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Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Archivos anuales: 2015

Simbolismo de la sangre en Drácula de Coppola

15 lunes Jun 2015

Posted by fernandovasquezrodriguez in Ensayos

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Gary Oldman y Winona Ryder: la bestia y la bella.

Gary Oldman y Winona Ryder: la bestia seduciendo a la bella.

Ya en otros textos he presentado ejemplos de cómo adelantar una lectura simbólica de textos literarios (véanse, por ejemplo: “Ese rosado objeto del deseo. Una lectura simbólica de El lugar sin límites de José Donoso” o “Me mataron los murmullos. El simbolismo en las voces de Pedro Páramo”, contenidos en mi libro La enseña literaria. Crítica y didáctica de la literatura). Dediquémonos esta vez a compartir la lectura simbólica de una película: Drácula, de Bram Stoker de Francis Ford Coppola (1992).

Uno: La sangre como fluido

En Drácula, la sangre circula. Desde el comienzo de la película, en ese río inicial (río al cual se lanza Elisabeta) hasta los ríos de sangre brotados de la espada del conde que hiere el centro de la cruz, o los ríos de sangre del final del film. El dinamismo de la sangre está en los glóbulos de Lucy cuando presiente que se acerca Drácula; ríos de sangre los que produce el mismo Drácula, convertido en lobo, al devorar a Lucy; ríos de sangre los que lanza Lucy por su boca al doctor van Helsing, cuando este último intenta salvarla; ríos de sangre los que Drakul hizo en nombre de Dios y ríos los que produce en su venganza. La sangre no está quieta: circula, se mueve. La vida requiere ese dinamismo. La sangre estancada es la muerte eterna. Sin sangre Drácula no puede vivir; hay que chuparla, conseguirla; sin sangre no puede vivir tampoco Mina, al reconocer su amor al príncipe y por eso la bebe de su costado; sangre necesitan las vampiresas; sangre necesita el demente, Rendfield… Este dinamismo de la sangre podría simbolizar otra cosa: la verdadera muerte consiste en la separación o en el detenimiento: clavar una estaca en el corazón (detenerlo); cortar la cabeza del vampiro (separación: no contacto, fractura entre cuerpo y mente) y, finalmente, quemar: destruir… Digamos que el fluido del fuego puede destruir ese otro fluido… Pienso ahora que el mismo Drácula emplea otros fluidos para llegar a sus víctimas: niebla, rocío, vapor… Es a través de ese fluido verde como mata al demente y como llega a la habitación de Mina… Lo fluido. Pero ese fluido tiene una limitante, la tierra. Es en la tierra donde el vampiro recobra sus fuerzas… Tal vez por eso al vampiro no le gustan los espejos; porque el espejo fija, detiene la vida. Por eso no se puede ver en los espejos. El espejo es la muerte. ¿Puede acaso verse la muerte directamente a los ojos? ¿Imposible? A él se lo ve, pero él no puede verse. El vampiro no tiene reflejo… Este dinamismo, finalmente puede estar relacionado con aquellos que lo transportan: los gitanos. Símbolo de un pueblo nómada. Negación al sedentarismo. De igual modo está el mar y el viento; otros fluidos a través de los cuales Drácula viaja. Los elementos de la naturaleza son tan dinámicos como la misma sangre. En este mismo sentido, el contagio es otro fluido. El vampirismo es la continuidad de la dinámica de la sangre. El contagio que es como una plaga: Y las plagas se propagan: se multiplican, como se multiplican también las ratas… Y también se contagian las enfermedades venéreas, las de Venus, las propias de la sangre… Van Helsing ya lo sabía: civilización y sifilización van de la mano. Infectarse es entrar de lleno en la circulación de la sangre. Fluida es la sangre y fluida es la transfusión que le hacen a Lucy para tratar de reanimarla. Se bombea para sacarla y se bombea para inyectarla. Sangre chupada que como en un carrusel viaja de cuello en cuello en progresión infinita. Por eso también la simbología del diente hueco: lo que permite herir y, al mismo tiempo, dejar entrar.  Beber o chupar sangre: en síntesis, hacer circular la vida.

Dos: La sangre como impronta o marca (presencia del color rojo)

Desde el inicio de la cinta, en las letras, en el color del ocaso, en la coraza del traje de Drácula, hasta la capa del conde, el color del vestido de Lucy o el color de los ojos del lobo, el rojo domina toda la película. Sabemos que el rojo es símbolo de la pasión, de la energía, de la vitalidad. Y, por antonomasia, el rojo es símbolo de la sangre. Como todo símbolo, cumple una función ambivalente: está ahí para señalar las fuerzas de la vida pero también las de la muerte: roja es la capa del conde, rojo el vestido de Lucy y roja la bufanda de van Helsing como rojas las cubiertas de su Biblia. Rojas las rosas del jardín de Lucy (las mismas que se tornan violetas cuando el vampiro pasa), y rojo el paño de la caja en donde se guardan las pistolas; rojos los ojos de la bestia y rojas las lágrimas de Drácula al recibir la carta de despedida de Mina. Un rojo expresa el deseo y otro simboliza el dolor. El rojo, como todo símbolo, es pasivo y activo: representa el deseo sexual y el sufrimiento de la pérdida. El rojo simboliza el rubor de la inocencia (la de Mina) y también el rojo de la lascivia (el rojo de la bestia). El rojo es ruta de viaje, rúbrica, indicio, sol perfecto, tinta premonitoria, círculo protector, luz que purifica, señal de la bestia. El rojo, lo sabemos, “simboliza una pasión primitiva y de fuerte emocionalidad”. Es el símbolo básico del instinto, de la pulsión sexual: de los actos imperiosos y la excitación vigorosa. El rojo quema, como quema la llama y como quema el deseo. Y por eso se asocia con el vino. Y el vino es como otra sangre. Rojo es el dinamismo brutal del guerrero, del Dracul de las cruzadas; y rojo es el vestido de las mujeres cuando van al encuentro de la bestia. El rojo atraviesa toda la película bien como liturgia, como sacrificio, como rito. Rojo: éxtasis y expiación. Pecado y redención.

Tres: La sangre como extensión o transmutación (presencia de las bestias)

En la escena 22, el  príncipe Drácula le dice a Mina, acariciando un lobo blanco, “que hay mucho que aprender de las bestias”. Tal vez porque él mismo es una de ellas. Una bestia que prefiere no ser vista. Esa bestia, como todos los otros animales sobre los cuales tiene dominio, está relacionada fuertemente con la sangre. En primer lugar el lobo: sus colmillos, su voraz hambre, su vida nocturna. Animal carnicero, predador, carroñero, lujurioso;  el murciélago: chupador de sangre, nocturnal; mosca: transmisora de la peste, chupadora de sangre; la rata: devoradora nocturna, lasciva por su rápida reproducción; la serpiente; dientes venenosos, ojo que seduce… Las bestias, en tanto permanecen más fieles a su impulso primario: devorar para sobrevivir, simbolizan o hacen las veces de Drácula. Hay continuas transformaciones en la película: de hombre a bestia, de hombre a lobo, de bestia a ratas, de tierra a serpiente, de mujer a monstruo… Esas transformaciones testimonian de nuevo el dinamismo de la sangre: para poder sobrevivir Drácula adquiere variadas formas. Ese don de la transmutación (o de la transubstanciación, en el caso del cristianismo) recalca la no quietud del vampiro. O si se prefiere, es la forma como el vampiro consigue su eternidad. Y las bestias son mediadores efectivos para ese propósito. Carnívoros o chupasangres, engullidores o infectadores, los animales aliados de Drácula lo anuncian, lo suplantan o lo testimonian a través de sus garras, sus fauces o sus colmillos.

Cuatro: La sangre como vínculo

Unión a través de la sangre (Mina). Desde el hilillo de sangre: el de Elisabeta, al inicio de la película, hasta la sangre de las heridas en el cuello y en el corazón del Conde, hacia el final, la sangre establece un vínculo. Si en un inicio simbolizó la causa de la venganza, al término de la cinta la sangre misma resarce dicha falta. La sangre vincula dos dinámicas opuestas: el que hace la afrenta (al clavar la espada en la cruz) y la que posibilita el perdón (Mina), la sangre que brota al cortar la cabeza de Drácula. Ese vínculo se refuerza en que Elisabeta y Mina no sólo son representadas por la misma actriz, sino porque son las mujeres que pueden amar a Drácula en verdad. O al menos por las que el conde dice sentir amor. Ese vínculo es tanto más fuerte cuanto que está engarzado a través de los sueños o de la sombra (ese podría ser otro fluido que permite alargar las manos, alargar los ojos, alargar las fronteras del espacio). La sangre, simbolizada en la tinta que se riega sobre el retrato de Mina, vincula el futuro encuentro, la futura posesión de Drácula. La sangre salida del pecho del Conde, otro símbolo, la herida de la sangre, vincula al vampiro con la víctima y a ésta con el primero. Ese vínculo debe propagarse como una maldición. La epidemia o la enfermedad son los ejemplos de ese vínculo eterno. Las imágenes de las mil y una noches, ese libro, vincula el deseo de Mina con el deseo de Lucy; el vestido rojo, que es también un simbolismo de la sangre, vincula a Lucy con Mina y a Mina con el Conde. Del acostumbrado azul, Mina va a la cita vestida de rojo. El ajenjo, otro líquido, vincula el deseo de Drácula con el de Mina… Y lo que rompe ese vínculo son los ajos, la cruz, el agua bendita, el sol, el puñal en el corazón, la espada que decapita. El exorcismo rompe ese vínculo, la curación es quebrar ese vínculo. Pienso que hay un vínculo también entre la tierra de Transilvania y el Conde; la sangre donada vincula a los donantes con Lucy… Lo que se opone es no beberla (de allí por qué la pregunta de van Helsing a Jonathan cuando estuvo preso de las vampiresas). Si se bebe o chupa la sangre del vampiro inmediatamente se establece un puente con otra forma de existencia… Una forma que permite dominar el viento y las tormentas, dominar a los animales inferiores, ser eternos pero, a la vez, quedar preso de necesitar sangre para seguir viviendo, buscar donantes-víctima para proseguir la cadena. Desde luego, ese vínculo tiene mucho que ver con la pulsión sexual, con el semen, con la sangre blanca, con ese otro fluido que es también una manera de perpetuar la especie, de irradiar en el tiempo la herencia de un individuo. La idea de posesión está muy asociada a este vínculo simbolizado en la sangre pero abierto a otra constelación de símbolos: seducir como él (Mina al doctor van Helsing), dominar las fuerzas de la naturaleza (Mina hacia el final de la película), mantener la comunicación más allá de las montañas (Mina, Lucy, el demente), gozar del dolor… Y, al mismo tiempo, soportar las necesidades y las limitaciones de esos poderes sobrenaturales: estar muerto pero saberse vivo; estar sin sangre pero necesitar beberla; ser una bestia deforme pero simulando ser un príncipe; aparecer como mujer seductora y perfecta pero saberse monstruo deforme condenado a la noche… 

Medios masivos y responsabilidad social

10 miércoles Jun 2015

Posted by fernandovasquezrodriguez in Ensayos

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"Sin identidad", ilustración del peruano Manuel Loayza.

«Sin identidad», ilustración del peruano Manuel Loayza.

Cada día está volviéndose más común que los periodistas dejen de informar y se vuelvan editorialistas o que tomen partido por un grupo de poder o un sector político. O para decirlo de otra forma: se confunde a la opinión pública, con el sofisma de que se actúa así porque la gente debe estar bien informada.

Y en países como Colombia, en el que es fácil atizar el odio o la venganza, los periodistas se han ido desviando de su tarea profesional para asumir una postura hostigadora y, por qué no decirlo, absolutamente irresponsable. Los problemas o los acontecimientos dejan de ser investigados para convertirse en motivos noveleros cuando no en oportunidades para despotricar, enjuiciar o someter al escarnio.

Los medios masivos de información deben ayudar a construir sociedad, a fortalecer los lazos ciudadanos. Claro que deben ser críticos, pero sin convertir su tarea en una tribuna sin posibilidad de defensa. Es muy peligroso confundir o desorientar a los oyentes o los televidentes; no es útil dejarle a la gente las cosas a medio camino o con el sabor de una verdad contada a medias. No es sano para una sociedad pretendidamente democrática que los medios masivos lancen la piedra y escondan la mano.

El otro asunto al que hemos estado expuestos en los últimos tiempos, especialmente en los telediarios,  es un flagrante amarillismo noticioso. Cada vez es más insistente y extensiva una orientación de estos espacios hacia el crimen, la violación, el asesinato, la agresión violenta. Los noticieros de televisión han vuelto la sangre otro plato de nuestro almuerzo o nuestra cena. Se dice que eso es lo que quiere la gente (aludiendo quizá inconscientemente al pan y circo de los antiguos romanos), que el “rating” así lo confirma. Pero, podemos volver a hacernos la misma pregunta: ¿cuál es la función social de medios masivos de información?, ¿todo deber alarmismo y frivolidad? ¿No hay en ello una actitud cómoda y facilista para evitar tomarse en serio el noble y fundamental oficio de informar cabal y verazmente?

O cambiando de mirador: ¿ante quién deben responder estos medios? Y si, como hay tantos ejemplos que lo confirman, la noticia dada y amplificada durante un día, resulta al final ser una mentira o una soterrada estrategia para desorientar a la justicia o a los estamentos de autoridad, ¿cuál es la sanción o la pena? Tal vez la concentración del poder económico en unas pocas manos ha vuelto el periodismo es un oficio burocrático, de oficina, de hacer una llamada y conformarse con lo primero que alguien dice o comenta. Me niego a aceptar que los medios masivos de información se presten al juego de la calumnia o a la todavía más peligrosa labor de alimentar la zozobra o el miedo colectivo. Es urgente recuperar a los reporteros, a los que sienten como obligación sopesar y cotejar las fuentes, a los que gastan un tiempo “cotejando las fuentes” y dándole densidad a lo que por esencia es pasajero. Me parece prioritario darle toda la importancia al periodismo investigativo, al periodismo que contextualiza y pone en situación una noticia, lejos del odio irracional o el favoritismo manipulador.

Sé de primera mano que esa era una propuesta curricular y de docencia de las Facultades de Comunicación Social. Pero también sé que, en la mayoría de los casos, lo que termina constituyendo esta profesión no proviene de las reflexivas aulas sino de la inmediatez de la práctica. Por eso el novato periodista termina imitando más un modo de proceder establecido o las mañas de determinado director de noticias que siguiendo las orientaciones o requisitos de un saber profesional.  Quizá eso haya llevado a una actitud de acomodamiento, de falsificar los estandartes de una profesión por el plato de lentejas o la vanagloria personal. Existe hoy una cierta traición a esos mandatos de la ética de las profesiones tan recalcada en la formación universitaria. Nos hemos quedado sin ningún filtro moral para percibir y valorar  el mundo seductor del espectáculo.

Considero que por ese estado de cosas es que debemos propiciar en todos los espacios de formación, llámese familia o escuela, la lectura crítica de los medios. Los maestros, en particular, tenemos la obligación de ayudar a cualificar la mirada, de desarrollar la perspicacia, de mantener alerta la capacidad de juicio de nuestros estudiantes para que no sucumban a la ingenuidad o se presten para los intereses soterrados de otros. La lectura crítica debería ser una de las competencias básicas de todo ciudadano de nuestro tiempo. Si eso hacemos, tal vez ayudemos a mermar en las nuevas generaciones el fanatismo y el chismorreo malintencionado. Con un buen equipamiento de lectura crítica será más fácil mirar la letra menuda de la realidad que siempre los “avivatos” de los medios masivos tienden a hacerla minúscula o casi invisible. Allí veo algo profundamente liberador y, al mismo tiempo, un antídoto contra la parcialidad y la morbosidad reinantes.

Me parece, igualmente, que los medios masivos deberían distinguir en su agenda noticiosa qué es información y qué es opinión personal de sus periodistas. Las audiencias o los televidentes necesitan saber tal cosa para tener elementos de juicio más equitativos y menos sesgados de los hechos o los acontecimientos. Sigue siendo vital para la opinión pública la distinción clásica de los periódicos entre sección editorial, páginas informativas y columnas de opinión. No todo cabe en el mismo saco ni responde a los mismos intereses. Por lo demás, hay que insistir en la responsabilidad social de la profesión periodística; no es correcto seguir teniendo como único objetivo las lógicas del mercado. Quiérase o no, de manera explícita o de forma indirecta, los medios masivos educan. Y ya dependerá de los directores de estos medios o de los periodistas asumir el compromiso de contribuir a formar el pensamiento y el juicio crítico de los ciudadanos o de persistir en mantener la opinión sectaria, la intolerancia y el resentimiento de las masas.

Del preguntar

01 lunes Jun 2015

Posted by fernandovasquezrodriguez in Aforismos, OFICIO DOCENTE

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Ilustración de Craig Frazier.

Ilustración de Craig Frazier.

Las preguntas de los niños son ingeniosas y sorprendentes porque no atienden a las leyes de la lógica o las convenciones sociales. El exceso de socialización le quita a la pregunta su espontaneidad.

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Ciertas preguntas hacen las veces de ajuste de cuentas; otras, son espejos inquisidores.

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Hay relaciones de amor forjadas desde una confesión y, otras, mantenidas por una pregunta sin respuesta.

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Con preguntas llegamos a formular un problema; con preguntas, también podemos resolverlo.

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Algunas preguntas inesperadas sirven de lubricante en la seca vía de nuestras certezas.

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Los maestros verdaderos son profesionales de la pregunta. Es decir, buscan por todos los medios despertar en el aprendiz el asombro o la reflexión.

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¿Cómo sabe un investigador que tiene mal planteada una pregunta? Cuando al redactarla ya conoce de antemano la respuesta.

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No toda pregunta despierta la reflexión; algunas, apenas rozan tangencialmente la memoria.

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Si bien es cierto que el investigador necesita de un método; lo más importante es haber descubierto una buena pregunta.

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¿Por qué es tan difícil para un aprendiz lanzarse a preguntar? Porque necesita, antes de cualquier cosa, aceptar en sí mismo la posibilidad del error.

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El que pregunta, aunque espera una respuesta, lo que en verdad desea es un nuevo motivo para hacer otro cuestionamiento.

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Determinadas preguntas de los enamorados son interrogantes tan íntimos que solo ameritan responderse con el silencio.

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Las tumbas deberían tener en sus lápidas no un epitafio celebratorio por lo ya vivido, sino un signo de interrogación sobre lo venidero.

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La mayéutica fue el método practicado por Sócrates. Una estrategia del filósofo en la que el continuo preguntar llevaba –poco a poco– a minar en el interlocutor la fortaleza de sus certidumbres.

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Las mejores preguntas no tienen soluciones definitivas sino respuestas insospechadas.

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Dejamos de preguntar porque creemos, erróneamente, que tenemos  respuestas suficientes. De allí que sean las cosas inexplicables o misteriosas las que vuelven a ponernos en la situación de la pregunta.

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El envés de las preguntas formuladas por los buenos maestros poco tiene que ver con las respuestas y sí mucho con el autocuestionamiento.

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¿Qué es una pregunta? Una red lanzada para capturar asombros.

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El investigador es un especialista de la pregunta. Un detective de lo desconocido; un sabueso de la incertidumbre. En síntesis: es un perseguidor de lo que siempre escapa.

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Un interrogatorio es un laboratorio forzado de preguntas.

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La persona más común y realista, ante la inminencia de su muerte, siente por primera vez la necesidad de hacerse preguntas trascendentales: “¿Por qué a mí, Dios mío; por qué?”

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Los filósofos son los aristócratas del preguntar.

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Ciertas preguntas –hechas de manera casual por un amigo– nos quedan gravitando en la conciencia como una sombra o una herida insanable.

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Los profesores tienen muchas respuestas; los investigadores, algunas preguntas.

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La trampa de ciertos exámenes escolares consiste en que no son un repertorio novedoso de preguntas sino un listado prefijado de respuestas.

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El examen de conciencia es una silenciosa e íntima sesión de preguntas hechas a nuestra alma.

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En muchas ocasiones es mejor no preguntar; y, en otros casos, lo más aconsejable es no responder.

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Cuando el maestro, al terminar una exposición, dice a sus estudiantes: “¿Alguna pregunta?”. En ese instante, cesa la enseñanza y empieza el aprendizaje.

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Las preguntas formuladas por los jurados en los reinados de belleza son cuestionamientos envenenados. Siempre se quiere buscar algún lunar a lo considerado como perfecto.

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Los amantes celosos temen preguntar porque en su corazón ya saben previamente la respuesta. Ese es, precisamente, su mayor sufrimiento.

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¿Qué?, ¿quién?, ¿cómo?, ¿dónde?, ¿cuándo?, ¿por qué?… He ahí la cartilla del parvulario del preguntar.

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Los soberbios o presuntuosos académicos creen que cualquiera de sus interrogantes es siempre la última pregunta.

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La pregunta por el sentido de la vida pone en tensión dos hechos naturales: nuestro nacimiento y nuestra muerte.

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Los brazos levantados de los estudiantes en clase son una amenaza para el profesor dogmático y un gesto de triunfo para el maestro dialógico.

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Los creativos son los excelsos cultivadores de la pregunta. No solo porque preparan la mente para albergar sus semillas, sino porque saben cómo abonarlas hasta lograr sacar de ellas los mejores frutos.

Un lector crítico

24 domingo May 2015

Posted by fernandovasquezrodriguez in Diálogos, LECTURA

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«Referencias cruzadas» del artista Jonathan Wolstenholme.

Sofía: ¿Y qué haces ahí, tan concentrado?

Gabriel: Leyendo un material sobre lectura crítica. Uno que nos dieron en la capacitación de la semana pasada.

Sofía: Dichoso tú, que te dan permiso para ir a capacitarte.

Gabriel: Más bien, prevenido. Yo le solicité ese permiso a la rectora desde hace por lo menos un mes.

Sofía: Lo que pasa es que ella tiene sus “preferidos”, ¿no?

Gabriel: Pues razón tendrá, porque ¿qué área fue la mejor del colegio en las pasadas pruebas Saber?

Sofía: Eso es pura suerte…

Gabriel: Suerte el tenerte acá, en la sala de profesores.

Sofía: Es que con ese ruido en el patio, dónde puede uno tener un poco de tranquilidad para comerse esta ensaladita de frutas. Pero, cuenta, ¿qué aprendiste en ese curso?

Gabriel: Varias cosas… muy interesantes…

Sofía: ¿Y se pueden saber algunas de esas maravillas?

Gabriel: Tú sabes, Sofy, que yo para ti soy un libro abierto…

Sofía: No, en serio. ¿Qué aprendiste de la lectura crítica?

Gabriel: Que es un manera de leer en la que se busca ir más allá de lo obvio y evidente. O como dijo el conferencista, se trata de ser menos ingenuos en lo que vemos, leemos o vivimos.

Sofía: ¿O sea que la lectura crítica no es sólo para los textos escritos?

Gabriel: Así es… Se puede ser lector crítico de lo que observamos en los noticieros de televisión, de la publicidad, de las relaciones afectivas, de nuestras creencias, de…

Sofía: De todo… Un poco exagerados los alcances de la lectura crítica…

Gabriel: Es que la lectura crítica es como otra mirada, una lente con la que se puede escudriñar a fondo la vida y la cultura. Una lectura lenta y profunda de las cosas.

Sofía: ¿Y eso nace con uno?

Gabriel: Todo lo contrario. Hay que aprender a tomar distancia, a leer entre líneas, a tener la perspicacia suficiente para saber cuándo nos manipulan, o cuándo lo que está oculto es más importante que aquello que aparece en la superficie.

Sofía: Es decir, la letra menuda, ¿no?

Gabriel: Fíjate que el conferencista insistió en los procesos de pensamiento necesarios para lograr una lectura crítica. Dijo que los maestros tenemos que dedicarnos a enseñar con más contundencia la deducción, la inducción, la inferencia…

Sofía: ¿Aún con los chiquitos?

Gabriel: Sí, señora. Especialmente con los más pequeños; hay que irles desarrollando las operaciones lógicas del pensamiento. Y también, insistió el conferencista, es necesario ponerlos en contacto con los procesos relacionales. Que vayan entendiendo cómo los hechos o las cosas no están sueltas, sino que hacen parte de un todo más complejo.

Sofía: ¿Y puso ejemplos?

Gabriel: Sí. Explicó, entre otras cosas, de qué manera cuando uno lee un libro álbum debe relacionar por lo menos cinco grupos de elementos: los que se refieren a la narración, los propios de la imagen, los vinculados con la materialidad del libro, y otros que ahora no me acuerdo… Que no se trata solo de quedarse con la historia…

Sofía: ¿Y qué otras ayudas ofreció tu conferencista?

Gabriel: Varias. Son estrategias para facilitar o propiciar la lectura crítica. Por ejemplo: la de no entregar las fotocopias sólo de un capítulo o un artículo sino fotocopiar también la tabla de contenido o el índice del libro en mención.

Sofía: Y para qué gastar más papel, sobre todo en esta época de ahorro ecológico…

Gabriel: Es ofrecerles a los estudiantes una mirada de la totalidad para que comprendan la parte o el fragmento. “Las partes se entienden mejor cuando se las ve desde el conjunto”, dijo el conferencista.

Sofía: Ahora que lo dices, Gabrielito, yo también he cometido ese pecado. Pero es por asuntos económicos. Si uno puede ahorrarles alguna moneda a esos muchachos, pues no sobra.

Gabriel: Una hoja de más no es un gasto excesivo. El conferencista recalcó en que proveer textos sueltos o sin filiación difícilmente conlleva a la comprensión de los mismos.

Sofía: ¿Y qué otras cosas pudiste recoger para tu labor docente?

Gabriel: Un montón. Por ejemplo, la de contextualizar el autor antes de mandar a leer una obra; o la de no entregar una lista de libros sino elaborar una bibliografía comentada de esos textos. O la de usar la esquemática para mostrar las relaciones entre los diversos elementos de un libro: sus oposiciones, sus jerarquías, sus contrastes…

Sofía: ¿La esquemática?

Gabriel: Sí, demos por caso los diagramas, los mapas de ideas, los mapas conceptuales… Las redes semánticas, los cuadros categoriales…

Sofía: ¿Estuvo como bueno, entonces, el curso?

Gabriel: Buenísimo. Yo no hacía sino anotar y anotar… hay bastante material para estudiarlo.

Sofía: Pero eso es para ti, Gabrielito, que trabajas en español. ¿O es que la lectura crítica también le sirve a una profesora de ciencias, como yo?

Gabriel: La lectura crítica es para todas las áreas. Se me ocurre que la discusión actual sobre la vida en probeta puede dar pie a que los estudiantes elaboren una lectura crítica del sentido de la vida.

Sofía: A veces yo hago eso, pero no llamo a esa actividad lectura crítica.

Gabriel: Mira esta otra estrategia que sugirió el conferencista, y que puede servirte. Dijo él que una buena forma de caldear al estudiante en la lectura crítica era presentarle dos o más lecturas con una perspectiva diferente. Digamos, unos que estén de acuerdo frente a una temática y otros que estén en contra. Que eso ayudaba a que los muchachos se vieran obligados a buscar razones o argumentos para adherirse a una u otra posición.

Sofía: Una especie de debate…

Gabriel: Sí. Pero teniendo en cuenta que con ello lo que se pretende es enseñarles a detectar las falacias o engaños del contrincante. A escudriñar con lupa lo que el otro dice y encontrar argumentos para mostrar sus inconsistencias o sus contradicciones.

Sofía: Bien interesante…

Gabriel: ¿Sabes qué más nos presentó el conferencista?

Sofía: ¿Qué?

Gabriel: Unas rúbricas de evaluación. Dijo que si el maestro construye esas rejillas evaluativas, y las socializa con los estudiantes, ellos irán teniendo puntos de referencia para ir más allá de lo que a primera vista –por pereza o desgano– no descubren en una primera lectura de un texto.

Sofía: Yo llevo haciendo una rúbrica para una salida de campo que me tiene loca…

Gabriel: Así debe ser… Porque no es lo mismo sacarlos a caminar que orientar su salida con unos indicios o unos criterios de observación y registro. Por eso, el conferencista habló de la relectura. El lector crítico necesita releer y releer. Y entre más lee, más cosas aparecen, más aspectos emergen a la superficie.

Sofía: Es una tarea parecida a la de los buzos.

Gabriel: El conferencista habló del arqueólogo. Dijo que el lector crítico va por etapas, descubriendo estratos en los textos. Pasa de la superficie a lo profundo. Excava los significados.

Sofía: Me gusta eso de que se trata de ir capa por capa como pelando una cebolla, o comiéndose poquito a poco una milhoja…

Gabriel: Tú y tu gusto por el dulce….

Sofía: Bueno, no critiques. Más bien sigamos. ¿Y qué?, ¿para qué un maestro debe hacer todas esas cosas?

Gabriel: Pues para que nuestros estudiantes no estén tan alienados, tan dados a la manipulación y para…

Sofía: Se te salió el marxista que estaba dormido, ¿no?

Gabriel: Puede ser… Pero es que en medio de esta avalancha de la sociedad de consumo y este mundo globalizado, los estudiantes terminan necesitando lo que no necesitan y creyendo lo que son flagrantes engaños…

Sofía: La lectura crítica, según lo que he entendido, es “no ser bobito”, ni “dejarse meter los dedos en la boca”…

Gabriel: Por supuesto. Piensa no más en las noticias que uno mira a diario en televisión. Hay gente que cree todo lo que ve, olvidándose de que ese noticiero le pertenece a un grupo económico y que ese grupo económico tiene intereses y que, por esos intereses, muestra solo lo que le conviene, dejando de lado u ocultas las iniquidades o las triquiñuelas elaboradas para lograr sus propósitos.

Sofía: Me parece que tú ya estás haciendo campaña para las próximas elecciones, ¿no?

Gabriel: No es eso. Lo que sucede es que la lectura crítica lo pone a uno alerta para sospechar, para ver detrás del telón, para descubrir los engaños de los mecanismos del poder.

Sofía: No fue sino darte cuerda para que se te saliera el sindicalista…

Gabriel: Eso es lo que muchos creen en este colegio. Que si uno toma postura y se aparta del silencio conformista de la mayoría es un revoltoso o un extraterrestre.

Sofía: Era una broma, Gabrielito, una broma… Más bien dime, antes de que termine el receso de los muchachos, si tienes un consejo sobre la lectura crítica que yo deba seguir.

Gabriel: ¿Y será que sí te lo tomas en serio?

Sofía: Claro que sí… Tú sabes que yo cuando me le dedico a algo lo saco adelante.

Gabriel: Mira, aquí está un decálogo de la lectura crítica que entregaron al final de la conferencia. Ven te leo algunos de los mandamientos:

Sofía: Sí, sí, adelante.

Gabriel: Aquí va el primero: “Nunca leas un texto sin conocer los contextos”.

Sofía: A ver, lee otro.

Gabriel: “Recuerda que detrás del significado visible de una palabra hay más de un sentido oculto”.

Sofía: Excelente…

Gabriel: Va uno más: “Lee las partes comprendiendo el todo; lee el todo, explicando sus partes”.

Sofía: Otro, elige otro…

Gabriel: Ya que insistes: “Los textos no tienen solo palabras, también contienen ideología”.

Sofía: Qué bueno ese decálogo. ¿Por qué no me lo prestas y lo fotocopio, antes de que termine el recreo?

Gabriel: ¿Y será que sí me lo vas a devolver?

Sofía: Ay, ni que fuera la peor de tus amigas, ¿no? Voy corriendo a la secretaría.

Gabriel: Ve, pero no se te olvide traerme la hojita, que así sucedió con el libro de cuentos que te presté hace como quince días…

Sofía: Sí, sí, qué pena. Se me ha olvidado devolvértelo. Mañana te lo traigo, sin falta. Pero no te pongas bravito, que así te aumentan los años.

Gabriel: Como decía el filósofo: “los años enseñan muchas cosas que lo días jamás llegan a conocer”.

Televisión y escritura

21 jueves May 2015

Posted by fernandovasquezrodriguez in Ensayos

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Ilustración del carioca Edgar Moura (“Demo”).

Ilustración del carioca Edgar Moura (“Demo”).

Nadie podría negar hoy que la televisión es una de las mediaciones más potentes de socialización de nuestro tiempo. La televisión es referente obligado de muchos eventos de nuestra vida cotidiana, hace parte de nuestra intimidad y, en muchos casos, ofrece valoraciones tan potentes como las propuestas por la familia o la escuela. Además, la televisión tiene una alta influencia en la consolidación de ideologías, comportamientos, estilos de vida e imaginarios sociales.

Frente a este contexto, se pueden tomar dos posturas, al menos como lo entiende Umberto Eco: unos (los apocalípticos) que consideran que este medio debe alejarse de los espacios educativos. Que la televisión es un vicio que embrutece y sirve de circo para olvidarnos de los problemas esenciales de nuestra humanidad. Más aún, que la televisión es poco lo que puede decirle a la educación; que es su opuesto y la principal causa del bajo rendimiento escolar.

También están los que piensan que la televisión es una ayuda importante para el trabajo del maestro. Este otro grupo (los integrados) hablan de la televisión como un medio productor de cultura, tan importante como el libro, la ciudad o el espacio familiar. Para ellos, lo importante es saber aprovechar lo que la televisión ofrece, aprender sus lenguajes y sus modos de proceder.

Situados en esta última posición hay un tercer grupo (los críticos) que, además de considerar a la televisión como un bien cultural, consideran que hay que desarrollar tanto las estrategias de lectura de la misma, como los procesos de análisis y recepción crítica. A este grupo pertenecen los analistas de la semiótica y los didactas de los medios.

Pero hay otra mediación vigorosa de la cultura; una mediación capaz de objetivar la conciencia, propiciar el análisis y jalonar el desarrollo tanto personal como colectivo. Esa mediación es la escritura. Y dada su importancia para la escuela, podemos valernos de la televisión para convocar o provocar la producción escrita.

Para lograr tal fin necesitamos actuar de manera estratégica: es decir, usando la didáctica. Preocupándonos por apropiar un saber sobre la televisión y, a la vez, un aprender a hacer algo con ella. De otra parte, los aportes conceptuales y los métodos propios de la semiótica y la narratología pueden sernos de gran utilidad para afinar estas estrategias escriturales derivadas de ese seductor ojo sin párpados.

Esbocemos, entonces, algunas estrategias para usar la televisión y propiciar la producción textual:

RECONSTRUIR: Una primera estrategia sería la de usar las telenovelas para aprender los elementos básicos del relato. ¿Cómo construir  un personaje?, ¿cómo hacerlo verosímil?, ¿cómo presentar los diálogos? Al reconstruir esos aspectos se descubren las lógicas de la ficción: se aprende a narrar.

RECICLAR: Una segunda estrategia sería la de emplear diversos materiales de la televisión (frases de un telediario, fragmentos de un diálogo en una telenovela, pedazos de tele-entrevistas…) para elaborar otro tipo de mensajes, otra  “obra”, otro texto. El collage, los acrósticos, los caligramas ofrecen la oportunidad de entender que la escritura, además de un significado, también comporta un espacio.

SUBSTITUIR: Una tercera estrategia, en donde puede retomarse la agenda televisiva en general, es la de proponer substituciones de todo tipo: cambiar un título por otro menos obvio, llamar de otra manera una telenovela, ponerle otro nombre a una sección de cierto programa; en fin, volverse hábil en el pensamiento relacional. El uso de las analogías y de las metáforas son  un ejemplo y propósito de esta otra estrategia escritural.

REFLEXIONAR: Los telenoticieros o los programas de opinión pueden servir para propiciar la reflexión y sopesar los juicios. Porque donde hay puntos de vista, donde hay ideas que se defiendan o refuten, se ofrece una oportunidad para la escritura argumentativa. El ensayo puede ser el género ideal para ejercitar al estudiante en aprender a ofrecer argumentos para apoyar o contrarrestar una tesis presentada en algún espacio televisivo.

ANALIZAR: Aunque esta estrategia puede emplearse con cualquier tipo de programa, la veo propicia retomando la oferta publicitaria. La idea es escribir como lo hace el copy de una agencia de publicidad; ese personaje que convierte una larga conversación con un cliente en una o dos líneas para un aviso. Podría explotarse, entonces, la escritura de avisos clasificados, de banners, de eslóganes o consignas capaces de recoger en pocas palabras aquella pieza publicitaria televisiva de treinta segundos o de algunos minutos.

COMPLETAR: Esta estrategia busca desarrollar el pensamiento abductivo o la lectura inferencial. Se trata de optimizar la información: con muy poca, atreverse a imaginar un avance, un desarrollo o un desenlace. La escritura de sinopsis imaginadas para el otro día, de resúmenes de lo que va a pasar, de síntesis futuras, puede convertirse en un reto de escritura y, a la vez, en un acicate para la imaginación.

IRONIZAR: Esta otra estrategia tiene que ver con el uso del humor, con la imitación que busca la caricatura, la burla o la inversión de sentido. Esta estrategia tiene un amplio espacio de trabajo en las llamadas figuras retóricas. Además de la ironía, la parodia puede ser un género beneficiado con esta estrategia, al igual que la sátira y los juegos de lenguaje de doble sentido… Entrar en el simulacro aguza la atención y la perspicacia.

Bibliografía esencial

José Ignacio Aguaded,  (1999), Convivir con la televisión, Barcelona, Paidós.

Umberto Eco, (1984), Apocalípticos e integrados, Barcelona, Lumen.

Neil Postman, (1991), Divertirse hasta morir. El discurso público en la era del “show business”, Barcelona: De la Tempestad.

Francesco Casetti y Federico Di Chio, (1999), Análisis de la televisión, Barcelona: Paidós.

Joan Ferrés, (1994), Televisión y educación, Barcelona, Paidós. 

Fernando Vásquez Rodríguez, (2004), La cultura como texto. Lectura, semiótica y educación, Bogotá: Javegraf.

Fernando Vásquez Rodríguez, (2005), Rostros y máscaras de la comunicación, Bogotá: Kimpres.

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