• Autobiografía
  • Conferencias
  • Cursos
  • Del «Trocadero»
  • Del oficio
  • Galería
  • Juegos de lenguaje
  • Lecturas
  • Libros

Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Archivos anuales: 2015

Sobre la poesía

21 lunes Sep 2015

Posted by fernandovasquezrodriguez in Aforismos

≈ 14 comentarios

Etiquetas

Educar la sensibilidad, El lenguaje poético, Metáfora

Escultura de Lorenzo Perrone.

Escultura de Lorenzo Perrone.

La poesía toma la realidad más conocida, la transforma en versos y nos la restituye para que podamos, de nuevo, admirarla.

*

La poesía es una escuela de la sensibilidad. A través de ella, aprendemos a pasar de la inmediatez de la emoción a la mediación de los símbolos. La metáfora es un cambio de lugar de nuestras emociones: la mano pierde su pesadez para convertirse en una leve caricia.

*

La poesía es el lenguaje añejado. La palabra cuidadosamente destilada. Por eso, hay que beberlo a pequeños sorbos, paladeando cada línea, disfrutando el aroma de sus imágenes.

*

El poeta prefiere, como el aforista, el trabajo en miniatura. Y al igual que los orfebres más experimentados, deja ver su calidad en el terminado de los detalles. Poeta y orfebre son artesanos de la sutileza.

*

El poeta es un cazador de instantes. Es decir, debe –con su red de palabras– atrapar el evanescente futuro antes de que se convierta en un sólido pasado.

*

Las metáforas son una construcción del poeta para darles una nueva identidad a las cosas. Las nominaciones del poeta son, en verdad, una réplica del mundo y de la vida.

*

A veces, nos resultan extrañas o incomprensibles algunas imágenes empleadas por los poetas. Es normal: el poeta nos pide cambiar de diccionario. En el mundo en clave de las relaciones, esto puede ser aquello, lo otro es asimilable a otra cosa; nada está suelto, todo se encuentra infinitamente entrelazado.

*

Los poetas sufren por lo mismo que es su virtud más desarrollada: la sensibilidad. Tal delicadeza les permite gozar de muchas cosas, pero también es la causa de atípicos pesares.

*

Sea como canto o elegía, celebrando la vida o la muerte, la poesía siempre ha sido una exaltación. Nada deja de conmover al poeta: todo lo que sucede o está ante sus ojos continúa siendo digno de alabanza. Los poemas son el testimonio de ese incesante asombro.

*

La poesía y la música han mantenido desde siempre una estrecha relación. No solo porque han hecho del ritmo su recurso emocional, sino porque el ritmo es el mejor conductor del fluir de la vida.

*

Coleridge dijo que la poesía era la emoción recordada en tranquilidad. Eso parece razonable. La mera pasión o el intenso sentimiento no producen poesía; es necesario que los briosos corceles del frenesí abreven primero en las aguas amargas del río Mnemósine. La rememoración es la genuina inspiración de los poetas.

*

Las palabras para el poeta tienen peso, forma, color. Además del significado, él entrevé en ellas texturas y sonoridades, filiaciones y resistencias. Para el poeta, las palabras son su laboratorio y su taller, su paraje de caza y su porfiada aspiración alquímica.

*

Observados de manera vertical, los versos parecen un listado de palabras; puestos de forma horizontal, se asemejan a la silueta de un encefalograma. Así las cosas, lo largo o lo corto de los versos tiene que ver con las alteraciones sensibles del corazón del poeta.

*

Hay cosas que, por ser tan cotidianas, ni siquiera nos percatamos de su existencia. Ese es el caso del aire que respiramos. La poesía es la encargada de ayudarnos a entrever esas realidades inadvertidas. Eso que Rainer María Rilke llamaba las “presencias angélicas”.

*

La poesía es un espejo para reconocernos. Y también es una especie de escudo para proteger nuestro espíritu de la desesperanza y el simplismo existencial.

*

A veces, la poesía cumple el papel de ser traductora de los mudos sentimientos. En otros casos, es el heraldo de algunas de nuestras certezas.

*

La poesía se asemeja a esa literatura sapiencial que se hace más necesaria cuantos más años tenemos. La poesía es un refugio para el alma; un murmullo sonoro capaz de aconsejarnos en circunstancias esenciales o determinantes de nuestra vida.

*

La poesía es más que palabras bonitas o rimadas; es mucho más que los mensajes provocados por los amores adolescentes. La poesía es otra forma de conocimiento. Otra manera de entender y comprender lo que somos.

*

Algunas metáforas tienen un ciclo de vida interesante. Primero, son términos extraños, usados por una minoría; después, con el trajín del habla, van convirtiéndose en palabras corrientes, utilizadas por gente común en situaciones cotidianas: “la pata de la mesa”, “el ojo de agua”, “un cielo raso”, “la primavera de la vida”…

*

La aparición del amor –con su exaltada alegría– despierta en las personas el deseo de expresarse poéticamente. Es tan avasallador e inexplicable este sentimiento que no queda otro recurso que decirlo mediante símiles o imágenes. Hablar en metáforas es la forma como se comunican los poseídos por las lenguas de fuego de la pasión amorosa.

*

Poema: instantánea de nuestro paisaje emocional.

*

Los poemas necesitan ser leídos en voz alta para recuperar la música oculta entre los vacíos de cada verso.

*

Los poetas de cabecera –esos que leemos con frecuencia– se parecen mucho a los amigos de toda la vida: no son muchos y están ahí cuando más los necesitamos. Tales poetas son, en propiedad, los amigos del alma.

*

La manera como se organizan las palabras y se atiende el ritmo de la frase, la precisión en los términos, la concreción de una idea en cortos enunciados, la corrección permanente en pos de lo esencial y necesario… Todo eso, que es lo propio del aforismo, puede aplicarse también a la escritura de un poema. Con una salvedad: el primero desea zaherir nuestra mente; el segundo, despertar nuestro corazón.

*

En muchos casos, lo único que el poeta tiene al inicio de su labor es una desazón, un malestar interior que no lo deja estar tranquilo. La escritura del poema es su manera de buscar una explicación a esa profunda inquietud. El resultado no es un objetivo establecido, sino un lento hallazgo.

*

¿La inspiración es la caprichosa bondad de los dioses? Es posible. Mejor creer que es la concentración suprema de las facultades creativas del poeta.

*

Hay algo intraducible en la poesía; algo que se niega a ser transferido a otro idioma. La razón: la música del lenguaje es tan particular que termina volviéndose un mensaje secreto.

*

Los poetas son fieles seguidores de las religiones animistas: descubren un alma en cosas aparentemente inanimadas.

*

Los poetas fueron expulsados de la República de Platón porque habían anunciado un mundo menos perfecto que las utopías y más hermoso que las ideas incorpóreas.

*

¿Para qué poesía en tiempos de penuria?, se preguntaba Hörderlin. Para tener un testimonio de la herida, dirán algunos; para calmar un poco ese sufrimiento, afirmarán otros. Para conmover a los insensibles, confesará el poeta sobreviviente del holocausto.

(De mi libro Pensar en aforismos. Meditaciones para estimular el espíritu, Kimpres, Bogotá, 2015, pp. 217-223).

Preocuparnos por enseñar a pensar

15 martes Sep 2015

Posted by fernandovasquezrodriguez in Ensayos

≈ 59 comentarios

¿Qué podemos hacer los educadores frente a la creciente irracionalidad de nuestros estudiantes?, ¿cómo ayudarlos a cualificar la toma de sus decisiones vitales y prevenirlos del entreguismo a las demandas del consumo y la  alienación farandulera de la televisión? ¿Cuál es el camino para sacarlos de la pasividad y el conformismo, el mermado espíritu crítico, el fanatismo y la falta de juicio al momento de elegir a sus futuros gobernantes?

Desde luego, son varias las cosas que podemos hacer los maestros. Pero una de las más importantes es la de contribuir al desarrollo de su pensamiento. John Dewey, precisamente, ya había advertido de esta labor prioritaria de los centros educativos: aquella de activar la actitud reflexiva, la curiosidad, la inferencia y la comprensión. Si deseamos que nuestros alumnos pasen de lo concreto a lo abstracto tendremos que enfocar nuestro quehacer docente al análisis, el juicio y el trabajo con conceptos.  No es favorable para los educandos y para la sociedad seguir subrayando una formación centrada en los contenidos y poco en la resolución de problemas y el dinamismo del preguntar.

Ahora bien, desarrollar el pensar en nuestras aulas implica, entre otras cosas, formar a las nuevas generaciones en la escucha activa hacia asuntos que el mundo de hoy trata por todos los medios de hacérselas parecer secundarias o poco relevantes: un proyecto de vida, el discernimiento, la prudencia, la diferencia entre lo esencial y lo accidental, la profundidad de su existencia. Si en verdad anhelamos que el pensar sea habitual en nuestras clases es fundamental luchar contra la indiferencia. Esa fue la lección mayor de Heidegger  al advertirnos que “si nada nos preocupa muy difícilmente desarrollaremos nuestro pensar”. No podemos dejar, entonces, que los estudiantes le den la espalda a la lógica en sus argumentaciones, a la fortaleza o fragilidad de sus percepciones o creencias o a los procesos de pensamiento que posibilitan ir más allá del sentido común y la frivolidad individualista de los tiempos posmodernos.

Es irresponsabilidad de los educadores continuar siendo cómplices de la soñolencia intelectual y la flojera académica. Por el contrario, nuestras aulas deben ser un lugar en el que la reflexión continuada, la meditación y los elementos de juicio lleven a que los discípulos sospechen, proyecten, recapaciten, examinen, relacionen lo que les pasa y sucede a su alrededor. Por lo mismo, tendremos que enseñar también la introspección y la atención focalizada. Cómo no recordar ahora a Matthew Lipman, su programa de filosofía para niños y sus propuestas para el pensamiento crítico y creativo; Lipman que nos dio luces sobre la importancia de tener criterios –esos “factores que guían nuestras vidas”– y nos evitan la “servidumbre cognitiva”.

De otra parte, si deseamos fortalecer el pensar en nuestras escuelas, es urgente cambiar nuestras metodologías de enseñanza. Necesitamos darle más protagonismo a las pedagogías activas, fortalecer las estrategias y métodos en los que las hablas plurales (el debate, el panel, el foro) dinamicen la conversación argumentada y la variedad tópica contenida en la retórica clásica. El familiarizar a nuestros educandos con los dilemas morales es otra vía para favorecer el juicio y el discernimiento sobre asuntos éticos en los que entran a jugar los valores y el responsable ejercicio de la libertad. Si queremos que el pensar esté en primera línea de nuestra enseñanza debemos también promover más la investigación y menos la simple recolección de información; hacer que la corrección de un trabajo o una tarea sea un objetivo importante de nuestra ruta de enseñanza. De igual manera, preparar frecuentemente ejercicios metacognitivos para que el aprendiz descubra que la planeación, la regulación y la evaluación son recursos indispensables si quiere ser más consciente y autónomo en sus procesos de pensamiento.

Y como el pensar está íntimamente relacionado con asimilar y potenciar una tradición, es vital que los educadores ideemos mecanismos para que la información recibida sea sometida a la réplica, el contraste, el análisis, la transposición o la derivación. Los alumnos no deben quedar enmudecidos ante las voces del pasado, sino –por el contrario– estar animados para contrapuntear ese legado expresado en diferentes fuentes. Lo peor es el silencio o el desentendimiento de nuestros discípulos. Si se pierde de vista que estudiar es, de alguna forma, un escenario intelectual para debatir ideas, el pensar de los estudiantes seguirá anquilosado o manteniendo la limitada y pasiva mentalidad de los receptores resignados e indiferentes.

Toda esta propuesta por enseñar a pensar se convierte en una obligación en los estudios de educación superior. Quienes son estudiantes de posgrado tienen el compromiso de producir conocimiento. Para ello adelantan proyectos de investigación y tienen el deber de expresar sus ideas en textos escritos; y por eso sus clases son en seminario, como un medio estratégico para la conversación razonada y la lectura crítica de textos. A los alumnos de posgrado se les exige tener un método para alcanzar un objetivo, dominar distinciones conceptuales y tener un repertorio reflexivo con el cual puedan analizar su propia práctica y plantear alternativas de solución a un problema o una dificultad en su profesión. Un posgraduando, en suma, es alguien que ha adquirido las suficientes habilidades de pensamiento para redireccionar su actuar y transformar su entorno. Quizá allí estribe el sentido de cursar estudios superiores: el de asumir en serio los deberes de la mayoría de edad de nuestro pensar.

Sobre la paz

07 lunes Sep 2015

Posted by fernandovasquezrodriguez in Aforismos

≈ 6 comentarios

Ilustración de Jim Tsinganos.

Ilustración de Jim Tsinganos.

La paz, ¿es un ideal o un derecho? Si es lo primero, siempre parecerá imposible; si es lo segundo, es nuestro deber reclamarla o defenderla.

*

Es muy difícil vivir en paz cuando se tiene sangre rencorosa. Para estar en paz se necesita la liviana sangre de la indulgencia.

*

La lentitud de la paz impacienta al afanado bullicio de la guerra. La razón es evidente: los animales de caza siempre esperan la huida frenética de la presa.

*

La experiencia de la guerra trae consigo la búsqueda de necesitar la paz; el exceso de confort provoca una disposición hacia la guerra.

*

¿Por qué atrae más la guerra que la paz? Porque la guerra es un negocio; la paz es gratuita y no produce dividendos.

*

Todos destacamos el blanco de la paloma de la paz. Deberíamos reparar más en las particularidades de su plumaje: leve, delicado, frágil.

*

El rostro hierático y serio de los feligreses se torna festivo y alegre cuando el sacerdote pronuncia estas palabras: “Hermanos, démonos fraternalmente la paz”.

*

Porque somos proclives a la guerra es que necesitamos poetizar la paz.

*

La elección del color blanco para simbolizar la bandera de la paz subraya una lección de convivencia: en el blanco caben todos los colores.

*

Las únicas guerras libradas por los pacifistas son las que tienen contra sí mismos.

*

“Hacer las paces”, es la petición de los chiquillos después de tener una pelea. Los niños nos enseñan que la paz no es un logro natural y personal sino una tarea intencionada y compartida.

*

La prueba de la dificultad en lograr la concordia con los demás es que, muchas veces, no estamos en paz ni con nosotros mismos.

*

A veces, el mejor camino para alcanzar la paz proviene del reconocimiento de la falta; en otras circunstancias, brota de un mero gesto de perdón.

*

Los obituarios nos recuerdan la lucha interminable por lograr en vida una convivencia pacífica: sólo después de muertos descansamos en paz.

*

La paz al ser tocada por la politiquería deja de ser un derecho y se convierte en una prebenda o una dádiva.

*

Por correr en nuestro cuerpo las pasiones, siempre viviremos en la inquietud y el desasosiego. La paz perfecta es un sueño estoico: la ataraxia.

*

En países como Colombia, la paloma de la paz tiene que ser como el ave fénix: necesita resurgir a diario de sus propias cenizas.

*

Al observar con cuidado la historia universal se asemeja mucho al movimiento del corazón humano: tiempos de sístole para la guerra y tiempos de diástole para la paz. En suma: reducciones y dilataciones permanentes de la vida.

*

Una cosa es la paz para los que viven de cerca la guerra y otra, muy distinta, para los que la contemplan –seguros– en lejanía.

*

Los caminos para llegar a la paz, aunque terminan en acuerdos y armisticios, necesitan mantenerse limpios de impunidad, vejaciones y fanatismo.

*

Lo más difícil de la paz no es tanto lograrla, sino mantenerla.

*

Las reconciliaciones son gestos profundos de paz: el puño abre sus dedos para convertirse en mano amiga; el brazo deja las armas para poder abrazar al enemigo. Quien se reconcilia restablece la esencial fraternidad humana.

*

Construir la paz es más difícil que desatar la guerra. La primera implica la contención de las pasiones y el deseo de perennidad de la vida; la segunda, el desahogo de las emociones básicas y el ansia de perpetuar la muerte.

*

Los mediadores de conflictos son profesionales de la paz. Su tarea consiste en mitigar ofensas, reparar agravios, ser embajadores del perdón.

*

Hay pacificadores que son lobos con piel de oveja. El afán de poder transforma las causas justas en estrategias electorales.

*

Esta parece ser la paradoja inevitable de la paz: hay injusticias provocadas por la guerra que sólo pueden repararse desajustando la ley.

*

Los beligerantes actúan enceguecidos por el presente; los pacifistas, obran con prudencia pensando en el futuro.

*

En el paraíso de la paz siempre habrá alguna serpiente tentadora: la guerra, al inicio, tiene la forma de un fruto seductor.

*

Existen personas amantes de la guerra y seres de talante pacifista. A los primeros les interesa, en el fondo, los honores y la ovación multitudinaria; a los segundos, les basta la sonrisa y el gesto agradecido de la fraternidad.

*

Los peores enemigos de la paz no son los líderes beligerantes o los guerreros obcecados; los mayores opositores, son los insidiosos e intrigantes. Esos seres oscuros que siempre tienen la palabra cizañera para encender los ánimos, despertar la venganza e incitar al odio más virulento.

*

Los idealistas confían en la perpetuidad de una tranquila paz; los realistas saben que, en toda agua tranquila, siempre hay ocultas turbulencias y corrientes encontradas.

*

La paz, como el aire, es un fluido invisible… pero tan necesario para poder vivir.

*

Para añorar la paz basta con haber vivido en carne propia la guerra. Únicamente valoramos la tranquilidad cuando hemos estado en el infierno del desasosiego.

*

La paz se asemeja a la felicidad: es un horizonte que nos interpela, un propósito comprometedor. Paz y felicidad son tareas cotidianas y no regalos mágicos o logros espontáneos.

*

Los demonios confabulan para hacernos perder la paz interior. La maldad pretende, en esencia, que abandonemos la fe en nosotros mismos.

*

La conquista mayor de nuestro espíritu –la genuina sabiduría– es lograr una serenidad a toda prueba. Alcanzar la serena paz del equilibrio.

Debatir con voces ajenas

31 lunes Ago 2015

Posted by fernandovasquezrodriguez in APRENDER A ESCRIBIR, Ensayos

≈ 8 comentarios

Témpera del artista suizo Hans Erni.

Témpera del artista suizo Hans Erni.

Ya en otras entradas de este blog he reflexionado sobre la necesidad de que nuestros estudiantes universitarios (y muy especialmente los de posgrado) aprendan o se fogueen en dialogar con la tradición de las fuentes escritas. Que sobrepasen el mero transcribir citas de autores y logren apropiarlas o reincorporarlas a su propio discurso. En esta perspectiva es que he ideado la estrategia del contrapunto, con siete técnicas precisas: amplificación, disminución, réplica, transposición, derivación, contraste y análisis.

El contrapunto es un buen ejercicio para habituar a los estudiantes a tomar partido por determinada información, a ser lectores activos, a fortalecer la lectura crítica de los textos. El contrapunto también es un excelente recurso para combatir el “copy paste”, es decir, esa práctica de plagio de nuestro tiempo en la que de manera irresponsable y desordenada “bajamos” información tratando de armar colchas de retazos sin ninguna presencia de nuestra voz o nuestro pensar. El contrapunto, por lo demás, es una mediación ideal para favorecer la escritura, entre otras cosas porque obliga al universitario a imitar el tono del autor que desea replicar y encontrar los mejores conectores lógicos para hilar de forma coherente su postura personal con la opinión de otra voz.

Sobra hablar, desde luego, de un beneficio adicional: el contrapunto sirve para caldear o desarrollar los procesos argumentativos. La cita elegida hace las veces de piedra de toque, de contrincante, al cual debemos presentarle razones lógicas, planteamientos contundentes, tesis o afirmaciones en las que sean fundamentales la deducción, la inferencia, el análisis, la analogía o la ejemplificación. Cada contrapunto es, entonces, un pequeño texto profundamente meditado e inspirado en la tradición persuasiva de la retórica clásica. No se puede decir cualquier cosa, ni plantearla de cualquier manera. El genuino contrapunto debe cumplir la rigurosa condición de ser convincente tanto en la estructura como en el contenido.

Este es el telón de fondo del reto escritural que les he propuesto a los estudiantes de primer semestre de la Maestría en Docencia de la Universidad de La Salle. Se trata de escribir dos contrapuntos (usando 2 técnicas diferente de las siete mencionadas) a una cita de Walter Ong, contenida en su libro Oralidad y escritura. Tecnologías de la palabra, FCE, Buenos Aires, 2006, p. 86. El texto elegido es el siguiente:

“La escritura es una tecnología interiorizada aún más profundamente que la ejecución de la música instrumental. No obstante, para comprender qué es la escritura –lo cual significa comprenderla en relación con su pasado, con la oralidad–, debe aceptarse sin reservas el hecho de que se trata de una tecnología”.

Cada texto deberá contener tanto la cita en mención como el contrapunto respectivo, señalando en la parte superior la técnica empleada en cada caso. No sobra recordar que la extensión del contrapunto debe ser proporcional al número de líneas de la cita tomada como motivo para el ejercicio.

Ese es el reto. Pero, a la par, es una invitación a explorar en el trato con las voces de autoridad, con la bibliografía que, en muchas ocasiones, apenas queda como un listado de obras pero sin que hayamos tenido la ocasión de disertar con las ideas sustanciales de esos libros. El contrapunto es una magnífica ocasión para ser algo más que meros consumidores de información e intentar ser productores de conocimiento.

Llegar a los 60

24 lunes Ago 2015

Posted by fernandovasquezrodriguez in Ensayos

≈ 20 comentarios

Llegar a los 60 años es una combinación de dos sentimientos encontrados. De un parte, está la alegría de haber podido alcanzar unas metas, ver florecer una pasión, contar con el afecto de personas inmunes al tiempo y la distancia. De otro lado, se siente una especie de preocupación por asuntos que antes apenas lograban interesarnos: la salud, la tranquilidad, el tiempo, el bienestar. Dichas preocupaciones se hacen más fuertes cuando notamos que el cuerpo nos pesa y que empezamos a llenarnos de prótesis y medicamentos: la pastilla diaria, unos lentes, un marcapasos, una dieta especial.

La tensión se acentúa porque también, al llegar a los 60, se cuenta con un caudal de experiencia y una cierta sabiduría que nos hace profundamente reflexivos sobre toda nuestra existencia. No solo vivimos las cosas o las circunstancias sino que, además, pensamos frecuentemente en tales asuntos, consultamos a diario los problemas con la almohada y, sobre todo, sopesamos una y otra vez nuestras elecciones.

Y hay tantos cambios, tantas transformaciones en nuestra vida. Nos urge llegar cuanto antes a casa y no andar deambulando en otras partes; preferimos la conversación íntima con amigos esenciales que despilfarrar nuestras palabras en discusiones inútiles; anhelamos tener solamente las cosas fundamentales; dejamos de transigir con la hipocresía y la inautenticidad… Cambia nuestra sexualidad y nuestro temperamento; cambia nuestro genio y nuestra memoria. Entramos en la dinámica de necesitar más sueño y oír con cuidado los veredictos del estómago. Visitamos más al médico, vigilamos con celo nuestros ahorros, repasamos libros que nos son muy queridos, descubrimos compositores musicales que sintetizan en una obra nuestro reacomodamiento interior. Y todas esas cosas nos advierten que debemos modificar algunos hábitos, aceptar determinadas limitaciones, preparar nuestro cuerpo y nuestra mente para comenzar la etapa de los sexagenarios, es decir, esa década de la madurez en la que aún no hemos llegado a viejos.

De igual modo, llegar a los sesenta –al menos desde la mirada de los símbolos– es entrar de lleno en el mundo de las renovaciones, de las evoluciones. Es la edad del ave fénix, ese animal fabuloso capaz de renacer de sus cenizas; es el tiempo del despertar progresivo de la conciencia, según se lee en los arcanos del antiguo Egipto. Es, en últimas, el inicio de las metamorfosis cardinales. Años para el cuidado de sí, la purificación de la cabeza y la depuración de información; época para entrever la dimensión espiritual. Como se colige, llegar a los sesenta es un momento de cierre y de apertura, de recogida de cosecha y posibilidad de nueva siembra.

En este último sentido, cuando se llega a los 60, tenemos el deber de agradecer a las personas que nos han ayudado o nos han posibilitado el desarrollo de nuestras capacidades. Sin esos seres, sin su amor o su apoyo, apenas podríamos haber vislumbrado la meta; cuánto le debemos a nuestro núcleo familiar a nuestros amigos y a esos ángeles custodios que siempre aparecen a lo largo de nuestra existencia. Llegar a los 60, en tanto lapso para mirar atrás, es una zona de reconocimiento y gratitud. Pero, en esa misma proporción, pisar este umbral –con incertidumbre y esperanza a la vez– es la posibilidad de forjarnos proyectos de más largo alcance, atrevernos a concluir la gran obra aplazada o forjar el sitio ideal para nuestro tesoro. De igual manera, esta edad nos habilita para actuar en escenarios en donde  podemos aportar la síntesis de una experiencia acumulada y nos da licencia para promulgar sin aspavientos  una filosofía personal de la vida. Llegar a los 60, en la medida en que es un período de avizorar nuevos horizontes, es un escenario para refrendar los lazos afectivos y consolidar las relaciones personales.

Como se deriva de lo dicho, llegar a los 60 años no es sentirse totalmente acabado o caduco. Puede que el cuerpo esté mermado, pero el espíritu remoza de juventud; es posible que ya no se tenga el mismo ímpetu o las mismas fuerzas treintañeras pero se cuenta con buen criterio y un excelente tino para la toma de decisiones. Llegar a los 60, en síntesis, es un tiempo de aceptaciones y cambios, de renuncias y renovaciones. Más que una época para la nostalgia y los remordimientos es una excelente oportunidad para sacar provecho de lo aprendido, para regocijarnos con los haberes físicos, morales o intelectuales obtenidos. Aunque debamos habituarnos a los achaques y los dolores inesperados, aún podemos ponernos de pie y mantener en alto la bandera de algunos sueños esenciales.  

Volvamos al ave fénix para interpretar el sentido de esta época: en parte somos ya ceniza, pavesas de muchos años vividos y, a la vez, ese mismo residuo, ese polvo de historia, sirve de argamasa para reconstruir al hombre mayor repleto de experiencia acumulada y sueños de renovación. La clave, por supuesto, está en el fuego. Porque los 60 están gobernados por este elemento ígneo: el fuego que destruye y protege, que purifica y regenera. Brindemos, entonces, por el fuego regenerador de los 60 años.

← Entradas anteriores
Entradas recientes →

Entradas recientes

  • Las caídas de Altazor de Vicente Huidobro
  • Simplismo de lo político en las campañas presidenciales
  • Los poetas premios Nobel hablan de su oficio
  • Un libro sobre la urgencia y relevancia de la escucha
  • La visita de la señora Soledad

Categorías

  • Aforismos
  • Alegorías
  • Apólogos
  • APRENDER A ESCRIBIR
  • Cartas
  • Comentarios
  • Conferencias
  • Crónicas
  • Cuentos
  • Del diario
  • Diálogos
  • Ensayos
  • Entrevistas
  • Fábulas
  • Homenajes
  • INVESTIGACIÓN
  • LECTURA
  • Libretos
  • Libros
  • Novelas
  • OFICIO DOCENTE
  • Pasatiempos
  • Poemas
  • Reseñas
  • Semiótica
  • Soliloquios

Archivos

  • 2026
  • 2025
  • 2024
  • 2023
  • 2022
  • 2021
  • 2020
  • 2019
  • 2018
  • 2017
  • 2016
  • 2015
  • 2014
  • 2013
  • 2012

Enlaces

  • "Citizen semiotic: aproximaciones a una poética del espacio"
  • "Navegar en el río con saber de marinero"
  • "El significado preciso"
  • "Didáctica del ensayo"
  • "Tensiones en el cuidado de la palabra"
  • "La escritura y su utilidad en la docencia"
  • "Avatares. Analogías en búsqueda de la comprensión del ser maestro"
  • ADQUIRIR MIS LIBROS
  • "!El lobo!, !viene el lobo!: alcances de la narrativa en la educación"
  • "Elementos para una lectura del libro álbum"
  • "La didáctica de la oralidad"
  • "El oficio de escribir visto desde adentro"
  • “De lectores, leedores y otras consideraciones sobre las prácticas de lectura en la educación superior”
  • "El libreto de radio: una artesanía recuperable"
  • "Las premisas de Frankenstein: 30 fragmentos para entender la posmodernidad"
  • "La semiótica: una ciencia explicativa para comprender los signos de la cultura"
  • "La semiosis-hermenéutica una propuesta de crítica literaria".
  • "Entre líneas: la mirada del escritor"

Suscríbete al blog por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir avisos de nuevas entradas.

Únete a otros 1.005 suscriptores

 

Cargando comentarios...