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Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Archivos de autor: fernandovasquezrodriguez

Admiración y gratitud a García Márquez

17 jueves Abr 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Homenajes

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Fotografía de Sara Facio y Alicia D'Amico.

Fotografía de Sara Facio y Alicia D’Amico.

Sintámonos tristes por la ida de nuestro García Márquez. Lamentémonos de no tenerlo más con nosotros y de haber perdido a uno de los grandes escritores en lengua castellana. Deploremos el no contar con su segundo libro de memorias o con sus perfectos cuentos o seguramente con las nuevas novelas que seguían bullendo en su memoria prodigiosa. Hagamos un gesto de respeto por un maestro de la literatura. Si es necesario, y sin falsos pudores, dejemos que algunas lágrimas se sumen solidariamente al llanto de su familia y de sus amigos más cercanos. O si tenemos un espíritu más pudoroso, apartémonos un poco y musitemos, en silencio, una oración piadosa.

También podemos pedirles a sus personajes de ficción, sus ángeles de la guarda, que le lleven de la mejor manera a la infinita eternidad. Y a esos soñados jardines de mariposas amarillas y olorosos a guayaba. O invocar al mago Melquíades para que elabore algún elíxir desconocido que nos permita encontrar entre sus papeles sin publicar la segunda parte de Cien años de soledad. O si queremos mantenernos fieles a la tradición de sus ancestros costeños deberíamos entonar algún canto vallenato, ojalá de Leandro Díaz, para que nuestra tristeza se refunda con la cadencia de los sones y los merengues interpretados por un acordeón, una caja y una guacharaca.

Aunque también podemos hacerle otro homenaje a “Gabito”. Podemos retomar y releer sus obras. Sumergirnos de nuevo en su Macondo y en las historias maravillosas que luchaban para ser menos reales que la misma realidad. Perdernos en sus personajes obsesionados por un destino tan inevitable como incierto. O adentrarnos en aquellos relatos que de manera natural nos hacían volver a creer en los milagros y en el poder de la imaginación. Volvamos a leer a García Márquez para que su muerte verdadera sea una muerte imposible. O para que su fallecimiento apenas sea una desaparición.

Cuánta admiración y gratitud a García Márquez. Por enseñarnos que las historias de provincia pueden tener alcance universal; por demostrarnos que la vocación de escritor existe a pesar de las dificultades económicas y la maledicencia; por poner el nombre de Colombia al lado de los grandes de la literatura universal; por creer con fe de carbonero en las secretas lógicas del azar y lo inexplicable; y por regalarnos unos símbolos inéditos para representarnos la dignidad, la soledad, la desesperanza y el amor imposible. Que sean, entonces, estas palabras un manojo de astromelias puestas respetuosamente sobre el féretro del maestro.  

Variaciones a un tema en forma de tesis

12 sábado Abr 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Ensayos

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Ilustración de Mingote.

Ilustración de Antonio Mingote.

Ya he publicado varios textos en este blog sobre la escritura de ensayos. También he subido una conferencia en la que paso revista histórica a este género y perfilo una didáctica del mismo. De igual modo he señalado la importancia del ensayo para el desarrollo de las habilidades argumentativas y su valor estratégico para fortalecer el pensamiento crítico. No obstante, y para aclarar uno de los aspectos esenciales del ensayo, quisiera en esta ocasión mostrar cómo retomar un tema y convertirlo en tesis. Lo haré usando un ejemplo que es, a la vez, un nuevo reto que les he propuesto a mis estudiantes de posgrado de la Universidad de La Salle.

El tema que me servirá de eje es el de la relación entre el arte y la formación o entre las expresiones artísticas y su utilidad en los procesos educativos. Es un tema lo suficientemente amplio como para explorar en diversas tesis y ver caso a caso los matices de su construcción. Tengamos presente, entonces, el tema motivo de nuestro análisis:

EL TEMA: Las relaciones entre expresiones artísticas y formación.

Podemos ahora lanzar nuestra primera tesis, centrándonos en la importancia de las artes para el desarrollo de la sensibilidad. Aquí nos interesa subrayar el aspecto moral o interior de los sentidos, lo que atañe a los sentimientos. La formulación de la tesis (que debe ser clara, completa, presentarse de manera afirmativa y ser interesante para interpelar a un lector) quedaría así:

“Las expresiones artísticas pueden ayudar de manera considerable a desarrollar la sensibilidad de los estudiantes”.

Una segunda manera de responder al tema sería la de entender las expresiones artísticas como mediaciones, como vínculos complejos para que las nuevas generaciones entren en contacto con una cultura. Por supuesto aquí distinguimos los medios de las mediaciones y entendemos la cultura como un conjunto de objetos, prácticas, discursos e imaginarios. La formulación de la tesis sería la siguiente:

“Las expresiones artísticas son una mediación fundamental si se desea vincular a los estudiantes con la tradición de una cultura”.

La tercera forma de enfrentar el tema sería recalcando el aspecto de la formación integral, haciendo énfasis en que la formación de un ser humano no puede limitarse a la dimensión intelectual o a las habilidades técnicas. Digamos de paso que esa es precisamente una de las crisis de la educación de nuestra época, tan entregada a las demandas laborales y atendiendo sólo a las competencias señaladas por el mercado. La tesis la enunciaríamos así:

“Si se desea formar integralmente a los estudiantes no podrá faltar en los currículos el contacto con el arte y los espacios para las expresiones artísticas”.

Bien podríamos cambiar de mirador y considerar al arte –como en verdad lo es– un tipo de lenguaje que vas más allá de las diferencias étnicas o de credo religioso. Se trataría de construir una tesis en la que se subraye el aspecto comunicativo de las manifestaciones artísticas, independientemente del género o el mismo idioma. La redacción de la cuarta tesis, entonces, tendría esta forma:

“La formación en el arte es una manera de proveer a los estudiantes de un lenguaje universal mediante el cual puedan comunicarse con otros semejantes a pesar de la diferencias de raza, credo, sexo o idioma”.

Es sabido que en el arte las personas logran expresar sus cuitas, sus sueños, sus fantasmas y sus preocupaciones más íntimas; pero de igual modo, a la par que en el arte se expresa lo individual, también se logra entrar en sintonía con aquellos asuntos que son universales de todos los seres humanos. Esa es precisamente la grandeza del arte, la de decir lo universal afirmando lo particular. Con este razonamiento podemos delinear nuestra quinta tesis:

“Si un estudiante aprende a expresarse mediante un arte no sólo logrará afirmar su particularidad sino, además, participará de lo universal de la condición humana”.

Relacionado con el punto anterior, pero enmarcándonos en una zona más existencial, podemos considerar al arte como una buena cartilla para que los estudiantes entren en relación con los problemas esenciales de la condición humana. Las expresiones artísticas son una galería de las peripecias y los avatares por los que pasan los seres humanos. En consecuencia, la sexta tesis sería la siguiente:

“El contacto con las obras artísticas es una estrategia formativa para que los estudiantes conozcan y comprendan los problemas esenciales de la condición humana”.

Una séptima forma de abordar el tema consistiría en evidenciar en las expresiones artísticas las potencialidades de la creatividad y del juego. Las artes, lo sabemos, son expresión de genuina libertad y ejemplo de las infinitas manifestaciones de la imaginación. Así que, con esto en mente, podemos lanzarnos a redactar la tesis siguiente:

“La experiencia de practicar cualquier arte es un recurso de enseñanza para evidenciar el valor del juego y las potencialidades de la creatividad”.

Podríamos intentar una octava variación al tema que nos ocupa. En este caso nos interesa poner en alto aquellos aspectos formativos adicionales que experimentan las personas al practicar un arte. Me refiero a las repeticiones, los borradores, las prácticas, el ejercicio, las rutinas, la constancia, sin las cuales es imposible avanzar o conseguir una obra artística. Para no extendernos formulemos de una vez la tesis:

“Invitar a producir o practicar un arte es una estrategia formativa para que los estudiantes aprendan la paciencia, la persistencia y la disciplina”.

También es factible considerar al arte como un recurso pedagógico con el que desarrollemos en los más pequeños (aunque no sólo a ellos) los diferentes sentidos. La vista, el tacto, el oído nacen con nosotros, pero si no los estimulamos, si no les desplegamos el abanico de sus alcances poco será su campo de acción y poca la cualificación de nuestras percepciones. A diferencia de la primera tesis, acá nos enfocamos en el aspecto más exterior o perceptual de los sentidos. Esta sería nuestra novena tesis:

“La intencionada y planeada exposición de los niños a diferentes manifestaciones artísticas puede ser un excelente recurso pedagógico para empezar a desarrollar en ellos las potencialidades de sus sentidos”.

Podemos cerrar este repertorio de propuestas con una décima tesis. Nuestra reflexión partiría de considerar el acceso y práctica de diferentes artes como un recurso para que los más pequeños vayan descubriendo dónde están sus talentos, en cuál de esas manifestaciones artísticas resuena o se acopla mejor su espíritu. La tesis podría redactarse en estos términos:

“Cuando las instituciones educativas conciben y disponen espacios académicos para que los niños exploren en diferentes artes lo que logran, en verdad, es que los estudiantes vayan descubriendo intuitivamente sus propios talentos”.

Como se ha podido apreciar, esta gama de ejemplos reitera un principio de los ensayistas expertos: no se puede tener una buena tesis si previamente no se ha meditado concienzudamente el tema. Es decir, antes de cualquier cosa, lo primero es ver en el tema las posibles contradicciones, las relaciones subyacentes, las implicaciones o las aplicaciones prácticas. Eso es lo que he querido destacar: si se quiere tener una tesis de calidad para un ensayo hay que asediar reflexivamente y por un buen tiempo el tema objeto de nuestro interés.

La tarea del maestro: desarrollar lo virtual del ser humano

08 martes Abr 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Ensayos, OFICIO DOCENTE

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Ilustración de Chris Gall

Ilustración de Chris Gall

“En la formación uno se apropia por entero
de aquello en lo cual y a través de lo cual
uno se forma”
 
Hans-Georg Gadamer, Verdad y método

Una vez más la idea de mediación se convierte en motivo para definir el trabajo del educador. La mediación como puente, como paso de un estadio a otro. La mediación como un ejercicio de permanente reinterpretación del pasado (he ahí la importancia de la hermenéutica) y, a la vez, como una tarea propiciadora hacia lo nuevo, hacia lo desconocido (campo para las poéticas y las retóricas). En ese oscilar de péndulo entre la tradición y la novedad, el oficio del educador halla su eje. Su valor.

De una parte el educador pone en contacto el presente con el pasado: teje o elabora redes de intercomunicación. Es un pasado recobrado, al estilo de Proust; un pasado seleccionado, elegido, reconstruido. No es el pasado muerto. Todo lo contrario. Es un pasado reescrito y reencontrado a partir de los nuevos indicios que da el presente. Entonces, el educador hace que la tradición perviva; propicia el encuentro; abona el diálogo. Y el tiempo del educando logra algún tipo de sintonía con esos otros tiempos del pasado. Los apropia (recordemos que esta apropiación es individual, particular). En esa labor de poner en relación (tiempos y lenguajes, sensibilidades y saberes) el educador subraya la información.

Pero de otro sector, el educador propicia también una relación del presente con el futuro. Con lo posible. Claro, al ser el hombre un proyecto, algo inconcluso, algo sin terminar; al ser el hombre siempre un devenir, el educador busca formar al educando, pero no como un objetivo académico, sino como una conquista personal. Ahora el educando debe reencontrarse. Es él y no el pasado. Es la ganancia de la conciencia sobre la especie. Tal propósito corresponde al sentido último de la educación, a esa tarea revolucionaria, de cambio, de “desarrollo humano”: reinterpretar el presente para delinear el futuro. En esa labor de poner en relación el presente con el futuro (lo inmediato con la mediatez, lo histórico con lo posible) el educador subraya la formación.

Cabe decir que al poner en diálogo información y formación se generan encuentros y confrontaciones. Es innegable que una educación de calidad debe ser capaz de producir “epifanías”, generar revelaciones, potenciar descubrimientos. Entrar en un proceso de educación es una continua tarea de reconocimiento. Y, al igual que en la tragedia griega, esa agnición produce “choques”, “desestabilidades”, “asombros”. De allí el papel fundamental de la aventura en un proyecto educativo; de allí la validez de la creatividad como herramienta estratégica. Es casi seguro que una tarea educativa de calidad, busque poner al educando en permanente encuentro y confrontación. Ponerlo en la zona de los enigmas a dialogar con la Esfinge. Porque sólo gracias a lo otro, a lo diverso o lo distinto, es como vamos constituyéndonos como identidad.

Por supuesto en ese espacio de encuentro, de diálogo, lo que el maestro busca desarrollar es lo virtual del ser humano. Sus posibilidades. La teleología profunda de la educación tiene como horizonte al hombre en plenitud, al hombre como constructor y producto de la cultura. El hombre como segunda naturaleza. Lo que la educación quiere desarrollar es una capacidad o una disposición para que el hombre pueda vivir en un mundo siempre cambiante. Si la educación avala cierto tipo de desarrollo lo hace desde esta perspectiva de formar hacia lo distinto, hacia lo diverso, hacia lo general. Desarrollar nuevas formas de hacer, nuevas formas de interactuar. No es el desarrollo economicista, no es la educación como capacitadora para el progreso, es el desarrollo como ganancia y descubrimiento del propio hombre, de la propia cultura. Lo que se quiere es que el hombre, al educarse, a la par que se descubra, conquiste nuevas “formas de hablar”. El desarrollo que avala la educación no prescinde de la tradición ni se entrega a una revolución desaforada. Más bien es en ese interregno del diálogo, de la mediación, de los vasos comunicantes, en donde la educación ubica gran parte de sus responsabilidades.

En la medida en que el educador ya no es un ser de verdad sino de posibilidad (dado que él mismo es un proyecto), cada día se hará más importante que revise “las palabras que da y que recibe”. Dicho en otros términos, el maestro tendrá que estar dispuesto a hacer permanentes correcciones, continuos ajustes sobre su lenguaje, sobre su decir. Además, tendrá que estar atento a las distintas variaciones, a las diferentes traducciones que los educandos van elaborando sobre un mismo mensaje. Si de veras anhela entrar en diálogo con sus alumnos, el educador debe ser capaz de poder “escuchar” las diferentes interpretaciones. Es más: el maestro debe alcanzar un tacto, una sensibilidad para distinguir o separar lo bello de lo feo, la buena de la mala calidad de ciertas melodías particulares. Luego no es un papel de celestino mudo o cómplice fácil; tampoco se trata de destituir la corrección o el consejo. El maestro sigue teniendo algo que enseñar, pero –a diferencia de ciertos modelos de educación autoritarios–, también tiene mucho que aprender. Y aprende con el alumno. Es un proceso dual; un proyecto entre dos partes. Un acto de negociación, de diálogo. Con todos los malentendidos y todas las incomprensiones propias de un ejercicio de la palabra. Pero, por lo mismo, una tarea de mutuos descubrimientos, de progresivos intentos por la comprensión, de lucha por el sentido. El sentido que siempre es un intento de nombrar lo posible. 

(De mi libro Oficio de maestro, Javegraf, Bogotá, 2000, p.p. 27-29).

 
 
 

Dialogar mediante contrapuntos

02 miércoles Abr 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Ensayos

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Ilustración de Michael Marsicano

Ilustración de Michael Marsicano

La dificultad de mis estudiantes de posgrado con la escritura de contrapuntos me ha hecho reflexionar una vez más sobre la manera en que, en la universidad, se enseña a dialogar críticamente con las fuentes de autoridad, con los autores que circulan abundantemente en las bibliografías de los cursos y seminarios.

En principio, considero que se confunde el acceso a la información con la apropiación y comprensión de la misma. Quizá porque la concepción de lectura que está en la mente de muchos educadores sea la de una habilidad de decodificación de textos. Tal idea de base convierte a nuestros estudiantes en entes pasivos receptores de mensajes que luego, en una clase o en un trabajo, dan cuenta de ellos. El resultado es evidente: la información está ahí para ser copiada pero no discutida; transcrita pero no contrastada; leída pero no comprendida. Y aunque a veces se pide dar una opinión frente a lo leído lo cierto es que poco se profundiza en esto de interactuar con la tradición consignada en textos y fuentes de consulta.

Otro problema es el poco interés o la falta de tiempo para corregir las producciones escritas de los estudiantes. Lo común es encontrar una calificación o alguna observación al final de los trabajos pero sin conocer en verdad dónde hay un error en la argumentación, dónde una incoherencia en algún planteamiento o dónde una flagrante incomprensión de lo leído. Es sabido que esto demanda un acompañamiento y una actitud paciente de los maestros para lograr que los aprendices descubran la filigrana propia de las ideas contenidas en los textos y desarrollen ciertas habilidades sin las cuales no hay genuino aprendizaje.

Precisamente, mi idea de trabajar el contrapunto es una estrategia encaminada a subsanar tal actitud pasiva ante la información. En primera instancia porque se ubica en una concepción de la lectura como intercambio de significados, como un diálogo permanente con los textos. Se trata, entonces, de tomar una actitud activa hacia las fuentes, de escucharlas con atención para descubrir cuáles son sus planteamientos, cuáles sus aportes y cuáles sus posibles fisuras. Y, en segunda medida, el contrapunto aboga para que esa lectura crítica se transforme en escritura, para que avance hacia esa zona de producción en la que se subraye lo particular, lo personal de un pensamiento.

Una segunda bondad de esta estrategia es la de tomar como campo de reflexión una cita, una idea desarrollada en tres o cuatro líneas, o como máximo en un párrafo. El espíritu del contrapunto, en este sentido, es más de ir en profundidad que abarcar grandes extensiones; más analítico que generalista. Al trabajar en microespacios textuales el contrapunto capacita al estudiante para apreciar mejor la forma como están organizadas las ideas, para aquilatar el peso o la valía de una palabra, para descubrir la tesis de fondo que un autor desea exponer o plantear. Dicho enfoque no sólo ayuda a ver la trasescena de un pensamiento ajeno sino que contribuye a aprender a organizar el escenario de las ideas propias.

Con esto en mente, y convencido de que la escritura se mejora con persistencia y usando el alambique de los borradores, he hecho una segunda invitación a mis estudiantes para que elaboren dos contrapuntos sobre un texto base. Confío en que este reto sea también una oportunidad para repensar y seguir afinando los procesos de pensamiento inherentes a la educación superior. Los textos base, en esta ocasión, son los siguientes:

Texto base 1: “Sólo la imaginación nos permite ver las cosas con su verdadero aspecto, poner aquello que está demasiado cerca a una determinada distancia de tal forma que podamos verlo y comprenderlo sin parcialidad ni prejuicio, colmar el abismo que nos separa de aquello que está demasiado lejos y verlo como si nos fuera familiar”.

(Hanna Arendt, “Comprensión y política” en De la historia a la acción, Paidós, Barcelona, 1995, p. 45).

Texto base 2: “La lectura que implica el texto en la forma electrónica es una lectura fragmentada, segmentada, una lectura que siempre puede extraer fragmentos y componerlos de manera efímera y singular en la pantalla gracias, en particular, al hipertexto y a los vínculos, y que contiene como consecuencia la dificultad de contextualizar este fragmento dentro de la totalidad a la cual pertenece”.

(Roger Chartier, “La historia como escritura, la escritura como historia” en Conversaciones, Carlos Alfieri, Katz, Buenos Aires, 2008, p. 198-199).

Cuidar el estudio

29 sábado Mar 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Ensayos

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Ilustración de Rob Gonsalves.

Ilustración de Rob Gonsalves.

Como un campo, aunque sea fértil,
no puede dar frutos si no se cultiva,
así le sucede a nuestro espíritu sin el estudio.
 
Cicerón

 

Venimos a este mundo como seres llenos de posibilidad. Cada uno de nuestros sentidos contiene una gama de potencias, un abanico de capacidades inéditas. También contamos con nuestro intelecto y nuestra voluntad que, como otras características de lo humano, nacen con un alto potencial o con latentes energías o variadas facultades. Pero, para que todo ese potencial se desarrolle, es necesario cultivarlo, educarlo, someterlo a la talla del estudio.

Advirtamos, de una vez, que no nacemos cabalmente formados. Apenas somos una infinita estructura de posibilidades. Ni nuestro gusto, ni nuestra mirada, ni nuestro lenguaje –sólo para mencionar algunos ejemplos– nos vienen ya desarrollados o con suficiente madurez. Todo lo contrario, cada hombre debe repetir, en sí mismo, el recorrido que ha hecho toda la humanidad durante siglos: tiene que aprender a comer, a hablar, a comportarse, a creer y también a soñar. Aunque ya nuestro cuerpo viene con órganos y sentidos, a cada ser le corresponde conquistarse como humano o como persona. A cada hombre le toca ponerse en la tarea de acabar de formarse, de terminar esa obra que la naturaleza comenzó pero que deja a merced de cada quien el grado o la manera de pulir, completar o darle los toques necesarios para que esa forma alcance su plenitud. Como quien dice, es a nosotros a quienes nos corresponde desplegar los horizontes de esa primigenia figura.

Es acá donde el estudio cobra todo su valor. Sin él, apenas seríamos algo más que una especie pluricelular. Gracias al estudio –bien sea mediado por otros o por nosotros mismos– nos diferenciamos, despegamos de nuestra condición natural. El estudio nos hace seres de cultura, seres capacitados para comunicarnos simbólicamente. Con el estudio, que por lo general ha sido ordenado y dosificado por la educación, logramos hacer que nuestras potencias se conviertan en actos o que nuestras capacidades logren su expresión más apropiada. Entonces, cuando nos educamos, lo que hacemos es afinar la apariencia inicial, pulir la forma primera, ampliar los límites de un cuerpo o una inteligencia incipientes. El estudio, confiado a nuestros mentores o maestros, es la garantía o la confianza que pone todo ser humano para que un otro logre sacarlo de ese rico pero finito mundo de lo hereditario.

Tal parece que si no nos preocupamos por estudiar nuestra vida misma quedará a medias; será un retrato incompleto, un muñón de existencia. Sin el estudio nunca sabremos qué tanto podemos ser o cuáles son nuestras mayores posibilidades. Y no se trata sólo de leer libros o de ir a una escuela. El estudio abarca también nuestro trato con los demás, las experiencias que tenemos, los caminos que transitamos, las horas que empleamos en pos de conocernos. Hay estudio cuando hay voluntad y disciplina para tratar de subsanar alguna de nuestras interminables ignorancias; hay estudio cuando tenemos una pregunta y nos proponemos tratar de responderla, así sea de manera parcial. Se estudia cuando nos acucia un misterio o cuando no podemos comprender cierta actitud personal o de otro ser humano. Se estudia cuando el entorno se nos vuelve inexplicable o cuando nuestra condición humana nos enfrenta a sus propios límites. No siempre se requiere de libros para estudiar, pero siempre hay que tener la voluntad dispuesta para ir más allá de lo inmediato.

Dando por descontado la importancia del estudio, vale la pena insistir en dedicar todos los días un tiempo para él. En no olvidarnos de emplear unas horas para cultivarnos, para terminar esa obra que asumimos como una dádiva maravillosa. Nunca acabaremos de saber, siempre seremos aprendices de algo. Por lo mismo, hay que poner nuestra mente en disposición para la lectura, para la conversación, para la investigación, para la observación sistemática. Ojalá pudiéramos terminar cada día de nuestra vida con la satisfacción de haber descubierto algo nuevo de los demás o de nuestra propia persona; ojalá tuviéramos la persistencia para mantener al pie de nuestra mesa de noche o al lado de la oficina donde laboramos, una inquietud que jalone nuestro espíritu, una curiosidad que nos movilice o nos despierte de los letargos paralizantes de lo dado por hecho. Qué bueno sería llegar al final de nuestros días con algún enigma fresco para nuestro entendimiento o con alguna indagación germinando aún en nuestras manos.

(De mi libro Custodiar la vida. Reflexiones sobre el cuidado de la cotidianidad, Kimpres, Bogotá, 2009, p.p. 33-36).

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