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Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Publicaciones de la categoría: Poemas

Regazo de la piedra

14 domingo Ene 2018

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Poemas

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Ruinas de Tikal

Ruinas de la ciudad maya de Tikal.

I

Eres un tiempo hecho de tiempos

un Cristo doloroso, adolorido.

Eres la tierra antigua

la de campesinos de colores vivos.

Eres humo, aromas, infinidad de inciensos.

En cada calle guardas una leyenda

en cada lago un misterio

en cada aldea un santo.

Nada huye de ti, nada se escapa

eres el gran regazo de la piedra

la genital permanencia de los nombres.

Todo en ti suena a procesiones de palabras

Chichicastenango, Chiquimula, Atitlán.

Todo en ti suena a ritmo de pirámide

Subes o caes a la par de la obsidiana

Eres el jade, el tejido, la acuciosa mano

No hay nada en ti que no sea un altar

una promesa

Todo en ti se guarda, todo en ti pervive.

Guatemala, no sabes nada del olvido.

 

II

Y tus campos, tus hombres, tus caminos

se elevan sobre la omnipotencia del volcán

de los volcanes.

Eres la resguardada por la lava

la íntima, la del rubor eterno

Tardas en dar tu miel, eres pudor

Y cuando extiendes tu abrazo, al abrirlo,

das el mejor manjar, das tus secretos.

Cómo sabes, cómo hueles, cómo gustas.

Picante, picante

Eres también la reunión de lo diverso

la conjunción, el resplandor, el choque

Tus pobres, tus mercaderes de calle

Tus niños que siempre cuidan cualquier cosa

Todos ellos se aúnan, se agolpan, se refunden.

Guatemala, en ti conviven

la riqueza del más pobre y la pobreza del más rico.

 

III

Eres muchos espacios, varias formas

arquitectura dispersa en una urbe loca

El indio te soñó, el militar te hizo

por eso tus palacios son verdes, con cañones

y tus iglesias doradas, sin ventanas

por eso tienes calles donde toros enormes

imponen su ley de bronce, su silencio.

Eres todos los tiempos y ninguno

Fijeza, presente ebrio

vértigo del instante memorioso

abismo del que todo se acuerda por momentos.

Guatemala, en ti las madres y los hijos se hacen uno

En ti la sangre es también la roca.

 

(De mi libro Ese vuelo de palabras, Kimpres, Bogotá, 2011, pp. 33-35).

 

Desde el más allá

20 domingo Ago 2017

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Poemas

≈ 18 comentarios

Custodio en la séptima

Cuando tu voz no frecuente esta casa

ni tus pasos se escuchen bajando la escalera,

cuando ya no se asomen tus llamados juguetones

por la pequeña ventana del cuarto de baño…

Cuando todo tu ser tan sólo sea una ausencia

más diáfana será tu risa, más frescas tus palabras.

Y seguirás ocupando el asiento norte del comedor

y mi madre te seguirá preparando tus platos predilectos.

Y todos reunidos seguiremos de cerca tus historias,

tus aventuras de boga en el sinuoso Magdalena,

tus penurias de niño, tus hazañas para conquistar un pan

y tus esfuerzos para ser hermano y padre al mismo tiempo…

Cuando tu presencia ya no esté con nosotros,

todas las mañanas vendré a preguntarte que cómo amaneciste

y a despedirme de ti, esperando tus frases cariñosas;

y por las tardes, cuando regrese del trabajo,

subiré a saludarte, a conversar contigo y acariciarte la cabeza.

Porque aunque ya no tengamos tus gestos y tus pasos,

tu voz y tus costumbres vueltas un nombre,

nosotros te seguiremos amando en la distancia.

Queriendo no tu recuerdo sino la vida que nos diste,

tu trabajo, tu afán, tu devoción por mantener una familia.

Esta casa y todo nuestro pecho están llenos de tus obras.

Por eso, cuando vivas en ese más allá, cuando te retires

definitivamente de esta tierra tan querida por tus manos,

me verás acá todas las noches, labrando este cultivo de palabras,

limpiando tu recuerdo de la inmensa maraña del olvido.

 

Y otro tanto hará mi madre cada día, y cada noche,

porque ella te seguirá acompañando en tus horas de insomnio.

Y Margarita, o María como tú la bautizaste,

estará con nosotros, alimentando la lumbre de tu vida.

Puedes estar tranquilo, viejo mío, en cualquiera de mis actos,

cuando esté frente a una clase, o dictando alguna charla,

siempre tendré unos minutos para invocar tu nombre,

para levantar mis brazos hacia el cielo y lanzarte un grito bien alegre

que te despierte en medio de todas las estrellas.

Y con tu único ojo y tus alas de ángel,

porque entonces sí serás un Custodio,

me verás aquí hablando de tus cosas, de tu sabiduría cotidiana,

y sentiré tus alas como abrazos

toda la fuerza de tu sangre campesina,

y ya no tendrás tristeza de tu ida, ni sentirás nostalgia de tu hijo,

porque podrás cantar por todos los rincones de la infinita noche

que abajo de las nubes, bien abajo,

hay un niño que aún necesita tus favores…

Y yo sabré que mis triunfos, mis sueños más antiguos

serán porque tú me has ayudado,

porque has metido tus hombros celestiales,

y seremos felices los dos, todos nosotros,

al saber que sigues manteniendo tu hogar en la distancia.

 

II

Cuando ya no seas más que un punto en el universo, polvo de astros,

y tu presencia se haya diluido entre la noche eterna,

yo seguiré abriendo la ventana de tu cuarto

para recibir tu luz todas las mañanas…

Y entrarás por el segundo piso, y bajarás con tu linterna,

como un Diógenes en camiseta y con chancletas

a prender el calentador a las cinco de la mañana.

 

Cuando ya no te veamos,

cuando la muerte te haya vuelto a las estrellas,

lo sé, seguirás velando nuestro sueño,

apagando las luces,

ahorrando, siempre ahorrando.

Y por la noche, cuando yo esté en mi estudio de trabajo

volverás a pasar frente a mí, para mirar la calle,

y antes de retornar a tu alcoba de luceros

me dirás, como siempre, que ya es tarde, y es tiempo de acostarme;

y ya en la madrugada,

cumpliendo con tus rondas tardías de ángel de la guarda,

escucharás sonidos en mi dormitorio,

y vendrás a golpear la puerta, susurrando mi nombre,

para que apague el televisor y que por fin me duerma.

Sí, padre mío, cuando recorras esta tu casa entre las sombras

yo, desde este alambique de la hoja en blanco,

te veré saludarme con tu sombrero en una mano

y sentiré la ternura de tus brazos a través de mi escritura.

(De mi libro Ese vuelo de palabras, Kimpres, Bogotá, 2011, pp. 73-76)

Los versos del escriba

24 miércoles May 2017

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Poemas

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El escriba y sus instrumentos

El escriba y los instrumentos de su oficio. Museo del Louvre, Paris.

I

antes del Verbo fue el Olvido

el caos que los órdenes

los paraísos no se escriben

son los éxodos los que tienen escritura

 

II

es por el rebaño

por el miedo a la pérdida

como emergen las cifras:

piedras inscritas ‒calculus‒

nudos hechos ‒quipús‒

La herencia del contar es la escritura

 

III

primero fue la marca, la seña,

la impronta vuelta muesca

el grafo hecho uno con la roca…

primero estuvo el cuerpo

el gesto que precede a la palabra

 

IV

pintar es colorear los rastros

buscarles una forma,

dejando atrás la garra

o el zarpazo,

pintar es prepararle una piel a la palabra

 

V

el ojo imita al mundo, busca las cosas,

teje una copia elaborada por la mano

crea filigranas, hunde pliegues,

el ojo y la mano le dan una topografía a la palabra

 

VI

las cosas y los signos:

equivalencias

las repeticiones infinitas

las series

Las cosas y los signos:

balbuceo de la palabra

 

VII

el oído cierra los ojos del escriba  

los signos escuchan

quieren copiar un ritmo:

lo infinito tiene una medida

El oído condensa la palabra

 

VIII

la mano es lenta

el pensamiento vuela

abreviar es acercar el tiempo

‒no hay vocales‒

la mano es lenta: hay escrituras

 

IX

las rectas dicen lo sagrado

las curvas van de la mano del humilde

en la recta, la escritura separa

en la curva, la escritura reúne

 

X

el poder precedido del agua

crea un río,

la oreja sumada a un dragón

gesta un sordo:

en la escritura china habita la metáfora

 

XI

de derecha a izquierda

o de izquierda a derecha

‒o como los bueyes: ¡bustrófedon! ‒

hacia abajo o hacia arriba

caminos y veredas: un sendero

Escribir es trazar y transitar un recorrido

 

XII

ansiedad del afuera

ruptura con todas las placentas

apetito de mundo…

el alfabeto alumbra:

la escritura es nuestro segundo nacimiento

 

XIII

del dibujo a la idea

de la idea al sonido

del sonido al silencio

Escritura:

irrupción de lo negro

entre espacios en blanco

 

(De mi libro Ese vuelo de palabras (antología poética), 2011, Bogotá: Kimpres, pp. 153-156).

Invitación de Ícaro

16 sábado May 2015

Posted by fernandovasquezrodriguez in Poemas

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"Ícaro y Dédalo" del pintor Charles Paul Landon.

«Ícaro y Dédalo» del pintor Charles Paul Landon.

Mira ese cielo:
hermoso, infinito,
azul hasta las lágrimas
¿no sientes su llamado?
Y aquellas nubes blancas,
¿puedes verlas?
semejando ser gigantes almohadas
para abarcar la altura de tus sueños.
No temas,
toda esa infinitud te pertenece.
 
Huele los vientos,
respira, abre los brazos,
siente tus alas…
El insondable firmamento por ti espera.
¡Vamos!
Abandona tus miedos,
cierra los ojos
y escucha tu corazón gritar descalzo.
 
Ahora,
abre los ojos y tus alas,
observa ese verde entre los riscos,
mira qué tanta agua,
qué variedad de luces,
qué multitud de formas nuevas.
Allá, ¡fíjate!,
está naciendo otro color inexplorado.
 
Tranquila, no dudes,
la eternidad es un abismo
si la miramos desde nuestros temores;
pero si observas con atención,
al fondo,
si afinas la percepción y tus sentidos,
verás en medio de las rocas
la variedad de flores,
la riqueza de frutos…
un festival de vida como el canto de los pájaros.
 
Prepárate,
muéstrale al sol tus alas
y recoge de las alturas su mensaje.
Así, ¡perfecto!
Empínate un poco y ve al acantilado.
No hables por ahora
concéntrate en el vuelo,
vas a caminar con otros pasos.
 
No pienses en tu peso,
aminora el pasado,
tira todo ese lastre de temores.
¡Eso!
Desnúdate de corazas y ataduras
que te cubren,
deja limpia tu piel de antiguos atavíos.
Recuerda,
vas a nacer de nuevo…
 
Ven,
¡dame la mano!
y abandonémonos a la caricia de los aires.

 

(De mi libro Ese vuelo de palabras, Kimpres, Bogotá, 2011, pp. 161-163).

Flamear de tu cuerpo

26 miércoles Feb 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Poemas

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Pintura de Leonid Afrémov.

Pintura de Leonid Afrémov.

Hay un viento de danza en tu cintura
una ola armoniosa en el mar de tu vientre:
son caballos de aire los que galopan libres
con muslos sudorosos y jadeos de campanas.
 
Hay agua a borbotones entre tu sexo ardiente
y en tus alzados brazos una oración al cielo;
Hay en tus manos juntas una ofrenda de llamas
y tus gritos son himnos de una guerra de astros.
 
Hay una diosa ebria bailando en tu cabello
mujer furia del viento, mujer diosa del fuego;
Hay una diosa loca embistiendo mi cuerpo
toro de casta herido, toro de lidia ciego.
 

(De mi libro Ir hasta tu fondo, Kimpres, Bogotá, 2009, p. 25).

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