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Fernando Vásquez Rodríguez

~ Escribir y pensar

Fernando Vásquez Rodríguez

Publicaciones de la categoría: APRENDER A ESCRIBIR

Obstáculos al escribir una etopeya

18 jueves Ago 2016

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in APRENDER A ESCRIBIR, Ensayos

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Autorretrato de la fotógrafa húngara Flora Borsi

Autorretrato de la fotógrafa húngara Flora Borsi.

Cuando nos animamos a escribir un autorretrato, especialmente si es de nuestro temperamento o nuestra interioridad, no resulta del todo fácil lograr una fiel representación. Bien sea porque dejamos de lado determinados rasgos negativos o muy íntimos o porque “inflamos” o sobredimensionamos ciertas virtudes que, aunque nos son propias, no resultan las más notorias de nuestra personalidad. De allí resulta el obstáculo principal al redactar una etopeya.

De otra parte, tenemos que enfrentarnos con los espejismos del autoengaño. En muchas ocasiones, de tanto mentirnos lo que no somos, terminamos creyéndonos unas características absolutamente falsas. Tal mentira se multiplica si lo que mueve a nuestro espíritu es aparentar o responder como sea al demonio de las mil cabezas del parecer de la gente o la sociedad. Así que, cuando elaboramos un retrato moral, necesitamos sanos ejercicios de discernimiento, autoanálisis sinceros y una valentía de nuestro espíritu para enfrentar con realismo una debilidad, un vicio, un defecto, o una particularidad que bien puede no ser de buen recibo por nuestros semejantes. Sin esa entereza o esa apuesta por la sinceridad lo más seguro es que realicemos una especie de máscara idealizada, muy alejada del parecido con nuestro genuino rostro.

También se convierte en un obstáculo para realizar una etopeya el buscar a como dé lugar un reconocimiento u obtener de las personas extrañas un elogio o por lo menos alguna distinción. Nos cuesta enormemente sabernos seres comunes y corrientes. Anhelamos, así sea en nuestra imaginación, alcanzar ciertos honores, la fama o el poder, lograr un prestigio, ser ensalzados o contar con miles de seguidores. Por todas esas cosas, terminamos en la inautenticidad o construyendo con endebles y vistosas mamposterías una identidad agrietada y por lo general hermosa tan sólo en la fachada. Entonces, si queremos que la etopeya que redactemos sea verídica y honesta, nos corresponde deshacer los escenarios de la vanagloria y asumir con humildad nuestra frágil y común condición humana.

Por lo demás, de igual modo será difícil hallar los términos que mejor describan lo que somos. Porque puede haber una infinidad de adjetivos o epítetos en el diccionario, pero seleccionar el más adecuado para delinear las aristas de nuestro carácter o el sustantivo que con precisión fije una forma de comportarnos, eso demanda una búsqueda adicional. Volver al diccionario para apreciar los matices de un término o para descubrir una palabra con la cual podemos atrapar una dimensión afectiva o sentimental que nos gobierna, se convierte en una labor permanente. Describir el micromundo de nuestra alma es un esfuerzo para elegir las palabras más acordes a esa dimensión oculta. Más que usar vocablos generalistas, tan proclives al equívoco, se trata de encontrar un vocabulario personal, un campo semántico que nos identifique y con el cual podemos nominar de manera concreta nuestras señales de singularidad.

A pesar de todos estos obstáculos mis estudiantes de la maestría en Docencia de Yopal aceptaron el reto de escribir sus etopeyas. Transcribo acá un ramillete de las más logradas, o de aquellas que por su redacción son un buen ejemplo de esta modalidad de texto descriptivo.

La primera de ellas es de David Andrés Forero Zapata:

“¡Qué tarea tan complicada! Convivo conmigo y me he sentido extraño observando a un ‘yo’ que pocas veces sale. Es un decir, sale todos los días pero no lo reconozco, no lo observo detenidamente, pero hoy me toca. Como todos, tengo un nombre aunque me identifican otras cosas. Soñador siempre he sido, algo fantasioso y dúctil. Sonrío cuando me toca, cuando lo siento y cuando algo duele porque la función debe continuar. Fui el payaso triste, el Garrick que reía llorando. Las lágrimas también me han acompañado estas décadas, unas tristes y otras de felicidad, eso es normal y más si se cree ser ‘artista’. La lúdica es transversal en mi vida, para aprender y enseñar, para vivir y, por qué no, para ayudar a vivir. Debo decir que lucho con ahínco por las cosas que quiero, aunque no siempre fue así. Dicen que soy de mal genio pero es una máscara necesaria para el cariñoso oficio de interactuar con pequeños. También dicen que soy chistoso y esa no es una máscara; no hago reír a grandes, no soy gracioso para ellos pero para los pequeños sí. Mi norte es Dios, lo aprendí de mis abuelos y lo consolidé al lado de mi esposa, a Él debo todo y se lo agradezco y quiero que siga siendo el director de esta obra de teatro que lleva escritos 37 actos. Solo espero que al caer el telón y yo bajé del escenario, Él me reciba”.

La segunda etopeya es de Harry Rentería Rodríguez:

“Muchas veces me he preguntado si la forma en que me miro corresponde a la percepción que tienen otras personas de mí, esto debido a las ideas equívocas e imprecisas que tenemos sobre nosotros mismos. Inicio por decir que me considero una persona muy introvertida, demasiado para los demás diría yo, de pocas palabras, pero que percibe y analiza todo lo que ocurre a su alrededor. En cuanto a mi ser interior soy alguien que actúa de acuerdo a los principios y normas de comportamiento establecidos dentro de la sociedad, siendo tolerante, respetuoso y solidario con nuestros semejantes, a pesar que el mal genio y la desidia en determinados momentos me traicionen. Del mismo modo me avisto como un soñador, un vendedor de ilusiones y un promotor de proyectos de vida; con un sentido de pertenencia y compromiso con mi labor de maestro y mi responsabilidad como padre. Dentro de las percepciones que tienen los demás sobre mi forma de ser, algunos han llegado a describirme como un ser distante, frío y poco comunicativo, que a mi modo de ver son características muy alejadas de lo que debe ser un buen maestro, lo que me genera un gran compromiso conmigo mismo de vencer esos obstáculos que impiden que pueda desarrollarme aún más como persona y profesional que soy”.

El tercer autorretrato interior es de Ferney Fernández Tangarife:

“Sus amigos lo definen como alguien en quien pueden confiar, decidido y terco, una persona que guarda la compostura e intenta, por cualquier medio, crear simpatía. Diestro con las palabras, servicial cuando se requiere y que no sabe callar, a tal punto que parece necesitar (urgir diría Hugo) muchos filtros sociales. Su familia reconoce su bondad; buen hijo dicen sus padres; una persona que siempre está ahí anotan sus hermanos, poco social y buen lector agregan. Su esposa Ana, su gran amor, puede ver en sus distante cortesías, todo el afecto, pasión y apego que ella le inspira, de no ser así, de no tener la clarividencia que le da la seguridad de sentirse amada y totalmente correspondida, seguramente no lo amaría de la manera que lo hace. Sus hijas Sarah y Luisa reconocen en él una figura paterna fuerte, algo distante en las demostraciones de cariño, pero sin duda un hombre, en palabras de Sarah, ‘serio y bonito’. Él, Ferney, no siempre se reconoce como alguien en quien confiar, ha fallado a veces por acción y otras por omisión, pero jamás por malicia deliberada. Decidido sí. Sus mayores debilidades, según él son: por una parte la incapacidad de reconocer sus errores, a tal grado, que prefiere seguir errado a conceder la razón y por otro lado, omitir las necesidades de su pareja, lo que es un desventaja emocional y motivo de discusión constante”.

El cuarto ejemplo corresponde al texto de Martha Cecilia Parada Vargas:

“Soy una casanareña que sonríe a la vida. Ella me ha brindado cosas bellas, una hermosa familia y una tierra grata. He tenido la oportunidad de orientar a otros en este hermoso planeta que Dios nos ha regalado. Amo el baile llanero, la música romántica y la vida sin demasiados sobresaltos. Soy leal, responsable, tolerante y perseverante; gracias a ello he logrado gran parte de las metas propuestas; pero además, gracias a mi solidaridad y capacidad de servicio he logrado ayudar a otros, brindar mi ayuda a quienes acuden a mí por algo que les inquieta o les causa dolor, pues eso de compartir, de ayudar, me fascina. La alegría y el buen humor son mis compañeros en este trasegar por el mundo. Hemos venido para ser felices y alegrar la vida a los que nos rodean. Soy extrovertida y sincera; pero no tolero la hipocresía ni el arribismo ni la inmoralidad. Respeto las normas y trato de hacerlas cumplir; quizá ese comportamiento no sea el más acertado pero esa es mi naturaleza. Algunos dicen que es una ventaja otros que me juzgan por ser así, pues por ser demasiado directa podría herir susceptibilidades; no obstante; acepto que me digan la verdad aunque me duela. Espero cumplir la tarea que Dios me ha encomendado al enviarme a este mundo y aportar un granito de arena para que éste sea mejor”.  

Y el quinto ejercicio descriptivo es de Yenci Durán Olivos:

“Qué puedo decir de mí, muchas cosas… empezaré diciendo una característica que es muy notoria en mi carácter, y es mi temperamento, soy una persona tranquila, aunque en ciertas ocasiones como en labores domésticas suelo perder la paciencia. Mi mayor virtud es la fe y confianza en Dios y segundo la honestidad y la justicia, eso lo aprendí de mi padre. Soy muy llorona, en especial en momentos de mucha emotividad. Me gusta el orden y mis actividades cotidianas, a veces planeo hasta el oficio que voy a hacer en la casa en un día cualquiera, tengo en mi nevera una lista de los menús que voy a preparar cada día. Me encanta soñar, sé que esa es la cuota inicial de que mis sueños sean una realidad. Me gustan los niños y por esa razón disfruto pasar tiempo con mis hijos, considero que soy una buena mamá y los extraño mucho cuando están lejos de mí. Mi familia considera que soy tierna y creo que los demás piensan eso de mí, aunque a veces yo veo esa característica como una debilidad con mis estudiantes. Me gusta aprender cosas nuevas por eso no será difícil estudiar. Por otro lado, mi mayor debilidad son mis miedos, sobre todo cuando me enfrento a una experiencia por primera vez. Me preocupa lo que los demás piensan de mí. Soy un poco orgullosa, cantaletosa, dormilona y mi esposo dice que manipuladora”.

Debilidades al empezar a escribir un ensayo

10 miércoles Ago 2016

Posted by Fernando Vásquez Rodríguez in APRENDER A ESCRIBIR, Ensayos

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Cohorte Yopal II 2016 MEN

Cohorte «Becas para la excelencia», Yopal, segundo ciclo 2016.

Una nueva cohorte de estudiantes de la Maestría en Docencia-Extensión El Yopal ha comenzado sus estudios de posgrado. Son un grupo de beneficiarios del programa “Becas para la excelencia” del Ministerio de educación Nacional. La mayoría son profesores de colegios del municipio de Yopal y, unos pocos, tutores del programa “Todos a aprender”. Este grupo de maestrantes empiezan la aventura académica de dos años y, como siempre sucede al inicio del programa, muestran serias debilidades en la escritura.

Un buen número de ellos, a partir de una encuesta realizada al inicio de labores, manifestó, entre otros, los siguientes escollos: “dificultades para organizar las ideas”, “no saber utilizar correctamente la puntuación”, “no encontrar las palabras precisas y la manera de relacionar lo que están pensando con lo que quieren expresar”, “no usar los conectores precisos para dar coherencia y cohesión a un texto”, “la escasez en el vocabulario”, “no saber poner por escrito las ideas de forma bella y elegante”, “la débil construcción de párrafos coherentes”, “no tener las ideas claras”, “no poseer la disciplina que se requiere para ser un buen escritor”.

Y en relación con el tipo de textos que se les dificulta más escribir, los neomaestrantes coincidieron en que son los argumentativos los que mayor brega les generan. Entre las razones expresadas afirmaron que “no usan estos textos con frecuencia”, “no saben cómo contrastar las ideas basándose y tomando concepciones de otros”, “no conocen cómo defender un criterio, tal vez por falta de conocimiento de autores o de lectura”. También adujeron que dicha limitación se puede deber “al desconocimiento del tema”, o a que “se requiere de una postura crítica y de organizar adecuadamente los párrafos para no perder el sentido del mismo”.

Precisamente, y con el fin de superar estas falencias en los textos argumentativos, les he propuesto a los estudiantes escribir un microensayo. La primera parte de este ejercicio consiste en redactar un párrafo en el que esté de manera explícita la tesis. El tema elegido es el mismo del macroproyecto de investigación: la comprensión lectora.

Dado que esta entrada del blog sirve de detonante para empezar la tarea, deseo ofrecerles a los neomaestrantes de Yopal, además de las sugerencias contenidas en mi libro Pregúntele al ensayista, algunas pistas adicionales sobre cómo presentar la tesis en un ensayo. Primera: Piense bien el tema. No se lance a redactar lo primero que se le ocurra. Investigue. Lea. Consulte. Recuerde que la tesis debe ser medianamente novedosa. Segunda: La tesis no puede ser tan extensa. Debe ser puntual. No la explique, ya tendrá tiempo de argumentarla en los párrafos siguientes. No se alargue demasiado si no quiere perder la contundencia de su tesis. Tercera: La tesis es la promesa que el ensayista hace al lector. Es una especie de apuesta intelectual a la que luego deberá dar soporte y aval suficientes. En cuanto promesa, hay que dimensionar el alcance de la misma. No prometa cosas que luego no podrá cumplir. Cuarta: La tesis debe ser interesante. Busque que ese pequeño párrafo cautive a un posible lector. El interés puede provenir de un asedio al tema poco explorado; de una relación inadvertida o de una postura crítica a lo dado por hecho. Si no hay ese esmero por hacer atractiva o sugestiva la tesis el hechizo de atrapar la atención del lector se perderá desde el inicio. Quinta: No confunda la tesis con un derroche de emociones o una declaración de corte testimonial. Tenga en mente que está empezando a escribir un texto argumentativo y, en consecuencia, deberá apelar más a razones que a sentimientos. La tesis es una afirmación que usted tendrá que defender lógicamente, así como los abogados o los filósofos. En este sentido, la tesis exigirá un esfuerzo de su inteligencia, un ejercicio del pensar con lucidez y una paciente labor de sopesar y tejer juicios.

Confío en que esta gama de sugerencias sirva de aliciente complementario para la redacción del primer párrafo del microensayo. Por lo demás, y este es un consejo que nunca sobra hacer a los que empiezan un programa de posgrado, hay que mantener en alto la persistencia, la constancia y la voluntad de querer aprender a escribir. Así que, si hay que repetir varias veces un párrafo, habrá que hacerlo, dejando de lado la desmotivación y el engreimiento. Sólo de esta forma se puede avanzar y mejorar, poco a poco, en las especificidades y técnicas del oficio de escribir.

Lidiar con el ensayo

09 jueves Jun 2016

Posted by fernandovasquezrodriguez in APRENDER A ESCRIBIR, Ensayos

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Pancho_Flores_LibroMurrieta-movil

Pintura del mexicano Pancho Flores.

Para ensayar primero hay que retomar temas sencillos, temas-becerradas, para luego lidiar a novillos y así poder enfrentarse a toros miuras de mayor peso y más peligro. Para hacer un buen ensayo «hay que haber tomado la alternativa».

Advirtamos, de una vez, que la valentía del ensayista estriba en no lanzarse a la loca, es decir, escribir lo primero que se le venga a la cabeza; no se trata de mero «arrojo». Hay que sumarle a ese impulso el «conocimiento», la verdadera valentía.

De la misma forma, hay que hacer pruebas preliminares: llevar el tema al «tentadero»: qué sabemos de él, qué tan solventes estamos, qué dificultad entraña, con qué fuentes nos movemos. Esos «tientos»,  son la investigación previa del ensayista torero. Parafraseando lo que decía Paquirri, «hay que enseñarle al tema a embestir como tesis». Los temas en sí mismos no son tesis. El buen ensayista es aquel que le enseña al tema a comportarse como tesis.

Después tiene que «cambiar la seda por el percal». Cambiar el capote de paso o lujo por el de brega. Este cambio me parece clave: pasamos de la información previa, del desfile por autores, citas y otras fuentes de consulta, a la lucha directa con el tema, al enfrentamiento directo con el toro.

Y así como en una corrida todo gira alrededor del toro, así en un ensayo, todo debe gravitar alrededor de la tesis. La tesis es la fiesta del ensayo. Si no hay toro no hay lidia, dicen los sabidos en tauromaquia; sin tesis no hay ensayo, decimos los que andamos en la lidia del ensayo.

El ensayista, al igual que el torero, debe poseer temple: no lanzarse en los primeros párrafos a decirlo todo y quedarse sin nada para el resto de la lidia. Y del mismo modo que hay temas que lo obligan a aumentar su velocidad; otros, lo instan a dosificarles la fuerza de su embestida.

Los párrafos iniciales se emplean para «fijar» o sujetar el tema. Es la brega del ensayista para que el tema responda a su propósito. Lo mejor, en estos casos, es entrar pronto a la tesis, no demorarse. Los temas que se «tardan» anuncian ensayos de baja calidad; hay que lograr que el tema se «humille» cuanto antes, que no levante el hocico de la arena, que meta el morro dentro del propósito o la tesis. También es recomendable terminar esos primeros párrafos con alguna media verónica, para que obedezca a la intención del ensayista.

Los temas para convertirse en tesis deben tener «fijeza»; es decir que presenten desde el inicio un viaje fijo sin distracciones o digresiones. No hay que hablar de todo y de nada. No hay que «desparramarse». Hay que templar el tema, sin que llegue a «inclinarse» por cualquier lado. No hay que dejar que el tema «salga suelto»; muy por el contrario, el buen ensayista hace que el tema se «aquerencie» en el centro del ruedo y acuda a cualquier cite. Además, no hay que permitir que el tema se nos «raje» desde el inicio, que no se nos vaya a las tablas o a los chiqueros. Hay que lograr que el tema no tenga «querencias» muy marcadas por las tablas, que podamos abrirlo hacia el centro de la plaza.

Semejante a los pases ayudados, dígase lo que se diga, la lidia en el ensayo consiste en no mover la tesis. Algo así como torear con suertes de «estatuario»: es decir, mantenerla con los pies juntos mientras se dan o se presentan los diversos pases argumentales.

Otra cosa: así como existen toros burriciegos: que ven de lejos pero no de cerca, de igual modo hay ideas «burriciegas» que parecen muy buenas de lejos, pero al empezar a capotearlas descubrimos que son inútiles o más difíciles de manejar de lo que pensábamos. Las ideas hay que torearlas con pases naturales: ni tan cortas, que parezcan telegráficas, ni tan largas que no se sepa a dónde llevan o cuál es su cometido.

Preferiblemente, en el último párrafo no se debe usar el descabello, no meter una frase y otra, como si no fuera suficiente la estocada o idea final que nos interesa dejar en la mente de nuestros lectores. El último párrafo  no debe necesitar de ningún verduguillo, ni mucho menos echar mano de la puntilla.

Concluido el ensayo, terminada la corrida, son los lectores quienes dictaminarán la calidad de nuestra lidia ensayística. De ellos dependerá, si sacan los suficientes pañuelos blancos, que pidan a la presidencia de la plaza las orejas, o tengamos la suerte –con su relectura– de premiarnos con la vuelta al ruedo. Y si nuestro ensayo gusta tanto, a lo mejor, será recomendado a otros y así, de alguna manera, podremos en verdad ser sacados en hombros por la puerta grande. Desde luego, el mismo público, puede gritarnos o silbar nuestra lidia, bien sea abandonando la lectura de nuestro ensayo o condenándonos al más absoluto silencio. La lidia del ensayista puede terminar en las palmas, los pitos o el silencio despectivo. Es la buena faena de escritura la que provocará en los lectores el disgusto, la censura, el abucheo, las ovaciones o las palmas.

Sobre la analogía

24 martes May 2016

Posted by fernandovasquezrodriguez in Aforismos, APRENDER A ESCRIBIR

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industriepalast

“El hombre como palacio industrial” de Fritz Kahn.

La analogía es una forma de pensar incluyente: percibe semejanzas donde todos ven diferencias.

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Es de lo más conocido de donde podemos aprender lo desconocido. La analogía accede al misterio a partir de lo evidente.

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La comparación abre el camino a lo semejante; pero es el progresivo juego entre las similitudes el que crea la verdadera analogía.

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Sabemos que una analogía no funciona cuando la red de relaciones entre dos realidades tiene más puntos de diferencias que lazos de semejanzas.

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Los poetas acceden a la analogía porque su concepción del mundo y de la vida es un continuo ver y escuchar las correspondencias entre los seres y las cosas.

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Hay analogías tan potentes que el sólo leerlas produce en nosotros el efecto de la iluminación.

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Las religiones necesitan, para comunicar su fe, pedir ayuda a la analogía. Es apenas obvio: lo sagrado solo puede revelarse a partir de lo profano.

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Los creadores de analogías tienen una facultad maravillosa: son didactas de la ejemplificación. Las buenas analogías, en consecuencia, no explican, sólo muestran.

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El tópico busca al análogo para, en ese contacto, comprenderse  mejor. La analogía es una relación amorosa en la que un tú descubre que el yo es un nosotros.

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Hay algo de ejercicio funambulario para lograr una analogía: a un lado de la cuerda está el abismo de las disparidades; al otro, el ansiado espacio de las equivalencias.

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La analogía es la manera como los seres, determinados por el tiempo y el espacio, subsanan sus limitaciones mediante la imaginación.

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Los niños entienden mejor con analogías porque en ellos el mundo todavía permanece indiferenciado: nada anda suelto; todo está maravillosamente conectado.

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A los físicos y a los químicos les gusta usar analogías. Es comprensible: el universo o la vida en su más amplia o microscópica expresión, sólo es legible por imaginativas comparaciones.

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Los argumentos por analogía son tanto más efectivos cuanto más novedosa sea la tesis. Lo inesperado exige para convencer recursos emparejados o binarios.

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La forma de persuadir de la analogía es ir acumulando semejanzas. La argumentación opera, entonces, como sacudimientos leves que van poco a poco minando la resistencia del oyente o el lector.

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Las buenas analogías nos ponen en contacto con otra realidad, pero con el ingenio suficiente para hacernos creer que ya conocíamos.

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Algunos filósofos logran crear analogías tan potentes de sus ideas que pasan a la historia como si fueran un atributo de su nombre. Un ejemplo: la caverna de Platón.

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“Esto no puede ser aquello”, dice el lógico; “esto es posible que sea aquello”, contesta el poeta. “Ahí hay una contradicción”, afirma uno; “ahí entreveo una analogía”, contesta el otro.

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A veces creemos tener una analogía entre las manos pero, al empezar a desarrollarla, descubrimos con pesar que era un símil de una sola faceta.

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La metáfora es, en buena medida, la condensación lírica de la analogía.

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Si bien la analogía pretende persuadir con un despliegue de relaciones, su mayor impacto está en la sorpresa de sus imágenes.

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Los recursos de la analogía para aproximarnos a otra realidad son diversos: a veces, es el análisis detallado; otras, una inmersión profunda; y en contadas ocasiones, el asombro del descubrimiento.

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Con el paso del tiempo determinadas analogías que fueron acuñadas por los poetas pasan a formar parte del lenguaje cotidiano de la gente: “El fuego de las pasiones”, “los caminos de la vida”.

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El pensamiento analógico opera traduciendo lenguajes, vinculando afinidades. En suma: es un mecanismo sutil de nuestra mente para hacer transferencias entre las ideas y las cosas.

Los argumentos de autoridad

06 viernes May 2016

Posted by fernandovasquezrodriguez in APRENDER A ESCRIBIR, Ensayos

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Aristoteles argumento de autoridad

Aristóteles: un argumento de autoridad vital para Occidente.

Los llamados argumentos de autoridad son, sin lugar a dudas, unos de los más utilizados por los ensayistas. Pero así como son de importantes y necesarios para una buena argumentación, de igual modo deben cumplir con una serie de requisitos, dignos de una explicación.

Uno de esos requisitos de los argumentos de autoridad, que parece el más obvio, es el de ser pertinentes con la tesis del ensayo. El autor o la cita de autor traída a colación deber emplearse para reforzar o avalar la tesis objeto de nuestro ensayo. De nada sirve mencionar a un destacado filósofo o a algún intelectual de larga trayectoria académica si lo que hemos elegido de él no está en sintonía con nuestro planteamiento. En consecuencia, lo que hace que el argumento de autoridad sea pertinente no es la figura convocada, sino su directa relación con la tesis.

Otra condición de los argumentos de autoridad es la manera como encajan o se articulan con la tesis. El error más frecuente de los ensayistas novatos es el de insertar la cita de autoridad pero sin establecer un vínculo con la tesis. Es lo que se conoce como escritura “colcha de retazos”. Para remediar este problema es recomendable apropiar la cita, darle carta de ciudadanía en nuestra línea argumentativa. Las citas, en este sentido, no deben quedar como islas en un párrafo. A veces, esa apropiación se hace antes de incluirlas y, en otros casos, después de presentarlas. Sea como fuere, los argumentos de autoridad necesitan estar incorporados, asimilados o fusionados dentro del texto.

Precisamente, los conectores lógicos son de gran ayuda para hacer este zurcido de los argumentos de autoridad con la tesis de nuestro ensayo. Los conectores son, por decirlo así, los hilos que tejen las ideas, el amarre necesario para que las citas vayan componiendo la trama argumentativa. Es esta habilidad para coser las citas con el resto del texto lo que distingue a los buenos ensayistas de los más bisoños en el arte de argumentar.

Un requisito complementario de los argumentos de autoridad tiene que ver con la cantidad de información seleccionada. No puede caerse en el error común de hacer tan larga la cita que termine ahogando las propias ideas del ensayista. Y cuando sea estrictamente necesario incluir un argumento de autoridad in extenso, podemos parcelarlo o irlo incluyendo en nuestro discurso por partes, siempre dialogando con él, cuidándonos de que no se pierda la tesis por un exceso de fulguración de las citas anexadas. Esta particularidad de los argumentos de autoridad obliga al ensayista a seleccionar muy bien las citas más significativas, las sustanciales para su estrategia argumentativa. Lo efectivo de la cita, además de su pertinencia, depende de saber administrar bien la dosis dentro del ensayo. El excesivo y continuo uso de citas puede terminar siendo más un defecto que una cualidad; más un lastre que un óptimo recurso de soporte y aval para el propio pensamiento.

En este punto cabría señalar el rol de las notas a pie de página cuando es estrictamente necesario agregar una información adicional para enriquecer nuestra argumentación.  Las notas a pie de página son el lugar apropiado para incluir esas citas que por su valor estratégico para nuestra fundamentación merecen tener una voz en nuestro ensayo. No obstante, para evitar la pesadez de información o mantener un balance entre lo dicho por el ensayista y lo manifestado por sus fiadores intelectuales, se ponen estos argumentos de autoridad en otro sitio, permitiendo así que el fluir  de la argumentación mantenga la claridad y no se pierda de vista la columna vertebral de la tesis. Es posible también usar las notas a pie de página como una reserva de argumentos de autoridad. En este caso, aunque están puestos en un espacio aparte, su verdadera utilidad es la de servir como una segunda línea de refuerzo de nuestro planteamiento. Son, para expresarlo de otra forma, un contrafuerte de ideas ajenas, un medio de intensificar o robustecer la apuesta que venimos desarrollando en el ensayo.

Por lo dicho hasta aquí, es evidente que los argumentos de autoridad son una valiosa ayuda para el ensayista. Sin embargo, encontrar esas citas o esos fragmentos de textos de voces pertinentes y acordes con nuestra tesis no es una tarea inmediata o realizable de cualquier manera. Hay que buscar esas citas, investigar, leer con atención; seleccionar, sopesar y encontrar el tono adecuado para que ofrezcan la mayor garantía argumentativa. Tener presente los requisitos arriba explicados puede ser un conjunto de consejos para los noveles ensayistas y una provechosa manera de potenciar los textos argumentativos.

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