• Autobiografía
  • Conferencias
  • Cursos
  • Del «Trocadero»
  • Del oficio
  • Galería
  • Juegos de lenguaje
  • Lecturas
  • Libros

Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Publicaciones de la categoría: LECTURA

La lectura, la abducción y el pensamiento

03 lunes Feb 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Ensayos, LECTURA

≈ 77 comentarios

Sherlock Holmes por Rochelle Donald

Sherlock Holmes por Rochelle Donald

No pienso que la lectura sea sólo un conjunto de habilidades, ni me parece que leer sea una mera decodificación de signos. Tampoco comparto la opinión, según la cual, la lectura –de manera un tanto gratuita– es un “libre y fantasioso” juego de interpretaciones. Me gusta más entender la lectura como un proceso –como un acto o una actividad– de abducción. Como un “trabajo” de indicios y de hipótesis progresivas.

    Expliquémonos. La comprensión lectora no es un “algo” exterior al lector; tampoco es un “sentido” que el lector guarda en su interior y que se devela cuando lee un texto; mucho menos es algo que uno –azarosamente– se encuentra en el viaje textual. No. Leer es sobre todo un ejercicio de conjetura. Es una capacidad para ir formulando continuas hipótesis sobre un “sentido posible”. La lectura es una construcción progresiva. Semiosis. Leer es apostar en la posibilidad de sentido.

    El ejemplo del detective podría iluminar un tanto lo que estoy diciendo. La escena del crimen está repleta de indicios. Por supuesto, tales pistas no son “legibles” sino para alguien capacitado. Para los demás, no hay ni huellas, ni trayectoria de la bala, ni indicios de distinta índole. Así sucede con los textos: cada uno de ellos podría denominarse un crimen. Y como crimen que es posee una serie de pistas, de marcas, de índices sobre el culpable o responsable del delito. Por lo mismo, es el detective el que puede ir formulando hipótesis a partir de lo que va encontrando; allí una colilla, más allá un pañuelo, en ese otro lugar un vaso con un poco de licor. O siguiendo con la analogía: allí un verbo en infinitivo, más allá tres veces la misma palabra, en ese otro sitio una mayúscula en negrilla. Leer es ir recorriendo o reconstruyendo la escena del crimen, la escena del sentido.

    Si el ejercicio de lectura ya no es inductivo –de lo particular a lo general, de la parte al todo–, ni es deductivo –de lo general a lo particular, del todo a la parte–, será, muy seguramente, una actividad de permanente abducción. Procediendo de un índice a otro, de una apuesta de sentido a otra, de una hipótesis a otro campo de posibilidad. Como quien dice, leer desde esta perspectiva es mantenerse en la cuerda floja del sentido; es avalar un sentido funambulario, en permanente divagar, en constante búsqueda. Por lo mismo, el texto no guarda un sentido único, mítico, “original”; tampoco es el lector el que tiene escondido –en un esquema– el sentido del texto. Más bien es desde la “reconstrucción” del crimen, desde las declaraciones de los distintos testigos, desde esas pistas, como se va desenredando el sentido. Quizá el sentido sea un momento o un estado en el cual –así sea momentáneamente– se logra evidenciar alguna relación o algún punto de convergencia. Quizá el sentido no sea sino la enorme variabilidad de los juegos de lenguaje.

    La conjetura se valida en su permanente búsqueda. No hay una “única verdad” de los textos; tampoco “cualquier verdad”. Lo que se va develando, es que la verdad de un texto responde a la manera como el lector organiza las distintas pistas, los distintos indicios subyacentes, las distintas “huellas”. Conjeturar es construir diversos posibles sentidos. Por supuesto, sin dejar ningún indicio “por fuera”, sin “inventarse otros inexistentes”, sin “inflar” algunas de las evidencias, sin “minimizar” ninguna señal. Conjeturar –en cuanto propuesta de lectura– es sopesar dos fuerzas, dos referentes igualmente complejos e importantes: el texto y el lector. Conjeturar es mantener una constante “vigilancia” sobre la relación de un sujeto con un objeto. Es, como piensa Paul Ricoeur, mantener a la par de una “voluntad de escucha”, también una “voluntad de sospecha”.

    Esto en cuanto a la lectura. Cabe ahora señalar algunas ideas sobre la enseñanza o el aprendizaje de la lectura y su relación con la educación. Empecemos afirmando que los distintos métodos de enseñanza contienen distintas opciones de vida y de cultura; las metodologías sobre o alrededor de la lectura corresponden a las diversas concepciones sobre la Escuela, sobre el Estado o sobre la Vida misma. Cuando se opta por uno u otro método lo que en el fondo hacemos es avalar un “orden de cosas”, una “genealogía”, una “moral” y un “proyecto del hombre”. Los métodos son como la evidencia de una decisión anterior, son como la parte explícita del pensamiento. Aunque parezca exagerado, cuando se enseña –o se aprende– a leer y escribir lo que estamos haciendo es permitir o cercenar el acceso del niño a un territorio humanizado. Es desarrollar ciertas “zonas” de nuestra cognición, ciertas estructuras de pensamiento. Mejor: si alguien nos enseña a leer –o con ese alguien aprendemos–, lo que hace es abrirnos o cerrarnos la relación con la Cultura.

    Pensándolo mejor, lo que se pone en juego cuando hablamos de lectura –y de escritura, para que el proceso sea completo– es el tipo de “programas” con el cual “trabajará” nuestro “computador”. Según esos programas básicos, así será su funcionamiento, así sus posibilidades de trabajo. La lectura y la escritura son actividades relacionadas con el pensamiento y, por ende, con el lenguaje; por lo mismo, aprender a leer es, en cierto sentido, aprender a pensar. Poblar a nuestra inteligencia o a nuestro ser de ciertas “estructuras” a partir de las cuales es posible elaborar o reelaborar el enorme entramado, el enorme texto de la Cultura. Si uno aprende a leer, si uno aprende bajo cierto punto de vista o cierta metodología de lectura, no sólo está aprendiendo a decir “mamá” o “iglesia”, lo que sucede, además, es que se empieza a desarrollar cierto tipo de juicio, cierto tipo de mentalidad. Y, también, deja por fuera otras opciones, otras posibilidades de “concepción del mundo y de la vida”. El tipo de lectura elegido marca o señala el tipo de pensamiento. Lo imposibilita o lo potencia.

(De mi libro Oficio de maestro, Javegraf, Bogotá, 2000, pp. 83-85)

Encuentros con la poesía (3)

19 domingo Ene 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Del diario, LECTURA

≈ 2 comentarios

Etiquetas

Entrevistas a escritoras, Fina García Marruz, Leer poesía

Ilustración de Jon Krause

Ilustración de Jon Krause

Afirmaba en un texto anterior que la lectura frecuente de poesía me ha ayudado a comprender dimensiones o aspectos de la condición humana. Quisiera en esta ocasión ahondar en las diversas maneras como la poesía, a través de sus versos, ha contribuido a mi percepción del ciclo vital o los avatares de la existencia.

Una vertiente de la lectura de poesía me ha mostrado ante todo la celebración de la vida, su gratuidad, su exquisito don; y también, que el estar enamorados, el apreciar la noche o el disfrutar con plenitud de algo amerita la canción, la exaltación, el elogio lleno de admiración o regocijo. Todo eso lo he leído y aprendido en los versos de los poetas. Nada ha quedado por fuera de esta exaltación y júbilo por la vida: la naturaleza, el cosmos, los seres humanos. La poesía, en esta vertiente, ha subrayado el milagro del universo, sus criaturas y su fascinante existencia. Creo que tal mirada celebrante hacia la vida, hacia lo vivo, me ha permitido mantener un temperamento animoso y lleno de esperanza. Optimista, si se prefiere. Pero no por candidez o falta de malicia, sino porque en los versos de los poetas he encontrado más motivos de agradecer que de culpar, más razones para deslumbrarme ante lo que perciben mis sentidos que justificaciones apáticas o desconsoladas. Para decirlo de manera categórica: la poesía me ha forjado un corazón entusiasta y jovial.

Claro está que a veces la poesía usa este cantar pero en tono elegíaco, de lamento. He leído y releído muchos poemas centrados en la pérdida, en la desaparición de algo hermoso o amado, en la fractura de un ideal, en la premonición del ocaso o el término definitivo. Los versos de los poetas, en esta segunda vertiente, claman a las alturas, imprecan a los hombres para recordarles que la pérdida de una vida, el desamor, el corroer del tiempo en las cosas, todo ello merece tenerse en cuenta. Que allí hay algo importante; que no es un asunto baladí o secundario. En este caso, la poesía me ha ido tallando una fortaleza interior para entender y asimilar lo deleznable de la ilusión, el paso efímero de nuestro trasegar vital, la inminencia del olvido… Pero sin resentimientos o amargura, más bien como parte del escenario vital, como las posibles peripecias de unos actores sometidos a las fuerzas del tiempo, el azar y las necesidades. En todo caso, la lectura de poesía ha tensado el arco de mi espíritu para buscar comprender antes que juzgar, para aceptar lo inevitable con cierto estoicismo parecido a la sabiduría. Puesto de otra forma, la lectura continua de poesía me ha hecho un tanto más filósofo o, al menos, ha dispuesto mi conciencia para el discernimiento.

Así sea como alabanza o lamento la lectura recurrente de poesía me ha ayudado a dignificar profundamente mi existencia y la de los demás. De igual modo, me ha mantenido alerta a la presencia de diferentes seres o a las manifestaciones del cosmos. Considero que habría otra ganancia derivada de las dos anteriores vertientes: aquella de subrayar el misterio o la complejidad de la existencia. La poesía ha contribuido a no dejarme perder el hábito de interrogarme, de formularme preguntas frente a los asuntos inherentes a la travesía de los hombres entre el nacimiento y su muerte. La lectura de poetas, de tantos poemas, ha hecho que la vida mantenga sus enigmas, su carácter insondable y su posibilidad de trascendencia. Es decir, el trato con los versos, ha mantenido intacta mi curiosidad y la capacidad de sorprenderme.

Detengámonos aquí y retomemos el objetivo de estas líneas. Transcribamos otro de mis poemas preferidos con el fin de ejemplificar lo que he venido exponiendo.

FINA GARCÏA MARRUZ: "Yo que hallé en lo escondido una extraña familia".

FINA GARCÍA MARRUZ: «Yo que hallé en lo escondido una extraña familia».

El sitio es ahora para otra nonagenaria, Fina García Marruz Badía. La única mujer del grupo Orígenes, regentado por el barroco José Lezama Lima. De esta poetisa y ensayista cubana, nacida en La Habana, en 1923, me son cercanos poemas como “Ama la superficie casta y triste”, “Cada oscura mañana”, “De cómo el tiempo respetó a un poema”, “El pintor”, “A nuestro Lezama”. Pero en esta ocasión deseo escoger el poema “No avanza la ola siempre: retrocede”, de su libro Visitaciones del año 1970.

NO AVANZA LA OLA SIEMPRE: RETROCEDE
 
No avanza la ola siempre: retrocede
para embestir de nuevo con más fuerza.
Siempre no sube el fuego. Oscilando
en su temblor alumbra, fiel, la vela.
 
Parpadear que es de fuego y de vigilia
del alma viva. Todo lo viviente
ha de avanzar así, con inseguro
paso que rompa la tiniebla espesa.
 
Gana perdiendo así, cree dudando,
su fuerza aumenta en la retrocedida
fatal que lo derriba por el suelo.
 
Porque nada se pierda: tú has querido
que el descender acrezca la subida,
perdamos como olas, como fuegos.
 
…
 

En una de las pocas entrevistas que ha dado Fina García Marruz, titulada “Me comunico mejor con el silencio”, comentó aspectos relacionados con la poesía y la época presente. Hago eco de algunas respuestas del diálogo sostenido con Miriam Elizalde y publicado en Cubadebate, en marzo de 2007: 

-¿Poeta o poetisa?

Fina García Marruz: Hay algunas escritoras a las que no les gusta la palabra “poetisa”, porque piensan que es más débil que poeta, que afortunadamente termina en “a”. Yo creo que son dos cosas completamente distintas. La poetisa a la que se le pudiera llamar “poeta” es alguien que crea un idioma y Gabriela Mistral creó uno. Sor Juana Inés de la Cruz, por la que siento una admiración enorme, con toda la riqueza de su sensibilidad y estilo, es más bien una poetisa, lo cual no es una debilidad. Sor Juana no es débil en lo absoluto. Un poema es un poema, no tiene adjetivos: tan grande es un poema suyo, como el de Gabriela. Lo que quiero distinguir es que como indica la palabra poiesis, la poesía como creación, es algo muy diferente. James Joyce es un creador de idioma, lo que no son otros excelentes novelistas. Eliseo Diego decía, con toda razón, que había que sacar a Gabriela de la Historia de la Literatura para incorporarla a la Historia de la Lengua.

―¿Usted se siente poeta o poetisa?

Fina García Marruz: Soy más bien una poetisa, si nos atenemos a este análisis.

(…)

―¿Qué es para usted lo más urgente hoy?

Fina García Marruz: Permíteme responder con dos profecías que hizo Martí para Nuestra América. La primera está en la frase “Ya se probó el odio, ahora se prueba el amor”. Me extrañó siempre esa frase, porque da por sentado que el amor ya está instalado en el presente. Pero es que el tiempo de su prosa –como en los profetas– es el del presente que será, porque, como tú sabes, el odio se probó y se sigue probando.  No ha quedado atrás. Tengo la impresión de que él alude aquí a su discurso fundacional, que conocemos como “Con todos y para el bien de todos”, donde dice que habrá que poner alrededor de la estrella, la fórmula del amor triunfante –con todos y para el bien de todos.  Ese amor triunfante no excluirá absolutamente a ningún país.  El habla de un presente un poco más lejano al tiempo que vivimos hoy en Nuestra América, donde vemos un indudable alborear. El habla para ese momento en que todos puedan vivir pacíficamente. Tiempo que llega.

―¿Cuál es la segunda profecía?

Fina García Marruz: Tiene que ver con la gran esperanza en el progreso de la Ciencia que caracterizó al Siglo XIX, que la ve solo como fuente del  Progreso y de libertad absoluta. Pero Martí escribe: “Riesgo de la ciencia sin el espíritu”, que vio simbolizado en el personaje Wagner del Fausto, de Goethe, lo que estaba ya en el Génesis, en lo del árbol de la Ciencia del Bien y del Mal, situado en el Paraíso frente al Árbol de la Vida.  Libertad no absoluta, sino con ese límite –señalado en el Libro de la Sabiduría salomónica–, que lo había puesto en los cuatro elementos para que no inundaran, arrasaran o hicieran arder la tierra. La idea no era nueva, y estaba ya en el libro de Job y en los griegos.  Pero cuando Martí señala esto, el tema estaba muy lejos de ser preocupación para los ecólogos de su tiempo. Hoy es el tema central del nuestro.

(…)

-¿Por qué le cuesta tanto trabajo dar entrevistas y  hablar de sí misma?

Fina García Marruz: Me siento en esos casos como una violinista a la que le piden un concierto de flauta. Yo me comunico mejor con el silencio, sin el que no se podrían dar la poesía, la música, ni el encuentro con uno mismo.

Encuentros con la poesía (2)

14 martes Ene 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Del diario, LECTURA

≈ 2 comentarios

Etiquetas

Enriqueta Ochoa, Leer poesía

Ilustración de Craig Frazier

Ilustración de Craig Frazier

Mi gusto por la lectura de poesía –y esto es algo que he ido validando con el tiempo– me ha dado una serie de beneficios que bien vale la pena detallar ahora. Espero que al hacerlo contagie a los lectores de las bondades de leer poesía o por lo menos despierte su curiosidad académica.

El primero de los beneficios es el de haberme familiarizado con un tipo de lenguaje, que en sí mismo es un ejemplo de concisión, precisión y voluntad estética. Y no hablo de entrar en relación con palabras bonitas o extrañas, sino de haber tenido la oportunidad de acceder a un abanico de posibilidades semánticas, de ampliar el repertorio de referencia para nombrar el complejo mundo y la diversa manera de ser y actuar de los seres humanos. La poesía me ha vuelto sensible a las variaciones de significado o a las sutilezas en la elección de un término. Desde luego, a esa familiaridad se ha unido cierta conciencia auditiva para descubrir el ritmo de cada una de las palabras y la melodía armoniosa que se produce al ponerlas en relación con otras. Tal conciencia auditiva del lenguaje es la que me ha vuelto más sensible o más alerta cuando escribo para evitar, en lo posible, las cacofonías o las redundancias innecesarias. De igual modo, esta conciencia del ritmo propio de las palabras me ha llevado a tener en cuenta al momento de escribir  –y no hablo de versos– el combinar o entrelazar períodos largos con otros más cortos con el fin de mantener atento al lector o guiar sus ojos a partir de la seducción del oído. La poesía, en este caso, ha ampliado mi capital lingüístico a la par que me ha desarrollado una sensibilidad por la materialidad de las palabras, por su fisonomía, su peso y sus potencialidades rítmicas.

Un segundo beneficio del asiduo trato con la poesía ha sido el de desarrollar en mí cierta fineza en la percepción, cierta sutileza en el modo de ver y percibir el mundo y las personas. Considero que la poesía es otra cartilla a partir de la cual uno aprende a deletrear el universo en una clave no inmediata o funcional. Más bien lo que la poesía hace es dotarnos de un mirador en el que la contemplación, la meditación, el ensimismamiento son lo fundamental. Es como estar dotados para ver el envés de las cosas, para avizorar lo que nadie aprecia o para despertar a las conciencias cómodas o despreocupadas. La poesía ha aumentado mis sentidos, los ha exacerbado o puesto en actitud de acecho. En este sentido, ni lo que me pasa o le pasa a los demás, me es del todo indiferente. La poesía me ha vuelto sensible a asuntos que para la mayoría resultan anodinos o que no logran despertar el interés de la sociedad de consumo o de los medios masivos de comunicación. Eso también lo he ratificado a diario. De cara a la banalización del vivir, de la insensibilidad social o la  ceguera para el universo, la poesía opone sus llamados de alerta, sus rememoraciones, sus ojos de luz para mirar lo que parece ya visto. Y como siempre sucede con esto de los atributos, dicha sensibilidad me ha producido momentos y situaciones de regocijo al igual que determinadas angustias o aflicciones de hondo calado íntimo. Pero lo importante de esta segunda bondad de la poesía es el haber dotado a mis sentidos y a mi entendimiento de curiosidad, de asombro ante lo que a diario vivo, y de suspicacia e intuición sobre aquello que apenas entreveo o imagino.       

Agregaría otro beneficio. La lectura de poesía me ha ayudado enormemente a entender problemas, hechos o peripecias de la condición humana. Por ella, por sus versos, me ha sido más fácil comprender qué es eso del amor, la soledad, la muerte o el misterio. Pienso que la poesía se asemeja mucho a un oráculo al cual le formulamos nuestras dudas existenciales más acuciantes o los dilemas vertebrales de nuestro espíritu, y al leer esos versos cada quien trata de encontrar las claves que necesita para comprender algo pasado o vislumbra opciones de un evento futuro. Al menos en mi caso, he tenido a la poesía como mentora de aquellos interrogantes que han sacudido mi pensamiento o han puesto mis pasiones en la cuerda floja de una decisión. La poesía me ha servido de carta de navegación o se ha abierto como un cielo nocturno para guiarme con el titilar de algunas estrellas. Y como todo oráculo, la poesía lo ha hecho con un lenguaje cifrado, metafórico, analógico. Un lenguaje que está repleto de poros, de intersticios, para que cada quien interprete los mensajes según su necesidad o su urgencia vital. Esa forma de aconsejar sugiriendo, de enseñanza indirecta, de ambigüedad que invita al discernimiento es otro de los beneficios que me ha prodigado la lectura frecuente de poesía.

Hagamos un alto y dejemos que sea la voz de la poesía la que muestre sus propias virtudes. Como dije en un escrito anterior, el objetivo principal de transcribir estos poemas –de una fuerte resonancia en mi vida– es la de participar o comunicar a los lectores una pasión que, como lo he expuesto, puede traer con los años excelentes beneficios. 

Enriqueta Ochoa

Enriqueta Ochoa: «Todo hombre está hecho de puertas y ventanas…»

Retomemos esta vez a Enriqueta Ochoa, la poeta mexicana nacida en 1928 y fallecida en el 2008. De su obra tengo una preferencia por poemas como “Retorno de Electra”, “Avispero”, “Hay días”, “Se distraía el viento”… Pero he seleccionado un poema de su libro Los himnos del ciego (1968): “El hombre”. Enriqueta Ochoa: “Yo quiero decir lo más entrañablemente mío, que en todos los casos es de los demás”.

EL HOMBRE
 
                                   Para Wenceslao Rodríguez
 
 
¿Qué ha visto el hombre?
Nada.
Ciego y desnudo llegó,
desnudo y ciego se irá
del polvo al polvo.
Un gesto de ternura podría salvar al mundo,
pero el hombre jamás bajó los ojos
a ese pozo de luz.
 
―Llorarás, le dijeron,
mas no es fácil llorar.
Llorar es desprenderse,
irse en ríos de uno,
y el hombre sólo sabe
devorar y perderse.
 
No conoce más muros
que los que cercan su ciudad en sombras
y hasta allí ha bajado a envejecer,
a morir en sí mismo,
a sepultarse testarudo,
mientras la soledad circula por su cuerpo
como el viento por una casa en ruinas.
Yo insisto,
un gesto de ternura podría… De pronto,
me irrito, tiemblo, río, me quebranto.
Yo soy el hombre.

 

Encuentros con la poesía (1)

09 jueves Ene 2014

Posted by fernandovasquezrodriguez in Del diario, LECTURA

≈ 2 comentarios

Etiquetas

Dolores Castro Varela, Entrevistas a escritoras, Leer poesía

Ilustración de Mirko Ilić

Ilustración de Mirko Ilić

De lo que más he leído o me gusta leer asiduamente es poesía. Lo hago no sólo por el afecto particular hacia esta manera de expresión, sino por una especie de tranquilidad o exploración íntima que hallo al entrar en contacto con estos pequeños textos. Todos los días, así sea en pequeños encuentros, me ensimismo en esas líneas que abren sus ventanas como si fueran atalayas a la existencia humana, el mundo o el universo.

De ese encuentro con poemas y poetas dan testimonio diversos registros en mis diarios y una amplia biblioteca que ha ido creciendo con el pasar de los años. Hubo una época en que siempre, al comienzo o al final, incluía en las diversas entradas de mi diario la selección de un poema que había descubierto o que consideraba destacable. Este poema hacía las veces de detonante para algún tipo de reflexión o sencillamente servía de amuleto para mis búsquedas literarias. O, en algunas ocasiones, era en sí mismo un homenaje a esos otros poetas que de tanto releerlos ya hacían parte de mi propia sangre.

En el caso de los libros de poesía ellos fueron sumándose por afinidad de autor o por filiación temática. Creo que ese ha sido el camino de bibliotecas semejantes. Primero, uno se apasiona por un libro de poemas y, en esa medida, anhela adquirir o leer otras obras del mismo poeta. Si el gusto continúa, lo más seguro es que consiga la mayoría de ellos y esté pendiente de un próximo texto, si es que el autor aún vive. Pero puede suceder que el atesorar estos libros no nazca de la fascinación por un poeta sino del interés por un motivo o tema en especial. En mi caso, el mirador de la poesía erótica ha sido una de esas inquietudes que ha permanecido vigente durante muchos años de mi vida. Así que la biblioteca guarda varias antologías sobre este motivo. Pero también mi biblioteca se ha expandido porque en la medida en que uno se focaliza en un género descubre el valor de determinadas editoriales especializadas en el asunto. En consecuencia, poco o poco, he ido abriendo un espacio a colecciones de poesía, valga decir la colección Visor, o las hermosas ediciones bilingües Hiperión de Madrid o las de la Librería Fausto de Buenos Aires.   

Lo que vengo diciendo sirve de escenario para lanzarme a compartir con los lectores de este blog mi gusto por ciertos poemas, seleccionados a la manera de preseas literarias o testimonios-joya de una pasión cultivada durante varias décadas. Confío que el agrado personal provocado por estos versos sea trasladable a otros espíritus  afines, o al menos que logre despertar en personas no habituadas a la poesía su curiosidad o una incipiente aproximación a los espacios líricos.

Dolores Castro Varela. Fotografía de Pascual Borzelli.

Dolores Castro Varela. Fotografía de Pascual Borzelli.

En esta primera entrega me concentraré en Dolores Castro, una nonagenaria mexicana autora, entre otros, de libros de poemas como “Cantares de vela”, “Soles”, “¿Qué es lo vivido?”, “Las palabras”, “Fluir”, “Tornasol”… De Dolores Castro cautivan mi atención varios poemas: “Cómo arden, arden”, “Fugas”, “Fluir”, “Nosotros”, “Nostalgias”, “A veces”, pero he elegido “Laberinto”, un poema que bien puede simbolizar la sensibilidad de esta contemplativa buscadora de palabras esenciales nacida en Aguascalientes, en 1923.

 Laberinto
 
Encontré la vereda, el atajo, la brecha,
el camino más corto para caminar.
 
Me lancé por el plano
y después por la cuesta, hacia abajo,
con pisada suave,
como en sueños,
con cautela de gato
y ojos abiertos a la oscuridad.
 
Palpé, toqué, dejé
no sé cómo
pasajes desiertos, arboladas regiones,
hábitos y costumbres
de permanecer.
 
Mucho ha llovido desde entonces.
 
El invisible hilo
que había de sacarme de este laberinto
llevo en la mano,
pero aquí entre relámpagos y truenos,
encandilada,
sigo el perfume del hueledenoche,
de la madreselva,
el lejano aroma del jazmín,
y ya no sé si querer o no querer
salir.

 

Creo conveniente, además, transcribir apartes de la entrevista titulada “Dolores Castro: mujer con mayúscula” hecha por Adriana del Moral Espinosa, y publicada en el portal del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura.

(…) 

—En todo el proceso de tener hijos y cuidarlos pequeñitos, siguió escribiendo, ¿verdad?

— Seguí escribiendo, con mayor razón, porque las mujeres podemos sentirnos a veces como más próximas a ser animales que seres racionales cuando están todos los niños chiquitos. O bien a sentirnos cosas, porque el arreglo de la casa, la limpieza y todo eso también esclaviza. Pero si uno tiene la literatura, y sobre todo la poesía…La poesía es la que me ha sacado adelante siempre, porque es mucho más ordenada que la vida. Si tú tienes la poesía como auxiliar el amor no se acaba. El amor a la vida, a la naturaleza, a la gente; porque la vas viendo con mayor profundidad; con mayor profundidad vas aquilatando todo.

— ¿Qué tiene dentro un poeta?

— Tiene una gran necesidad de entender el mundo, porque tiene un gran amor a la vida. Es como resolver un rompecabezas, porque uno llega a la vida sabiendo que va a morir, y que en este corto lapso tiene que descubrir para qué vino, quién es, de dónde viene, hacia dónde va. La mayor parte de estas respuestas, a mis ochenta y dos años, no las he encontrado. Pero sí he tratado de ver con la mirada más profunda, lo que ocurre, lo que cambia, lo que queda. Dentro de mí hay una necesidad todavía de seguir averiguando qué pasa. Además tengo alegría de vivir, necesidad de conocer más. Ya que sólo una vez estamos en la vida, hay que aprovecharla.

— ¿La poesía es entonces una actitud ante la vida, aunque uno no escriba?

— ¡Claro que es una actitud ante la vida!, y desde que abres los ojos. Mi mamá le escribió una carta a mi papá porque él no estaba cuando yo nací en Aguascalientes, y mi papá estaba viajando porque era agente del Ministerio Público. En la carta le decía mi mamá: “Ya tienes una nueva hija. Es morena, pero tiene los ojos muy vivos.” No los tuve grandes, pero vivos sí.

—El papel que para usted tiene la poesía, ¿ha cambiado a lo largo de todos estos años dedicados a escribir poemas?

— Yo creo que ha cambiado, pero nunca ha dejado de ser un interés profundísimo. Ha cambiado porque cada vez tengo más necesidad de comunicar y comunicar bien. Comunicar con un trabajo constante para que la palabra sea transparente.

— ¿Escribe cada vez más?

— Sí, escribo cada vez más, no sé si cada vez mejor.

—Usted ha impartido muchos talleres para jóvenes, ¿piensa que ha cambiado la forma en que los muchachos de ahora se acercan ahora a la poesía?

— Lo que veo es que hay una multitud de muchachos que se acercan a la poesía, porque ese caos en el que vivimos invita a tratar de resolverse. Pero a veces muchos muchachos se acercan a la poesía en una forma que no es la mejor, que es el desahogo. Y los que se acercan en esta forma generalmente es porque no leen suficiente; porque para poder escribir poesía se necesita también leerla. Uno va construyéndose como poeta y como persona con una tradición que le respalda. Y si uno conoce esa tradición a través de la lectura, puede situarse en el ayer, en el antier, o en el antes de antier.

Del ensayo, su historia y sus características

14 jueves Nov 2013

Posted by fernandovasquezrodriguez in APRENDER A ESCRIBIR, Conferencias, LECTURA

≈ 8 comentarios

A propósito del Curso “Modos de leer” organizado por Santillana quisiera compartir esta charla sobre el ensayo, ofrecida en la ciudad de Cali. Las ideas aquí expuestas pueden servir de referencia didáctica a los educadores cuando aborden esta modalidad de texto argumentativo, y también utilizarse como guía por aquellos estudiantes que enfrenten la tarea de elaborar un ensayo. Valga la ocasión para resaltar el ímpetu de los maestros y maestras asistentes a estos cursos y su inquebrantable voluntad por seguir aprendiendo con el fin de cualificar su práctica docente.

← Entradas anteriores
Entradas recientes →

Entradas recientes

  • Las caídas de Altazor de Vicente Huidobro
  • Simplismo de lo político en las campañas presidenciales
  • Los poetas premios Nobel hablan de su oficio
  • Un libro sobre la urgencia y relevancia de la escucha
  • La visita de la señora Soledad

Categorías

  • Aforismos
  • Alegorías
  • Apólogos
  • APRENDER A ESCRIBIR
  • Cartas
  • Comentarios
  • Conferencias
  • Crónicas
  • Cuentos
  • Del diario
  • Diálogos
  • Ensayos
  • Entrevistas
  • Fábulas
  • Homenajes
  • INVESTIGACIÓN
  • LECTURA
  • Libretos
  • Libros
  • Novelas
  • OFICIO DOCENTE
  • Pasatiempos
  • Poemas
  • Reseñas
  • Semiótica
  • Soliloquios

Archivos

  • 2026
  • 2025
  • 2024
  • 2023
  • 2022
  • 2021
  • 2020
  • 2019
  • 2018
  • 2017
  • 2016
  • 2015
  • 2014
  • 2013
  • 2012

Enlaces

  • "Citizen semiotic: aproximaciones a una poética del espacio"
  • "Navegar en el río con saber de marinero"
  • "El significado preciso"
  • "Didáctica del ensayo"
  • "Tensiones en el cuidado de la palabra"
  • "La escritura y su utilidad en la docencia"
  • "Avatares. Analogías en búsqueda de la comprensión del ser maestro"
  • ADQUIRIR MIS LIBROS
  • "!El lobo!, !viene el lobo!: alcances de la narrativa en la educación"
  • "Elementos para una lectura del libro álbum"
  • "La didáctica de la oralidad"
  • "El oficio de escribir visto desde adentro"
  • “De lectores, leedores y otras consideraciones sobre las prácticas de lectura en la educación superior”
  • "El libreto de radio: una artesanía recuperable"
  • "Las premisas de Frankenstein: 30 fragmentos para entender la posmodernidad"
  • "La semiótica: una ciencia explicativa para comprender los signos de la cultura"
  • "La semiosis-hermenéutica una propuesta de crítica literaria".
  • "Entre líneas: la mirada del escritor"

Suscríbete al blog por correo electrónico

Introduce tu correo electrónico para suscribirte a este blog y recibir avisos de nuevas entradas.

Únete a otros 1.005 suscriptores

 

Cargando comentarios...