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Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Publicaciones de la categoría: APRENDER A ESCRIBIR

Puntos de referencia para elaborar aforismos

13 miércoles Sep 2017

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Aforismos, APRENDER A ESCRIBIR

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Aforismos, Estrategias de escritura

Tallador de esmeraldas

Sigo creyendo que escribir aforismos es una excelente forma para ejercitar el pensamiento. Un artefacto para obligarnos a reflexionar y darle salida a la producción de las propias ideas. Y es, de igual manera, una buena escuela para foguearse con las palabras, con su peso y su ritmo, con la precisión semántica y el esfuerzo para que esos signos mudos digan lo esencial. Por todo ello, he invitado a mis estudiantes de primer semestre de la Maestría en Docencia a que, durante quince días, consignen diariamente sus aproximaciones o circunnavegaciones sobre un tema específico.

A pesar de haber escrito en este blog al respecto, no sobra volver a insistir que la hechura de este tipo de textos además de ser una orfebrería de la concisión, es una posibilidad para construir estructuras lingüísticas altamente creativas que susciten la meditación, el autoexamen o la mirada crítica sobre las personas, la sociedad o el vasto mundo. En consecuencia, voy a dar otras pistas que puedan servir de referencia a los maestrantes enfrentados por primera vez a escribir estas diminutas obras capaces de derribar los lugares comunes o ser un antídoto para la candidez de la crédula mayoría.

Lo primero o fundamental es andar con el tema objeto de nuestra pesquisa para arriba y para abajo. Llevarlo como una preocupación de nuestra intelección a todas partes. Algo así como dejarse habitar por el tema. No soltarlo por ningún motivo. Hablar de él con amigos y conocidos, ponerlo en el menú de nuestras inquietudes cotidianas. Lo que se busca con ello es que nuestra cabeza se ocupe y se preocupe por esa temática. En esta inmersión el hacerse preguntas es definitivo. No sobra advertir que para unos óptimos resultados, hay que evitar el recurso fácil de acudir a internet o leer a escondidas un libro sobre dicho aspecto. Está prohibido copiar o transcribir a otros en esta etapa. La consigna es perentoria: cada quien puede decir o expresar algo sobre un tema sin tener que echar mano de muletas ajenas.

A mí me ayuda mucho, en este proceso de dejarme habitar por un tema, además de las preguntas, establecer relaciones o tender puentes o vínculos: ¿este tema con cuál otro podría relacionarse? O echar mano de unos recursos aprendidos del estructuralismo: ¿qué es lo contrario?, ¿qué es lo contradictorio? Así que, mientras camino o voy hacia el sitio de mi labor habitual, estiro la temática, lo amaso con esos recursos. A veces las oposiciones abren rutas de entrada inesperadas al motivo elegido. También me sirve explorar en el campo semántico del que participa mi temática; hago que emerjan o empiecen a aglutinarse esos términos asociados. Procedo por redes semánticas para darle más alcance a aquella semilla de reflexión.

A la par de este proceso de pensamiento voy pergeñando o esbozando las primeras escrituras. Redacto conatos de ideas; pongo listados de palabras; silueteo una frase, así sea balbuciente en el papel. Procuro hacer esto a mano; el ordenador no permite que el tachón saque de debajo esa otra idea reconsiderada. La mano es rápida para dibujar una flecha, redondear un término o escribir al lado de una incipiente línea varias alternativas lingüísticas. No me preocupa, en este momento, que los aforismos salgan bien hechos o estén cabalmente terminados. El propósito es otro: dejar que el flujo de pensamiento haga su trabajo;  ofrecerle la mediación de la escritura para que, al verse reflejado en ella, se reconozca o se percate de otras alternativas, otras posibilidades, otras vías de reflexión.

En algunas ocasiones una de esas líneas empieza a tomar forma de párrafo. Lo que hago es, por supuesto, dedicarme a ella. Leerla en voz alta y ver cómo encajan o armonizan las ideas. Miro con cuidado si esa organización es la más adecuada o si debo hacer un cambio en la sintaxis. Uso paradojas, contrastes, símiles; apelo a la metáfora, a la ironía o a la riqueza de las figuras literarias. Corrijo, enmiendo, tacho y recompongo. Presto especial atención a la puntuación y si no estoy muy seguro del significado de un término, lo señalo con un óvalo de color y dejo para más tarde consultar el diccionario. Aquí cuenta mucho no perder de vista el proceso de pensamiento de ese momento; ya habrá tiempo para precisar una palabra. Advierto esto porque el aforismo es una escritura profundamente rumiada, tachonada, tallada, pulida en todos sus elementos. Así que, no debe crearse la falsa ilusión de que basta un primer intento para ya obtener un aforismo perfecto. Puede suceder que alguno de esos aforismos incipientes, por más que uno lo martille, no logre adquirir la consistencia o la calidad que uno busca. En esos casos, lo mejor es abandonarlo por un tiempo y seguir con otra parcela de nuestros apuntes. Es casi seguro, que pasadas unas horas, o al otro día, hallemos la forma o el término preciso que logre encajar perfectamente en nuestra  pieza aforística.

Tengo siempre al lado mi diccionario de sinónimos y antónimos y el Diccionario de uso del español de María Moliner. Cuando estoy atorado en una línea, me gusta buscar determinado término para descubrir filiaciones semánticas que, muy seguramente, puedan sacarme del impase. Corroboro las definiciones de palabras específicas para estar seguro de que lo que deseo expresar, sí corresponde al sentido de ese vocablo. Desconfío de las voces trilladas, de las muletillas que han perdido su carga comunicativa y me esfuerzo por recuperar el sentido primero de ciertos términos. Cuando estoy en esta etapa, cuando pulso las palabras y su significado, aprovecho el momento para oírlas, para ver si tienen una mejor melodía al cambiarlas de lugar o modificarlas por una voz semejante. Me esfuerzo en eliminar cacofonías, en sembrar las líneas de variedad semántica y en utilizar estratégicamente la puntuación.

Me da buen resultado escribir una y otra vez lo que voy ganando en cada versión. La reescritura es una poderosa herramienta para acabar de pensar. No elimino las versiones o los diferentes vestidos por los que va desfilando el aforismo. He aprendido que, al volver a repasarlo, pude abandonar algo, un giro, un término, que mirado desde la última versión, resulta ahora más apropiado, así lo halla desechado en el segundo o tercer intento. Más tarde, cuando ya he terminado esta escritura a mano, comienzo a pasar los aforismos al ordenador. Después de transcribirlos los imprimo y los vuelvo a leer. Una vez más viene otro momento de corrección o de ajuste a lo que ya parecía definitivo. En ciertas ocasiones, elimino aforismos que aunque me gustaban cuando los redactaba, ahora no logran mantener su encanto o resultan poco sugestivos. De nuevo una cuidadosa revisión a la puntuación entra a desalojar giros innecesarios o a fortalecer el tono lapidario y enfático del buen aforismo. Hechas todas esas correcciones en papel vienen los ajustes respectivos al texto registrado en el ordenador. La relectura en la pantalla, en algunos casos, trae consigo nuevas precisiones.

Agregaría, finalmente, un propósito que atraviesa o está siempre presente en mis ejercicios aforísticos: me refiero a tener una postura crítica frente a cuestiones dadas por hecho, a poner en desnivel verdades aparentemente incuestionables, a fisurar ideas preconcebidas o a ejercer el derecho de sospechar, dudar, conjeturar, recelar. El aforismo es un buen recurso para ello. Por lo mismo, hay que meditar, pasar por varios filtros la opinión pública y el sentido común, tomar la distancia suficiente para analizar las propias creencias, y atreverse a disentir. Por supuesto, poniendo esas ideas de manera breve y sugerente, tallándolas como si fueran piedras preciosas. Al fin y al cabo, esos pequeños textos deben ser tan urticantes en su contenido como llamativos en su construcción para que logren el objetivo de despertar la mente impasible o apática del lector.

Escritor bloguero

03 sábado Jun 2017

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in APRENDER A ESCRIBIR, Ensayos

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Ilustración de Douglas Smith.

Ya van a ser cinco años desde cuando empecé a llevar este blog. La experiencia ha sido gratificante y me ha permitido descubrir las posibilidades de este medio al igual que sus demandas. Aprovechemos, entonces, el quinquenio de existencia para hacer un balance y reflexionemos un poco sobre esta bitácora virtual.

Creo que si no hubiera tenido con anterioridad el hábito de escribir en mi diario habría sido muy difícil mantener el rito de “subir” por lo menos un texto cada semana. Tal constancia, además de obligarme a tener durante siete días un tema dando vueltas en mi cabeza, ha hecho que los lectores (lo noto por el reporte de visitas) busquen con regularidad qué hay de nuevo en este espacio virtual. Insisto en ello: el contar con el hábito de escribir ha sido garantía para que este blog mantenga su vigencia y garantice cierta sorpresa para los posibles lectores.

De igual modo, el haber adquirido el compromiso de responder todos los comentarios, el no dejar de contestar lo que a bien dicen o preguntan los visitantes, ha hecho que se cree una comunidad de diálogo o una tertulia de tiempos discontinuos. Dicha circunstancia, a diferencia de la escritura íntima (esa que se engaveta o permanece inédita para los lectores) es una de las grandes ventajas de esta bitácora en el universo de la web. Es como si la escritura tuviera de forma casi inmediata un reflejo o una réplica a través de los comentarios o las inquietudes de una audiencia no necesariamente cercana a los amigos o conocidos.

Precisamente, al observar que este blog tiene lectores en países latinoamericanos, norteamericanos o europeos es una evidencia de que la virtualidad crea otros escenarios para nuestra escritura. Noto, por ejemplo, que en México, Argentina, Chile, Ecuador, Brasil, Perú, Guatemala, Costa Rica y Venezuela hay lectores asiduos. Descubro también que en España, Francia, Estados Unidos o  Suiza aparecen otros internautas interesados o curiosos por lo que aquí se publica. Es probable que este múltiple interés provenga de muchas cosas: de las temáticas, de las ilustraciones (sobre las cuales hablaré más adelante), de la propuesta de mostrar varias páginas en un mismo sitio, o de las propias lógicas de los intertextos que vuelven a la internet un juego infinito de vasos comunicantes.

Decía que las ilustraciones (fotografías, pinturas, grabados, caricaturas) son una intencionada manera de presentar cada entrada. Pienso que, y esto es importante recalcarlo, cualquier ilustración puesta en el blog es un homenaje a cada uno de los artistas gráficos que ha logrado a través de líneas y colores, o mediante los nuevos recursos de la imagen digital, elaborar obras artísticas interesantes, fantásticas, provocadoras o altamente cuestionadoras. Considero fascinantes, por ejemplo, las ilustraciones de Christoph Niemann, Craig Frazier, Brad Holland, Nicolette Ceccoli, Chris Gall, Toni De Muro, Michael Marsicano o Tang Yau Hoong; la ironía de Pawel Kuczinski o los mundos fantásticos de Yacek Yerka, Quint Buchlolz y Rafal Olbinski; el surrealismo de Rob Gonsalves, Alessandro Gottardo, Vladimir Kush, Jim Tsinganos, o los fotomontajes de Jimmy Lawlor o Igor Morski. Así que, no uso dichas ilustraciones como un relleno o una parte vicaria de mis artículos, sino como otro lenguaje que ilumina, contrasta, amplía o genera una zona colateral de sugerencia. Encontrar esas ilustraciones, buscarlas, escanearlas o hallar la mejor resolución, forma parte esencial de cada entrada a este diario virtual.

Una parte de este blog ha servido para ayudar a otros a escribir. El pretexto ha sido el curso o los talleres de escritura que oriento en la Universidad de La Salle. En este caso, el blog se ha vuelto una genuina práctica de acompañamiento personalizado en la que, poco a poco, se va perfeccionando un texto hasta lograr la mejor forma posible. He aprendido mediante este blog que no se puede corregir todo a la vez, que es mejor ir afinando un aspecto en particular, bien sea en la precisión semántica, la sintaxis de un párrafo o en un signo de puntuación específico. De allí que a veces se necesite de ocho o más versiones para lograr plantear correctamente una tesis, desarrollar una analogía o utilizar de manera precisa los conectores lógicos. Sobra decir que mantener esta retroalimentación individualizada y constante me ha llevado a disponer de muchas horas para atender cada caso. Pero al mirar los resultados, me he dado cuenta de que es de esta manera  como realmente se mejora o se cualifica la escritura. Solo mediante ese acompañamiento es que cada aprendiz de escritor encuentra las claves o las técnicas apropiadas para expresar sus propias ideas.

Un asunto adicional es el haber incluido en este blog diversas tipologías textuales. De un lado porque forman parte de mi interés investigativo; de otra, porque son diversas formas de acceso a este mismo espacio. A veces es el cuento el que mejor dice un estado de ánimo o una preocupación literaria; en otros casos, es el diálogo platónico la mejor ayuda para hacer comprender un tema o un problema determinado. De igual modo el aforismo, con su lógica esencial y precisa, puede ser el medio para desentrañar un concepto, una pasión o una práctica cotidiana. Otro tanto podría decirse del poema, esa destilación del pensamiento, o del ensayo, que ha sido el principal actor en esta palestra virtual. Sea con uno u otro recurso, he logrado una diversidad en los contenidos y una posibilidad múltiple de producción que hace más lúdica y creativa esta página.

Mirado en retrospectiva, y anclado en mi propia experiencia durante estos cinco años, considero que el blog tiene grandes posibilidades para ejercitar y caldear la escritura y es un medio eficaz para divulgar nuestras ideas. El mantener atizada la mente y los mecanismos de la producción escrita, el forjarse esa meta o ese propósito semanal, permite que las operaciones del pensamiento se mantengan alertas y que la imaginación halle su clima más propicio. Además, el recibir comentarios o contrapuntos a lo expresado, pone nuestras ideas en un lugar dialógico menos encerrado y más abierto a las opiniones de los receptores. Me anima saber que algunas de estas reflexiones o varios de los artículos sirven a otras personas; me alegra comprobar cómo otros colegas usan estos textos para debatir con sus alumnos o de referencia para indagaciones de distinto tipo; me compromete enormemente la confianza que los lectores depositan en sus comentarios e inquietudes. Quizá por todas esas cosas es que continúo con gusto llevando este blog y asumo alegremente la tarea de escribir semana tras semana.

Un ensayo párrafo por párrafo

30 jueves Mar 2017

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in APRENDER A ESCRIBIR, Ensayos

≈ 703 comentarios

Velero paso a paso

Son muchas las horas y los esfuerzos de los docentes de distintos niveles educativos calificando los ensayos escritos por sus estudiantes. Y es todavía más dispendioso este trabajo si los profesores no tienen una didáctica clara sobre cómo construir este tipo de textos. Es decir, si confían en la suerte de los temas libres y en unas someras recomendaciones dichas de afán, hacia el final de la clase. Precisamente, por ello, es que he venido proponiendo elaborar ensayos en una página, en los que cada uno de los cuatro párrafos tenga un objetivo determinado.

El haber concentrado la extensión del escrito, al menos para empezar a escribir esta tipología textual, comporta dos ventajas: la primera de ellas, es que obliga al educador a enseñar a escribir; no sólo a mandar a hacer las tareas. Cuando el campo de trabajo está circunscrito a una actividad focalizada se hace más visible la enseñanza y, por supuesto, la parcela de aprendizaje. El otro beneficio de proceder así está vinculado con la evaluación de la escritura; si se revisa con cuidado una página, y más concretamente un párrafo, la retroalimentación será más precisa, más llena de sentido y con altas posibilidades de que haya un aprendizaje concreto.

Piénsese no más en la importancia de explicar bien el primer párrafo de un ensayo. Sabemos que en él, por lo general, se presenta la tesis. Esto nos obliga a los maestros a explicar bien en qué consiste la tesis, en ayudarles a los aprendices a que distingan tema de tesis y a que se obliguen a “rumiar” o “meditar” bien el tema antes de lanzarse a redactar. Tan importante es el primer párrafo que, dependiendo de su consideración y factura, así será la suerte positiva o negativa del resto del ensayo. Tal vez por la premura con que se pone la tarea, se dejan de lado estas cosas o se dan por hecho, suponiendo falsamente que eso ya lo conoce el estudiante.

Sucede también que en muchas ocasiones, por no conocer bien de qué se trata una tesis y cómo guarda relación con el resto de los párrafos, el estudiante pone en el primer párrafo cualquier cosa y luego no sabe dónde o cómo argumentarla. Entonces, cuando se redacta la tesis el aprendiz de ensayista debe haber previsto o revisado alguna bibliografía que le pueda servir de ayuda o soporte, vislumbrar algunos ejemplos, establecer algunas relaciones con otras realidades o situaciones y tener bastante “caldeado” el tema en cuestión. Para decirlo de otra manera: a la tesis se va llegando a partir de la manipulación del tema, del trasegar un asunto. Además, hay que estar dispuestos a arriesgar cierta originalidad o, al menos, una novedad en la forma de presentar la tesis.

De otra parte, corregir un ensayo párrafo por párrafo garantiza que el aprendiz vea en detalle lo que revisado de manera general no observa o le parece secundario. La corrección puntual obliga a la enmienda específica. Por lo demás, al proceder así, he ido descubriendo que no se puede aprender todo a la vez; es necesario enseñar discriminando cada logro: empezar con la presentación de la tesis, luego mostrarle al estudiante que hay una falla en determinado signo de puntuación (tampoco se aprenden todos los usos de estos signos a la vez), enseguida centrar el interés en los conectores lógicos. Y las diversas versiones que se hacen, a partir de una corrección, son en verdad el verdadero aprendizaje de escribir. Desde luego, esto demanda un mayor compromiso del docente pero es más efectivo desde el punto de vista del aprendizaje.

He notado, por lo demás, que al ser la escritura una labor artesanal, resulta conveniente ver en un “texto-cultivo pequeño” cómo es que entra a jugar la elección o cambio de la sintaxis, la selección o precisión de un término, la pertinencia de uno u otro conector, la ganancia o pérdida de comprensión al poner en un sitio u otro un signo de puntuación. Al tomar el párrafo como unidad de referencia es más legible un acierto o un flagrante error. En consecuencia, el uso didáctico de esta lupa le da al estudiante un mejor panorama de lo que redacta sin pensar muy bien y de los juegos de lenguaje en que entra cuando utiliza determinado término.

Concluyamos diciendo que escribir un ensayo en cuatro párrafos parece, a simple vista, una tarea sencilla. Pero si se hace de manera intencionada, explicando qué y cómo se confecciona un párrafo, si se comprende bien el uso particular de argumentos específicos o se presta todo el valor a la cohesión y la coherencia entre las ideas, pues resultará un ejercicio de gran complejidad. Si así se trabaja la redacción de ensayos, el aprendizaje para los estudiantes tendrá raíces profundas y la labor correctiva de los maestros recuperará su sentido formativo.

 

Escribir 18 aforismos

24 viernes Mar 2017

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in Aforismos, APRENDER A ESCRIBIR

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Didáctica de la escritura, Estrategias de escritura

Obra artística de Salavat Fidai

Obra artística de Salavat Fidai.

Uno de los ejercicios del Nivelatorio con los estudiantes de primer semestre de la Maestría en Docencia de la Universidad de La Salle consiste en aprender a escribir aforismos. Esta “escuela del pensar agudo y la forma esmerada” es una excelente estrategia para ejercitar el propio pensamiento y, además, un valioso recurso para ver en un pequeño escrito las lógicas de la construcción textual, el uso estratégico de la puntuación y las habilidades creativas para provocar la crítica, el humor o el asombro.

El tema que esta vez sirvió de detonante fue el de la “lectura crítica”. A cada maestrante se le pidió, siguiendo una guía didáctica para la lectura y emulación tanto de la estructura como de la puntuación de un libro de textos aforísticos, producir al menos 18 aforismos en el lapso de quince días. El resultado, como se verá en los ejemplos aquí transcritos, es bastante positivo.

La siguiente galería de aforismos es una manera de elogiar el trabajo realizado por los maestrantes y un estímulo para los que aún luchan con esta modalidad de escritura en la que se aúnan la lucidez con el cuidadoso trato con las palabras. Cada aforismo tiene, entre paréntesis, el autor respectivo.

Siete aforismos

“El lector crítico profundiza, socava y hace arqueología del texto transformándose en artesano de su significado” (Yaneth González Serpa).

 “El lector crítico no es un idealizador de convicciones, sino un creador de sospechas” (Yaneth González Serpa).

“Cuando el lector crítico lograr armar las piezas del rompecabezas de la interpretación, ya cuenta con el principal ingrediente para elaborar una opinión argumentada y consistente” (Yaneth González Serpa).

“Los buenos lectores buscan comprender los textos; los lectores críticos, ideologías. Los primeros desentrañan significados, los segundos, intenciones” (Yaneth González Serpa).

“El lector crítico va reelaborando sus conceptos como el detective esclarece su caso: observando, analizando signos e interpretando hechos” (Yaneth González Serpa).

“Leer críticamente es despojarse de las propias convicciones; es decir, cuestionarse en lo que se ha considerado incuestionable” (Yaneth González Serpa).

“La realidad es al lector crítico lo que la lógica a la ciencia; su principal desvelo y su más difícil hallazgo” (Yaneth González Serpa).

Seis aforismos

“Me gusta cuando callas…diría un lector crítico, porque en el silencio de las lecturas está la elocuencia de ellas” (Maribel Sánchez).

“El lector crítico no tiene lecturas con contenido, el lector crítico tiene lecturas cargadas de ideología” (Maribel Sánchez).

“El lector crítico es el Cristóbal Colón de los textos: recorre un lugar poco conocido para estudiarlo con detenimiento y descubrir lo que a su llegada, no vio” (Maribel Sánchez).

“El lector crítico pone el dedo en la llaga y no cree todo que a simple vista se puede ver: busca, toca, inspecciona, rastrea y sólo al final juzga lo que lee”. (Maribel Sánchez).

“Como los peces en el mar, las evidencias están muy en el fondo y se debe ser meticulosos para escoger la carnada con las que se sacarán” (Maribel Sánchez).

“El lector crítico es el vidente de las lecturas” (Maribel Sánchez).

“La lectura crítica agudiza el olfato, despierta el tacto y le da vida a la mente” (David Rodríguez).

“Cuando lees, tus ojos son tu brújula; y cuando lees críticamente, tu razón es tu timón” (David Rodríguez).

“Estimulamos nuestro pensamiento cuando leemos, pero cuando leemos críticamente despertamos hasta los sentidos” (David Rodríguez).

“Si caperucita hubiera leído críticamente cada suceso que acontecía hubiera evitado a toda costa ser devorada por el lobo” (David Rodríguez).

“La sociedad no debería decir: ‘estudia y serás alguien en la vida’; sino: ‘lee críticamente y la sociedad será algo para ti en la vida’” (David Rodríguez).

“La lectura crítica no puede cambiar el mundo, pero sí a las personas que hacen parte del mundo” (David Rodríguez).

Cuatro aforismos

“¿Qué es la lectura crítica sin la pregunta? ¿Qué es la lectura crítica sin el cuestionamiento?: Un hombre sin corazón” (Carol Murillo).

“La lectura crítica exige la sospecha del todo, de todos, hasta de uno mismo” (Carol Murillo).

“La lectura crítica es, por así decirlo, la maquinaria para extraer los tesoros escondidos en la profundidad del texto” (Carol Murillo).

“Los niveles de lectura coinciden con los formatos de cine: nivel literal, 2D; nivel inferencial, 3D; nivel crítico intertextual, 4D. Todos emocionan, pero el último maravilla” (Carol Murillo).

“La lectura crítica: fecunda la duda, engendra el análisis y cría las valoraciones” (Ángela Cortés).

“La pasividad es a la lectura crítica lo que la Kriptonita a Supermán: su debilidad” (Ángela Cortés).

“Si la lectura crítica estuviera presente en la cotidianidad, la sociedad no tendría tantos consumidores sino productores” (Ángela Cortés).

“La lectura crítica nos hace lectores de otro nivel, dejamos de leer líneas de texto con los ojos para leerlas con la razón” (Ángela Cortés).

“El sistema tolera con recelo la lectura crítica, no le dejará entrar. Ella no se cansará de insistir por estar dentro, porque sabe que lo transformará” (Carlos Andrés Carvajal).

“Para el lector crítico cada idea aspira a ser un Aleph, si pensamos como Borges. Es decir, cada idea es un lugar donde se puede vislumbrar el universo entero” (Carlos Andrés Carvajal).

“El ejercicio crítico de un lector consiste en saber en qué momento del discurso hay un punto de giro ideológico” (Carlos Andrés Carvajal).

“Leer salva; la lectura crítica cambia, transforma, condena” (Carlos Andrés Carvajal).

Tres aforismos

“Quien conoce la realidad es un lector. Quien denuncia y transforma la realidad es un crítico” (Sonia Esperanza Villada).

“Hay lectores que se convierten en críticos cuando son detectives: sospechan, indagan, van tras las pistas” (Sonia Esperanza Villada).

“El lector crítico como un niño pequeño pregunta siempre el porqué de las cosas, y no se conforma con una única respuesta” (Sonia Esperanza Villada).

Dos aforismos

“El lector crítico debe hacer un largo recorrido por lo leído; como el astrónomo hace el recorrido por el firmamento para encontrar un nuevo universo” (Luz Marina Junco).

“El libro es como un oráculo: depende de cómo planteemos las preguntas, así será la calidad de las respuestas” (Luz Marina Junco).

“La lectura crítica: una herramienta valiosa para una mente exigente” (Paola Andrea Ramos).

“Fotografiar la realidad: el arte de un artista; revelarla, exponerla y confrontarla: el arte de un ojo crítico” (Paola Andrea Ramos).

De la necesidad y el oficio de escribir

04 sábado Mar 2017

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in APRENDER A ESCRIBIR, Ensayos

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ilustracion-de-adam-quest

Ilustración de Adam Quest.

Es una fuerza o un deseo interior el que nos impulsa a escribir. Desde adentro, de lo más profundo, tal presión nos impele o nos lleva a emborronar cuartillas. Tal ímpetu va como dibujando nuestra existencia para delinear una opción de vida, para perfilar ciertos temas obsesivos o un tono particular para expresar aquello que nos acomete. No es una presión que se pueda identificar con toda claridad o que podamos datarla en un tiempo específico; son tantas las condiciones que la afectan o la enriquecen, tantas las variaciones y transformaciones a la que está expuesta, que uno termina aceptándola como si formara parte de su piel o de su destino. Esa fuerza interior por escribir es algo que, a pesar de nuestras obligaciones o nuestros propios impedimentos, abarca todos y cada uno de nuestros nichos vitales.

Podría pensarse que ese deseo tiene antecedentes claramente definidos. Una tierra de origen, una historia personal, cierto tipo de experiencias, alguna disposición o talento, pero todas esas posibles respuestas son apenas indicios de algo mucho más fuerte y vigoroso. Se escribe, al menos en mi caso, por una necesidad. Desde luego es importante el contexto y el tiempo en el que estoy inmerso; de eso no cabe duda. Pero no es un determinismo. Bastaría tan solo observar a todas esas otras personas, familiares o coterráneos, que aunque fueron marcados por esas mismas condiciones, no han sentido esa necesidad de escribir que yo siento. Además del ambiente, de la familia, de las experiencias, el deseo de escribir está muy vinculado a una forma personal de percibir y sentir la vida. Y así como para muchas personas el mundo y su acaecer poco o nada importan, para otras, ese mismo escenario puede convertirse en su lugar de preocupación, en su mesa de trabajo. Hay algo íntimo en esto de la necesidad escribir; a lo mejor, en cualquier arte. Por eso, a pesar de las cualidades o los defectos, más allá de las búsquedas por el éxito, el que escribe tiene un compromiso consigo mismo, con sus urgencias interiores, con sus preguntas fundamentales, con su conciencia, si se quiere. Se es escritor, se es artista, porque se renuncia al autoengaño, porque se mira de frente al fondo de lo que irremediablemente somos.

Cabe decir aquí, de una vez, que ese deseo, que ese magma del espíritu, necesita de ciertos conductos para lograr su mejor explosión, para alcanzar su mayor plenitud. A esos caminos, andados y desandados por la tradición literaria, algunos los han llamado técnicas del oficio. Son tan variadas como extensas; se aprenden leyendo y viéndolas encarnar en otros escritores; se dominan enfrentándose a ellas cotidianamente, haciendo que nuestro cuerpo obedezca las bridas de nuestra mente. Pero el mero dominio del oficio de escribir no es garantía para saciar o calmar el deseo por escribir. Muchas veces, aunque los conductos no sean los idóneos, aunque sean torpes los recursos literarios, uno puede notar cómo la fuerza de expresarse, el deseo de gritar, se sobrepone a tales debilidades en la gramática, y saca su boca y su lengua y sus palabras para no reventarse por dentro, para no explotar, para continuar viviendo. Dígase lo que se diga de una obra, guste mucho o poco, lo cierto es que dicha expresión es el testimonio de un ser humano, agitado y convulsionado por su propia caldera espiritual, por un personal y profundo movimiento tectónico.

Por supuesto, esta necesidad de expresión anhela encontrar algún lector con el cual sea posible comunicar o compartir una angustia, un dolor, una esperanza. Tal vez de esa manera la convulsión personal de escribir sea una faena menos solitaria y, al mismo tiempo, se produzca ese lazo mágico, ese estrechón de manos invisibles que es toda lectura. Allí, en ese encuentro, el deseo abrasador de escribir logra, en cierta medida, aplacar su fiebre o servir de motivo para que otros seres se conduelan, se entusiasmen, reflexionen o reconozcan las variadas y ricas experiencias de que está hecha la vida.

Quizá, sea ese el sentido profundo que hay detrás de publicar una obra: el de ofrecer a otros ojos y a otros corazones una señal, un llamado, un gesto escrito capaz de convocar —alrededor del fuego de un libro—, los brazos solidarios, las afinidades del espíritu, el placer del reencuentro entre hermanos de la tribu. Sólo así, sentados alrededor de esa lumbre personal que es también un fuego común, la palabra circulará de nuevo y el narrador de cuentos podrá, con alegría y placer, llenar de significado el silencio y la oscuridad de la noche.

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«El hombre se vierte en el ritmo, cifra de su temporalidad; el ritmo a su vez, se declara en la imagen; y la imagen vuelve al hombre apenas unos labios repiten el poema…»

 

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Su Señora Madre Maria Catalina Rodríguez de Vásquez, su esposa Margarita María Ríos González y demás familiares agradecen a sus amigos y allegados la asistencia a la misa de exequias realizada en la Parroquia Cristo Rey (Calle 98 # 18a-23) el día sábado 4 de julio de 2026.

 

 

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