• Autobiografía
  • Conferencias
  • Cursos
  • Del «Trocadero»
  • Del oficio
  • Galería
  • Juegos de lenguaje
  • Lecturas
  • Libros

Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Archivos anuales: 2014

Sexto día de novena navideña: la familia

21 domingo Dic 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Ensayos

≈ 2 comentarios

Es indudable que el símbolo mayor de la navidad está representado en la familia. Alrededor de ella, de su importancia, giran otros valores de estas fiestas decembrinas. Las comidas en común, las visitas a distintos miembros del grupo de parientes, los paseos con allegados, el compartir con los mayores en unión con toda la progenie es lo habitual en estos días. Estar en familia, reunirse, es el objetivo de los más allegados y de la parentela distante.

Aprovechemos, entonces, este día para reflexionar un poco sobre la familia. Lo primero que deberíamos reconocer, así en estas épocas parezca secundario, es el papel vital de la familia en la crianza. Mucho de lo que somos depende de lo que hacen los mayores con nosotros cuando niños. Es por su cuidado, por su decisión en proveernos de hábitos, por su voluntad en darnos una excelente educación, como adquirimos la suficiente fuerza en nuestras raíces para el crecimiento posterior. En familia reafirmamos nuestra identidad, comenzamos a desarrollar nuestras potencialidades y encontramos el estímulo y la fortaleza para salir a enfrentar el mundo con sus vicisitudes. Sin el calor y la firmeza de la familia muchas serán nuestras debilidades y abundantes los vacíos en diversas dimensiones de nuestra personalidad.

La familia también es un refugio, una certeza en el espacio, un lugar de protección. A ella acudimos cuando decaen las fuerzas, con ella contamos cuando la enfermedad o el dolor nos afligen, sin ella vivimos  en la orfandad o el ostracismo. Así sea como alimento o techo, como lugar de consejo o caudal de experiencia, la familia sirve de acogida y de amparo. Lo fundamental de este nicho de la sociedad es el rol de alojamiento existencial que provee; la zona sagrada que instituye, generada por los vínculos de la sangre y el afecto. Por eso nuestra casa, por humilde que sea, se convierte en un fortín espiritual, en una fortaleza en la que podemos sentirnos tranquilos y confiados.

Otro aspecto esencial de la familia, con implicaciones altísimas en el campo educativo, es el servir de semilla para la convivencia, para aprender a ser con otras personas. Nuestra familia es un laboratorio en el que vamos cultivándonos para ser tolerantes, para combatir nuestros egoísmos, para seguir unas normas y hacernos responsables de los actos de nuestra libertad. En ese micromundo de la familia se prefiguran patrones de comportamiento, se  afianzan valores como el respeto por los demás, se dimensiona la dignidad propia y ajena. La familia nos prepara para ser luego pareja, equipo de trabajo, comunidad. Sin esas primeras lecciones de coexistencia dadas por la familia seríamos más tarde torpes para interactuar con los extraños y sentiríamos como ajenos los derechos y los deberes ciudadanos.

Siendo tan importante la familia para el desarrollo de los seres humanos es clave tomarnos un tiempo para meditar sobre si lo que hacemos, como padres, hijos o hermanos, corresponde al lugar indicado. Porque lo que vemos mayoritariamente hoy es una dejadez o abandono por actuar como familia. Muchos hogares se han convertido en hostales y se confía peligrosamente en que cada miembro haga lo que mejor le parezca. Los roles parecen haberse diluido en una falsa veneración por el libre desarrollo de la personalidad. Considero que el miedo o la complacencia han terminado minando lo que debería ser obligación o genuina responsabilidad.

Aprovechemos la navidad para darle trascendencia a la vida familiar. Es prioritario que convoquemos el estar en familia, impongámonos la tarea de hablar y compartir experiencias entre mayores y menores, rompamos las burbujas individuales y propiciemos la comunicación cara a cara. Hagamos que los abuelos se sientan necesarios y útiles; sintámonos corresponsables de la suerte de sobrinos y nietos. Fortalezcamos los vínculos y celebremos con entusiasmos los rituales propios de la filiación o el  parestesco. Y, sobre todo, enseñemos a las nuevas generaciones el prestigio y la riqueza incalculable de tener un hogar.

Quinto día de novena navideña: la alegría

20 sábado Dic 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Ensayos

≈ 2 comentarios

Cómo no hablar de la alegría en estos días navideños. Esa parece ser la emoción de la mayoría de las personas o lo que se transpira en el ambiente. Los alumbrados en las calles, los decorados brillantes en locales comerciales y la música festiva que resuena en la radio contribuyen a que nos sintamos menos apesadumbrados o irascibles. Hasta las mismas vacaciones colectivas se suman a este clima de risas y optimismo, a este regocijo de campanas en el que anda nuestro espíritu.

La alegría es un estado de afirmación a la vida. Es una expresión de certeza y satisfacción con lo que somos o tenemos. No hay fractura con nuestra interioridad; todo parece fluir y nos consideramos bendecidos por la suerte. El que está alegre ve menos sombras en el paisaje de su existencia y cuenta con una reserva de ánimo ilimitada. Cuando así nos sentimos somos más tolerantes y nuestras manos se saben más generosas. Sin parecer demasiado filosóficos podemos decir que la alegría es la mensajera predilecta de la felicidad, el rostro visible del gozo.

La alegría, por lo demás, está relacionada con el juego. Y el juego es el ámbito en donde se abandonan todas las armas y las apariencias para ser como somos, para poner en escena nuestra autenticidad. Sin temores, sin miedo al repudio o al enjuiciamiento. La alegría es, en este sentido, el florecer o germinar de nuestra libertad. Quien está alegre se siente liberado, manumitido de presiones sociales o demandas ajenas. Por eso la alegría es un desahogo y por eso también es traviesa, porque la médula de nuestra humanidad no soporta las cadenas.

Tan fuerte es la emoción de la alegría que busca manifestarse en el baile, en la fiesta. Ansiamos que esa sensación se contagie. No parece suficiente guardarla para nosotros; es menester que se irradie, que pueda ser compartida. Y con cada grito de exaltación, con cada movimiento rítmico de nuestro cuerpo, la alegría establece puentes para restituir la igualdad entre los hombres. La hermandad de la alegría diluye diferencias de clase, credo, etnia o edad. Nadie puede quedarse por fuera de este alborozo. El esparcimiento se vuelve el cometido común. Tal es la importancia de las fiestas populares que tienen como fin irradiar la alegría a toda una comunidad. Con la alegría certificamos el valor de la convivencia y el encuentro.

Es apenas natural que durante estas fechas decembrinas participemos y promulguemos la alegría. Nuestro espíritu necesita desprenderse de los huraños quejumbrosos y apartarse de los cascarrabias empecinados. Basta agregar una sonrisa a nuestra comunicación cotidiana para descubrir el impacto y los beneficios producidos. Es necesario darle mayor flexibilidad a nuestro espíritu para no andar rompiéndonos el alma por cualquier tontería. Es más: si logramos con nuestras acciones o nuestras palabras contribuir a que otro ser humano redescubra su potencial de alegría, habremos cumplido una de la obras secretas de la misericordia.

Las campanas de navidad, los cantos, los adornos multicolores, nos advierten de que no podemos perder la alegría. A pesar de los problemas, las adversidades o los sufrimientos, sigue habiendo motivos para levantar las manos y celebrar. Ahí están, a nuestro lado, familiares que nos quieren; pese a todos los obstáculos, algún proyecto personal ha logrado terminarse; contamos con salud y trabajo; seguimos manteniendo en alto varios sueños; tenemos manos amigas que nos ayudan; hemos conseguido por fin un techo propio… Siempre habrá razones para estar alegres. Sabernos vivos es ya, de por sí, una causa para sentirnos contentos.  

Cuarto día de novena navideña: el perdonar

19 viernes Dic 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Ensayos

≈ 4 comentarios

"El regreso del pródigo" del pintor inglés Edward John Poynter.

«El regreso del pródigo» del pintor inglés Edward John Poynter.

La alegría y el júbilo contagioso de estos días decembrinos crean un ambiente propicio para hablar del perdón. De los alcances y beneficios del aprender a perdonar. Porque no es fácil reconstruir los lazos familiares, laborales o de una comunidad si no se cuenta con tal disposición. El perdón ofrece oportunidades para resarcir las faltas, reconstruir los vínculos sociales y es el mejor antídoto contra el resentimiento y las envenenadas manifestaciones del odio y la venganza.

Los que se sienten inclinados al perdón son los seres que reconocen en sí mismos y en los demás la falibilidad. Si nos sabemos imperfectos, predispuestos al equívoco, necesariamente deberemos aceptar el perdón como parte de nuestro desarrollo moral. Los otros, los que consideran la perfección como el único rasero o los que tienen tal dureza de corazón como para no aceptar las falencias ajenas, son los soberbios y déspotas. Perdonamos, en consecuencia, porque comprendemos que la equivocación no es una mancha o una anomalía sino parte constitutiva de nuestro ser.

Por momentos olvidamos esa particularidad de las personas. Pasamos por alto que no nacemos como productos terminados. Somos criaturas perfectibles. Con cada experiencia, con torpezas o tanteos vamos afinando nuestro temperamento o nuestro carácter. Y cuando formamos pareja, familia o equipo nos obcecamos en pedirles a los demás una impecabilidad cercana a los seres sobrenaturales o los entes ideales. Precisamente, el saber perdonar es una forma de asumir en la práctica una convivencia con individuos de carne y hueso, con personas sujetas a la variabilidad. El perdón humaniza y, a la vez, revitaliza la confianza.

De otra parte, considero que el perdón valora o pone en alto relieve la rectificación, los procesos de resarcimiento y mejora. Cada uno de nosotros, como padre, hermano, pareja o vecino puede y tiene la posibilidad de enmienda. Reformarse, corregirse, reparar lo mal hecho, son acciones a las que el perdón da cabida. Si cancelamos esos actos de reposición –tanto más complejos cuanto nos hayan herido o lastimado– estaremos condenando a la otra persona a la fatalidad de lo irremediable. Perdonar es ofrecer opciones al culpable, aliviar los remordimientos, hallar cierta paz proveniente del olvido de la afrenta o la maledicencia. Quien perdona ofrece una cura para los males del espíritu.

Por supuesto, no es fácil perdonar con el rencor a cuestas. Tampoco si los lastres del odio son los consejeros de nuestro corazón. Y menos si esperamos que nuestro colega, familiar o amigo –esos que han cometido una falta contra nosotros– se humille hasta la degradación. Para perdonar hace falta no quedarse en el pasado, superar la condición fija de la piedra, estar en la otra orilla del río. El que perdona avanza, no se deja carcomer por las espinas de lo ya pasado. Perdonar es evolucionar hacia la reconciliación; es afirmar la fuerza renovadora de los vínculos.

Es aconsejable aprovechar esta época de navidad para ponernos en actitud de perdón. Bien sea para pedirlo o aceptarlo. Tal vez ahí cerca de nosotros esté el familiar al que debemos sorprenderlo con nuestra solicitud de perdonarnos algún insulto o injuria; o un tanto más lejos, se encuentre aquel amigo que debemos perdonar, a pesar de su flagrante insolidaridad. Esa podría ser una magnífica tarjeta navideña: la de entregarles a aquellos que hemos ofendido una palabra o un gesto para que nos perdonen, o exonerar de nuestra animadversión al individuo que en el pasado nos llenó de agravios.

Tercer día de novena navideña: el recogimiento

18 jueves Dic 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Ensayos

≈ 2 comentarios

Escultura de Víctor Ochoa.

«El Zulo» del escultor español Víctor Ochoa Sierra.

Retomemos el tema del recogimiento como motivo de reflexión para este día. Considero que el estar de vacaciones y el deseo de viajar o participar del jolgorio decembrino no debe ocultarnos la necesidad de cavilar o dedicar un tiempo para recapacitar y volver al interior de nosotros mismos. Así sea en un templo o en nuestra propia casa es aconsejable recogernos y regalarnos unas horas para dialogar con nuestro espíritu.

He mencionado el recogimiento. Me refiero a una actitud solitaria y meditativa. A detener el agite o la avalancha de compromisos con el fin de –reposadamente– escuchar nuestros pensamientos o la silente conciencia. Para lograr tal ensimismamiento necesitaremos romper con la agobiante barahúnda de los medios de información, clausurar los llamados permanentes de las nuevas tecnologías y regalarnos las bondades del silencio. Tal vez caminar en algún sitio apartado refuerce tal propósito. Lo importante, en todo caso, es tener unas horas para reencontrarnos, para dejar de ser objetos insensibles y recuperar la dignidad de ser personas. Recogerse es dejar de responder a las demandas gritonas del afuera y escuchar con cuidado los susurros de nuestra interioridad.

Así, a solas, podremos hacer balance. Discernir sobre lo que hemos logrado, evidenciar aquellas zonas donde hemos tenido fallas o descubrir una tarea que aplazamos inexplicablemente. El discernimiento nos pone en sintonía con nuestro proyecto vital; nos vuelve a lo esencial del sentido de nuestra vida. Discernir es dejar de sobrevivir y recuperar la rica experiencia de estar en el mundo. Retomar lo que la vida posee de gratuito y maravilloso; reconocer todo lo que perdemos por andar atrapados o engolosinados con los espejismos del consumo y las necesidades fatuas. Discernir es, en últimas, volver a tomar las riendas de nuestro destino.

Darse un tiempo para el recogimiento es abrir, de igual modo, un espacio para la meditación. Meditar en el sentido de establecer un vínculo con la dimensión profunda de nuestro ser. Redescubrir nuestra vocación por las preguntas esenciales de la existencia. Y en esa tarea de concentración y serenidad que constituye el acto meditar, expandir nuestro espíritu hasta los confines del universo. Aquí la meditación se emparenta con el orar y el diálogo con nuestra conciencia. Al hacer estos pequeños “ejercicios espirituales” lograremos hacer catarsis, liberarnos del autoengaño  y redireccionar nuestra vida.

El recogimiento no es un estado sólo para santos o religiosos consagrados. Si en verdad se quiere, cualquier persona puede dejar de dispersarse, escuchar su voluntad y dejar de ser una hoja al capricho del viento. El que se recoge busca aquilatar o poner en sintonía sus sentidos y apetitos; se niega a ser esclavo de los demás o de las circunstancias. Demasiada disipación hace que perdamos el gusto por las cosas sencillas, el exceso de voluntarismo conlleva al hastío y a la desesperanza. En los tiempos que vivimos, recogerse es un buen recurso para contrarrestar la fragmentación de nuestra subjetividad y el sinsentido de la vida.

Reiterémoslo: independientemente del credo que se tenga, considero oportuno aprovechar estas fiestas navideñas para apartarnos algunas horas del “mundanal ruido” y recogernos. Esa puede ser una buena terapia interior. Meditar, ensimismarnos, hacer discernimiento es un regalo personal que no podemos prohibirnos.

Segundo día de novena navideña: el compartir

17 miércoles Dic 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Ensayos

≈ 2 comentarios

"El buen samaritano" del pintor catalán Pelegrí Clavé i Roqué

«El buen samaritano» del pintor catalán Pelegrí Clavé i Roqué.

La consideración en esta oportunidad deseo centrarla en otra dimensión o valor propio de estos días navideños: el compartir. En esa disposición para hacer más amplia nuestra mesa o en el deseo de participar a otros, aunque sean reducidos, nuestros haberes materiales. Ese parece ser un mandato interior al cual nos adherimos tanto los más humildes como los más favorecidos por la fortuna. Compartir: bella consigna navideña.

Pero, ¿qué hay de profundo en esta actitud del compartir? Un primer asunto es el de renunciar por un tiempo –que ya por eso mismo lo convierte en sagrado– a nuestro habitual egoísmo.  Más allá de la cautelosa planeación o del maquiavelismo de los negocios, el compartir nos convoca a entrar en la lógica del don, de tener el suficiente corazón para renunciar al acaparamiento y lograr dividir con otros un plato de comida o algunas de nuestras posesiones. Es una dinámica de manos pródigas y brazos siempre abiertos.

De otra parte, quien comparte pone su avaricia entre paréntesis. Somete a juicio los malhechores de la usura y el beneficio personalista. Y así sea animado por el ambiente de hermandad que impregna cada casa, por los adornos que decoran cada calle de su ciudad, o por las canciones decembrinas que repiten incansablemente la paz y la concordia, el que comparte pone en su corazón la enseña de la filantropía y una disposición indeclinable para ser generoso. Esa parece ser la maravilla o el ambiente espiritual de estas fiestas: el hacer que el ruin y codicioso ceda ante la magnanimidad.

Se me ocurre que el compartir está profundamente vinculado con el desprendimiento. Porque dar no es igual a desocuparse de lo inútil o salir de los estorboso y desechable. Dar es una confrontación con aquello que consideramos nuestra riqueza o nuestras posesiones más estimadas. Quien da, quien se atreve a compartir, entrega algo que le ha costado. En este sentido es una especie de ofrecimiento. Quizá ahí esté la clave del ágape, de la caridad o la compasión. Lo esencial del compartir estriba en ser sensibles ante la carencia o el sufrimiento ajeno. El que comparte es un genuino ser solidario.

Desde luego, no se comparten únicamente cosas. De igual modo pueden compartirse palabras de aliento o espacios de compañía. De allí que sea tan importante en estas fechas asistir a los solitarios, ofrecer alegría a los desesperanzados, dar muestras de entereza a los enfermos desfallecientes. Podemos compartir nuestra palabra, nuestro entusiasmo o nuestra presencia. Todo eso hace parte de la actitud festiva de esta época. Y entre más compartamos, en la medida en que ampliemos el radio de acción de nuestro dar, mayor contribuiremos a restablecer la convivencia entre los hombres y, de alguna forma, a enaltecer la dignidad del ser humano.

Hagamos un alto reflexivo en estas fechas. Desencadenémonos de las imperiosas y desalmadas leyes de los negocios y los dividendos y hagamos que el compartir torne leve nuestro corazón; le insufle alas de altruismo y liberalidad. Dividamos nuestro pan, sintámonos corresponsables con nuestro prójimo, hagamos realidad cotidiana la parábola del buen samaritano. Pongamos en letras luminosas, a la entrada de nuestra casa, un aviso en el que el compartir titile como un signo de invitación para los peregrinos menesterosos. 

← Entradas anteriores
Entradas recientes →

Entradas recientes

  • Despedida
  • Legado
  • Las caídas de Altazor de Vicente Huidobro
  • Simplismo de lo político en las campañas presidenciales
  • Los poetas premios Nobel hablan de su oficio

Categorías

  • Aforismos
  • Alegorías
  • Apólogos
  • APRENDER A ESCRIBIR
  • Cartas
  • Comentarios
  • Conferencias
  • Crónicas
  • Cuentos
  • Del diario
  • Diálogos
  • Ensayos
  • Entrevistas
  • Fábulas
  • Homenajes
  • INVESTIGACIÓN
  • LECTURA
  • Legado
  • Libretos
  • Libros
  • Novelas
  • OFICIO DOCENTE
  • Pasatiempos
  • Poemas
  • Reseñas
  • Semiótica
  • Soliloquios

Archivos

  • 2026
  • 2025
  • 2024
  • 2023
  • 2022
  • 2021
  • 2020
  • 2019
  • 2018
  • 2017
  • 2016
  • 2015
  • 2014
  • 2013
  • 2012

Enlaces

  • "Citizen semiotic: aproximaciones a una poética del espacio"
  • "Navegar en el río con saber de marinero"
  • "El significado preciso"
  • "Didáctica del ensayo"
  • "Tensiones en el cuidado de la palabra"
  • "La escritura y su utilidad en la docencia"
  • "Avatares. Analogías en búsqueda de la comprensión del ser maestro"
  • ADQUIRIR MIS LIBROS
  • "!El lobo!, !viene el lobo!: alcances de la narrativa en la educación"
  • "Elementos para una lectura del libro álbum"
  • "La didáctica de la oralidad"
  • "El oficio de escribir visto desde adentro"
  • “De lectores, leedores y otras consideraciones sobre las prácticas de lectura en la educación superior”
  • "El libreto de radio: una artesanía recuperable"
  • "Las premisas de Frankenstein: 30 fragmentos para entender la posmodernidad"
  • "La semiótica: una ciencia explicativa para comprender los signos de la cultura"
  • "La semiosis-hermenéutica una propuesta de crítica literaria".
  • "Entre líneas: la mirada del escritor"

Suscríbete al blog por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir avisos de nuevas entradas.

Únete a otros 998 suscriptores

Mensaje Importante

«El hombre se vierte en el ritmo, cifra de su temporalidad; el ritmo a su vez, se declara en la imagen; y la imagen vuelve al hombre apenas unos labios repiten el poema…»

 

Celebrando la Vida

 

Su Señora Madre Maria Catalina Rodríguez de Vásquez, su esposa Margarita María Ríos González y demás familiares agradecen a sus amigos y allegados la asistencia a la misa de exequias realizada en la Parroquia Cristo Rey (Calle 98 # 18a-23) el día sábado 4 de julio de 2026.

 

 

Le invitamos a dejar su mensaje en la publicación «Legado», con el que haremos un homenaje a nuestro Maestros de maestros.

×
Cargando comentarios...