostrar un respaldo de autoridad dentro de una disciplina, sino a señalar responsablemente que hay una tradición acumulada en cualquier campo del saber.
  8. Se centran en el desarrollo de un tema o en la suma de argumentos para soportar una tesis. Por lo general, los textos académicos buscan explicar un tema de la manera más clara, ordenada y precisa o se enfocan en presentar una tesis avalada con argumentos fundamentados y consistentes. Su propósito vertebral es adentrarnos en una materia u ofrecernos elementos para analizar un asunto que, al mismo tiempo, ofrezcan razones de peso para saber argumentarlo.
  9. Exigen la relectura de sus apartados para entender cómo se relacionan las partes con el conjunto. Por presentar información compleja y mantener una exposición o argumentación durante una extensión considerable, los textos académicos demandan la práctica de la relectura. Estos textos nos imponen avanzar y retroceder constantemente para saber articular los fragmentos con la totalidad. Descubrir el andamiaje de su estructura es esencial para alcanzar su comprensión.
  10. Obligan a que el pensamiento del lector haga constantemente análisis, inferencias, relaciones congruentes. Los textos académicos están confeccionados para que la mente del lector vaya más allá del sentido literal de los términos. Estos textos, además de informarnos, son más para examinarlos en profundidad, para cotejar sus afirmaciones y descubrir semejanzas y diferencias en su contenido. Los textos académicos convocan las principales operaciones lógicas del pensamiento.
  11. Requieren más tiempo para entenderlos que otro tipo de textos. Por exponer información compleja o desarrollar argumentaciones de largo aliento, los textos académicos no se captan completamente en una primera lectura, ni pueden abordarse de forma rápida o con un simple vistazo. La disponibilidad de tiempo nos indica que los textos académicos son para estudiarse. Es decir, que es necesario aplicar la inteligencia, memorizar un contenido, esforzar el entendimiento.
  12. Suponen el empleo de habilidades como el subrayado, la toma de apuntes, el resumen, los esquemas y otros recursos de discriminación de información. Por sus particularidades y su estructura densa los textos académicos presuponen el uso de técnicas de aprendizaje o el manejo de herramientas asociadas al trabajo intelectual. El conocimiento de estas técnicas es una labor previa o paralela durante su lectura.
  13. Poseen la función implícita de provocar la producción oral o escrita de quien los lee. Los textos académicos son un referente privilegiado para ejercitar la conversación, el debate, el intercambio de opiniones o de juicios. Los textos académicos hacen las veces de punto de encuentro para retomar y hacer avanzar el flujo de las ideas, para asimilar y producir conocimiento, para desarrollar la creatividad y el pensamiento crítico.
  14. Son usados en ambientes educativos para el aprendizaje de una disciplina o una profesión. Además de mostrar información nueva o satisfacer la curiosidad, los textos académicos tiene una intencionalidad didáctica; es decir, son confeccionados o adecuados para cumplir una mediación formativa, concebida y planeada con unos objetivos determinados y el logro de unas capacidades específicas.
  15. Están interrelacionados con otros textos y hacen parte del capital cultural de una sociedad. Los textos académicos se relacionan con otros semejantes, tienen vínculos interdisciplinares y forman parte de un acervo valioso de conocimientos; en este sentido, sirven de artefactos culturales para transferir información preciada y útil a las nuevas generaciones.
  16. Presentan marcas de autoridad que los hacen confiables o dignos de credibilidad. Una buena parte de los textos académicos rubrican o destacan el aporte de personas dedicadas a reflexionar un oficio o profesión, o enaltecen los resultados de quienes se dedican a la investigación. En este sentido, privilegian la confiabilidad en los contenidos al igual que la sustentación en las ideas al escribirlos.
  17. Poseen una identidad bibliográfica precisa con el fin de ubicarlos, datarlos y referenciarlos. Los textos académicos son celosos del modo como se conserva su procedencia y, al mismo tiempo, de su ubicación en determinados espacios de acopio de información. Los textos académicos se comportan como genuinos documentos y, en esa medida, obligan a cumplir estándares de almacenamiento, acceso y circulación.
  18. Necesitan de una alfabetización y acompañamiento continuado para entender sus particularidades y el modo de abordarlos. Debido a su complejidad o por la especialización de la que tratan, los textos académicos presuponen una inducción o acompañamiento que ofrezca las claves para desentrañarlos y los métodos más adecuados para interactuar con ellos. En este aprestamiento está la garantía de su eficacia como útiles de aprendizaje y el secreto de su cabal apropiación.
  19. Obedecen normas de presentación específicas, y usan una redacción cuidadosamente elaborada. Los textos académicos no se conciben de forma espontánea ni se redactan de cualquier manera; buena parte de la dificultad para producirlos reside, precisamente, en atender normas y lineamientos acordados por comunidades académicas o científicas. Quien escribe un texto académico debe usar un lenguaje tamizado, vigilar las reglas mínimas de la gramática y aspirar a un alto grado de comunicabilidad.
  20. Muestran un estilo de pensamiento riguroso y una argumentación clara y consistente. Por basarse en el análisis y la reflexión continuas, los textos académicos se destacan por el razonamiento deductivo o inductivo y por la exigencia intelectual de mantener a lo largo de su discurso la cohesión y la coherencia entre las ideas. Los textos académicos privilegian la explicación razonada, revestida de abstracciones, que la opinión ligera o la expresión emotiva.

Con estos elementos ya podemos lanzar un cuarteto de conclusiones: la primera, que los textos académicos merecen un lugar importante en los currículos de las instituciones educativas, al igual que una reflexión entre colegas para acordar cuáles son los más pertinentes o los más necesarios para alcanzar un perfil de egreso. Una segunda conclusión es ésta: los textos académicos exigen el desarrollo previo de habilidades lógicas de pensamiento que, si no se conocen y ejercitan en los primeros años de escuela, y se refuerzan en la educación media, difícilmente lograrán madurar en la educación superior. La tercera consecuencia de las características presentadas es que saber escogerlos, dosificarlos, diseñar guías, protocolos u otros recursos de acompañamiento, son funciones de los buenos maestros si, en verdad, les importa que sus estudiantes tengan una relación motivada por el deseo de saber y aprendan cómo sacarle el mejor provecho a este tipo de textos. Y una conclusión final: ser un usuario competente y productor de textos académicos es uno de los indicadores de calidad de un profesional preparado, reflexivo y crítico, como también es un atributo de visibilidad de quienes se dedican a investigar y buscan mediante esta modalidad de textos compartir sus hallazgos y someterlos al escrutinio de sus pares. 

La doble búsqueda del poeta

20 sábado Ene 2024

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Ensayos

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Ilustración de Christian Schloe.

No es el yo fundamental
eso que busca el poeta,
sino el tú esencial.
Antonio Machado

 

La búsqueda del poeta que, en una primera instancia, parece ser ir al fondo de sí mismo para expresar los más profundos sentimientos o las más recónditas pasiones, tiene una intención más importante: la de hallar en un “otro” la esencia de los seres o de las cosas. Más que un canto ególatra o con rumores de ensimismamiento, el poeta usa sus palabras para develar la esencia del mundo o los seres con quienes habita.

Bien podría empezar esa labor con una pesquisa sobre su propio ser. Observar con mucha atención, como es lo propio de los artistas, la geografía de su alma. Indagar en quién es en verdad y cuál es la esencia que lo constituye; adentrarse en los vericuetos de su sensibilidad o en las no menos laberínticas selvas de sus pensamientos. Ir en busca de lo fundamental de su constitución como ser humano. Esa puede ser la primera escala en su oficio de poeta. Como puede suponerse, ello demanda una tarea de filtrado, de tamizaje hondo de todo aquello que parece ser el fundamento de sí mismo; y una lucha denodada con las apariencias, el autoengaño y la falsa conciencia. El poeta escudriña al ser desnudo, al auténtico yo que anda refundido entre espejismos y vanaglorias postizas. Alcanzar tales esencias es, pues, el cometido preliminar de su quehacer alquímico con las palabras.

Pero su objetivo no concluye ahí. Necesita dar un paso más adelante, cumplir con otra etapa. Ahora requiere adentrarse no en sí mismo, sino en los territorios del Otro, en la alteridad que se le ofrece como horizonte inexplorado. Develar la frontera del tú, conocer sus pormenores y consistencias, abrirse a lo totalmente diferente es lo que en realidad persigue el poeta. Ese tú lo obliga a afinar los sentidos y la percepción en un radio de acción mayor que el empleado para el propósito inicial. El tú es escucha activa y paciente, es fineza en la relación con las personas y el mundo, con la vida y el universo. El tú es concentración suprema para auscultar los mensajes cifrados en que hablan las hojas, es tacto preciso para sentir cómo dialogan los corazones y es afinamiento de la capacidad de silencio para lograr detectar las emisiones levísimas del tiempo. El poeta ansía, desde esa actitud de criatura asombrada y maravillada ante lo extraño, hallar la esencia de la otredad, la médula de lo que lo circunda, el centro vivo de lo que lo trasciende. Entonces, usando otra vez las redes de sus palabras, intentará atrapar lo que por ser tan leve y fugaz parece huir de cualquier signo. Aun así, persistirá en esa conquista de las esencias de ese mundo ajeno, de esa otredad maravillosa que, aunque presente, deja una estela de forma evanescida.

Y por eso el poeta necesita de la música, del ritmo. Porque para acceder o atrapar ese tú esencial, esa otredad perfecta, tiene que acompañar las palabras de sonidos. Dotarlas de un imán o una cadencia que atraiga aquellos seres extranjeros. Sus versos son, en verdad, un cifrado encantamiento, una fórmula armoniosa para detener al otro, a ese tú volátil; sus versos son un espejo armonioso para que logre mirarse lo distante y, así, extasiado, poder capturar la fisonomía de su apariencia. Los versos armoniosos del poeta son el recurso empleado para detener la otredad desvanecida. Porque el tú esencial, el otro en su extrañeza, siempre es opaco, sinuoso, mudable, misterioso. De ahí la necesidad de conjurarlo con ritmos asonantes y consonantes, con rimas y juegos de palabras. El tú sólo se devela frente a la magia del sonido; la otredad suprema únicamente se hace visible con los acordes finamente producidos al poner juntas determinadas palabras.

Según lo dicho, ir de los fundamentos a las esencias, de los cimientos del yo a las entrañas del tú: ese es el itinerario del poeta. Conocer la raíz del propio ser, sí; pero, también, bajar hasta el fondo, a la sustancia de sus semejantes. Al poeta no le basta descubrir el centro de su intimidad, ansía de igual manera atrapar la entraña del prójimo. En ese recorrido aprenderá a engañarse menos consigo mismo y, lo más importante, a estar dispuesto para el encuentro con el diferente. El poeta nos enseña con sus versos cómo aproximarnos a las fronteras de lo desconocido, al territorio inédito del encuentro con las personas y el mundo humanizado. Los versos del poeta, su lectura, nos ponen en contacto con zonas personales que nos eran desconocidas y, al mismo tiempo, con seres distantes que poco o nada lograban interpelarnos.

Sentido e importancia de la Sistematización de experiencias

12 martes Dic 2023

Posted by Fernando Vásquez in Ensayos

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Ilustración de Joey Guidone.

Cuando observamos con detalle algunas actividades laborales que realizamos, o al repasar cierto proyecto llevado a cabo durante varios años, o en las ocasiones que analizamos el saber acumulado proveniente de un oficio, caemos en la cuenta de que, por no tener el tiempo o la disposición para registrar estos eventos, dicho caudal de experiencia se va menoscabando y muere en el olvido sin que haya sido transmitido a otros. Para evitar esa pérdida de conocimiento proveniente de la práctica y recuperarla desde sus mismos protagonistas es que se ha recurrido al instrumento o el método de la sistematización de experiencias. Reflexionemos en los párrafos siguientes el sentido e importancia de esta manera de reconstruir el conocimiento situado.

La sistematización de experiencias es un modo de elaborar saber desde lo particular, lo local, desde “lugares periféricos”, no siempre reconocidos o validados por discursos hegemónicos. En esta perspectiva, su apuesta es más por la emergencia de “subjetividades ocultas”, de dar relieve a actividades u oficios aparentemente secundarios y la visibilización de haceres que, por sus mismas particularidades repetitivas, parecen no comportar mayores innovaciones. Todo ello realizado desde la óptica de sus protagonistas, sin mediaciones de “expertos” o sin cumplir estándares de normas determinados por autoridades académicas foráneas.

De igual manera, la sistematización de experiencias es una forma de identificar y reconocer aprendizajes originados desde la experiencia. En este caso, aunque no se desconozcan referencias inspiradoras de saberes eruditos, se privilegia el conocimiento que nace cotidianamente de la acción, del quehacer, de enfrentar día a día una ocupación. Cuando así se procede es porque se dota a la experiencia de un estatuto epistemológico propio en el que cuentan el tiempo de dedicación a una tarea, el dominio de útiles y herramientas, la previsión y los planes de contingencia para resolver problemas, la inteligencia práctica y una franca adhesión a las lecciones derivadas del método natural del ensayo y error. Por eso, en la sistematización de experiencias es vital recuperar las voces de los implicados debido a que, poco a poco, son ellos los que dan forma a la tradición de una práctica, los que elaboran a partir de su experiencia un repertorio de consejos que por lo regular son transmitidos de manera oral y, en gran medida, hacen parte del modo como se hereda a otros eso que llamamos sabiduría.

Precisamente por lo anterior, la sistematización de experiencias es un recurso de formación estratégico para intercambiar y replicar saberes validados desde la práctica. El saber aplicado requiere otras condiciones diferentes al aula convencional o la mediación de instituciones formales de educación. Por tratarse de un saber validado desde la experiencia, por privilegiar las voces de los directamente implicados, por necesitar de evidencias que comprueben los modos como se produce determinada actividad, la sistematización de experiencias es un medio potente para inducir a novatos en el aprendizaje de un oficio. Cuando alguien accede a dicha información lo que descubre no son las teorías abstractas o los requerimientos de una profesión o un quehacer, sino el testimonio directo de quien se ha enfrentado a tal conjunto de actividades. Se trata de un saber encarnado y ubicado en un espacio y tiempo determinados. Allí, en esa descripción pormenorizada, en los consejos o advertencias para llevar a cabo una tarea, en las sugerencias dadas cuando se tenga una eventualidad semejante, la sistematización de experiencias se convierte en una especie de “tutoría” o acompañamiento basado en el colegaje, en la ayuda mutua y en la hermandad pregonada por los artesanos.

Por supuesto, ese esfuerzo de reconstrucción de lo vivido es un ejercicio de rememoración y registro, pero desde algunos criterios analíticos. Esto es lo que le da consistencia a tal proceder de la memoria y evita la divagación o la falta de foco al relatar alguna actividad o acontecimiento. Los criterios pueden ser variables, aunque, de manera general, se centran en la identificación, reconstrucción, análisis y proyección de la experiencia. De allí que, en el relato de la experiencia, se incluyan aspectos como los motivos que la originaron, los actores participantes, el contexto donde se desarrolló y una descripción pormenorizada de la misma. Será importante también mencionar los logros más destacados, las dificultades más notorias, los aprendizajes significativos y las proyecciones o recomendaciones prácticas derivadas de dicha experiencia.

Como se ve, el calificativo de “sistematizar” la experiencia rubrica varias tareas previas o paralelas: habrá que preparar un archivo de documentos o materiales relacionados con aquello que nos convoca; tendremos que entrevistar o buscar testimonios que ayuden a corroborar o apreciar mejor una línea de tiempo, una serie de hechos, unas vicisitudes relevantes; será fundamental al momento de redactar la experiencia saber discriminar detalles o circunstancias, objetos o productos, contextos o condiciones específicas. La sistematización subraya una organización de datos, personas, eventos, sentimientos que se agolpan desordenados cuando los convocamos por nuestra memoria. Es una remembranza acompañada de la reflexión permanente, del análisis de la acción y de una enorme capacidad de autocrítica para poder resaltar los aciertos, pero de igual forma señalar los errores o los inconvenientes. Por lo demás, se tendrá que cuidar la forma de escribir esa experiencia para que sea comunicable o legible, y así lograr que su relato contenga la información necesaria y suficiente. No debe olvidarse que la sistematización de experiencias pretende, como objetivo último, poder ser replicada por otras personas.

Vale recalcar al cierre de estas reflexiones que animarse a realizar una sistematización de experiencias implica enfrentarse a la mediación de la escritura. El encuentro con este medio expresivo es, para muchos, uno de los mayores retos, especialmente porque poco se escribe y falta apropiar esta “tecnología de la mente”. Será necesario, por lo mismo, prepararse para realizar varios borradores, elegir las palabras más idóneas de aquello que deseamos compartir, hallar cómo encadenar las ideas y, mediante una destilación progresiva del documento, alcanzar un texto cohesionado y coherente. No obstante, una vez se logre poner en sintonía nuestras ideas con las palabras y las palabras con un futuro lector, seguramente se tendrá una sistematización de experiencias que sirva, en principio, para dignificar lo que hacemos, al tiempo que se convierta en un aporte a la construcción colectiva de los saberes y a esa necesaria microhistoria de los oficios y las profesiones.

Escribir para reconocernos

28 martes Nov 2023

Posted by Fernando Vásquez in APRENDER A ESCRIBIR, Ensayos

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«Autorretrato» de Johannes Gumpp.

La escritura, además de sus funciones utilitarias y comunicativas, puede ser un medio idóneo para reconocernos.

Pero, antes de desarrollar esta tesis, considero importante recordar algo sobre el sentido del reconocimiento. En la tragedia clásica, la anagnórisis o agnición era el momento en que, por determinadas circunstancias (una cicatriz, por ejemplo), se lograba el descubrimiento de un desaparecido o la identidad de alguien oculto. Sirva de ilustración la escena de Euriclea, la anciana ama de llaves, cuando lava los pies a Odiseo y lo reconoce, precisamente, por la herida que le había dejado el jabalí en su muslo. Ese mínimo detalle conduce a revelarle a la anciana que no está frente a un mendigo, sino ante su antiguo amo. El reconocimiento, como se infiere del ejemplo, permite revelar una identidad, sacar a flote la persona auténtica.

Entonces, ¿por qué considero que la escritura es una aliada o un recurso excepcional para reconocernos?

En principio, porque cuando realizamos un registro escrito sobre un hecho, una vicisitud o peripecia personal, al hacerlo empezamos a entender su peso, su valía, o su grado de resonancia en nuestra existencia.  Es como si tuviéramos un espejo de palabras para, a través de esos signos, mirarnos cara a cara. Ya se trate de una situación de dolor o de alegría, un evento positivo o un problema abrumador, la escritura de tal suceso nos revela, nos ayuda a entender “aquello que nos pasa” y, en esa misma medida, contribuye a que veamos cómo encajan esas piezas discontinuas dentro de la figura de nuestro ser. No digo, por supuesto, que ese reconocimiento siempre tenga un resultado feliz; de igual modo puede llevar a ensimismamientos retadores o dolorosos, a descubrir falencias recurrentes, o a detectar actuaciones que al verlas puestas en el papel muestran filiaciones con “marcas” de crianza o improntas escondidas de un temperamento.

Además de esto, la escritura nos ayuda a recuperar hechos de nuestra vida para volverlos genuinos acontecimientos. Nuestra infancia, nuestro periplo afectivo, nuestras pérdidas y alegrías, los grandes triunfos, las penosas derrotas… todo eso por lo que pasamos, esas peripecias existenciales, se tornan memorables cuando pasan por el cedazo de la escritura. Tales relatos son, en verdad, trabajos de “recuperación del tiempo perdido”, formas textuales para atrapar lo que de suyo es evanescente, documentos de reconocimiento para restablecer filiaciones espirituales con nuestro pasado.

Y esta misma función reveladora de la escritura podemos aplicarla a otros campos. Supongamos que somos educadores con muchos años de oficio, pero durante ese tiempo no hemos escrito nada sobre lo que hacemos. A lo mejor hemos llenado formatos o diligenciado encuestas de desempeño, pero poco acudimos a la escritura para reconocernos. Trabajamos, devengamos un salario, buscamos formar a otras personas, nos ocupamos en las tareas cotidianas de la escuela, sin haber nunca dejado un registro escrito de nuestro quehacer. Cosa distinta sucedería si, con cierta constancia, describiéramos determinadas actividades de aula, lleváramos un diario de clase, o realizáramos la crónica de algún proyecto de nuestro curso. En tal caso, al leer y releer lo que hemos escrito, podríamos “caer en la cuenta” de lo que hacemos para, desde ese reconocimiento, lograr explicar y comprender mejor el mundo de nuestras actividades. Además de obtener un beneficio adicional: el de ver en esos registros escritos las claves para mejorar o transformar nuestro quehacer.

En esta perspectiva, la escritura es un medio para reflexionar la práctica. Y con esa “evidencia de signos” es posible descubrir las coordenadas de nuestro saber docente, la singularidad como maestros, nuestro estilo de enseñanza.

De otra parte, la escritura también nos posibilita reconocer el modo como pensamos o la configuración de nuestro pensamiento. Cuando escribimos descubrimos las entretelas de nuestra cognición, aparece ante nuestros ojos una especie de radiografía de la armazón de nuestro pensar. De allí porqué algunos investigadores de la escritura, como Walter Ong, hayan sugerido que escribir sea un modo de aprender a pensar mejor, a ser coherentes, a tener un pensamiento organizado, a cualificar nuestra argumentación y hallar las conexiones lógicas entre diferentes proposiciones.

Este punto lo considero fundamental para reiterar un asunto en el que he venido insistiendo hace ya muchos años: la escritura permite el reconocimiento de que podemos pensar por cuenta propia, que tenemos la mayoría de edad intelectual para entrar a participar de ese diálogo escritural que moviliza la cultura. Entonces, la escritura posibilita reconocernos como trabajadores del mundo de las ideas. Gracias a ella descubrimos que no solo somos rutinarios trabajadores de la sobrevivencia, sino también seres razonantes y cuestionadores, seres críticos capaces de romper las propias limitaciones de las creencias heredadas y proponer visiones de otros mundos posibles.

Hagamos un alto y repasemos lo que hasta aquí hemos expuesto: al escribir tomamos distancia de nosotros mismos, de lo que hacemos y de lo que pensamos. El escribir es un proceso alquímico mediante el cual ponemos afuera nuestro pensamiento, lo objetivamos y, de esta manera, logramos analizarlo con detenimiento. El filtro de la escritura nos dota de una personalidad diferente a la que aparece en los datos de identidad de nuestra cédula. La escritura nos permite transformar la suerte no elegida de nuestra herencia biológica en una genuina reconstrucción de quiénes somos. Más que un dato, al escribir nos erigimos como historia; más allá de una fecha de nacimiento y otra de muerte, nos transmutamos en un relato apasionante y único de cómo una conciencia da sentido y explicación a su vida. Al escribir dejamos de ser ajenos a nuestra existencia; nos hacemos dueños de nuestro propio destino.

Hastío de la politiquería

20 lunes Nov 2023

Posted by Fernando Vásquez in Ensayos

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Ilustración de Ángel Boligán.

Se los oye dando declaraciones en los medios de comunicación sobre sus llamativas propuestas de gobierno si llegan a ganar las elecciones y uno no sabe si hablan de esa manera porque consideran a la audiencia tonta o cabalmente crédulos, pues lo que prometen ni es factible, ni está avalado por determinado estudio, una investigación de largo aliento o al menos soportado en alguna documentación. Su discurso está lleno de generalizaciones, de lugares comunes: “acabaré de tajo con la corrupción”, “impondré la seguridad desde mi primer día de gobierno”, “solucionaré ahora sí el problema de la movilización en la ciudad”, “no habrá nuevos impuestos”. Son frases dichas a la topa tolondra, sin ningún respaldo, sin el conocimiento mínimo de lo que implica el largo proceso administrativo de una decisión gubernamental. Son consignas repetitivas, puestas en boca de los aspirantes a gobernar, pero que han sido dichas por los mismos que ahora ocupan los puestos que estos candidatos, “adalides de la democracia”, pretenden alcanzar.

Pero, además de esta vacuidad en el discurso, de esas frases tan rimbombantes como raquíticas de contenido, lo que reiteran estos demagogos marrulleros en las entrevistas, en la prensa y lo multiplican en las redes sociales, son frases llenas de epítetos agresivos contra sus contrincantes de turno. Cada uno acusa a sus opositores de los vicios o los defectos que él dice no tener o exhibe virtudes o comportamientos irreprochables. Por supuesto, tampoco de esto hay respaldo alguno, ni aun cuando de manera flagrante se demuestran delitos como el cohecho o el tráfico de influencias. Bien se sabe, que el discurso del odio contribuye a menguar la vergüenza propia o disipar el reconocimiento de la falta. Son los otros los deshonestos, es el contrincante el que posee todos los males que causan el deterioro de un país. Aquí, una vez más, el discurso de estos tunantes de cuatrienio apela a la desmemoria de la masa, absolutiza el presente y, desde ese tiempo, anuncia las panaceas, el elíxir de la solución definitiva: “conmigo empieza el futuro”, “mi propuesta sí dará solución a las iniquidades y la pobreza”, “yo les devolveré la seguridad a todos los ciudadanos”. Lo común en sus campañas, y que es capitalizado por los medios de información ansiosos por aumentar las audiencias, no es hablar de las debilidades de las propuestas de los contrincantes, sino centrarse en la persona del opositor. De allí que los crédulos electores terminen votando en “contra de alguien” y no eligiendo un programa, una agenda de partido, una razonable propuesta de gobierno.

Pienso que esto último se debe, entre otras razones, a la improvisación o falta de consistencia ideológica y programática de las organizaciones políticas. Es común crear de sopetón un partido para inscribir una candidatura sin ni siquiera haber debatido los principios que lo guían, los fundamentos de su propuesta, su agenda de gobierno. Son partidos de afán, hechos a la medida de las circunstancias y acomodados a la astucia del pícaro redomado y sus secuaces o la “coyuntura política del momento”. Por eso también hay mutantes, trásfugas, militantes tipo “canguro” que saltan de un movimiento a otro, ejemplo de su debilidad ideológica y mostrando un oportunismo mayúsculo. Y ni qué decir de los presuntos directores de los partidos llamados tradicionales, quienes –a la manera de patriarcas religiosos– dan su bendición o excomulgan a los que no acatan sus designios. Mirando en detalle los comicios nacionales es fácil detectar por qué la gente viene descreyendo de los partidos, por qué ya no los representan, y por qué se han ido convirtiendo en “maquinarias” para lograr un único cometido: hacer que alguien ocupe un puesto de gobierno para favorecer los intereses particulares.     

De otra parte, aunque con el mismo fin, los medios de información, especialmente la radio, asumen el papel de propagandistas de tales ladinos camaleónicos. Gran parte de los programas matutinos de noticias se ocupan en llamar a dichos candidatos para preguntarles qué piensan de lo que afirmó otro oponente y, con esa declaración, convertirla en “comodín” para despertar aversiones y repetir el mismo mensaje a lo largo del día, rubricado por los noticieros televisivos que, a su vez, vendiendo la idea de que la “gente debe estar bien informada”, diseñan “debates” para favorecer tendenciosamente a unos o, convirtiéndose en jueces, acorralar con preguntas a otros. Lo cierto es que el cubrimiento informativo de la politiquería trae un doble beneficio: para los demagogos, porque convierten la amplificación de los medios en una semilla para propiciar el rumor, la mentira o la calumnia sobre sus opositores, y para los medios, que conocen de sobra los beneficios de aumentar su audiencia alimentando el fuego de la polémica, la mutua ofensa o la pelea que, como ellos mismos afirman, está para “alquilar balcón”.

Pasadas las elecciones del momento, estos remedos de líderes se los verá asumir, si han ganado, el tono triunfalista y desafiante sobre los vencidos; o, en el caso de que hayan perdido, alegar los fraudes o la falta de “condiciones” para haber logrado su cometido. Hibernarán por un tiempo y, cuando tomen posesión de su cargo, construirán un discurso de descrédito sobre sus antecesores, hallarán más de una razón para disculpar su ineficiencia o, lo que resulta más deprimente, alegarán que necesitan “otro período” para alcanzar sus metas más ambiciosas. Y lo que en sus campañas era tildado de repudiable, ahora se convertirá en motivo de justificación; los principios éticos, defendidos como bandera en el pasado, serán en el presente menos inquebrantables; las promesas hechas en campaña por su partido pasarán a ser negociadas con otros que, enquistados por décadas en las ramas legislativas del Estado, conocen cómo sacar provecho del erario del país. Instalados en el poder estos dirigentes calculadores sabrán disponer las fichas en el gobierno para su propio beneficio, favorecerán a sus financiadores, e irán dejando en el olvido las grandes consignas, el mundo utópico proclamado en las campañas, las ingentes reformas que parecían fáciles de conquistar.

Lejos, muy lejos, están dichos personajes de ser o alcanzar la talla de estadistas responsables, de gestores de sociedades más equitativas e incluyentes, de hombres íntegros al servicio de lo público. Lo suyo es un simulacro de tales atributos; una pantomima del ejercicio responsable de la política, una “ladina ocupación de masas” que cada día se ve más catapultada por la propaganda de los medios masivos de información, el uso de la desinformación de las redes sociales y el respaldo de la abundancia de dinero ya sea de procedencia lícita o ilícita.

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Mensaje Importante

«El hombre se vierte en el ritmo, cifra de su temporalidad; el ritmo a su vez, se declara en la imagen; y la imagen vuelve al hombre apenas unos labios repiten el poema…»

 

Celebrando la Vida

 

Su Señora Madre Maria Catalina Rodríguez de Vásquez, su esposa Margarita María Ríos González y demás familiares agradecen a sus amigos y allegados la asistencia a la misa de exequias realizada en la Parroquia Cristo Rey (Calle 98 # 18a-23) el día sábado 4 de julio de 2026.

 

 

Le invitamos a dejar su mensaje en la publicación «Legado», con el que haremos un homenaje a nuestro Maestros de maestros.

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