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Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Archivos anuales: 2014

Examinar el árbol a la par que el bosque

04 sábado Oct 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Ensayos

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Ilustración de Toni Demuro.

Ilustración de Toni Demuro.

 
«Hablando estrictamente, sólo la explicación es metódica.
La comprensión es más bien el momento no metódico que,
en las ciencias de la interpretación, se compone con el momento metódico
de la explicación. Ese momento precede, acompaña, clausura
y de este modo envuelve  la explicación. En compensación,
la explicación desarrolla  analíticamente la comprensión.
Este vínculo dialéctico entre explicar y comprender tiene
como consecuencia una relación muy compleja y paradójica
entre ciencias humanas y ciencias de la naturaleza.»
Paul Ricoeur

En ese juego dialéctico entre el explicar y el comprender, me gustaría, aunque sea de manera muy puntual, bordear o delinear algunos de los rasgos sobresalientes de tal encuentro.

Empecemos diciendo que el momento de la explicación es más interno, más formal, más metódico. La explicación aboga por la significación; cuentan mucho las diferencias; el signo es reconocido, descrito, relacionado. La explicación, de otra parte, necesita ir construyendo sus propias categorías –cuando no son la aplicación de modelos ya consolidados–; es como si fuera una etapa de distinciones y análisis progresivos. Aquí la parte, el detalle, el paso a paso, es sumamente importante. La explicación desestructura, descompone, desarma el reloj.

La comprensión, por el contrario, es un momento más externo, más histórico, más vital. La comprensión pretende ir en pos del sentido. Ahora los signos se enfrentan a sus múltiples contextos; la interrelación, los cruces, las correspondencias. La comprensión se sitúa, encarna en un tiempo y un espacio particulares. En este caso, lo relevante está en lo genérico, en lo englobante, en la totalidad. La comprensión reestructura, recompone, reconstruye el tiempo.

Y si la explicación mantiene una vocación abstracta, sincrónica; la comprensión está ahíta de concreción, de diacronía. En un estadio, el individuo, la persona de carne y hueso es como olvidada o no tenida en cuenta, precisamente por buscar unos “universales”, unas leyes, unas reglas totalizantes; en el segundo estadio, lo particular recobra toda su valía; los matices, las gamas, las tonalidades, afloran con todo vigor. En la explicación queremos conocer como científicos de la naturaleza; en la comprensión, indagamos como científicos del espíritu.

He hablado de momentos. No es que la explicación y la comprensión sean cosas absolutamente distintas. Diríamos más bien que son etapas o posibilidades de mirada. Es más: si uno no pasa por la explicación, difícilmente puede llegar a comprender; pero, en esa misma medida, si no logramos colocar la explicación en el suelo de la comprensión, tal semilla no dará ningún fruto. Paul Ricoeur ve en ese trueque, en esa simbiosis, en ese juego, el camino propicio para una interpretación de peso.

Digámoslo de una vez: la interpretación se funda en ese trabajo de péndulo entre la explicación y la comprensión. Y cuanto más profundizamos en la explicación, más elementos, más datos tenemos para ir configurando la comprensión. Y tal comprensión, enriquecida, nos permite tener mejores luces sobre la misma explicación. Heidegger hablaba del círculo hermenéutico; Wittgenstein mencionaba los juegos del lenguaje. Aunque con matices distintos, es lo mismo que postula Ricoeur: la interpretación se mueve entre esos dos métodos; uno, explica las causas; otro, comprende los motivos. Claro, no es que se dé primero uno y luego el otro; no es así. La realidad conjuga lo que, por motivos metodológicos, debemos escindir.

Esta dualidad puede formularse de otra manera: para llegar a la interpretación tenemos que combinar un momento semiótico y un momento hermenéutico. Sin embargo, lo que más nos interesa de este razonamiento es la imbricación que resulta. Así, por ejemplo: la explicación fría se llena de historia; la opinión gratuita se fortifica con categorías; lo formal accede a la encarnación. Entre estos dos momentos, no hay ni dualidad ni monismo. Repitamos, hay más bien una síntesis. Algo nuevo. Vayamos a un texto, por ejemplo, a un poema: el momento estructural nos permitiría explicar cómo se organiza el tejido poemático; cuál es su configuración; cuál su composición y organización sígnica. El momento estructural es como un zoom – micro a la materia del texto. Pero, cada inmersión en el texto, me va proporcionando nuevos índices, otras variables de lectura. La etapa hermenéutica pone la mirada en espacios más amplios. Nos saca del texto hacia los contextos, hacia los paratextos, hacia el architexto que cada uno de nosotros posee al ser hijo y creador de cultura. El momento de la comprensión, entonces, nutre el proceso de la explicación, lo amplía, lo expande, le da nuevas perspectivas. Nuevos horizontes. Es un zoom – macro sobre el texto. Dicho en otras palabras, si cuando explicábamos queríamos dar cuenta del árbol, la comprensión nos dirá que no hay que olvidarse del bosque.

La explicación y la comprensión son como el encuentro de dos campos, uno cerrado y otro abierto. Es la conjugación entre lo intrasígnico y lo extrasígnico. Entre lo inmanente y la referencia. Entre el significado y el sentido. Y cuanto mejor nos explicamos, mejor comprendemos; y cuanto mejor comprendemos, más fácilmente nos explicamos. La explicación ve el detalle; la comprensión, el conjunto. Una y otra se fortalecen, se nutren, se apoyan. Por ende, interpretar es lograr comprender explicativamente y, al mismo tiempo, poder explicar de manera comprensiva.

Bibliografía mínima

Barthes, Roland y otros, Exégesis y Hermenéutica, Madrid, ediciones Cristiandad, 1976.

Bengoa Ruiz de Azua, Javier, De Heidegger a Habermas (Hermenéutica y fundamentación última en la filosofía contemporánea), Barcelona, editorial Herder, 1992.

Melano Couch, Beatriz, Hermenéutica metódica (Teoría de la interpretación según Paul Ricoeur), Buenos Aires, Centro de Investigación y Acción Educativa (CINAE), 1983.

Ricoeur, Paul, “El conflicto de las interpretaciones” y “Método hermenéutico y filosofía reflexiva”, en Freud: una interpretación de la cultura, México, Siglo XXI editores, 1970,  pág. 22-52.

— “Explicar y comprender. Texto, acción, historia”, en Hermenéutica y acción, Buenos Aires, editorial Docencia, 1985, pág. 75- 93.

(De mi libro La cultura como texto. Lectura, semiótica y educación, Javegraf, Bogotá. 2002, pp. 35-37).

¡Ahí está Capira!

27 sábado Sep 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Novelas

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IV

¡Ahí está Capira! La ven mis ojos de hijo de su vientre y la ven mis palabras. Verde, amarilla, azul; a veces, roja, como en aquella tarde. Llena de secretos, de infinitos caminos, sólo uno es real. La veo con sus casitas de bahareque, una allí, otra allá; esa mucho más lejos, aquella casi perdida entre las nubes. Nubes y viento eso es Capira. Pero también sudor. El cinc lejano, como un espejo, refractando la mirada; el cinc ya morado de tanta lluvia muerta a puro sol sobre su espalda, de tanta lluvia no llegada a dar luz sobre la tierra. Capira empieza en una carretera y se va desplegando por entre pastizales, se va abriendo al ojo extranjero hasta el desagüe, hasta volverse roca, montaña, y sube hasta las grandes ceibas, hasta los caracolís de miles de años cuando la piel de Capira era agua, laguna, «chucua» y la habitaban los muiscas. Sube y sabe de los cauchos, de los guásimos resguardados por los musgos, de los matarratones que dividen las parcelas, de los yarumos que salvaguardan aves. Azulejos testigos de una muerte querida no esperada; azulejos, toches, cardenales, el jirigüelo premonitorio, la torcaza esquiva, el perico nunca solitario; gritería y canto: Capira. Ahora, desde la altura se va bajando, se va adentrando entre el cultivo de piña, «cuidado con las espinas», de maíz, de yuca y de interminables racimos de plátanos: obando, pompo, hartón o naranjo, resplandor, guineo, dominico. Hojas, muchas hojas son también Capira. Y trabajadores y jornaleros y niños que corren presurosos con un fiambre, saúles, y chocos calabazos y chocos guaraperos y peinillas, la «corneta», la «tres canales», la que al tocar su filo con la uña dice tlim, un tlim diáfano, cortante, diamantino. Capira, además, son las quebradas. «El desagüe», «Aguas Claras», «La zanja del Peñón» y, por supuesto, «Quebrada vieja». Las lluvias vienen en marzo y abril y en octubre y noviembre, lo demás es verano. El sol arriba siempre, vigilante. Las sombras de las cosas en Capira son esclavas de la luz. Están las piedras, los cascajos, las rocas, las peñas, los abismos. Por ser una montaña abundan los abismos. Y, entonces, las bestias, las mulas y los machos, muy contados burros, los caballos viven por amor al precipicio. Enjalmas que llevan bultos de la casa a la carretera. Capira es una romería de bestias de carga. Fustas, guayacanes, perreros, chirriones… y sonidos: ¡Ah, mula!, ¡Chiiico!, ¡Toma¡, ¡Utajá!, ¡mulaa!… Y silbidos, bien para alejar los espantos o para acompañarse en el camino. Arrieros y agricultores. Antes, café, mucho café, ahora pastizales y pastizales. Ganaderos. Da gusto ver en Capira cómo el viento peina los pastos, cómo ondula sus cabellos amarillos. El viento es certeza de una fijeza momentánea. Brisa, brisa, amiga, compañera fiel del que llega desde lejos, del que suda y se acalora. Llegadas y partidas, ese es el ciclo de una tierra defendida por los perros más viejos, por los que ya no muerden. Los relojes en Capira dan las campanadas en ladridos. Pienso ahora que la luna es otra parte de Capira. De noche, cuando sólo las bestias reconocen los caminos, Capira se pinta de azul, se vuelve gris plateada, como un color de cuento. De noche es una estera donde los luceros desnudan la oscuridad. La noche es una invitación para la caza. El ñeque o el guatín o el carmo, y la boruga o el borugo y el venado, escaso ya, resguardado entre el monte más lejano. Capira es un puerto, «El piñal»; unas naranjas, «La Laguna»; varias yucas, «La Guásima»; una jugosa piña, «Caracolí»; un maíz, «La Peña»; un mirador, «El cerro colorado» y un descanso, «La Pajosa». Y familias: los Rubios, los Guzmanes, los Ayalas, los Romero, los Ramírez, los Cáceres, los Delgado y los Rodríguez. Y leyendas, contadas en los sardineles de los patios de cemento, al son del humo de un chicote y un buen tinto caliente: «El pollo de viento», «La sombrerona», «La candileja», «El duende», «El cazador errante», «La Madremonte», «La patasola»… «Dicen que es una mujer muy bella. Viene de noche cuando uno está dormido. Uno oye como una voz de sirena distante, llamándolo a uno por su nombre. Si uno le contesta, la voz de la mujer se siente más cercana. Si uno vuelve a contestarle puede oír un golpe seco, como si fuera el de un corazón de madera. Y si uno persiste en contestarle ella llega de blanco, con velos, con manos largas y uñas largas y unos labios rojos y unos dientes blancos. Dicen que los hombres ven a esta mujer, a pesar de estar a oscuras, que ella es como un cocuyo. Dicen que los hombres no resisten su mirada. Entonces ella se los lleva monte adentro y el hombre siente como si un calor lo inundara de abajo hacia arriba, como si lo hubiera picado una culebra y que se va perdiendo en un sopor, delicioso. Dicen que el hombre que la deja acercar demasiado aparece degollado al pie de un esqueleto de cabellos hermosamente rubios y brillantes. Dicen que era una muchacha muy bonita, esposa de un militar, que le fue infiel. El marido se fue y ella pensó que lo habían matado en la guerra. Tuvo entonces un hijo con su amante, pero el esposo volvió y, al darse cuenta del engaño, le cortó una pierna con una daga. La bella mujer se perdió en el monte. Dicen que era una mujer muy hermosa que repartía su amor entre dos amantes, pero que, como en todas las cosas del amor, a uno le prodigaba su cuerpo y al otro lo atormentaba con su desdén. Y que el amante desdichado, urdió un plan para acabar su sufrimiento. Le contó a la mujer que su otro amante era el favorito de su madre. La mujer, fuera de sí, acuchilló a su progenitora, pero que por eso fue maldecida y las piernas se le cerraron y su sexo fue sellado para siempre. Desde entonces, anda en busca de hombres, porque la maldición, para que fuera más dolorosa, no le aplacó el deseo. Busca hombres y sobre todo hombres felices. Dicen que lo mejor es no contestarle».

Capira son historias que tienen forma de palmera; cuando aspiran  a lo infinito son las palmas, cuando aceptan la muerte son palmichas. Una huella de bandoleros tiñe sus caminos: «Chispas», «Desquite», «Tarzán», «Sangrenegra». Por eso Capira es un adiós. Despedidas y abrazos; saludos y noticias forman la piel rojiza de Capira. Yo creo, como el niño cantor de flores azules, que todo en lo distante se vuelve poesía.

(Capítulo IV de mi novela inédita Saul Cadena).

Contrapunto y diálogo con la tradición

22 lunes Sep 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Ensayos

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"Justa literaria". Ilustración de Jonathan Wolstenholme.

«Justa literaria». Ilustración de Jonathan Wolstenholme.

Es frecuente el problema de los estudiantes o investigadores al momento de citar autores o usar argumentos de autoridad. Muchas veces ni siquiera se referencian esas fuentes, o no se sabe bien cómo poner a dialogar la información de la tradición con la propia voz. Por haber constatado ese problema de manera repetitiva en mis estudiantes de posgrado es que he venido proponiendo la escritura de contrapuntos.

Dicha estrategia lo que busca esencialmente es ejercitar al estudiante en esa tarea académica de reconocer lo que otros han dicho pero, al mismo tiempo, dándole cabida e importancia a las propias reflexiones. Lo que está en el fondo de este recurso es no seguir alcahueteando el “copy paste” indiscriminado, las inconexas “colchas de retazos” de los marcos teóricos o el encuentro despersonalizado con autores o investigaciones precedentes. Recordémoslo: el contrapunto es la conjugación de la escucha activa y la presencia o resonancia de lo particular. Un recurso, por lo demás, muy útil para ir fogueando nuestra escritura con formas de pensamiento diferente y una estrategia poderosa para desentrañar los planteamientos vertebrales de determinada fuente teórica.

En esta oportunidad les he propuesto a mis estudiantes hacer dos contrapuntos –usando técnicas distintas– teniendo como base las citas de tres pensadores de distinto origen y filiación intelectual. Presento aquí los textos inspiradores para los contrapuntos:

CITA BASE 1:

“En un mundo en que cada vez más se comprende cuán equivocado es tener la ilusión de una educación que entregue respuestas hechas, el contacto con el arte en general (y con las narraciones históricas y de ficción, en particular) nos obliga a lidiar con la falta de certezas, nos recuerda que no existe sólo un significado único para las cosas y nos despierta a la elaboración de nuestras propias ideas”. (Ana María Machado: “Por el humanismo en la educación”, en Sentidos de la Educación y la cultura: cultivar la humanidad, Lom ediciones, Santiago de Chile, 2006, p. 67).

CITA BASE 2:

“La tradición es cosa distinta del hábito, por excelente que sea éste, puesto que el hábito es, por definición, una adquisición inconsciente que tiende a convertirse en una actitud maquinal, mientras que la tradición resulta de una aceptación consciente y deliberada”. (Igor Stravinsky: Poética musical,  Taurus, Madrid, 1983, p. 60).

CITA BASE 3:

“Para producir estudiantes verdaderamente socráticos debemos alentarlos a leer con espíritu crítico; no sólo a identificarse empáticamente y experimentar emociones, sino también a formular preguntas críticas sobre esa experiencia. Esto significa cultivar una actitud hacia los textos conocidos que no sea ese distanciamiento y desapego que algunas veces asociamos con la contemplación del arte”. (Martha C. Nussbaum: “La imaginación narrativa”, en El cultivo de la humanidad. Una defensa clásica de la reforma en la educación liberal,  Paidós, Barcelona, 2005, pp. 134-135).

Cuatro sugerencias podrían ser de utilidad al momento de redactar los contrapuntos: la primera, evitar a todas luces el “parafraseo”; es decir, repetir lo mismo del autor sin aportar nada personal. La segunda, no tomar la cita como un mero “pretexto” para decir cosas muy ajenas a lo planteado en el texto motivo; lo fundamental es captar lo “medular” de la cita para, desde allí, proponer nuestra derivación, contrastación o cualquier otra técnica de las propuestas por mí en otras entradas de este blog y en otros de mis libros. La tercera sugerencia es la de intentar asimilar el tono de la cita para no “desentonar” cuando entremos en diálogo con ella; es valioso en el contrapunto imitar el género o las particularidades sintácticas y semánticas evidentes en el texto base de nuestro interés. Finalmente, y este es un consejo capital, hay que leer la cita varias veces, releerla comprensivamente, buscando en cada lectura ponerla en relación con nuestra experiencia, nuestro trabajo, nuestro “capital cultural”. La relectura deberá llevarnos a meditar, a reflexionar. Sólo así descubriremos los genuinos alcances de una fuente y también sus posibles fisuras, aquellos intersticios en los que podemos insertar nuestro aporte particular.

No sobra insistir en la importancia de redactar este tipo de textos. El contrapunto es un buen entrenamiento para la escritura de ensayos, especialmente al emplear los argumentos de autoridad, con el fin de darle soporte o garantía a nuestra tesis.  De igual modo es un ejercicio valioso en los proyectos de investigación, en la etapa correspondiente a la elaboración del marco teórico o cuando se desea hacer el esquema de fundamentos. También sirve de “calistenia” para saber usar las fuentes teóricas como respaldo al análisis y la interpretación de los resultados. En todo caso, si se adquiere esta destreza de dialogar activamente con las voces del pasado más fácil nos resultará asumir una postura crítica con la tradición y lograremos poner en alto –sin falsas humildades– los productos de nuestro pensamiento.

Sobre la creatividad

20 sábado Sep 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Aforismos

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Ilustración de Cathie Bleck.

Ilustración de Cathie Bleck.

Dios, con una blanca y espesa barba similar a la de Darwin, le reprochaba en sueños al naturalista: “¿Así que lo mío no fue ninguna creación? Entonces, ¿perdí esa semana de trabajo?”

*

La gestación de los procesos creativos es impredecible: hay frutos prematuros como también obras postérmino.

*

Para tener cerca a la inspiración –dama esquiva– basta con saber la más fuerte de sus manías: a ella le fascina curiosear, escondida tras la espalda de los entregados al trabajo.

*

Los niños son más creativos porque ignoran muchas cosas. Los adultos dejan de serlo, porque creen saberlo todo.

*

La creatividad nace de una insatisfacción. La insatisfacción de no conformarse con lo establecido.

*

El dios Jano es el patrono de los creadores: con una cara reconoce el pasado; con la otra, avizora el porvenir.

*

El inconsciente es el hada madrina de los creadores creyentes. Y aunque vive en la oscuridad, cuando abre sus ojos irradia por instantes una luz sorprendente.

*

El verdadero creador fue Dios. Los demás no han sido sino malas imitaciones.

*

Todos tenemos alguna chispa de creatividad; pero hay unos pocos que convierten esa chispa en una hoguera.

*

La mayor innovación de Adán consistió en salir del paraíso. Eva, en verdad, fue la creativa del vergel.

*

El creador es para el clan de los conformistas un renegado. Es decir, alguien que ha abandonado voluntariamente las creencias de la tribu.

*

Deberíamos pedirle a la luna que nos hable de lo que desde su punto de vista sabe del sol. Tal vez así redescubriríamos a esa estrella cotidiana.

*

Aunque los creadores llaman a Vulcano –el dios ingenioso– para que los auxilie, muchas veces el salvador es Hipnos, el dios del sueño.

*

Con el mismo ahínco que la buscamos al inicio, de esa misma manera debemos después abandonarla por un tiempo. A la creatividad hay que tratarla con los ardides de un seductor.

*

El creador apasionado es como David, el personaje bíblico. Usa la honda de su tenacidad para vencer al Goliat de la frustración.

*

La creatividad es un ave huidiza; tiene un vistoso plumaje, vive en terrenos apartados, y para empollar sus huevos necesita el calor del trabajo y la disciplina.

*

El creador vive permanentemente un dilema con la tradición: si la desconoce, obvios serán sus resultados; si la sigue con absoluta devoción, sus obras repetirán lo ya sabido.

*

Los estereotipos, que todo lo tienen bien controlado, persiguen a la creatividad por subversiva.

*

Cuando los creadores, seres terrestres, necesitan poner un pie en el encumbrado cielo calzan analogías.

*

Aunque sean muchas las causas externas favorables para el éxito creativo, lo cierto es que la más importante tiene un origen interno: la autoconfianza.

*

Lo que los demás tildan de obsesivo o maniático es para el creador un juicioso y metódico comportamiento. Moraleja: la cordura ve con ojos de psiquiatra a la creatividad.

*

Los seres creativos viven en mundos paralelos. Pero a diferencia de los principios de la geometría, ellos saben que las líneas paralelas sí se encuentran y a cada momento están a diferente distancia.

*

Los creativos sufren de una anomalía óptica: la bisociación. Es decir, ven en un mismo momento cosas alejadas entre sí.

*

A los creadores les encanta la química. Les gusta forzar los elementos para que entren en circulación en su cabeza. De allí por qué haya creadores tipo hélice y creadores turbina.

*

La curiosidad es el big bang de la génesis de los procesos creativos.

*

Las personas comunes huyen de los problemas; las creativas se apasionan cuando los encuentran.

*

La concentración es la técnica secreta de las mentes creativas. Quien está en trance de creatividad debe permanecer absorto.

*

He aquí las tareas básicas del parvulario de la creatividad: busque contrastes, hágase preguntas, descubra analogías, experimente cosas nuevas. Relate historias y dibuje, todos los días.

*

La mente del creativo es un organismo semejante a los reservistas de las fuerzas militares. Tanto una como otros deben estar siempre preparados.

Sobre el aforismo (II)

16 martes Sep 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Aforismos

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Ilustración de Riki Blanco.

Ilustración de Riki Blanco.

El aforista posee las delicadas manos del orfebre: junta las palabras como si fueran hilos de una finísima obra de joyería.

*

El escritor de aforismos debe conservar el tono de los epitafios: hacer memorable en pocas líneas todo el trasegar de una vida.

*

El aire frío de la reflexión es el que convierte el vapor de la ideas en gotas de aforismo.

*

Así deber ser el aforismo: condensado en la estructura; profundo en el análisis; agudo en las consecuencias; ingenioso en la construcción.

*

Aforismo: terapia breve para despertar el espíritu.

*

Las gastadas cosas al ser tratadas por el aforista adquieren un brillo de novedad. En esta labor de redescubrimiento del mundo el aforista se asemeja al poeta.

*

Primero el aforismo sirvió a ayuda a la memoria; hoy es un remedio contra la amnesia de la frivolidad.

*

Los efectismos buscados por el aforista son la coquetería de las ideas para atraer la atención del lector.

*

Nietzsche advirtió que la lectura de un aforismo requería ser pasada por más de un estómago. Aunque breve, al aforismo hay que masticarlo largo tiempo para extraerle su significado.

*

El aforista pertenece a la escuela del minimalismo de la sospecha.

*

El signo distintivo de los aforistas es un anillo con la forma de la serpiente uroboros. La interpretación es sencilla: las palabras usadas en la cabeza del aforismo deben engullir a aquellas otras empleadas en la cola, formando un cuerpo indisoluble.

*

El aforismo tiene algo de presuntuoso o audaz. Sabe que la subsistencia de su mensaje proviene de organizar las palabras como un todo autosuficiente.

*

Por trabajar el aforista con descargas de lucidez es que logra, mediante el contraste súbito entre las ideas, desatar en el lector un relámpago de discernimiento.

*

Los aforistas son practicantes de la alquimia: buscan con muy pocos elementos fraguar una piedra para filosofar.

*

Aunque sea el reflexionar la cocción lenta preferida por el aforista, a veces la intuición le permite obtener resultados instantáneos.

*

La mayor dificultad de un aforista practicante del zen no está en agrupar milimétricamente las voces de las palabras sino en dejar intersticios para escuchar el silencio.

*

La sorpresa es la almendra del aforismo.

*

El místico en trance y el aforista escribiendo confían en que, de un momento a otro, tengan la iluminación.

*

Los aforistas son almas que irán al cielo. Durante su vida han preferido siempre seguir la vía estrecha y no la amplia y tentadora senda de la ampulosidad.

*

Los aforismos reclaman para sí la lectura ensimismada y reiterativa. Es obvio: los concentrados necesitan disolverse muy bien para que surtan efecto.

*

En el lápiz del escritor de aforismos el grafito es el apasionado y hablador; la goma, en cambio, es excesivamente reflexiva y dada al escepticismo.

*

El aforista tiene un gran angular para juzgar la vida y las personas, pero utiliza un lente macro para registrar sus impresiones.

*

Al igual que Hipócrates escribió los Aforismos para recordarnos cómo sanar el cuerpo, los aforistas posteriores redactan sus máximas para alertarnos del cuidado del alma.

*

Los oráculos se expresan en aforismos. No de otra manera podrían los dioses entregarles a los hombres las claves de su propio destino.

*

Los aforismos meritorios deben producir en el lector un efecto semejante al de las campanas de iglesia: el de sacarlo de la tranquilidad de su casa para entrar en otro espacio a meditar.

*

Algunos aforismos son tan brillantes en su crítica a nuestras credulidades que se asemejan el filo de la espada de un verdugo.

*

La tinta con que los aforistas escriben sus preceptos está elaborada con sustancias corrosivas. Por eso al leerlos, unos irritan o inflaman y, otros, queman hasta dejar la piel desnuda.

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