• Autobiografía
  • Conferencias
  • Cursos
  • Del «Trocadero»
  • Del oficio
  • Galería
  • Juegos de lenguaje
  • Lecturas
  • Libros

Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Publicaciones de la categoría: APRENDER A ESCRIBIR

Los consejos de Italo Calvino para escribir

15 lunes May 2023

Posted by Fernando Vásquez in APRENDER A ESCRIBIR, Del diario

≈ 4 comentarios

Etiquetas

Ítalo Calvino, Entrevistas a escritores, He nacido en América

Ediciones Siruela publicó en este 2023 las entrevistas que Ítalo Calvino dio a varios medios impresos, radiales o televisivos a lo largo de su vida, desde 1951 hasta 1985. He nacido en América es el título que aglutina las 49 entrevistas. A lo largo de las 364 páginas el escritor comparte opiniones y juicios sobre diferentes aspectos relacionados con sus obras de ficción, sobre el mundo editorial, al igual que ofrece puntos de vista sobre la lectura, la historia y algunos temas coyunturales de política. Después de disfrutar estos testimonios, expresados a lo largo de más de 30 años, me ha parecido interesante compartir los subrayados que fui haciendo sobre un tópico: el oficio de escribir. En estas declaraciones de Calvino no sólo hay técnicas y consejos, sino reflexiones útiles para todos aquellos que cultivamos un amor por la literatura y por la artesanía de la escritura.

“Las historias que siempre me ha interesado contar son aquellas que relatan la búsqueda de una humanidad plena y de su integración, que puede alcanzarse superando pruebas prácticas y morales, más allá de las enajenaciones y desequilibrios impuestos al hombre contemporáneo”.

“Podríamos decir que quien acepta el mundo como es será un escritor naturalista; quien no lo acepta y hace lo posible por explicárselo y cambiarlo, será un escritor de fábulas”.

“No importa qué elegimos escribir, tenemos muchas ideas que permanecen en el tintero. De pronto, llega el momento, encontramos el estado de ánimo que nos ubica en la necesidad de escribir, entonces elegimos la idea que nos parece más apta, la que corresponda al estado de ánimo y la desarrollamos. Si la desarrolláramos en otro momento resultaría algo muy diferente. Y si eligiera escribir en ese momento no aquella historia, sino otra, saldría un relato muy diferente, aunque en el fondo, a causa de una carga interna, habría un verdadero ‘contenido’ equivalente, en caso de haber elegido la primera historia. Hablo de un estado de ánimo general, la manera de sentir el mundo y la anécdota, no tanto de un estado de ánimo privado, intimista o psicológico”.

“Cada texto nace de una especie de nudo lírico-moral que se forma poco a poco, madura y se impone. Se entiende que después viene la diversión, el juego y la invención del mecanismo. Pero este nudo inicial es un elemento que debe formarse por sí mismo: la intención y la voluntad intervienen muy poco. Esto no se aplica únicamente en las historias fantásticas, vale para los núcleos poéticos de toda obra narrativa, realista e incluso autobiográfica”.

“Para escribir un libro no basta con querer hacerlo. Es necesario la formación de una especie de campo magnético: el autor aporta sus conocimientos técnicos, su disponibilidad para escribir y su tensión gráfico-nerviosa. El autor es solo un canal, los libros se escriben a través de él”.

“El trabajo literario solo tiene sentido si en la cara local, provinciana, se puede encontrar una razón cosmopolita y en la cara interplanetaria se encuentran los estados de ánimo locales”.

“Lo bueno de escribir es la felicidad de hacer algo práctico, la satisfacción de la tarea terminada”.

“A veces, mientras escribo, leo mi texto con los ojos de una persona determinada, imaginándome ser alguien que sé es mi lector. Y entiendo que soy leído por personas muy diferentes, que no tienen que ver una con la otra. Y ese es el verdadero desafío: no tener un público homogéneo, sino lectores diferentes”.

“Escribir implica una moral en la cual la precisión es un valor, en la que todo eso requiere del esfuerzo, para enriquecer las relaciones de la vida”.

“La escritura es un trabajo con bastantes tiempos muertos”.

“La palabra hablada me disgusta. Esa materia sosa e informe que sale de mi boca solo me inspira desagrado. No me gusta oírme hablar… Aunque las cosas no me resultan mejores en lengua escrita, al menos al primer intento. La inexactitud, la vaguedad, la aproximación y la sensación de estar en arenas movedizas, eso es lo que me irrita de la palabra. Es por eso que escribo: para dar forma, orden y coherencia a esa cosa inexacta”.

“Si alguien tiene un recuerdo, así sea vago o indeterminado, y busca trasladarlo a la escritura, lo puede lograr una vez que ha realizado la labor de clarificación para sí mismo y para los demás, pero ha perdido la vibración que existía antes de expresarlo. Ha perdido la emoción. Es un riesgo modesto, pero quise señalarlo de todas formas”.

“Creo incluso que la duda es lo único que un escritor puede enseñar. Dudar significa poner en crisis todos los entusiasmos, todas las ideas incuestionables, demasiado arraigadas”.

“Se escribe para intentar sustraer de la degradación general un trozo de universo —no más grande que una página de escritura—.”

“Intentar dar forma a una materia escrita quiere decir luchar con la lengua, con la expresión. En mi opinión, no hay otro modo de entender la escritura”.

“Escribir es muy difícil. Lo que da satisfacción es haber escrito, no el acto de escribir en sí mismo”.

“La frase escrita es el resultado de un esfuerzo, de aproximaciones sucesivas, de borrones. Hasta se puede decir que mientras más espontánea parece una frase, más trabajo se hizo con ella, es una labor interminable”.

“Escribir es mandar mensajes y contenidos por una vía especial. No simplemente transmitir una información, sino transmitir todo un mundo individual. En la escritura se comparten las propias obsesiones y tics lingüísticos que repercuten sobre las obsesiones personales del lector”.

“Cada escritor tiene su tono, su acento; es un poco como el timbre de la voz, un temperamento”.

“Creo que no me planteo el problema del éxito, escribo algo que me interesa escribir. Por lo general, me pongo un problema, quiero escribir un libro de estas características, que presente determinadas dificultades, suelo hacer apuestas conmigo mismo, es una especie desafío personal, ‘veamos si logro escribir algo así’”.

“La escritura es el modo en que logro hacer pasar cosas a través mío, cosas que tal vez vienen a mí de la cultura que me rodea, de la vida, de la experiencia, de la literatura que me precede y a la que yo, por mi parte, aporto mis experiencias personales, esas que atraviesan a todo ser humano, para ponerlas en circulación. Es por eso que escribo: para volverme instrumento de algo que toda seguridad es más grande que yo”.

“El escritor o el poeta, que se cree inspirado y se considera una pura expresión de su sentimiento, está sometido a condicionamientos desconocidos. Así, pues, es necesario que él mismo se imponga reglas a seguir, como hacían los poetas clásicos; solo con este andamiaje se logrará decir algo verdadero”.

“La poesía se puede apoyar en una métrica evidente o implícita, en tanto que la prosa continuamente debe inventarse un tiempo, una musicalidad. El sentido rítmico es fundamental: un episodio extraordinario puede desaparecer si, cuando se traslada a la página escrita, no logra transmitir el ritmo necesario al lector. Transmitir el sentido de velocidad, o de esa pausa, en la que lo escrito toma un respiro lento, volviéndose casi un adagio, un ritmo de música parsimoniosa; eso es trabajar con el tiempo, porque la rapidez no necesariamente está expresada con palabras y frases cortas, sino con un trabajo estilístico que la transfigura como una aceleración natural del latido del tiempo”.

“El deber de todo escritor es hacer cosas que vayan más allá de sus posibilidades”.

“El problema de la imaginación para el escritor se plantea en esta disyuntiva: ¿existe una imaginación visual o una imaginación verbal? Yo en lo personal diría que me baso en un procedimiento mixto. Habitualmente lo que me viene a la mente en primer término es una imagen visual. Puede estar acompañada (o puede no estarlo) por partes o fragmentos de frases. Sin embargo, el momento verdaderamente decisivo es cuando me pongo a escribir y, conforme me vienen las palabras y las frases, cambian incluso la visión y la intención originales. Pueden transformarse por completo y, por lo general, las imágenes son olvidadas y sustituidas por la imaginación que se pone en acto durante la escritura y queda inscrita en la página”.

“La escritura será siempre un intento por alcanzar la infinita multiplicidad de la experiencia, a la que no se llegará nunca. Un poco como cuando se intenta escribir un sueño, y te percatas de que para escribir un sueño de unos cuantos segundos es necesario manchar páginas y páginas”.

“Creo que la prosa requiere la utilización de todos los recursos verbales que se poseen, al igual que en la poesía: rapidez y precisión para elegir los vocablos, economía, riqueza de significados e inventiva para distribuirlos. Estrategia, ímpetu, movilidad y tensión en la frase, agilidad y ductilidad para moverse de un registro a otro, de un ritmo a otro”.

Inquietudes sobre escribir ensayos (II)

07 domingo May 2023

Posted by Fernando Vásquez in APRENDER A ESCRIBIR, Ensayos

≈ 4 comentarios

Etiquetas

Aprender a argumentar, Fuentes para un ensayo, Normas de citación, Párrafos en un ensayo

Ilustración de Andrea De Santis.

Presento a continuación otro grupo de repuestas a las múltiples inquietudes que me formularon los estudiantes de las diversas carreras de la Pontificia Universidad Bolivariana, sede de Montería, a partir de mi conferencia sobre la escritura de ensayos. Confío en que estas contestaciones no solo sirvan a los jóvenes que me escribieron sus preguntas, sino a otros estudiantes que tengan dudas o preguntas semejantes. 

¿Cómo puedo hacer que sea atractivo el ensayo al lector? (Isabella Angulo – Psicología).

Además de una cuidadosa elección y organización del discurso, que incluye el buen oído para “escuchar” el ritmo de cada frase, el intencionado uso de la puntuación y la variación semántica, sumado a todo ello, está la originalidad y novedad en la tesis que se plantee al lector y, lo más importante, la agudeza y consistencia en el desarrollo de los argumentos. El ensayo atrapa tanto por su aspecto estético como por el entramado argumentativo que le sirve de soporte. Influyen de igual modo los conectores lógicos que se empleen, pues ellos facilitan que el lector siga el hilo argumentativo y mantenga la atención en el desarrollo de la tesis. Nunca debe olvidarse que los buenos ensayos cumplen a cabalidad las condiciones de los textos persuasivos.  

¿Por dónde comenzar si tengo mucha información? (Braulio Manuel Hernández García – Ingeniería mecánica).

Habría que empezar recordando una cosa: no todo lo que se consulta o lee para un ensayo tiene que incluirse al momento de redactarlo. Hay que decantar, sopesar, mirar su pertinencia. Por consiguiente, lo primero es revisar si la información recolectada está en consonancia con la tesis del ensayo; si lo que se recopiló o investigó va por la misma vía de lo que tenemos como médula de nuestro texto. De no ser así, lo recomendable es eliminar esa información o, si nos parece digna de interés para el lector, incluirla en una nota a pie de página. A veces, hacer un mapa de ideas con la información recogida ayuda a descubrir si hay articulaciones con la tesis o si, por el contrario, son datos sueltos o documentación útil para otro tipo de texto.

¿Existen otras normas aparte de las APA que se pueden seguir para escribir un ensayo? (Aníbal José Janna Arrieta – Arquitectura).

Por supuesto que sí. Además de la APA (American Psychological Association), se usan también las normas de presentación de la Universidad de Chicago, las MLA (Modern Language Association), las de ICONTEC (Instituto Colombiano de Normas Técnicas), las Vancouver-NLM (National Library of Medicine) o las normas IEEE (Institute of Electrical and Electronic Engineers). Según sea la elección o normatividad establecida para presentar el ensayo, los sistemas de referencia bibliográfica tienen sus especificidades. Indistintamente el sistema que su utilice, lo importante es que en el ensayo se conserve una unidad de citación a lo largo del texto, sin mezclar diferentes normatividades o desconociendo los protocolos del rigor académico. Hay muy buenos textos al respecto. Uno de ellos es el del comunicador Gustavo Patiño Díaz, titulado Escritura y universidad. Guía para el trabajo académico, publicado por la Universidad del Rosario, en 2013. Este libro vale la pena tenerlo a la mano porque, además de traer consejos sobre “aspectos técnicos de la escritura” (material gráfico, ortotipografía, escritura de cifras), ofrece un repertorio de ejemplos en cada una de estas diferentes normatividades de presentación.

¿Cuántos argumentos debe poseer como mínimo? (Angie Sofía Argumedo Polo – Ingeniería civil). ¿Cuántos argumentos son necesarios para sustentar un ensayo? (Clara Teresa Doria Altamiranda – Psicología).

El mínimo depende de la complejidad de la tesis presentada. Sin embargo, en un miniensayo, yo creo que por lo menos se necesitan tres argumentos. No será suficiente un único argumento ni tampoco serán necesarios una veintena de ellos para lograr el propósito del ensayista. Si los argumentos son los más indicados, si son pertinentes, si tienen la suficiente fuerza de convencimiento, bastarán unos pocos. En todo caso, hay tesis que por su misma temática o por el problema que abordan, demandan una búsqueda selectiva de bastantes argumentos sin los cuales no se lograría el cabal convencimiento del lector. Así mismo, resulta efectivo usar diversos tipos de argumentos, variar las fuentes y apelar a diferentes recursos de la lógica persuasiva como las inferencias, el contraste, la ironía.  

¿El título del ensayo puede ser una pregunta? (Gianella Guillin Luna – Psicología). ¿Los títulos pueden ser con signos de admiración? (David Alfonso Pacheco Guazo – Arquitectura).

Sí es posible usar una pregunta como título o ponerlo entre signos de admiración. Lo que hay que evitar, a toda costa, es que el título quede como un descriptor genérico o esté en discordancia con la tesis del ensayo. Yo recomiendo que el título, de una vez, le diga al lector cuál es la apuesta del ensayista, que le focalice la mirada o su campo de interés. Siempre es bueno tener en mente que el título es el primer llamado, el guiño comunicativo inicial que se le hace al lector para que se anime a leer nuestro texto. Los ensayistas más experimentados ponen el título al terminar de redactar el texto, después de releerlo en su totalidad y analizar el cauce de su argumentación. Y siempre lo hacen pensando en interpelar o capturar la atención de un posible receptor.

¿Por qué no podemos escribir párrafos largos? (Santiago Castro Vellojín – Arquitectura).

La extensión de los párrafos depende mucho del material que estemos minando con nuestra argumentación; por momentos tres o cinco líneas pueden llegar a ser suficientes y, en otros casos, se requerirán más de diez. Por regla general, un párrafo se centra en una idea y su desarrollo; o en un argumento con sus respectivas razones. Lo que no es conveniente, ni para la estructura del texto, ni para el lector, es redactar parrafadas en las que todo se acumula o se mezcla sin distinciones o marcadores de coherencia.

¿Cómo puedo variar las palabras para que no sean redundantes a la hora de escribir un ensayo? (Julieth Paola Doria Hernández – Psicología).

Sin lugar a dudas, la riqueza de vocabulario del escritor es muy importante cuando redacta su ensayo. Esto ayuda a darle precisión y variedad a sus ideas. Y para aumentar esa “competencia lexical” no solo hay que leer con asiduidad, sino acostumbrarse o tomar como hábito aumentar el repertorio personal de términos. ¿Qué tal si nos propusiéramos, al menos cada semana, incorporar una o dos palabras nuevas a nuestro archivo lingüístico? Aconsejo, de igual modo, tener a la mano un buen diccionario razonado de sinónimos y antónimos, un diccionario de ideas afines o un diccionario ideológico. Todas estas fuentes, si las tenemos al lado de donde escribimos, nos irán solucionando problemas de precariedad semántica al tiempo que nos ponen en contacto con nuevos términos asociados a las necesidades de redacción que tengamos en ese momento.

¿Es necesario enumerar los argumentos para tener una secuencia? (Nohora María Otero Ruiz – Psicología).

No es necesario enumerar los argumentos, a no ser que por un fin didáctico el docente así lo haya solicitado. Lo frecuente es que los conectores vayan indicando esa secuencia (“para empezar”, “en segunda medida”, desde otra perspectiva”, “para concluir…”). Aprovecho esta pregunta para hacer una aclaración: ciertos ejercicios pedagógicos, con fines argumentativos, no son en realidad ensayos; se trata de “dispositivos de enseñanza” encaminados a que los estudiantes se familiaricen con qué es una tesis, una antítesis, y determinados argumentos, pero este parcelado esquematismo no es igual a la redacción de una tesis personal desarrollada de manera cohesionada y coherente con argumentos, a lo largo de cuatro o cinco párrafos. Dicho de otra manera: una cosa es ejercitar a los estudiantes en técnicas de argumentación y, otra, escribir ensayos.

¿De dónde conseguir fuentes confiables? ¿Cómo me aseguro que lo sean? (Isabella Guerrero Olarte – Comunicación social y periodismo).

Tener a la mano fuentes primarias (el libro o el PDF del original) es más confiable que trabajar con información secundaria (esa que dice algo sobre lo que otro dice, pero sin que el escritor pueda cotejarla o verificarla con el texto original). Por eso, si se acude mayoritariamente a referencias de internet, hay que hacer una “auditoría” constante de dichas fuentes. Muchos lugares de la web retoman algo, pero le cambian la puntuación, omiten líneas, dejan acéfala de procedencia y autoría la referencia, multiplican el efecto del teléfono roto de la información. Los docentes cumplen ahí un papel fundamental, porque son ellos los que indican al inicio qué fuentes son confiables y los que verifican su valía en las producciones escritas de sus estudiantes. El plagio, el abuso de fuentes secundarias, el uso de información falsa, deben ser fallas reprochables y evaluadas negativamente en la escritura de ensayos.

¿Cuál es la manera correcta de empezar un ensayo? (Marcos Guillermo de Jesús Benedetti Ramos – Ingeniería electrónica). ¿Es necesario tener una introducción en todos los ensayos? (Imanol Labiol Assias González – Ingeniería civil).

Subrayo lo dicho en una entrada anterior de este blog: lo aconsejable es empezar planteando la tesis del ensayo. En ciertas ocasiones se hace un párrafo de encuadre, introductorio o de contexto, que sirve para orientar o direccionar lo que viene a continuación. Entre menos digresiones haya, más robusto aparecerá lo que deseamos poner a discusión.

¿Los ensayos siempre deben defender una posición frente a algo? (Mary Paz Domínguez – Psicología).

Sí. Esa postura o posición personal frente a un tema, un problema o una situación es lo que le da identidad al ensayo. Entiendo que “defender” es encontrar los argumentos para lograr persuadir al lector de determinada tesis. En razón de esto, el ensayo es más que un comentario; porque no se trata de lanzar opiniones gratuitas, sino de soportarlas o avalarlas bien sea con la fuerza de la lógica, con los argumentos elegidos o con la coherencia interna del discurso. Las opiniones en el ensayo están soportadas, se ahíncan en evidencias; son más bien juicios razonados.   

¿Por qué es necesario que se sigan tantas reglas al momento de la redacción estética de un ensayo? (María Isabel Petro Argel – Psicología).

Las reglas responden a dos funciones que se complementan: la primera, otorgarle a la presentación de este tipo de escritos (igual sucede para el trabajo de grado, o para ciertos informes) una identidad académica o investigativa que los diferencie de otras producciones más informales. Cada tipología textual exige el dominio y organización de los contenidos y atender a determinados aspectos formales. La segunda función, parece apuntar al orden formativo de estas normas: ayudar a organizar la mente, tener referentes compartidos para la comunicación con otros, interiorizar patrones para la producción de saber o de conocimiento. Por lo demás, sin estos criterios o nomas de presentación, sería muy difícil evaluar con relativa objetividad los ensayos.

¿Cómo puedo presentar distintos argumentos para defender mi tesis sin redundar? (Isa carolina Pérez Ceballos – Comunicación social y periodismo).

Arriba decía que hay que buscar variedad en los argumentos. Me refiero a combinar argumentos de autoridad con otros de analogía o con ejemplos. De otro lado, si cada argumento se enfila desde una perspectiva, lo más estratégico es que los siguientes retomen un mirador distinto o se enuncien siguiendo la línea melódica de la variación, lo divergente o la pluralidad. Ese es otro reto para el ensayista: agregar nuevos argumentos que avalen su tesis, pero sin ser repetitivo o aburrir al lector. Por eso es clave documentarse, investigar, profundizar en la temática que sirve de terreno para la contienda argumentativa; además de meditar y gastarle horas a analizar los pros y contra de la tesis que se tiene entre manos.

¿Cómo escribir ensayos usando términos locales, informales, en un texto formal? (Juan Diego Álvarez Peroza – Ingeniería sanitaria y ambiental).

Los términos locales, las palabras más “informales”, si se van a utilizar en el ensayo pueden incluirse entrecomilladas o dando pistas en la misma redacción que permitan captar su significado. Todo dependerá de cómo se desarrollan los argumentos y del juego comunicativo entre las palabras generales y los “términos” locales. Lo que recomiendo es evitarle al lector confusiones o vacíos de significados en las palabras, pues llevarán al malentendido o a la incomprensión. Tampoco es provechoso plagar al ensayo de demasiados localismos o de “lengua de jerga” porque eso desvertebrará el seguimiento a la columna vertebral de la tesis. Si es preciso hacerlo, para eso están las notas a pie de página, tan útiles cuando se desea explicar o precisar el sentido de un término.

¿Escribir ensayos va a seguir siendo útil en 15 años? (Jessica Vásquez Álvarez – Economía).

Mientras consideremos un valor personal y social el aprender a argumentar, seguramente la solicitud de ensayos seguirá siendo útil e importante. En tanto subrayemos la validez persuasiva de las razones sobre el poder irracional de la fuerza, el ensayo estará presente para ejercitar a las nuevas generaciones en el aprendizaje de los consensos y el diálogo con las diferencias. No es cosa secundaria para lograr la convivencia pacífica o detener los fundamentalismos fanáticos de hoy y de mañana, enseñar en las aulas y en los hogares que hay argumentos más sustentados que otros, que hay opiniones demasiado infundadas y muy poco fundamentadas, que la escucha tolerante de las ideas o creencias ajenas es el paso ineludible para que se dé el respeto por la propia voz. Y si lo que deseamos es contrarrestar el odio manipulador de las redes sociales y la información parcializada de los medios masivos de comunicación, la escritura de ensayos es y seguirá siendo un recurso insustituible para fomentar y desarrollar el pensamiento crítico.

Inquietudes sobre escribir ensayos

01 lunes May 2023

Posted by Fernando Vásquez in APRENDER A ESCRIBIR, Ensayos

≈ 55 comentarios

Etiquetas

Aprender a argumentar, Citas en un ensayo, Conectores lógicos, Evaluar un ensayo

Ilustración de Cameron Cottrill.

En el reciente III Encuentro nacional e internacional: “Vive la lengua y disfruta su literatura” y el I Congreso internacional de lectura y escritura: “Perspectivas investigativas” de una de las subsedes de la Cátedra Unesco, que tuvo como sede a la Universidad Pontificia Bolivariana, seccional de Montería, estuve compartiendo con los estudiantes de los diversos programas de la Institución reflexiones y consejos para la Escritura de ensayos. El evento fue organizado por Lida Pinto Doria y Enyel Manyoma Ledesma del Centro de Formación Humanística, Elaine Edith Bedoya Pastrana del área de Cultura de Bienestar Universitario y María Dominga Ramos Cantero, jefe de Biblioteca. A las directivas de la Universidad y a ellas, mi agradecimiento. Si bien durante el encuentro resolví varias inquietudes del numeroso grupo de estudiantes, les solicité escribir algunas de sus preguntas más apremiantes sobre este tipo de texto con el fin de resolverlas en este blog. Lo que sigue, entonces, es un primer grupo de respuestas a tales inquietudes.

¿Cuáles son los mejores conectores para lograr un buen ensayo? (Isaías José Hernández – Ingeniería civil).

La calidad de los conectores depende del propósito argumental elegido por el ensayista. Así que, si la intención es inferir un planteamiento de otro anterior, pues los mejores conectores serán aquellos que permitan sacar alguna deducción de tal razonamiento (“en consecuencia”, “de aquí se desprende que”, “esto conduce a”…). Pero si lo que se desea es ejemplificar cierto razonamiento, los conectores apropiados serán los que ilustren la situación (“así, por ejemplo,”, “pongamos por caso”, “ilustremos lo dicho con”…). Lo que sí no se puede olvidar es que los conectores están en directa relación con el tipo de argumento que se emplee y con la línea argumental que se vaya desarrollando. No serán buenos conectores, entonces, aquellos que, en lugar de concluir, ejemplifican; o esos otros que, en lugar de dar continuidad, hacen evidente una antítesis.

¿Cómo se vería un título más llamativo? (Ena Sofia González López – Economía).

Para empezar, es recomendable titular pensando más en el lector que en el gusto del escritor. El título debe invitar a leer el ensayo y, en esa medida, tiene que ser persuasivo, sugerente. Los títulos menos interpelativos tienen la forma de descriptores fríos o son tan genéricos que no dicen nada. Pero lo más importante es que el título del ensayo esté en relación con la tesis; esa es la inicial promesa que el ensayista le hace al lector para convocarlo a sus páginas. Por supuesto, el ingenio y la creatividad contribuyen también a que el título ideado tenga la fuerza para incitar la imaginación o el interés de los lectores.

¿Cuál sería el mejor tema para abordar en un ensayo? (María José Negrete Arrieta – Ingeniería industrial).

No hay mejores o peores temas sobre los cuales se pueda hacer un ensayo; lo que sucede es que, para el ensayista, existen temas más cercanos o con mayor dominio que otros. Sirvan de ejemplo el agudo ensayo del sociólogo Georg Simmel sobre el “el asa” de los objetos (que bien pareciera un tema baladí o secundario), o el magnífico ensayo de Alfonso Reyes titulado “Notas sobre la inteligencia americana” (que aborda un tema histórico-cultural de gran complejidad). Otra cosa que ayuda a valorar los temas es qué tanto se ha meditado sobre esos asuntos o cuál ha sido el nivel de inmersión intelectual en determinado campo. Depende del tratamiento del tema por parte del ensayista, de la agudeza o de la calidad de los argumentos, como el tema se vuelve relevante o termina dotado de gran importancia.

¿Por qué es tan importante citar en un ensayo? (Elkin Alonso Martínez Sáenz – Psicología). ¿Es necesario siempre agregar citas o referencias al ensayo? (Estefanía Barroso – Psicología).

Las citas son parte del soporte de los argumentos de autoridad; son la manera como las voces de la tradición en determinado campo del saber sirven de aval argumentativo al ensayista. Al citar, el ensayista pone en movimiento la tradición de un saber, retoma un pasado intelectual y lo actualiza. Este ejercicio de la citación “da respaldo” a la propia voz, evidencia que se ha indagado en fuentes, obliga a interlocutar con otros pensadores o escritores que están en parcelas semejantes del conocimiento. Por supuesto, la citación es un modo formal de atender a “protocolos” académicos establecidos por comunidades de saber o por estamentos que abogan por el rigor en la presentación social de la escritura y que, al hacerlo, defienden o evitan el plagio de obras del pensamiento o de la imaginación. Se cita porque se cree y se protege la propiedad intelectual. 

¿La tesis en un ensayo siempre tiene que ser una afirmación, o puede ser una pregunta? (Nahomy Nisperuza Burgos – Ingeniería civil). ¿Es buena idea comenzar un ensayo con una pregunta? (Flor De Liz Padilla Ávila – Psicología).

Es más contundente poner la tesis en una afirmación. Le da más fuerza al propósito argumentativo o es una manera de presentar sin rodeos al lector la postura personal del ensayista. Esto no quiere decir que las preguntas estén vedadas de la variedad de formas como puede presentarse la tesis; lo que no es conveniente es dejar la pregunta tan abierta, que no se sepa en realidad cuál es la apuesta del ensayista, con qué se compromete, cuál es la consigna que sirve de punta de lanza a su argumentación. Por lo demás, esa proposición afirmativa de la tesis es como un medio de hacer más evidente el punto de vista del ensayista frente a un tema, problema o asunto.

¿Qué tan largo debe ser el ensayo? (Luna Vergara Negrete – Psicología).

Si bien el ensayo puede tener una extensión de más de quince páginas, de igual modo es viable elaborar ensayos de una página. Eso dependerá de las exigencias académicas, de la profundidad con que se analice críticamente una temática o del tipo de público y el medio en que se publique el ensayo. Los ensayos de Francis Bacon no pasan de una cuartilla, mientras que otros de Octavio Paz superan las cinco páginas. Algunos ensayos retoman un tema in extenso abordándolo desde apartados autónomos, pero conservando una relación entre aquellas partes; otros, concentran su esfuerzo argumentativo en un único aspecto o dimensión de un tema específico.

¿Cómo dar más solidez a mis argumentos? (Julio Ernesto Vásquez Dueñas – Ingeniería mecánica).

Todo depende del tipo de argumentos que se emplee. Si son de autoridad, serán más sólidos aquellos que apelen a autores reconocidos en el tema, con bibliografía pertinente, y cuyas citas retomadas estén en sintonía con la tesis defendida; si son argumentos basados en ejemplos, la clave estará en que sean apropiados o atinados con los razonamientos que se vayan a utilizar; si son argumentos con analogías, lo fundamental será que la comparación a la que se acuda sea la más idónea y esté lo bastante desarrollada en sus distintos aspectos de similitud como para que ilumine y convenza al lector de lo medular de la tesis. Y si se emplean argumentos lógicos, pues tendrán que ser rigurosos, coherentes, congruentes en su planteamiento.

¿Cómo superar la hoja en blanco? (Alix Dayana Peña Ramos – Comunicación social y periodismo). ¿Cómo manejar el bloqueo mental al escribir? (Samuel David Berrocal Barrios – Derecho).

La hoja en blanco, ese vacío abierto a nuestra inteligencia o a nuestra imaginación, a veces provoca bloqueos o genera cierto temor de no saber bien cómo llenarla o por dónde empezar a pergeñar las primeras líneas. Lo más aconsejable es empezar a redactar alguna cosa sin suponer que esas frases ya son el ensayo definitivo; o utilizar la página en blanco para graficar mapas de ideas; o listar términos que vayan aflorando según nuestro estado de ánimo. Por momentos los dibujos pueden ayudar a romper su hechizo y, en otras ocasiones, transcribir alguna cita de un libro que estemos leyendo sobre el tema que nos interesa, resulta una buena piedra de toque para empezar a escribir. Si vemos la hoja en blanco como una “mesa de trabajo” y no como algo límpido o imantado de perfección, seguramente saldremos del bloqueo que atenaza nuestra mente.

¿De qué manera se puede organizar la tesis en el ensayo? (Johenis Mulett Orozco – Arquitectura). ¿Cómo hacer para redactar una buena tesis? (Beatriz Elena Suarez Falon – Ingeniería civil).

La tesis es el alma del ensayo. Corresponde a la postura personal del ensayista frente a un tema o un problema. Casi siempre se enuncia de manera afirmativa, en forma sencilla y no debe ser muy extensa ni adelantar argumentos que luego se van a desarrollar. Por lo general se presenta en el primer párrafo y le permite al lector saber cuál es el planteamiento de base del ensayista que luego, en los siguientes párrafos, va a argumentar. Siempre hay que insistir en esto: la tesis no es la exposición de un tema, sino la valoración o juicio particular sobre determinado asunto.

¿Cuál es la mejor estructura para escribir un ensayo? (Camilo Andrés Reyes Ramos – Administración de empresas).

Aunque la iniciativa y creatividad del ensayista lleven a elegir diferentes alternativas de organización, podemos afirmar que la estructura básica de un ensayo sería la siguiente: presentar la tesis, buscar los argumentos que mejor la avalen y terminar reforzando o rubricando la tesis inicial. Sobra decir que, dependiendo de la complejidad del tema, será necesario emplear dos o más párrafos para cada tipo de argumento. En algunas ocasiones, puede necesitarse hacer un párrafo de encuadre antes de presentar la tesis o, cuando el ensayo es de largo aliento, redactar párrafos de amarre o continuidad. Planteamiento de la tesis, inclusión y desarrollo de los argumentos que la apoyan y refrendación de la tesis: eso es lo vertebral.

¿Una persona realmente puede ser totalmente objetiva al escribir un ensayo personal? (Diana Margarita Lora Peinado – Economía).

Como el ensayo es la postura personal de alguien sobre determinado tema, siempre tendrá una alta carga subjetiva. Sin embargo, esto no quiere decir que en un ensayo se opine indiscriminadamente o se afirme cualquier cosa. Hay una lógica en el desarrollo de los argumentos, una coherencia en la forma de organizar el discurso, una cohesión entre las ideas, que le da validez al ensayo. La “objetividad” proviene de la consistencia interna del texto. Todo lo que se diga en un ensayo hay que sustentarlo, justificarlo, darle fundamento. 

¿Cómo sé que el ensayo que escribí es muy bueno o malo? (Saray Sofía García Hoyos – Arquitectura).

Hay dos maneras de saberlo: la primera, es corroborar si la tesis presentada ha sido soportada con solidez argumentativa; si no quedaron intersticios, cosas por atender o aspectos tratados de manera superficial. Es decir, si los argumentos elegidos fueron suficientes y apropiados para nuestro propósito. La segunda forma es cotejar, con la matriz de evaluación o la rúbrica que previamente el maestro ha compartido con sus estudiantes, si todos los criterios o indicadores previstos se han cumplido a cabalidad. Es probable que al revisar el ensayo desde esos descriptores se pueda apreciar en cuáles de ellos hay un logro sobresaliente y en qué otros se tiene una debilidad notoria. No sobra advertir aquí que el ensayo se perfecciona mediante progresivas versiones: es en ese alambique de pasar por continuas correcciones como se logra un texto de gran calidad.

¿Por qué en algunas instituciones educativas te hacen creer que realizas bien un ensayo cuando en realidad es solo un resumen? (Mariana Martínez Ramos – Psicología).

Tal vez esto se deba al desconocimiento de las diferencias sustanciales entre distintas tipologías textuales, o a la confusión entre textos expositivos, narrativos y argumentativos. También es posible que, por priorizar los propósitos evaluativos sobre un texto, se termine desvirtuando el sentido del ensayo para responder a otros requerimientos didácticos. Sea como fuere, resumir un libro o una película no es igual a elaborar un ensayo. El resumen tiene sus características (omitir, seleccionar, reconstruir y generalizar una información, para seguir las macrorreglas de Teun van Dick) y obedece a una lógica que no es la de la argumentación.

¿Qué pasa cuando inicio a redactar un ensayo de un tema de mi interés y a mitad de la escritura el tema deja de agradarme? ¿Reescribo el ensayo desde otra perspectiva o cambio de tema por completo? (Ana Sofía Hidalgo Garzón – Psicología).

Para conseguir una buena tesis hay que “meditar” un buen tiempo el tema que nos interpela o ha sido puesto como “tarea” por algún docente. Reflexionar y meterse de lleno en este tema o problema contribuye a que encontremos un filón de interés de larga motivación. De lo contrario, con facilidad abandonaremos lo que a primera vista nos parecía sugestivo. Investigar, documentarse, ayuda a “tomarle cariño” a determinada temática. Si no hay inmersión y dedicación por un tiempo a un asunto se terminará como veleta yendo de una temática a otra y, lo más grave, se caerá en el desconcierto por la cantidad de información que se ha ido recogiendo en el camino. Desde luego, si a pesar de estudiar y profundizar en un tema, este no logra jalonar nuestra motivación por escribir, lo más aconsejable será cambiar de perspectiva y elegir otro campo de trabajo.

¿Qué impacto puede tener un ensayo en cuanto al desarrollo de una comunidad? (José Julián Pacheco – Ingeniería industrial). ¿Qué función tiene en la sociedad? (José David Gallego Ortiz- Ingeniería mecánica).

Los ensayos buscan, entre otras cosas, que los lectores adquieran o afiancen su lectura crítica de variados asuntos. Al ser un género que pone en cuestionamiento lo dado por hecho, lo establecido, los lugares comunes, su finalidad es despertar la conciencia, ofrecer otros puntos de vista para comprender los problemas, dotar al entendimiento de razones más lógicas y sensatas que únicamente emotivas. Eso de una parte. Y hay otro impacto que merece resaltarse: la lectura de ensayos crea condiciones favorables para que las personas, en su calidad de ciudadanos, tengan un repertorio de razones para comprender distintos puntos de vista, además de prepararlos y enseñarles, así sea de manera indirecta, cómo organizar la mente argumentativa para defender sus derechos, participar en el debate público, y ser más aptos para deliberar frente a los acuerdos y los consensos sociales.

Las homófonas y los parónimos en tono narrativo

05 domingo Feb 2023

Posted by Fernando Vásquez in APRENDER A ESCRIBIR, Del diario

≈ 6 comentarios

Etiquetas

Ejercicios narrativos, Gramática creativa, Palabras homófonas y parónimas

Por lo general, los maestros y maestras de español, cuando quieren enseñar las homófonas y los parónimos (aquellas palabras que tienen idéntico sonido, pero distinto significado; o esos términos que, sin tener el mismo sonido, suelen confundirse por ser muy semejantes) lo que utilizan es un listado con las voces respectivas. Pero, sigo creyendo que hay maneras más creativas e interesantes para este fin. Una de esas estrategias es usar la narrativa para que los estudiantes infieran y comprendan las diferencias entre estas palabras aparentemente similares en su pronunciación o en su forma.

El relato que sigue es un ejemplo de cómo conjugar la fuerza interpelativa de la ficción con la prescriptiva de la gramática. El relato puede usarse de dos maneras: como ejemplo ilustrativo y didáctico de este tipo de palabras, y como un incentivo para que los estudiantes construyan otros de manera semejante.

«Mi esposa y mi suegra», ilustración de William Ely Hill.

Abigail y Josué, un amor homoparonímico

Abigail ansiaba abrazar a Josué. Su amor la abrasaba hasta la obsesión.

—Dios mío, haz que venga a mi alcoba —suplicaba a gritos la enamorada.

Pero Josué, que era un as de la seducción, prefería escaparse de ella por semanas.

Abigail insistía más de cien veces en sus llamadas. Ella sentía que su sien derecha iba a reventar.

—Estoy en la cima de mi amor —volvía decir para sí Abigail—, yo siento que esta pasión proviene de una sima profunda, de un magma incandescente.

Como no le dio resultado tal recurso, recordó el ejemplo de la fiel Penélope y empezó por las noches a coser un tejido interminable. Y tanto se entregó a esta labor que dejó de cocer sus alimentos.

Cuando ya había perdido toda esperanza, un día apareció Josué. Su presencia la dejó extática. Y así, quieta, estática, en el umbral de la puerta le expresó este reproche:

—He estado grave, enferma del alma. Y no veo que tu mente grabe lo que te digo.         

Josué se mantuvo en silencio.

—Si me has visto con un rebozo es para evitar que veas mis labios, porque mi amor ya rebosa la copa.

Josué se dedicó a escuchar el balido de las ovejas lejanas.

—Mi amor por ti será válido en cualquier tiempo.

Josué se detuvo a observar el menudo vello de los brazos de la mujer. Ella volvió a atacarle:

—No hay nada bello para ti en este amor, nada…

—Vaya, vaya… —respondió Josué como para salir de aquella cárcel de palabras.

La mujer sintió ira. Vio tras la valla de su jardín las flores secas e interpretó eso como un mal presagio.

—No cabe duda de mi amor, pero yo misma cavé mi infortunio.

—Mi amor me ha cegado —continúo Abigail— y tus continuos desaires han segado mi ilusión.

A Josué le parecieron hermosas aquellas palabras.

—Por lo que veo para ti ya no soy más que un desecho afectivo —dijo sollozando Abigail.

—Yo nada he deshecho, nada —replicó Josué a manera de disculpa.

—Este amor, como dice en el Cantar de los Cantares, quedará grabado en mi pecho, a pesar de los muchos gravámenes que he tenido que pagar por tu displicencia. Yo he arrostrado esos desaires sin decir nada, a pesar de las muchas ocasiones en la que has arrastrado mi alma sin ninguna compasión.

Abigail continuó. Estaba embelesada.

—Cada ausencia tuya machucaba mi corazón, y tus continuos desaires machacaban mis esperanzas. La hacían trizas. Yo estaba, como una mártir, en oblación permanente. Y por más que ansiaba una llamada o una carta tuya, esas pequeñas abluciones refrescantes jamás llegaron. Qué oquedad padecía y qué hosquedad la tuya, cuánto perjuicio me hiciste, quizá por tus prejuicios o tus aprensiones. Josué, prescríbeme la medicina para olvidarte o proscríbeme al lugar más remoto donde están los condenados del olvido. Provéeme alguna medicina si ya puedes prever nuestro desenlace. Perdóname por recavar en este sentimiento, pero no me cansaré de decírtelo hasta recabar mi propósito. Sé que mis palabras sonarán poco salubres en este momento, pero prefiero eso, a seguir manteniendo esa sensación salobre en mi boca. No pretendo con esto que te digo trastrocar lo que eres, ni menos pedirte trastocar la manera como vives. Perdóname, otra vez. Si puedes absolver mis faltas, me sentiré agradecida; de lo contrario tendré que, como una sedienta esponja, absorber mi propia amargura.

Josué pensó que ese largo discurso de Abigail era una perfecta invectiva, como las de Demóstenes, y que se requería bastante inventiva para decirla de manera improvisada.

—Yo he tenido la mejor actitud —dijo Josué, suavemente.

Abigail, más serena, le contestó con un tono de dolorosa aceptación:

—A lo mejor… pero tal vez no tengas la aptitud de amar abandonándote.

—Entonces, déjame abjurar del modo como te he amado…

—Ya quisiera yo hacer eso posible —respondió Abigail—, pero no soy una maga que pueda adjurar tus sentimientos.

Hubo un largo silencio. Las miradas dejaron de encontrarse. Josué se levantó del sillón y salió de la habitación, alejándose poco a poco. Al pasar por el jardín percibió el espirar dulce de las rosas, mientras que, adentro de la casa, Abigail sentía que su corazón había expirado.

El oficio invisible del periodismo investigativo

25 domingo Sep 2022

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in APRENDER A ESCRIBIR, Comentarios, INVESTIGACIÓN

≈ 4 comentarios

Etiquetas

Comentario de libros, El reportero invisible, Periodismo investigativo, Ricardo Calderón

Ricardo Calderón: «Hay un bien supremo que es servirle a la gente”.

En una entrevista de Juan David Laverde Palma, publicada en El Espectador el domingo 18 de septiembre, el periodista Ricardo Calderón se refirió a varios aspectos del ejercicio periodístico que no solo me parecieron relevantes, sino que, al leer el libro de Diego Garzón Carrillo, Calderón: el reportero invisible[1], muestran con suficientes evidencias los riesgos y desvíos a los que está sometida hoy la profesión de informar y contribuir a cualificar la opinión pública. Manteniendo el hilo de las respuestas de la entrevista a este periodista-investigador y retomando afirmaciones del libro de Diego Garzón –centrado en la “trasescena” de muchas de las historias publicadas por Calderón en la revista Semana– iré comentando ciertos aspectos que espero interpreten bien lo que muchos oyentes, lectores y televidentes “padecemos” al ponernos en contacto con los informativos de una buena parte de los actuales medios masivos de comunicación.

Un primer asunto tiene que ver con las fuentes de que se vale Calderón para tener información de calidad, pertinente y de difícil acceso. Él dice que las mejores fuentes –para el caso de la corrupción de los oficiales del ejército, por ejemplo– no fueron “los buenos oficiales”, sino los “que se desviaron del camino”. Y agrega: “los malos, terminaron presentándome un montón de fuentes que fueron interesantes para comprender la corrupción institucional”. El libro de Diego Garzón muestra los pormenores de esos encuentros en lugares alejados de las oficinas de la revista, en ciudades lejanas a Bogotá o acordadas en horas insospechadas. Y si bien contrasta esas informaciones recogidas con “información oficial”, lo cierto es que su materia prima está en el subsuelo de la realidad que le interesa, en lo marginal de su materia de observación. Asunto que contrasta, precisamente, con un tipo de periodismo “oficialista” que no hace sino repetir lo que se recoge de afán en una declaración telefónica o buscando a las mismas fuentes para que den unas declaraciones “preparadas” para ese momento. Pero, además, Calderón no se contenta con una única fuente, necesita corroborarla, enriquecerla con otras voces, con otros testimonios; el libro muestra que además de las declaraciones de esas fuentes “marginales” el investigador insiste en tener documentos, evidencias que permitan validar o someter a prueba la oralidad de un denunciante. Retomo este punto porque sirve para resaltar la mala práctica contemporánea de ciertos periodistas que de un único testimonio sacan conclusiones definitivas o se contentan con los nombres de la agenda gubernamental establecida. Calderón sabe que cada fuente tiene “sus intereses”, que a veces trata de sacar partido de la situación o que, a partir de conseguir la publicación de sus “denuncias” lo que pretende es enlodar a otras personas para librar su responsabilidad o desplazar el foco de atención sobre su propia persona. De allí, de ese convencimiento, se desprende otra lección para las vedettes de la comunicación: “contrastar y verificar es fundamental para evitar que le metan goles con datos falsos” o, si se quiere entender de otra forma, contar con un suero escéptico o un espíritu crítico para no dejarse contaminar de “la información envenenada”.

Un segundo punto manifestado por Calderón sobre su trabajo de periodista investigativo es dudar, sospechar de lo que parece evidente o sobre aquellos consensos fácilmente resueltos. “¿Esta masacre la hicieron las Farc o los ‘paras’?”. La premisa de Calderón, recogida por su amigo Diego Garzón, es básica para el oficio de periodista: “no hay que creer en nada ni en nadie, pero oír todo y a todos siempre”. Hacerse preguntas complejas, tejer relaciones lejanas, conectar hechos de diversa procedencia, hace parte de las rutinas del “reportero invisible”. En últimas, se trata de no contentarse con la información superficial o con el inmediatismo de la primera declaración; la clave está en mantener alerta la perspicacia para desenmascarar a “la inteligencia negra” que busca desinformar: “en medio de la maldad todos quieren mostrar el que consideran su lado bueno”. Calderón insiste en ello y le otorga a la profesión periodística un rasgo propio de la investigación criminal para la cual se necesita asumir “la adrenalina de tratar de buscar la verdad y encontrarla”. Y la analogía de que se vale para explicarle a Juan David Laverde su manera de proceder es la del bombero: “es seguir la lógica contraria, como un bombero en un incendio: la gente huye, pero yo corro hacia el incendio. Es lo que hay que hacer”. Contrasta este modo de buscar la verdad de los hechos de Ricardo Calderón con la moda habitual de los comunicadores de hoy, encerrados en sus oficinas a la espera de que alguien les dé la noticia o convirtiendo sus medios en una pasiva caja de resonancia de lo que dicen o circula en las redes sociales.

La tercera particularidad de Calderón es su idea de que lo más valioso del periodismo es hacerle seguimiento a la noticia. “En el periodismo de investigación los temas nunca tienen un punto final. Nada termina con la publicación de un artículo o con el recibimiento de un premio”. Para eso es fundamental contar con un buen archivo, “tableros con fotos”, “mapas y enlaces de investigaciones en curso”, además de copias de documentos, con los suficientes discos extraíbles para interconectar noticias antiguas con hechos recientes. Contrasta con esa práctica que de tanto hacerla en nuestros medios parece ya una manera de ser periodista: olvidarse de hacer seguimiento a las noticias por andar seducidos por la novedad, por el último escándalo, por la “tendencia” en las redes sociales. El libro de Diego Garzón cuenta cómo Calderón puede emplear más de un año siguiéndole la pista a algo que intuye puede dar buenos resultados o que con un “poco de maduración” logrará llegar a las causas hondas del asunto. De allí su convencimiento de que “no hay que quemar todos los cartuchos en una sola publicación”.

La cuarta cosa que señala Calderón en la entrevista se refiere a cierta valentía para llevar a cabo su labor o acatar el compromiso moral de “servirle siempre a la gente”. Calderón lo considera “un apostolado”. Tal imperativo ético es lo que lo lleva a verse con fuentes o informantes “peligrosos” o de carácter impredecible. Sin embargo, “siempre es mejor ir a las citas difíciles” que eludirlas o evitar acordarlas. Y el mismo Calderón hace evaluación de sus colegas sobre esta conducta: “¿qué hace la mayoría de los periodistas?: No ir”. Por muchas razones, desde luego. Por el miedo natural a poner en riesgo su vida, pero también por los compromisos adquiridos con determinados intereses políticos de turno, por la autocensura, por conservar el empleo o por mantener cierta connivencia con personas “importantes” o “poderosas”. Tal vez por este imperativo de servicio social es que Calderón no firmaba sus artículos en Semana, y también porque “La firma nunca puede mover al reportero. El verdadero combustible del reportero son los resultados”, así lo expresó en su discurso de aceptación del premio Simón Bolívar a “Vida y obra”, en el 2013[2]. El deber mayor de un periodista es comportarse como “un soldado desconocido” que vigila y denuncia los desafueros de los gobernantes, de las instituciones corrompidas o de las conductas criminales y perversas de aquellos que se obsesionan con el dinero mal habido. Una vez más el contraste es evidente, en particular con los comunicadores que prestan su voz o su pluma para su beneficio personal o de espaldas a la responsabilidad social que tienen en una sociedad.

Una quinta línea de trabajo de Calderón nace de su maduración para lograr concluir pesquisas significativas. La premura por la “chiva” riñe con el periodismo de profundidad. En más de una ocasión los resultados parecen demorarse porque hace falta acceder a una fuente o conseguir un video o un documento específico. “Los tiempos del periodismo son diferentes a los tiempos de los informantes”, advierte Calderón a Juan David Laverde. Todo parece oponerse a este modo de construir lo noticioso, y más en nuestra época en la que impera la rapidez, el repentismo y una gozosa complacencia con la superficialidad en muchos sentidos de la vida. Por eso Diego Garzón, en el libro mencionado, reafirma tal convicción de Calderón. “la experiencia y la paciencia son grandes aliadas y es algo que hoy se ha perdido porque muchos periodistas están bajo la presión de producir información como si se tratara de fabricar salchichas”. Ricardo Calderón persiste en sus investigaciones, no se rinde, sigue hilando indicios y testimonios diversos hasta que se devela el enigma del problema o aparece la causa oculta de un hecho. La periodista Juanita León develó ese secreto: “él no entra y sale de las historias, él siempre permanece en la historia”[3]. Una vez más aparece el contraste de este reportero con los comunicadores recientes que confunden contrastar fuentes con un mínimo e improvisado sondeo de opinión o que abandonan la potencia de una noticia de gran calado de ayer por estar embelesados con la novelería y el runruneo de la noticia de hoy.

La sexta de las afirmaciones de Calderón a Juan David Laverde se enfoca en que el periodismo genuino no debe ceder al rumor y a la maledicencia de las redes sociales. Lo que dice Ricardo Calderón sobre este aspecto merece transcribirse de forma completa: “las redes sociales le han hecho un daño enorme e irreparable al periodismo, porque muchos periodistas se están midiendo no por las historias, sino por los clics y los seguidores. Además, siempre he pensado que esos ‘seguidores’ son como ser rico en Tío Rico, eso no es nada. Nosotros nos debemos a la gente, pero el ego de muchos periodistas los nubla. El periodista habla por sus historias. El periodista no importa, importan sus historias”. Esa es la mayor preocupación de Calderón: que el periodismo se vuelva una palestra y una propagadora de rumores y mentiras sin rostro; que las nuevas generaciones de periodistas confundan su deber social con la búsqueda de notoriedad, que cedan a la “tentación de navegar sobre el oficio de la comodidad de la tecnología” y olviden, por el contrario, que su tarea fundamental es indagar, contrastar, cotejar versiones, hallar la verdad oculta, para que su labor tenga “un impacto positivo en la sociedad”. Igual convencimiento se aprecia en las largas conversaciones con Diego Garzón, que dieron nacimiento al libro Calderón, el reportero invisible: “la guerra de los clics le ha hecho daño a la profesión”, “la información es un bien común, la imaginación un bien privado”. Desconocer que las redes sociales han contribuido de manera notoria a desinformar o crear miedos infundados o provocar avalanchas de opinión incendiarias o darle carta de ciudadanía al fanatismo o los sectarismos de todo tipo es algo inobjetable. Precisamente por ello, Calderón insiste en poner en salmuera los prejuicios, en confirmar con otras fuentes lo que alguien dice o denuncia, en saber que las redes sociales en muchas ocasiones son usadas para “diluir” una responsabilidad, convertir problemas de estado en problemas personales, someter el juicio razonado sobre una información a las explosivas opiniones emocionales del momento. Este aspecto se complica aún más cuando los periodistas usan las redes sociales para fijar posturas políticas o emitir sus opiniones, información que no ayuda mucho a diferenciar cuándo están ejerciendo su profesión o cuándo expresando un sentimiento alejado de la premisa deontológica de “investigar para hallar la verdad”.

Termino estos comentarios invitando a releer la entrevista de Juan David Laverde titulada “El periodismo no importa, importan sus historias”[4], y a detenerse en el libro de Diego Garzón Carrillo publicado por Planeta. Tanto uno como otro texto sirven de ejemplo para recuperar el oficio del periodismo serio y responsable, sin banalidades del momento, del periodismo investigativo, y son también un homenaje a la figura del reportero Ricardo Calderón quien, de manera silenciosa develó casos mayúsculos de corrupción en Colombia, violaciones institucionales de derechos humanos, además de descubrir los intríngulis de los paramilitares, la parapolítica, las interceptaciones ilegales a magistrados por organismos del Estado y las variadas formas de la ilegalidad amparadas en el uso de los falsos testigos.

REFERENCIAS

[1] Planeta, Bogotá, 2022.

[2] https://www.semana.com/discurso-de-ricardo-calderon-periodista-de-semana-en-los-premios-simon-bolivar/363070-3/

[3] https://www.lasillavacia.com/historias/silla-nacional/el-reportero-que-ha-depurado-la-inteligencia

[4] https://www.elespectador.com/judicial/el-periodista-no-importa-importan-sus-historias-ricardo-calderon/

← Entradas anteriores
Entradas recientes →

Entradas recientes

  • Las caídas de Altazor de Vicente Huidobro
  • Simplismo de lo político en las campañas presidenciales
  • Los poetas premios Nobel hablan de su oficio
  • Un libro sobre la urgencia y relevancia de la escucha
  • La visita de la señora Soledad

Categorías

  • Aforismos
  • Alegorías
  • Apólogos
  • APRENDER A ESCRIBIR
  • Cartas
  • Comentarios
  • Conferencias
  • Crónicas
  • Cuentos
  • Del diario
  • Diálogos
  • Ensayos
  • Entrevistas
  • Fábulas
  • Homenajes
  • INVESTIGACIÓN
  • LECTURA
  • Libretos
  • Libros
  • Novelas
  • OFICIO DOCENTE
  • Pasatiempos
  • Poemas
  • Reseñas
  • Semiótica
  • Soliloquios

Archivos

  • 2026
  • 2025
  • 2024
  • 2023
  • 2022
  • 2021
  • 2020
  • 2019
  • 2018
  • 2017
  • 2016
  • 2015
  • 2014
  • 2013
  • 2012

Enlaces

  • "Citizen semiotic: aproximaciones a una poética del espacio"
  • "Navegar en el río con saber de marinero"
  • "El significado preciso"
  • "Didáctica del ensayo"
  • "Tensiones en el cuidado de la palabra"
  • "La escritura y su utilidad en la docencia"
  • "Avatares. Analogías en búsqueda de la comprensión del ser maestro"
  • ADQUIRIR MIS LIBROS
  • "!El lobo!, !viene el lobo!: alcances de la narrativa en la educación"
  • "Elementos para una lectura del libro álbum"
  • "La didáctica de la oralidad"
  • "El oficio de escribir visto desde adentro"
  • “De lectores, leedores y otras consideraciones sobre las prácticas de lectura en la educación superior”
  • "El libreto de radio: una artesanía recuperable"
  • "Las premisas de Frankenstein: 30 fragmentos para entender la posmodernidad"
  • "La semiótica: una ciencia explicativa para comprender los signos de la cultura"
  • "La semiosis-hermenéutica una propuesta de crítica literaria".
  • "Entre líneas: la mirada del escritor"

Suscríbete al blog por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir avisos de nuevas entradas.

Únete a otros 1.005 suscriptores

 

Cargando comentarios...