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Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Publicaciones de la categoría: Comentarios

Mi pie izquierdo

27 lunes Mar 2023

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Comentario de películas, Mi pie izquierdo, Presencia de la madre

Daniel Day-Lewis y Brenda Fricker, en una escena de la película «Mi pie izquierdo» de Jim Sheridan.

La presencia de la madre, su certeza, la incondicional complicidad con su hijo, la apuesta por un ser que, a pesar de su parálisis cerebral, podría tener las mismas oportunidades que sus otros hermanos… El aspecto protector de la madre, su avizor sentimiento para evitar el sufrimiento del hijo, la preocupación constante por conquistar una silla de ruedas, la paciencia para alimentarlo, la tenacidad para construirle su propio cuarto y lograr que así volviera a pintar… Cuántas muestras de cariño, de amor supremo. Porque Mi pie izquierdo la película de Jim Sheridan (1989) es, desde luego, la historia de Christian Brown, pero de igual modo, es un homenaje al sentido de la figura materna cuando debe enfrentar la circunstancia de un “hijo especial”, de un ser con discapacidad o que resulta, a los ojos de los demás, un “lisiado”, alguien sin posibilidad de futuro.

La película, inspirada en el texto autobiográfico, deja entrever otra cosa: gracias al arte, a la pintura y a la escritura, lo que parece una “limitación” genética se transforma en posibilidad de desarrollo, de crecimiento. Mediante la escritura el “lisiado” se convierte en un “genio”; por la pintura el impedido para expresarse fluidamente se torna en alguien capaz de mostrarle a otros su talento. El arte cumple el papel de agregarle “otros sentidos” a los que Christy traía de su nacimiento para, de alguna forma, “compensar” sus deficiencias o mermas expresivas. El arte otorga movimiento a lo paralizado; da locuacidad al balbuceo incipiente; el arte permite que nuestros defectos, nuestras marcas negativas, se vuelvan improntas de identidad, una manera de autodescubrimiento y, con el tiempo, de reconocimiento social.

Pero volviendo al papel esencial de la madre, tengo frescas en mi memoria tres escenas de la película. La primera, cuando Bridget –próxima a parir– sube a su hijo por las escaleras, mostrando un esfurzo sobrehumano. La segunda, cuando la madre mete las manos al fuego para salvar la alcancía en la cual guardaba los ahorros para la silla de ruedas de Christy. Y la tercera escena, una de las más signficativas, es la de ella empezando a cavar la tierra con un pica para construirle una habitación a su hijo, precisamente para sacarlo de su pena amorosa, de su silencio y de su abandono de la pintura. Estas tres escenas me permiten inferir, entre otras cosas, que sin importar el esfuerzo, la tenacidad o el agotar las fuerzas, la madre no nos deja tirados en un rincón debajo de la escalera, que la madre es, por excelencia, la negación al abandono. Otro punto es el nivel de “sacrificio” o la capacidad de dolor que pueden soportar las madres cuando tienen que defender, alimentar o lograr la salud de sus hijos. En este sentido, la madre representa la abnegación, la consagración o la entrega por otro ser humano aún a consta de su propia integridad. La madre resguarda, protege, cuida. Y el tercer asunto que me parece inspirador es que la certeza de la madre en las potencialidades de su hijo es tan grande que puede, con sus propias manos, levantar una habitación para él, para sus sueños más preciados. La madre, en consecuencia, crea escenarios para que otro ser sea en plenitud, para que conquiste la parcela de su felicidad. La madre es garantía de futuro, es la firmeza de que existe un horizonte.

Bridget siempre vigila a través de La ventana; Bridget prevé cuándo su hijo “puede acabar herido”; Bridget sabe  que “un cuerpo roto no es nada al lado de un corazón roto”; Bridget sabe cuándo su hijo no suena como su hijo porque hay demasiada esperanza en aquella voz”; Bridget saca ánimos ante los momento difíciles de su hijo para decirle: “si tú te has rendido, yo no”; Bridget es el símbolo supremo de la abnegación hasta el punto de confesarle a su hijo que “si pudiera darle sus piernas, aceptaría las de él encantada”… Bridget es la gran cuidadora, la que está atrás de los triunfos de su hijo, la que protege la continuidad de su vida.

«El chino de los mandados»

19 domingo Feb 2023

Posted by Fernando Vásquez in Comentarios

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Comentario de canciones, El chino de los mandados, Walter Silva

La primera vez que escuché “El chino de los mandados” fue en el automóvil de Miguel Alonso Puentes, el esposo de Lyda Zamira Rincón, dos amigos entrañables. Íbamos desde Yopal al campus “Utopía” de la Universidad De La Salle, en Matepantano. Dejamos de conversar y nos pusimos a oír con atención la historia entonada por Walter Silva. A la par que escuchaba la letra de esa canción mi memoria me llevaba a mi infancia, a esos primeros años en la vereda de Capira, a esa edad en la que, como el protagonista de la composición, tenía que hacer muchos mandados y, semejante a ese muchachito, disfrutaba del viento y de las aventuras del ambiente campesino. Apenas iba terminando la melodía las lágrimas salieron silenciosas de mis ojos. Hubo una conexión inmediata con mi espíritu. Con la mano derecha sequé mis lágrimas y le solicité a “Miguelito” más información sobre el autor.

Miguel me dijo que la madre del compositor había sido una maestra y que Walter Silva era una de los mejores compositores de la música llanera. Me habló de otras composiciones que le encantaban porque reflejaban bien las cosas cotidianas que le pasan a la gente “recia” de esas llanuras y por la manera como él las refería: “Dice con palabras sencillas lo que le sale del corazón”. Después seguimos oyendo en el CD otras melodías, pero en mi mente continuaba gravitando dicha canción. De regreso de aquel viaje, cuando Miguel me llevó hasta el aeropuerto, me regaló ese disco en el que había una compilación de varios temas de Walter Silva. Sea esta la ocasión para reiterarle a “Miguelito” mis agradecimientos por el regalo de esa tonada y por el puente afectivo con ese canta-autor que desde entonces hace parte de mis gustos musicales.

Pero qué es lo que hay en el fondo de mi experiencia estética con esa canción de Walter Silva. Por supuesto, y eso lo supe desde aquella ocasión en que la escuché, es que relata una historia muy parecida a la mía y a otras personas que hayan tenido una infancia campesina. Una niñez viva, repleta de cortas e inolvidables aventuras, de oficios infinitos y de carreras para hacer encomiendas o atender las urgencias de los mayores. Ir de un lado para otro, cruzar quebradas, atender a los animales, buscar “chamizos” para encender el fogón en la mañana, ir a buscar la leche para el desayuno, armándose de valor para espantar y enfrentar el asedio de los perros bravos; o dilatar el tiempo tratando de cazar tórtolas con la cauchera o treparse a los árboles y comerse, entre el vaivén de sus ramas, una naranja o una guama… Todas esas cosas están en la médula de esa canción: saltar, correr, divertirse, sentir en el corazón la libertad del campo. Y para hacerla más plena, más total, ese niño de la canción anda descalzo.

Además de ese contexto rural que, para unos puede ser la llanura y, para otros, tiene forma de montaña, el relato está impregnado de pobreza, de necesidad, de carencias cotidianas. La canción habla de un niño humilde que padece las situaciones propias de un hogar necesitado, sujeto a los avatares de lo que puede suceder cada día y, sin embargo, no hay tristeza ni amargura en él. Puede que falte el café, el azúcar, “el pocillito de manteca”; puede que la cuenta esté muy “grande” en la tienda donde se fía o que toque ponerle “pereque” a la vecina para solicitarle una vez más su ayuda, pero, aun así, no hay que perder el optimismo o la confianza en que se podrá seguir adelante. Y el niño vive esas experiencias de necesidad sin perder su vocación por las aventuras, por coger “guabinos” en las quebradas, por montar a pelo un caballo; el niño lleva las razones de la necesidad y, al igual que un ángel descarriado, trae en sus manos lo que solventa la solidaridad o los designios divinos. Nada puede quitar del corazón infantil su silbido feliz, su vagabundeo curioso, ni tampoco el pararse a escuchar extasiado el concierto de los pericos verdes o maravillarse con las bandadas de garzas blancas llegando a buscar reposo. La “falta de plata”, los ramalazos de la pobreza no pueden quitarnos del todo la alegría de vivir, parece decirnos en el fondo la canción.  

El otro brazo de este pasaje es la exaltación a la “madrecita buena”, a esa mujer luchadora y fuerte, quien con “amor y sacrificio” y a pesar de las condiciones desfavorables de la fortuna, logró criar y “levantar” a “tres machos y una hembra”. Walter Silva ha contado que esta canción es un homenaje a su abnegada madre, Carmen Luisa Gutiérrez, la misma que en otro pasaje (“Las flores de mi mamá”) se sentía plenamente feliz de consentir su jardín al igual que enseñar a muchachos en una “escuelita rural”. La madre, en esta canción, es símbolo de la tenacidad, del coraje ante situaciones difíciles y de un amor que rebasa las acciones plenamente correspondidas. Una madre que sin aspavientos o pregones lastimeros sabía procurar para sus pequeños hijos la cena todos los días y hacer realidad el dicho de que “la tripa llena pone el corazón contento”. Este otro punto le otorga a la canción una raigambre popular muy fuerte, porque enaltece, casi con pudor, los heroísmos cotidianos de mujeres humildes que luchan a diario para mantener a una familia. Esta madrecita buena, a la que le gustaba tanto la música de pasillos y bambucos, la “vieja que regañaba” y le pedía a su hijo “coger fundamento” es la misma a la que ahora se le exaltan sus virtudes y se enaltece con el más profundo sentimiento. Quizá en este punto la canción toque fibras más hondas en todos los que hemos tenido la fortuna de tener las manos solícitas y cuidadoras de una madre cariñosa. Humilde, sí, pero abundante en amor y tenacidad para la crianza abnegada y responsable.

Desde luego, “El chino de los mandados” es la confesión de una parte de la historia de vida de Walter Silva. Es un relato autobiográfico que se vuelve más significativo porque señala el preludio de un futuro cantante. Y la canción sirve para evocar aquella época infantil, para homenajear a su progenitora y, para referirnos que, en ese entorno, en esas circunstancias desfavorables, también estaba en germen el sueño de aquel niño que corría por la sabana “sin camisa y contra el viento”, de “ser un cantante”. En ese paisaje seco de “necesidades” iba creciendo, poco a poco, el mejor estero para el autor casanareño. Entonces, la canción se cierra volviendo al ayer, pero entendiendo ese pasado de una manera diferente: ya no desde la “carencia”, sino desde el “sentimiento”; no desde el niño mandadero, sino del adulto que convierte esas anécdotas en pábulo para sus versos. Fueron esos “caminos” por los que deambulaba el niño los que “elevaron su pensamiento”.

Sobra decir que el video de la canción y el “actor natural” elegido para representar al “chino de los mandados” (Diego Yanit Gutiérrez, primo del cantautor y fallecido a los 13 años) se amalgaman de manera excepcional. La imagen, la música y la voz hacen que el mensaje llegue más profundo a nuestro corazón. La imaginación se transporta a nuestro terruño de la niñez, a la casita de techo de paja y bahareque, a la alberca con agua fresca, al corral, a las gallinas y los marranos, a ese mundo lleno de sol y de infinidad de pájaros. La voz de Walter Silva nos adentra en ese mundo de nuestros primeros años y sentimos, por unos momentos, que ya no estamos encerrados en un cuarto de ciudad, sino que corremos saltando, libres y felices, por aquellos paisajes verdes y polvorientos de nuestra infancia. De alguna manera, así sea un tanto nostálgica, esta canción hace “retroceder el tiempo”, para ver con otros ojos las heridas de la pobreza y agradecer a aquellas personas que nos cubrieron de amor y lograron mantener indemnes nuestros sueños, justo en el momento en que despuntaban como ideales imposibles.

Contemplaciones navideñas

17 sábado Dic 2022

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Comentarios

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Contemplación y pintura, Lectura de cuadros, Navidad

“Adoración de los pastores” de Gerard van Honthorst.

Es una escena de total admiración. De sorpresa mayúscula. Personas y animales dirigen su mirada hacia el centro del cuadro. Varios de ellos no soportan el destello de la pequeña criatura y otros están embelesados o maravillados de lo que la mujer ha descubierto al destapar aquel resplandeciente ser. Un aire de alegría envuelve el acontecimiento; las sonrisas de los curiosos se suman al rostro extasiado de la madre. Pero lo que resulta fascinante es la luz que despide ese niño; es una luz novísima, impoluta. Es la luz de un astro que convoca, que atrae, que atrapa la atención de los presentes. Y para hacer más solar a la criatura, más deslumbrante, todo lo que hay alrededor asume los matices de la sombra, y los rostros cercanos se muestran pasivamente como meros reflejos de la pueril candela. Es una luz muy potente la que hace gravitar el cuadro, es la luz de la nueva vida que, aunque a veces lo olvidemos, sigue siendo el mayor de los milagros.

«Natividad mística» de Sandro Boticelli.

Lo que parece menos destacado en el cuadro es el niño que está como escondido al centro de la escena. Lo más notorio es la danza de ángeles, en el cielo, en los prados, encima del techo del belén, a lado y lado del pesebre. Ángeles felices, abrazándose; ángeles bailando en rueda festiva; ángeles celebrantes, pregoneros, fraternales. Lo que cuenta de este nacimiento es la noticia, la propagación de la noticia, la buena nueva que corre como el viento y se disipa como las nubes. ¿Pero por qué tanta alegría? ¿Cuál es el motivo de este júbilo alado? Bien podemos suponer que es el cumplimiento de una promesa, de un bien muy esperado, de una esperanza convertida en realidad. Todo parece volar en el lienzo: los pigmentos se convierten en melodías, el aire en un cantar alado; el cielo y la tierra se funden en un dinamismo leve y armonioso. El cuadro nos invita a participar de tal festividad y a ser testigos de esa dicha pletórica de alas: también nosotros debemos estar contentos porque la vida continúa siendo el más sorprendente de los milagros.

«La adoración de los magos» de Andrea Mantegna.

Qué procesión tan larga, qué camino tan extenso, cuánta gente en romería. Todos se dirigen al mismo sitio, a una cueva sombría resguardada por ángeles niños. Son muchísimos los que desean ver el origen de aquella estrella que aún sobresale como un largo farol por encima de las rocas. El paso para llegar hasta la criatura no es tan ancho y los camellos parecen querer observar también aquel niño. No son estos los primeros visitantes, como tampoco serán los últimos; es un peregrinaje que se prolonga por los altibajos de las montañas. Esta es una obra que nos recuerda el gesto reverencial ante la nueva vida, que nos invita a mantener el asombro por esos pequeños milagros que aparecen a la vera de los caminos. Toda vida naciente nos obliga a hincarnos con respeto, no importa si somos reyes o mendigos.

«La adoración de los pastores» de Bartolomé Esteban Murillo.

Los que muestran un mayor interés por la reciente criatura son los mismos que cuidan y protegen la vida. Los primeros que asisten al develamiento del niño con una curiosidad y una disposición de ayuda, que es absoluta ternura, son los pastores. Están encantados por ese nacimiento al punto de cobijarlo con sus ojos. Son aldeanos humildes, son campesinos, son gente que anda cerca a los rebaños y sabe la delicadeza con que debe tratarse el despuntar de toda existencia. La escena sirve de ejemplo a una de las aldeanas para enseñarle a su hijo una historia semejante: “Así eras tú recién nacido”, le dice con voz queda. Y el niño aprieta contra su pecho la gallina que lleva en su brazo e imagina que el animal también participa de ese milagro. El fondo sombrío de la escena, la penumbra que la envuelve, permite al espectador considerar que esta criatura, la de abajo, sea uno de los ángeles de arriba, que por una fantástica ley de gravedad haya caído poco a poco al seno de esa joven madre. Todo es sutil en este cuadro: basta observar la mano de uno de los pastores que toca levemente a una de sus ovejas, como si de esta manera pudiera acariciar la vida reciente que se abre radiante ante sus ojos.

«La navidad» de Federico Barocci.

La vida nueva genera expectativa, curiosidad. Siempre el misterio se esconde, se resguarda de las miradas pesimistas, de los escépticos ante las formas de lo extraordinario. Sin embargo, esa pequeña criatura fuerza el espíritu de los curiosos, los hace impacientes y ansiosos; los convierte en husmeadores de imposibles que golpean más de una vez a la puerta. El anciano portero, para exacerbar más su interés, les dice que no pueden entrar todos al tiempo, advirtiéndoles con el índice de su mano izquierda el silencio que exige ese niño tan reciente. Entre la criatura y el gentío está la madre de la criatura que parece cubrirlo de todas las miradas que le esperan, de todos los elogios que cubrirán su humilde lecho, de todos los rumores que irán de boca en boca propagando la noticia de un nacimiento extraordinario. El cuadro representa el momento de la antesala a la visita, de la expectativa por lo maravilloso, de esa desazón en el espíritu cuando se está ante algo que deseamos con el impulso pasional del corazón. Es bueno no perder la curiosidad por la vida que nace a diario en los pesebres cotidianos; es necesario golpear con insistencia para ver con nuestros propios ojos la esperanza encarnada o la semilla convertida en fruto humanizado.

«La adoración de los pastores» de Jacopo Tintoretto.

Realmente es en un cobertizo donde acaece el milagro de la vida. Es en lo alto donde mejor se observa el aparecer de una nueva existencia. Hay que elevar los ojos hacia las alturas para descubrir lo maravilloso, para recuperar el asombro; y, desde esa perspectiva, levantar nuestros brazos para hacer las ofrendas, para dar algo que consideremos valioso. Pocas veces nos percatamos de que arriba de nuestra cotidianidad acaecen sucesos extraordinarios. Y menos aún nos damos cuenta de que alguna criatura puede estar necesitando un alimento, una prenda, el calor de nuestros brazos. Pero lo que hace más llamativa la doble escena del cuadro es que el techo del cobertizo está abierto hacia los cielos; encima del niño y sus padres se pueden ver seres alados. Un mensaje profundo se revela: los que adoran y veneran el milagro de la vida no deben olvidar mirar a las alturas.

«La natividad» de El Greco.

Ya está la vida aquí. Cuánta sorpresa de ver su fragilidad, cuánto tacto para saber protegerla sin herir su novísima piel. Es tan fuerte el impacto de ver ese ser tan hermosamente indefenso que el resultado es el estatismo, la parálisis del ánimo ante esa maravilla tan diminuta. En la intimidad del hogar, en la familia más humilde, se vuelven a repetir los mismos cuestionamientos: ¿cómo lograr mantener aquella criatura con vida?, ¿cómo atender sus urgencias?, ¿cómo saber velar su sueño?, ¿cómo evitarle el sufrimiento? El cuadro nos recuerda que más allá de procrear o traer un niño al mundo lo más importante, lo que seguramente provocará un estado de estupefacción en sus progenitores, es saber bien cómo cuidarlo. La sorpresa de la natividad cobra en esta pintura todo su significado: el milagro de la vida merece y exige conservarse.  

Un libro para celebrar la fraternidad y la familia

23 miércoles Nov 2022

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Comentarios

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Consideraciones, Cuidar de los otros, Es tiempo de Navidad, Novena de aguinaldos

Me gusta que lleguen las fiestas navideñas, me encanta ese colorido que va destellando en las casas o en los almacenes comerciales, me conmueve la fraternidad que abunda en los hogares. Y qué mejor manera de exaltar dicha alegría interior que elaborar un libro centrado en esta temática, teniendo como eje el ritual de las novenas y sus símbolos adyacentes. De eso trata, entonces, mi nueva obra Es tiempo de navidad.

El libro está organizado en cuatro partes. La primera de ellas, incluye reflexiones sobre los significados de la novena, las consideraciones y las peticiones que allí se realizan; no desde una perspectiva histórica, sino explorando en su significación cotidiana y en los sentidos de este ritual familiar que renueva los vínculos afectivos. La segunda parte del libro, la más abundante, contiene 32 pequeñas “consideraciones” que pueden leerse durante el novenario o convertirse en motivo de conversación para que la celebración de la novena sea, en verdad, un modo de propiciar el diálogo y el encuentro alrededor de esta tradición compartida. Entre la variedad de consideraciones se abordan asuntos como el agradecimiento, la reconciliación, el cuidado, la amistad, la fragilidad, el respeto, la confianza, la sencillez, la comprensión o la paz. Cada persona o cada grupo familiar sabrá elegir cuáles de esas consideraciones son las más necesarias para cada día de la novena o usarlas como motivo para la “meditación” posterior al evento. La tercera parte se ocupa de algunos de los símbolos propios de la Navidad: el pesebre, el árbol, la cena, los mensajes de felicitación, la estrella de Belén. Una vez más, el objetivo de estas meditaciones es indagar en su significado profundo o en lo que tienen de fuerza trascendente. La cuarta parte de la obra recoge un quinteto de aproximaciones que ha hecho la poesía a la época navideña, destacando en cada caso un evento, un objeto o un sentimiento. El libro se cierra con un cuento que recoge y recrea la costumbre infantil de esperar los regalos del niño Dios.

Decía que esta obra es un homenaje a la Navidad y, muy especialmente, a los ritos, costumbres y simbolismos de un tiempo en el que la concordia y la alegría impregnan con su entusiasmo el corazón de las personas y aviva el fuego en los hogares de las familias. El conjunto de textos desea ofrecer un mensaje optimista y esperanzador en una época en la que todo parece llevar al pesimismo, la desesperanza y a una desvertebración de los vínculos humanos. Lo que me ha animado a escribirlos responde a una convicción:  no podemos dejarnos derrotar por las múltiples manifestaciones de la muerte, por el odio o por una banalidad reinante que le quita a nuestro corazón la posibilidad de lo posible o lo maravilloso. De allí que el libro refrende la importancia del núcleo familiar e intente ampliar nuestros brazos de lo fraterno hasta tocar al vecino o a ese desconocido del cual sólo sabemos su necesidad o su gesto adolorido.

Y si bien el motivo principal de las reflexiones proviene del ritual de la novena de aguinaldos, lo cierto es que he pretendido celebrar con esta obra, no solo la fuerza sagrada de una devoción, sino refrendar de igual modo los lazos de la fraternidad y exaltar la magia proveniente de los prodigios cotidianos, sin la cual es imposible que aflore el milagro y la renovación de la vida. Por eso también he subrayado en muchas páginas las bondades del dar, la satisfacción interior que produce la hospitalidad y la importancia de disponer el corazón para “ser sembradores de luz” y permitirnos recuperar, al menos durante un tiempo, el asombro de la infancia.

Este libro continúa la serie de publicaciones sobre el tema del cuidado. En este sentido, puede emplearse como una serie de meditaciones para revisar nuestra existencia desde la perspectiva del simbolismo de la fiesta, lo sagrado y los ritos familiares o un medio para “hacer una pausa” y enaltecer cosas cotidianas como una cena, un reencuentro, un humilde regalo o una visita inesperada. Aunque de igual modo, considero que este libro resulta ser un significativo obsequio de lectura mediante el cual se invite a otras personas a contrarrestar el apabullante pesimismo, convertir en realidad la sensibilidad social, y renovar en sus corazones la generosa actitud de la alegría del espíritu.

El método de Lionel Logue para curar la tartamudez

04 martes Oct 2022

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Comentarios, OFICIO DOCENTE

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Comentario de películas, El discurso del rey, Relación maestro alumno, Tartamudez

Lo primero que usted debe saber, si quiere mejorar su tartamudez, es que Lionel le exigirá confianza absoluta. Y si usted es un rey, alguien poderoso o de alta alcurnia, él le pedirá “igualdad total” para lograr su cometido. El método que Lionel emplea es de las antípodas, no es un método ortodoxo; así que si le pide hacer algunas cosas que le resulten extrañas o poco serias, confíe en él y déjese llevar por este hombre cuya suficiencia no está validada por títulos, sino por haberle devuelto la voz a muchos soldados que la habían perdido después de estar en la guerra.

Por ningún motivo espere que él vaya a atenderlo en su casa. Para Lionel el consultorio donde trabaja, que no es más que una espaciosa sala, es lo que garantiza la seguridad del tratamiento. Esa habitación en la que usted debe entrar solo, sin esposa o alguien de su servicio, es el territorio donde va a acaecer la transformación de su afección vocal. Más de una vez le escuchará decir a él estas palabras: “este es mi juego, mi campo, mis reglas”. Sobre este punto, se lo aseguro, Lionel no hace excepciones, así usted tenga mucho dinero y tras de sí rancios linajes de nobleza. El salón donde da sus lecciones Lionel es su “castillo”; entonces, hágale caso. Por favor no vaya a fumar delante de él, así otros caballeros le hayan dicho que eso relaja la laringe y le ayuda a destrabar su lengua.

Seguramente él exigirá de usted que le permita intimar o saber asuntos de su vida privada. No se sienta amenazado por ello. Es mientras usted está en su salón de clase; es para lograr establecer una relación relajada o nada impositiva. No olvide que Lionel usará muchos recursos para romper los estereotipos de su conducta que ha arrastrado a lo largo de los años. Lionel no será como su padre, ese severo hombre que cuando lo veía tartamudear iba creciendo en impaciencia e iracundia desde el “inténtalo” hasta el “hazlo ya”. Este maestro de técnica vocal, amante de Shakespeare, no va a regañarlo ni amenazarlo; quizá emplee juegos de lenguaje para picarle la lengua y logre que fluyan esas palabras que se niegan a desbordarse por su boca. Deje la seriedad y empiece a repetirlos: “Tres tristes tigres tragaban trigo en un trigal…”

Es probable que su primer encuentro con él no sea el más afortunado. Tal vez usted ha pasado por tantos especialistas titulados que ya está harto de que le pongan siete canicas en la boca para ver si aprende, como Demóstenes, a mover la lengua con ese otro impedimento. Sin embargo, no deje de contestar las preguntas que le haga, así parezcan demasiado atrevidas o bordeen el espacio de lo más personal. Tampoco dude, si él quiere grabarle al inicio de su terapia una primera lectura del monólogo de Hamlet, ese que empieza “ser o no ser, esa es la cuestión”, y además de eso, pone a todo volumen la música de la obertura de Las Bodas de Fígaro de Mozart; no se preocupe, eso hace parte de su método. Lo más seguro es que usted sienta que está perdiendo el tiempo y deje aquel salón consultorio, llevándose un disco con su voz y la decepción en sus labios. Pero, más adelante, cuando esté completamente abrumado por su dolencia y escuche aquel disco regalo, usted se sorprenderá de que hubiera leído sin tartamudear a Shakespeare. Entonces querrá volver a encontrarse con Lionel.

Cuando retorne al salón consultorio, tal vez intente por todos los medios evitar que él se inmiscuya en su vida y busque establecer algún contrato que únicamente se centre en los aspectos técnicos de la dicción o en ejercicios clásicos para aflojar el habla. Lionel le dirá que eso es demasiado superficial y no solucionará de raíz su problema. Sin embargo, aceptará su propuesta, pero, eso sí, con una disciplina diaria en la que deberá descubrir las posibilidades de su cuerpo, de sus músculos, del diafragma y la riqueza que tiene su garganta para gritarle con todo pulmón a los vecinos la pronunciación repetida de las vocales. No olvide las recomendaciones de Lionel: “practique una hora cada día”.

Estoy seguro que él hará varios intentos para saber cuándo empezó su dolencia; más de una vez insistirá en ello. Déjese llevar, acepte ese vínculo. No tema, Lionel busca esencialmente que usted recupere la confianza en sí mismo, esa que su padre o su hermano le han mermado a partir de las burlas o cierto señalamiento de incapaz. De allí que, si Lionel le pide que cuando tartamudee al referir algo significativo de su padre o su hermano use las canciones que le gustan para contarle dicho acontecimiento, hágalo. Juegue un poco. Siga al pie de la letra esa consigna del terapeuta de guerra: “el sonido continuo de las canciones ayuda a dar fluidez”.

Tampoco se extrañe de que él emplee el lenguaje vulgar para sacarlo de esos aprietos de su boca que no lo dejan seguirle el hilo continuo a un discurso. Dígalas, póngalas como pausa de solemnidad o convierta la fuerza de sus emociones en un canal de su lengua amodorrada. Le advierto de una vez algo que puede pasar en este método de crear confianza: tal vez Lionel haga algún comentario tan familiar, tan íntimo, que usted sentirá que está metiéndose en un terreno que no le pertenece. Y si eso sucede, tenga presente que él lo hace porque siente que es su amigo o al menos alguien que sí puede decirle las cosas en su cara, y no como su padre que nunca tuvo el valor de elogiarlo en su presencia. En todo caso, le aseguro, que tendrá algunos choques con él, aunque en el fondo serán las peleas que usted tiene consigo mismo. Pero tarde que temprano tendrá que reconciliarse con Lionel, porque descubrirá que el método de este australiano humilde sí ha dado resultado, y ya usted siente que es dueño de su voz.

Lionel lo irá convenciendo poco a poco de que esa tartamudez está asociada a alguna marca de su infancia o a un hecho que le paralizó la voz. Quizá descubra que su lengua se porta como su terca mano derecha o como sus piernas arqueadas; de pronto ella, su lengua, fue frenada por los pellizcos de aquella criada que violentó su cuerpo y su alimentación; de pronto su lengua al igual que su estómago también tengan una mala digestión…, en fin. Al terminar Lionel le dirá que no hay que llevar ese lastre en sus bolsillos, que ya usted no es un niño, sino alguien con las suficientes agallas para dirigir su propia vida o el destino de otros. Este terapeuta del lenguaje corregirá su afección vocal, eso es seguro, además de devolverle una fe en sus talentos o en sus capacidades sepultadas.

Le reitero que el método de Lionel es muy eficaz especialmente por el acompañamiento que él lleva a cabo. No son lecciones dejadas al azar o al capricho de las circunstancias. El ensayará con usted las puestas en escena de sus presentaciones; él, aprenderá al lado suyo los discursos; él dispondrá el mejor de los espacios para que usted se sienta en confianza y pueda expresarse con total libertad. Parte de sus lecciones se darán en el mismo lugar en el que usted llevará a cabo sus elocuciones. Por lo mismo, no tome como una ofensa o una flagrante muestra de desconfianza, el que marque con lápiz rojo los textos que usted va a leer. Todo lo contrario, es el modo como Lionel ofrece su ayuda línea a línea: son sus manos y su voz convertidas en flechas y signos de alerta. Es tal su compromiso que, en ocasiones especiales y de gran relevancia para usted, él se convertirá en una especie de director de orquesta para dirigirlo con sus gestos y así lograr que no vaya a perder el ritmo de sus palabras o indicarle el énfasis o los matices verbales de su discurso. No lo olvide: la pronunciación de las palabras son para Lionel otra forma de la música.

Y cuando ya usted haya superado la mayoría de sus dificultades, cuando ya no tenga miedo de hablar en público, o cuando salga a recibir los aplausos por su dominio frente al micrófono, seguramente verá en la parte de atrás del escenario a Lionel, satisfecho de su labor, cómplice de sus triunfos. Aunque después de terminados los honores y los vítores, él le dirá en privado y con franqueza, que aún sigue teniendo ciertas dificultades con la pronunciación de una letra específica. Usted sonreirá agradecido, porque sabrá “para qué son, en verdad, los amigos”.

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  • "El libreto de radio: una artesanía recuperable"
  • "Las premisas de Frankenstein: 30 fragmentos para entender la posmodernidad"
  • "La semiótica: una ciencia explicativa para comprender los signos de la cultura"
  • "La semiosis-hermenéutica una propuesta de crítica literaria".
  • "Entre líneas: la mirada del escritor"

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Mensaje Importante

«El hombre se vierte en el ritmo, cifra de su temporalidad; el ritmo a su vez, se declara en la imagen; y la imagen vuelve al hombre apenas unos labios repiten el poema…»

 

Celebrando la Vida

 

Su Señora Madre Maria Catalina Rodríguez de Vásquez, su esposa Margarita María Ríos González y demás familiares agradecen a sus amigos y allegados la asistencia a la misa de exequias realizada en la Parroquia Cristo Rey (Calle 98 # 18a-23) el día sábado 4 de julio de 2026.

 

 

Le invitamos a dejar su mensaje en la publicación «Legado», con el que haremos un homenaje a nuestro Maestros de maestros.

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