• Autobiografía
  • Conferencias
  • Cursos
  • Del «Trocadero»
  • Del oficio
  • Galería
  • Juegos de lenguaje
  • Lecturas
  • Libros

Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Publicaciones de la categoría: LECTURA

Olga Orozco y la poesía

26 viernes Jul 2013

Posted by fernandovasquezrodriguez in APRENDER A ESCRIBIR, Del diario, LECTURA

≈ 2 comentarios

Etiquetas

De la imaginación poética, Entrevistas a escritoras, Leer poesía, Olga Orozco

Olga Nilda Gugliotta Orozco

Olga Nilda Gugliotta Orozco

Motivado por mi lectura de la entrevista de Silvia Sauter a Olgo Orozco –que realicé ayer–  durante las primeras horas de la mañana, devoré otra más “El revés del poema”, realizada por Jacobo Sefamí en 1990 y publicada en su libro De la imaginación poética. Conversaciones con Gonzalo Rojas, Olga Orozco, Alvaro Mutis y José Kozer. Es una entrevista extensa, de más de 40 páginas, amena, y que muestra el conocimiento de la obra de Orozco por parte del profesor Sefamí. Una vez más, me sorprenden las coincidencias con algunas ideas de mi ensayo “El poeta aviva la luz de las cosas”, especialmente en lo que afirmaba yo del papel de la poesía como medio para hacer y hacernos preguntas. Dice Olga Orozco: “Creo que la poesía es eso: una permanente interrogación en busca de algo que siempre está un poco más allá. Para cada pregunta hay otra pregunta”. Descubrí también, para el tema que he venido trabajando sobre «imágenes fundacionales», el recuerdo más remoto de la escritora: “El recuerdo más remoto de la infancia está contado en un relato titulado ‘Misión cumplida’ de La oscuridad es otro sol (1967). Allí hago alusión a una memoria anterior. Tal vez no sea fácil deslindar lo que está sucediendo en el momento, con lo que está sucediendo en mi memoria. Se trata de una huida en brazos de mi hermana mayor. Ella me lleva en brazos huyendo de un toro. Yo veo oscilar el amarillo de los girasoles y sé que algo rojo nos va corriendo. Luego tengo la sensación de un salto, y es mi hermana que cae del otro lado de un alambrado, y nos hemos salvado. Y yo que me aprieto contra su pecho y siento el asilo, el calor, la ternura y la protección”. Me pareció interesante lo que dice de la adolescencia: “En toda adolescencia se juegan elementos muy contrapuestos y empieza la búsqueda del verdadero camino: uno tiene diálogos con Dios y luchas con el demonio; contrapone la libertad a otras cosas. En fin, empiezan a surgir los problemas del amor, del sexo, de las verdades eternas. Es decir, los elementos fundamentales de la vida, que llegan a tener una intensidad tal que si uno sobrevive es porque pacto con algo; de lo contrario, uno podría haberse muerto o consumido”.

Más adelante, Orozco cuenta cómo es su proceso de escribir. Aunque ya había retomado algunos apartes de esta entrevista para mi libro Escritores en su tinta, una respuesta de la escritora podría servirme para una segunda edición de mi texto. Habla la poeta: “Escribo poco y lentamente. En general, cuando escribo tengo la sensación del final con la primera línea, que puede venir en una imagen, en una música, en la repetición de una frase que lo asalta a uno. Lo que tengo que hacer es ese recorrido. No sé cómo va a suceder ese recorrido que va de esa primera línea al final que presiento. Pero nunca paso de la primera a la segunda línea si no he aceptado de manera definitiva la primera, y así sucesivamente. En mi caso, la poesía no es convocar, ni suscitar, sino desechar de un coro de solicitaciones, de esos, ‘signos en rotación’ de los que habla Paz. Hay personas que me han preguntado si escribo mis poemas en diez minutos. No creo que parezcan escritos en diez minutos. No se ve nunca algo tan espontáneo, como para que sean el producto de diez minutos. Lo que no se ve es la insistencia laboriosa, porque no hay frialdad”. Enseguida, agrega: “Yo no escribo nada que no tenga las bases puestas en su sitio, las columnas, las ventanas. Escribo un poema como una casa que voy a habitar, y en la que me voy a mover sabiendo dónde está cada cosa que necesito, y donde no hay ninguna contradicción, sino las que son manifiestamente buscadas, pero donde un elementos que está en la línea sexta no contradice para nada un elemento que está en la línea 24. Todo sigue una sucesión coherente”.

En mi lectura subrayo otros puntos de encuentro, en particular lo referente a que la poesía es una escritura ideal para dar cuenta de nuestras exploraciones como hombres rana del espíritu: «A veces uno se sumerge a grandes profundidades, hasta quedar unido a la superficie por nada, por un hilo. Yo he tenido temores de no poder retornar y supongo que eso le pasará a muchísimos: quedarse enredado en esos enigmas que hay en las profundidades. Es el buceo en lo desconocido». La poesía, nos los reitera Orozco, tiene que ver con «los elementos abismales: todo aquello que rompe con las leyes establecidas de causa y efecto». Otro asunto tocado en la entrevista apunta a que la poesía aspira a dar cuenta de la complejidad del ser: «El propio ser es inquietante porque también es desconocido; no sólo en su origen y en sus siguientes proyecciones; es desconocido porque es como si uno estuviera encerrado en su propia enigma, con su propia esfinge, y ésta pudiera empezar a hacer preguntas». Me regocijé, de igual modo, con una opinión –que de una vez voy a incluir en las notas a pie de página de mi ensayo «Matar la vida para darle perdurabilidad»– en la que Olga Orozco resalta el lugar de la poesía en su lucha con la muerte: «La escritura es una manera de luchar contra el tiempo, contra la muerte; en ese sentido, es positiva”.

Para no dejar perder algunas de las ideas expresadas por ella me parece conveniente guardarlas en este diario de escritura:

«Los poetas siempre andan en búsqueda de revelaciones, siempre tratamos de desenterrar misterios. Algo que puede ser la palabra perdida; buscamos lo indecible. Por eso el poema es una frustración»

«El deseo es por naturaleza la ausencia de algo; en algo se diferencian el deseo y el amor: el amor es una presencia, y el deseo es una ausencia. Por eso es tan extraordinaria esa frase de René Char, que dice que ‘el poema en sí es el deseo del amor realizado que continúa siendo deseo’. Me parece extraordinario porque eso es algo que no sucede en el plano de la vida verdadera, ni como deseo, ni como amor, ni como realización. La conjunción que busca para definir algo tan indefinible como la poesía me parece espléndida».

«Talila cumi, son las palabras que le dice Jesús a la hija de Jairo, cuando la resucita; quiere decir: ‘levántate y anda'»

«Yo creo que hay dos tiempos de silencio: uno es el silencio como cerrazón, como balbuceo, que es el silencio primero, el que tratamos de ganar, el que tratamos de abordar, para irlo descifrando, purificando, dándole cierta respiración que es la nuestra,  convirtiéndolo en lo que somos, o permitiendo que él nos convierta en lo que él es. A veces, una vez que eso se ha logrado, el silencio es ese silencio final del que hablábamos en algún momento; es decir, ese silencio que es la plenitud total y que debe ser la plenitud final, que hace innecesaria la palabra».

«Para saber mi noche, la tengo que aprender de la noche».

 «Sientes que la noche tiene millares de ojos y que si no puedes cerrar los tuyos es porque ésos otros están abiertos».

«Son dos piedras existentes; una que viene de Sicilia y otra que viene de San Luis, y que yo tomo muchas veces en la mano para poder escribir… Las piedras se convierten, más que en testigos, en dos elementos de convocación».

«Siempre he creído que soy la única sobreviviente de mi casa, porque soy la que tiene la memoria y la que tiene que apagar las lámparas y cerrar las puertas».

 «Uno no elige las influencias, sino que llegan por naturaleza; ni siquiera se contagian; se establecen por parentesco, ¿no?».

 «El poema abre y cierra la puerta de la revelación».

«La poesía es una apuesta arriesgada, como podría ser la de una ciencia iluminada, digamos. Es decir, hay un pie en la tierra y el otro pie está sondeando en el vacío para ver dónde apoya. De modo que las posibilidades que ofrece en la búsqueda son muchas más, tanto de encuentros, como de desencuentros y hasta de caídas».

(La poesía) «Sería el instante en el que todo es posible; el instante en el que es posible el pasado, el presente y el futuro y las combinaciones y variaciones posibles e imposibles».

Hacia el final del día estuve oyendo (y viendo) el Concierto para piano y orquesta en la menor del compositor polaco Edvard Grieg. Artur Rubinstein en el piano, acompañado por la Orquesta sinfónica de Londres, dirigida por André Previn… Llegué a este concierto por el adagio que había escuchado la semana pasada en una selección de EMI Classics. Cuando lo oí, por primera vez, me fascinó el tono intimista del segundo movimiento del mencionado concierto. Hay una magia nórdica que envuelve la voz del piano; un piano sutil, leve, evanescente. Esos siete minutos transcurren como en una penumbra fantástica; y aunque hay exaltaciones, ellas son tranquilas, de amanecer de nubes. Qué secreta la respiración que allí se evoca, qué delicada la manera de mostrarnos la gestación de un florecer o un despertar… Esta música me hizo recordar uno de mis poemas, escrito a partir de un amanecer en las montañas de Capira:

Despertar
 
Abajo sigue la noche.
Todo está en silencio. Ni un pájaro canta.
Y poco a poco, levantándose de un sueño vaporoso,
las nubes comienzan a despertarse.
Lo hacen de manera perezosa.
Unos cuantos rayos de luz, muy lejanos, las cortejan.
Ahora se define mejor la forma de las montañas.
Y lo que era una sola figura compacta
se va abriendo en pequeñas manchas grises.
Algunos árboles sacan sus ramas más altas para ver el sol.
Pero el viento se mantiene al acecho.
La noche cede sus encantos al nuevo día.
El silencio mantiene su frescura.
Es la vida, la vida que se renueva.
Imperceptiblemente.
 

Estaba intranquilo. Olga Orozco menciona una definición del poema dada por René Char, pero no referencia en qué libro o qué texto se hace tal afirmación. Apenas salí de la oficina pasé a Arte y Letra para ver si tenían alguna antología del poeta francés. En la colección Visor de poesía me mostraron el texto Furor y misterio. En una primera lectura no tuve suerte. Por la noche, después de escuchar el concierto de Grieg miré con más detalle la obra. De pronto, en una de las «proposiciones», como las llamaba él, de «Partición formal», di con el texto objeto de mi búsqueda; es el apartado XXX, y dice así, en la traducción de Jorge Riechmann: “El poema es el amor realizado del deseo que permanece deseo”. (En las notas se agrega que Char le comentó a Georges-Louis Roux que “el poeta estaba siempre a la espera de esos encuentros con el rayo, de la quemadura y –no obstante– de la plenitud afectiva que de ellos se sigue indefectiblemente, y aseguró su certidumbre feliz de que eran indefinidamente renovables”). Ya con esa pista, husmeé en mi biblioteca y hallé, precisamente, un texto homónimo, pero en la versión de Santiago González Noriega y Catalina Gallego Beuter. Esta es su propuesta: “El poema es el amor realizado del deseo que permanece como deseo”. Espero mañana explorar en esa afirmación: “Le poème est l’amour réalisé du désir demeuré désir”.  

Pistas para leer semióticamente la ciudad

14 domingo Oct 2012

Posted by fernandovasquezrodriguez in LECTURA, Semiótica

≈ 6 comentarios

Pistas para leer semióticamente la ciudad

La lectura convoca no solo a nuestros ojos

20 jueves Sep 2012

Posted by fernandovasquezrodriguez in Ensayos, LECTURA

≈ 6 comentarios

Imagen1

Ilustración de Jim Tsinganos.

La lectura convoca no sólo a nuestros ojos. Como actividad compleja que es, el leer demanda un esfuerzo de nuestra cognición y de todos nuestros sentidos. Leemos con nuestro entendimiento y nuestra sensibilidad, con nuestra memoria y nuestra imaginación. Este punto es de vital importancia para comprender cómo es el proceso y el ejercicio de leer la ciudad y cómo, también, tenemos ciertos retos pedagógicos en esto de desarrollar algunas competencias lectoras en nuestro estudiantes.

Reiteremos, entonces, que la lectura es una actividad plural, diversa. Leemos textos, imágenes, cuerpos, objetos. Por momentos, nos convertimos en lectores de aromas y sabores, de rutas y nodos, de hitos y escenarios. A veces, esas lecturas nos vienen impulsadas por nuestra hambre o nuestro gusto; otras, es el sentido de ubicación de nuestra residencia o el deseo antiguo de tener un territorio vital, el que nos insta a marcar un espacio. También puede ocurrir que esa necesidad de leer provenga de cómo jerarquizamos lo conocido y familiar de aquello otro que nos parece peligroso o extraño. Sea como fuere, somos unos permanentes lectores cuando estamos inmersos en la ciudad. Allí están los avisos saturados de una buseta; más allá, una larga e interminable oferta de vallas publicitarias; el asalto súbito de un mimo; la emergencia de un vetusto edificio o la construcción reciente de una ciudadela. Puesto de otra manera, se es habitante de una ciudad porque se es lector de la misma; porque se cuenta con cierta alfabetidad que permite descifrar los variados signos de que está hecha esa cartilla urbana.

Podríamos, de una vez, acuñar el concepto de «lectura semiótica», para señalar esa habilidad de desciframiento propia del ciudadano. Son variados los signos que lanzan sus mensajes o sus llamados en el tejido de una ciudad. Y para poder leerlos, para hacerse competente en su riqueza y densidad, tenemos que echar mano no sólo de conocimiento sino también de astucia, de maña. La lectura semiótica valora la intuición y esa sabiduría forjada poco a poco con el pasar de la experiencia. No es una competencia validada sólo en los textos canónicos o en las verdades científicas; de igual modo importa «el olfato» para no pasar por alto la trampa, o el «sexto sentido» para predecir un mal negocio o para no montarse al taxi que ofrece su «paseo millonario». ¡Cómo hay de claves y de atajos en esto de saber leer la ciudad! Y la semiótica, en cuanto estrategia de desarme o desmonte de los signos, en cuanto dispositivo para entender la ambigüedad de los mismos, parece ofrecernos toda una riqueza lectora que bien puede enseñarse en nuestras escuelas o centros educativos.

Pero, además, leer semióticamente la ciudad es sobrepasar el rol pasivo ante tales signos. Se lee semióticamente porque a la vez que desciframos el entorno, al mismo tiempo, reconstruimos su sentido; rearmamos otra vez el mapa o el tejido que nos interpela. No sólo se lee la ciudad, también se escribe en ella. Esa lectura genera un aserrín o un «detritus» que asume las formas del graffiti o la huella de la frenada sobre el pavimento. Todos los días rearmamos con nuestras lecturas nuestra ciudad. Todas las basuras, todos los huecos que agrandan sus bocas, todas las demoliciones, van perfilando nuevos mapas, van generando emergentes geografías. La lectura semiótica, entonces, demanda ejercicios de producción, de resignificación, de apropiación de la ciudad. Más allá de la escueta explicación lingüística de los signos, está la práctica misma del leer. Ese ejercicio social, histórico de la lectura. Una práctica llena de conflictos e intereses, de política e ideologías, de esperanzas y de sueños. Una práctica que rebasa el aula y convierte a la ciudad en un inmenso texto o en un sinuoso camino repleto de indicios y señales, de símbolos y alegorías.

Porque siempre se lee desde algún lugar. Porque no hay «lecturas inocentes» o asépticas. Porque nuestro ojo está iluminado (o empañado) por nuestras concepciones y nuestros credos. Tengamos presente que cada acto de lectura pone de manifiesto –querámoslo o no– nuestras personales inclinaciones o nuestras talanqueras espirituales. Tales condicionamientos deben ser explícitos a la hora de enseñar. Y cuando ese reconocimiento se pone en evidencia, es más fácil hablar del convivir o del aprender a respetar la diferencia. Si no hay esa toma de distancia, si no hay ese ejercicio de discernimiento o de reflexión genuina, asumiremos la lectura como algo dado, como un acto mecánico de decodificación. Nuestro oficio de docentes se basa en esa advertencia: «leemos siempre desde un lugar». Y eso hay que trabajarlo arduamente en cada uno de nuestros estudiantes: mostrarles que el conocimiento mismo tiene un sitio desde el cual emite sus juicios. Y que cada uno, si se trata de educar para la ciudad, tiene la tarea de construir su propio mirador, su propio nicho de enunciación. Que para ser partícipes o ciudadanos legítimos, tenemos la obligación de forjarnos un sitial desde el cual enunciemos nuestra palabra. Que leer es, en gran medida, el reconocimiento de una subjetividad.

Agreguemos a lo dicho dos cosas más. La primera, la necesidad de poblar nuestras aulas de otros soportes diferentes al libro. Es urgente que lleguen a nuestros salones y nuestros colegios otros materiales que son también objeto de lectura. El video, la música, los medios masivos, la calle, el Internet, la moda… Que tales dispositivos sean objeto de nuestro interés lector. Que no sean solo decorado de nuestras clases sino verdaderas páginas para ejercitar nuestra pesquisa semiótica. No obstante, debemos preocuparnos por entender que cada uno de esos soportes demanda un tipo de acceso diferente; que no podemos usar el mismo patrón para leer tan diversos materiales. Que una cosa es leer objetos, que otra bien distinta es leer discursos, y que son bien diferentes las herramientas o los útiles para leer las prácticas o los imaginarios. Allí hay un considerable menú de cualificación o capacitación para nuestros maestros. ¿Cómo se lee un símbolo, una estructura, una imagen, una puesta en escena?; ¿cuál es el proceder o el método más atinado para una lectura abductiva o inferencial?; ¿cuáles son las posibilidades y los límites de una interpretación? Esas distinciones pueden ayudar enormemente a mostrar la complejidad de la lectura y, al mismo tiempo, a entender que cada objeto o soporte demanda o exige de quien lo lee un tipo o un modo particular de abordaje.

El segundo asunto es un llamado a todos los maestros para que la lectura no sea únicamente el problema o la responsabilidad del área de español. Todas las áreas, al menos desde la óptica de una «lectura semiótica», están comprometidas con esto de aprender a leer.  La geografía, que nos da las herramientas para leer el espacio; la historia, que nos hace hábiles en la lectura de vestigios; la biología, que nos hace legibles el funcionamiento de la vida; las matemáticas, que nos provee de lentes para las cantidades y sus relaciones.  Luego no se trata de descargar esa responsabilidad en aquellos maestros de lengua o lenguaje. Tampoco parece atinado reducirla a la educación inicial o básica. Por el contrario,  la lectura es uno de esos transversales que, ojalá de manera explícita, debería permear todos los escenarios del currículo. Es que en esto de enseñar a leer, todos los maestros tenemos una responsabilidad compartida. Quizá porque la lectura misma desborda los límites de las asignaturas o porque ella sea una especie de punto de confluencia entre ellas. A lo mejor porque la lectura es una de las responsabilidades que la sociedad delega a la escuela. Una responsabilidad de primer orden que es, al mismo tiempo, un compromiso para toda la Institución educativa.

Como puede colegirse por lo que venimos diciendo, la lectura es una actividad compleja. Un proceso que conlleva, entre otras cosas, a identificar los signos, describirlos, relacionarlos; y, a la vez, a poder ver sus vínculos con quién y cómo los emite, a través de qué medios y con qué efecto en el receptor. La lectura abarca, de igual modo, una competencia para rastrear en cada signo sus vínculos –no siempre evidentes– con las mentalidades y los imaginarios, con la psiquis y la fantasía. De allí por qué decíamos que leer demanda un esfuerzo integral de todo nuestro ser. Y mucho más, cuando el objeto de lectura es ese otro universo complejo de las ciudades. Dejemos constancia de eso: las ciudades son como palimpsestos, como mosaicos que se metamorfosean y mudan. Las ciudades exigen, por lo mismo, un lector semiótico capaz de develar sus secretos; sus entradas y salidas, sus leyendas y sus mitologías; sus sistemas de señales y sus laberínticas redes, en donde todo circula y fluye respondiendo a ciertas lógicas de la planeación o a determinadas fuerzas del desplazamiento forzado o la búsqueda de mejor fortuna. Necesitamos lectores plurales, lectores críticos, lectores proposititos. Lectores capaces no sólo de habitar las ciudades, sino competentes para dotarlas de sentido, para redibujarlas con la escritura de la participación, para convertirlas en verdaderos textos vivos de lectura.

Entradas recientes →

Entradas recientes

  • Las caídas de Altazor de Vicente Huidobro
  • Simplismo de lo político en las campañas presidenciales
  • Los poetas premios Nobel hablan de su oficio
  • Un libro sobre la urgencia y relevancia de la escucha
  • La visita de la señora Soledad

Categorías

  • Aforismos
  • Alegorías
  • Apólogos
  • APRENDER A ESCRIBIR
  • Cartas
  • Comentarios
  • Conferencias
  • Crónicas
  • Cuentos
  • Del diario
  • Diálogos
  • Ensayos
  • Entrevistas
  • Fábulas
  • Homenajes
  • INVESTIGACIÓN
  • LECTURA
  • Libretos
  • Libros
  • Novelas
  • OFICIO DOCENTE
  • Pasatiempos
  • Poemas
  • Reseñas
  • Semiótica
  • Soliloquios

Archivos

  • 2026
  • 2025
  • 2024
  • 2023
  • 2022
  • 2021
  • 2020
  • 2019
  • 2018
  • 2017
  • 2016
  • 2015
  • 2014
  • 2013
  • 2012

Enlaces

  • "Citizen semiotic: aproximaciones a una poética del espacio"
  • "Navegar en el río con saber de marinero"
  • "El significado preciso"
  • "Didáctica del ensayo"
  • "Tensiones en el cuidado de la palabra"
  • "La escritura y su utilidad en la docencia"
  • "Avatares. Analogías en búsqueda de la comprensión del ser maestro"
  • ADQUIRIR MIS LIBROS
  • "!El lobo!, !viene el lobo!: alcances de la narrativa en la educación"
  • "Elementos para una lectura del libro álbum"
  • "La didáctica de la oralidad"
  • "El oficio de escribir visto desde adentro"
  • “De lectores, leedores y otras consideraciones sobre las prácticas de lectura en la educación superior”
  • "El libreto de radio: una artesanía recuperable"
  • "Las premisas de Frankenstein: 30 fragmentos para entender la posmodernidad"
  • "La semiótica: una ciencia explicativa para comprender los signos de la cultura"
  • "La semiosis-hermenéutica una propuesta de crítica literaria".
  • "Entre líneas: la mirada del escritor"

Suscríbete al blog por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir avisos de nuevas entradas.

Únete a otros 1.005 suscriptores

 

Cargando comentarios...