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Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Publicaciones de la categoría: Diálogos

El autorretrato interior

15 domingo Feb 2015

Posted by fernandovasquezrodriguez in APRENDER A ESCRIBIR, Diálogos

≈ 307 comentarios

Pintura de Alex Alemany.

Pintura de Alex Alemany.

Isabel: Hola, Clarita, ¿cómo te acabó de ir?

Clara María: Bien, cansada pero feliz.

Isabel: Lo mismo que yo.

Clara María: Estoy tan entusiasmada con el inicio de esta Maestría.  

Isabel: Yo también. Mi hijo me dijo que no me había visto tan feliz desde hace muchos años.

Clara María: Figúrate que mi hija, la menor, me hizo un jugo para que trajera para mis onces.

Isabel: Pero es intensa esa jornada del fin de semana, ¿no?

Clara María: Sí. Es duro. Aunque con tantas cosas por aprender y tantas lecturas y con eso del proyecto de investigación, pues uno apenas se da cuenta que ya pasaron esas catorce horas de trabajo.

Clara María: Yo ya estoy preparando la tarea que nos dejaron de hacer el autorretrato.

Isabel: La bendita etopeya, ¿cierto?

Clara María: Sabes, Chavelita, que ese término es nuevo para mí…

Isabel: Y para mí también…

Clara María: Por lo que entendí se trata de decir quién es uno en un párrafo. Pero no físicamente, sino dando cuenta de las virtudes y defectos, del temperamento, de las creencias y los valores más significativos que tenemos…

Isabel: Y usando las palabras más precisas…

Clara María: Sí, en eso insistió mucho el maestro. Que deberíamos hacer una descripción bastante precisa.

Isabel: Yo el sábado por la noche le pregunté a Otoniel, mi marido, que me hiciera una descripción sincera de cómo era yo…

Clara María: ¿Y qué te dijo?

Isabel: Sólo me dijo tres palabras: mandona, gritona y dormilona. Pero como le dije que se pusiera serio, me dijo que yo era una buena madre y que no sabía cocinar. Al final me dijo que a qué se debía el interrogatorio. Yo le conté lo de la Maestría y él, como para quedar bien, me definió como una persona consagrada al estudio y muy trabajadora.

Clara María: La que se tomó en serio la pregunta, fue Yessenia, la menor de mis hijas. Ella me dijo que yo era muy regañona y como intransigente. Que por cualquier cosa me ponía brava y que, y esto si me puso a pensar, que había días que me sentía como triste.

Isabel: No siempre es fácil aceptar lo que dicen de uno; sobre todo los seres que uno más quiere.

Clara María: Eso es verdad. Pero es inevitable. Los demás nos perciben de manera diferente. El mayor de mis hijos, el que empezó a estudiar ingeniería, me dijo por teléfono que yo era su ejemplo a seguir y que mi mayor problema era mi obsesión con el orden…

Isabel: Estuve tentada a hacerle caso al profesor y llamar a un exnovio, que tuve. A ver si mi carácter era diferente cuando yo tenía 20 años menos.

Clara María: Yo creo que a uno lo perciben distinto en cada época de la vida.

Isabel: Ojalá. Bueno, pero lo que me tiene un poco inquieta es hacer ese autorretrato en un párrafo. Y subirlo al blog. Me da como pena que todos se enteren de las cosas íntimas de uno.

Clara María: Pero para vencer ese temor está el libro álbum que nos presentó el profesor. ¿Cómo era que se llamaba?

Isabel: Una pesadilla… No. El monstruo en el armario.

Clara María: No. “Una pesadilla en mi armario”.

Isabel: A mí ese libro me puso a pensar. Porque no creas, Clarita, esto de volver a estudiar ya siendo uno veterano, pues no deja de producir cierta angustia. ¿Qué tal que uno no dé la talla? , ¿o que no pueda con tantas obligaciones académicas?

Clara María: A mi esa presentación del libro álbum lo que me produjo fue una mayor convicción. Que a los miedos no hay que huirles o sacarles el cuerpo. Que uno debe aceptarse con sus limitaciones. Y eso que dijo el profesor que me llegó al alma: “La masa con que se hace el pan de la educación, es el error”. No debemos tenerle miedo a nuestros errores; más bien tomarlos de la mano y meterlos en la cama, como vimos en la diapositiva.

Isabel: Voy a decirle a mi hermana, la que vive en Bogotá, que me lo busque en una librería. Sería muy chévere trabajarlo con mis niños del colegio.

Clara María: Pero volviendo al asunto, yo he hecho varios borradores de mi autorretrato. Empecé un cuaderno nuevo.

Isabel: Y cómo sabe uno lo de las líneas; porque el párrafo debe tener de extensión entre 8 y 12 líneas, según recuerdo.

Clara María: Lo que he pensado es lo siguiente: primero hago mi texto a mano. Lo corrijo hasta que me satisfaga. Y después lo paso al computador y, allí, iré contando las líneas.

Isabel:¿En qué letra fue que dijo?

Clara María: En Times new roman de 12 puntos…

Isabel: Sabes que sí, esa puede ser una buena estrategia. Y las lecturas previas, ¿ya las hiciste?

Clara María: Ya me leí la primera. ¿Qué tal el ejercicio de esa profesora con el tomate? Una dura esa maestra. Yo voy a copiar ese ejercicio con mis estudiantes. Me pareció impactante.

Isabel:¿Dónde está ese ejercicio?

Clara María: En la primera lectura sugerida por el maestro. Esa que se llama: “Escribir: dibujar con palabras”.

Isabel: Es que yo me metí de una a la lectura de la etopeya…

Clara María: El profe aconsejó seguir una ruta de lecturas. Alguna intención debe tener para darnos ese recorrido.

Isabel: Pero tú sabes, Clarita, que yo soy impaciente y acelerada.

Clara María: Eso, entonces, hay que ponerlo en tu autorretrato.

Isabel: Sí. Eso será lo mejor. Pero por mi acelere me puse a mirar fotos viejas. Yo tengo varios álbumes de pastas grandes, de esos que uno usaba para guardar fotografías de fechas especiales. Me puse a revisarlos con mi hermana, que vino a “chismosear” cómo me había ido en el inicio de mi posgrado y, como le conté lo de la tarea, al final no sé por qué terminamos revisando esos álbumes. Nos reímos y lloramos un rato. Especialmente con las fotos de mi mamá, que murió hace dos años. Y entre charla y charla ella me fue relatando cosas de cómo era yo de niña y cómo era de “fregada” en el colegio.

Clara María: Uno no acaba de conocerse, Isabelita. Uno es una especie de laberinto.

Isabel: Uy, te inspiraste compañera. Ya esa Maestría te está haciendo efecto.

Clara María: Y con solo un fin de semana… Espera a ver cuando llegue al último semestre.

Isabel: Se me ocurrió hacer un cuadro de mis defectos y mis virtudes, para empezar por algún lado.

Clara María: Puede ser bueno. Aunque el maestro dijo que la etopeya no era presentar un listado de defectos o cualidades. Que era más un conjunto de oraciones en las que describíamos nuestro carácter. “Un dibujo moral de nuestra interioridad”. Eso fue lo que repitió.

Isabel: Voy a hacer un mapa de ideas a ver si ordeno tantas cosas que tengo en la cabeza.

Clara María: Sabes que sí. Esa puede ser una estrategia para organizar las diferentes partes del párrafo. Y después viene lo de hallar las palabras más precisas para describir un comportamiento, un temperamento o una forma de ser.

Isabel: Qué interesantes esas referencias bibliográficas que nos compartió el maestro…

Clara María: Yo no tenía ni idea de que había diccionarios de dudas del idioma y mucho menos esos otros de ideas afines…

Isabel: Y qué tal ese diccionario razonado de sinónimos y antónimos.

Clara María: Qué cantidad de ayudas y de cosas nuevas estamos recibiendo.

Isabel: Y lecturas en cantidad.

María Clara: Yo a raticos he estado leyendo lo de investigación acción…

Isabel: Sabes que me puse a mirar lo de aprender a resumir. Un artículo del libro del profesor.

Clara María: Sí, sí… Lo tengo en capilla para leerlo esta noche. Es que me puede servir para ajustar y mejorar una tarea que les había puesto a mis alumnos.

Isabel: Bueno. Nos toca cortar la conversación, o no logramos hacer todas esas tareas.

Clara María:¿Y ya miraste el blog? Acuérdate que es domingo. Y el profe nos dijo que los comentarios había que hacerlos en la entrada de este día. Pero desde mañana hasta el jueves.

Isabel: Eso lo haré más tardecito. Por ahora, voy a ver qué le hago de comida a mi familia. Chao.

Clara María: Que descanses. Buenas noches.

El maestro y el director de orquesta

23 jueves Oct 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Diálogos, OFICIO DOCENTE

≈ 16 comentarios

Luz Adriana: ¿Viste la ilustración de la pasada entrada del blog del maestro?

Mónica: Sí. Me parece que a él le gusta mucho ese músico.

Luz Adriana: Yo creo que la intención era otra…

Mónica: ¿Cuál?

Luz Adriana: Pues, la de darnos una pista para la tarea.

Mónica: ¿Cómo así?

Luz Adriana: Se me ocurre que el trabajo del director de orquesta es análogo a la labor del maestro.

Mónica: De pronto. A mí me parece que la fotografía era para reforzarnos lo que nos mostró en la pasada sesión del Nivelatorio.

Luz Adriana: No creo. Yo pienso que, como tantas cosas que a él se le ocurren, era una forma de insinuarnos una posible analogía.

Mónica: ¿Y por qué lo dices con tanta convicción?

Luz Adriana: Porque, inspirada en esa imagen y en el video de Baremboim mostrado en clase, me puse a pensar en las relaciones que hay entre el director de orquesta y el maestro.

Mónica: Cuéntame a ver si saco material para mi tarea.

Luz Adriana: Mira. Acá tengo el cuadro comparativo con la lista de rasgos puestos en dos columnas.

Mónica: Ya veo…

Luz Adriana: Pero esto es sólo el escenario. Lo importante es la tesis que anima ese cuadro.

Mónica: ¿Cuál?, si se puede saber.

Luz Adriana: Sencilla: la tarea del maestro se parece a la ejecutada por el director de una orquesta.

Mónica: Suena bien.

Luz Adriana: ¿Y cómo lo voy a argumentar?, te preguntarás. Una primera cosa, y fíjate que sigo la lista de características de mi cuadro, es que así como el maestro organiza y lidera a sus alumnos, el director de orquesta tiene a su cargo o maneja unos músicos.

Mónica: Y no siempre es fácil controlarlos… Sobre todo ahora, en esta época, en que la autoridad del maestro es poco reconocida.

Luz Adriana: Sigo… Tanto el director de orquesta como el maestro están al frente de un grupo. Lo dirigen, por decirlo así.

Mónica: Ya entiendo…

Luz Adriana: Y controlan el grupo con su mirada, sus gestos, su postura. Claro, el maestro también usa las palabras; en cambio el director de orquesta utiliza un lenguaje no verbal. O mejor, son sus manos las que hablan, son sus brazos los que comunican o dicen un cambio en el ritmo o en la intensidad de unas notas.

Mónica: Eso es porque a los músicos les interesa estar allí y seguir al director; en clase el asunto es bien distinto. Hay alumnos que no les importa estar en el aula.

Luz Adriana: Pero, tanto el director como el maestro, dirigen a otros, a un grupo de personas. Cada uno usa recursos comunicativos diferentes, pero ambos están preocupados por organizar un conjunto heterogéneo.

Mónica: En algo se parecen, según lo que dices; pero yo creo que son diferentes los dos grupos de personas por ellos dirigidos.

Luz Adriana: Lo fundamental al hacer la analogía, según entendí por la explicación dada el viernes, es sacarle el mayor provecho a las similitudes.

Mónica: ¿Y qué más tienes en tu cuadro?, ¿qué otra cosa has descubierto?

Luz Adriana: Descubrí que una de las finalidades del director de orquesta es lograr que cada quien toque su instrumento pero sin descuidar el resultado armónico del conjunto.

Mónica: Me perdí… Explícame más despacito.

Luz Adriana: Me parece que el director de orquesta como el maestro necesitan darle valor y relevancia a cada persona de su grupo. El director de orquesta y el maestro saben que sin el aporte de cada uno no se logrará el resultado armonioso del final.

Mónica: No lo había visto de esa manera.

Luz Adriana: Yo creo que el éxito de un director de orquesta y de un maestro es que atienden a lo individual para lograr el objetivo común.

Mónica: Digamos que hacen una tarea personalizada.

Luz Adriana: Así parece. Y fíjate que si un músico o un alumno no colaboran o se desconectan de quien dirige el resultado será un fracaso.

Mónica: Y según tus reflexiones, ¿Qué sería lo análogo de la partitura?

Luz Adriana: Podría ser el libro de texto…

Mónica: Ya veo… ¿Y el vestido de frac de los músicos sería como el uniforme de los estudiantes?

Luz Adriana: Puede ser… Pero pienso que la elegancia de los músicos es para resaltar la importancia del evento. Es una ceremonia o un rito, así como también es un rito la clase.

Mónica: Sí. Un rito con sus horarios establecidos, sus fórmulas de saludo y despedida, sus formas de hablar…

Luz Adriana: Eso también lo escribí entre los rasgos semejantes. Así como el director de orquesta está en una sala, el maestro está en su salón. Y es similar que en una y otra situación se tenga prohibido hablar en voz alta o comer.

Mónica: Pero eso será en los países desarrollados, porque en nuestro país…

Luz Adriana: Digo que el espacio del director de orquesta y el del maestro son espacios ritualizados. Y debemos comportarnos de una especial manera si queremos estar allí o participar de ese escenario.

Mónica: ¡Qué interesante! ¿Y qué más similitudes has encontrado?

Luz Adriana: Una que me parece muy importante…

Mónica: Soy toda oídos.

Luz Adriana: Me puse a buscar en internet y vi en youtube a varios  directores de orquesta en acción. Me acuerdo ahora de Karajan y de Bernstein, y cada uno dirigía a la orquesta de manera diferente, así fuera una obra del mismo compositor. Cada uno tenía su estilo.

Mónica: Has estado muy estudiosa.

Luz Adriana: Sí, señorita. Entonces, se me ocurrió que de igual modo sucede con nosotros los maestros. Cada uno tiene su estilo de enseñar, de interactuar con los estudiantes, de motivarlos o de controlar un grupo.

Mónica: Eso es cierto. A mí, por ejemplo, me gusta mucho que los estudiantes trabajen en grupo, y poco hago exposiciones magistrales.

Luz Adriana: Yo, en cambio, prefiero el trabajo en grupo para el momento de la motivación inicial. La parte gruesa de los temas las asumo siempre con una exposición magistral.

Mónica: Es inevitable. Cada quien le imprime a su enseñanza unas marcas de su personalidad.

Luz Adriana: Y esos rasgos repetitivos son los que constituyen un estilo, según leí en uno de los libros del maestro.

Mónica: Ah, sí…

Luz Adriana: Entonces, así como el director de orquesta tiene un estilo de dirigir, el maestro de igual manera tiene un estilo para enseñar.

Mónica: Qué interesante…

Luz Adriana: ¿A ti te gusta la música clásica?

Mónica: No tanto. O mejor, poco conozco de esa música.

Luz Adriana: A mí tampoco. Pero después de lo que nos presentó el maestro en el Nivelatorio sobre Baremboim dando esas lecciones de música, me picó la curiosidad y me puse a indagar las sonatas de Beethoven… y me extasié con una en particular…

Mónica: ¿Pero de dónde sacas tiempo para hacer tantas cosas?

Luz Adriana: Me he organizado… El domingo pasado me regalé la audición de varias sontas de Beethoven tocadas por Baremboim. Encontré el video en internet que el maestro nos presentó en clase.

Mónica: Pásame la dirección a ver si yo también aprendo algo de esa música.

Luz Adriana: Te mando el enlace por correo…

Mónica: Que no se te olvide.

Luz Adriana: Tú sabes que no.

Mónica: Pero no me acabaste de contar lo de tu analogía.

Luz Adriana: Ah sí… Tengo en mente desarrollar otros rasgos que comparten uno y otro. Por ejemplo, el hecho de que el director de orquesta conoce, casi siempre de memoria, la partitura que está interpretando cada músico. Por eso puede dirigirlos. Igual le pasa al maestro: debe conocer en profundidad aquello que desea enseñar.

Mónica: Y eso le da a uno, además, seguridad.

Luz Adriana: Sí. Eso me parece fascinante de los directores de orquesta… tener todas esas notas en la cabeza. Sorprendente.

Mónica: Son genios. Y, según leí, tienen que estudiar más de 10 años para llegar a ser directores.

Luz Adriana: Te contaba que tengo otras características en mi cuadro pero me falta desarrollarlas. Por ejemplo, que el “estudio” de la partitura hecha por el director de orquesta corresponde a la preparación de la clase del maestro… y que los “ensayos” del director se asemejan a los ejercicios en clase del maestro con el fin de apropiar o dominar un tema.

Mónica: Tantas cosas similares, ¿no?

Luz Adriana: Y no sé todavía con qué puedo analogar la batuta usada por el director de orquesta.

Mónica: Con las tareas…

Luz Adriana: No. Hace parte de la comunicación en el aula.  Es un elemento que amplifica la instrucción del director de orquesta…

Mónica: Entonces, con la tarima que hay en los salones de clase.

Luz Adriana: Déjate de bromas. Mejor ayúdame a encontrar una relación “adecuada y pertinente”, según nos indicó el maestro en su blog.

Mónica: Dame unos días y te cuento…

Luz Adriana: Mejor, recoge tus cosas y apúrate que, con este paro de transporte, a lo mejor no conseguimos en qué llegar temprano a casa.

Mónica: Voy corriendo. Espérame. No te vayas a ir sin mí. Tú sabes que no me gusta salir sola a la avenida.

Luz Adriana: Aquí te espero… mientras sigo pensando en mi analogía.

Dos párrafos conectados

15 miércoles Oct 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in APRENDER A ESCRIBIR, Diálogos

≈ 20 comentarios

Pintura de Henriette Browne.

Pintura de Henriette Browne.

Oscar: ¿No te he visto en el blog?

Johana: No. Estoy, como dice el maestro, dejando en salmuera mis dos párrafos.

Oscar: Recuerda que él nos solicitó enviar cuanto antes el ejercicio para alcanzar un mayor número de correcciones.

Johana: Sí, de eso me acuerdo. Lo que pasa es que no me gusta mucho lo que tengo.

Oscar: No importa. Tenemos que lanzarnos. O si no, ¿cómo podemos mejorar nuestros escritos?

Johana: Razón tienes… pero…

Oscar: Mejor envía lo que escribiste así no esté perfecto.

Johana: Bueno. Pero, vi en el blog que el maestro te dijo que tu tarea estaba muy bien.

Oscar: Aunque me falta lo de la puntuación. Casi no uso el punto seguido. Tengo mucha coma, mucha coma…

Johana: Ese problema también yo lo tengo.

Oscar: Sin embargo, me siento contento con mis párrafos.

Johana: ¿Y cómo lo lograste?

Oscar: Primero que todo me leí y releí los textos que el maestro nos recomendó. En el orden sugerido.

Johana: A mí me faltó leer dos de los textos.

Oscar: Eso te pasa por no haber asistido a la última sesión del Nivelatorio.

Johana: Quería venir pero se me presentó una cosa en el colegio. Ni modo. Pero, no me respondiste del todo…

Oscar: Bueno. Después de eso me gasté un buen tiempo revisando las seis citas que nos entregó el maestro. Busqué la forma de agruparlas, de reunirlas alrededor de un aspecto o una situación. Ahí me gasté mis minutos largos; pero ya con eso tuve como una idea de lo que podía hacer.

Johana: O sea que no empezaste como yo….

Oscar: ¿Y cómo lo hiciste tú?

Johana: Pues, primero pensé en lo que era la felicidad y después miraba dónde podía ir metiendo algunas de las citas.

Oscar: Me parece que así es más difícil. A lo mejor los escritores con experiencia logren hacerlo. Pero a mí me funcionó de la manera como te cuento.

Johana: Y después, ¿qué?

Oscar: Con las citas ya agrupadas me puse a meditar sobre la felicidad. Lo que trataba era de hallar una tesis a la cual pudiera irle anexando mis grupos de citas. En esa tarea me gasté mi buen tiempo.

Johana: ¿Y cómo supiste que ya tenías una tesis?

Oscar: Miré los apuntes de la clase pasada del profe y me ayudé con el libro del maestro, Pregúntele al ensayista.

Johana: Sí, me dijeron que debería adquirirlo. Que es muy útil.

Oscar: Es un libro que sirve como un tutor, cuando uno está escribiendo un ensayo.

Johana: ¿Dónde lo conseguiste?

Oscar: Fui a la Panamericana, pero otros lo han conseguido en la Librería Lerner.

Johana: Y después, ¿qué hiciste?

Oscar: Me fijé un pequeño plan para cada párrafo. Me decía: voy a hablar de esto primero y, enseguida, meteré esta cita y cerraré con una reflexión centrada en este asunto.

Johana: ¿Tú, todo lo haces así?

Oscar: Algunas cosas…

Johana: ¿Y entonces?

Oscar: Me puse a redactar mi primer párrafo. Me acordé de lo que había dicho el maestro: la escritura es un trabajo artesanal. Por eso mismo fui por etapas, por pedazos. Siempre leyendo lo anterior antes de lanzarme con la nueva idea.

Johana: ¿Parece fácil? Pero a mí me ha resultado complicado.

Oscar: ¿Y no será que, por el afán, esperas que el texto te salga de una?

Johana: De pronto es por eso… Lo que pasa es yo no tengo paciencia. Soy como mi mamá…

Oscar: Mala cosa, para esto del escribir.

Johana: En la escuela yo me desesperaba en las manualidades.

Oscar: Yo era bueno para dibujar. Me encantaba colorear figuritas de animales.

Johana: No. Yo sí soy negada para dibujar. Bueno… Pero nos fuimos por las ramas. Oscarito, cuéntame tu secreto.

Oscar: No hay secreto. Es puro cuidado. Fíjate que el maestro subió al blog la ilustración de una mano tejiendo… Me parece que es un buen símbolo del ejercicio. Mejor dicho, es coger una voz de un autor y tejerla con nuestra propia voz.

Johana: ¿Y los conectores serían como la aguja?

Oscar: Brillante has estado, mi coequipera de investigación. Los conectores son el puente, las bisagras de que uno se vale para zurcir esos hilos del pensamiento. En la primera corrección que me hizo el maestro me sugirió cambiar dos de ellos.

Johana: Entonces, ni para qué le envío mis desconectados párrafos.

Oscar: Ya te dije que lo mejor es lanzarse al agua.

Johana: Ya veo que necesito salvavidas… Me estoy ahogando.

Oscar: Y fíjate que hay diferentes familias de conectores; se usan para distintas cosas.

Johana: ¿Y dónde encontraste eso?

Oscar: En el libro del maestro.

Johana: Dichoso tú que ya saliste del problema.

Oscar: Aún sigo luchando con una cita que, según la última respuesta del maestro, desarmoniza con mis planteamientos.

Johana: Sabes una cosa, Oscar, en todos los años que llevo estudiando es la primera vez que alguien me lee con tanto cuidado. Recibí cinco correcciones en el pasado ejercicio del contrapunto.

Oscar: Eso es lo que me tiene más contento. Y me he dado cuenta de lo mucho que he avanzado.

Johana: Pues yo también he crecido un poquito. Al menos ahora me fijo en por qué pongo donde pongo los signos de puntuación.

Oscar: A mí me da mucha brega el punto seguido. Y todavía no sé cómo emplear correctamente los dos puntos.

Johana: A mí el signo de puntuación que más me gusta es el punto final.

Oscar: Bueno, compañera, menos risa y más trabajo. ¿Qué esperas para enviar tus dos párrafos?

Johana: Espero que tú me ayudes. Oscarito, ¿por qué  no me colaboras con uno de los textos? No seas malito. Al menos ayúdame con el primer párrafo.

Oscar: Muestra a ver… porque o si no quién te aguanta.

Johana: Mira, aquí están mis pequeñas producciones. Léelos, pero sé benigno con el garrote.

Oscar: Voy a leer en voz alta porque el maestro nos dio ese consejo para saber qué tan acertada era nuestra puntuación.

Johana: Lee, de una vez.

Oscar: “Filósofos, psicólogos y otros intelectuales han escrito sobre la felicidad. Cada uno ha dado una visión diferente como el pensador Fontenelle que decía que ‘un gran obstáculo para alcanzar la felicidad es el prometerse una felicidad demasiado grande’ …”

Johana: No, mejor no. Presta mi cuaderno. Me arrepentí de que me ayudes. Yo solita voy a ver cómo me las arreglo. Ni bruta que fuera.

Oscar: Esa es la actitud. Así habla mi coequipera de proyecto.

Johana: Búrlate. Ya verás cuando aparezca mi texto en el blog con un “excelente”… Envidia te va a dar…

Escribir tres aforismos

09 martes Sep 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in APRENDER A ESCRIBIR, Diálogos

≈ 200 comentarios

Mauricio: ¡Qué tareas las que se le ocurren al maestro!, ¿No?

Janeth: A mí me parecen chéveres. Son un reto.

Mauricio: Y más para nosotros, o para mí, que de escritura poco o casi nada.

Janeth: Por eso es que me gustan las tareas de este Nivelatorio.

Mauricio: Y hablando de tareas, ¿ya tienes escritos los aforismos?

Janeth: Sí, tengo dos. Pero me gasté como una hora haciéndolos. Porque el profe nos dijo que en la escritura aforística había que cuidar la elección de cada una de las palabras.

Mauricio: Sí, me acuerdo que habló de eso: de que era una filigrana con las palabras.

Janeth: Un familiar, por el lado de mi papá, trabaja haciendo filigrana de oro. La familia de ellos viene de Mompox, y vieras con qué cuidado y precisión hacen unos aretes. Hilito por hilito. Es de una meticulosidad impresionante.

Mauricio: Y debe requerirse un pulso especial, ¿no?

Janeth: Yo creo que sí…

Mauricio: Bueno, muéstrame…

Janeth: Mejor esperemos a ver qué me responde el maestro por el blog.

Mauricio: Eso me ha gustado mucho del profe, todos los correos los responde.

Janeth: A mí me hizo como cuatro correcciones. Es retador lograr el “excelente” con él. Pero uno se siente gratificado cuando lo logra.

Mauricio: No te vayas por las ramas. Quiero ver lo que hiciste.

Janeth: Mejor te lo leo. El segundo aforismo, que es el que más me gusta.

Mauricio: Muestre… para aprender.

Janeth: Ya te creo. Tan humilde el señor.

Mauricio: No… lee. Soy todo oídos.

Janeth: “Los niños son más creativos porque ignoran muchas cosas. Los adultos dejan de ser creativos porque ya creen saberlo todo”.

Mauricio: ¡Uy!, que haremos con la nueva Nietzsche colombiana.

Janeth: No te burles… A mí se me ocurrió este aforismo por el trabajo del colegio con mis niños. Ellos preguntan unas cosas que uno ni se imagina.

Mauricio: Muy bueno.

Janeth: Espero enviárselo al maestro esta noche. Aún me falta revisarlo… como el profe dijo que debía ser como música escrita.

Mauricio: Pues a mí me suena muy bien. Pero, ¿cuál fue el secreto para escribir ese aforismo?

Janeth: Ningún secreto. Me basé en uno de los escritos del blog del maestro. Allí explica, con ejemplos, lo de usar contrastes. Por eso comparé al niño con el adulto.

Mauricio: Yo no he tenido tiempo de leer esa entrada. Hasta ahora estoy leyendo los aforismos del profe sobre el aforismo. Hubo uno que me impactó. Me lo grabé en la cabeza a ver si así me vuelvo un duro en esta escritura de la reflexión en miniatura.

Janeth: Comparta, para ver si coincidimos.

Mauricio: “El escritor de aforismos debe conservar el tono de los epitafios: hacer memorable en pocas líneas todo el trasegar de una vida”.

Janeth: Sí, coincidimos. Ese aforismo me encantó. Yo asocié que el papel es como la lápida.

Mauricio: Eso lo tuve presente el pasado domingo cuando fuimos al cementerio a visitar a mi papá. Me puse a leer varios letreros de las tumbas. Hay varios que a uno lo conmueven.

Janeth: Sí…. Pero son como tristes.

Mauricio: Esas inscripciones son como la síntesis de lo que fue una persona.

Janeth: El maestro dijo en clase, no sé si te acuerdas, que el aforismo se parece a los haikús, esos poemas japoneses de tres líneas…

Mauricio: A veces uno no los entiende en la primera lectura, ¿no?

Janeth: Hay que releerlos para captar el porqué de la última línea.

Mauricio: ¿Te gusta la poesía?

Janeth: Mucho.

Mauricio: ¿Y escribes?

Janeth: Cosas mías.

Mauricio: Cuente… ¿poemas de amor?

Janeth: Mejor no…

Mauricio: ¿O son cosas que no se pueden saber?

Janeth: No… de pronto otro día.

Mauricio: Está bien… Voy a leer, entonces, el texto que me dijiste.

Janeth: El maestro lo recomendó, y dijo que allí estaba el paso a paso para escribir aforismos. Se nota que tú eres uno de los que no siguen las instrucciones…

Mauricio: ¡Qué va! Lo que sucede es que he estado en el colegio  que ni te imaginas. Pero lo voy a leer a ver si se me abre la inteligencia para enviar la tarea.

Janet: Buena suerte…

II

Janeth: ¿Dónde andaba el perdido?

Mauricio: Cuál perdido, lo que pasa es el que el jueves no nos vimos porque la profesora de investigación nos convocó el miércoles a una sesión extra de tutoría. Es que vamos como quedaditos.

Janeth: ¿Y eso?

Mauricio: No hemos entendido bien lo de la formulación del problema.

Janeth: A nuestro grupo también le ha costado trabajo pero ya tenemos redactada una primera versión.

Mauricio: Dichosa tú… ¿Y qué más?, ¿ya le enviaste los otros aforismos al profe?

Janeth: Sí. Pero el maestro me dio nuevas pistas, como él acostumbra decir…

Mauricio: Cuente. A ver si ahora sí me animo a enviarle mis aforismos.

Janeth: ¿Y no lo has hecho? Recuerda que ya ha pasado una semana.

Mauricio: Es que he tenido dudas… Al final no sé si esos fragmentos de textos  son en verdad aforismos.

Janeth: Yo también tenía ese sustico. Pero con la corrección que me hizo el maestro ya me siento más segura.

Mauricio: Comparta, entonces, la buena nueva.

Janeth: Lo primero que me dijo fue que debía tomar diferentes aspectos del tema que nos ocupa, el de la creatividad. Por ejemplo, que pensara en cómo se origina, en cuál es su esencia. Esa podía ser una vía. O que reflexionara en qué se diferencia la creatividad de la imaginación, la innovación o el talento. Que hiciera distinciones. Y uso una palabra que no conocía… Que me atreviera a plantear disociaciones.

Mauricio: ¿Y en qué consiste eso?

Janeth: Pues, según le entendí, es ver diferencias entre cosas que nos parecen semejantes.

Mauricio: ¡Ah! Y te dio ejemplos.

Janeth: Un poquito. Me escribió que analizara si era lo mismo crear o inventar o qué tanto la creación se diferencia del imaginar.

Mauricio: Pero, ¿cuándo te lo dijo?

Janeth: Hace como tres días. Está ahí, en el blog. Lo que pasa es que tú no lees las producciones de los compañeros y menos lo que el maestro les responde.

Mauricio: Sí… Sí… No digo que todas las leo, pero sí…

Janeth: ¿Sabes qué?, Mauro. Yo creo que si uno lee lo que el maestro le responde a cada uno, tiene bastantes ayudas para mejorar sus propios escritos.

Mauricio: Buen consejo. ¿Y qué más te dijo?

Janeth: Que vale la pena comparar el tema con algo; que busque analogías para aproximarme al asunto. Me sugirió relacionar el tema con otra cosa. Precisamente me dijo que buscara en el blog su ensayo sobre la analogía.

Mauricio: Vaya, vaya…

Janeth: Y también me dijo que revisara lo de las figuras de pensamiento en la retórica.

Mauricio: O sea que te puso más trabajo.

Janeth: Sí, aunque me ha entrado la curiosidad…

Mauricio: Parece que andas encarretada.

Janeth: Totalmente.  Pero, mientras nos acabamos de tomar este café, por qué no me compartes alguno de tus aforismos.

Mauricio: Es que no quedan sino como cinco minutos de descanso…

Janeth: En cinco minutos puedes leerme cinco aforismos, y sobra tiempo.

Mauricio: Aunque no están terminados. Todavía tengo que buscar otros términos más precisos. Es que me he tomado en serio lo que dijo el profe en la última clase: la corrección no es un defecto sino la manera como se aprende a escribir. Entonces, redacto versiones y versiones…

Janeth: Muchas vueltas. Muestre a ver la tarea.

Mauricio: “La creatividad nace de una insatisfacción. La insatisfacción de no conformarse con lo establecido”.

Janeth: Otro… Lea otro.

Mauricio: “El verdadero creador fue Dios. Los demás no han sido sino malas imitaciones”.

Janeth: Ese está muy bueno. Dios creó el mundo de la nada.

Mauricio: Eso dicen. Y escucha este otro, antes de que nos vayamos a clase: “Todos tenemos alguna chispa de creatividad; pero hay unos pocos que convierten esa chispa en una hoguera”.

Janeth: Me parecen interesantes. Y si fuera tú, los habría enviado hace rato. Deja de ser tímido. Hay que arriesgarse.

Mauricio: Gracias por el refuerzo. Ya veremos que dice el maestro.

Janeth: En todo caso, y eso me ha tranquilizado, escribir es seguir haciendo enmiendas y correcciones.

Mauricio: Vaya descubrimiento el que hemos tenido. Venir a una maestría a descubrir que no sabíamos ni leer ni escribir.

Janeth: Y más grave siendo maestros.

Mauricio: Pero aquí estamos… desaprendiendo muchas cosas.

Janeth: ¿Qué tienes ahora?

Mauricio: La electiva sobre Nuevas tecnologías.

Janeth: Yo estoy en un seminario sobre Desarrollo humano… Qué maravilla de maestro. Estoy encantada.

Mauricio: Chao. Nos vemos.

III

Janeth: ¿Cómo te fue?

Mauricio: Voy como en la cuarta versión de uno de los dos primeros aforismos. Pero ya de uno de ellos el profe me dijo era un buen texto.

Janeth: ¿Y qué te corrigió?

Mauricio: Especialmente lo de la organización del texto. El profe me invitó a estructurar de otra forma las frases. Además me dijo que echara mano de la ironía y el humor, porque esos mecanismos eran otra ruta para elaborar aforismos.

Janeth: Eso leí también en alguna respuesta a los maestrantes.

Mauricio: Pero yo no tengo vena para hacer chistes…

Janeth: No creo que sea eso. Según entendí el humorismo quita el velo a muchas cosas. Y los aforismos ponen en evidencia un error, una tontería o algo que creemos sin reflexionar.

Mauricio: Ya entiendo.

Janeth: Esa vía la tomé en uno de mis últimos aforismos…

Mauricio: ¿Y lo tienes ahí para copiarme?

Janeth: Es mala cosa copiar cuando se trata de la creatividad.

Mauricio: Pero si era una broma…

Janeth: Debes ser original.

Mauricio: Lo único original fue el pecado de Adán y Eva.

Janeth: ¿Y dices que no tienes humor? Por algo el maestro te recomendó ahondar en esa vía.

Mauricio: No… En serio. Déjame ver esa pequeña obra.

Janeth: Mejor después… Concéntrate que va a empezar la clase…

Mauricio: Estás en deuda. Lo tendré en cuenta. Después no pidas nada en el día del amor y la amistad…

El maestro: Buenas noches. Qué bueno verlos nuevamente. Hoy tendremos varias cosas en nuestro Nivelatorio. Empezaremos hablando de la escritura de aforismos. Me ha parecido que han hecho un esfuerzo enorme. Ustedes saben que no es fácil para adultos como nosotros formados en una educación temática desarrollar el pensamiento. Nos hizo falta una educación problémica y unos maestros expertos en mayéutica, grandes didactas de la pregunta. Pero aun así, les elogio su persistencia. Empecemos, entonces,  mostrando algunos ejemplos de los que me han parecido aforismos de gran calidad. ¿Quién me ayuda a leer, en voz alta y entonada?

Carmen Julia: “El creador es para el clan de los conformistas un renegado. Es decir, alguien que ha abandonado voluntariamente las creencias de la tribu”.

El maestro: ¡Excelente aforismo! La autora es Noruan… allí la veo. Felicitaciones. Un aforismo tallado en puro mármol. Lee este otro, por favor.

Carmen Julia: “Deberíamos pedirle a la luna que nos hable de lo que desde su punto de vista sabe del sol. Tal vez así redescubriríamos a esa estrella cotidiana”.

El maestro: ¡Qué buen aforismo! ¿Dónde está Janeth, la autora?

Janeth: Aquí, maestro.

El maestro: Me encantó tu texto. Se nota que revisaste lo de las figuras de pensamiento.

Janeth: Un poco…

El maestro: Aprecien ustedes el contraste y, al mismo tiempo, el valor de la analogía… Es una enseñanza dicha de manera poética.

Mauricio: Pero no te pongas colorada…

El maestro: Leamos este otro. Un ejemplo del talento nacional. ¿Quién me ayuda?

Oscar: “La mayor innovación de Adán consistió en salir del paraíso. Eva, en verdad, fue la creativa del vergel”.

Janeth: Apuesto a que ese es uno de los tuyos.

Mauricio: No, señorita. Yo aún voy por la tercera versión…

El maestro: ¿Dónde está Luis David? Excelente tu aforismo… A algunos les escribí que los mecanismos del humor son los mismos usados para hacer un aforismo. Mediante un chispazo de inteligencia se hace reflexionar a la gente sobre sus vanaglorias, sus fragilidades o sus miedos… Bien. Vayamos a este último ejemplo, tallado como si fuera un diamante. ¿Quién lo lee?

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